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martes, 2 de octubre de 2018

¿En dónde estaban todos ni hace veinte años?

ROBERT FROST

(California, EE.UU., 1874-Boston, id., 1963)

 «Una poesía comienza con un nudo en la garganta, un sentimiento de nostalgia, o una pena de amor. Consiste en una tentativa para encontrar una expresión y un esfuerzo para encontrar un apaciguamiento. Una poesía está acabada y completa cuando una emoción ha encontrado un pensamiento que la expresa, y el pensamiento una palabra.»
**
Nada dorado permanece

El primer tinte de la naturaleza es dorado,
Para mantener su verde más intenso.
Su hoja temprana va floreciendo
Y vive apenas una instante.
La hoja muere al caer, danzante,
Como se hundió el Edén muy a su pesar,
Así el alba día a día desciende,
Pues nada dorado permanece.

Versión sin datos
*
Nothing Gold Can Stay

Nature's first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf's a flower;
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.

**
Polvo de nieve

La forma en que un cuervo
sacudió sobre mí
el polvo de nieve
desde un abeto

imprimió a mi corazón
un cambio de humor
y salvó alguna parte
de un día que había lamentado.

Versión de Jorge Aulicino
**
Directriz

Atrás, lejos de todo este presente que nos es excesivo,
atrás hacia una época simplificada por la pérdida
de detalle, quemada, diluida, y resquebrajada
como un mármol del cementerio a la intemperie,
en una casa que ya no es una casa
en una granja que ya no es una granja
y en una ciudad que ya no es una ciudad.
Allí la carretera, si te dejas dirigir por un guía
que de corazón desee solamente tu extravío,
podría dar la impresión de haber sido una cantera:
enormes rodillas monolíticas que la antigua ciudad
hace tiempo que renunció a mantener tapadas.
Y hay una historia en un libro que lo cuenta:
además del desgaste de las ruedas de los carros
las vetas muestran líneas de sureste a noroeste,
la labor del cincel de un Glaciar descomunal
que apoyaba ambos pies firmemente en el Ártico.
No debe inquietarte su frescor que dicen
aún ronda por esta ladera de la Montaña Panther
Ni tiene que inquietarte la múltiple ordalía
de ser observado desde cuarenta sótanos en ruinas
como por tantos pares de ojos desde cuarenta toneles.
En cuanto a la agitación de los árboles sobre ti,
que transmiten ráfagas de ligeros susurros a sus hojas,
adjudícaselo a la arrogante inexperiencia.
¿En dónde estaban todos ni hace veinte años?
Se creen muy importantes por haber puesto a la sombra
unos pocos viejos manzanos agujereados por los picos.
Improvisa una alegre cancioncilla sobre cuando ésta era
antes la carretera que iba del trabajo a la casa de alguien,
el mismo que tal vez vaya a pie solo un poco más adelante
o haciendo chirriar una carreta con una carga de grano.
La cumbre de la aventura es la cumbre
de la región en la que las costumbres de dos pueblos
se fundían una en la otra. Ambas se han perdido.
Y si estás suficientemente perdido como para encontrarte
a estas alturas, recoge la escalera de la carretera tras de ti
y cuelga una señal de CERRADO para todos salvo para mí.
Después haz como si estuvieras en tu casa. El único prado
que queda ahora no es más grande que una matadura.
Primero encontrarás la casa imaginaria de los niños,
unos pocos platos hechos añicos bajo un pino,
los juguetes de la casa de juegos de la infancia.
Llora por las pequeñas cosas que los hacían felices.
Después por la casa que ya no es más una casa,
sino solo las enliladas ruinas de un sótano que ahora
se cierran poco a poco como una mella en la masa
   del pan.
No se trataba de una casa de juegos sino de una
   de veras.
Es a la vez tu destinación y tu destino
un riachuelo que fue el agua corriente de la casa,
frío como un manantial aún cerca de su fuente,
demasiado elevado y reciente para embravecerse.
(Sabemos de las corrientes del valle que al excitarse
dejan sus harapos colgando de espinas y de púas).
He mantenido oculto bajo el arco del pie
de un viejo cedro junto a la orilla del río
un viejo cáliz quebrado parecido al Grial
bajo un hechizo para que no lo halle quien no debe,
y así no encuentre salvación, como dice San Marcos.
(El cáliz lo robé de la casa de juegos de los niños).
Aquí tienes tus aguas y aquí tu abrevadero.
Bebe y vuelve a estar completo, libre de confusión.

Poesía completa. Traducción de Andrés Catalán para Ediciones Linteo (España, 2017).

viernes, 5 de mayo de 2017

Fuera de la verdad, todo parece frágil

Robert Frost

(Estados Unidos, 1874-1963)


Siega

En la linde del bosque no había más sonido
que el leve cuchicheo de una larga guadaña
hablando con la tierra. No sé qué le diría.
Quizás le contaba algo sobre el calor del sol,
o quizás algo acerca de aquel vasto silencio,
y por esto su voz no era más que susurro.
No le hablaba de un sueño nacido de los ocios,
ni de oro regalado por algún hada o duende:
fuera de la verdad, todo parece frágil
para el ferviente amor que alineó gavillas,
no sin dejar algunas flores (blancas orquídeas) ,
y asustó a una serpiente de un verde coruscante.
El sueño más hermoso que el trabajo conoce
son los hechos. Mi larga guadaña susurró,
y olvidose del heno.

Versión de Agustí Bartra

lunes, 6 de marzo de 2017

Los árboles aúllan allá afuera

ROBERT FROST
Jackson Pollock

(EE.UU., 1874-1962)

El peligro de la esperanza

Es justo allí
a mitad de camino entre
el huerto desnudo
y el huerto verde,
cuando las ramas están a punto
de estallar en flor,
en rosa y blanco,
que tememos lo peor.

Pues no hay región
que a cualquier precio
no elija ese tiempo
para una noche de escarcha.

Versión de Carlos López Narváez
**
Noche invernal de un anciano

Más allá de las puertas, a través de la helada
que cubre la ventana formando unas estrellas
dispersas—, en la sombra, el mundo esta mirando
su cara: está vacía la habitación. Y duerme.
La lámpara inclinada muy cerca de su rostro
le impide ver el mundo. Ya no recuerda nada.
Y la vejez le impide recordar en qué tiempo
llegó hasta estos lugares, y por qué está aquí solo.
Rodeado de toneles se encuentra aquí perdido.
Sus pasos temblorosos hacen temblar el sótano:
lo asusta con sus pasos temblorosos: y asusta
otra vez a la noche (la noche de sonidos
familiares ). Los árboles aúllan allá afuera;
todas las ramas crujen. Una luz hay tan sólo
para su rostro, quieta, una luz en la noche.
A la Luna confía —en esa Luna rota
que por ahora vale más que el sol— el cuidado
de velar por la nieve que yace sobre el techo,
de velar los carámbanos que cuelgan desde el muro.
Sigue durmiendo. Un leño se derrumba en la estufa.
Despierta con el ruido. Sobresaltado cambia
de lugar. Es la noche. Respira suavemente.
No puede un viejo solo llenar toda una casa,
un rincón de los campos, una granja. No puede.
Así un anciano guarda la casa solitaria,
en la noche de invierno. —Y está solo. —Está solo.

Traducción de Miguel Arteche

lunes, 9 de enero de 2017

A cada cual las piedras que le tocan

ROBERT FROST
(San Francisco, EE.UU.,1874-Boston, id.,1963)



Reparar el muro

Algo hay que no es amigo de los muros,
Que hincha la tierra helada a sus cimientos,
Que arroja al sol las piedras desde el borde
Y abre brechas por donde caben dos.
Lo que hace el cazador es otra cosa:
Lo he reparado tras seguirlo a donde
No ha dejado ni piedra sobre piedra
Persiguiendo al conejo a su guarida
Para animar al perro. Éstas son brechas
Que nadie ve formarse –no hay ni pista–
Pero en la primavera hay que enmendar.
Se lo anuncio al vecino tras la cuesta;
Luego, un día, en la línea divisoria,
Nos encontramos a rehacer el muro.
El muro nos separa mientras vamos.
A cada cual las piedras que le tocan.
Unas, óvalos, otras, casi esferas,
Las hechizamos para balancearlas:
“¡Quédense ahí hasta que nos demos vuelta!"
Nuestros dedos se agrietan al asirlas.
Cierto, es juego campestre, como tantos,
Uno contra otro. Para más no da:
Donde vivimos no hace falta muro:
Él es de pinos, yo de manzanares.
Mis manzanos no van a ir a comerse
Las piñas de tus pinos, le señalo.
Él responde, “Buen muro, buen vecino".
La primavera es travesura, y pienso
Qué podría meterle en la cabeza:
"¿Por qué «buen muro, buen vecino»? ¿No es
Eso una pauta para donde hay vacas?
Pero aquí no tenemos ni una vaca.
Antes de repararlo hay que plantearse
A quién uno va a incluir, a quién excluir,
Y quién puede acabar con un disgusto.
Algo hay que no es amigo de los muros,
Que los derriba”. Quiero decir “duendes”
Pero no son exactamente duendes,
Y prefiero que él sea quien lo diga.
Lo veo con una piedra en cada mano,
Como un salvaje troglodita armado.
La sombra en que se mueve me parece
Más que sombra de ramas o de selva.
No indaga el estribillo de su padre
Y tanto le complace recordarlo
Que repite, “Buen muro, buen vecino”.

Versión del inglés de Pedro Poitevin a partir de una versión de Rhina Espaillat.
**
Mending Wall
SOMETHING there is that doesn't love a wall, 
That sends the frozen-ground-swell under it, 
And spills the upper boulders in the sun; 
And makes gaps even two can pass abreast. 
The work of hunters is another thing: 
I have come after them and made repair 
Where they have left not one stone on stone, 
But they would have the rabbit out of hiding, 
To please the yelping dogs. The gaps I mean, 
No one has seen them made or heard them made, 
But at spring mending-time we find them there. 
I let my neighbor know beyond the hill; 
And on a day we meet to walk the line 
And set the wall between us once again. 
We keep the wall between us as we go. 
To each the boulders that have fallen to each. 
And some are loaves and some so nearly balls 
We have to use a spell to make them balance: 
"Stay where you are until our backs are turned!" 
We wear our fingers rough with handling them. 
Oh, just another kind of outdoor game, 
One on a side. It comes to little more: 
He is all pine and I am apple-orchard. 
My apple trees will never get across 
And eat the cones under his pines, I tell him. 
He only says, "Good fences make good neighbors." 
Spring is the mischief in me, and I wonder 
If I could put a notion in his head: 
"Why do they make good neighbors? Isn't it 
Where there are cows? But here there are no cows. 
Before I built a wall I'd ask to know 
What I was walling in or walling out, 
And to whom I was like to give offence. 
Something there is that doesn't love a wall, 
That wants it down!" I could say "Elves" to him, 
But it's not elves exactly, and I'd rather 
He said it for himself. I see him there, 
Bringing a stone grasped firmly by the top 
In each hand, like an old-stone savage armed. 
He moves in darkness as it seems to me, 
Not of woods only and the shade of trees. 
He will not go behind his father's saying, 
And he likes having thought of it so well 
He says again, "Good fences make good neighbors".

domingo, 23 de octubre de 2016

No puede un viejo solo llenar toda una casa

Robert Lee Frost
(San Francisco, EE.UU., 1874-Boston, id., 1963)



Lo más próximo

Pensó que a solas podía captar el universo entero;
Pero la única voz que obtuvo por respuesta
Fue el falso eco de sí mismo
Que procedía del precipicio,
al otro lado del lago.

Una mañana, desde una roca de la playa,
Clamó que lo que él quería en la vida
No era una mera copia hablada de su propio amor
Sino un amor correspondido, y con voz propia.
Y la única respuesta encarnada
Capaz de dar respuesta a su queja matinal
Comenzó a descender, en la otra orilla,
por el talud del acantilado hasta el lago
para zambullirse después en las distantes aguas.

Pero cuando tras nadar un buen trecho se aproximó a su orilla
En lugar de poseer forma humana
Y de ser quien él tanto había anhelado
Resultó ser un gran macho cabrío, que aparecía poderoso
apartando las encrespadas aguas con su enorme pecho.
Y al llegar a tierra
Desprendiendo agua como una cascada,
Comenzó a tambalearse a través de las rocas con su cornamenta,
Hasta que se perdió en la maleza -y eso fue todo-.

Versión de Sergio Trigán 
**
Noche invernal de un anciano

Más allá de las puertas, a través de la helada
que cubre la ventana formando unas estrellas
dispersas-, en la sombra, el mundo está mirando
su cara: está vacía la habitación. Y duerme.
La lámpara inclinada muy cerca de su rostro
le impide ver el mundo. Ya no recuerda nada.
Y la vejez le impide recordar en qué tiempo
llegó hasta estos lugares, y por qué está aquí solo.
Rodeado de toneles se encuentra aquí perdido.
Sus pasos temblorosos hacen temblar el sótano:
lo asusta con sus pasos temblorosos: y asusta
otra vez a la noche (la noche de sonidos
familiares ). Los árboles aúllan allá afuera;
todas las ramas crujen. Una luz hay tan sólo
para su rostro, quieta, una luz en la noche.
A la Luna confía -en esa Luna rota
que por ahora vale más que el sol- el cuidado
de velar por la nieve que yace sobre el techo,
de velar los carámbanos que cuelgan desde el muro.
Sigue durmiendo. Un leño se derrumba en la estufa.
Despierta con el ruido. Sobresaltado cambia
de lugar. Es la noche. Respira suavemente.
No puede un viejo solo llenar toda una casa,
un rincón de los campos, una granja. No puede.
Así un anciano guarda la casa solitaria,
en la noche de invierno. Y está solo. Está solo.

Versión de Miguel Arteche 

martes, 6 de septiembre de 2016

Luego la hoja en hoja queda





Robert Lee Frost
(San Francisco, EE.UU., 1874 - Boston, id., 1963) 

Nada dorado puede permanecer

De la naturaleza el primer verde es oro,
su matiz más difícil de asir;
su más temprana hoja es flor,
pero por una hora tan sólo.
Luego la hoja en hoja queda.
Así se abate el Edén de tristeza,
así se sume en el día el amanecer.
Nada dorado puede permanecer.
**

Nothing Gold Can Stay
Nature's first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf's a flower;
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf,
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day
Nothing gold can stay.


Versión sin datos

lunes, 23 de mayo de 2016

Quizá me quede a ver el fondo claro

Robert Lee Frost

(San Francisco, EE.UU., 1874 - Boston, id., 1963) 

El prado


Voy a limpiar la fuente de mi prado;
Voy a sacar las hojas, nada más
(Quizá me quede a ver el fondo claro):
Ven tú también. No voy a demorar.

Voy a buscar el ternerito, al pie
De la madre. Es tan chico que cuando ella
Lo lame con su lengua, tambalea.
No voy a demorar ─ Ven tú también.




Versión de Pablo Anadón

viernes, 30 de octubre de 2015

Y una vez ella fue a partir una rama

Robert Frost
(San Francisco, EE.UU., 1874- Boston, id., 1963) 

Dos versiones
LA ESPOSA DEL CERRO
El Impulso

Era demasiado solitario para ella allí
Y demasiado silvestre.
Y puesto que eran sólo dos de ellos,
Y ningún niño.
Y el trabajo era poco en la casa,
Ella estaba libre.
Y seguía donde él zurcaba [sic] el campo,
Y derribaba árboles.
Ella descansaba sobre su tronco y echaba
Los frescos cachos,
Con una canción sólo para ella misma
sobre sus labios.
Y una vez ella fue a partir una rama
De cedro negro
Ella erró tan lejos, ella apenas oyó
Cuando él la llamó¬—
Y no contestó —no habló—
Ni volvió.
Ella estuvo quieta, y entonces ella corrió y se
en el helecho. [escondió
Él nunca la encontró, aunque él miró
En todas partes,
Y él preguntó en casa de la madre
(Si) estaba ella allí.
De repente y rápido y ligero como eso
Las ligaduras cedieron.
Y él supo de finalidades
Además (de) la tumba.

(Borrador de Zenobia, c. 1918).
**
LA ESPOSA DE LA COLINA
El impulso
Aquello era muy solo y muy salvaje para ella. Y como no eran más
que los dos, y sin niños, y el trabajo de la casa era tan poco, ella
estaba libre, y se iba adonde él labraba el campo o derribaba un
árbol.
Y se sentaba en un tronco, y jugaba con las frescas astillas que
saltaban, cantando bajito, sólo para ella.
Una vez que ella había ido a cortar una rama de un álamo negro,
llegó tan lejos, que apenas oyó que la llamaba él. Y no contestó
–¡silencio! ni volvió ya. –Se estuvo quieta, y luego salió corriendo,
y se escondió por los helechos .
Él no la encontró nunca, aunque buscó por todas partes y preguntó
en casa de la madre de ella. Así, tan de pronto, tan rápida y
brevemente como se cuenta, los lazos se desataron; y él supo de
otros finales que la tumba.

(El Liberal, Madrid, 1° de agosto de 1918)
**
THE HILL WIFE
V. THE IMPULSE
It was too lonely for her there,
 And too wild,
And since there were but two of them,
 And no child,
And work was little in the house,
 She was free,
And followed where he furrowed field,
 Or felled tree.
She rested on a log and tossed
 The fresh chips,
With a song only to herself
 On her lips.
And once she went to break a bough
 Of black alder.
She strayed so far she scarcely heard.
 When he called her—
And didn't answer —didn't speak—
 Or return.
She stood, and then she ran and hid
 In the fern.
He never found her, though he looked
 Everywhere,
And he asked at her mother's house
 Was she there.
Sudden and swift and light as that
 The ties gave,
And he learned of finalities
 Besides the grave.
(Robert Frost, Mountain Interval, 1916)

Traducciones de Zenobia Camprubí Aymar

viernes, 11 de octubre de 2013

No hace mal quien se lanza de abedules

DE ARCHIVO


ROBERT FROST
(EE.UU., 1874 - Ibídem, 1963)


El peligro de la esperanza

Es justo allí
a mitad de camino entre
el huerto desnudo
y el huerto verde,
cuando las ramas están a punto
de estallar en flor,
en rosa y blanco,
que tememos lo peor.

Pues no hay región
que a cualquier precio
no elija ese tiempo
para una noche de escarcha.

Versión de Carlos López Narváez
***
Amor y una pregunta

Un extraño llegó hasta la puerta en el ocaso,
Y habló con el justo novio.
Llevaba una vara blanca y verde en la mano,
Que a su vez sostenía todas sus cargas.
Preguntó, más con los ojos que con los labios,
Si habría refugio para él durante la noche,
Y se volvió para mirar la distancia del camino,
Sin luces ni ventanas iluminadas.

El novio dio un paso y cruzó la puerta diciendo:
Miremos hacia el cielo,
Y preguntemos por la noche que vendrá,
Tú y yo, extraño compañero.
Las hojas de la vid cubrían el patio,
Los frutos de la vid eran azules,
Otoño, sí, pero el invierno estaba en el viento;
Extraño, ojalá lo supiera.

Dentro, la novia yacía sola en el atardecer,
Inclinada sobre el fuego del placer,
Su rostro brillaba rojo frente al carbón,
Y rosa era el deseo y el pensamiento del corazón.

El novio observó el camino desgastado,
Sin embargo la vio a ella en el interior,
Y deseó su corazón en un cofre de oro,
Inmóvil con un alfiler de plata.

El novio pensó en un pequeño regalo,
Algo de pan, una bolsa para el descanso,
Una oración sincera por los pobres de Dios,
O para los ricos una humilde maldición.

Pero si aquel extraño fue consultado o no,
Sobre la muerte del amor de dos,
Por albergar la pena en la noche que vendrá,
El novio nunca lo supo, pero deseó saberlo.
***
Abedules

Traducción: Rhina P. Espaillat

Los abedules se bifurcan ante
la línea oscura de árboles más rectos;
quiero pensar que los domó algun niño.
Pero no dura la labor de un niño.
La que hace el hielo, sí. Los habrás visto
cargados de hielo en las mañanas
de sol cuando ha llovido. Hacen cric-crac,
rama con rama, cuando el viento irisa
y fractura el esmalte que los cubre.
Luego el sol los despoja de cristales,
avalanchas se estrellan en la nieve
de vidrios que parecen, al barrerse,
fragmentos de la bóveda del cielo.
Sobre helechos marchitos se amontonan;
parecen no quebrarse, pero nunca,
tras inclinarse tanto, se enderezan.
En el bosque se ven arquear sus troncos
por muchos años, y arrojar las hojas
al suelo, como niñas de rodillas
en pleno sol para secarse el pelo.
Pero decía, antes de interponerse
la Verdad con sus asuntos prácticos,
que prefiero pensar que algún muchacho
los doma, si va y vuelve con las vacas—
lejos del pueblo y el juego de pelota,
obligado a inventar sus propios juegos,
sea verano o invierno, y jugar solo.
Por subyugar los árboles paternos
uno por uno se ha trepado en ellos,
quitándoles, por fin, la rigidez,
sin dejar uno erguido, ni uno solo
indómito. Lo que aprender debía,
lo aprendió: no desprenderse antes
de tiempo, y evitar llevarse el árbol
hasta la tierra. Supo mantenerse
siempre en la copa, montarse con cuidado,
como quien llena un vaso al mismo borde,
y hasta encima del borde. Y sólo entonces,
con un chasquido, un salto, se lanzaba,
pateando el aire hasta pisar la tierra.
Así fui yo también, en otro tiempo,
domador de abedules; sueño serlo,
cuando me agobian los asuntos graves,
y la vida parece un bosque espeso
donde la cara siente telarañas
que irritan y pican, lagrimeando
un ojo latigado por las ramas.
Bueno sería alejarme de la tierra,
para volver y comenzar de nuevo.
Que no me oiga el destino mal, ni a medias,
con sólo arrebatarme de la tierra
sin más volver. La tierra es donde se ama:
no sé dónde el amor mejor se afinque.
Yo bien me iría trepando a un abedul,
por esas ramas negras, tronco blanco,
camino al cielo, hasta que se inclinara
bajo mi peso, y me dejara en tierra.
Eso me serviría de ida y vuelta.
No hace mal quien se lanza de abedules.
**
Birches

When I see birches bend to left and right
Across the lines of straighter darker trees,
I like to think some boy's been swinging them.
But swinging doesn't bend them down to stay.
Ice-storms do that. Often you must have seen them
Loaded with ice a sunny winter morning
After a rain. They click upon themselves
As the breeze rises, and turn many-colored
As the stir cracks and crazes their enamel.
Soon the sun's warmth makes them shed crystal shells
Shattering and avalanching on the snow-crust--
Such heaps of broken glass to sweep away
You'd think the inner dome of heaven had fallen.
They are dragged to the withered bracken by the load,
And they seem not to break; though once they are bowed
So low for long, they never right themselves:
You may see their trunks arching in the woods
Years afterwards, trailing their leaves on the ground
Like girls on hands and knees that throw their hair
Before them over their heads to dry in the sun.
But I was going to say when Truth broke in
With all her matter-of-fact about the ice-storm
(Now am I free to be poetical?)
I should prefer to have some boy bend them
As he went out and in to fetch the cows--
Some boy too far from town to learn baseball,
Whose only play was what he found himself,
Summer or winter, and could play alone.
One by one he subdued his father's trees
By riding them down over and over again
Until he took the stiffness out of them,
And not one but hung limp, not one was left
For him to conquer. He learned all there was
To learn about not launching out too soon
And so not carrying the tree away
Clear to the ground. He always kept his poise
To the top branches, climbing carefully
With the same pains you use to fill a cup
Up to the brim, and even above the brim.
Then he flung outward, feet first, with a swish,
Kicking his way down through the air to the ground.
So was I once myself a swinger of birches.
And so I dream of going back to be.
It's when I'm weary of considerations,
And life is too much like a pathless wood
Where your face burns and tickles with the cobwebs
Broken across it, and one eye is weeping
From a twig's having lashed across it open.
I'd like to get away from earth awhile
And then come back to it and begin over.
May no fate willfully misunderstand me
And half grant what I wish and snatch me away
Not to return. Earth's the right place for love:
I don't know where it's likely to go better.
I'd like to go by climbing a birch tree,
And climb black branches up a snow-white trunk
Toward heaven, till the tree could bear no more,
But dipped its top and set me down again.
That would be good both going and coming back.
One could do worse than be a swinger of birches.
***

Después de la cosecha de manzanas
Traducción: Rhina P. Espaillat

Mi escalera eleva sus dos puntas donde
el cielo se ve
entre ramas; un barril que no llené
me espera, y en el verdor quizás se esconde
fruta que todavía no he cosechado.
Mas, para mí, la cosecha ha terminado.
La noche huele a sueños invernales
y a manzanas: siento gran modorra.
A través de una capa de cristales
que esta mañana lució el estanque helado,
vi una extrañeza tal que no se borra,
que con su escarcha ha blanqueado el prado.
Se licuó el hielo, lo dejé caer,
y se estrelló,
y a mí —dormido ya cuando cayó—
me reveló
lo que este sueño mío había de ser:
manzanotas que iban y venían
entre racimo y flor,
con manchas de marrón que enrojecían.
El empeine no me deja de doler
donde lo ha deformado el escalón.
La escalera, al más leve temblor
de las ramas, se agita, y oigo retumbando
en el cajón
las manzanas que lo van atiborrando.
Es que esta demasía
—esta abundancia— abruma: me he cansado
de la cosecha que yo mismo he deseado.
Mil veces por diez mil frutas había
que acariciar y no dejar caer,
por ser
hacia el gran molino encarrilado
—aunque entero y limpio de defecto—
todo fruto caído: aunque sea sano,
es despreciado.
Se comprende que me inquieta ese prospecto;
me turba el sueño, si es sueño este letargo.
Si no se hubiera
marchado la marmota, diría si es como el largo
sueño suyo aquel que pinto a mi manera,
a un simple sueño humano.
**
After Apple-Picking

My long two-pointed ladder's sticking through a tree
Toward heaven still,
And there's a barrel that I didn't fill
Beside it, and there may be two or three
Apples I didn't pick upon some bough.
But I am done with apple-picking now.
Essence of winter sleep is on the night,
The scent of apples: I am drowsing off.
I cannot rub the strangeness from my sight
I got from looking through a pane of glass
I skimmed this morning from the drinking trough
And held against the world of hoary grass.
It melted, and I let it fall and break.
But I was well
Upon my way to sleep before it fell,
And I could tell
What form my dreaming was about to take.
Magnified apples appear and disappear,
Stem end and blossom end,
And every fleck of russet showing clear.
My instep arch not only keeps the ache,
It keeps the pressure of a ladder-round.
I feel the ladder sway as the boughs bend.
And I keep hearing from the cellar bin
The rumbling sound
Of load on load of apples coming in.
For I have had too much
Of apple-picking: I am overtired
Of the great harvest I myself desired.
There were ten thousand thousand fruit to touch,
Cherish in hand, lift down, and not let fall.
For all
That struck the earth,
No matter if not bruised or spiked with stubble,
Went surely to the cider-apple heap
As of no worth.
One can see what will trouble
This sleep of mine, whatever sleep it is.
Were he not gone,
The woodchuck could say whether it's like his
Long sleep, as I describe its coming on,
Or just some human sleep.

***
EL CAMINO NO ELEGIDO

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.
**
THE ROAD NOT TAKEN

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveller, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that, the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
two roads diverged in a wood, and I –
I took the one less travelled by,
And that has made all the difference. 

***
Adiós

Ahora me voy afuera caminando
El desierto del mundo,
Y mis zapatos y mis medias
No me molestan.

Dejo atrás
Buenos amigos en la ciudad.
Dejemos que beban bastante vino
Y que luego se acuesten.

No crean que me voy
Desterrado la oscuridad exterior,
Como Adán y Eva

Olvida el mito.
No hay nadie
Que pueda expulsarme de aquí
Ninguno que pueda echarme fuera.

A menos que me equivoque
Sólo obedezco
La llamada de este canto:
Me voy... ¡zarpo ahora!

Y podría volver
Si no me siento satisfecho
Con lo que he aprendido
Al haber muerto.
***
Nothing Gold Can Stay

Nature's first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf's a flower;
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.

**

sábado, 15 de septiembre de 2012

Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles

Tomada de espanol.cri.cn
ROBERT FROST
(EE.UU., 1874 - Ibídem, 1963)

Abedules
(Otra versión)

Cuando veo abedules oscilar a derecha
y a izquierda, ante una hilera de árboles más oscuros,
me complace pensar que un muchacho los mece.
Pero no es un muchacho quien los deja curvados,
sino las tempestades. A menudo hemos visto
los árboles cargados de hielo, en claros días
invernales, después de un aguacero.
Cuando sopla la brisa se les oye crujir,
se vuelven irisados cuando se resquebraja
su esmaltada corteza. Pronto el sol les arranca
sus conchas cristalinas, que mezcla con la nieve...
Esas pilas de conchas esparcidas diríase
que son la rota cúpula interior de los cielos.
La carga los doblega hacia los mustios
matorrales cercanos, pero nunca se quiebran,
aunque jamás podrán enderezarse solos:
durante muchos años las ramas de sus troncos
curvadas barrerán con sus hojas el suelo,
igual que arrodilladas doncellas con los sueltos
cabellos hacia atrás y secándose al sol.
Mas cuando la Verdad se me interpuso
en la forma de un hecho como la tempestad,
iba a decir que quizás un muchacho,
yendo a buscar las vacas, inclinaba los árboles...
Un muchacho que por vivir lejos del pueblo
sólo sabe jugar, en invierno o en verano,
a juegos que ha inventado para jugar él solo.
Ha domado los árboles de su padre uno a uno
pasando por encima de ellos tan a menudo
que nada les dejó de su tiesura.
A todos doblegó; no dejó ni uno solo
sin conquistar. Aprendió la manera
de no saltar de un árbol sin haber conseguido
doblarlo contra el suelo. Conservó el equilibrio
hasta llegar arriba, trepando con cuidado,
con la misma destreza que uno emplea al llenar
la copa hasta el borde, y aun arriba del borde.
Entonces, de un envión, disparaba los pies
hacia afuera y saltaba del aire hasta la tierra.

Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles;
muy a menudo sueño en que volveré a serlo,
cuando me hallo cansado de mis meditaciones,
y la vida parece un bosque sin caminos
donde, al vagar por él, sentirnos en la cara
ardiente el cosquilleo de rotas telarañas,
y un ojo lagrimea a causa de una brizna,
y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo,
para luego volver y empezar otra vez.
Que jamás el destino, comprendiéndome mal,
me otorgue la mitad de lo que anhelo
y me niegue el regreso. Nada hay, para el amor,
como la tierra; ignoro si existe mejor sitio.
Quisiera encaramarme a un abedul, trepar,
por las ramas oscuras del blanquecino tronco
y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,
doblándose vencido, me volviese a la tierra.
Subir y regresar sería muy hermoso.
Pues hay cosas peores en la vida que ser
un columpiador de árboles.

Versión de Agustí Bartra

sábado, 29 de enero de 2011

Debo estar diciendo esto con un suspiro

De archivo

ROBERT FROST
(EE.UU., 1874 - Ibídem, 1963)








El peligro de la esperanza

Es justo allí
a mitad de camino entre
el huerto desnudo
y el huerto verde,
cuando las ramas están a punto
de estallar en flor,
en rosa y blanco,
que tememos lo peor.

Pues no hay región
que a cualquier precio
no elija ese tiempo
para una noche de escarcha.

Versión de Carlos López Narváez
***
EL CAMINO NO ELEGIDO


Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizá la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.
**
THE ROAD NOT TAKEN


Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveller, long I stood
And looked down one as far as I could


To where it bent in the undergrowth;
Then took the other, as just as fair
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;


Though as for that, the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
two roads diverged in a wood, and I –
I took the one less travelled by,
And that has made all the difference.

sábado, 24 de octubre de 2009

Le hablo a la pared


Uno más de ROBERT FROST
y una nota de MANUEL SOSA

**
Reparación del muro

Hay algo que no siente amor por un muro,
que envía la hinchazón del suelo helado abajo
y desparrama las piedras de arriba al sol,
dejando huecos por los que hasta dos árboles pueden pasar de frente.
El trabajo de cazadores es otra cosa:
he llegado después de ellos para arreglar los desperfectos
donde no han dejado piedra sobre piedra
porque querían que el conejo saliera de su escondite
a fin de complacer la excitada jauría. Hablo de los huecos
que nadie les vio ni les oyó hacer
pero que al llegar el tiempo de los arreglos, en primavera, ahí hallamos.
Se lo hago saber al vecino que tengo más allá de la colina:
y en un día convenido nos reunimos para recorrer el límite
y levantar, una vez más, el muro que nos separa.
Cada uno se mantiene de su lado del muro mientras avanzamos:
a cada uno las piedras que se le han caído a cada uno.
Y unas son cuadradas y otras se parecen tanto a bolas
que hemos de usar un conjunto para que se estén en equilibrio:
"¡Quédate donde estás hasta que volvamos las espaldas!".
Los dedos se nos ponen ásperos, de tanto tocarlas.
¡Oh! Sólo es otro es otra clase de juego al aire libre.
Uno a cada lado. Es poco más que esto:
ahí donde está no nos hace falta el muro:
lo de él es todo pinos y lo mío, manzanos.
Le digo que mis manzanas no se van a cruzar
para engullir las piñas que hay bajo sus pinos,
él sólo me dice: "los buenos cercos hacen buenos vecinos".
La primavera es el diablo que anda en mí, y me pregunto
si podría meterle una idea en la cabeza:
"Por qué es que hacen buenos vecinos?". ¿No es eso
donde hay vacas? Pero aquí no las hay.
Antes de levantar un muro me gustaría saber
qué es lo que dejo de un lado y qué lo que queda al otro,
y a quién podría ser que le causara daño.
Hay algo que no siente amor por un muro,
que quiere que caiga. Yo podría hablarle de duendes,
pero no se trata de duendes,
pero no se trata de eso, precisamente, y me gustaría más
que fuera él quien, por su parte, lo dijera. Lo veo ahí,
trayendo firmemente, agarradas de arriba, un par de piedras
una en cada mano, como un salvaje armado de la Edad de Piedra.
Se mueve entre sombras, eso me parece,
no sólo del bosque, a la sombra de árboles.
No quiere darse vueltas al refrán de su padre.
Y prefiere, tras juzgarlo tan bueno,
decirme de nuevo: "Los buenos vecinos hacen buenos cercos".

Traducctor desconocido.
***
Mending Wall

SOMETHING there is that doesn't love a wall,
That sends the frozen-ground-swell under it,
And spills the upper boulders in the sun;
And makes gaps even two can pass abreast.
The work of hunters is another thing:
I have come after them and made repair
Where they have left not one stone on stone,
But they would have the rabbit out of hiding,
To please the yelping dogs. The gaps I mean,
No one has seen them made or heard them made,
But at spring mending-time we find them there.
I let my neighbor know beyond the hill;
And on a day we meet to walk the line
And set the wall between us once again.
We keep the wall between us as we go.
To each the boulders that have fallen to each.
And some are loaves and some so nearly balls
We have to use a spell to make them balance:
"Stay where you are until our backs are turned!"
We wear our fingers rough with handling them.
Oh, just another kind of outdoor game,
One on a side. It comes to little more:
He is all pine and I am apple-orchard.
My apple trees will never get across
And eat the cones under his pines, I tell him.
He only says, "Good fences make good neighbors."
Spring is the mischief in me, and I wonder
If I could put a notion in his head:
"Why do they make good neighbors? Isn't it
Where there are cows? But here there are no cows.
Before I built a wall I'd ask to know
What I was walling in or walling out,
And to whom I was like to give offence.
Something there is that doesn't love a wall,
That wants it down!" I could say "Elves" to him,
But it's not elves exactly, and I'd rather
He said it for himself. I see him there,
Bringing a stone grasped firmly by the top
In each hand, like an old-stone savage armed.
He moves in darkness as it seems to me,
Not of woods only and the shade of trees.
He will not go behind his father's saying,
And he likes having thought of it so well
He says again, "Good fences make good neighbors."

****

Al traductor, sobre todo, le apasiona releer. Se levanta temprano y recorre con el índice los lomos del estante. Esta mañana tropieza con las poesías de Robert Frost, y recuerda que lleva meses por verter al español el magnífico Mending Wall, pospuesto una y otra vez. Pero hoy decide comenzar el trabajo, y sonríe ante el primer verso del poema:

Something there is that doesn’t love a wall.

El traductor piensa que toda pieza literaria debe romper así, enunciando lo que obligó al autor a sentarse y describir su visión particular del asunto a discernir. Un primer verso ejemplar, casi definitivo. El traductor no puede evitar que el instinto le dicte una traslación literal: Algo existe que no ama una pared. Pero tales palabras no parecen recoger la fuerza del original. Es obvio que toda traducción, por exquisita que resulte, será incompleta. No en balde ciertas sonoridades definen las palabras en sus lenguas específicas. Quien escribe, sabe escuchar y acomodar secuencias sobre moldes rítmicos, sonoros, emocionales… El traductor se regaña a sí mismo: “¿Pared, has dicho? ¿Y no tenemos muro, que denota más severidad, más separación?”. Viene entonces: Algo existe que no ama un muro. Pero no ama un muro suena fatal. ¿No podría ser: Algo existe que no gusta de un muro? Otra objeción: al traductor no le parece efectiva esa proximidad entre existe y gusta. A estas alturas las compuertas de la Duda se han abierto. La Duda: esa gran enemiga del oficio. Porque el traductor comienza a sopesar variantes, incluyendo algunas ridículas, exageradas. Veamos: Existe algo que no se lleva bien con los muros. Algo existe que no concibe las demarcaciones. Llega incluso hasta la variante libertaria: Existen cosas que no pueden ser separadas por un muro. Como si fuera la oración que inicia un manifiesto político o artístico. Y cuando tanta incertidumbre, impuesta por el cinismo que los años le han regalado, sólo le sirve para sabotear su afán de buscar credibilidad y naturalidad, es mejor abandonar el proyecto y dejarlo para el día siguiente. Eso piensa el traductor, devolviendo el tomo al estante. Sólo entonces recuerda que esa misma razón es la que mantiene intacto el poema, intraducible desde la primera vez.

Y el traductor sale a la calle, a sus otros quehaceres, libre y feliz.
**
*Tomado de lafincadesosa

martes, 20 de octubre de 2009

La noche huele a sueños invernales y a manzanas


ROBERT FROST
(EE.UU., 1874 - Ibídem, 1963)


El peligro de la esperanza

Es justo allí
a mitad de camino entre
el huerto desnudo
y el huerto verde,
cuando las ramas están a punto
de estallar en flor,
en rosa y blanco,
que tememos lo peor.

Pues no hay región
que a cualquier precio
no elija ese tiempo
para una noche de escarcha.

Versión de Carlos López Narváez
***
Amor y una pregunta

Un extraño llegó hasta la puerta en el ocaso,
Y habló con el justo novio.
Llevaba una vara blanca y verde en la mano,
Que a su vez sostenía todas sus cargas.
Preguntó, más con los ojos que con los labios,
Si habría refugio para él durante la noche,
Y se volvió para mirar la distancia del camino,
Sin luces ni ventanas iluminadas.

El novio dio un paso y cruzó la puerta diciendo:
Miremos hacia el cielo,
Y preguntemos por la noche que vendrá,
Tú y yo, extraño compañero.
Las hojas de la vid cubrían el patio,
Los frutos de la vid eran azules,
Otoño, sí, pero el invierno estaba en el viento;
Extraño, ojalá lo supiera.

Dentro, la novia yacía sola en el atardecer,
Inclinada sobre el fuego del placer,
Su rostro brillaba rojo frente al carbón,
Y rosa era el deseo y el pensamiento del corazón.

El novio observó el camino desgastado,
Sin embargo la vio a ella en el interior,
Y deseó su corazón en un cofre de oro,
Inmóvil con un alfiler de plata.

El novio pensó en un pequeño regalo,
Algo de pan, una bolsa para el descanso,
Una oración sincera por los pobres de Dios,
O para los ricos una humilde maldición.

Pero si aquel extraño fue consultado o no,
Sobre la muerte del amor de dos,
Por albergar la pena en la noche que vendrá,
El novio nunca lo supo, pero deseó saberlo.
***
Abedules

Traducción: Rhina P. Espaillat

Los abedules se bifurcan ante
la línea oscura de árboles más rectos;
quiero pensar que los domó algun niño.
Pero no dura la labor de un niño.
La que hace el hielo, sí. Los habrás visto
cargados de hielo en las mañanas
de sol cuando ha llovido. Hacen cric-crac,
rama con rama, cuando el viento irisa
y fractura el esmalte que los cubre.
Luego el sol los despoja de cristales,
avalanchas se estrellan en la nieve
de vidrios que parecen, al barrerse,
fragmentos de la bóveda del cielo.
Sobre helechos marchitos se amontonan;
parecen no quebrarse, pero nunca,
tras inclinarse tanto, se enderezan.
En el bosque se ven arquear sus troncos
por muchos años, y arrojar las hojas
al suelo, como niñas de rodillas
en pleno sol para secarse el pelo.
Pero decía, antes de interponerse
la Verdad con sus asuntos prácticos,
que prefiero pensar que algún muchacho
los doma, si va y vuelve con las vacas—
lejos del pueblo y el juego de pelota,
obligado a inventar sus propios juegos,
sea verano o invierno, y jugar solo.
Por subyugar los árboles paternos
uno por uno se ha trepado en ellos,
quitándoles, por fin, la rigidez,
sin dejar uno erguido, ni uno solo
indómito. Lo que aprender debía,
lo aprendió: no desprenderse antes
de tiempo, y evitar llevarse el árbol
hasta la tierra. Supo mantenerse
siempre en la copa, montarse con cuidado,
como quien llena un vaso al mismo borde,
y hasta encima del borde. Y sólo entonces,
con un chasquido, un salto, se lanzaba,
pateando el aire hasta pisar la tierra.
Así fui yo también, en otro tiempo,
domador de abedules; sueño serlo,
cuando me agobian los asuntos graves,
y la vida parece un bosque espeso
donde la cara siente telarañas
que irritan y pican, lagrimeando
un ojo latigado por las ramas.
Bueno sería alejarme de la tierra,
para volver y comenzar de nuevo.
Que no me oiga el destino mal, ni a medias,
con sólo arrebatarme de la tierra
sin más volver. La tierra es donde se ama:
no sé dónde el amor mejor se afinque.
Yo bien me iría trepando a un abedul,
por esas ramas negras, tronco blanco,
camino al cielo, hasta que se inclinara
bajo mi peso, y me dejara en tierra.
Eso me serviría de ida y vuelta.
No hace mal quien se lanza de abedules.
**
Birches

When I see birches bend to left and right
Across the lines of straighter darker trees,
I like to think some boy's been swinging them.
But swinging doesn't bend them down to stay.
Ice-storms do that. Often you must have seen them
Loaded with ice a sunny winter morning
After a rain. They click upon themselves
As the breeze rises, and turn many-colored
As the stir cracks and crazes their enamel.
Soon the sun's warmth makes them shed crystal shells
Shattering and avalanching on the snow-crust--
Such heaps of broken glass to sweep away
You'd think the inner dome of heaven had fallen.
They are dragged to the withered bracken by the load,
And they seem not to break; though once they are bowed
So low for long, they never right themselves:
You may see their trunks arching in the woods
Years afterwards, trailing their leaves on the ground
Like girls on hands and knees that throw their hair
Before them over their heads to dry in the sun.
But I was going to say when Truth broke in
With all her matter-of-fact about the ice-storm
(Now am I free to be poetical?)
I should prefer to have some boy bend them
As he went out and in to fetch the cows--
Some boy too far from town to learn baseball,
Whose only play was what he found himself,
Summer or winter, and could play alone.
One by one he subdued his father's trees
By riding them down over and over again
Until he took the stiffness out of them,
And not one but hung limp, not one was left
For him to conquer. He learned all there was
To learn about not launching out too soon
And so not carrying the tree away
Clear to the ground. He always kept his poise
To the top branches, climbing carefully
With the same pains you use to fill a cup
Up to the brim, and even above the brim.
Then he flung outward, feet first, with a swish,
Kicking his way down through the air to the ground.
So was I once myself a swinger of birches.
And so I dream of going back to be.
It's when I'm weary of considerations,
And life is too much like a pathless wood
Where your face burns and tickles with the cobwebs
Broken across it, and one eye is weeping
From a twig's having lashed across it open.
I'd like to get away from earth awhile
And then come back to it and begin over.
May no fate willfully misunderstand me
And half grant what I wish and snatch me away
Not to return. Earth's the right place for love:
I don't know where it's likely to go better.
I'd like to go by climbing a birch tree,
And climb black branches up a snow-white trunk
Toward heaven, till the tree could bear no more,
But dipped its top and set me down again.
That would be good both going and coming back.
One could do worse than be a swinger of birches.
***

Después de la cosecha de manzanas
Traducción: Rhina P. Espaillat

Mi escalera eleva sus dos puntas donde
el cielo se ve
entre ramas; un barril que no llené
me espera, y en el verdor quizás se esconde
fruta que todavía no he cosechado.
Mas, para mí, la cosecha ha terminado.
La noche huele a sueños invernales
y a manzanas: siento gran modorra.
A través de una capa de cristales
que esta mañana lució el estanque helado,
vi una extrañeza tal que no se borra,
que con su escarcha ha blanqueado el prado.
Se licuó el hielo, lo dejé caer,
y se estrelló,
y a mí —dormido ya cuando cayó—
me reveló
lo que este sueño mío había de ser:
manzanotas que iban y venían
entre racimo y flor,
con manchas de marrón que enrojecían.
El empeine no me deja de doler
donde lo ha deformado el escalón.
La escalera, al más leve temblor
de las ramas, se agita, y oigo retumbando
en el cajón
las manzanas que lo van atiborrando.
Es que esta demasía
—esta abundancia— abruma: me he cansado
de la cosecha que yo mismo he deseado.
Mil veces por diez mil frutas había
que acariciar y no dejar caer,
por ser
hacia el gran molino encarrilado
—aunque entero y limpio de defecto—
todo fruto caído: aunque sea sano,
es despreciado.
Se comprende que me inquieta ese prospecto;
me turba el sueño, si es sueño este letargo.
Si no se hubiera
marchado la marmota, diría si es como el largo
sueño suyo aquel que pinto a mi manera,
a un simple sueño humano.
**
After Apple-Picking

My long two-pointed ladder's sticking through a tree
Toward heaven still,
And there's a barrel that I didn't fill
Beside it, and there may be two or three
Apples I didn't pick upon some bough.
But I am done with apple-picking now.
Essence of winter sleep is on the night,
The scent of apples: I am drowsing off.
I cannot rub the strangeness from my sight
I got from looking through a pane of glass
I skimmed this morning from the drinking trough
And held against the world of hoary grass.
It melted, and I let it fall and break.
But I was well
Upon my way to sleep before it fell,
And I could tell
What form my dreaming was about to take.
Magnified apples appear and disappear,
Stem end and blossom end,
And every fleck of russet showing clear.
My instep arch not only keeps the ache,
It keeps the pressure of a ladder-round.
I feel the ladder sway as the boughs bend.
And I keep hearing from the cellar bin
The rumbling sound
Of load on load of apples coming in.
For I have had too much
Of apple-picking: I am overtired
Of the great harvest I myself desired.
There were ten thousand thousand fruit to touch,
Cherish in hand, lift down, and not let fall.
For all
That struck the earth,
No matter if not bruised or spiked with stubble,
Went surely to the cider-apple heap
As of no worth.
One can see what will trouble
This sleep of mine, whatever sleep it is.
Were he not gone,
The woodchuck could say whether it's like his
Long sleep, as I describe its coming on,
Or just some human sleep.

***
EL CAMINO NO ELEGIDO

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.
**
THE ROAD NOT TAKEN

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveller, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that, the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
two roads diverged in a wood, and I –
I took the one less travelled by,
And that has made all the difference.

***
Adiós

Ahora me voy afuera caminando
El desierto del mundo,
Y mis zapatos y mis medias
No me molestan.

Dejo atrás
Buenos amigos en la ciudad.
Dejemos que beban bastante vino
Y que luego se acuesten.

No crean que me voy
Desterrado la oscuridad exterior,
Como Adán y Eva

Olvida el mito.
No hay nadie
Que pueda expulsarme de aquí
Ninguno que pueda echarme fuera.

A menos que me equivoque
Sólo obedezco
La llamada de este canto:
Me voy... ¡zarpo ahora!

Y podría volver
Si no me siento satisfecho
Con lo que he aprendido
Al haber muerto.
***
Nothing Gold Can Stay

Nature's first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf's a flower;
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.

**
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char