Se añade una nueva sección o más bien recuadro, en la columna a la derecha, en la que Rodríguez aporta sendas golosinas. Éstas provienen de lecturas que matizan colosal traqueteo durante el viaje de 60 km hasta su lugar de trabajo, ida más vuelta, de lunes a viernes. IG
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miércoles, 28 de octubre de 2009
El quiosco de Rodríguez
Se añade una nueva sección o más bien recuadro, en la columna a la derecha, en la que Rodríguez aporta sendas golosinas. Éstas provienen de lecturas que matizan colosal traqueteo durante el viaje de 60 km hasta su lugar de trabajo, ida más vuelta, de lunes a viernes. IG
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Pentimento
La pintura vieja en un lienzo, a medida que envejece, a veces se vuelve transparente. Cuando eso ocurre, es posible, en algunas imágenes, ver las líneas originales: un árbol se mostrará a través de un vestido de mujer, un niño deja paso a un perro, un barco grande ya no está en mar abierto. Eso se llama pentimento porque el pintor, "arrepentido", cambió de idea. Tal vez sería bueno decir que la vieja concepción, reemplazada por una elección más adelante, es una manera de ver y luego ver de nuevo. Eso es todo lo que quiero decir sobre la gente en este libro. La pintura ha envejecido y yo quería ver lo que estaba allí para mí una vez, qué hay para mí ahora.
Introducción a Pentimento, de Lilian Helman.
**
A veces, suelo mirar poemas, escrituras, y encontrar una coherencia que está implícita, incluso más allá de los cambios formales. Sumo al párrafo de Helman esta especie de muestrario sobre esa manera de ver lo que queda y lo que suma. Empiezo con Aulicino, y a medida que pueda agregar a otros, se incluirán como Etiqueta, en el margen derecho. IG
***
JORGE AULICINO
AUSENCIA DE UN CARANCHO
Lo digo ahora que pasó el verano: aquel carancho
no logró establecer ninguna relación particular
con la noche, mientras gritaba sobrevolando la casa en el campo.
No podía esperarse que nada dependiera de su vuelo ciego.
Lo ignoraron las tejas, el molino, y sobre todo
los durmientes de la casa.
La carretera, la lechuza cazadora, la lámpara ahumada del cuarto,
tuvieron entre sí extrañas relaciones
a las que fue completamente ajeno el carancho.
He pensado largamente en sus alas
plateadas por la luna y en los piojos que le comen la barriga
y no produjo una sola idea digna de ser tenida en cuenta.
Ni piedad su exilio, ni irritación el recuerdo de su grito agudo y
ciego.
El carancho no se propuso como aviso de un límite,
no tiene dignidad de águila, es demasiado
animal para sostenerse en el poema.
La noche no fracasó por el carancho, ni siquiera fue un aguafiestas.
Es imposible una relación con el sinsentido del carancho.
Y así debería ser el poema, como el vuelo y el grito del carancho.
**
De Paisaje con autor (Publicado en 1988 por Ediciones Último Reino)
***
Cierta dureza en la sintaxis
1
Cierta dureza en la sintaxis indicaba la poca versatilidad de aquellos cadáveres; el betún cuarteado de las botas
y ese decir desligado del verbo; verbos auxiliares,
modos verbales elegantemente suspendidos, elididos,
en la sabia equitación de una vieja práctica.
¿De qué hablás, de qué hablás? Pero si fue ayer...
Fue ayer... Estabas frente al lago de ese río:
qué lejana esa costa, qué neblinosa y mañanera.
Lo tenías todo, no te habías arrastrado en la escoria
de las batallas perdidas antes de empezadas,
no andabas en el orín de estos muertos...
Lo comprendo, no era el Danubio, era el Paraná
que marea porque viene del cielo cerebral, pero aun así...
¿Se justifica la alegre inacción, el pensamiento venteado?
Abeja: la más pequeña de las aves, nace de la carne del buey.
Araña: gusano que se alimenta del aire. Calandria: la que canta la enfermedad y puede curarla. Perdiz: ave embustera.
De Cierta dureza en la sintaxis (Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2008)
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jueves, 30 de julio de 2009
Miscelánea
William Faulkner,
según Gabriel García Márquez
Cuando Jorge Luis Borges me mencionó en su residencia en el Cimetière de Rois, que William Faulkner era un representante del Boom latinoamericano, le pedí explicaciones, pero sólo dejó una tarjeta en mi bolsillo, que encontré luego en Bilbao. Era artesanal, y así decía en letras doradas:
Samuel Snopes,
Hair landscapper
XX Wilkinson St.,
French Quarter,
New Orleans, LA.
Detrás de la tarjeta, Borges había escrito con tinta púrpura: “Faulkner lo espera aquí, JLB”.
Y así, el siguiente viernes me encontraba en el Café Du Monde desayunando un café au lait con unos inspiradores beignets. Recordé un viaje de negocios, hacía unos años, cuando me hospedé en el Hotel St. Charles, y la posterior sesión de jazz en el French Quarter. Llovía, cuando en compañía de mi fiel paraguas, que se negaba a dejarme en algún bar, crucé Jackson Square, saludé a la Catedral de St Louis, y de inmediato me encontré en Wilkinson Street. La barbería de Snopes era tan vieja como la catedral y el dueño me hizo sentar en una silla de hierro, madera, cromo y cuero, y sin más me colocó una toalla caliente sobre la cara. Cuando desperté, mi coche de mulas se acercaba a una mansión “antebellum” rodeada de magnolias y frondosos árboles con tupidos colgantes de Spanish Moss.
Alcancé a leer un letrero en el camino “Rowan” y al lado “Yoknapatawpha County” y advertí que mi ropa había cambiado. ¿Cuándo había ocurrido? Un empleado negro en uniforme y guantes me abrió la puerta y condujo a un salón en el que dos caballeros me recibieron levantando sus vasos. Reconocí a uno como el propio William Faulkner, y al estrechar su mano, me informó que el otro era Raymond Chandler, el novelista de misterios. Me ofrecieron un vaso con whisky y hielo, y Chandler comentó: “Faulkner hizo que mi novela The Big Sleep obtuviera tanto éxito como película”, a lo que Faulkner respondió “el éxito debe atribuirse al libro. Mi premio en esa ocasión fue haber entablado amistad con Humphrey Bogart y Laureen Bacall. Sin embargo, mi mejor guión, de 1945, `The Southerner´ no lleva mi nombre, pero sí el del director Jear Renoir. Todo por cosas de abogados”.
Para este momento les hacía una caricatura en mi libro de notas, y Faulkner me preguntó: “Actualmente ¿qué opinan los críticos sobre mis obras?”. Chandler, que estaba ahogando en el whisky algunos de sus problemas me advirtió: “No tenga miedo, que William no lo baleará como acostumbra hacer a los zorros, porque no tiene puesto su uniforme rojo pretendiendo que anda en Balmoral, ja, ja”. Faulkner lo miró con disgusto y me preguntó: “Entonces, ¿qué dicen sobre mí los críticos?”.
Entendí su interés en saberlo si llevaba tantos años retirado en el cementerio de St. Peter en Oxford, Mississippi, y decidí hablarle con sinceridad.
“Hoy día se ha investigado su vida y milagros con microscopio. Se conoce que Faulkner creó un país llamado Yoknapatawpha y unas familias, y personajes, los Sartoris, y Compson, los Snopes; el tío Buck; George Wilkins; la leyenda del oro enterrado, de perros que eran inseparables del whisky y de la cacería, de Ringo, de la nana que era Purella Harris y Rosa Millard, sobreviviente del antebellum y ahora traficante de caballos y mulas; Old Ben, un oso fiero y cruel orgulloso de la libertad; Boon, un hombre viejo, hijo de una esclava negra y de un rey. Y William Faulkner quedó atrapado en su Yoknapatawpha, prisionero de las actuaciones de sus personajes, que no dejaban de originar otros seres, ya fuera del control de Faulkner. Son muchos cuentos y novelas, resonando The Sound and The Fury de 1929, Sanctuary de 1931, y tantos que le harían ingresar varias veces en un sanatorio para curas de desintoxicación a partir de 1936. Me quedan dos preguntas: ¿Fue usted promotor del boom latinoamericano y obras como Cien Años de soledad?, y ¿Cúal fue su intención al escribir?”.
Raymond Chandler se excusó en ese momento: “Tengo que irme, tantas revelaciones me deprimen, porque yo tengo mis propios problemas, intolerables de confesar”, y desapareció sin decir más, pero sin olvidar su sombrero.
William Faulkner me comentó: “El problema de Chandler es que prefiere mujeres con problemas y discursos intelectuales a mujeres pasionales y sexuales, y a mí me gustan éstas, las que mezclan la chispa con la pasión. ¿A quién se le ocurriría, si no es a Chandler, enredarse con la viuda de George Orwell? Responderé a sus preguntas leyendo un párrafo de un escrito que publiqué en 1932, `Lagartos en el patio de Janmshid´: `La casa era un enorme edificio cuadrado que los descendientes anónimos y sin historia del anónimo fundador hayan ido abatiendo para alimentar la lumbre desde los tiempos de la guerra civil, un edificio enclavado en unos terrenos diseñados cien años antes´… Además, en 1942 publiqué Go Down Moses, una novela en la que se describen más de cien años en la historia de Yoknapatawpha County, y sobre la familia McCaslin, un oso mágico, los sucesivos propietarios, miscegenación e incesto. ¿No le suenan a usted conocidos estos temas? Y referente a su segunda pregunta, lo único que evita que los trabajos de un escritor sean efímeros es que traten sobre el amor, el honor, la compasión y el sacrificio. En mis escritos, la mezquindad y miseria humana se enfrentan diariamente a la grandeza de espíritu. No le doy mayor importancia a la técnica, aunque se me atribuye ser un precursor del flujo de concienciación. Quizás debería remontarme a mi niñez para encontrar cuando todo comenzó. Era niño cuando comencé a encontrar barreras de todo tipo. En sexto grado me aburría en la escuela por no estar de acuerdo con lo que los maestros pretendían obligarme a aprender, información totalmente inútil, cuando mi imaginación estaba en otros mundos, en cuanto a color, olor, ruido y vivencias. Era pequeño físicamente, no podía ser piloto porque mi estatura no llegaba a la medida establecida por algún cretino, y además porque se acabó la guerra que iba a ser la Gran Guerra; la chica de la cual estaba enamorado se casó con otro; me hicieron renunciar de mi trabajo en correos por jugar a las cartas, y me retiraron de líder de una tropa de boy scouts por estar fielmente acompañado de una botella de whisky. Y mis comienzos como poeta y escritor, aunque a veces llamativos, no tuvieron éxito. A través de muchas desilusiones y fracasos aprendí que el artista de artistas debe estar muy seguro en sí mismo, aprender de sus errores, y considerar que nadie es suficientemente bueno para aconsejarle. Recuerdo de una pelea muy chistosa que tuve con Ernest Hemingway, como consecuencia de una conferencia donde opiné que Hemingway era un cobarde en el uso de las palabras. Ernest era muy delicado en el tema de cuestionar su valentía y virilidad en el frente de batalla, y por eso su gran interés por las corridas de toros, y asistencia a tabernas en Pamplona. Tuve que aclarar lo de cobardía, y asegurar que me refería a que Hemingway era poco atrevido en el uso de palabras a no ser que estuvieran en el diccionario, y mucho menos de escribir algún sonoro fracaso. No creo que aceptara mi explicación, y su trágico fin se discute si fue una salida de valentía, o de cobardía. Cada uno puede opinar al respecto.
En la ocasión en que en 1950 recibí el premio Nobel, leí un discurso que dijeron era el mejor efectuado hasta esa fecha en dicha ceremonia. Esa no era mi intención, pero me alegra de que hayan gustado tanto mis reflexiones sobre las fuentes del buen escritor. Sólo merece la pena escribir del corazón humano, en conflicto consigo mismo. Recuerdo cómo en 1951 Howards Hawks me pidió que le hiciera un arreglo de la novela The Left Hand of God de William Barrett. Mi nombre no apareció nunca en los créditos de la película con Humphrey Bogart y Giene Tierney de 1955. Lo interesante es que Howard Hawks pidió que yo efectuara este trabajo, en el que una encrucijada ética se resuelve recordando que el hombre es inmortal, tiene un alma, un espíritu capaz de compasión, sacrificio New Orleans”.
No recuerdo mucho del viaje en el coche donde las mulas volaban sobre los caminos de tierra, porque dormí casi todo el tiempo. Para cuando desperté estaba en la puerta del 713 Rue Sant Louis de New Orleans. Un sonriente empleado me abrió la puerta “Bienvenido a Antoine´s, Mr. Márquez” y me condujo a una mesa que llevaba mi nombre en un cartelito. Mi menú fue sencillo pero sustancioso, porque tenía mucho que asimilar después del encuentro con William Faulkner. Empezaría con “Oysters Rockefeller”, y seguiría con “Potage alligator au sherry”. De postre, ¿qué mejor cierre que le puddin de pan de noix de pecan?
Mientras disfrutaba del primer plato recordaba algo que me había dicho Faulkner: “Aunque haya sido un promotor del boom latinoamericano, mis sonidos y sentimientos son intraducibles al castellano. El perro Lion no ha podido ser el Perro León, ni el Major de Spain el Alcalde de España, ni es posible traducir el parásito típico de árboles en Lousiana, el “Spanish Moss” como “Musgo español”. Los indios lo llamaban originalmente “Itla-Okla”, por parecerles “pelo de árbol”. A los franceses les recordaba el pelo de las barbas de los españoles y lo llamaron “Barbe Espagnol”, término que los españoles consideraron ofensivo, y revertieron el insulto a “Cabello Francés”. La decisión quedó en manos de los indios, que para ese momento preferían el idioma inglés y lo tradujeron a “Spanish Beard”. Pero el término no tenía mucho sentido y se cambió a Spanish Moss. Claro que si uno prefiere, puede utilizar el término científico Tillandsia usneoides. Y no hay discusión que Yoknapatawpha County no tiene traducción posible. Esto lo planteé en unas reuniones en 1961 en Caracas, Venezuela, lugar con uno de los mayores índices de consumo de whisky escocés por persona”.
Al terminar estas reflexiones y con el café y copa de brandy, el maitre me dijo que la comida había sido una invitación de Monsieur Faulkner, y me entregó la libreta de notas con el dibujo que había hecho de William Faulkner y Raymond Chandler, que aquí acompaño. No logré sin embargo recuperar el paraguas; espero que pueda serle útil a Faulkner en sus paseos por Oxford, Mississippi.
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Dibujo de Faulkner y Chandler realizado por Gabriel García Márquez.
Tomado de http://www.narrador.es
lunes, 20 de julio de 2009
Todo por las manzanas de Cézanne
Rainer Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke
(1875-1926)
“(...) Ud es el único hombre en el mundo que, lleno de equilibrio y de fuerza, se yergue en armonía con su obra. Y esta obra, tan grande, tan justa, para mí se ha vuelto un acontecimiento del que sólo podré hablar con una voz transida de temor y de homenaje. Su obra tanto como usted son un ejemplo dado a mi vida, a mi arte, a todo lo que hay de más puro en el fondo de mi alma. No fue sólo para escribir un estudio que vine hacia usted. Llegué para preguntarle, ¿cómo se debe vivir? Y usted respondió: trabajando. Lo comprendo. Bien comprendo que trabajar es vivir sin morir.” (carta a Rodin del 11 de septiembre de 1902)
“Se había apoderado de mí un asombro angustioso, así también me invadió de nuevo el terror frente a eso que como en un laberinto sin fin se llama vivir.”
(carta a Lou Andrea Salomé del 18 de julio de 1903)
“De alguna forma también yo he de llegar a hacer cosas, no cosas corpóreas, sino escritas: realidades surgidas de la práctica del oficio. De alguna forma, también yo he de hallar el ínfimo elemento básico, la célula de mi arte, la inmaterial herramienta para expresarlo todo...” (carta a Lou Andrea Salomé del 10 de agosto de 1903)
Sobre Cézanne:
“Él, su dedicación, la llama la realisation, lo convincente, la transformación en cosa, la realidad elevada hasta lo indestructible a través de su propia vivencia del objeto, esto era lo que le parecía la intención de su trabajo más íntimo; anciano, enfermo, desgastado cada tarde, hasta caer sin sentido por su constante trabajo diario (...) Permaneciendo concienzudamente ante el objeto, en los paisajes o en la naturaleza muerta, lo asimilaba sin embargo, sólo por rodeos extremadamente complicados.” (carta a Clara Westhoff del 9 de octubre de 1907)
“Hoy he vuelto a contemplar sus cuadros: increíble el ambiente que crean (...) como si aquellos colores me liberaran de una vez por todas de cualquier duda. La conciencia de aquel rojo, de aquel azul, su sencilla veracidad me educan; si me sitúo entre ellos con entera disponibilidad parece como si hicieran algo por mí. Se comprende también cada vez un poco mejor cuán necesario era rebasar el amor mismo; es natural amar cada una de estas cosas cuando se están haciendo; pero si esto se muestra ya no está tan bien: esto se juzga en lugar de decirlo. Uno deja de ser imparcial y lo mejor, el amor, queda fuera de la obra, no se integra en ella. Se pintaba; amo esta cosa en lugar de decir hela aquí y que cada cual pueda ver si la he amado (...) el amor se consume en el acto de pintar. Esta consumación del amor en trabajo anónimo es donde nacen cosas tan puras (...)”
(Carta sobre Cézanne a su esposa)
***
LA CARROÑA
de Charles Baudelaire
Recuerda lo que vimos, alma mía,
esa mañana de verano tan dulce:
a la vuelta de un sendero una carroña infame
en un lecho sembrado de guijarros,
con las piernas al aire, como una mujer lúbrica,
ardiente y sudando los venenos
abría de un modo negligente y cínico
su vientre lleno de exhalaciones.
El sol brillaba sobre esta podredumbre,
como para cocerla en su punto,
y devolver ciento por uno a la gran Naturaleza
todo lo que en su momento había unido;
y el cielo miraba el espléndido esqueleto
como flor que se abre.
Tan fuerte era el hedor que tú, en la hierba
creíste desmayarte.
Zumbaban las moscas sobre este vientre pútrido
del cual salían negros batallones
de larvas que manaban como un líquido espeso
por aquellos vivientes andrajos.
Todo aquello descendía y subía como una ola,
o se lanzaba chispeante
se hubiera dicho que el cuerpo, hinchado por un aliento vago,
vivía y se multiplicaba.
Y este mundo producía una música extraña
como el agua que corre y el viento
o el grano que un ahechador con movimiento rítmico
agita y voltea con su criba.
Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un esbozo tardo en aparecer
en la tela olvidada, y que el artista acaba
sólo de memoria.
Detrás de las rocas una perra inquieta
nos miraba con ojos enfadados,
espiando el momento de recuperar en el esqueleto
el trozo que había soltado.
Y, sin embargo, tú serás igual que esta basura,
que esta horrible infección,
¡estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
tú, mi ángel y mi pasión!
¡Sí! tal tú serás, oh reina de las gracias,
después de los últimos sacramentos,
cuando vayas, bajo la hierba y las fértiles florescencias,
a enmohecer entre las osamentas.
Entonces, oh belleza mía, di a los gusanos
que te comerán a besos,
¡que he guardado la forma y la esencia divina
De mis amores descompuestos!
***
Recuerdas seguramente... en los Cuadernos de Malte Laurids aquel pasaje que trata de Baudelaire y de su poema "La Carroña". No pude evitar la idea de que sin ese poema toda la evolución hacia el decir objetivo que ahora creemos reconocer en Cézanne no habría podido comenzar; antes debía estar allí ese poema, implacable. La mirada artística tenía que haberse educado de tal modo que pudiera ver aun en lo terrible y en apariencia sólo repulsivo lo que es, y que también tiene importancia con todo el resto de lo existente. Así como no se admite elección alguna, tampoco se permite al creador que se parte de ningún ser existente: un solo rechazo en cualquier momento lo arroja del estado de gracia, lo convierte irremediablemente en pecador. Flaubert, al relatar con tanto cuidado y minuciocidad la leyenda de Saint-Julien l'Hospitalier, fue quien me otorgó esa fe simple en medio de lo extraordinario, porque en él el artista abarcaba las decisiones del santo y las consentía feliz y las aclamaba. Acostarse con un leproso y compartir con él todo el calor de uno mismo hasta la calidez del corazón en las noches de amor: es necesario que eso haya sucedido alguna vez en la vida de un artista como superación hacia una nueva beatitud. Puedes imaginarte mi emoción al leer que Cézanne hasta sus últimos años se supo de memoria justamente ese poema -La charogne de Baudelaire- y que lo repetía palabra por palabra. Seguramente entre sus primeros trabajos habrá algunos en los que se sometió con violencia a las posibilidades extremas del amor. Detrás de esa entrega, a partir de las pequeñas cosas comienza la santidad: la vida sencilla de un amor que ha resistido, que sin jamás envanecerse de ello se aproxima a todo sin compañía, discretamente, en silencio. El verdadero trabajo, la profusión de tareas, todo comienza recién después de esa prueba, y quien no ha podido llegar hasta allí seguramente podrá ver en el cielo a la Virgen María, a algunos santos y pequeños profetas, al rey Saúl y a Carlos el Temerario -pero de Hokusai y Leonardo, de Li Tai Po y Villon, de Verharen, Rodin, Cézanne- e incluso del buen Dios allá tan sólo ha de oír hablar.
Y de pronto (por primera vez) comprendo el destino de Malte Lourids. ¿No es acaso que esa prueba lo superó, que ante lo real no pudo soportarla aunque estaba convencido de su necesidad, tanto, que durante mucho tiempo la buscó instintivamente hasta que por fin ella se le adhirió para no abandonarlo nunca más? El libro de Malte Lautids, una vez que esté escrito, no será sino el libro de esa idea probada en alguien para quien fue demasiado terrible. Y quizás incluso la resistió: porque escribió la muerte del chambelán; pero como un Raskolnikov, agotado por su acto se detuvo, no siguió actuando en el momento en que la acción recién debe comenzar, y entonces la libertad que acababa de ganar se volvió contra él, indefenso, y lo destrozó.
Ah, nosotros contamos los años, y hacemos divisiones aquí y allá, acabamos y comenzamos y vacilamos entre lo uno y lo otro. Pero hasta qué punto es Uno todo lo que nos sucede, cuánta relación hay entre una cosa y otra; surge y crece, y va hacia sí misma, y nosotros en el fondo sólo tenemos que estar aquí, pero simplemente, pero con empeño, como la tierra que consiente las estaciones, clara y oscura, y totalmente inserta en el espacio, no anhelando descansar sino en la red de influjos y fuerzas en que las estrellas se sienten seguras.
Y bien, algún día llegará el tiempo, la calma y la paciencia para continuar escribiendo los Cuadernos (*); ahora sé mucho más sobre él: o mejor dicho: lo sabré cuando sea necesario.
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(*)Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge fueron iniciados por Rilke en 1904 y concluidos en 1910. En una carta a Clara, el 8 de septiembre de 1908, Rilke le dice acerca de ese libro:
"En realidad tendría que haberlo escrito el año pasado, ahora lo siento; después de las Cartas sobre Cézanne que lo tocan tan de cerca, había llegado yo a los límites de su figura: porque Cézanne no es sino el primer resultado, primitivo y descarnado de aquello a lo que Malte Laurids aún no llegó. La muerte de Brigge: eso fue la vida de Cézanne, la vida de sus últimos treinta años."
«Ah, nosotros contamos los años, y hacemos divisiones aquí y allá; acabamos y comenzamos y vacilamos entre lo uno y lo otro. Pero hasta qué punto es uno todo lo que nos sucede, cuánta relación hay entre una cosa y otra; surge y crece, y va hacia sí misma, y nosotros en el fondo sólo tenemos que estar aquí, pero simplemente, pero con empeño, como la tierra que consiente las estaciones, clara y oscura, y totalmente inserta en el espacio, no anhelando descansar sino en la red de los influjos y fuerzas en que las estrellas se sienten seguras» (Cartas a Cézanne).
"... Ayer, al evocar el fondo del autorretrato, dije: gris, cobre claro oblicuamente cruzado por un motivo gris; habría tenido que decir: un particular blanco metálico, aluminio o similar, porque el gris, el gris propiamente dicho, no se encuentra en los cuadros de Cézanne. Su mirada infinitamente pictórica, no lo registraba en tanto que color: bajaba hasta el fondo y allí encontraba el violeta, o el azul, o el rojo o el verde. Sobre todo el violeta (un color que no había sido nunca desplegado tan pormenorizada y matizadamente), un violeta que él descubre ahí donde hubiéramos esperado el gris y con ello nos hubiéramos dado por satisfechos; pero Cézanne no ceja y hace salir los violetas uniformemente diluidos, como lo hacen algunas tardes, principalmente las de otoño, que interpelan en violeta el agrisamiento de las fachadas, de tal suerte que les responde en todos los tonos, desde el lila ingrávido hasta el violeta compacto del granito finlandés. Cuando observé que no había propiamente gris en aquellos cuadros (en los paisajes se siente demasiado la presencia del ocre y de las tierras, sin quemar o quemados, para que pueda producirse el gris), la señorita Vollmoeller me señaló que cuando se estaba en medio de ellos, sí que emanaban, cual una atmósfera, un gris tierno y sutil. Y ambos convinimos en que el equilibrio interno de los colores de Cézanne, que nunca sobresalen o empujan, creaba ese aire tranquilo y aterciopelado, que sin duda no se produce fácilmente en la hueca desolación del Grand Palais. Aun cuando sea una de sus particularidades el adoptar para sus limones y para sus manzanas el amarillo cromo y un laca rojo chillón en toda su pureza, sabe mantener su sonoridad en los límites del cuadro: plena, como una oreja, resuena dentro de un azul que escucha y le da muda respuesta, de manera que nadie, fuera de allí, se sienta interpelado o gritado. ... El empleo del blanco como color le fue de entrada natural; formaba junto al negro los dos extremos de su amplia paleta, y en el bellísimo conjunto de una repisa de chimenea de piedra negra, con relativa pendiente, el negro y el blanco (este último sobre un paño que cubre con su caída una parte de la repisa de la chimenea) se comportan como colores al lado de otros colores, con los mismos derechos y como aclimatados desde hace ya tiempo. (A diferencia de Manet, en el que el negro actúa como un apagón y se enfrenta con los colores, como un invasor.) ... El espacio real y el del espejo se hallan definitivamente indicados y al mismo tiempo como musicalmente diferenciados por esta doble nota, y el cuadro los contiene como un cestillo contiene frutas y hojas; como si todo eso fuera así de fácil tomarlo y servirlo." ...
De Cartas sobre Cézanne, Rainer María Rilke
Rilke, un año después de la muerte del maestro, describía su trabajo en el estudio de este modo: "Hay que haberlo visto pintar, dolorosamente tenso, con la oración en el rostro, para imaginar qué parte excepcional de su alma ponía en el trabajo. Todo él temblaba, vacilaba, con la frente congestionada, como henchida de invisibles ideas, el busto encogido, el cuello hundido y las manos temblorosas hasta el instante en que sólidas, tiernas, voluntariosas, daban el toque, seguras...".
viernes, 5 de junio de 2009
El lenguaje no da para tanto
Phillip K. Dick
Dios no existe. Si cuando muera descubro que me he equivocado, alegaré como circunstancias atenuantes mi ignorancia y el hecho de que me educaron mal. (La invasión divina)
Llamamos piadosas a las personas que hablan a Dios, y locas a aquellas a quienes Dios habla. (La transmigración de Timothy Archer)
¿Miedo a la muerte?¿Su muerte? ¿O la muerte en general? (Tiempo de Marte)
1) Dios no existe. 2) Y además es un estúpido. (Sivainvi)
No hay nada fantástico o ultradimensional en el pasto... a menos que seas un escritor de CF, en tal caso verías muy pronto el pasto sospechosamente. (Introducción a The best of PDK)
Conozco la esquizofrenia. Es el salvaje dentro del hombre. (Tiempo de Marte)
Debería existir una cláusula obligatoria por la que si uno encuentra a Dios, no fuera posible perderlo. (Sivainvi)
Dios ha muerto, encontraron su cadáver en 2019, flotando en el espacio cerca de Alfa. (Nuestros amigos de Frolik 8)
El famoso libro: «Cómo me levanté de entre los muertos en mi tiempo libre y también usted puede hacerlo» de A.J. Specktowsky. (Laberinto de Muerte)
Uno de los mayores actos de la clemencia de Dios es que nos tiene en perpetua ignorancia de nuestro destino. (Sivainvi)
Estoy más lejos de la satisfacción de lo que es humanamente posible. (Lotería Solar)
Se preguntó qué le diría ella si lo viera ahora, encarcelado, abandonado por su mujer y su hijo, el carburador del automóvil dañado, su cordura perdida. (Sivainvi)
Estamos en la Tierra para descubrir que lo que más quieres te será arrebatado (La transmigración de Timothy Archer)
Luchan por todas partes. Por el universo entero. Para eso es el universo. (Muñecos cósmicos)
Lo real es aquello en lo que Dios cree. (Sivainvi)
Por definición, el futuro no ha sucedido. Y si existiera el conocimiento previo, éste cambiaría el futuro, lo que invalidaría el conocimiento. (El tiempo doblado)
El universo tiene la costumbre de suprimir los anacronismos. (Sivainvi)
El espectáculo de demagogos enviando a millones de seres a la muerte, arruinando al mundo con guerras fanáticas y derramamientos de sangre, desgarrando naciones enteras para imponer una supuesta «verdad» filosófica o política es algo asqueroso. (El tiempo doblado)
Fui educado en el hecho de que el mayor de los dolores no viene zumbando desde un planeta lejano sino desde la profundidad del corazón. (Introducción a The best of PDK)
Eventualmente, la muerte nos atrapará a todos. (Nuestros amigos de Frolik 8)
Toda la creación es un lenguaje y nada más que un lenguaje que, por alguna razón inexplicable, no podemos leer afuera ni escuchar adentro. Por tanto, afirmo que nos hemos convertido en idiotas. (Sivainvi)
Lo primero que descubrí es que he muerto, que nunca viví para hacerme adulto... (Muñecos cósmicos)
Realidad es lo que no desaparece aun cuando hayas dejado de creer en su existencia. (Sivainvi)
Si alguien hubiese descubierto un sistema de predicción de azar eficaz, estaría utilizándolo, no vendiéndolo. (Lotería Solar)
Entonces, el verdadero nombre de la religión... es muerte. (Sivainvi)
Un hombre es el modo en que un espermatozoide produce otro espermatozoide. (Laberinto de Muerte)
Algunas frases de sus novelas, tomadas de la Web.
***
Roland Barthes
Poderes
La "inocencia" moderna habla del poder como si fuera uno: de un lado los que lo poseen, del otro los que no lo tienen; habíamos creído que el poder era un objeto ejemplarmente político, y ahora creemos que es también un objeto ideológico, que se infiltra hasta allí donde no se lo percibe a primera vista –en las instituciones, en las enseñanzas-, pero que en suma es siempre uno. Pero ¿y si el poder fuera plural, como los demonios? "Mi nombre es Legión", podría decir: por doquier y en todos los rincones, jefes, aparatos, masivos o minúsculos, grupos de opresión o de presión; por doquier voces "autorizadas", que se autorizan para hacer escuchar el discurso de todo poder: el discurso de la arrogancia. Adivinamos entonces que el poder está presente en los más finos mecanismos del intercambio social: no sólo en el Estado, las clases, los grupos, sino también en las modas, las opiniones corrientes, los espectáculos, los juegos, los deportes, las informaciones, las relaciones familiares y privadas, y hasta en los accesos liberadores que tratan de impugnarlo: llamo discurso de poder a todo discurso que engendra la falta, y por ende la culpabilidad del que lo recibe. Algunos esperan de nosotros, intelectuales, que actuemos en toda ocasión contra el Poder; pero nuestra verdadera guerra está en otra parte; está contra los poderes, no se trata de un combate fácil porque, plural en el espacio social, el poder es, simétricamente, perpetuo en el tiempo histórico: expulsado, extenuado aquí, reaparece allá; jamás perece: hecha una revolución para destruirlo, prontamente va a revivir y a rebrotar en el nuevo estado de cosas. La razón de esta resistencia y de esta ubicuidad es que el poder es el parásito de un organismo transocial, ligado a la entera historia del hombre, y no solamente a su historia política, histórica. Aquel objeto en el que se inscribe el poder desde toda la eternidad humana es el lenguaje o, para ser más precisos, su expresión obligada: la lengua.
(Fragmento de La lección inaugural de la cátedra de Semiología lingüística del College de France, del 7 de enero de 1977 (Siglo XXI, 1986). Texto completo en www.revistacontratiempo.com.ar)
***
Ortega y Gasset
Sobre el lenguaje
(...) Siendo al hombre imposible entenderse con sus semejantes, estando condenado a radical soledad, se extenúa en esfuerzos para llegar al prójimo. De estos esfuerzos es el lenguaje quien consigue a veces declarar con mayor aproximación algunas de las cosas que nos pasan dentro. Nada más... Pero de ordinario no usamos estas reservas. Al contrario, cuando el hombre se pone a hablar, lo hace porque cree que va a poder decir cuanto piensa. Pues bien: esto es lo ilusorio. El lenguaje no da para tanto. Dice, poco mas o menos, una parte de lo que pensamos, y pone una valla infranqueable a la transfusión del resto. Sirve bastante bien para enunciados y pruebas matemáticas; ya al hablar de física empieza a hacerse equívoco e insuficiente. Pero conforme la conversación se ocupa de temas más importantes que esos, más humanos, más «reales», va aumentando su imprecisión, su torpeza y confusionismo. Dóciles al prejuicio inveterado de que hablando nos entendemos, decimos y escuchamos tan de buena fe, que acabamos muchas veces por malentendernos mucho más que si, mudos, procurásemos adivinarnos.
(Prólogo parala edición francesa de La rebelión de las masas.)
miércoles, 20 de mayo de 2009
Cifras
Wislawa Szymborska
(Polonia, 1923-)
El Número Pi
Digno de admiración es el número Pi
tres coma catorce,
todas sus siguientes cifras también son iniciales,
quince noventa y dos porque nunca termina.
No se deja abarcar sesenta y cinco treinta y cinco con la mirada,
ochenta y nueve con los cálculos
setenta y nueve con la imaginación
y ni siquiera treinta y dos treinta y ocho con una broma o sea comparación
cuarenta y seis con nada
veintiséis cuarenta y tres en el mundo.
La serpiente más larga de la tierra después de muchos metros se acaba.
Lo mismo hacen aunque un poco después las serpientes de las fábulas.
La comparsa de cifras que forma el número Pi
no se detiene en el borde de una hoja,
es capaz de continuar por la mesa, el aire,
la pared, la hoja de un árbol, un nido, las nubes, y así hasta el cielo,
a través de toda esa hinchazón e inconmensurabilidad celestiales.
Oh, qué corto, francamente rabicorto es el cometa.
¡En cualquier espacio se curva el débil rayo de una estrella!
Y aquí dos treinta y uno cincuenta y tres diecinueve
mi número de teléfono el número de tus zapatos
el año mil novecientos setenta y tres piso sexto
el número de habitantes sesenta y cinco céntimos
centímetros de cadera dos dedos charada y mensaje cifrado,
en la cual ruiseñor que vas a Francia
y se ruega mantener la calma
y también pasarán la tierra y el cielo,
pero no el número Pi, de eso ni hablar,
seguirá sin cesar con un cinco en bastante buen estado,
y un ocho, pero nunca uno cualquiera,
y un siete, que nunca será el último,
y metiéndole prisa, eso sí, metiéndole prisa a la perezosa eternidad para que continúe.
***
Antonio Machado
(España,1875 - Francia, 1939)
Recuerdo infantil
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón.
Una tarde parda y fría
de Invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
***
JORGE LUIS BORGES
(Buenos Aires, Argentina, 1899 - Ginebra, Suiza, 1986)
LA CIFRA
La amistad silenciosa de la luna
(cito mal a Virgilio) te acompaña
desde aquella perdida hoy en el tiempo
noche o atardecer en que tus vagos
ojos la descifraron para siempre
en un jardín o un patio que son polvo.
¿Para siempre? Yo sé que alguien, un día,
podrá decirte verdaderamente:
“No volverás a ver la clara luna,
Has agotado ya la inalterable
suma de veces que te da el destino.
Inútil abrir todas las ventanas
del mundo. Es tarde. No darás con ella”.
Vivimos descubriendo y olvidando
esa dulce costumbre de la noche.
Hay que mirarla bien. Puede ser última.
***
Poema de Gilgamesh
(Fragmento)
[...]
Diez docenas de codos de altura tenía cada uno de sus lados,
diez docenas de codos cada lado de la cuadrada cubierta.
Di forma a sus costados y los uní.
De seis cubiertas doté a la nave,
que quedó dividida en siete partes.
Dividí su planta en nueve partes.
[...]
Toda mi familia y parientes fueron subidos a bordo.
Los animales del campo, las bestias salvajes del campo
y todos los artesanos, dispuse que subieran a bordo.
[...]
Durante seis días y seis noches
sopló el viento del diluvio,
la tormenta del sur barrió la tierra.
***
Eugène Ionesco
(Rumania, 1909 - Francia, 1994)
Diálogo entre el Lógico y en Anciano Caballero
El Lógico (al Anciano Caballero): ¡He aquí, pues, un silogismo ejemplar! El gato tiene cuatro patas. Isidoro y Fricot tienen cada uno cuatro patas. Ergo Isidoro y Fricot son gatos.
El Caballero (al Lógico): Mi perro también tiene cuatro patas.
El Lógico: Entonces, es un gato.
El Anciano Caballero (al Lógico después de haber reflexionado largamente): Así, pues, lógicamente, mi perro sería un gato.
El Lógico: Lógicamente sí. Pero lo contrario también es verdad.
El Anciano Caballero: Es hermosa la lógica.
El Lógico: A condición de no abusar de ella.
[...]
El Lógico: Otro silogismo: todos los gatos son mortales. Sócrates es mortal. Ergo, Sócrates es un gato.
El Caballero Anciano: Y tiene cuatro patas. Es verdad. Yo tengo un gato que se llama Sócrates.
El Lógico: ¿Lo ve?
El Caballero Anciano: ¿Sócrates, entonces, era un gato?
El Lógico: La lógica acaba de revelárnoslo.
***
William Shakespeare
(Inglaterra,1564 - 1616)
De Hamlet
Hamlet: ¡Dios! Sería yo el rey del espacio infinito incluso encerrado en una nuez, si no fuera porque tengo pesadillas.
martes, 19 de mayo de 2009
Ars poéticas, para elegir
Jorge Luis Borges
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
**
Vicente Huidobro
Ars poética
Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza :
el vigor verdadero reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
hacedla florecer en el poema;
sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el Sol.
El poeta es un pequeño Dios.
**
Roberto Juarroz
29
Conflicto de olvidos
que no saben dónde instalarse.
Desconcierto de la paloma
que ignora de repente adónde regresar.
Vacío del tiempo que se arremolina
como un escarabajo extraviado
sobre una playa de arenas demasiado maduras.
Escandaloso trueque
de una memoria de figuras cambiadas
que confunde sus hilos
hasta hacernos presentir la justicia
de no poder ya ubicar en nosotros
nuestro propio nombre.
Desde un costado suplementario del tiempo
una imagen con nuestra misma figura
desbarata la trama de los equilibrios equívocos
y pone los olvidos en el lugar de los recuerdos
y los recuerdos en el sitio
donde la luz es un contrasentido.
Mientras tanto el hombre descubre el rincón del abismo
donde se juntan las sangres invisibles
que acreditan la integridad de su herida.
De Sexta poesía vertical
**
Johann Christoph Friedrich Schiller
(Fragmentos)
"Por eso hay que darles la razón, enteramente, a quienes declaran en absoluto indiferente y estéril lo hermoso y la disposición en que es colocado nuestro espíritu en relación con el conocimiento y el carácter. Tienen toda la razón porque la belleza no produce ningún resultado individual para el entendimiento ni para la voluntad; no realiza ningún fin particular, ni intelectual ni moral; no descubre ninguna verdad; no nos ayuda a cumplir ningún deber; y en una palabra, es igualmente incapaz de fundar el carácter y de ilustrar la mente.”
“Hay un arte bella de la pasión, pero un arte pasional y bella es una contradicción de términos, pues el efecto inevitable de lo bello es librarnos de las pasiones. No menos contradictorio es el concepto de un arte bella docente (didáctica) o reformadora (moral), pues nada es más contrario al concepto de belleza que darle al espíritu una tendencia determinada”
“Cuanto más general sea la disposición y menos limitada la dirección que se le da a nuestro espíritu mediante un género especial de las artes y mediante un producto determinado de las mismas, tanto más noble será aquella especie y tanto más excelente ese producto”.
lunes, 9 de marzo de 2009
Hay tanto que hacer y hago tan poco
Extractos mínimos de los Diarios de Katherine Mansfield, André Gide,
Virginia Woolf y Cesare Pavese
Diario de Katherine Mansfield
"Hay tanto que hacer y hago tan poco. Aquí la vida casi sería perfecta si siempre que pretendo trabajar lo hiciese de verdad. Fíjate en los cuentos y cuentos que sólo esperan un toque... Mañana. Pero fíjate en esta mañana, por ejemplo. No tengo ganas de escribir nada. Hace un día gris, plomizo, triste. Los cuentos parecen algo irreal, algo que no vale la pena escribir. No quiero escribir; quiero vivir. ¿Y qué quieres decir con eso? No resulta fácil explicarlo. ¡Ves, ya volvemos a estar en lo mismo!"
"De un ser desunido no puede surgir nada de valor."
"Cuando escriba sobre el violín debo recordar ese modo de subir levemente y de hundirse lastimeramente; el modo como busca."
"La gota que cae sin terminar de caer."
de André Gide
"Mi alegría tiene algo salvaje, fiero, en ruptura con toda decencia, toda conveniencia, toda ley. Por ella regreso al balbuceo de la infancia, pues no presenta a mi espíritu sino novedad. Necesito inventarlo todo, palabras y gestos; nada del pasado satisface ya mi amor. Todo en mí se abre, se asombra; me late el corazón; una sobreabundancia de vida me sube a la garganta como un sollozo. Ya no sé nada; es una vehemencia sin recuerdos y sin arrugas."
de Virginia Woolf
"Algo que veo ante mí: algo abstracto; pero que reside en los downs o en el cielo; ante lo cual nada existe; en lo cual descansaré y continuaré existiendo. Realidad lo llamo. Y me imagino a veces que es la cosa más necesaria para mí: lo que busco. Pero ¿quién sabe?, ¿apenas se toma la pluma y se escribe? Qué difícil es no ir convirtiendo en realidad esto o aquello, en tanto que es una sola cosa. Ahora bien: tal vez es éste mi don: esto tal vez lo que me distingue de otra gente: creo que es raro tener un sentido tan agudo de algo semejante -pero de nuevo ¿quién sabe? Me gustaría expresarlo."
"Estas lesbianas estiman a las mujeres. Con ellas la amistad siempre queda teñida de amorosidad. Me gusta Vita y me gusta estar con ella y su esplendor, me gusta su caminar a grandes pasos con sus largas piernas que parecen hayas, una Vita rutilante, rosada, abundosa como un racimo, con perlas por todos lados. ¿Qué efecto me produce todo eso? Muy ambiguo. Veo una Vita florida, madura, con su abundante pecho: sí, como un gran velero con las velas desplegadas, navegando, mientras que yo me alejo de la costa. Quiero decir que tiene mundo, que sabe estar… en una palabra: ella es (y yo no lo he sido nunca) una mujer de verdad. Mentalmente no tiene mi clarividencia, pero bien, ella se da cuenta de todo y me prodiga esta protección maternal que, por los motivos que sea, es lo que más he deseado siempre, de quien fuese. Vita, a su manera, me da aquello que me dan Leonard y Nessa." (Se refiere a su esposo y a su hermana Vanesa.)
"Aparentemente he sido exaltada a una elevada posición, hace, digamos, diez años, luego fui decapitada por Wyndham Lewis y la señorita Stein; actualmente estoy, creo –vamos a ver–, pasada de moda, naturalmente; desde el punto de vista de los jóvenes, no se me puede ni comparar con Morgan; sin embargo, escribí Las olas; pero es improbable que vuelva a escribir algo bueno; soy de segunda categoría, y lo más probable, creo, es que me borren del mapa y sanseacabó. (...) Yo soy fundamentalmente, creo, marginal."
de Cesare Pavese
"Se admiran solamente aquellos paisajes que ya hemos admirado."
"El hecho de que la poesía decadente francesa y por tanto europea se haya formado y consolidado sobre la experiencia secular del song inglés y especialmente sobre Poe, ¿no valdría para probar que gran parte de su afición a los efectos fónicos y de sus investigaciones sobre el valor esencial, mágico, de las palabras, nace de la frecuentación de una poesía extranjera siempre y sólo semientendida y por lo tanto saboreada esencialmente como sonido y como sugestión mágica de sílabas misteriosas?"
"Has hojeado Trabajar cansa y te ha desalentado: composición amplia, carencia de todo momento intenso que justificaría la «poesía». Las famosas imágenes que serían la propia estructura fantástica del relato no las has visto: ¿valía la pena gastar en eso de los 24 a los 30 años? En tu lugar, yo me avergonzaría."
"Para entender la actitud seria de una mujer entre muchos jovencitos, reservada y desenvuelta y embarazada y compungida, piensa en la tuya, ante cinco o seis putas que te miran y esperan la elección."
domingo, 22 de febrero de 2009
la dilema
"No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejó de ser y si yo dejara de ser todo el recuerdo dejaría de ser. Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena."
maese faulkner
¡Y mi corazón se horrorizó contemplando a tanto infeliz
Acudiendo con fervor hacia el abismo abierto,
Y que, ebrio de sangre, preferiría en suma
El dolor a la muerte y el infierno a la nada!
Baudelaire
Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Cesare Pavese
maese faulkner
¡Y mi corazón se horrorizó contemplando a tanto infeliz
Acudiendo con fervor hacia el abismo abierto,
Y que, ebrio de sangre, preferiría en suma
El dolor a la muerte y el infierno a la nada!
Baudelaire
Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Cesare Pavese
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char