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lunes, 4 de junio de 2018

El que ya no recuerda su niñez; amado sea


CÉSAR VALLEJO
(Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, Francia, 1938) 


Conozco a un hombre que dormía con  sus brazos. Un día se los amputaron y quedó dormido para siempre.

El día tiene a la noche encerrada dentro. La noche tiene al día encerrado afuera.

***

Las personas y cosas  que se cruzan en opuesta direcciones, se van a sitios diferentes. Todos van al mismo sitio, sólo que van uno tras otro.”

***

André Breton cuenta que Philip Soupault salió una mañana de su casa y se echó a recorrer París, preguntando de puerta en puerta

–¿Aquí vive el ser Philip Soupault?

Después de atravesar varias calles, de una casa desconocida salieron a responderle:

–Sí, señor, aquí vive el señor Phillipe Soupault.
***
QUEDÉME A CALENTAR LA TINTA EN QUE ME AHOGO…

Quedéme a calentar la tinta en que me ahogo

y a escuchar mi caverna alternativa,

noches de tacto, días de abstracción.


Se estremeció la incógnita en mi amígdala

y crují de una anual melancolía,

noches de sol, días de luna, ocasos de París.


Y todavía, hoy mismo, al atardecer,

digiero sacratísimas constancias,

noches de madre, días de biznieta

bicolor, voluptuosa, urgente, linda.

Y aun

alcanzo, llego hasta mí en avión de dos asientos,

bajo la mañana doméstica y la bruma

que emergió eternamente de un instante.


Y todavía,

aun ahora,

al cabo del cometa en que he ganado

mi bacilo feliz y doctoral,

he aquí que caliente, oyente, tierra, sol y luno,

incógnito atravieso el cementerio,

tomo a la izquierda, hiendo

la yerba con un par de endecasílabos,

años de tumba, litros de infinito,

tinta, pluma, ladrillos y perdones.

O los primeros veros de “Palmas y guitarra”

Ahora, entre nosotros,

ven conmigo, trae por la mano a tu cuerpo

y cenemos juntos y pasemos un instante la vida

a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte.


Ahora, ven contigo, hazme el favor

de quejarte en mi nombre y a la luz de la noche teneblosa

en que traes a tu alma de la mano

y huimos en puntillas de nosotros.
***
Traspié entre dos estrellas

¡Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus paladares!

Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.

¡Ay de tanto!, ¡ay de tan poco!, ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado el desconocido y su señora,
el prójimo con mangas, cuello y ojos!
Amado sea aquel que tiene chinches,

el que lleva zapato roto bajo la lluvia,

el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,

el que se coge un dedo en una puerta,

el que no tiene cumpleaños,

el que perdió su sombra en un incendio,

el animal, el que parece un loro,

el que parece un hombre, el pobre rico,

el puro miserable, el pobre pobre!

¡Amado sea

el que tiene hambre o sed, pero no tiene

hambre con qué saciar toda su sed,

ni sed con qué saciar todas sus hambres!

¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,

el que suda de pena o de vergüenza,

aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,

el que paga con lo que le falta,

el que duerme de espaldas,

el que ya no recuerda su niñez; amado sea

el calvo sin sombrero,

el justo sin espinas,

el ladrón sin rosas,

el que lleva reloj y ha visto a Dios,

el que tiene un honor y no fallece!

¡Amado sea el niño, que cae y aún llora

y el hombre que ha caído y ya no llora!

¡Ay de tánto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!

***
ELLO ES QUE EL LUGAR DONDE ME PONGO…

Ello es que el lugar donde me pongo

el pantalón, es una casa donde

me quito la camisa en alta voz

y donde tengo un suelo, un alma, un mapa de mi España.

Ahora mismo hablaba

de mí conmigo, y ponía

sobre un pequeño libro un pan tremendo

y he, luego, hecho el traslado, he trasladado,

queriendo canturrear un poco, el lado

derecho de la vida al lado izquierdo;

más tarde, me he lavado todo, el vientre,

briosa, dignamente;

he dado vuelta a ver lo que se ensucia,

he raspado lo que me lleva tan cerca

y he ordenado bien el mapa que

cabeceaba o lloraba, no lo sé.


Mi casa, por desgracia, es una casa,

un suelo por ventura, donde vive

con su inscripción mi cucharita amada,

mi querido esqueleto ya sin letras,

la navaja, un cigarro permanente.


De veras, cuando pienso

en lo que es la vida,

no puedo evitar de decírselo a Georgette,

a fin de comer algo agradable y salir,

por la tarde, comprar un buen periódico,

guardar un día para cuando no haya,

una noche también, para cuando haya

(así se dice en el Perú — me excuso);

del mismo modo, sufro con gran cuidado,

a fin de no gritar o de llorar, ya que los ojos

poseen, independientemente de uno, sus pobrezas.

quiero decir, su oficio, algo

que resbala del alma y cae al alma.


Habiendo atravesado

quince años; después, quince, y, antes, quince,

uno se siente, en realidad, tontillo,

es natural, por lo demás ¡qué hacer!

¿Y qué dejar de hacer, que es lo peor?

Sino vivir, sino llegar

a ser lo que es uno entre millones

de panes, entre miles de vinos, entre cientos de bocas,

entre el sol y su rayo que es de luna

y entre la misa, el pan, el vino y mi alma.


Hoy es domingo y, por eso,

me viene a la cabeza la idea, al pecho el llanto

y a la garganta, así como un gran bulto.


Hoy es domingo, y esto

tiene muchos siglos; de otra manera,

sería, quizá, lunes, y vendríame al corazón la idea,

al seso, el llanto

y a la garganta, una gana espantosa de ahogar

lo que ahora siento,

como un hombre que soy y que he sufrido.

viernes, 28 de abril de 2017

Algún día el cuerpo será un hecho suficiente

Mario Montalbetti

(Lima, Perú, 1953)

BASTANTE MENOS QUE UNA IDEA



No creas en la verdad.
No creas en la belleza.
No creas en el amor.
Siéntate en el piano
sopla el corno
rasga la cuerda
y quedamos a la par.
No me alcances un bezerol
si me duele la cabeza.
No repitas conmigo
películas que ya viste.
No creas que hay algo
importante en lo que haces.
Ni siquiera una buena acción
es tan buena como ninguna acción
Octava nube o noveno ciclo apartes
algún día el cuerpo será un hecho suficiente.
*** 
Sabogal

2

tomando los desvíos que llevan a la izquierda

de la autopista



más allá de la vieja iglesia de Chilca



detrás de los letreros de publicidad



como quien se aleja conscientemente

de las ciudades de playa

de las ciudades refugio

más allá de la vieja iglesia de Chilca
el tiempo puede ser un desierto

viernes, 24 de marzo de 2017

Una emoción de ayuno encadenada

César Vallejo
 (Santiago de Chuco, Perú, 1892 - París, Francia, 1938)



EL PAN NUESTRO

Se bebe el desayuno… Húmeda tierra
De cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno… La mordaz cruzada
De una carreta que arrastrar parece
Una emoción de ayuno encadenada!

Quisiera tocar todas las puertas,
Y preguntar por no sé quién; y luego
Ver a los pobres, y, llorando quedos,
Dar pedacitos de pan fresco a todos.

Y saquear a los ricos sus viñedos
Con las dos manos santas que a un golpe de luz
Volaron desclavadas de la Cruz!
Pestaña matinal, no os levantéis!
¡El pan nuestro de cada día dánoslo, Señor…!

Todos mis huesos son ajenos;
Yo talvez los robé!
Yo vine a darme lo que acaso estuvo
Asignado para otro;

Y pienso que, si no hubiera nacido,
Otro pobre tomara este café!
Yo soy un mal ladrón… A dónde iré!

Y en esta hora fría, en que la tierra
Trasciende a polvo humano y es tan triste,
Quisiera yo tocar todas las puertas,
Y suplicar a no sé quién, perdón,
Y hacerle pedacitos de pan fresco
Aquí, en el horno de mi corazón…!

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Liliana Ponce y Reynaldo Jiménez

Liliana Ponce
(Buenos Aires, Argentina, 1950)


“Yo aspiro que el poema sea algo en sí mismo, no sea la expresión de una emoción. No escribir sobre algo, escribir eso.”
**
Fragmento del prólogo de Carlos Battilana a “Paseante y huésped” de Liliana Ponce//Club Hem Editores 2016


"Materia y poesía. Liliana Ponce articula un fraseo que reconoce los dones del lirismo sin ninguna estridencia confesional y sin tonos altos. Sus poemas agradecen la materia y reconocen la existencia como un bien; asumen el misterio de la vida, su íntimo secreto, en términos de bienestar e incertidumbre. La pequeña felicidad con la que una persona puede reconocer el mundo (los olores, los colores, los sonidos), en este libro se transfigura en un discurso que nombra seres y objetos como si fueran algo íntimo y ajeno a la vez. Cercanía y extrañeza de las cosas producen confianza e inquietud, simultáneamente. El paseo, la hospitalidad: vertientes poéticas que promueven en la percepción del mundo formas inesperadas del amor."
**
3
Hace un día casi, en auto recorría otro paisaje.
Foránea en planicies de arenisca,
a lo largo de rutas infinitas.
Color de almendra el polvo,
se abre a las serpientes miméticas, sutiles,
que no pueden verse sin prestar atención a lo obvio.
(Es mi anhelo entrar en el corazón de México
–ya bebí sangre de chili,
y gota a gota el agave
entra en mi lengua, se sella en el aliento.)
En el nudo, mi entrada en el secreto:
cómo el cielo comerá al desierto,
lo disolverá en una sola sustancia
sin la convulsión de lo húmedo, lo árido.
La estación de la víbora espera en esta arena,
mi sol despojado, sol rayo
para un espacio esculpido a fuego.
La luz en anillos cae dorada en sus fauces
y me absorbe.
**
Espiral

—Para considerar el método, su cumplimiento
y el despojado motivo que empieza.
—Para considerar el método, la explicación
que va a llegar al comienzo o al final
—indeseable y a la vez liberador—
el jardín seco,
la estación del caligrama en la arena,
la costa que sigue y sigue,
una cinta que envuelve y separa cada instante
como prisma que gira
y en cada cara un ojo-dios
que será representación de imperio.
Ahora ese punto donde estoy
fermenta la semilla de un comienzo
y es rama que va avanzando en capas
de palabras separadas de los cuerpos
que en vértigo esconden el sentido
—periferia al final porque siempre se encierra y se agota,
enredaderas de la nada en la laca del tiempo o su zumbido
desde el principio incompleto y llama de las causas.                  
***
Reynaldo Jiménez 
(Lima, Perú, 1959)
 

¿Por qué escribís y por qué escribir?
"No tengo un motivo ni razones, escribo con conciencia e intención de hacerlo desde los trece años pero disfruto de encontrar poesía, para leerla o no, no sé desde cuándo. Y más bien releo y desescribo. Con el tiempo uno deja de estar pendiente de los recursos formales e intenta decir de nuevo eso que ya no es lo mismo: la salvedad es el matiz. El matiz genera permutaciones, fibras a seguir, las que van enhebrando algo así como un paisaje de conjunto. Escribir sería toda la intención."
**
Fragmento del prólogo de Mario Arteca a “Piezas del tonto” de Reynaldo Jiménez, //Club Hem Editores 2016
LAS CAPAS CON LAS QUE SE CONSTRUYE UN SONIDO
“Hay un acontecimiento que siempre sucede y sorprende en la poesía de Reynaldo Jiménez, y esa es su capacidad de poner el sonido, el ruido de la lengua, en favor de una lírica que bien pudiera ser oral. Cuando se lee un libro de Reynaldo se lo escucha, después se lo cubre con los ojos. Ya vendrán los tiempos en los que exista un dispositivo en el cual mientras leemos un libro, iremos oyendo la voz del poeta. Bien, en “Piezas del tonto” eso ya es un hecho sin echar mano a la tecnología.
“Moviéndote hablando esas cosas / Que no hay más cosa sin decirlas”, dice un segmento de estas piezas, donde el personaje del tonto es la reserva de un ciclo de incomprensión y a la vez visibilidad del lenguaje. El tonto del pueblo habla desde un sitio donde el decir común choca con un léxico que necesita ser traducido. Y para eso está la poesía.”
**

vivo la nuca como
en el yunque y sin
embargo nadie versa
esta emanación desde
la corola del corazón
en su coraza hasta
demarcar la situación
desdibujarla
remojar las barbas
en lagunas nonatas

los sapos
puntiformándose
los zumbares
consumando una cresta de atención
que se deslíe por roer el error
errar por la casa de plancton
al segundo dejar de soñarse
abrir el ojo
bajo amparo de los cuarzos

guijarros
desmoronándose
en un solo punto
adonde correr la propia
sombra enrarecerla
de otro destino arrancarse
el calamar de la glotis
perforar este tino y las tinajas
que se esconden
de la linfa que atraviesa
la memoria

y desde
las cilias
de Ninfa
los rayos
tan ella
sola
respira
sin dar
gracias
al misterioso
volumen
al supurado
temblor

mientras no ciegues el bosque
entre túneles que te tratan de tú
el desfile enmascarado
resbaladizos frisos
fríos como el alga sin destino
de los dedos de luzbeles
sangran contra el cristal
serán estrellas
un día olvidadas
prometidas del harén
de los silencios

toco tiempo
entre las hojas
por el estigma
siempre danzan
darte la mano sería
ofrecerte al insecto
incrustarte
en el diamante
como un gigante
facetado que sonriera
sin dejar de mirarte
ahí en tu acuario
de gira

y en la nuca muertos
sus voces deliran por ser
pero
el secuestro transparente
brota
de las partes
pone
frente a
Ninfa y ella
infame muerde el bosque
***
Créditos fotos: sin datos

miércoles, 10 de agosto de 2016

Apartarse del camino es una imagen del camino

Tomada de librosperuanos.com
Mario Montalbetti
Mario Manuel Bartolo Montalbetti Solari
(Lima, Perú, 1953) 




“Uso la metalingüística que es el lenguaje para escribir poesía. Cuando hago lingüística trato de demostrar que el lenguaje no existe. Cuando escribo poemas trato de probar que estoy equivocado.”




Sabogal

Me dijeron haz una traducción
de una lengua a cosa.
Aquí está.

Me dijeron no hagas una traducción
de lengua a lengua.
Obedecí.

ahora que me ha costado tanto trabajo salir
no entraré en la ciudad

dulce madre de Dios
no puedo decir mucho más

no entraré en la ciudad
otra versión: no tendré refugio

no puedo decir mucho más
***
14

Lejos de los seres humanos, lejos de las leyes.
Cerca de los bocaditos deliciosos.

La lluvia cae.
El río fluye,
Escenas del camino abandonado.

Apartarse del camino es una escena.
Apartarse del camino es una imagen.

No hay camino desde el que se pueda decir:
No hay camino.

Apartarse del camino es una imagen del camino.
Sólo no hay. Camino.

Me despido de la imagen.
 ***
La dorada

A la pregunta ¿cuánto has amado?
responde como si el lenguaje, mejor aún,

como si el vino se hubiera acabado.
Di que has de ir por más.

Afila luego el cuchillo y eviscera
la dorada que yace exangüe

sobre el batán vil de la cocina.
Y con la misma hoja separa lo tuyo

de lo tuyo. Es tuyo.

viernes, 22 de julio de 2016

Confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista

César Vallejo

(Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, Francia, 1938)

LOS DESGRACIADOS

Ya va a venir el día; da
cuerda a tu brazo, búscate debajo
del colchón, vuelve a pararte
en tu cabeza, para andar derecho.
Ya va a venir el día, ponte el saco.

Ya va a venir el día; ten
fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona,
antes de meditar, pues es horrible
cuando le cae a uno la desgracia
y se le cae a uno a fondo el diente.

Necesitas comer, pero, me digo,
no tengas pena, que no es de pobres
la pena, el sollozar junto a su tumba;
remiéndale, recuerda,
confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista
a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato.
Ya va a venir el día, ponte el alma.
Ya va a venir el día; pasan,
han abierto en el hotel un ojo,
azotándolo, dándole con un espejo tuyo...
¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente
y la nación reciente del estómago.
Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido!
¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo!
¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo!
Ya va a venir el día, ponte el sueño.

Ya va a venir el día, repito
por el órgano oral de tu silencio
y urge tomar la izquierda con el hambre
y tomar la derecha con la sed; de todos modos,
abstente de ser pobre con los ricos,
atiza
tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima.
Ya va a venir el día, ponte el cuerpo.

Ya va a venir el día;
la mañana, la mar, el meteoro, van
en pos de tu cansancio, con banderas,
y, por tu orgullo clásico, las hienas
cuentan sus pasos al compás del asno,
la panadera piensa en ti,
el carnicero piensa en ti, palpando
el hacha en que están presos
el acero y el hierro y el metal; jamás olvides
que durante la misa no hay amigos.
Ya va a venir el día, ponte el sol.

Ya viene el día; dobla
el aliento, triplica
tu bondad rencorosa
y da codos al miedo, nexo y énfasis,
pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo
el malo ¡ay! inmortal,
has soñado esta noche que vivías
de nada y morías de todo...

Cortesía de Marcelo Carnero
***
Vallejo Sabía Reír
Por Luis Aguirre


Vallejo murió con aguacero el 15 de abril de 1938. De ahí que la famosa fotografía tomada en Versalles en 1929 por Juan Domingo Córdoba -que muestra a un Vallejo fruncido, transido y pensativo desfigurándose el cachete con un puño haya armado un vínculo casi irremediable entre la poesía más tremebunda y adolorida del poeta y una personalidad sombría y hosca. Pero Vallejo sí reía.

Proyección ficticia aunque nada inverosímil de Vallejo en retoque de fotografía de 1929.

LA poesía de Vallejo fue recién asumida con devoción y orgullo después de su muerte en 1938. Desde entonces el imaginario popular -acicateado por una crítica algo solemne- ha internalizado a Vallejo no sólo como su poeta nacional, sino como el poeta llorón que retuerce sus tripas al son de "los golpes de la vida", "crece la desdicha" y "nací un día que Dios estuvo enfermo". Diversos testimonios hablan sin embargo del lado chispeante de Vallejo, último hijo de once hermanos, engreído y mimado por su familia en su tranquila y feliz vida norteña en Santiago de Chuco. "Los testimonios de sus amigos (señaladamente Orrego y Juan Espejo Asturrizaga)", dice el especialista Ricardo González Vigil, "coinciden en mostrarlo bromista y juguetón, como un niño (rodeado del cariño de los amigos, sacaba a relucir su emoción infantil)". Ciertamente este aspecto tiene un correlato en su obra poética, aunque sean aquellos versos los menos citados, actitud fiel a la extraña consigna de que la poesía cejijunta y deprimida tiene finalmente la virtud de la revelación. Vallejo sufrió sus penas -qué duda cabe de ello-, pero también ejercitó los placeres, el humor y un ludismo casi emparentado con la extravagancia.

Juan Domingo Córdoba publicó en 1995 "César Vallejo del Perú profundo y sacrificado", relato afectuoso y sincero de su vida en contacto con la de Vallejo entre 1927 y 1932 en Europa. En él cuenta sus primeros sobresaltos al enfrentarse a un Vallejo bastante disipado, que arrastraba a sus amigos de café en café "por los derroteros de la borrachera haciéndoles partícipes de sus consecuencias". Vallejo nunca tuvo buena cabeza para la bebida y perdía el control con facilidad. Córdoba apunta la contradicción del Vallejo siempre ocupado visitando los museos, conferencias, conciertos, teatro con esta explosión de furia etílica deambulante terminando a bailar en el "Gypsy" o en "Les Noctambules" del Quartier Latin. Alguna vez en "Les Noctambules", ebrio hasta las cachas, ingresó al lugar casualmente un argentino de vozarrón petulante que luego de un rato empezó a protestar por la calidad del whisky. Vallejó se paró al instante y violentísimo lo tomó de las solapas: "¡Ahora me las va a pagar todas este compadrito!". Al separarlos Vallejo explicó que la queja del argentino no hacía otra cosa que menospreciarlos, haciéndose el importante y adinerado para tomar luego a todas las chicas.
"La vida es corta y se vive una sola vez", solía decir Vallejo a su amigo Córdoba, "como dijo Whitman: ¡yo no llamo grande a esto, ni pequeño a esotro, ¡lo que llena su período y ocupa su lugar, es igual a cualquier otra cosa!" Vitalismo a cualquier precio, parecía rezar Vallejo en ese entonces, sin que su soledad le "nublara nunca la conciencia de estar vivo".
Por otro lado, se coligen de estas confesiones una vanidad intrínseca al personaje Vallejo, entregado sin tregua al viejo arte de la seducción, muchas de las veces con poco éxito. Antes de salir con sus amigos y su inseparable bastón "se daba un vistazo a los zapatos, volvía a cepillarse el traje acercándose al espejo se alisaba el cabello, para terminar con el examen de las manos de dedos largos y fuertes". Siempre alegre, "dicharachero, palomilloso con sus dichos, despropósitos, ocurrencias, observaciones y relatos reideros."

Bohemio César Vallejo en París con amiga Henriette y Carlos More en 1926. Al lado, César Vallejo (derecha) en pose de simio pensativo con Néstor Vallejo.

En el camino nunca dejaba de pasar una mujer atractiva. Y Vallejo no dejaba de inquietarse exclamando: "¿Se han dado cuenta, zorrillos, cómo me ha mirado?; seguro que se ha enamorado de mí, ¿y ustedes qué dicen?; ¿entonces creen, pero de verdad, creen?; no me estarán engañando" Y cuando perdía su oportunidad al ver que otro conquistaba a la dama, humano como cualquiera no dudaba en exclamar despechado: "Nada, nada, nada, la mejor carne se la come el perro". Otras veces ponía pies en polvorosa bajo el temor de que los amigos de las seducidas estuvieran merodeando y lo sorprendieran.


Las anécdotas divertidas y pícaras eran también parte de su repertorio. Tenía la historia del pequeño hijo curioso que merodeaba en la zona media y púdica de su madre frente a sus amigas y que al ser rechazado la delataba diciendo "ahí mi mamá tiene pelos". O la de su compañero escolar onanista en su pueblo natal que era acosado mientras daba rienda suelta a sus manipulaciones en un maizal con unos sonoros y sincronizados ¡hop, hop, hop!. No se puede concluir esta pequeña sección somática con la mención a un magistral pedo en medio de una función de cine experimental con audiencia copetuda y amanerada en París que para Vallejo fue la mejor crítica que se le pudo hacer a lo que estaba siendo proyectado. Si el autor de "España aparta de mí este caliz" fue velado protagonista de las anécdotas es algo que nunca queda claro.
No es esta una actitud nacida por la transformación generada por la distancia. Vallejo incubó siempre esto desde joven, siempre ironizando alrededor de la cultura y sus manifestaciones más respingadas. Así, con respecto a la literatura Vallejo a veces era un majadero. Cuenta Juan Espejo Asturrizaga en "Cesar Vallejo. Itinerario del hombre" que en Trujillo solía burlarse de poemas ajenos cambiándoles las rimas y los sentidos con tanto ingenio que divertía a todos, y era algo que duraba días. También hacía estos juegos con expresiones doctas, moralejas y máximas con una insistencia pueril. Su tendencia a ser desequilibrante lo llevaba incluso a denostar su propia condición de poeta -en tono divertido- presentándose a veces como vulgar y altamente monetarizado.

Una última. Haciendo cola en la Biblioteca Nacional Vallejo chocó accidentalmente al girar con un señor elegantemente vestido desarmándole la fachada adusta arrojando sus anteojos, su sombrero hongo y su bastón. Vallejó pidió disculpas pero el agraviado sólo le espetó su poca adecuada manera de comportarse en sitio de cultura. Vallejo, irritado por la reacción, volvió a excusarse, pero el señor continuó increpándolo hasta exclamar a voz en cuello: "¿Usted sabe con quién está tratando? ¿Sabe por ventura quien soy yo?" Vallejo lo observó perplejo. "¡Sepa usted que soy don Pedro de Osma!". Vallejo, ya sonriente e irónico le hizo una venia y respondió: "Y yo qué culpa tengo, señor...". gajes de poeta. (Luis Aguirre)

Fuente: http://www.caretas.com.pe/1999/1562/vallejo/vallejo.htm

lunes, 22 de febrero de 2016

Con una navaja el padre corta un queso

Eduardo Chirinos

(Lima, Perú, 1960-Montana, EE.UU., 2016)

Raritan Blues
para Margarita Sánchez

Aquí no hay bulla ni miseria,
sólo un bosque de árboles mojados y cientos de ardillas
correteando vivaces o escarbando una nuez.
A lo lejos un puente
una interminable fila de automóviles retorna a sus hogares
y nubes balando ante un perro pastor y amarillo.
¿Eres tú quien camina en las riberas del Raritan?
Recuerdo un río triste y marrón donde las ratas
disputan su presa con los perros
y aburridos gallinazos espulgándose las plumas bajo el sol.
Ni bulla ni miseria.
El río fluye educado como en una tarjeta postal
y nos habla igual que hace siglos, congelándose y
descongelándose,
viendo crecer a sus orillas cabañas, iglesias, burdeles,
plantas refinadoras de petróleo.
Escucho el vasto rumor del Raritan, el silencio de los patos,
de los enormes gansos salvajes.
Han venido desde Ontario hasta New Brunswick,
con las primeras nieves volarán al sur.
Dicen que el río es la vida y el mar la muerte.
He aquí mi elegía:
un río es un río
y la muerte un asunto que no nos debe importar.
***
De "Puerta de Atocha-Estación de los desamparados"

Váca mi estómago, váca mi yeyuno.
César Vallejo

2

Ahora, por ejemplo, veo paisajes con vacas.
¿Por qué el tren me hace pensar en paisajes
con vacas? Del soporte de fierro cuelgan bolsas
como ubres. Están conectadas a mi cuerpo y mi
cuerpo, callado, las recibe. Miro sin entusiasmo
las ubres de las vacas. Su leche rosada y salina
que ha de llegar hasta mí. Una enfermera entra
a la habitación y pide mi boleto. Las vacas pastan
en las laderas de los Andes, vuelan por los tejados
de Madrid, aterrizan sin alas a orillas del Jocko.
Yo bebo su leche, palpo las ubres que cuelgan del
soporte de fierro. Siempre de pie, junto a mi cama.
***
5

Estación de Atocha, septiembre de 1986.
Frente a nosotros viaja una familia de gitanos.
El compartimento es pequeño y huele mal.
Aquí no hay cante jondo, ni romance con luna,
ni sangre de cuchillos. Con una navaja el padre
corta un queso. La niña duerme en faldas de la
madre, el niño me ofrece revistas pornográficas
por tres duros. El destino se aleja a la velocidad
del tren, se adentra en la noche, se hunde sin
piedad en la pupila del lobo. Me aferro a los
barrotes de la cama (“váca mi estómago, váca
mi yeyuno”). En la próxima estación se bajan
los gitanos. Y yo debería irme con ellos.
***
De "Poema escrito el séptimo día de otoño"

La noche viene de Asia y no hace preguntas.
Adam Zagajewski

5

Si introduces un trozo de platino en una
cámara con azufre y dióxido de carbono
se forma ácido sulfúrico, pero el platino
no cambia. Los gases son las emociones,
los sentimientos. El platino la mente del
poeta. “En la adolescencia del año llegó
Cristo el tigre” escribió Eliot. Y estaba
equivocado. Ben Pantheras no fue el
padre de Cristo. Fue sólo una leyenda,
un soldado de Roma. Polvo y tumulto.
***
9

Lavoisier fue recaudador de impuestos, por
eso lo condenaron a la guillotina. Eso fue a
finales de septiembre. Antes de morir repasó
la tabla de los elementos, olió el aroma del
bezoar. El rojo incendio del último Tiziano.

De Medicinas para quebrantamientos del halcón. Valencia: Pre-Textos, 2014)

sábado, 28 de noviembre de 2015

¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber peruanos?

Tomada de registromx
Mario Montalbetti
(Lima, Perú, 1953)



La dorada

A la pregunta ¿cuánto has amado?
responde como si el lenguaje, mejor aún,

como si el vino se hubiera acabado.
Di que has de ir por más.

Afila luego el cuchillo y eviscera
la dorada que yace exangüe

sobre el batán vil de la cocina.
Y con la misma hoja separa lo tuyo

de lo tuyo. Es tuyo.
**
Traducción radical

Enseñarle castellano a un perro
es la verdadera enseñanza.
“Nunca va a aprender”, dicen.
¿Por qué? ¿Acaso el castellano
es cuestión de inteligencia? Tal vez
será mejor aprender a ladrar entonces.
¿Por qué no lo podemos hacer?
¿Por qué somos demasiado inteligentes?
Me gustaría decir “yo te quiero”
ladrando. Un perro es un verdadero
otro. Alguien que no comparte
mis reglas. Casi ninguna. A veces
decimos algo y el perro acude.
A veces el perro ladra y lo ignoramos.
En comparación, aprender aymara
(dialecto moqueguano, digamos)
es sencillo. Se puede hacer.
Tal vez la pronunciación no sea
perfecta, pero nos dejamos entender.
¿Cómo será ladrar con acento humano?
Los perros reirían sin parar.
“¿Y este de dónde salió?” dirán.
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Introducción a la metafísica

¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber peruanos?
Tal vez sea una pregunta arbitraria. Tal vez no.
Pero ésa es la pregunta que los peruanos nos hacemos

a lo largo de nuestro pasaje histórico por el tiempo.
“¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber peruanos?”
Algunos nunca se hacen la pregunta, pero la pregunta

está ahí. Algunos la cambian por otra: “¿Por qué adoramos
al felino en lugar de no adorar al felino?”, pero no es lo mismo.
La pregunta, la primera pregunta, es: “¿Por qué hay

peruanos en lugar de no haber peruanos?” No todos
nos hemos hecho la pregunta pero todos hemos sido
tocados por la pregunta en algún momento de nuestras

vidas, sin saber exactamente de qué se trata. En momentos
de gran desesperación, por ejemplo, cuando vemos cómicos
en televisión, cuando escuchamos hablar a las autoridades

políticas, militares, sobre todo a las eclesiásticas, cuando
asistimos a un partido de fútbol, cuando leemos los diarios,
cuando el sentido de las cosas se oscurece verdaderamente,

entonces surge la pregunta. “¿Por qué hay peruanos en lugar
de no haber peruanos?” La pregunta tal vez suene una sola vez
en nuestras vidas, como el tañido de una campana que luego

desaparece, pero todos la reconocen. Por eso, en el fondo,
se trata de una pregunta gozosa. Cuando la hacemos todo
a nuestro alrededor se transforma, todo se vuelve más fácil

de entender. “¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber
peruanos?” Ésa es la pregunta que se repite, ésa es la pregunta
que nos acompaña, la pregunta que llevamos con nosotros

como quien lleva un atado de ajos a la cocina. Ningún
peruano sabe la respuesta. Pero la pregunta nos permite
comer, hablar, y tener algo que contarle a nuestros hijos.

De El lenguaje es un revólver para dos, Lima: Colección Underwood, nº11, 2008; en Colección Reunida 2008-2009, Lima, 2012. Lejos de mí decirles (México DF: Aldus, 2013).

viernes, 25 de septiembre de 2015

El lagrimal trifurca

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CÉSAR VALLEJO

(Perú, 1892-Francia, 1938) 

 IV

Rechinan dos carretas contra los martillos
hasta los lagrimales trifurcas,
cuandonunca las hicimos nada.
A aquella otra sí, desamada,
amargurada bajo túnel campero
por lo uno, y sobre duras ájidas
pruebas                                 espiritivas.

Tendime en són de tercera parte,
mas la tarde —qué la bamos a hhazer—
se anilla en mi cabeza, furiosamente
a no querer dosificarse en madre. Son los anillos.

      Son los nupciales trópicos ya tascados.
El alejarse, mejor que todo,
rompe a Crisol.

      Aquel no haber descolorado
por nada. Lado al lado al destino y llora
y llora. Toda la canción
cuadrada en tres silencios.

      Calor. Ovario. Casi transparencia.
Háse llorado todo.           Hase entero velado
en plena izquierda.


De Trilce, Lima, 2007 [Madrid, 1922].

jueves, 17 de septiembre de 2015

Puedes pedir otra jarra de vino

ANTONIO CISNEROS

(Lima, Perú, 1942-2012)

Cuatro boleros maroqueros

1

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa más aburrida del suburbio
no habrían primaveras
ni otoños ni inviernos ni veranos.

Pero no.

Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.


2

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
         Gran Estilo
                  Gran Velocidad
                           Gran Altura


3

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible
Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.


4

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.


(De Cómo higuera en un campo de golf)
**
Paracas

Desde temprano
crece el agua entre la roja espada
de unas conchas

y gaviotas de quebradizos dedos
mastican el muymuy de la marea

hasta quedar hinchadas como botes
tendidos junto al sol.

Sólo trapos
y cráneos de los muertos, nos anuncian

que bajo estas arenas
sembraron en manada a nuestros padres.

(De David)
**
Café en Martirok Utja
[a Frigyes Toledo]

Hay una lámpara floreada sobre el piano
y una estufa de fierro.
Bebes el vino junto a la única ventana:
un autobús azul y plata cada cinco minutos.
Pides el cenicero a la muchacha
(alta flor de los campos ven a mí).
La luz del otoño es en tu vaso
un reino de pájaros dorados.

Pero pronto anochece.
Los autobuses no son azul y plata,
el cenicero es una rata muerta,
el vaso está vacío.
La muchacha partió cuando encendieron
la lámpara floreada y tú mirabas
la lámpara floreada.

Puedes pedir otra jarra de vino,
pero esta noche
no esperes a los dioses en tu mesa.

                                                (De El libro de Dios y de los húngaros)

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char