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jueves, 16 de agosto de 2018

Que a los pobres quita el pan, a los poetas la paz.

Pier Paolo Pasolini
(Bologna, Italia, 1922-Ostia, id., 1975)


Al Príncipe

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor a noches futuras,
si una tarde de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y nunca poseídos del todo,
yo no soy feliz ni de gozarlos ni de sufrirlos:
ya no siento delante de mí toda la vida.
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
de que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, tiempo ya tengo poco: por culpa de la muerte
que se abalanza en el atardecer de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano,
que a los pobres quita el pan, a los poetas la paz.

Versión de Jorge Aulicino 
**
Se torna il sole, se discende la sera, / se la notte ha un sapore di notti future, / se un pomeriggio di pioggia sembra tornare / da tempi troppo amati e mai avuti del tutto, / io non sono più felice, né di goderne né di soffrirne: / non sento più, davanti a me, tutta la vita… // Per essere poeti, bisogna avere molto tempo: / ore e ore di solitudine sono il solo modo / perché si formi qualcosa, che è forza, abbandono, / vizio, libertà, per dare stile al caos. // Io tempo ormai ne ho poco: per colpa della morte / che viene avanti, al tramonto della gioventù. / Ma per colpa anche di questo nostro mondo umano, / che ai poveri toglie il pane, ai poeti la pace.
**
Imagen: tomada de La Prensa Perú.

miércoles, 5 de julio de 2017

Devuelve mi corazón a su destino

Pier Paolo Pasolini 

(Bolonia, Italia, 1922-Roma, id., 1975)


Como una brisa ligera 

Tú que te abotonas 
la ropa tras las violetas 
¡vuelto ángel! Devuelve 
mi corazón a su destino. 
Pero es un destino con el claro 
de tus ojos... y tú, de pie,
perdido en la tarde 
que muere sin mí. 
Sí, tendrás una noche 
de aldeanito inocente, 
con mi amor que te besa 
como una brisa ligera. 
¡Oh, yo jovencito!
Yo quería ser mi madre 
que me amaba, pero 
no quería amarme a mí mismo. 
Y entonces fingía ser 
un joven pobre.
No podía convencerme 
de que también en un burgués 
hubiera algo para amar 
aquello que amaba mi madre 
en mí, puro y despreciado. 
Nada ha cambiado: 
me veo todavía pobre 
y joven; y amo sólo a aquellos 
como yo. Los burgueses 
tienen un cuerpo maldito.


Traducción de Delfina Muschietti 

martes, 11 de abril de 2017

Tú callas, tras ellos, con cara de quien hace poesía

Pier Paolo Pasolini 

(Bolonia, 1922-Ostia, 1975)

De "La riqueza, 2"

¡Ah, replegarse en uno mismo, y pensar!
Decirse, sí, ahora pienso -sentado
en el asiento, cerca de la amigable ventanilla.
¡Puedo pensar! Quema los ojos, la cara,
con las podredumbres de Piazza Vittorio,
la mañana, y, mísero, adhesivo,
mortifica el olor del carbón
la avidez de los sentidos: un dolor terrible
pesa en el corazón, de nuevo vivo.

Animal vestido de hombre -un chico
enviado de paseo, solo, por el mundo,
con su abrigo y sus cien liras,
heroico y ridículo voy al trabajo,
yo también, para vivir... Poeta, sí,
pero aquí estoy, en este tren
cargado tristemente de empleados,
como un chiste, blanco de cansancio,
aquí estoy, sudando mi estipendio,
dignidad de mi falsa juventud,
miseria de la que, con humildad interior
y ostentosa aspereza, me defiendo.

¡Pero pienso! Pienso, en el amigable rinconcito,
inmerso, la entera media hora del recorrido
de San Lorenzo a las Capannelle,
de las Capannelle al aeropuerto,
en pensar, buscando infinitas lecciones
en un solo verso, en un bocado de verso.
¡Qué estupenda mañana! ¡A ninguna otra
igual! Ahora, hilos de magra
neblina, ignorada entre los terraplenes
de acueducto, recubiertos
de casuchas pequeñas como caniles,
y calles tiradas allá, abandonadas
al uso de solamente esa gente pobre.
Ahora, arrebatos de sol sobre praderas de grutas
y cuevas, natural barroco, con verdes
extendidos por un mendicante Corot; ahora soplos de oro
sobre las pistas donde, con deliciosas grupas marrones,
corren los caballos, montados por muchachos
que parecen aun más jóvenes, y no saben
qué luz hay en el mundo alrededor de ellos.

(De Archivo)
***
A Luzi

Estos siervos (ni siquiera pagados) que te rodean,
¿quiénes son? ¿A qué verdadera necesidad responden?
Tú callas, tras ellos, con cara de quien hace poesía:
Pero ellos no son tus apóstoles, son tus espías.

Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003

Versiones de Jorge Aulicino

martes, 30 de agosto de 2016

¿Pero de qué sirve la luz?

Pier Paolo Pasolini
(Bolonia, Italia, 1922-Ostia, id., 1975) 

De "Transhumanar y organizar", 1.
Uno de tantos epílogos

Ay Ninarieddo, te acuerdas de aquel sueño...
del que hablamos tantas veces...
Yo estaba en el auto, y me iba solo, con el asiento
de al lado vacío, y tú me corrías;
a la altura de la ventanilla todavía semiabierta,
corriendo ansioso y obstinado, me gritabas,
con un poco de llanto infantil en la voz:
"Eh Pa', ¿me llevas? ¿Me pagas el viaje?"
Era el viaje de la vida: y sólo en sueños
osaste descubrirte y pedirme algo.
Tú sabes muy bien que el sueño fue parte de la realidad;
y no es un Ninetto soñado el que dijo aquellas palabras.
Es tan cierto que cuando lo hablamos enrojeces.
Ayer, en Arezzo, en el silencio de la noche,
mientras el guardia cerraba con la cadena la reja
a tus espaldas, y tú estabas por desaparecer,
con tu sonrisa relampagueante y bufa, me dijiste... "¡Gracias!".
"¿Gracias, Niné?" Es la primera vez que me lo dices.
Y de hecho te das cuenta y te corriges sin cambiar la cara
(en eso eres un maestro) bromeando:
"Gracias por el pasaje". El viaje que tú querías
que te pagase era, repito, el viaje de la vida:
en aquel sueño de hace tres o cuatro años yo he decidido
aquello de lo que mi equívoco amor por la libertad era enemigo.
Si ahora me agradeces por el pasaje... Dios mío,
mientras estás preso, tomo con miedo
el vuelo hacia un lugar lejano. De nuestra vida soy insaciable,
porque una cosa única en el mundo no puede ser jamás agotada.

***
De "Las cenizas de Gramsci"

IV 

El escándalo de contradecirme, de estar
contigo y contra ti; contigo en el corazón,
a la luz, contra ti en las oscuras vísceras;

de mi paterna condición, traidor
-en el pensamiento, en una sombra de acción-,
me sé a ella unido en el calor

de los instintos, de la estética pasión;
atraído por una vida proletaria
anterior a ti, y para mí religión

su alegría, no la milenaria
lucha suya; su naturaleza, no su
conciencia: es la fuerza originaria

del hombre que se ha perdido en el acto,
al darle la ebriedad de la nostalgia,
una luz poética: y más

no sé decir, que no sea
justo pero no sincero, abstracto
amor, no dolorosa simpatía...

Como los pobres, pobre, me ato
como ellos a humillantes esperanzas,
como ellos para vivir me bato

cada día. Pero en la desoladora
condición mía de desheredado,
yo poseo: y es la más exaltante

de las posesiones burguesas el estado
más absoluto. Pero como yo poseo la historia,
ella me posee; ella me ha iluminado:

¿pero de qué sirve la luz?

Nada personal, Ediciones en Danza, 2016.
Selección, versiones, prólogo y notas de Jorge Aulicino.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Nada existe si no se mezcla con el misterio

Pier Paolo Pasolini

(Bolonia, Italia, 1922-Ostia, id., 1975)

CASI A LA MANERA DE AJMÁTOVA, para ella

Un poeta dice que un poeta es un gorrión
que repite toda la vida las mismas notas.
Las tuyas son las notas de un gorrión que cree
que su vida es toda la vida.
Nadie va a desilusionar a un gorrión, porque
a un gorrión no se lo puede desilusionar:
su seguridad es como la presencia -
sobre la tierra- de Tsárskoye Seló.
¿Ha pasado la revolución sobre Tsárskoye Seló?
Por cierto, ha pasado, pero simplemente como
"un evento que no tiene igual": *
el gorrión ha continuado cantando.
Nada existe si no se mezcla con el misterio:
¿qué testimonio tendríamos de los "eventos"
si no cantase antes y después de ellos
un gorrión con su canto leve y severo?

*Son palabras de Ana Ajmátova.

(Versión: Jorge Aulicino)

jueves, 19 de junio de 2014

En este ardiente olor de humilde rosa mojada

Pier Paolo Pasolini
Tomada de www.cinemedioevo.net

(Bolonia, Italia, 1922-Ostia, id., 1975)

La rabia

Camino sobre el portal del jardín, una pequeña
galería de piedra hundida a ras
de tierra, hacia el suburbano
huerto, abandonado aquí desde los días de Mameli,
con sus pinos, sus rosas, sus achicorias.
Aldededor, detrás de este paraíso de paisana
tranquilidad, aparecen
las fachadas amarillas de los rascacielos
fascistas, de las últimas obras,
y, debajo, más allá de un camino de gruesas lajas,
hay una caballeriza, sepulcral. Dormita
bajo el buen sol, un poco frío, el gran huerto
con la casita en medio, ochocentesca,
blanca, donde murió Mameli,
y un mirlo cantando, trama su intriga.

Este pobre jardín mío, todo
de piedra... Pero he comprado una adelfa
-nuevo orgullo de mi madre-
y tiestos de toda especie de flores
e incluso un muñequito de madera, un querubín
obediente y rosado, un poco malandra,
encontrado en Porta Portese, caminando
en busca de muebles para la nueva casa. Colores,
pocos, la estación es amarga: horas
de luz ligera, y verdes, todo los verdes...
Sólo un poco de rojo, torvo y espléndido,
semiescondido, amargo, sin alegría:
una rosa. Pende humilde
de su rama adolescente, como de una tronera,
tímido resto de un paraíso hecho añicos.

De cerca, es todavía más humilde, parece
una pobre cosa indefensa y desnuda,
una pura actitud
de la naturaleza, que se encuentra al aire, al sol,
viva, pero de una vida que la ilusiona
y la humilla, que la hace casi avergonzarse
de ser tan rústica
en su extrema ternura de flor.
Me acerco todavía más, siento su olor...
¡Ah, gritar es poco, y es poco callar:
nada puede expresar una existencia entera!
Renuncio a todo acto... Sé solamente
que en esta rosa sigo respirando,
un solo, mísero instante,
el olor de mi vida: el olor de mi madre...

¿Por qué no reacciono, por qué no tiemblo
de alegría, o gozo de una pura angustia?
¿Por qué no sé reconocer
este antiguo lazo de mi existencia?
Lo sé: porque en mí está ya contenido el demonio
de la rabia. Un pequeño, sordo, lóbrego
sentimiento que me intoxica:
agotamiento, digo, febril impaciencia
de los nervios: pero no es libre ya la conciencia.
El dolor que poco a poco de mí me aliena,
si yo me abandono apenas,
se despega de mí, se arremolina por su cuenta,
me late desacordado en las sienes,
me llena el corazón de pus,
no soy más el dueño de mi tiempo...

Nada habría podido, una vez, vencerme.
Estaba encerrado en mi vida como en el vientre
materno, en este ardiente
olor de humilde rosa mojada.
Pero luchaba por escaparme, allá, en la bella provincia
campestre, poeta veintiañero, siempre, siempre,
para sufrir desesperadamente,
desperadamente alegrarse... La lucha terminó
con la victoria. Mi existencia privada
no está encerrada entre los pétalos de una rosa
-una casa, una madre, una pasión afanosa.
Es pública. Hasta el mundo que me era desconocido,
me es cercano, familiar,
si es dado conocer, y poco a poco,
se me impuso, necesario, brutal.

No puedo ahora fingir que no lo sé:
o no saber cómo él me quiere.
Qué especie de amor
cuenta en esta relación, qué acuerdo infame,
No arde una llama en este infierno
de aridez, y este árido furor
que impide a mi corazón
reaccionar ante un perfume, es un escombro
de la pasión... Con casi cuarenta años,
me encuentro en la rabia, como un joven
que de sí sólo sabe que es nuevo,
y se encarniza contra el viejo mundo.
Y como un joven, sin piedad
o pudor, no escondo
este estado mío: no tendré paz, jamás.

De "La religione del mio tempo. Poesie incivili" (abril, 1960), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

lunes, 24 de febrero de 2014

Un fiero sentido de entereza, no de ira

Berger sobre Pasolini


Pier Paolo Pasolini o el coro que traemos en la memoria


Si digo que era un ángel, creo que no se podría decir nada más estúpido de él. ¿Un ángel pintado por Cosimo Tura? No. ¡Hay un San Jorge de Tura que es su vivo retrato! Le horrorizaban los santos oficiales y los ángeles beatíficos. Entonces, ¿por qué decirlo? Porque su habitual e inmensa tristeza le permitía compartir bromas, y la expresión de su rostro afligido repartía carcajadas adivinando quién las necesitaba más. Y cuanto más íntimo era su contacto, más lúcido se volvía. Podía hablarle a la gente con suaves susurros sobre las cosas terribles que le pasaban y, en cierta manera, sufría un poco menos. "... porque nuestra desesperación nunca está exenta de un poquito de esperanza". "Disperazione senza un po di speranza". Pier Paolo Pasolini (1922-1975).


Creo que dudaba mucho sobre sí mismo, pero nunca de su don profético, que quizá fuera lo único de lo que le habría gustado dudar. Sin embargo, al ser profético, viene en nuestra ayuda para interpretar nuestras vivencias actuales. Acabo de ver una película de 1963. Es asombroso que nunca se distribuyera. Llega como un mensaje providencial que, cuarenta años después, es arrastrado a nuestra playa dentro de una botella.

En 1962 la televisión italiana tuvo una brillante idea: la de invitar a un director de cine a responder a la pregunta: ¿por qué en todo el mundo se teme a la guerra? El director tendría acceso a los archivos de los informativos televisivos del periodo 1945-1962 y podría editar el material que quisiera y redactar un comentario para acompañarlo. El programa sería de una hora. La pregunta era "candente" porque, en ese momento, el miedo a otra guerra mundial cundía realmente por doquier. La crisis de los misiles nucleares entre Cuba, Estados Unidos y la URSS había tenido lugar en octubre de 1962.

La televisión preguntó a Pasolini, que ya había realizado Accattone, Mamma Roma y La ricotta, y que era una figura polémica habitual en los titulares. Y éste aceptó. Rodó la película y la tituló La rabbia [La rabia].

Cuando los productores la vieron, les entró miedo e insistieron en que otro director, el periodista Giovanni Guareschi, bien conocido por sus ideas derechistas, hiciera una segunda parte y que ambas películas se presentaran como si fueran una sola. Al final, ninguna de las dos se emitió.

Yo diría que La rabbia no se inspira en la cólera, sino en un feroz sentido del aguante. Pasolini observa lo que ocurre en el mundo con una lucidez inquebrantable. (Hay ángeles dibujados por Rembrandt que tienen la misma mirada). Y lo hace porque la realidad es lo único que podemos amar. No hay nada más.

Su rechazo de las hipocresías, medias verdades y falsedades de los codiciosos y los poderosos es total, porque alimentan y fomentan la ignorancia, que es una forma de ceguera frente a la realidad. También porque profanan la memoria, incluso la memoria del propio lenguaje, que es nuestro principal patrimonio.

Sin embargo, la realidad que amaba no podía asumirse sin más, porque en ese momento representaba una decepción histórica demasiado profunda. Las antiguas esperanzas que florecieron y se ampliaron en 1945, después de la derrota del fascismo, habían sido traicionadas.

La URSS había invadido Hungría. Francia había iniciado su guerra cobarde contra Argelia. El acceso a la independencia de las antiguas colonias africanas era una farsa macabra. Lumumba había sido liquidado por los títeres de la CIA. El neocapitalismo ya estaba planificando su toma del poder mundial.

Sin embargo, pese a todo, lo que se nos había legado era demasiado precioso y demasiado problemático como para abandonarlo. O, dicho de otra manera, era imposible dejar a un lado las tácitas y ubicuas exigencias de la realidad. La exigencia que había en la forma de llevar un chal. En el rostro de un muchacho. En una calle llena de gente exigiendo menos injusticia. En la carcajada de sus expectativas y en la temeridad de sus bromas. De ahí surgía su cólera frente al aguante.

La respuesta de Pasolini a la pregunta planteada inicialmente era sencilla: la lucha de clases explica la guerra.

El filme termina con un soliloquio imaginario de Gagarin, que, después de observar la Tierra desde el espacio exterior, comenta que todos los hombres, vistos desde esa distancia, son hermanos que deberían abjurar de las sangrientas prácticas del planeta.

Sin embargo, lo esencial es que la película contempla experiencias que tanto la pregunta como la respuesta dejan de lado. La frialdad del invierno para los indigentes. La calidez que el recuerdo de los héroes revolucionarios puede reportar, el carácter irreconciliable de la libertad y del odio, el aire campesino del papa Juan XXIII, cuya mirada sonríe como una tortuga, las culpas de Stalin, que eran las nuestras, la diabólica tentación de pensar que las luchas han terminado, la muerte de Marilyn Monroe y la belleza, que es lo único que queda de la estupidez del pasado y el salvajismo del futuro, la naturaleza y la riqueza, que son la misma cosa para las clases pudientes, nuestras madres y sus lágrimas hereditarias, los hijos de los hijos de los hijos, las injusticias que surgen incluso de una noble victoria, el pequeño pánico en los ojos de Sofía Loren al observar a un pescador abrir con las manos una anguila en canal...
Los comentarios que se superponen a la filmación en blanco y negro los hacen dos voces anónimas, que en realidad son las de dos amigos suyos: el pintor Renato Guttuso y el escritor Giorgio Bassani. Una es como la voz de un comentarista apresurado y la otra como la de alguien medio historiador y medio poeta, la voz de un adivino. Entre las principales noticias figuran la revolución húngara de 1956, la candidatura de Eisenhower para una segunda legislatura como presidente de Estados Unidos, la coronación de la reina Isabel de Inglaterra o la victoria de Castro en Cuba.
La primera voz nos informa y la segunda nos recuerda. ¿El qué? No exactamente lo olvidado (es más astuta), sino más bien lo que hemos decidido olvidar, y con frecuencia esas decisiones comienzan en la infancia. Pasolini no olvidó nada de su infancia: de ahí que en su búsqueda coexistan siempre el dolor y la diversión. Se nos avergüenza por nuestro olvido.

Las dos voces funcionan como un coro griego. No pueden influir en el resultado de lo que se nos muestra. No interpretan. Cuestionan, escuchan, observan y dan voz a lo que el espectador puede estar sintiendo, con más o menos incapacidad para expresarlo. Y lo logran porque son conscientes de que el lenguaje, al compartirlo los actores, el coro y los espectadores, es el depositario de una antiquísima experiencia común. El propio lenguaje es cómplice de nuestras reacciones. No se le puede engañar. Las voces se alzan, no para rematar un argumento, sino porque, dada la longitud de la experiencia y el dolor humanos, sería vergonzoso que no dijeran lo que tienen que decir. Si no se dijera, nuestra capacidad para ser humanos se vería algo reducida.

En la Grecia antigua el coro no se componía de actores, sino de ciudadanos varones, elegidos para ese año por el director del coro, el choregus. Representaban a la ciudad, venían del ágora, del foro. Sin embargo, al ser el coro se convertían en las voces de varias generaciones. Cuando hablaban de lo que el público ya había reconocido, eran abuelos. Cuando daban voz a lo que el público sentía pero había sido incapaz de expresar, eran los no nacidos.

Todo esto lo hace Pasolini sin ayuda de nadie por medio de sus dos voces, mientras aprieta el paso rabioso entre el mundo antiguo, que desaparecerá con el último campesino, y el mundo futuro del cálculo feroz.

En varias ocasiones el filme nos recuerda los límites de la explicación racional y la frecuente vulgaridad de términos como optimismo y pesimismo.

Anuncia que los mejores cerebros de Europa y de Estados Unidos explican teóricamente lo que significa morir (luchar junto a Castro) en Cuba. Pero lo que realmente significa morir en Cuba -o en Nápoles o en Sevilla- sólo puede decirse con compasión, a la luz del canto o las lágrimas.

¡En otro momento nos propone a todos que soñemos con el derecho a ser como eran algunos de nuestros antepasados! Y después añade que sólo la revolución puede salvar el pasado.

La rabbia es una película sobre el amor. Su espíritu está muy cerca del comentario que hace Simone Weil en La pesanteur et la grace de Simone Weil: "Amar a Dios más allá de la destrucción de Troya y Cartago, y sin consuelo. El amor no es consuelo, es luz".

O, por decirlo de otro modo, su lucidez es como la del aforismo de Kafka: "En cierto sentido, el Bien es inconsolable".

Por eso digo que Pasolini era como un ángel.

La película sólo dura una hora, una hora ideada, medida y editada hace cuarenta años. Y contrasta tanto con los noticiarios que vemos y con la información que nos ceban en la actualidad que, al terminar la hora, te dices que hoy en día no sólo están desapareciendo y extinguiéndose especies animales y vegetales, sino prioridades humanas que, una tras otra, están siendo sistemáticamente rociadas, no de pesticidas, sino de eticidas: agentes que matan la ética y, por consiguiente, cualquier idea de historia y de justicia.

Especialmente atacadas se ven aquellas de nuestras prioridades que proceden de la necesidad humana de compartir, legar, consolar, condolerse y tener esperanza. Y los medios informativos de masas nos rocían día y noche con eticidas.


Puede que los eticidas sean menos efectivos, menos rápidos de lo que los controladores esperaban, pero sí que han logrado enterrar y esconder el espacio imaginario que cualquier foro público central representa y precisa (nuestros foros están por todas partes, pero, por el momento, son marginales). Y Pasolini, en el erial de los foros ocultos (que recuerdan al páramo en el que fue asesinado por los fascistas), se une a nosotros con su Rabbia y su duradero ejemplo de cómo llevar el coro en la cabeza.

Traducción de News Clips.
Fuente: el pais.com
Imagen tomada de 3.bp.blogspot.com

domingo, 12 de enero de 2014

Así, tu belleza se hace a sí misma

Aquí

PIER PAOLO PASOLINI
(Bolonia, Italia, 1922-Ostia, Italia, 1975)

Poema a Marilyn Monroe
(Extraído de Rabbia; 1963)

Del mundo antiguo
y del mundo futuro
solo queda la belleza.
Y tú, pobre hermana pequeña,
que eres la que corre detrás
de sus hermanos mayores,
que ríe y llora con ellos
para imitarlos,
tú, la más joven, la más pequeña,
que llevas la belleza con humildad
y tu alma de chica de gente modesta,
nunca sabrás lo que tenías,
porque si no fuera así,
no sabrías lo que es la belleza.
El mundo te la ha enseñado.
Así, tu belleza se hace a sí misma.
Del tenebroso mundo antiguo
y del tenebroso mundo futuro
sólo quedará la belleza,
y tú te la llevarás contigo
con una sonrisa obediente.
La obediencia requiere
demasiadas lágrimas calladas,
y la generosidad hacia los otros,
demasiadas miradas alegres
que piden un poco de piedad.
Así, te llevarás contigo tu belleza,
desaparecerás como polvo de oro.
Del estúpido mundo antiguo
y del feroz mundo futuro,
quedará una belleza
que no se avergonzaba
de mostrar sus pequeños pechos
de hermanita,
con el pequeño vientre
visiblemente desnudo,
y por eso era belleza,
la misma belleza que tienen
las dulces jóvenes de todo del mundo,
las hijas de comerciantes, vencedoras
en concursos en Miami o en Londres.
Desapareces como una paloma de oro.
El mundo te la ha enseñado,
y de este modo tu belleza,
no es más que belleza.
Sin embargo, tú, continúas siendo una niña,
tonta como la antigüedad
cruel como el futuro;
entre tú y tu belleza,
poseída por el poder
se encuentra toda la estupidez
y la crueldad del presente.
La llevas siempre dentro,
como una sonrisa entre las lágrimas.
Impúdica por pasividad,
Indecente por obediencia,
Desapareces
Como una blanca paloma de oro.
Tu belleza ha sobrevivido al mundo antiguo
reclamada por el mundo futuro,
poseída por el mundo presente,
se convierte en un mal mortal.
Ahora, los hermanos mayores,
finalmente vuelven,
y detienen por un momento
sus juegos diabólicos;
extraen de ellos mismos
una inexorable distracción,
y se preguntan: “¿Es posible que Marilyn,
la pequeña Marilyn, nos haya indicado el camino?
Cuéntanos, ahora, un poco más, pequeña,
con tu sonrisa;
eres la primera que ha atravesado
todas las puertas del mundo
abandonado
a su destino mortal.

Trad.: s/d
**
Del mondo antico e del mondo futuro
era rimasta solo la bellezza, e tu,
povera sorellina minore,
quella che corre dietro i fratelli più grandi,
e ride e piange con loro per imitarli,

tu sorellina più piccola,
quella bellezza l’avevi addosso umilmente,
e la tua anima di figlia di piccola gente,
non ha mai saputo di averla,
perché altrimenti non sarebbe stata bellezza.

Il mondo te l’ha insegnata,
così la tua bellezza divenne sua.

Del pauroso mondo antico e del pauroso mondo futuro
era rimasta sola la bellezza, e tu
te la sei portata dietro come un sorriso obbediente.
L’obbedienza richiede troppe lacrime inghiottite,
il darsi agli altri troppi allegri sguardi
che chiedono la loro pietà! Così
ti sei portata via la tua bellezza.
Sparì come un pulviscolo d’oro.

Dello stupido mondo antico e del feroce mondo futuro
era rimasta una bellezza che non si vergognava
di alludere ai piccoli seni di sorellina,
al piccolo ventre così facilmente nudo.

E per questo era bellezza,
la stessa che hanno le dolci ragazze del tuo mondo…
le figlie dei commercianti
vincitrici ai concorsi a Miami o a Londra.
Sparì come una colombella d’oro.

Il mondo te l’ha insegnata,
e così la tua bellezza non fu più bellezza.

Ma tu continuavi a essere bambina,
sciocca come l’antichità, crudele come il futuro,
e fra te e la tua bellezza posseduta dal Potere
si mise tutta la stupidità e la crudeltà del presente.
La portavi sempre dietro come un sorriso tra le lacrime,
impudica per passività, indecente per obbedienza.
Sparì come una bianca colomba d’oro.

La tua bellezza sopravvissuta dal mondo antico,
richiesta dal mondo futuro,
posseduta dal mondo presente,
divenne un male mortale.

Ora i fratelli maggiori, finalmente, si voltano,
smettono per un momento i loro maledetti giochi,
escono dalla loro inesorabile distrazione,
e si chiedono: “È possibile che Marilyn,
la piccola Marilyn, ci abbia indicato la strada?”

Ora sei tu, quella che non conta nulla, poverina, col suo sorriso,
sei tu la prima oltre le porte del mondo
abbandonato al suo destino di morte.

sábado, 6 de octubre de 2012

Estudio la perfidia como un fenómeno fatal

PIER PAOLO PASOLINI
(Bolonia, 5 de marzo de 1922 - Ostia, 2 de noviembre de 1975)

Nada me parece tan opuesto al mundo moderno como aquella figura, como aquel Cristo afable en el corazón, pero nunca en su razón, que no desiste un momento de su propia y terrible libertad como voluntad de continua verificación de su propia religión, como continuo desprecio por la contradicción y el escándalo (...) la figura de Cristo debería tener, al final, la misma fuerza de una resistencia: algo que contradiga radicalmente la vida tal como se está configurando en el hombre moderno; su orgía de cinismo, ironía, brutalidad práctica, compromiso, glorificación de la propia identidad en los rasgos de la masa, odio hacia toda diversidad, rencor teológico sin religión.
(Pier Paolo Pasolini, en Il Giorno, 6 de marzo de 1963)
**
De Poesías mundanas
21 de junio de 1962

Trabajo todo el día como un monje
y por la noche doy vueltas, como un gato viejo
en busca de amor... Voy a proponer
a la Curia que me hagan santo.
Al engaño, de hecho, respondo
con la mansedumbre. Como miran las imágenes
miro yo a los adictos al linchamiento.
Con el sereno valor de un científico
me observo a mí mismo masacrado. Parece, a veces,
que odio y, sin embargo, escribo
versos llenos de amor preciso.
Estudio la perfidia como un fenómeno
fatal, como si careciera de objeto.
Tengo piedad de los jóvenes fascistas
y para los viejos no dispongo
de otra cosa que la violencia de la razón.
Pasivo como un pájaro que, volando,
Todo lo ve y en su corazón se lleva
al cielo la conciencia
que no perdona.
***
A algunos radicales

El espíritu, la dignidad mundana,
   el arribismo inteligente, la elegancia,
el trajes a la inglesa y el chiste francés,
   el juicio tanto más duro cuanto más liberal,
la sustitución de la razón por la piedad,
   la vida como apuesta para perder como señores,
os han impedido saber quiénes sois:
   conciencias siervas de la norma y del capital.
***
Un fragmento

…y, cuando los años sesenta
estén perdidos como el milenio
y mi esqueleto carezca incluso
de la nostalgia del mundo,
qué importará mi “vida privada”,
míseros esqueletos sin vida
pública ni privada, chantajistas,
¡qué importará! Contarán entonces mis ternuras,
y seré yo, tras la muerte, quien, en primavera
acabe ganando la partida en la furia
de mi amor por Acqua Santa al sol.

23 de abril de 1962
Versiones: sin datos
***
Otro fragmento*
[…]
que nada vale más que la vida.
Por eso yo sólo quisiera vivir,
aun siento poeta,
porque la vida se expresa también sólo por sí misma.
Quisiera expresarme con ejemplos.
Arrojar mi cuerpo a la lucha.
Pero si las acciones de la vida son expresivas,
también la expresión es acción.
No esta expresión de poeta derrotista,
que sólo dice cosas,
y usa la lengua como tú, pobre, directo instrumento;
sino la expresión apartada de las cosas,
los signos trocados en música,
la poesía cantada y oscura,
que no expresa nada más que a sí misma,
por una bárbara y exquisita idea de que es misterioso
sonido
en los pobres signos orales de la lengua.
Yo he dejado a mis coetáneos, e incluso a los más
jóvenes
tan bárbara y exquisita ilusión: te hablo brutalmente.
Y como no puedo volver atrás
y fingirme un joven bárbaro
que cree a su lengua la única lengua del mundo,
y en sus sílabas oye misterios de música
que sólo sus compatriotas, semejantes a él por carácter
y literaria locura pueden oír
-como poeta seré poeta de cosas.
Las acciones de la vida sólo serán comunicadas,
y serán ellas, la poesía,
porque, te repito, no hay más poesía que la acción real
(tú tiemblas solo cuando la encuentras
en los versos, o en la prosa,
cuando es su evocación perfecta).
No haré esto con alegría.
Siempre anhelaré esa poesía
que es acción en sí misma, en su desapego de las cosas,
en su música que no exprese nada
más que la propia árida y sublime pasión por sí misma.
[…]

*De Who is me. Poeta de las cenizas, Trad.: Marcelo Tombetta, Barcelona, DVD, 2002. (Incluido en Bestemmia. Tutte le poesie, Chiarcossi, Graziella. y Sitti, Walter [eds.], Milano, Garzanti, 2ª ed., 1995-1996)

martes, 20 de marzo de 2012

Tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera

PIER PAOLO PASOLINI
(Bolonia, Italia, 1922-Ostia, Italia, 1975)



En la conversación que mantuvo aquel sábado 1° de noviembre de 1975 con Furio Colombo, casi como un presentimiento, Pasolini le dijo a su entrevistador: "Tú no sabes quién está pensando en matarte ahora. Todos estamos en peligro". Al día siguiente, domingo, el cuerpo sin vida de Pier Paolo Pasolini estaba en el sanatorio de la policía de Roma. He aquí un fragmento:


Deja que vuelva a la pregunta inicial. Tú, mágicamente anulas todo. Pero vives de los libros, y necesitas inteligencias que lean. Es decir, consumidores educados del producto intelectual. Tú haces cine y necesitas disponer no sólo de grandes salas (por lo general tienes mucho éxito popular, o sea eres "consumido" ávidamente por tu público) sino también de una gran maquinaria técnica, organizativa, industrial, que hay en medio. ¿Si quitas todo eso, con una especie de mágico monaquismo de tipo paleocatólico y neochino, qué te queda?
A mí me queda todo, o sea, yo mismo, seguir vivo, estar en el mundo, ver, trabajar, comprender. Hay cientos de maneras de contar las historias, de escuchar las lenguas, de reproducir los dialectos, de hacer el teatro de títeres. A los otros les queda mucho más. Pueden plantarse, cultos como yo o ignorantes como yo. El mundo se hace grande, todo pasa a ser nuestro y no tenemos que utilizar ni la Bolsa, ni el consejo de administración, ni la barra de hierro para depredarnos. Mira, en el mundo que muchos de nosotros soñábamos (repito: leer el horario de trenes del año anterior, pero en este caso podemos decir de muchos años antes) estaba el patrón infame con sombrero de copa y los bolsillos llenos a rebosar de dólares y la viuda demacrada que pedía justicia con sus niños. El buen mundo de Brecht, en suma.

Es como decir que sientes nostalgia por aquel mundo.
¡No! Tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera que peleaba para derribar a aquel patrón sin convertirse en aquel patrón. Como estaban excluidos de todo, nadie los había colonizado. Yo tengo miedo de estos negros rebeldes, idénticos al patrón, otros saqueadores que quieren todo a toda costa. Esta oscura obstinación en la violencia total no deja ver ya "de qué signo eres". A cualquiera que lleven al hospital al final de su vida le interesa más -si tiene todavía un soplo de vida- lo que tienen que decir los médicos sobre sus posibilidades de vivir que lo que le puedan decir los policías sobre la mecánica del delito. Date cuenta de que yo no hago ni un proceso de intenciones ni me interesa ya la cadena causa-efecto, primero ellos, o primero él, o quién es el jefe-culpable. Me parece que hemos definido lo que tú llamas la "situación". Es como cuando en una ciudad llueve y se desbordan las alcantarillas. El agua sube, es un agua inocente, agua de lluvia; no tiene ni la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un río. Pero por la razón que sea no baja sino que sube. Es la misma agua de lluvia de muchos poemitas infantiles y de las musiquillas del "cantando bajo la lluvia". Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a este punto yo digo: no perdamos el tiempo en poner una etiqueta aquí y otra allá. Veamos cómo se desatasca esta maldita bañera, antes que nos ahoguemos todos.

Y tú, por eso, querrías que todos fuesen pastorcillos sin enseñanza obligatoria, ignorantes y felices.
Dicho así sería una estupidez. Pero la llamada enseñanza obligatoria fabrica a la fuerza gladiadores desesperados. La masa se hace más grande, como la desesperación, como la rabia. Admitamos que yo haya tenido una salida de tono (aunque no lo creo). Decidme vosotros otra cosa. Se entiende que añoro la revolución pura y directa de la gente oprimida que tiene el único objetivo de hacerse libre y dueña de sí misma. Se entiende que me imagino que pueda todavía llegar un momento así en la historia italiana y en la del mundo. Lo mejor de lo que pienso podrá hasta inspirarme uno de mis próximos poemas. Pero no lo que sé y lo que veo. Quiero decir con toda franqueza: yo bajo al infierno y sé cosas que no molestan la paz de otros. Pero prestad atención. El infierno está subiendo también entre vosotros. Es verdad que sueña con su uniforme y su justificación (a veces). Pero es también verdad que sus ganas, su necesidad de golpear con la barra de hierro, de agredir, de matar, es fuerte y es general. No será por mucho tiempo la experiencia privada y peligrosa de quien, cómo decirlo, ha tocado “la vida violenta”. No os hagáis ilusiones. Y vosotros, con la escuela, la televisión, vuestros periódicos pacatos, vosotros sois los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y en la idea de destruir. Dichosos vosotros que os quedáis tan felices cuando podéis poner una etiqueta apropiada al crimen. A mí esta me parece otra de las muchas operaciones de la cultura de masa. Como no podemos impedir que pasen ciertas cosas, nos tranquilizamos encasillándolas.

Pero abolir tiene que decir a la fuerza crear, si no tú también eres un destructor. Los libros por ejemplo, ¿qué será de ellos? No quiero hacer el papel de quien se angustia más por la cultura que por la gente. Pero esta gente salvada, en tu visión de un mundo diferente, ya no puede ser primitiva (ésta es una acusación frecuente que te hacen) y si no queremos utilizar la represión "más avanzada"...
Que me da escalofríos.

Si no queremos utilizar frases hechas, una indicación tiene sin embargo que existir. Por ejemplo, en la ciencia ficción, como en el nazismo, se queman siempre los libros como gesto inicial de exterminio. Cerradas las escuelas, clausurada la televisión, ¿cómo animas tu Belén?
Creo haberme ya explicado con Moravia. Cerrar, en mi lenguaje, quiere decir cambiar. Cambiar pero de modo tan drástico y desesperado como drástica y desesperada es la situación. Lo que impide un verdadero debate con Moravia, pero sobre todo con Firpo, por ejemplo, es que parecemos personas que no ven la misma escena, que no conocen la misma gente, que no escuchan las mismas voces. Para ustedes una cosa ocurre cuando es una crónica, hecha, maquetada, editada y titulada. ¿Pero qué hay debajo? Aquí falta el cirujano que tiene el coraje de examinar el tejido y de decir: señores, esto es cáncer, no una cosita benigna. ¿Qué es el cáncer? Es una cosa que cambia todas las células, que las hace crecer todas de forma enloquecida, fuera de cualquier lógica precedente. ¿Es un nostálgico el enfermo que sueña con la salud que tenía antes, aunque antes fuera un estúpido y un desgraciado? Antes del cáncer, digo. Es decir, antes de todo será necesario hacer no sólo un esfuerzo para tener la misma imagen. Yo oigo a los políticos con sus formulismos, todos los políticos, y me vuelvo loco. No saben de qué país están hablando, están tan lejos como la luna. Y los literatos. Y los sociólogos. Y los expertos de todo tipo.

¿Por qué piensas que para ti ciertas cosas están más claras?
No quisiera hablar más de mí, quizás he hablado incluso demasiado. Todos saben que mis experiencias las pago personalmente. Pero están también mis libros y mis películas. Quizás soy yo quien se equivoca. Pero sigo diciendo que estamos todos en peligro.

Si ves la vida así -no se si aceptarás esta pregunta-, ¿cómo piensas evitar el peligro y el riesgo?Hay puntos que me parecen demasiado absolutos. Deja que lo piense, que los relea. Y dame tiempo para encontrar una conclusión. Tengo una cosa en mente para responder a tu pregunta. Me resulta más fácil escribir que hablar. Te dejo las notas que añada mañana por la mañana.

*La entrevista fue publicada en el suplemento "Tuttolibri" del periódico La Stampa una semana más tarde, el 8 de noviembre de 1975.
**
Imagen y texto tomados de http://eljineteinsomne2.blogspot.com.ar

viernes, 6 de enero de 2012

Bajo la boca torcida a furia de sonrisas / de timidez

Otro poema de PIER PAOLO PASOLINI

FRAGMENTO EPISTOLAR, AL MUCHACHO CODIGNOLA


Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,
pero no esperes nada de este encuentro.
Si acaso, una nueva desilusión, un nuevo
vacío: de aquellos que hacen bien
a la dignidad narcisista, como un dolor.
A los cuarenta años yo estoy como a los diecisiete.
Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete
pueden, claro, encontrarse, balbuceando
ideas convergentes, sobre problemas
entre los que se abren dos décadas, toda una vida,
y que, sin embargo, aparentemente son los mismos.
Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,
aridecida de llanto y deseo de estar solos,
revela su irremediable diferencia.
Y, además, tendré que hacer de poeta
padre, y entonces me replegaré sobre la ironía,
que te incomodará: al ser el de cuarenta
más alegre y joven que el de diecisiete,
él, ya dueño de la vida.
Más allá de esta apariencia, de este aspecto,
no tengo nada que decirte.
Soy avaro, lo poco que poseo
me lo guardo apretado en el corazón diabólico.
Y los dos palmos de piel entre pómulo y mentón,
bajo la boca torcida a furia de sonrisas
de timidez, y los ojos que han perdido
su dulzura, como un higo agrio,
te parecerían el retrato
precisamente de esa madurez que te hace daño,
madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte
un coetáneo, simplemente entristecido
en la delgadez que le devora la carne?
Cuanto ha dado ya lo ha dado, el resto
es árida piedad.
**
FRAMMENTO EPISTOLARE, AL RAGAZZO CODIGNOLA


Caro ragazzo, sì, certo, incontriamoci,
ma non aspettarti nulla da questo incontro.
Se mai, una nuova delusione, un nuovo
vuoto: di quelli che fanno bene
alla dignità narcissica, come un dolore.
A quarant'anni io sono come a diciassette.
Frustrati, il quarantenne e il diciassettenne
si possono, certo, incontrare, balbettando
idee convergenti, su problemi
tra cui si aprono due decenni, un'intera vita,
e che pure apparentemente sono gli stessi.
Finché una parola, uscita dalle gole incerte,
inaridita di pianto e voglia d'esser soli,
ne rivela l'immedicabile disparità.
E, insieme, dovrò pure fare il poeta
padre, e allora ripiegherò sull'ironia
— che t'imbarazzerà: essendo il quarantenne
più allegro e giovane del diciassettenne,
lui, ormai padrone della vita.
Oltre a questa apparenza, a questa parvenza,
non ho niente altro da dirti.
Sono avaro, quel poco che possiedo
me lo tengo stretto al cuore diabolico.
E i due palmi di pelle tra zigomo e mento,
sotto la bocca distorta a furia di sorrisi
di timidezza, e l'occhio che ha perso
il suo dolce, come un fico inacidito,
ti apparirebbero il ritratto
proprio di quella maturità che ti fa male,
maturità non fraterna. A che può servirti
un coetaneo — semplicemente intristito
nella magrezza che gli divora la carne?
Ciò ch'egli ha dato ha dato, il resto
è arida pietà.
**
© del texto: su autor
© de la traducción: Carlos Vitale
Créd. foto: Diana Barros
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char