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lunes, 31 de julio de 2017

Sombras y violenta marejada

NINÍ BERNARDELLO
(Cosquín, provincia de Córdoba, Argentina, 1940. Reside en Río Grande, Tierra del Fuego, id., desde 1981)


Poética

Dimensión oculta
un desparpajo
para seguir hablando.
¡Qué sé yo de qué!
Pienso siempre
en un papel de calcar
colocando sobre textos
antiguos, sagrados
Sobre escrituras ajenas
copiarlos y copiarlos
como si fuesen
dibujos de maravillas
quitarle partes
transformando otras
hasta realizar una copia
que no deje vestigio
del original.
**

Se fue Moreira al claustro
de las estrellas. Dejó su pasión
en una pared encalada y ajena.
Hubiera querido entender
de golpe, su misterio. Me digo:
es la vida nuestra de compadres
peones y capataces entreverados
a gritos, oliendo a tabaco negro
y alcohol barato. Pienso por qué
a la suerte se le antojó siempre
sangrar de este lado de la vida.
Morir, morirnos sin chistar
mirando el cielo o al suelo.
**
Mítica

Sombras y violenta marejada. Bordes nítidos
sobre un vacío irreal, de fin del mundo.
Las cumbres bajo la niebla son lenguaje
reverente y consagrado por la intemperie
de todo lo visto como si fuera último.
Eso que termina y recomienza
siendo inicio, núcleo, raíz de todo-todo lo vivo.
Montañas invisibles para los ojos
del que invadiendo conquista
y corta, impiadoso, con el pasado.
**

Una ciudad de cristal blanco
en una niebla de plata y oro
La belleza del frío invernal
gana, en su exceso, un arrebato
hacia lo alto, un aleluya perfecto.

martes, 24 de enero de 2017

Soy en el transparente amanecer del hielo

NINÍ BERNARDELLO 
(Cosquín, Córdoba, Argentina, 1940. Reside en Río Grande; Tierra del Fuego, Argentina, desde 1981)




¿Quién fueras aquí? Un rumor de aguas primordiales
de lluvias y de mares, un oleaje cálido, un abrazo.
¿Quién fueras aquí? Un temblor lunar, cíclico,
un verde tierno que renace mágico.
¿Quién fueras aquí? Un cuenco en llamas, un pañuelo
de lágrimas, gruta o nido, corazón que abriga.
¿Quién fueras aquí? Un emblema, telares y velas.
Paradojas, conjuros y rezos.
¿Quién fueras aquí? Una línea ondulante, circular,
un espacio, un hueco, un vértigo.
***

Estoy aterida, fetal, muevo la cabeza y una luz rasante
me convierte en lobo hambriento.
Un vaso de agua, un cubo de cristal con flores y alcohol.
Mi cabeza muda mira un paisaje austral arrastrado por
albatros heridos.
Estoy tendida en una playa helada.
Soy en el transparente amanecer del hielo.
El 12 de abril me voy a la Tierra del Fuego.

Cosquín, marzo 1981
*

Hipocresía: sentados frente a frente dibujan flechas, ritmos
y repiten el discurso ceremonial de quienes se ignoran o
detestan. Labran actas, firmas y sellos.
En un apretón de manos giran en reverencia sutil
mostrando culos y lenguas al inmutable vacío.
*

Un ritual: descubrir la sección de oro en el endecasílabo sáfico
acentuado en la cuarta y en la octava sílaba.
*

Ensamble de arco y texto. Así llora quien escribe con sus pies
mojados en el río inconteniblemente amado de su vida.

De Oleaje (Río Grande 1981/2010), prosas poéticas. Muchos libros felices, 2016.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Morir, morirnos sin chistar/ mirando el cielo o al suelo

NINÍ BERNARDELLO
(Cosquín, provincia de Córdoba, Argentina, 1940. Reside en Río Grande; Tierra del Fuego, Argentina, desde 1981)



Tres para Moreira

1
Pulsionó la boca bicolor
y soltó una arremetida
mujiente con brillos
de plata repujada.
Polvillo de pulpería
depositado entre las manos.
La garganta con caña
se afina, dijo Moreira
y su boca contuvo
largo rato el trago
calentándolo.
Mirálo ahora
junto a Navarro
cuando echa adentro
de su boca
ese buche cálido
de varón a varón
estremecidamente
volcado
bajo las estrellas.
**
2
¿Qué me viene de vos, Moreira?
Altivo en tu chiripá negro
barba como de seda suave
Crece en mí tu imagen
destituida por el orden
Viene de tu criba
pudorosa y de esa daga
de madera pintada
Primor de circo pobre
Desmadrado perfil
sube a mí usurpando
un beso de pasión
apasionado
en real prenda de amor
dado
Te vi Moreira
y no me callo
**
3
Se fue Moreira al claustro
de las estrellas. Dejó su pasión
en una pared encalada y ajena.
Hubiera querido entender
de golpe, su misterio. Me digo:
es la vida nuestra de compadres
peones y capataces entreverados
a gritos, oliendo a tabaco negro
y alcohol barato. Pienso por qué
a la suerte se le antojó siempre
sangrar de este lado de la vida.
Morir, morirnos sin chistar
mirando el cielo o al suelo.

De Agua florida, el suri porfiado, 2013.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La copa de vino santo rebalsa sobre cenizas


NINÍ BERNARDELLO
(Cosquín, provincia de Córdoba, Argentina, 1940. Reside en Río Grande; Tierra del Fuego, Argentina, desde 1981)


Un marco de plástico verde
con relieve dorado guarda un retrato
de historia forzosa. Veo la casa envuelta
en hule gastado con flores adversas
y azúcar derramado a los pies de todos.
Aquellas botas claras de descarne
emergiendo como un relámpago loco
en medio de la habitación.
La copa de vino santo rebalsa sobre cenizas
y chisporrotea el rescoldo.
La cola de un pavo real tejido
mira con mil ojos la escena.
Estoy en un lugar argentino, de piedra,
de aguas, de trinos. Espacio calado
sobre el cielo, vacío sobre vacío.
Cruz y flecha
torcido pie, dedos desnudos.
Estrella de plata sonando en la noche
su espuela

duele
**

De Agua florida, el suri porfiado, 2013.

miércoles, 9 de enero de 2013

Un arrebato hacia lo alto, un aleluya perfecto

“De la poesía no esperé nada y fue el lugar que más me devolvió”, afirma Bernardello.
Imagen: Bernardino Avila (copy: Página 12)

NINÍ BERNARDELLO
(Cosquín, provincia de Córdoba, Argentina, 1940. Reside en Río Grande; Tierra del Fuego, Argentina, desde 1981)

Premonitoria

Inconsolable mar escrito, detallado en su
espuma mínima, inconsolable mar atlántico
letra muerta, restringida, orlada.

Un ejército avanza extraviado
en un circuito de hogueras y gritos,
desde Ushuaia un guerrero atormentado
aguarda recostado en su nave.

¿Qué será mi voz entre esas voces
adolescentes?

Nacida entre montañas, mi mano toma
el gesto de las letras grabadas en el aire
y escribe
todavía
toda vida.

(De Malfario, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1986)
***

De derecha a izquierda
o de arriba abajo
como tablillas de arcilla
cuña que estremece
lo que va fluyendo
sin cesar y cabe
en el hueco de la mano.
La misma que mata
o implora. Pero estoy aquí
decidiendo de abajo arriba
mi escritura azul
llama de la noche encendida.
Así, llama de alcohol,
parpadeo fugaz de la letra
de izquierda a derecha
inversa como una espada
que guarda, o
adversa como una flecha
que se prepara.


(De Puente Aéreo, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2001)
***

La historia me toca
con su dedo de ceniza
y soy signo, símbolo
cifra que vuela
y se desvela
Por siempre, me digo, será
griega la voz que reza
que imprime en el aire
un dolor de siglos
y aún persiste
en la caída del sol
en la sangre del cielo
Encerrada en el cristal
del hielo mi corazón sueña
se quiebra como un sacramento
ofrecido a esta tierra baldía
plena de lágrimas
de sangre y cenizas
que el pasado trae y revela
como si fuera un último mensaje.
***
Poética

Dimensión oculta
un desparpajo
para seguir hablando.
¡Que sé yo de qué!
Pienso siempre
en un papel de calcar
colocando sobre textos
antiguos, sagrados
Sobre escrituras ajenas
copiarlos y copiarlos
como si fuesen
dibujos de maravillas
quitarle partes
transformando otras
hasta realizar una copia
que no deje vestigio
del original.
***

Una ciudad de cristal blanco
en una niebla de plata y oro
La belleza del frío invernal
gana, en su exceso, un arrebato
hacia lo alto, un aleluya perfecto.

(de Natal, Bajo la Luna Editorial, Buenos Aires, 2011)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

“La poesía es un lugar de tranquilidad”

Niní Bernardello: Ángel, 1997.
Entrevista a NINÍ BERNARDELLO
Fuente: Página/12, 27/12/2011

Por Silvina Friera


El paisaje vital arrastra hasta la mesa de un bar de Palermo, en un oleaje espasmódico, las aguas del mar Atlántico y la sombra de aquella vida adolescente en el aire serrano de Cosquín. Una pequeña certeza asoma en la voz de la poeta y artista visual Niní Bernardello, mientras repasa los infinitos corredores subterráneos de su último libro, Natal (Bajo la Luna). No es un recuerdo desvaído por la sensual ingravidez de ese emblema coscoíno que es el cerro Pan de Azúcar. Esta obstinada recolectora de instancias de inmensa dicha para regocijo de sus lectores alumbró un poema de una nitidez asombrosa, luego de observar ese cerro en uno de los tantos regresos a su pago natal: “Y soy / ladera, abismo, cumbre / y de mí lo que disuelto / ya no tiene nombre”. Bernardello menea suavemente la cabeza como si intentara gambetear el silencio que precede a la evocación. “El impacto que sentí al contemplar el Pan de Azúcar fue tan grande que me pasó lo que escribí en ese poema: me disolví en la montaña. Yo era esa montaña. Los poemas nacen de impresiones muy fuertes que una quiere decir, aunque tal vez no las escriba en el momento; es peligroso escribirlas inmediatamente porque podés decir cualquier cosa. Mejor que decanten”, sugiere la poeta en la entrevista con Página/12.

El acento cordobés, dice Bernardello, está intacto. Aunque la timidez astilla a veces el habla y el envión desordenado de una escena fugaz parezca eclipsarlo. “El cordobés no se va y no quiero que se vaya”, proclama esta poeta que nació en Cosquín, en 1940, y que hace treinta años, desde 1981, reside en Río Grande (Tierra del Fuego), donde trabajó como docente. Una conexión íntima y complementaria se urdió durante la adolescencia de Bernardello. No puede dejar de mencionar el deslumbramiento que le produjo la lectura inicial de Rimbaud. Muchos franceses como Baudelaire y Mallarmé ingresaron a ese recinto misterioso de las lecturas indelebles. Luego, ya en la década del ’60, llegarían varios argentinos, como Ricardo Molinari, Jorge Luis Borges, Juan L. Ortiz y Francisco Madariaga. Más cerca en el tiempo incorporaría a Juan José Saer, especialmente con El arte de narrar, un libro que la poeta define como “soberbio”. A los 15 años comenzó a repetir un ritual: entraba a un negocio que tenía pinturas al óleo. “Yo estaba fascinada, me quedaba mirando esos paisajes y los colores de un pintor que vivía en Cosquín, Angel Kancheff”, cuenta. Su maestro en las artes plásticas fue Jorge Mattalía, pintor y grabador con una mirada inclinada hacia América latina, quien encendió la incipiente vocación de Niní. Espejos de papel, el primer poemario que publicó en 1980, se lo dedicó a Mattalía. La nueva figuración ejerció también su hechizo y estímulo, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé, Rómulo Macció y Jorge de la Vega a la cabeza.

Como afirma en uno de los poemas de Natal, “la vida es una partícula de polvo que destila asombro”. Aunque después del bautismo de la publicación siguieron varios libros como Malfario (1985), Copia y transformaciones (1990), Puente aéreo (2001) y Salmos y azahares (2005), Bernardello no se reconocía poeta. “Me costó muchos años llamarme poeta, como también hice un esfuerzo para decir que soy artista plástica –revela–. Aunque parezca mentira, hará unos dos años que me llamo poeta. Les debo a mis amigos, que fueron mis primeros lectores y son poetas, que me trataran como poeta. Tampoco pensé nunca en editar, no estaba en mi cabeza. Había puesto más las preocupaciones en la plástica y no en la poesía. Lo que les daba a leer a mis amigos era una selección de mis poemas; armaba libritos caseros, juntaba poemas y los pasaba a máquina. Pero los cuadernos en los que escribía no los ha leído nadie. Algunos los conservo; otros, en algún arrebato, los quemé. También destruí algunos cuadros con un cuchillo. La verdad es que me arrepentí de haber quemado dos cuadernos enteros. Después no lo hice nunca más y guardo cualquier cantidad de papeles.”

Esta “sacerdotisa de aguas astrales” que es Bernardello armó un delicioso rompecabezas identitario en Natal. En la primera parte, titulada “Casa”, ensambla paisajes, une el mar a una montaña, como en estado de gracia: “Incautada en la operación / de cloro verbal bullendo / a la deriva, el horizonte / me mira y escucho callando”. En la segunda parte, “Oficio”, los poemas más condensados despliegan el repertorio creativo de un quehacer que hilvana una poética. “Camino dentro de un poema / Es como caminar descalza / sobre un cielo de brasas”, se podría citar a modo de ejemplo de una voz que no disimula ciertos reproches: “Si no quieres venir, palabra / olvida quién soy”. En la tercera parte, “Sueños”, Bernardello acopia un extraordinario material onírico, donde irrumpen personajes de carne y hueso como Juan José Saer, acodado en un mesa; un amor en Arequipa, la misiva de la poeta Diana Bellessi o la felicidad en la casa de Griselda Gambaro, con los perros ladrando, entre otros. En la última parte, “Mitos”, la poeta se eleva, sobrepasa los límites espacio–temporales y, al terminar el poemario, el lector o lectora podría soltar de golpe y sin previo aviso: “Niní es y será eterna”.

Natal arranca con un epígrafe de Enrique Molina: “Un poema es, en cierto modo, un eterno retorno”. ¿En qué retornos pensó cuando escribió estos poemas?
–El retorno es toda mi obra; Natal cierra un ciclo. Todos mis libros están divididos en mitos, la casa, los amores, los sueños... Estuve cinco años veraneando en un lugar distinto al paisaje desde el que escribía en Río Grande. Era en un pueblito de la provincia de Buenos Aires, Urdapilleta, en el partido de Bolívar. Y me recordaba, por cierta tranquilidad, al pueblo de mi infancia, Cosquín, que se llena sólo en verano, pero después es tranquilo. Me tomó el paisaje de Urdapilleta y me tomaron personajes míticos, y cuando volví de un verano empecé a escribir sobre Juan Moreira. Todo ese libro, que ya está terminado y se llama Agua florida, plantea un corte. Para mí, Natal cierra una manera de escribir. Mi escritura se volvió más consciente, entonces me es difícil escribir, me trabo, no fluyo. No escribo mucho, me desencanto, tacho. Aunque he rescatado mucho escrito detrás de las tachaduras.

–En Natal también aparecen esas tachaduras. ¿Cómo funcionan al interior de los poemas?
–No sabría explicarlo muy bien, pero es una tachadura que señala el hecho de querer “decir” y “no decir” al mismo tiempo. Es un rescate del fracaso; siento que fracaso con el verso y lo abandono tachándolo. A veces intenté abandonar también la pintura porque me torturaba esa sensación de fracaso, de intentar decir una cosa y ver que no podía. La poesía, en cambio, fue un lugar de tranquilidad; desde el principio sentí una devolución, venían cosas sin esperarlas. Tal vez de la poesía no esperé nada y fue el lugar que más me devolvió.

–¿Qué es lo que define que un poema tachado sea rescatado para integrar un libro?
–Los rescato por una cuestión de armonía musical al oído. Los paso en limpio y los guardo en una carpeta, pero están rescatados de una serie de poemas que puede ser más o menos extensa. Es todo un trabajo armar un libro porque tenés que darle un sentido. Cuando organizo un libro, pienso en una coherencia interna musical.

–¿Cómo compone un poema y cómo es ese proceso creativo en el caso de un cuadro?
–Hasta Natal, la poesía fluía de una manera natural. Sentía la necesidad de escribir y muchas veces el poema aparecía íntegro y prácticamente no lo tocaba. Cuando se cortó ese ciclo, llegó el esfuerzo. Ahí tengo que buscar yo al poema. Pero creo que la poesía tiene que aparecer sola, desde otro lugar, y una la transcribe. Cuando la buscás mucho, se va (risas). Tengo diversos materiales empezados en pintura porque me da angustia tener un cuadro sin terminar. Si tengo dos o tres cuadros empezados, trabajo esos que comencé y no entendía cómo seguían. Los tengo guardados, los saco, los miro y si no sé cómo continuar, los vuelvo a guardar. Es una forma de trabajar que no sé cómo llamarla, pero es cortada, interrumpida. Quizá la idea de un único proyecto me angustia, me aburre, me sobresatura. Entonces me voy a la poesía. Hago ese tránsito permanente entre la poesía y la pintura. Y en el camino, me entretengo (risas).

domingo, 12 de abril de 2009

Diré ardilla, vermouth, copa


Algunos pocos poemas de Niní Bernardello
(Cosquín, provincia de Córdoba, Argentina, 1940. Reside en Río Grande; Tierra del Fuego, Argentina, desde 1981)

NO HAY SALIDAS. No hay timbres
ni certificados.
Hay portales abiertos. Pero no hay
ni una mano tendida.

Cumple con tu día hambreándote.

Él olvida el vino sagrado y las risas.
Embotado camina y camina
vendiendo un espejo, una sábana.
Al llegar a la esquina se detiene, sudoroso.
No alumbran los faroles secos.
Roe el ratón su pan de madera.
Bolsillo vacío, derramado tabaco, algunos
fósforos, un boleto roto.
Tu carta doblada, una llave ajena.

Cumple con tu día hambreándote.
(de Malfario)
***
Texto egipcio

Muerto entras en el horizonte,
en la lejanía que nunca puede alcanzarse.
No serás nada en la muerte,
pero convertido en estatua, en pintura
perdurarás como muerto.

(de Copia y transformaciones, 1990)
***

Me cuesta sombra la sombra
del paraíso verde atascado
contra la cascada de agua.
En el torrente del canal
la tarde quieta como una brasa
es pura luz ardiendo sobre
ramos de flores ofrecidas
a la ausencia de tu nombre.
La piedra mojada cantará y cantará
con rumor legendario
a una pareja casta ornada
de plumas rojas en su sueño.
Diré que es la misma tarde
de sábanas negras
de humo impalpable
absurda como una canción
que no remata en ningún ojo.
Diré ardilla, vermouth, copa.
Oh voz desgrana sobre mí
tu presagio vehemente

nube nube nube

(de Salmos y azahares, 2005)
***

Animal mítico

Ojos magnéticos, pelaje rayado.
Desde la garra, la sangre unida
al cartílago lustroso, pronuncia
mi nombre. Ruedo en su lengua
deglutida, me hundo en la obscena
oscuridad de saliva y garganta.
En su vientre crezco, niña reptil
y nazco, de golpe, de su cabeza
cuerno de luz y de locura.

(inédito)

***

Narciso

¿Es imagen real o anunciada
aquella, esta, agua untuosa
y dulce de la pasión fantasma
donde resides amor, reclinada
en tu encarnación de oro y azules?
Horma fatal, representación y su doble
dormida y a la vez despierta
tú misma espejo y reflejo
de rostro, piel, luz y ámbar
diosa y esfinge de finísima ala
incrustada en mí, en ese lugar
humeante que es mi corazón en sueños.
Tu presencia arde como ofrenda votiva
estás aquí, en el borde de la cama vacía
crecida en tu soberbia mentira. Falaz
única criatura que desveló mi vida.
(inédito)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char