Muriel Rukeyser
(EE.UU., 1913-1980)
Niño con el pelo cortado
Cierra el domingo sobre esta tarde del siglo veinte.
El pasa. Crepúsculo y bombilla contornan
el cuarto pardo, el superestofado sofá ciruela,
el niño y, sobre su cabeza, las flacas manos de la niña.
La radio de un vecino canta cotizaciones, noticias, serenata.
Él, sentado a la mesa, cabizbajo, ofreciendo la tierna nuca blanca;
mirando el rótulo de la farmacia con el rabillo del ojo;
juegos de luz, neón, hasta que el ojo se le llora, mientras
su solícita hermana, tullidita, en sencillo azul,
doblándose
detrás de él, le corta el pelo con sus viejas tijeras.
El rojo eléctrico de la flecha siempre da en el blanco.
¡Acertado neón! Él tose, impresionado por tanta precisión.
Su frente de muchacho, perennemente protegida por su gorra,
blanquea con la luz mientras voltea la cabeza y
se endereza para que caigan los pelillos.
Como aliviándole el fracaso de semanas con dedos firmes,
ella le alisa el fino pelo y se lo peina: “¡Qué bien te vas
a ver mañana!
Encontrarás trabajo. Ya lo creo. No es posible que siempre
te rechacen.
El mejor caballero no va más elegante.” Sonriéndose, él levanta
su adolescente frente, arrugándose irónica ahora.
Ve su vestido bueno listo, recién planchado;
el níquel del tranvía en el estante. Y al bajar la cabeza vuelve
a hallarse
con la mirada seria y desesperanzada de su hermana, y las
filosas tijeras aún tijereteando;
el cuarto oscurecido, el rótulo impersonal, los movimientos
de ella,
la vena azul, clara en su sien, amargamente palpitando.
Fuente: Antología de la poesía norteamericana, Caracas, 2007
**
Esta mañana
Despierto esta mañana,
una mujer violenta en el violento día,
riendo.
Más allá de la frontera de la memoria,
a lo largo del largo cuerpo de esta vida
en que se estremecen tu niñez, tu juventud, la historia toda
de tu tacto
—ojos, labios, pecho, barriga, sexo y piernas,
ondulándose, sinuosas, bajo las sábanas.
Veo más allá de la tímida plantita,
en su tiesto a la orilla de la ventana
abierta a la ciudad, a las altas torres apiladas como libros
en el desvarío de la codicia, al río que fluye corroído y brillante,
al intrincado puerto y al mar, las guerras, la luna, los planetas
todos los que poblamos el espacio
bajo un sol invisible / visible.
Violetas africanas bajo la luz
respirando, tímidas, bajo el hálito del universo. Quiero la potente
paz, sus delicias,
la silvestre bondad.
Quiero escribir los poemas de mi tacto:
encontrar mi mañana, descubrir tu vida toda
ondulándose, sinuosa, entre los intocables.
Te digo, a través de las ondas del viento:
hoy, una vez más
trataré de ser no-violenta,
un día más
esta mañana, despertando a un mundo aparte
del violento día.
Tradución: Jorge Ávalos
**
Arthur Peyton
Consumido. Carcomido. Y el amor allá enfrente.
Recibí una carta esta mañana
De nuestra consideración: …con sumo placer… adjuntamos
un cheque…
a su nombre, por 21,59 dólares,
es la mitad de los restos que
pudimos cobrar para usted
en la causa judicial de referencia.
Con el cierre de los distintos juicios,
después de reunir todo lo que pudimos,
este es el saldo que le queda.
Lo saludamos, así, muy cordial
y atentamente.
Después de reunir
el polvo el fracaso el cuerpo de ingenieros
Oh amor consumido carcomido reía el capataz
mojaban los taladros cuando llegaban los inspectores
la luna sopla vidriosa sobre nuestro río natal.
Oh amor, contale a la comisión lo que yo sé:
nunca vuelvas a decir que querías casarte conmigo.
En las minas, los extractores son enormes (2.000 hombres,
ninguna máscara)
antes de su veredicto los doctores me preguntaron cuánto tiempo
sí, Doctor, dígame ¿cuánto tiempo?
Pero nunca vuelvas a decirme que querés casarte conmigo.
Te miro cómo cerca de las lápidas todo el día
seguís una hilera de nubes la danza de los taladros,
amor, y las aves en el cielo coronando los árboles
las colinas blancas tan blancas elevándose sobre la ciudad
–culpo de desidia a todas las empresas involucradas–
dos años Oh amor dos años dijo él que ofrendó.
El espiral del río en la casa impecable
la fachada bancaria de mármol de la licorería
yo vi cómo empujaban a los negros con los mangos de los picos
en esos otros trabajos a mí no me asignaban a los túneles.
Entre nosotros, amor
los micros en la puerta
la larga calle de vidrio dos años, mi muerte a la tuya
mi muerte en tus labios
mi rostro que se hace de vidrio
curtido pétreo el tiempo me hace triunfar inmortal
el amor un espejo de nuestro valle
nuestra calle nuestro río un vidrio que mata.
Ahora me meten en un horno de fundición de acero
Oh amor la corriente del vidrio una corriente de fuego vivo.
Versión: Daniela Camozzi
**
Destrucción de la pena
Hoy le pedí a Aileen
en la Biblioteca Fílmica que me ayudara a encontrar
aquellas gemelitas de un lejano verano.
Aileen, ¿quiénes eran?
Yo tenía siete años, el circo del león
lo habían levantado en aquel arenal con espadañas
cerca del mar, detrás del Garage Tackaposha.
La antigua tierra de los indios Waramaugs.
Ahora allí hay un hotel de verano.
El primer día de aquel circo es un embeleso todavía.
Yo me quedé. Esa noche
me llegó a traer la policía.
Fácil de hallar, detrás
de las pacas de heno, con el domador de César,
los payasos, y las gemelitas.
Mi padre y mi madre me perdonaron, porque les encantaban
los circos, la ópera, los carnavales, Nueva York, las
canciones populares.
Todo el día, aquel verano, todo julio y agosto,
yo estaba detrás de las tiendas con las gemelas,
con César el león mi amigo,
¿Sabes cómo se llamaban, Aileen?
Las muchachas figuraron en las viejas películas.
A fines de agosto, César despedazó al hombre la mano derecha.
Yo quisiera recordar los nombres de las gemelas.
Se veía que tarde o temprano él iba a quedar sin mano.
El olor del mar, heno,
tufo del regio animal, pólvora.
“Sí, destruyeron a César.” Se me dijo esa noche.
Esas gemelas después fueron artistas de cine.
Nosotros los que estuvimos juntos aquel verano—
Joe se suicidó, a Tommy lo vi
poco antes de la guerra; ¿Henry qué se hizo?
Helena trabaja en bienes raíces —y las gemelas—
¿me podrías decir cómo se llamaban, Aileen?
Fuente: Antología de la poesía norteamericana
**
El poema como máscara
Orfeo
Cuando escribí sobre las mujeres en sus bailes y salvajismo, era
una máscara,
en su montaña, buscando oro, cantando, en orgías,
era una máscara; cuando escribí del dios,
fragmentado, exiliado de sí mismo, de su vida, el amor ido a pique
con canciones,
era yo misma, partida al medio, incapaz de hablar, exiliada de mí
misma.
No hay montaña, no hay dios, hay memoria
de mi vida desgarrada, abierta al medio en el sueño, el niño
rescatado
a mi lado entre doctores, y una palabra
de rescate de los grandes ojos.
¡No más máscaras! ¡No más mitologías!
Ahora, por primera vez, el dios levanta su mano,
los fragmentos se juntan en mí con su propia música.
Versión de Tom Maver
**
Velocidad de la oscuridad
(Fragmentos)
VI. Miro a través de lo real…
Miro a través de lo real
vulnerable complejo destruido
empeñado en el el presente de todo lo que
me es esencial
el mundo de esa historia conduce al ahora.
VII. La vida notifica
La vida notifica.
Te aseguro
existen demasiadas formas de tener
un hijo.
Yo, madre bastarda
te prometo
existen demasiadas formas de nacer.
Todas emergen
en su propia gracia.
IX. A esto lleva el tiempo…
A esto lleva el tiempo.
Dilo. Dilo.
El universo está hecho de historias,
no de átomos.
Fuente: cuaderno-de-poesia-critica-85-muriel-rukeyser
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jueves, 17 de marzo de 2016
lunes, 28 de abril de 2014
Oh amor la corriente del vidrio una corriente de fuego vivo
MURIEL RUKEYSER
(EE.UU., 1913-1941)
Música nocturna
Ascienden los días y las estrellas surcan
y mi cama salvaje gira lentamente entre los astros.
Traducción: Jorge Ávalos
**
Mito
Mucho tiempo después, Edipo, viejo y ciego, recorrió los
caminos. Sintió un olor familiar. Era
la Esfinge. Edipo dijo, "Quiero hacer una pregunta.
¿Por qué, no reconocí a mi madre?". "Diste la
respuesta equivocada", dijo la Esfinge. "Era la
única respuesta acertada", respondió Edipo. "No",
dijo ella.
"Cuando pregunté qué camina en cuatro patas a la
mañana,
dos al mediodía y tres al ocaso, contestaste
el Hombre. No dijiste nada sobre la mujer."
"Cuando dices el hombre", replicó Edipo, "incluyes a las
mujeres también. Todos lo saben." Ella dijo, "Eso es
lo que tú crees."
Versión de Diana Bellessi
**
El poema como máscara
Cuando hablé de las mujeres danzando, salvajes, fue una máscara,
en la montaña, a la caza de los dioses, cantando, orgiásticas,
fue una máscara; cuando hablé del dios
fragmentado, exiliado de sí, su vida, el amor extraviado con el canto,
era yo, desgajada, sin habla, en exilio de mí.
No hay montaña, no hay dios, hay memoria
de mi vida desgarrada, yo misma desgajada en sueño, la niña rescatada
de mi lado, entre médicos, y una palabra
salvadora desde los grandes ojos.
¡Basta de máscaras! ¡Basta de mitologías!
Ahora, por primera vez, el dios alza su mano,
los fragmentos en mí se unen con su propia música.
Versión de Diana Bellessi
**
ARTHUR PEYTON
Consumido. Carcomido. Y el amor allá enfrente.
Recibí una carta esta mañana
De nuestra consideración: …con sumo placer… adjuntamos un cheque…
a su nombre, por 21,59 dólares,
es la mitad de los restos que
pudimos cobrar para usted
en la causa judicial de referencia.
Con el cierre de los distintos juicios,
después de reunir todo lo que pudimos,
este es el saldo que le queda.
Lo saludamos, así, muy cordial
y atentamente.
Después de reunir
el polvo el fracaso el cuerpo de ingenieros
Oh amor consumido carcomido reía el capataz
mojaban los taladros cuando llegaban los inspectores
la luna sopla vidriosa sobre nuestro río natal.
Oh amor, contale a la comisión lo que yo sé:
nunca vuelvas a decir que querías casarte conmigo.
En las minas, los extractores son enormes (2.000 hombres, ninguna máscara)
antes de su veredicto los doctores me preguntaron cuánto tiempo
sí, Doctor, dígame ¿cuánto tiempo?
Pero nunca vuelvas a decirme que querés casarte conmigo.
Te miro cómo cerca de las lápidas todo el día
seguís una hilera de nubes la danza de los taladros,
amor, y las aves en el cielo coronando los árboles
las colinas blancas tan blancas elevándose sobre la ciudad
–culpo de desidia a todas las empresas involucradas–
dos años Oh amor dos años dijo él que ofrendó.
El espiral del río en la casa impecable
la fachada bancaria de mármol de la licorería
yo vi cómo empujaban a los negros con los mangos de los picos
en esos otros trabajos a mí no me asignaban a los túneles.
Entre nosotros, amor
los micros en la puerta
la larga calle de vidrio dos años, mi muerte a la tuya
mi muerte en tus labios
mi rostro que se hace de vidrio
curtido pétreo el tiempo me hace triunfar inmortal
el amor un espejo de nuestro valle
nuestra calle nuestro río un vidrio que mata.
Ahora me meten en un horno de fundición de acero
Oh amor la corriente del vidrio una corriente de fuego vivo.
**
ARTHUR PEYTON
Rukeyser, militante además de poeta, escribió sobre feminismo y justicia social, entre otros temas. Recorrió su país y fue en distintas ocasiones al exterior impulsada por su compromiso político, convencida de que debía ser testigo de los hechos para poder documentarlos.
Así, en 1936 viajó al Estado de Virginia Occidental para investigar sobre la tragedia de Gauley Bridge, donde unos dos mil trabajadores mineros murieron, producto de la explotación de la empresa Union Carbide, que los hacía trabajar en la construcción de túneles durante larguísimas jornadas y sin ningún tipo de protección. Los obreros enfermaron debido a la aspiración de sílice durante sus tareas de excavación y dinamitado. Nadie oyó sus quejas y reclamos. La mayoría eran migrantes negros que llegaban al lugar buscando trabajo en los desesperados años de la Depresión. Enterraban a los cuerpos sin identificación. Los médicos contratados por la empresa mentían en los diagnósticos y causas de las muertes. Pero una mujer, luego de perder a su esposo y tres hijos, logró reunir el dinero para radiografiar los pulmones de su cuarto hijo. Las radiografías dejaron ver los restos de polvo de sílice depositados en sus pulmones. Y se demostró que la causa de las muertes no había sido ni neumonía ni tuberculosis, como decían los doctores comprados por Union Carbide, sino silicosis. Y que la empresa era responsable de todas esas muertes. Se abrieron sumarios y causas judiciales, intervino el Congreso y sus comisiones. Pero casi todo el dinero de las indemnizaciones fue a parar a manos de los abogados intervinientes.
Rukeyser fue a documentarlo todo, a presenciar los juicios, a entrevistarse con las víctimas y sus familias, con los médicos, a leer los expedientes. Y, con ese material, escribió “El libro de los muertos”, considerado uno de sus poemas más intensos. Es un texto polifónico, que entrecruza el discurso jurídico, el periodístico y el lírico; un collage que yuxtapone cotizaciones bursátiles con informes parlamentarios y transcripciones de declaraciones judiciales. En los poemas están las voces de los médicos, los contratistas, los familiares y, sobre todo, las de las víctimas. Rukeyser, al elegir el título de esta obra, invoca al texto egipcio original, y otorga así importancia mítica a los mineros que fueron empujados al inframundo donde luego perecerían.
“Arthur Peyton” es uno de los poemas que componen la serie. Peyton, un capataz blanco que también murió de silicosis, revive en el poema, en la conjunción de voces que Rukeyser combina: la carta del abogado informándole el puñado de dólares que le quedan de saldo, la increpación al médico, la imposibilidad de casarse con su amor aunque esté ahí enfrente, esperándolo. Al traducir este poema, utilicé mínimas adaptaciones para no distraer al lector del principal efecto que Rukeyser busca: que de la mezcla de voces y discursos, que se van fundiendo hasta culminar en una fusión irreversible, surja una invocación a nuestra humanidad, a nuestro amor, para que ya nadie sea arrojado al fuego de las máquinas de fabricar acero.
Fuentes de la nota:
- Sentir los mundos, poetas en lengua inglesa, Rosa García Rayego y Esther Sánchez-Pardo, La rama dorada, Huerga & Fierro editores, Madrid, 2001.
- Groundbreaking Book: U.S. 1 (featuring "The Book of the Dead") by Muriel Rukeyser (1938). www.poets.org/viewmedia.php/prmMID/21713
- Medical-Industrial Discourses: Muriel Rukeyser's "The Book of the Dead", por Shira Wolosky. Publicado en “Literature and Medicine”, Volumen 25, Número 1, 2006.
- The power of political art: the 1930s literary left reconsidered, Robert Shulman, University of North Carolina Press, Carolina del Norte, 2001.
Versión y Nota: Daniela Camozzi
(EE.UU., 1913-1941)
Música nocturna
Ascienden los días y las estrellas surcan
y mi cama salvaje gira lentamente entre los astros.
Traducción: Jorge Ávalos
**
Mito
Mucho tiempo después, Edipo, viejo y ciego, recorrió los
caminos. Sintió un olor familiar. Era
la Esfinge. Edipo dijo, "Quiero hacer una pregunta.
¿Por qué, no reconocí a mi madre?". "Diste la
respuesta equivocada", dijo la Esfinge. "Era la
única respuesta acertada", respondió Edipo. "No",
dijo ella.
"Cuando pregunté qué camina en cuatro patas a la
mañana,
dos al mediodía y tres al ocaso, contestaste
el Hombre. No dijiste nada sobre la mujer."
"Cuando dices el hombre", replicó Edipo, "incluyes a las
mujeres también. Todos lo saben." Ella dijo, "Eso es
lo que tú crees."
Versión de Diana Bellessi
**
El poema como máscara
Cuando hablé de las mujeres danzando, salvajes, fue una máscara,
en la montaña, a la caza de los dioses, cantando, orgiásticas,
fue una máscara; cuando hablé del dios
fragmentado, exiliado de sí, su vida, el amor extraviado con el canto,
era yo, desgajada, sin habla, en exilio de mí.
No hay montaña, no hay dios, hay memoria
de mi vida desgarrada, yo misma desgajada en sueño, la niña rescatada
de mi lado, entre médicos, y una palabra
salvadora desde los grandes ojos.
¡Basta de máscaras! ¡Basta de mitologías!
Ahora, por primera vez, el dios alza su mano,
los fragmentos en mí se unen con su propia música.
Versión de Diana Bellessi
**
ARTHUR PEYTON
Consumido. Carcomido. Y el amor allá enfrente.
Recibí una carta esta mañana
De nuestra consideración: …con sumo placer… adjuntamos un cheque…
a su nombre, por 21,59 dólares,
es la mitad de los restos que
pudimos cobrar para usted
en la causa judicial de referencia.
Con el cierre de los distintos juicios,
después de reunir todo lo que pudimos,
este es el saldo que le queda.
Lo saludamos, así, muy cordial
y atentamente.
Después de reunir
el polvo el fracaso el cuerpo de ingenieros
Oh amor consumido carcomido reía el capataz
mojaban los taladros cuando llegaban los inspectores
la luna sopla vidriosa sobre nuestro río natal.
Oh amor, contale a la comisión lo que yo sé:
nunca vuelvas a decir que querías casarte conmigo.
En las minas, los extractores son enormes (2.000 hombres, ninguna máscara)
antes de su veredicto los doctores me preguntaron cuánto tiempo
sí, Doctor, dígame ¿cuánto tiempo?
Pero nunca vuelvas a decirme que querés casarte conmigo.
Te miro cómo cerca de las lápidas todo el día
seguís una hilera de nubes la danza de los taladros,
amor, y las aves en el cielo coronando los árboles
las colinas blancas tan blancas elevándose sobre la ciudad
–culpo de desidia a todas las empresas involucradas–
dos años Oh amor dos años dijo él que ofrendó.
El espiral del río en la casa impecable
la fachada bancaria de mármol de la licorería
yo vi cómo empujaban a los negros con los mangos de los picos
en esos otros trabajos a mí no me asignaban a los túneles.
Entre nosotros, amor
los micros en la puerta
la larga calle de vidrio dos años, mi muerte a la tuya
mi muerte en tus labios
mi rostro que se hace de vidrio
curtido pétreo el tiempo me hace triunfar inmortal
el amor un espejo de nuestro valle
nuestra calle nuestro río un vidrio que mata.
Ahora me meten en un horno de fundición de acero
Oh amor la corriente del vidrio una corriente de fuego vivo.
**
ARTHUR PEYTON
Consumed. Eaten away. And love across the street.
I had a letter in the mail this morning
Dear Sir,…pleasure…enclosing herewith our check…
payable to you, for $21.59
I had a letter in the mail this morning
Dear Sir,…pleasure…enclosing herewith our check…
payable to you, for $21.59
being one-half of the residue which
we were able to collect in your behalf
in regard to the above case.
we were able to collect in your behalf
in regard to the above case.
In winding up the various suits,
after collecting all we could,
we find this balance due to you.
we find this balance due to you.
With regards, we are
Very truly,
Very truly,
After collecting
the dust the failure the engineering corps
O love consumed eaten away the foreman laughed
they wet the drills when the inspectors came81
the moon blows glassy over our native river.
the dust the failure the engineering corps
O love consumed eaten away the foreman laughed
they wet the drills when the inspectors came81
the moon blows glassy over our native river.
O love tell the committee that I know:
never repeat you mean to marry me.
In mines, the fans are large (2,000 men unmasked)
before his verdict the doctors asked me How long
I said, Dr. Harless44, tell me how long?
—Only never again tell me you’ll marry me.
I watch how at the tables you all day
follow a line of clouds the dance of drills,
never repeat you mean to marry me.
In mines, the fans are large (2,000 men unmasked)
before his verdict the doctors asked me How long
I said, Dr. Harless44, tell me how long?
—Only never again tell me you’ll marry me.
I watch how at the tables you all day
follow a line of clouds the dance of drills,
and, love, the sky birds who crown the trees
the white white hills standing upon Alloy28
—I charge negligence, all companies concerned—
two years O love two years he said he gave.
the white white hills standing upon Alloy28
—I charge negligence, all companies concerned—
two years O love two years he said he gave.
The swirl of river at the tidy house
the marble bank-face of the liquor store
I saw the Negroes driven with pick handles
on these other jobs I was not in tunnel work.
the marble bank-face of the liquor store
I saw the Negroes driven with pick handles
on these other jobs I was not in tunnel work.
Between us, love
the buses at the door
the long glass street two years, my death to yours
my death upon your lips
my face becoming glass
strong challenged time making me win immortal
the love a mirror of our valley
our street our river a deadly glass to hold.
Now they are feeding me into a steel mill furnace
O love the stream of glass a stream of living fire.
the buses at the door
the long glass street two years, my death to yours
my death upon your lips
my face becoming glass
strong challenged time making me win immortal
the love a mirror of our valley
our street our river a deadly glass to hold.
Now they are feeding me into a steel mill furnace
O love the stream of glass a stream of living fire.
**
Nota:
Este poema de Muriel Rukeyser pertenece a la serie “El libro de los muertos” del libro U.S. 1 publicado en 1938.Rukeyser, militante además de poeta, escribió sobre feminismo y justicia social, entre otros temas. Recorrió su país y fue en distintas ocasiones al exterior impulsada por su compromiso político, convencida de que debía ser testigo de los hechos para poder documentarlos.
Así, en 1936 viajó al Estado de Virginia Occidental para investigar sobre la tragedia de Gauley Bridge, donde unos dos mil trabajadores mineros murieron, producto de la explotación de la empresa Union Carbide, que los hacía trabajar en la construcción de túneles durante larguísimas jornadas y sin ningún tipo de protección. Los obreros enfermaron debido a la aspiración de sílice durante sus tareas de excavación y dinamitado. Nadie oyó sus quejas y reclamos. La mayoría eran migrantes negros que llegaban al lugar buscando trabajo en los desesperados años de la Depresión. Enterraban a los cuerpos sin identificación. Los médicos contratados por la empresa mentían en los diagnósticos y causas de las muertes. Pero una mujer, luego de perder a su esposo y tres hijos, logró reunir el dinero para radiografiar los pulmones de su cuarto hijo. Las radiografías dejaron ver los restos de polvo de sílice depositados en sus pulmones. Y se demostró que la causa de las muertes no había sido ni neumonía ni tuberculosis, como decían los doctores comprados por Union Carbide, sino silicosis. Y que la empresa era responsable de todas esas muertes. Se abrieron sumarios y causas judiciales, intervino el Congreso y sus comisiones. Pero casi todo el dinero de las indemnizaciones fue a parar a manos de los abogados intervinientes.
Rukeyser fue a documentarlo todo, a presenciar los juicios, a entrevistarse con las víctimas y sus familias, con los médicos, a leer los expedientes. Y, con ese material, escribió “El libro de los muertos”, considerado uno de sus poemas más intensos. Es un texto polifónico, que entrecruza el discurso jurídico, el periodístico y el lírico; un collage que yuxtapone cotizaciones bursátiles con informes parlamentarios y transcripciones de declaraciones judiciales. En los poemas están las voces de los médicos, los contratistas, los familiares y, sobre todo, las de las víctimas. Rukeyser, al elegir el título de esta obra, invoca al texto egipcio original, y otorga así importancia mítica a los mineros que fueron empujados al inframundo donde luego perecerían.
“Arthur Peyton” es uno de los poemas que componen la serie. Peyton, un capataz blanco que también murió de silicosis, revive en el poema, en la conjunción de voces que Rukeyser combina: la carta del abogado informándole el puñado de dólares que le quedan de saldo, la increpación al médico, la imposibilidad de casarse con su amor aunque esté ahí enfrente, esperándolo. Al traducir este poema, utilicé mínimas adaptaciones para no distraer al lector del principal efecto que Rukeyser busca: que de la mezcla de voces y discursos, que se van fundiendo hasta culminar en una fusión irreversible, surja una invocación a nuestra humanidad, a nuestro amor, para que ya nadie sea arrojado al fuego de las máquinas de fabricar acero.
Fuentes de la nota:
- Sentir los mundos, poetas en lengua inglesa, Rosa García Rayego y Esther Sánchez-Pardo, La rama dorada, Huerga & Fierro editores, Madrid, 2001.
- Groundbreaking Book: U.S. 1 (featuring "The Book of the Dead") by Muriel Rukeyser (1938). www.poets.org/viewmedia.php/prmMID/21713
- Medical-Industrial Discourses: Muriel Rukeyser's "The Book of the Dead", por Shira Wolosky. Publicado en “Literature and Medicine”, Volumen 25, Número 1, 2006.
- The power of political art: the 1930s literary left reconsidered, Robert Shulman, University of North Carolina Press, Carolina del Norte, 2001.
Versión y Nota: Daniela Camozzi
sábado, 24 de noviembre de 2012
No puedo decir el fin
Otros poemas de MURIEL RUKEYSER
(EE.UU., 1913-1941)
BALADA DE NARANJA Y UVA
Después de terminar tu trabajo
despues de que te hiciste el día
después de haber leído tus lecturas
y escrito tu opinión--
vas hasta el puesto de panchos
de la otra cuadra, cruzando,
en una tarde abrasadora de East Harlem, siglo XX.
Casi todas las ventanas están tapiadas,
las ratas salen corriendo de una bolsa--
del garage miserable asoma
un Cadillac largo y lustroso;
en la puerta del centro de adicciones
hay un hombre que quisiera romperte la espalda.
Pero también una mujer morena con una nenita de rosado y rosa.
Salchichas salchichas crepitan en el asador
donde el panchero se inclina--
en la barra no hay nada más
que las dos máquinas de siempre:
la de uva, vacía. Y la de naranja, vacía.
Yo, enfrente, entre las dos.
Pasa un negrito, mira los panchos y sigue caminando.
Miro al hombre mientras se para y vuelca
Miro al hombre mientras se para y vuelca
en esa forma familiar
violeta intenso en la que dice NARANJA
anaranjado en la que dice UVA,
el jugo de uva en la máquina que dice NARANJA
y el de naranja en la que dice UVA.
Una sola palabra grande y clara, inconfundible,
en cada máquina.
Le pregunto: ¿cómo podemos seguir leyendo
y encontrarle sentido a lo que leemos?--
¿Cómo pueden escribir ellos, los chicos de enfrente,
y creer en lo que escriben
mientras ud. sigue poniendo uva donde dice NARANJA
y naranja donde dice UVA--?
(¿Cómo vamos a creer en lo que leemos y escribimos y escuchamos y decimos y hacemos?)
Él mira las dos máquinas y sonríe
se encoge de hombros y sonríe y sigue cargándolas.
Podría tratarse de violencia y no-violencia
podrían ser blanco y negro, hombres y mujeres
podría ser guerra y paz o cualquier
sistema binario, amor y odio, amigo y enemigo.
Sí y no, ser y no-ser, lo que hacemos y lo que no hacemos.
En una esquina de East Harlem
un basural, lecturas, una sonrisa enorme, violación,
olvido, una calle que hierve de crímenes,
miseria y esperanza marchita,
un hombre sigue poniendo uva donde dice NARANJA
y naranja donde dice UVA,
poniendo naranja en UVA y uva en NARANJA para siempre.
Versión: Sandra Toro
***
ELEGÍA EN GOZO
[fragmento]
Contamos principios: para la piel y la respuesta,
o la mirada, el lago en el ojo que conoce,
para la desesperación que corre por los más anchos ríos,
nube de casa; y también el árbol verde de la gracia,
todo en la hoja, en el amor que nos da a nosotros mismos.
La palabra de alimento pasa por las mujeres,
soldados y huertos enraizados en constelaciones,
torres blancas, ojos de niños:
que en tiempos de guerra dicen ¿Qué daremos de comer?
No puedo decir el fin.
Alentá principios, alentemos principios.
No todas las cosas son benditas, pero sí
son benditas las semillas de todas las cosas.
La bendición está en la semilla.
Este momento, esta semilla, esta ola del mar, esta mirada, este
instante de amor.
Años sobre guerras y un imaginarse la paz. O el viaje de expiación
hacia la paz que es tantos deseos que arden juntos,
vida pura y fiera, la casa donde tantos habitan.
Amor que nos da a nosotros mismos, en el mundo por todos
conocido
nuevas técnicas para curar las heridas,
y el desconocido mundo. Una vida, o las estrellas navegantes.
Traducción de G.A. Chaves, 2011.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Había latas, latas por todos lados
| Vincent Van Gogh: El regreso de los mineros. Borinage, 1881 |
de MURIEL RUKEYSER
(EE.UU., 1913-1980)
Blues de George Robinson
Gauley Bridge es un buen pueblo para los negros, nos dejan
quedarnos por ahí, nos dejan que charlemos
en alguna vereda, aunque seamos negros o mulatos.
Cuesta respirar en esta altura, se respira despacio
después de haber remado en el río,
y las tumbas están en la cima, y el viento de la primavera
es frío, las tumbas están allá arriba, y el pueblo abajo.
¿Alguna vez enterraste los cuerpos de treinta y cinco hombres
en el fondo de tu casa, los cuerpos
de treinta y cinco mineros que ningún médico
quiso atender, que murieron en sus obradores,
sepultados bajo rocas, en todos lados, en un mundo sin fin?
Cuando un hombre decía sentirse mal,
sentirse débil,
y ya no podía seguir trabajando,
el capataz y la empresa lo echaban sin dudarlo.
Yo los saqué
de sus obradores junto a las minas
yo los llevé al cementerio allá arriba,
había latas, latas por todos lados.
TUNELITIS
Permanecieron
junto al árbol:
ahora mismo puedo ir
a ese cementerio.
Cuando estalló la explosión, el capataz nos gritó
que saliéramos
cuando la pesada explosión se hizo blanca, nos dijo, vamos,
salgamos de acá, apúrense, vamos
hacia aquel derrumbe de barro y de piedras.
El agua traía el polvo, el agua
que bebíamos,
y los obradores y el monte estaban teñidos del polvo,
y aunque nos sacudimos la ropa en el monte,
ese polvo se nos quedó pegado para siempre.
Era como si hubieran tirado harina sobre los árboles
sobre el monte
y la lluvia no podía lavarla, y relucía:
era hermoso ese polvo blanco que nos tapaba los pies.
Cuando salí a la mañana
después de aquella noche en el túnel,
junto a un hombre blanco, nadie hubiese podido distinguir
quién era quién: estábamos los dos cubiertos
por ese polvo, por ese polvo blanco.
Nota de la traductora: El original puede leerse en http://www.questia.com/PM.qst?a=o&d=30350932
Nota: "Tunelitis" es el macabro eufemismo al que recurría la empresa de construcciones Rinehart & Dennis Corporation para referirse a la silicosis.
Versión de Daniela Camozzi
sábado, 1 de agosto de 2009
Las riquezas salvajes
Algunos poemas
de MURIEL RUKEYSER
(EE.UU., 1913-1941)
ESTA MAÑANA
Despierto esta mañana,
una mujer violenta en el violento día
riendo.
Tras la línea de la memoria
a lo largo del largo del cuerpo de tu vida
donde se mueven infancia, juventud, la vida del tacto,
ojos, labios, pecho, vientre, sexo, piernas,
contra las olas de la sábana.
Miro a través de la plantita
sobre el alféizar de la ciudad
hacia las altas torres como libros,
entrechocándose voraces,
el río centellea, fluye corroído,
el intrincado puerto y el mar, las guerras, la luna, los
planetas, todo lo que puebla el espacio
en el sol visible invisible.
Violetas africanas en la luz
palpitando en un universo palpitante. Quiero una paz
arraigada, y deleite,
las riquezas salvajes.
Quiero hacer mis poemas sensitivos:
encontrar mi mañana, encontrarte entero y
vivo moviéndote entre la gente anestesiada.
Te digo a través del aire:
hoy una vez más
intentaré no ser violenta
un día más
esta mañana, despertando sin cesar al mundo
en el día violento.
**
Nos mirábamos uno al otro
Sí, nos mirábamos uno al otro
Sí, nos conocíamos muy bien
Sí, habíamos hecho el amor muchas veces
Sí, habíamos escuchado música juntos
Sí, habíamos ido juntos al mar
Sí, habíamos comido y cocinado juntos
Sí, habíamos reído a menudo día y noche
Sí, luchado contra la violencia y conocimos la violencia
Sí, odiamos la opresión interior y exterior
Sí, aquel día nos mirábamos
Sí, vimos la luz del sol derramándose
Sí, la esquina de la mesa estaba entre nosotros
Sí, había pan y flores en la mesa
Sí, cada ojo vio los ojos del otro
Sí, cada boca vio la boca del otro
Sí, cada pecho mirándose en el pecho del otro
Sí, todo nuestro cuerpo mirándose en el otro
Sí, estaba empezando en cada uno
Sí, arrojaba olas a través de nuestras vidas
Sí, los latidos tornáronse muy fuertes
Sí, la pulsación se hizo delicada
Sí, el celo el deseo
Sí, la culminación el placer
Sí, fue pleno para ambos
Sí, nos mirábamos uno al otro
Versiones de Diana Bellessi
**
Velocidad de la oscuridad
IX
A esto lleva el tiempo...
A esto lleva el tiempo.
Dilo. Dilo.
El universo está hecho de historias,
no de átomos.
**
IX. Time comes into it...
Time comes into it.
Say it. Say it.
The universe is made of stories,
not of atoms.
**
Esfuerzo en la conversación entre dos personas
Háblame. Toma mi mano. ¿Qué eres ahora?
Te lo diré todo. No ocultaré nada.
Cuando tenía tres años, un niño pequeño leyó un cuento acerca de un conejo
que moría, en el cuento, y me escondí bajo una silla:
un conejo rosa: era mi cumpleaños y una vela
dejó una llaga en mi dedo y yo estaba predestinada para ser feliz.
Oh, crece para conocerme. No soy feliz. Estaré dispuesta:
Ahora estoy pensando en blancas velas contra un cielo como música,
como cuernos gozosos sonando, pájaros inclinados y un brazo en torno a mí.
Hubo uno al que amé que quería vivir, navegando.
Háblame. Toma mi mano. ¿Qué eres ahora?
Cuando tenía nueve, era sentimental,
fluida: y mi tía viuda tocaba a Chopin,
recliné la cabeza sobre la mesa de madera pintada y lloré.
Quiero estar cerca de ti ahora. Enlazaría estrechamente
los minutos de mis días, de alguna forma, a los tuyos.
No soy feliz. Estaré dispuesta.
Me gustaban las lámparas en las esquinas del anochecer, sencillos poemas.
Ha habido miedo en mi vida. Algunas veces especulo
Qué tan trágica fue su vida realmente.
Toma mi mano. Golpea con tu puño mi mente. ¿Qué eres ahora?
Cuando tenía catorce, tuve sueños de suicidio,
y permanecí en una ventana empinada, al atardecer, esperando la muerte:
si la luz no hubiera fundido las nubes y las llanuras en la belleza,
si la luz no hubiera transformado ese día, habría saltado,
Soy infeliz. Estoy sola. Háblame.
Estaré abierta. Creo que él nunca me amó:
amó las brillantes playas, los pequeños labios de la espuma
que cabalgan en pequeñas olas, él amó el viraje de las gaviotas:
dijo con voz alegre: te amo. Crece para conocerme.
¿Qué eres ahora? Si pudiéramos tocarnos,
si nuestras entidades separadas pudieran llegar a unirse,
apretadas como en un rompecabezas chino... ayer
estuve en una calle llena, viva con gente,
y nadie dejó una palabra, y la mañana brilló.
Todos silenciosos, moviéndose... Toma mi mano. Háblame.
**
Effort at speech between two people
Speak to me. Take my hand. What are you now?
I will tell you all. I will conceal nothing.
When I was three, a little child read a story about a rabbit
who died, in the story, and I crawled under a chair:
a pink rabbit: it was my birthday, and a candle
burnt a sore spot on my finger, and I was told to be happy.
Oh, grow to know me. I am not happy. I wil be open:
Now I am thinking of white sails against a sky like music,
like glad horns blowing, and birds tilting, and an arm about me.
There was one I loved, who wanted to live, sailing.
Speak to me. Take my hand. What are you now?
When I was nine, I was sentimental,
fluid: and my widowed aunt played Chopin,
and I bent my head on the painted woodwork, and wept.
I want now to be close to you. I would
link the minutes of my days close, somehow, to your days.
I am not happy. I will be open.
I have liked lamps in evening corners, and quiet poems.
There has been fear in my life. Sometimes I speculate
On what a tragedy his life was, really.
Take my hand. Fist my mind in your hand. What are you now?
When I was fourteen, I had dreams of suicide,
and I stood at a steep window, at sunset, hoping toward death:
if the light had not melted clouds and plains to beauty,
if light had not transformed that day, I would have leapt,
I am unhappy. I am lonely. Speak to me.
I will be open. I think he never loved me:
he loved the bright beaches, the little lips of foam
that ride small waves, he loved the veer of gulls:
he said with a gay mouth: I love you. Grow to know me.
What are you now? If we could touch one another,
if these our separate entities could come to grips,
clenched like a Chinese puzzle... yesterday
I stood in a crowded street that was live with people,
and no one spoke a word, and the morning shone.
Everyone silent, moving... Take my hand. Speak to me.
Versión de Isabel Jazmín Ángeles, autora de la plaquette de traducciones In Excelsis. Poesía femenina anglosajona, editorial Mala Estrella, 1998.
**
Anémona
Delicado y profundo.
Mis ojos se abren, mis ojos se cierran,
me miras con tu mirada despierta.
Mi boca se cierra, mi boca se abre,
me estás mirando con tus rojas promesas.
Mi sexo se cierra, mi sexo se abre,
tú cantas y ofreces: camino hacia adentro.
Mi vida se cierra, mi vida se abre.
Estás dentro de mí.
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char