MARÍA ROSA LOJO
(Buenos Aires, Argentina, 1954)
Estructura de las casas
Dentro de un dedal había un salón de costura donde la abuela bordaba rosas cuando era una niña obligada a quedarse del revés de la luz para no que no la distrajesen los ruidos del mundo.
Dentro de una foto del padre había un joven que regresaba a las montañas cruzando campos ardidos por la guerra, y había cuerpos acabados de fusilar pudriéndose en el fondo de las pupilas.
Detrás de un guante viejo había un hermano desaparecido, en un pastillero vacío acechaba la locura; sobre los platos cascados comía una familia sentada en torno de una mesa de roble; dentro de un cofre la madre guardaba cartas de pretendientes, y con las cartas esperanza y pobreza y plumas que avanzaban despacio sobre el papel rugoso de las vidas pasadas.
En tu historia había historias imposibles de limpiar y cuartos cerrados que no se abrirían nunca porque las estructuras de las casas son cajas chinas interminables y concéntricas y de la misma manera misteriosas.
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Tan futuro
Has conocido la suma de los días, número sin sentido, insensible a las duras calidades del ser que juega y huye, o esforzado aminora la cerrada sequedad de aquellos corredores ministeriales y monásticos, de aquellos trenes con tanto destino árido. Alguien señala desde el puente superior, irrestañablemente verde, alguien descerraja las avaras cancelas que impone la pobreza del no mirar.
Tan futuro, tan húmedo y hacia los ríos: este ser descubierto en el redondo esplendor que fluye.
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La pared
Del otro lado de la pared cantan el amor y el odio de todos los siglos. Vínculos de almas ya muertas que se estrechan en las grandes casas vacías, a la sombra de los bosques eternos.
Podrías arrancarte la máscara que usas para dormir, cruzar del otro lado y escucharlos. Pero sigues escribiendo sobre la mesa de la fruta y el vino, sólo atenta al llamado de los trenes oscuros que cruzan infinitamente el mundo.
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Foto: tomada de
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