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miércoles, 13 de abril de 2016

Este corazón iba a un lugar

Malú Urriola
María de la Luz Urriola González
(Santiago de Chile, Chile, 1967)








Tengo un corazón.
Una vez por lo menos lo tuve. 
Mi corazón tiembla por cualquier cosa.
Cualquier cosa lo hace temblar, 
una gota de lluvia basta, una débil brisa.
Este corazón es como una explanada, como el desierto
curtido por el sol.
Ah, hasta dónde las palabras habrán de llevarme.
Mis pensamientos han estado totalmente equivocados.
Este corazón iba a un lugar,
yo a otro.
***

Ya no volveré, pero no decaigas los párpados como la cortina de una ferretería de barrio. No tengo más que un silencio de buzón sin sentido. 
Ya no espero por nada que no sea yo.
Yo es una manera de decir que fui, alguna vez, mi jaula y mi cielo.

miércoles, 3 de abril de 2013

Que no mienta el silencio que cuando calla miente


MALÚ URRIOLA
Tomada de maluurriolaguionista.blogspot.com

(Santiago de Chile, Chile, 1967)

Este perro me ve como si mirara a dios, no sabe que soysoysoy un dios de la nada. Pone sus ojos suplicantes en mí, y mueve la cola, mientras le arranco como un diosdiosdios la garrapata que chupa de su cuello. Como si fuese una amante digo fuera, fuera de su cuerpo de perro. Él recuesta su cabeza en mi regazo, como yo pongo estos ojos cuando están hartos sobre el mar y dejo que me meza su danza espumosa, azul, brillante.

En el mar, no hay gentes como nosotros.

No hay sitio en la tierra ni en el mar, para gentes como nosotros.
***

Cuando se seca el río, apenas queda un largo brazo hendido de piedras y musgo.
Algo parecido al vacío necesario para que las palabras se acumulen y luego se
marchen.
El agua corre contra las piedras, arrastrando a las más pequeñas.
La roca en cambio ha quedado en mitad del río.
En ella se golpean las aguas y crece el musgo y otras piedrecillas se adhieren.
Capa a capa de piedra se fue enancando para sentir el calor del sol. Aparte del
calor del sol y el frío del agua no siente nada. El corazón de la roca tiene la forma
de la roca. Tal cual la roca se ha formado, se ha formado el corazón.
Podría decirse que ninguna parte de la roca se desprende de su corazón.
La roca en sí misma es su propio corazón.
El corazón de la roca es sordo y todo le rebota.
Cada vez que la roca ha querido dejar de ser roca, el río la ahoga o abandona.
El río no siente lo que siente la roca. No podría sentirlo.
Se está marchando constantemente.
La roca sin embargo se queda.
Aunque se secase el caudal completamente.
Aún cuando despertase en mitad del desierto.
***

Que nada digan las palabras,

que no mientan más,
que no sobornen,
que no encubran.
Que no mienta el silencio que cuando calla miente,
y esculpe la duda,
de si anochece, o anochezco.

De Nada, Lom ediciones, 2003.
***

Hace tanto tiempo, querida amiga
acá los poetas mienten
y tus ojos son ya
un par de gorriones que se fornican
no sé dónde
reniego de la poesía
y todas estas vanalidades
la mistral ha muerto
lihn ha muerto
sólo quedamos los necios.
Recuerdas cuando nos emborrachamos
amparadas por una chimenea medio loca
tú, estás allá ahora, recordándolo todo
con un suave dejo de melancolía
la puta melancolía que has guardado
largo tiempo en el anonimato
y un sol turístico cae
sobre tu rimbombante isla en el Mediterráneo
mientras acá el sol pega
sobre cientos de cabezas hastiadas.
Ah, querida mía
los seres somos tan maleables
de ahí la distorsión a la que Hugo
intentó someter el alejandrino.

De Piedras Rodantes, 1988
***
Fragmento de Hija de Perra

DOS

"El último show no murió casi nadie,
se fue vacío el furgón de los fiambres..."
Los Redonditos de Ricota

El puto cansancio se ha ido convirtiendo en tedio, el tedio es agreste, el tedio es inmóvil, el tedio es como una eclosión, como aceite humano se me pega, aparece, brota, no lo llamé, te lo juro... no pensaba escribir, no tenía la menor intención, no tenía, estoy harta de escribir, escribir no tiene ningún otro sentido que espantar el tedio, no vale la pena, tú te crees que tengo todo el tiempo del mundo... No ves cómo se cae todo, cómo piden por las calles los pobres que no existen... Estás ciega, estás ciega que no ves cómo nos dejan a la orilla del camino... ya nadie, nadie lee, nadie... se cae a pedazos esta ciudad, se cae... ¡En ese lugar ayer no había un edificio de departamentos! no estaba esa muchacha levantando automovilistas... no estaba yo tan harta, escuchándole citar a Foucault a este pobre tarado -no me impresionas, ni aunque cites a Sartre, ni a Mallarmé, ni a Nietzsche. No tienes idea de nada... no tienes idea, le digo... cállate, cállame, quítame esta cabeza que nunca para, desnúcame, cúbreme el cuello con tus brazos y arráncamela...
***

yo que crecí entre milicos como dice el Charly y leí el manifiesto dadá y el surre, y a la Kristeva y a la Yourcenar y a la Djuna y a la Orozco y a Roland y otras cuantas estupideces con que he perdido el tiempo, tanto tiempo... tengo la cabeza latina... el cuero negro... nunca mitigué la violencia, tengo el lomo desollado, tengo el lomo herido, si miraras mi lomo verías la herida sangrante de este lomo, esta herida es tuya, toda tuya, se me abrió de tanto esperarte... ¿De qué mierda me hablas? Tú te crees que todo lo escribo para ti... yo no escribo para nadie, no ves que nadie lee, no tengo por que escribirte, estás sorda... cuántas veces tengo que repetirle las cosas... Capaz de resistir perderlo todo... cómo crees que no resista largarme, no necesito nada, devuélveme mis libros y quedamos a mano... y aquí nada pasa y aquí nada ha pasado, porque en este burdo país la verdad es que nada pasa... encontrarás a otra que te la mame... encontrarás a otra...

De Hija de Perra, Surada poesía, 2002

lunes, 12 de marzo de 2012

La tubería del cielo

Foto: tomada de estacionquilmes.blogspot.com
MALÚ URRIOLA
(Santiago de Chile, Chile, 1967)

Dame tu sucio amor

Harta en la noche, cuando la locura me ha abandonado y recorro
los resquicios, desquiciada, acompañada por un viejo blues en la
emisora de jazz; los puntos idos de las medias, la falda deslizándose
doblemente en esa mano, mientras tiran conmigo como una callejera.
***

J unior se inventó el J. P. antes del Junior.
Lo sé porque dejo pasar unos meses y le vuelvo a preguntar y me dice que se llama Juan Pedro, otras, Josef Paul, o Jeremías Prudencio… J. P. dice cualquier cosa.

J. P. tiene piernas sólo hasta las rodillas. Luego lo sostienen unos maderos sin músculos, ni carnes. Ya casi no puede moverse. Por eso se pasa la mayor parte del día sentado contándonos historias, cosas que tal vez ocurrieron pero que la memoria siempre deforma.

Cuando nosotras no lo miramos, él saca unos bastones de debajo de la mesa que tiene a su lado, cubierta con un fino mantel que nuestra madre le bordó. Nosotras sabemos que cuando J. P. quiere levantarse debemos mirar al techo, o hacia el lado, lo suficiente como para dejarlo sacar sus bastones e incorporarse con la dignidad de no ser observado en su ruina ávida de equilibrio.

J. P. no pudo jamás sobreponerse a la desgracia de haber perdido sus piernas.

Él decía que las había olvidado en alguna parte. Que una mañana al levantarse, llegó hasta el baño, se cepilló los dientes y al mirarse la cara al espejo como todas las otras mañanas -esa bienvenida a la realidad de verse una arruga más, que constata la sobre vivencia de los días recientes y de esos ya tan alejados y poco probables-. Estaba meditando estas cuestiones matutinas cuando se dio cuenta que no tenía las piernas.

Así se pierden las cosas, nos dijo.
Un día, de pronto, ya no están.
***

El agua ha comenzado a entibiarse. La tubería del cielo ha estallado y resplandecen las gotas, cayendo directo contra estos ojos como una infinitud de lágrimas transparentes que se le habrán soltado a algún dios. Yo soy una baldosa blanca y negra y mi madre dice que dios no es uno. Por eso las lágrimas son tantas. Cuando la vida llora se dice lluvia./ Ya llega la noche. No hay estrellas. No.
***


Miramos las estrellas refulgir y apagarse y volver a refulgir, y
algo dentro se enciende y se apaga como si fuese besado fugaz por la
intermitente luz de un faro.

En mi rocoso corazón se golpean espumosos los recuerdos.

Todo huele a mar. Mi hermana y yo una ola.

Ni estos brazos, ni estas piernas logran concentrar un movimiento tan simple y monocorde. Por eso dejamos que el agua nos lleve. Flotamos la mayor parte del tiempo.

Nuestro cuerpo es como un corcho abandonado a los requerimientos sensibles de las aguas.

Nada tan desconocido, tampoco. La vida en tierra también me hacia flotar como una hoja abandonada a los requerimientos de la vida. Sólo que yo la hallo hermosa. Sé que ocurren cosas implacables. Pero la hallo hermosa.

Cuando le digo al viento que deje de soplar, el viento deja de soplar y el mar se aquieta. Entonces nos quedamos flotando a la deriva. Imaginando que somos la cabeza bicéfala del mar, cuyo cuerpo de agua infinita rebosa lejos de nuestros ojos.

Nada -dice mi hermana-
Y nado.
**
Cortesía de Ana Lafferranderie 
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char