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lunes, 22 de abril de 2013

Así


MANUEL BANDEIRA 

(Manuel Carneiro de Souza Bandeira Filho) 
(Recife, 1886-Río de Janeiro, Brasil, 1968)

EL ÚLTIMO POEMA

Así querría yo mi último poema.
Que fuese tierno diciendo las cosas más simples
y menos intencionadas,
que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas,
que tuviese la belleza de las flores casi sin perfume,
la pureza de la llama en que se consumen
los diamantes más límpidos,
la pasión de los suicidas que se matan sin explicaciones.

Traducción de José María Valverde.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Era hermoso, áspero, intratable


Otro poema de MANUEL BANDEIRA 
(Manuel Carneiro de Souza Bandeira Filho) 
(Recife, 1886-Río de Janeiro, Brasil, 1968)

EL CACTUS

Aquel cactus recordaba los gestos desesperados de las estatuas:
Laocoonte atacado por las serpientes,
Ugolino y los hijos hambrientos.
Evocaba también el nordeste seco, cañaverales, caatingas...
Era enorme, incluso para esta tierra de fertilidad excepcional.
Un día un tifón furibundo lo arrancó de raíz.
El cactus cayó atravesado en la calle,
rompió los aleros de las casas vecinas,
bloqueó el tránsito de tranvías, automóviles, carretas.
Cortó los cables eléctricos y durante veinticuatro horas dejó a la ciudad sin iluminación ni energía.
-Era hermoso, áspero, intratable.-
**
Traducción de Aníbal Cristobo

sábado, 2 de abril de 2011

Beso poco, hablo aún menos

De archivo

MANUEL BANDEIRA

(Manuel Carneiro de Souza Bandeira Filho)
(Recife, 1886-Río de Janeiro, Brasil, 1968)


Arte de Amar

Si quieres sentir la felicidad de amar, olvida tu alma. El alma es la que arruina el amor. Sólo en Dios ella puede encontrar satisfacción. No en otra alma. Sólo en Dios –o fuera del mundo. Las almas son incomunicables. Deja a tu cuerpo entenderse con otro cuerpo. Porque los cuerpos se entienden, pero las almas no.
***
MI GRAN TERNURA

Mi gran ternura
Por los pajaritos muertos,
Por las pequeñas arañas.

Mi gran ternura
Por las mujeres que fueron niñas bonitas
Y pararon siendo mujeres feas.
Por las mujeres que fueron deseables
Y dejaron de serlo.
Por las mujeres que me amaron
Y que no pude amar.

Mi gran ternura
Por los poemas que
No conseguí realizar.

Mi gran ternura
Por las amadas que
Envejecieron sin maldad.

Mi gran ternura
Por las gotas de llovizna que
Son el único adorno
De un túmulo.

Traducción Manuel Díaz Martínez
***
NUEVA POÉTICA

Voy a lanzar la teoría del poeta sórdido.
Poeta sórdido:
Aquel en cuya poesía hay una marca sucia de la vida.
Va un sujeto,
Sale un sujeto de casa con la ropa blanca bien planchada, y en la primera esquina
/pasa un camión, le salpica el paltó y el pantalón
/de una mancha de barro:

Es la vida.

El poema debe ser como la mancha en la ropa:
Hacer que el lector se entregue a la desesperación.

Sé que la poesía es también llovizna.
Mas ésta baña a las niñas, las estrellas alfas, las vírgenes ciento por ciento y
/las amadas que envejecerán sin maldad.

Traducción: José Carlos De Nóbrega
***
NEOLOGISMO

Beso poco, hablo aún menos.
Mas invento palabras
Que traducen la ternura más honda
Y más cotidiana.

Inventé, por ejemplo, el verbo teadorar.
Intransitivo.
Teadoro, Teodora.

Traducción: José Carlos De Nóbrega
***
POEMA DEL MÁS TRISTE MAYO

Mis amigos, mis enemigos,
Sepan todos que el viejo bardo
Está ahora, entre mil peligros,
Comiendo, en vez de rosas, cardo.

¡Se acabó la edad de las rosas!
De las rosas, de los lirios, de los nardos
Y otras especies olorosas:
Es llegado el tiempo de los cardos.

Y pasada la sazón de las rosas,
Todo es vil, todo es zafio, arduo.
En las largas horas dolorosas
Hincan hondo las púas del cardo.

Las nostalgias no me consuelan.
Antes me hieren como dardos.
Las compañías me desuelan
Y los versos que me vienen, vienen tardos.

Mis amigos, mis enemigos,
Sepan todos que el viejo bardo
Está ahora, entre mil peligros,
Comiendo, en vez de rosas, cardo.
***
DESENCANTO

Yo hago versos como quien llora
De desaliento… de desencanto…
Cierra mi libro, si por ahora
No tienes motivo alguno de llanto.

Mi verso es sangre. Voluptuosidad ardiente
Tristeza esparcida… remordimiento vano…
Me duele en las venas. Amargo y caliente
Cae, gota a gota, del corazón.

Y en estos versos de angustia ronca
Así de los labios la vida corre,
Dejando un acre sabor en la boca.

–Yo hago versos como quien muere.

Traducción de Helga Maria Saboia Becerra
***
NIÑOS CARBONEROS

Los niños carboneros
Pasan camino a la ciudad.
–¡Eh, carbonero!
Y van golpeando a los animales con un látigo enorme.

Los burros son muy flacos y viejos.
Cada uno carga seis sacos de carbón de leña.
La arpillera está toda remendada.
Los carbones caen.

(Hacia el anochecer viene una viejecita que los recoge, inclinándose con un gemido)

–¡Eh, carbonero!
Nada más que estas criaturas raquíticas
Van bien con estos burros derrengados.
La madrugada ingenua parece hecha para ellos...
¡Pequeñísima, ingenua miseria!
¡Adorables carboneritos que trabajáis como jugando!

–¡Eh, carbonero!

¡Cuando vuelven, vienen mordiendo un pan sucio de carbón,
Trepados en los animales,
Apostando carreras,
Bailando, bamboleándose en los arneses como espantapájaros desamparados!
***
EL ÚLTIMO POEMA


Así querría yo mi último poema:
que fuese tierno diciendo las cosas más sencillas y menos intencionales,
que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas,
que tuviese la belleza de las flores casi sin perfume,
la pureza de la llama en que se consumen los diamantes más límpidos,
la pasión de los suicidas que se matan sin explicación.


Traducción de José María Valverde.
***
Imagen: Ramon Muniz
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char