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domingo, 13 de abril de 2014

Para vino, un dólar. Para un aforismo se requieren dos

Tomas Venclova

(Lituania, 1937)

La baigneuse* 

Quién sabe si fue vida o no fue vida,
pero me ilumina en la estrecha orilla
un reflejo bruñido de agua hendida,
una barca, un romo arado, labra el canal
y yace la ciudad, desde los puentes
hasta las techumbres goteantes
como un fruto partido en dos

sobre el cristal fangoso. Frescas encrespaduras
(mejor diría silencio) baten con terquedad
la orilla. Una ola arrolla un anónimo jirón
de laguna. Celestes telas cortan sesgadamente
ladrillos mohecidos. Oscurece el color,
y está Guardi en la retina, espetado por el viento.

Calli, campi, campielli. Una piedra atezada,
en las arcadas, un húmedo carácter lagunar,
cielos de rancios siglos. Una Clío cegada
no percibió estos muros, ajados por los limos,
agua alta y gravedad terrestre. Los cimientos
se hunden sin apremio en el quieto elemento

y la ciudad vadea el espacio. Sube hasta las calles
de fachadas de mármol, con vahos de podredumbre
y malolientes légamos, una cálida espuma de mar,
y en lo alto, donde apenas alcanza la mirada,
un león blanco con el más sabio de los libros,
henchido de compasión por los muertos y los vivos,

mas la revelación le es confiada a él, y no a nosotros,
aquélla a la que obedece la duración del tiempo
y de todas las formas, del ángel al trilobites,
y la concha incrustada y ahusada en el frontón,
y la isla, donde la hierba recubrió los huesos
en espera de la mañana sin alba del Señor.

El siroco raspa los resquicios de los muros. Oculta
el rostro tras una máscara (un rostro que no es), arroja
la acritud oscura de la cúpula y el cobre de las veletas.
Nada la ciudad en el fondo primigenio, donde reina
una fauna acuórea y viscosa:
rayas, platijas, ascidiáceos, frutti di mare.

Una copa de vino, al anochecer, en la taberna.
Más allá de la plaza, el monocromo e inclemente
abismo, que resiste en las tinieblas de los párpados,
arca nupcial, templo anguloso; las campanadas
sobrecogen la cúpula, y la mano asida a otra mano,
tensa, es capaz de aniquilar al dolor y al tiempo.

* Se refiere a la ciudad de Venecia (nota del autor). 
***
Hommage to Shqipëria [1]

Aprecia ese cielo desplomadizo del anfiteatro.
El semicírculo rocoso y los rayos como pausas
en el monólogo. La escena poco menos que ideal.
Nos hace señas el parásito de la más celebrada
comedia de Plauto. Una vez estuvo aquí Epidamnos,
en este pobre país, tan realista ahora.

Lo que queda: papel de estraza en la palma de la mano
con el perfil de un monte y dos palabras: pesë lekë [2]
y una locomotora negra que existe sólo, al parecer,
en los billetes de banco. Luego ventanas huecas y podridas,
paja en las pestañas del camino y la sombra de un búnquer
junto a la giba parda y deslucida de un asno.

En la hondonada donde flamea el Flegetonte
rompen el espejo lampiños oteros armados.
Europa, digámoslo así, es un sistema solar
(oscilaciones de planetas, eco de conjunción de esferas)
y este país, aun siendo ardiente, resulta ser Plutón,
refugiado en la brecha y el silencio.

Se está bien aquí, donde yo no estoy. Me aferro una vez más
a esta sentencia. Los granados no han madurado
y se han malogrado las milgranas. He sobrevivido
a tres dictadores y a otros tres vi a prudente distancia
en el exilio. Pero el que medra aquí es digno
de seis o siete como él. Parece haber dado portazos

acá y acullá. Crujen los cristales bajo los pies.
Las huellas de metralla son como iris pútridos
en calaveras de marcianos. La malla del refugio
se clava en la caliza para que las generaciones del futuro
recuerden que esto nunca será paraíso o purgatorio,
ni aire, ni agua, pero sí, al menos, será fuego.

A la hora del ocaso, al olfato remilgado llegarán
indolentes efluvios de basura, heces, rakia [3] y ratas.

La constelación crepita bajo un hilo de ceniza.
¡Cómo susurran las muertas y blancuzcas hojas del acanto!
¡Cómo atrae el vacío! Pide prestado el peso
de los cuerpos y madura quedamente en el espacio.

Sobre el árido mármol se pudren cáscaras de fruta
y se dibuja el perfil del viejo cómico
en el humo del tabaco. Escucho en sueños:
“Donde hubo rebalse es donde insiste el panta rhei:
y nadie sabe, ni siquiera Dios, lo que conviene.
Para vino, un dólar. Para un aforismo se requieren dos”.

[1] Composición dedicada a Albania, el más pobre y aislado de los estados poscomunistas. La ciudad de Durrës (Epidamnos), que conserva los restos de un anfiteatro romano, es el lugar donde se desarrolla la acción de la comediaMenaechmi (‘Los gemelos’) de Plauto. Uno de sus protagonistas, llamado Peniculus (en la traducción lituana, Šepetis), aparece en la primera estrofa del poema, y en la última se parafrasea a Heráclito y Sócrates (nota del autor)
[2] En albanés, ‘cinco leks’. El lek es la unidad monetaria de Albania (nota de los traductores)
[3] Aguardiente característico de los Balcanes (nota de los traductores).


Traducción del lituano de Pietro U. Dini y Albert Lázaro-Tinaut
Tomados de impedimentatransit.blogspot.com.ar

martes, 1 de octubre de 2013

No hay mañana nunca, mi vigilante oscuro

DAIVA ČEPAUSKAITĖ 
Tomada dewww.olifante.com/festival2006/cepa

(Marijampole; Lituania, 1967)


No hay mañana después de la noche, digo, no hay,
puedes mirar con los ojos entornados por mucho tiempo,
se departe desde blando cuerpo del cielo
solamente seis chinches llenos de aire.

Solamente seis estrellas reptan a la constelación,
y qué –si eso no significa nada.
Alguien pone un nombre bonito para esta colmena
y sólo justifica un pensamiento claro

–no hay mañana. Y todos los vagabundos roncan
soñando una ceja fina de una mujer.
No hay mañana nunca, mi vigilante oscuro,
solamente amanece. Pero eso tampoco puede ser.
***
QUIERO DECIR

Quiero decir –amo,
pero me da vergüenza,
alguien puede reírse,
por eso digo –odio.
Quiero decir –odio,
pero no tengo enemigos,
por eso digo –salud.
Quiero decir –hola,
pero puede sonar demasiado fuerte,
por eso pretendo no había visto.
Quiero decir –adiós,
pero me temo que regresaré,
por eso no digo nada.
Quiero decir –nada,
pero será demasiado sereno,
por eso digo –llueve.
Quiero decir –frío
pero puede ser que no me oigas,
por eso me pongo más ropa.
Quiero decir –me voy,
pero no hay nadie cerca,
por eso simplemente voy.
Quiero decir –un gorrión,
pero puede ser mal interpretado,
por eso digo –la piedra.
Quiero decir –duele,
pero eso ya lo decía antes,
por eso aprieto los dientes.
Quiero decir –apesta,
pero no es bonito,
por eso no respiro.
Quiero decir –al diablo todo,
pero eso es obvio,
por eso digo –¿quieres sopa?
Quiero decir –por qué,
pero nadie responde
a las preguntas tontas,
por eso digo –nada, nada.
Quiero decir –bonito,
pero por el gusto no discuten,
por eso digo –ayer.
Quiero decir, pero no digo,
porque no puedo, y cuando puedo –no quiero.
Quiero decir –deseo,
pero los deseos no siempre se hacen realidad,
por eso digo –caramelo
o simple alguna tontería.
Quiero decir –bueno
pero en estos casos no dicen nada,
por eso digo –buen tiempo.
Quiero decir –no hay caso,
pero no hay caso y simplemente así
no se dice nada.
***
CÓMO ALCANZAR EL PARAÍSO

Debes tener coraje
para escribir un poema,
debes tener coraje
para no escribir un poema,
debes decir hola
y adiós
debes tomar vitaminas
debes respetar a todas las personas
y amar solamente a una
da igual si se lo merece o no,
debes sufrir en silencio
y permanecer pacientemente callado,
permanecer callado cuando alguien habla
y hablar cuando toda la gente calla,
debes arrojar la basura fuera,
regar las flores,
pagar el gas y el agua,
los errores y los aciertos,
debes entregar el corazón
por un ojo y un ojo
por los dientes,
no debes pedir nada
aunque lo desees todo,
y exigirlo todo
aunque no desees nada,
debes dormir cuando toca
y fijar las horas,
encontrar dos zapatos para el pie izquierdo
porque los otros dos son del derecho,
no esperar que alguien regrese
o deje de regresar
sólo porque alguien está esperando,
debes mirar el cielo
porque él nunca te mirará,
debes morir porque es lo que toca,
aunque no lo merezcas,
debes escribir un poema
nacido del miedo
entre un sí y un no,
que hable del porqué,
del para qué,
para ser agradecido
aun cuando
no se lo merezca.

(Trad. Theresa Grinberg)
Cortesía de Jonio González.

domingo, 3 de febrero de 2013

Yo era feliz con mi arco

Otros poemas de CZESLAW MILOSZ 
(Steiniai, Lituania, 1911-Cracovia, Polonia, 2004)


Significado
–Cuando muera, voy a ver el revés del mundo.
El otro lado, más allá de pájaro, montaña, puesta de sol.
El significado verdadero, listo para ser descifrado.
Lo que nunca sumó va a sumar,
Lo que fue incomprensible será comprendido.
–¿Y si no hay revés del mundo?
¿Si un zorzal en la rama no es un signo,
Sino sólo un zorzal en la rama? ¿Si noche y día
No tienen sentido persiguiéndose
Y no hay nada en esta tierra excepto esta tierra?
–Aunque así sea, permanecerá
Una palabra despertada por labios que perecen,
Un mensajero incansable que corre y corre
A través de campos interestelares, de galaxias vertiginosas.
Y llama, protesta, grita.

Versiones de Carmen Iriondo y Rafael Felipe Oteriño
***
El rey Popiel

Según la leyenda, el rey Popiel fue devorado por los ratones en su isla a la mitad de un gran lago.
Ciertamente sus crímenes no fueron como
Los nuestros. En torno había piraguas
De madera de tilo y algunas pieles de castor.
Su reino eran las ciénagas donde al mugir el alce
Su grito resonaba
En la luna de ácidas escarchas
Y los linces trepaban en primavera
A los timones secos de las lanchas.
Su empalizada, su fuerte de madera y la torre
erigida
Por las aletas de los dioses nocturnos,
podía verlas
Más allá de las aguas el cazador furtivo
Que no osaba apartar las ramas con su arco.
Hasta que alguno de ellos volvió con la noticia:
El viento hizo encallar entre los juncos
La embarcación desierta.
Los ratones se habían comido al rey.
Más tarde obtuvo
La corona incrustada de diamantes.
Galileo, Newton, Einstein
Le heredaron mares y tierras
Al rey desvanecido para siempre
Que guardó en su tesoro
Barras de bronce, tres monedas góticas.
Popiel que se marchó quién sabe adónde
Con sus mujeres y sus hijos.
Así, por muchos siglos, en su trono
Podrá afilar su jabalina con un cuchillo.

Traducción de José Emilio Pacheco
***
A un avellano 

No me reconoces, pero soy yo, a pesar de todo,
El que solía hacer sus arcos cortando tus ramas pardas,
Tan directos y tan rápidos en su carrera al sol.
Has crecido, tu sombra es enorme, lanzas brotes nuevos.
Es una pena no ser más un niño.
Ahora cortaría para mí sólo una vara, ya que, como ves, camino con bastón.
Amé tu corteza marrón con su tinte blancuzco, el verdadero color de la avellana.
Me alegra que algunos robles y fresnos hayan sobrevivido.
Pero me regocija verte, mágico como siempre, con las perlas de tus nueces,
Con generaciones de ardillas que han danzado en ti.
Esto es una suerte de meditación heracliteana: estoy de pie aquí
Recordando mi pasado y mi vida tal como era, pero también como podría ser.
Nada perdura, pero todo perdura: una gran estabilidad.
Y trato de encontrar mi destino en ella.
Que, en verdad, no he querido aceptar.
Yo era feliz con mi arco, acechando al borde de un cuento de hadas.
Lo que me sucedió más tarde no merece más que encogerse de hombros;
Es sólo biografía, por lo tanto, ficción.


POSTSCRIPTUM
Biografía o ficción o un largo sueño.
Capas de nubes blancas en un fragmento de cielo entre el esplendor de los abedules.
Un viñedo, amarillo y oxidado en el atardecer próximo.
Por un breve tiempo fui un sirviente y un vagabundo.
Liberado, vuelvo por un camino nunca transitado.
Versiones de Carmen Iriondo y Rafael Felipe Oteriño

***
Una tarea

Con miedo y temblores creo que justificaría mi vida
Sólo si me obligara a hacer una confesión pública
Para revelar mi vergüenza y la vergüenza de mi época:
Nos permitieron aullar en la lengua de los enanos y los
demonios,
Pero las palabras puras y generosas quedaron prohibidas
Bajo una pena tan severa que si alguien se atrevió
a pronunciar alguna de ellas
puede considerarse hombre perdido.
***
Prueba

Sin embargo, probaste las llamas del infierno.
Incluso puedes decir cómo son: reales,
Terminadas en ganchos agudos que desgarran
la carne
Pedazo por pedazo hasta llegar al hueso.
Caminaste por la calle y allí estaban: el látigo
y el derramamiento de sangre.
Recuerda por lo tanto que no hay duda:
ciertamente existe el infierno.

Traducciones de José Emilio Pacheco

jueves, 27 de octubre de 2011

Cantan porque el silencio de sus almas les da miedo

LUBICZ MILOSZ

Oscar Wladislas de Lubicz Milosz
(Lituania, 1877-Francia, 1939)

«Soy un poeta hermético, metafísico y religioso»
De www.elpais.com
Por Rafael Conte (11/07/1981)

«En cierto modo, el Premio Nobel me molesta. Yo soy un poeta hermético y ahora mis libros llegan a gente que no sé si me comprende.» Czeslaw Milosz, este hermético poeta polaco, último Nobel de Literatura, ha llegado a Madrid en un viaje discreto y silencioso, sin apenas repercusión pública. Estaba de vacaciones en Córcega, tras su reciente viaje a Polonia, y ha pasado por España antes de regresar a Estados Unidos. No ha sido un viaje oficial, como el de Odisseas Elytis, ni siquiera municipal, como el de Graham Greene. A Milosz le molestan las multitudes, los actos oficiales, y no desea excesiva publicidad. Confiesa, de entrada, la influencia que tuvo en su formación literaria el otro Milosz, el poeta lituano en francés que falleció en 1939: «Era mi primo, y me ayudó mucho en mis comienzos literarios.» El otro Milosz, Oscar Vladislav de Lubiez Milosz, fue diplomático lituano entre las dos guerras, poeta simbolista, místico y visionario en francés, y está enterrado en Fontainebleau. En esta localidad francesa hay una plaza que lleva su nombre, y en un restaurante hay un plato denominado salmón a la Milosz, que recuerda al autor de Ars Magna, Los arcanos, La iniciación amorosa o el misterio teatral Miguel de Mañara. Czeslaw Milosz lee poca literatura contemporánea. Prefiere a los clásicos, y, sobre todo, a los poetas. Conoce poco la literatura española o la latinoamericana: «No me gusta García Márquez. Y me gusta mucho Borges, pero como poeta». Lamento no poder apreciar demasiado la obra de Juan Ramón Jiménez, a quien, sin embargo, conoce: «Mis dificultades con su lenguaje me impiden conocerlo como quisiera, pero me gusta, a pesar de todo».
«A Neruda te conocí personalmente. Ya antes de la guerra colaboré en la traducción de algunos de sus poemas, de sus Odas elementales, y recuerdo que después de la contienda nos reuníamos en París con Louis Aragon y Paul Éluard. Yo era entonces agregado cultural en la Embajada de Polonia en París. Después, cuando rompí con el régimen polaco y me exilié, Neruda escribió cosas insultantes sobre mí. Muchos años después me lo encontré en un congreso, en 1967, y le pregunté por qué había dicho aquellas cosas de mí. 'Perdone, Milosz, me dijo, todo ha sido culpa mía'. Pero toda la literatura de Neruda, su retórica llena de palabras, me cae muy lejana.»

«No me siento en absoluto un escritor exiliado», señala Milosz, quien, sin embargo, ha pasado treinta años lejos de su país. «Pero siempre me he sentido dentro de mi país, y he hablado en polaco de temas de un polaco, y siempre he tenido un público en Polonia.» Piensa que sus libros se pueden leer, sobre todo, en su propia lengua, y, a veces, en las traducciones inglesas, y que en Francia sus libros no han tenido demasiado éxito. «En realidad no necesitaba el premio Nobel. Siempre he tenido mi público, y ahora tengo que defenderme de la celebridad. El premio ha cambiado mi vida, pero tengo que luchar contra ese cambio.» En la actualidad, trabaja en una traducción de la Biblia al polaco.

«Soy un poeta hermético, metafísico y religioso.» Y esas mismas características lo defienden de la celebridad, que para los poetas de este tipo es más bien escasa. Vuelve a contar que a su paso por París buscó algún libro de Vicente Aleixandre y no lo encontró. ¿Es la literatura polaca una literatura marginal, con cuatro premios Nobel de literatura? Después de Reymont, Sienkiewicz y Milosz, ¿quién es el cuarto? Isaac Bashevis Singer, el judío polaco nacionalizado norteamericano que escribe en yiddish. «Sí, Singer también es un escritor polaco, por lo que cuenta y cómo lo cuenta. Prefiero sus relatos, que son muy divertidos, a sus grandes novelas, que son una repetición de la gran narrativa polaca del siglo pasado.» Y, por último, confiesa su admiración por otro compatriota, Witold Gombrovicz: «Al principio, la gente no lo entendía; pero cuando lo comprendieron, el entusiasmo fue desbordante».
***
DESPERTAR

En un país de infancia recuperada entre lagrimas,
en una ciudad con latidos de corazones muertos
(todo un arrullador zurco de latidos de vuelo,
de latidos de alas de los pájaros de la muerte;
de chapaleos de alas negras sobre el agua de
muerte),
en un pasado fuera del tiempo, enfermo de
arrobamiento,
los gratos ojos dolidos del amor arden todavía
con un fuego manso de mineral rojizo, con un
triste encanto,
en un país de infancia recuperada entre
lágrimas...
Sin embargo, el día llueve sobre el vacío
absoluto.

¿Por que me has sonreído en la gastada luz,
y por qué y cómo me has reconocido,
extraña muchachita de arcangélicos párpados,
de reidores, azulados, suspirantes párpados,
hiedra de noche estival sobre la luna de las piedras?
¿Y por qué y cómo, no habiendo jamás entrevisto
ni mi rostro ni mi duelo, ni la miseria
de los días, me has reconocido tan de pronto,
cálida, musical, brumosa, pálida, amada?
¿Por quién morir en la noche inmensa de tus
párpados?
Sin embargo, el día llueve sobre el vacío
absoluto.
¿Qué palabras, qué músicas terriblemente caducas
se estremecen en mí con tu presencia irreal,
sombría paloma de los días lejanos, tibia, bella?
¿Qué músicas en eso se estremecen durante el
sueño?
¿Bajo cuáles frondas de soledumbre antiquísima,
en qué silencio, en qué melodía o en qué
voz de niño enfermo volver a encontrarte,
oh bella,
oh casta, oh música escuchada en el sueño?
Sin embargo, el día llueve sobre el vacío
absoluto.

Versión de Lyzandro Z. D. Galtie
***
Los muertos están ebrios...

Todos los muertos se emborrachan con la vieja y fría lluvia
En el extraño cementerio de Lofoten
El reloj del deshielo hace tic tac en la lontananza
Hasta el corazón de los pobres ataúdes de Lofoten
Y gracias a los agujeros abiertos por la negra primavera
Los cuervos se ceban con fría carne humana
Y gracias al tenue sonido de la voz de un niño
El sueño es dulce para los muertos en Lofoten
Probablemente no veré jamás
Ni el mar, ni las tumbas de Lofoten
Y sin embargo están en mí, como nunca,
Este lejano rincón de tierra y todas sus penas
Vosotros desaparecidos, vosotros suicidas, vosotros lejanos
al extraño cementerio de Lofoten
–El nombre resuena en mis oídos– tan lejano, tan dulce.
Dime, en verdad: ¿duermes, duermes?
Podrías contarme cosas mucho más divertidas
Mirífica claridad, de la que mi copita de plata esté llena
De las historias más encantadoras y menos locas
Déjame tranquilo con tu Lofoten
Hace buen tiempo. En el fogón dulcemente se pasa
La voz del más melancólico entre los meses
¡Ah! Los muertos, incluso ahí los de Lofoten
Los muertos, en el fondo los muertos están menos muertos que yo

© Copyright de la traducción: Burkhard y Sergio Fritz Roa
***
El viejo día

El viejo día sin meta quiere que vivamos
Y que lloremos y nos empapemos con su lluvia y su viento.
¿Por qué no quiere dormir siempre en el albergue de las noches
El día que amenaza las horas con su palo de mendigo?

Tibia es la luz en los dormitorios del hospital de la vida;
Queridos pensamientos forman el paciente blancor de los muros.
Y la piedad que ve que la dicha se aburre
Hace nevar el cielo vacío sobre los pobres pájaros heridos.

No despiertes la lámpara, el crepúsculo es nuestro amigo,
Nunca viene sin traernos un poco de buen viejo tiempo.
Si lo echases de nuestra habitación, la lluvia y el viento
Se burlarían de su triste manto gris.

Por cierto, ah, si existe dulzura aquí abajo
Sólo puede estar en los viejos cementerios graves y buenos
Donde ya no dice sí la debilidad, donde el orgullo ya no dice no,
Donde la esperanza no atormenta más a los hombres cansados.

Por cierto, ah, allá, bajo las cruces, cerca del mar indiferente
Que sólo piensa en el tiempo pasado, los que buscan
Hallarán por fin sus almas de sonrisas ansiosas por la espera
Y los seguros consuelos de las noches mejores.

Echa al fuego este alcohol, cierra bien la puerta,
Hay en mi pecho seres abandonados que tiritan de frío.
Se diría realmente que toda la música está muerta
Y las horas son tan largas.

No, no quiero verte más como mi amiga:
Sólo debes ser algo, créeme, sumamente grato,
Humo en el techo de una choza, en el ocaso:
Tienes el rostro de la buena jornada de tu vida.

Posa tu dulce cabeza otoñal en mis rodillas, cuéntame
Que hay un gran navío, muy solo, muy solo, mar adentro;
No olvides decirme que sus luces tienen frío
Y que sus ropajes de tela le dan risa al invierno.

Háblame de los amigos muertos desde hace largo tiempo.
Duermen en tumbas que no veremos nunca jamás,
Allá muy lejos, en un país color de silencio y de tiempo.
Si volviesen, ¡cómo sabríamos amarlos!

En la taverna junto al río hay viejos huérfanos
Que cantan porque el silencio de sus almas les da miedo.
De pie en el umbral de oro de la casa de las horas
La sombra hace el signo de la cruz sobre el vino y el pan.

Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán

***
Sinfonía de noviembre

Será igual que en esta vida. La misma habitación
—Sí, mi niña, la misma. Al alba, el pájaro de los tiempos en la enramada
Pálida como una muerta: entonces las sirvientas se levantan
Y se oye el ruido helado y hueco de los cubos

En la fuente. ¡Oh terrible, terrible juventud! ¡Corazón vacío!
Será igual que en esta vida. Estarán
Las voces pobres, las voces de invierno de los viejos suburbios,
El vidriero con su canción alternada,

La abuela encorvada que bajo la cofia sucia
Vocea nombres de pescados, el hombre del delantal azul
Que escupe en su mano gastada por la vara del carro
Y grita no se sabe qué, como el Angel del juicio.

Será igual que en esta vida. La misma mesa,
La Biblia, Goethe, la tinta y su olor a tiempo,
El papel, mujer blanca que lee los pensamientos,
La pluma, el retrato. ¡Oh mi niña, mi niña!

¡Será igual que en esta vida! El mismo jardín,
Profundo, profundo, frondoso, obscuro. Y hacia el mediodía
Habrá quienes se alegrarán de estar allí reunidos,
Gentes que no se conocían y que saben

Unos de otros sólo esto: que tendrán que vestirse
Como para una fiesta e ir en la noche
De los desaparecidos, muy solos, sin amor y sin lámparas.
Será igual que en esta vida. La misma senda:

Y (en la tarde de otoño), en un recodo de la senda,
Allí donde el hermoso camino con cautela desciende, como la mujer
Que va a cortar las flores de la convalescencia —oye, niña mía—
Nos volveremos a encontrar como antes aquí;

Y tú has olvidado el color que tenía tu vestido
En cambio yo no conocí más que algunos instantes felices.
Tú estarás vestida de pálido violeta, hermosa pena.
Y las flores de tu sombrero serán pequeñas y tristes

Y no sabré su nombre: porque en la vida conocí sólo
El nombre de una flor triste y pequeña, el nomeolvides,
Viejo durmiente del valle del país del escondite, huérfana
Flor. Sí, sí, ¡corazón profundo!, igual que en esta vida.

Y el sendero obscuro estará allí, húmedo
De un eco de cascadas. Y yo te hablaré
De la ciudad sobre el agua y del Rabí de Bacará
Y de las noches de Florencia. Estará también

El muro bajo y derruido donde dormitaba el olor
De las viejas, viejas lluvias, y una hierba leprosa,
Fría y compacta dejará caer allí sus flores huecas
En el arroyo mudo.

Traducción de Miguel Ángel Frontán
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char