Liliana Ponce
(Buenos Aires, Argentina, 1950)
“Yo aspiro que el poema sea algo en sí mismo, no sea la expresión de una emoción. No escribir sobre algo, escribir eso.”
**
Fragmento del prólogo de Carlos Battilana a “Paseante y huésped” de Liliana Ponce//Club Hem Editores 2016
"Materia y poesía. Liliana Ponce articula un fraseo que reconoce los dones del lirismo sin ninguna estridencia confesional y sin tonos altos. Sus poemas agradecen la materia y reconocen la existencia como un bien; asumen el misterio de la vida, su íntimo secreto, en términos de bienestar e incertidumbre. La pequeña felicidad con la que una persona puede reconocer el mundo (los olores, los colores, los sonidos), en este libro se transfigura en un discurso que nombra seres y objetos como si fueran algo íntimo y ajeno a la vez. Cercanía y extrañeza de las cosas producen confianza e inquietud, simultáneamente. El paseo, la hospitalidad: vertientes poéticas que promueven en la percepción del mundo formas inesperadas del amor."
**
3
Hace un día casi, en auto recorría otro paisaje.
Foránea en planicies de arenisca,
a lo largo de rutas infinitas.
Color de almendra el polvo,
se abre a las serpientes miméticas, sutiles,
que no pueden verse sin prestar atención a lo obvio.
(Es mi anhelo entrar en el corazón de México
–ya bebí sangre de chili,
y gota a gota el agave
entra en mi lengua, se sella en el aliento.)
En el nudo, mi entrada en el secreto:
cómo el cielo comerá al desierto,
lo disolverá en una sola sustancia
sin la convulsión de lo húmedo, lo árido.
La estación de la víbora espera en esta arena,
mi sol despojado, sol rayo
para un espacio esculpido a fuego.
La luz en anillos cae dorada en sus fauces
y me absorbe.
**
Espiral
—Para considerar el método, su cumplimiento
y el despojado motivo que empieza.
—Para considerar el método, la explicación
que va a llegar al comienzo o al final
—indeseable y a la vez liberador—
el jardín seco,
la estación del caligrama en la arena,
la costa que sigue y sigue,
una cinta que envuelve y separa cada instante
como prisma que gira
y en cada cara un ojo-dios
que será representación de imperio.
Ahora ese punto donde estoy
fermenta la semilla de un comienzo
y es rama que va avanzando en capas
de palabras separadas de los cuerpos
que en vértigo esconden el sentido
—periferia al final porque siempre se encierra y se agota,
enredaderas de la nada en la laca del tiempo o su zumbido
desde el principio incompleto y llama de las causas.
***
Reynaldo Jiménez
(Lima, Perú, 1959)
¿Por qué escribís y por qué escribir?
"No tengo un motivo ni razones, escribo con conciencia e intención de hacerlo desde los trece años pero disfruto de encontrar poesía, para leerla o no, no sé desde cuándo. Y más bien releo y desescribo. Con el tiempo uno deja de estar pendiente de los recursos formales e intenta decir de nuevo eso que ya no es lo mismo: la salvedad es el matiz. El matiz genera permutaciones, fibras a seguir, las que van enhebrando algo así como un paisaje de conjunto. Escribir sería toda la intención."
**
Fragmento del prólogo de Mario Arteca a “Piezas del tonto” de Reynaldo Jiménez, //Club Hem Editores 2016
LAS CAPAS CON LAS QUE SE CONSTRUYE UN SONIDO
“Hay un acontecimiento que siempre sucede y sorprende en la poesía de Reynaldo Jiménez, y esa es su capacidad de poner el sonido, el ruido de la lengua, en favor de una lírica que bien pudiera ser oral. Cuando se lee un libro de Reynaldo se lo escucha, después se lo cubre con los ojos. Ya vendrán los tiempos en los que exista un dispositivo en el cual mientras leemos un libro, iremos oyendo la voz del poeta. Bien, en “Piezas del tonto” eso ya es un hecho sin echar mano a la tecnología.
“Moviéndote hablando esas cosas / Que no hay más cosa sin decirlas”, dice un segmento de estas piezas, donde el personaje del tonto es la reserva de un ciclo de incomprensión y a la vez visibilidad del lenguaje. El tonto del pueblo habla desde un sitio donde el decir común choca con un léxico que necesita ser traducido. Y para eso está la poesía.”
**
vivo la nuca como
en el yunque y sin
embargo nadie versa
esta emanación desde
la corola del corazón
en su coraza hasta
demarcar la situación
desdibujarla
remojar las barbas
en lagunas nonatas
los sapos
puntiformándose
los zumbares
consumando una cresta de atención
que se deslíe por roer el error
errar por la casa de plancton
al segundo dejar de soñarse
abrir el ojo
bajo amparo de los cuarzos
guijarros
desmoronándose
en un solo punto
adonde correr la propia
sombra enrarecerla
de otro destino arrancarse
el calamar de la glotis
perforar este tino y las tinajas
que se esconden
de la linfa que atraviesa
la memoria
y desde
las cilias
de Ninfa
los rayos
tan ella
sola
respira
sin dar
gracias
al misterioso
volumen
al supurado
temblor
mientras no ciegues el bosque
entre túneles que te tratan de tú
el desfile enmascarado
resbaladizos frisos
fríos como el alga sin destino
de los dedos de luzbeles
sangran contra el cristal
serán estrellas
un día olvidadas
prometidas del harén
de los silencios
toco tiempo
entre las hojas
por el estigma
siempre danzan
darte la mano sería
ofrecerte al insecto
incrustarte
en el diamante
como un gigante
facetado que sonriera
sin dejar de mirarte
ahí en tu acuario
de gira
y en la nuca muertos
sus voces deliran por ser
pero
el secuestro transparente
brota
de las partes
pone
frente a
Ninfa y ella
infame muerde el bosque
***
Créditos fotos: sin datos
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miércoles, 21 de septiembre de 2016
martes, 19 de julio de 2016
Que cierren la ventana nunca abierta
LILIANA PONCE
(Buenos Aires, Argentina, 1950)
Siesta
pedir al iris, a las pestañas húmedas,
que cierren la ventana nunca abierta,
la puerta nunca abierta,
cancelar el cerrojo
la fiebre marca el paso de enero –una esgrima
y el golpe de lejanas varas, martillos,
bajo la luz que entra en olas de fuego
sin equilibrio
de la mano y en el borde de la roca,
dormir en tramos de espacios
que vuelan al techo del cuarto
que equivale al puerto, al umbral
donde empezar a reconocer islas del después
que se escurre y desmenuza
De Fudekara (tsé-tsé, Buenos Aires, 2008).
***
Espiral
—Para considerar el método, su cumplimiento
y el despojado motivo que empieza.
—Para considerar el método, la explicación
que va a llegar al comienzo o al final
—indeseable y a la vez liberador—
el jardín seco,
la estación del caligrama en la arena,
la costa que sigue y sigue,
una cinta que envuelve y separa cada instante
como prisma que gira
y en cada cara un ojo-dios
que será representación de imperio.
Ahora ese punto donde estoy
fermenta la semilla de un comienzo
y es rama que va avanzando en capas
de palabras separadas de los cuerpos
que en vértigo esconden el sentido
—periferia al final porque siempre se encierra y se agota,
enredaderas de la nada en la laca del tiempo o su zumbido
desde el principio incompleto y llama de las causas.
Buenos Aires, 2014 (inédito)
(Buenos Aires, Argentina, 1950)
Siesta
pedir al iris, a las pestañas húmedas,
que cierren la ventana nunca abierta,
la puerta nunca abierta,
cancelar el cerrojo
la fiebre marca el paso de enero –una esgrima
y el golpe de lejanas varas, martillos,
bajo la luz que entra en olas de fuego
sin equilibrio
de la mano y en el borde de la roca,
dormir en tramos de espacios
que vuelan al techo del cuarto
que equivale al puerto, al umbral
donde empezar a reconocer islas del después
que se escurre y desmenuza
De Fudekara (tsé-tsé, Buenos Aires, 2008).
***
Espiral
—Para considerar el método, su cumplimiento
y el despojado motivo que empieza.
—Para considerar el método, la explicación
que va a llegar al comienzo o al final
—indeseable y a la vez liberador—
el jardín seco,
la estación del caligrama en la arena,
la costa que sigue y sigue,
una cinta que envuelve y separa cada instante
como prisma que gira
y en cada cara un ojo-dios
que será representación de imperio.
Ahora ese punto donde estoy
fermenta la semilla de un comienzo
y es rama que va avanzando en capas
de palabras separadas de los cuerpos
que en vértigo esconden el sentido
—periferia al final porque siempre se encierra y se agota,
enredaderas de la nada en la laca del tiempo o su zumbido
desde el principio incompleto y llama de las causas.
Buenos Aires, 2014 (inédito)
viernes, 26 de septiembre de 2014
Escribo para no hablar, para no mirar
Otros poemas de LILIANA PONCE
(Buenos Aires, 1950)
1.
Este gris que se abre, que comienza en el arrobamiento,
escribe el acto de perder en el lugar presente,
como la marca de una sed a la que yo mismo había abandonado.
Pero la llama de dios es tan habitual a la araña, que desaparece.
La llama es dios y se sacia en el propio pensamiento.
No rechazaría esta baba, el único punto, estrangulado entre los restos,
recordando que no sería él el desierto, el menos vacío,
en el extremo,
un amo demente.
La Edad de Oro que expira lanza frío por encima del ojo y recorre con él.
En ningún sentido yo.
–El fuego vuelve al movimiento donde el universal es interior al ser.
Este gris espectral que se abre y llama tardíamente a una liberación,
arranca su verdadera atadura,
no absorbe la parte ciega –por estrechas vías revela la entrega imaginaria,
el poder de la muerte que durmiendo rara vez nos une.
Está en el curso de su cuerpo incluso en ruinas,
ahora tegumentos húmedos, oleosos –al mismo tiempo que el objeto se deshace
puesto en tela de juicio.
(De Trama continua, Corregidor, 1976)
**
Fudekara
Día 12
De la dirección de la fuerza puede inferirse una virtud. Resistir, en otra dirección, permite descubrir la imitación, la parodia. Pero ahora no puede más que permanecer en el centro, considerar la nebulosa del hábito.
No sé agazaparme como animal, o como flor, gradualmente cerrar hojas orgánicas.
Las palabras apoyadas en la garganta, áridas, perdidas, se adelgazan. La mirada esquiva se apresura a no modelar el aire y se evapora.
Escribo cada trazo sin guía. Escribo morosamente.
Día 14
Fantasmas cambian la mano. Tu voz es emocional, demedida. El relato razona en la memoria.
No desmiente la sed, lo fugaz, la bravura del mar, el perfil de los árboles, la sombra de la roca.
Fantasmas cambian los ojos. Amenazan ceñir otro cuerpo a la cabeza.
Tu voz ha creado hilos que crecen en las pupilas.
Escribo. Escribo signos. Escribo muerta. Escribo otra. Escribo para no hablar, para no mirar.
(De Fudekara, 2008)
**
Diario, 18
¿Qué es lo que recomienzo? -la escritura, la escritura que pre-
tende ser una lectura, tamizar con los signos la espesura del mun-
do. Y el mundo siempre se configura para sus fines, y la contem-
plación sólo se desarrolla en analogías.
La escritura como analogía -y no como expresión: construir otra
naturaleza sin moral, sin biomas. Entonces eso: una experiencia
de abstención y una construcción poética que exhiba su desarro-
llo como un símbolo, a la vez vacío de referente, vacío de explica-
ciones, aislado de ideas.
(De Teoría de la voz y el sueño, Buenos Aires, Ediciones Tsetse, 2001)
| Tomada del blog la fragua |
(Buenos Aires, 1950)
1.
Este gris que se abre, que comienza en el arrobamiento,
escribe el acto de perder en el lugar presente,
como la marca de una sed a la que yo mismo había abandonado.
Pero la llama de dios es tan habitual a la araña, que desaparece.
La llama es dios y se sacia en el propio pensamiento.
No rechazaría esta baba, el único punto, estrangulado entre los restos,
recordando que no sería él el desierto, el menos vacío,
en el extremo,
un amo demente.
La Edad de Oro que expira lanza frío por encima del ojo y recorre con él.
En ningún sentido yo.
–El fuego vuelve al movimiento donde el universal es interior al ser.
Este gris espectral que se abre y llama tardíamente a una liberación,
arranca su verdadera atadura,
no absorbe la parte ciega –por estrechas vías revela la entrega imaginaria,
el poder de la muerte que durmiendo rara vez nos une.
Está en el curso de su cuerpo incluso en ruinas,
ahora tegumentos húmedos, oleosos –al mismo tiempo que el objeto se deshace
puesto en tela de juicio.
(De Trama continua, Corregidor, 1976)
**
Fudekara
Día 12
De la dirección de la fuerza puede inferirse una virtud. Resistir, en otra dirección, permite descubrir la imitación, la parodia. Pero ahora no puede más que permanecer en el centro, considerar la nebulosa del hábito.
No sé agazaparme como animal, o como flor, gradualmente cerrar hojas orgánicas.
Las palabras apoyadas en la garganta, áridas, perdidas, se adelgazan. La mirada esquiva se apresura a no modelar el aire y se evapora.
Escribo cada trazo sin guía. Escribo morosamente.
Día 14
Fantasmas cambian la mano. Tu voz es emocional, demedida. El relato razona en la memoria.
No desmiente la sed, lo fugaz, la bravura del mar, el perfil de los árboles, la sombra de la roca.
Fantasmas cambian los ojos. Amenazan ceñir otro cuerpo a la cabeza.
Tu voz ha creado hilos que crecen en las pupilas.
Escribo. Escribo signos. Escribo muerta. Escribo otra. Escribo para no hablar, para no mirar.
(De Fudekara, 2008)
**
Diario, 18
¿Qué es lo que recomienzo? -la escritura, la escritura que pre-
tende ser una lectura, tamizar con los signos la espesura del mun-
do. Y el mundo siempre se configura para sus fines, y la contem-
plación sólo se desarrolla en analogías.
La escritura como analogía -y no como expresión: construir otra
naturaleza sin moral, sin biomas. Entonces eso: una experiencia
de abstención y una construcción poética que exhiba su desarro-
llo como un símbolo, a la vez vacío de referente, vacío de explica-
ciones, aislado de ideas.
(De Teoría de la voz y el sueño, Buenos Aires, Ediciones Tsetse, 2001)
martes, 28 de julio de 2009
Decía: azul encendido
Algunos poemas de LILIANA PONCE
(Buenos Aires, 1950-)
Brillo de lo blanco que encandila (nada ha caído).
Debilitamiento que demuestra que el blanco no engendra.
Otro posibilita todo.
Naturaleza –
(escribo bajo el susurro de una voz que no te ha conocido
huyendo del frío,
riesgo del amanecer, aún desde la aguda negación).
Discontinuo, nunca llamado.
Lugar que ha ocultado el lugar ocupante.
Decía: azul encendido
nada sagrado como ella atravesando la palabra con su cuerpo.
(De Trama continua, Corregidor, 1976)
.......................
Una suave línea de hielo detrás de la barca.
Podría vagar como el cuerpo y la mente,
como la distinción de objetos
saciada en pensamientos nocturnos:
¿mi fragilidad? ¿mi debilidad?
Y andar sobre aquella otra tierra negra, también,
entre trampas de agua y un pie sobre huellas
palpables pero desconocidas,
hasta ver en lo muerto el impulso de la luz,
una fuerza fugitiva hacia el sol o la luna,
un instante impasible opuesto al terror de la conciencia
–vagando el la nave,
antes de que pudiera olvidar,
después que me llevara...
(De Composición, Último Reino, 1984)
................................
ALEGORÍA DE LA MAÑANA
1
Un rayo de luz, Thomas Carew,
Que aún no comience. Ningún rumor,
El silencio de ausentes detalles,
Un aire desgranado.
No hay todavía tiempo –el sueño suspende el cuerpo en sus lazos
Y él se hunde en el resto de la noche.
El beso áspero e indiferente
vendrá con su con su látigo en el galope de la locura
tan imaginaria como la razón que dice regir,
mientras ella, la anunciadora de la fuerza,
aparece bajo pliegues que crujen suavemente.
Cautela en la hora del pájaro.
Entra también el ángel llevando su cuchillo
y corta en el cuerpo sin sangre
–transforma al doble en el doble de sí.
Un rayo de luz, Thomas Carew.
2
¿Y ese resplandor no está también en la ruina
y la ruina de la memoria atravesada por infinitos deseos de olvido y su negación
–hundir la mirada y alimentar otros sentidos en el espejismo del miedo?
Atrás el viajero bordea las orillas de una tierra cercana vista en otro tiempo
–tanto hecho en lasombra y urdido en la sombra donde prueba la exaltación y la duda.
La servidumbre de la mente es una ley amarga.
El cuerpo es un Leteo ávido de tacto.
3
Suena la hora de la adormidera.
¿Vendrá sobre esta única mañana que, como un alba menor,
asesta dardos de neblina?
Y suenan las seis.
Es la hora de la dormidera,
meciéndome –lo fecundo es sereno, está oculto,
la tierra húmeda, silenciosa.
(De Teoría de la voz y el sueño)
****
UN sueño difícil de seguir
-la noche turbulenta tiene
eléctrico resplandor,
punzantes rayos caen sobre el vidrio
del ventanal.
Entraba en mi cuerpo
y de mi cuerpo iba a otro
-serpiente de lengua bífida.
Después de abrirme en los ojos abiertos,
en la sed flotante,
entraba en mi cuerpo
como la materia irreal
y otra vez torpe, perezosa,
tener más sed de olvido
y quietud.
Mi día vaga por la noche
como la casa-palacio
de un rey extinto.
Quiero salir, partir de la trampa.
.........................
2
Dicen que su mirada es contagiosa
-simulacro de idea-,
que cambia la herida por la sangre
y en harapos la ropa, al modo
de lo que lejos es efecto, golpe.
Rompe las ramas.
De hojas de nogal, la forma
ondulada cambia,
las de punta de flecha
por la de árboles de azahar
-la humedad de la flor
como aceite fluye
para extenderse al tacto.
Instrumento del dolor,
sobrevive, y entierra por segunda vez
los huesos de sus sombras.
Dicen que sus manos moldean
en semejanza lo distante
conducidas por el recuerdo,
que es persona y quizá
separada del hilo-yo,
invita al hado a rebelarse.
(de Revista Último Reino, 1995)
........................
A JORGE GARCÍA SABAL,
In Memoriam
1
Uña de gato sobre suaves pétalos,
hojas de oscuro verde blando.
El olor al cuarto en la oscuridad
no es igual al de la mañana.
Cuarto irreal, pared de ángulos
y sin curvas, la armazón
abierta como esqueleto.
La casa ahora se contrae.
2
La uña de gato crecía bajo
el ventanal,
cuidada por su mano atenta.
Le pareció una flor de rizomas
o arácnida sombra prolongándose
más allá de la mesa desnuda.
El tibio jardín abandonado
no duerme –quiere decir lo que sabe
acechando la respiración.
3
Pasan en silencio aletargadas
las voces muertas de los muertos.
Desde el vidrio resbala el agua
de la lluvia. –La toco
fingiendo ser un cuerpo–
me dice, y se alínea en las sombras,
se aleja.
En la retícula pulcra
de la hoja escribe
y su mano se hace tibia,
como una corriente de sangre animal.
(En Rev. tsétsé n° 5, Buenos Aires, verano 98-99)
.......................
STELLA
Al regresar de la búsqueda
saber que era un viaje
como dentro del agua abrir los ojos
(o alguien que yaciera cegado
por el miedo
se dejara cubrir con arena).
Pájaros que vuelan hacia el oeste,
pájaros que no conoce,
que no sabe reconocer,
en homenaje.
Lava sus manos en el cuenco
–preparación inefable, casi burlesca,
para abrazar el oscuro pedregal de la estatua.
Había vuelto de París
y nada podía decir de la memoria.
Encontró más de sí
y no ser la misma:
le pareció dar vuelta una moneda.
Y encontró a la que era, niña,
en las frases citadas por su padre.
En el Pont Neuf el joven de la capa negra
la saludó como si la conociera.
El agua reverberaba la cariátide
en el gris tembloroso de metal.
Extrañada de la curva que sostenía su sueño
miró alrededor
para proteger el reflejo cautivo
–un ciclo en la vida humana
se separó como la cascarilla del girasol
al viento, a la pared lanzada.
Descansa de la quebradiza luz
esa neblina, la verdadera étoile,
Va y la niega otro lenguaje,
sorbe cada aliento como la oscuridad.
Está entre los muertos sin pena,
entrando en el aserrín alisado, el polvo
de sus palabras en redes de aire.
(En Rev. tsétsé n° 5, Buenos Aires, verano 98-99)
.......................
Una voz como una puerta, como el aliento,
tu fuerza como una noche, como otra noche.
La mente se abre hacia ese canto mitad infierno
–un mundo exacto o vago, el tiempo abandonado.
Decía, leía, repetición de lo visible,
sorda al temor, ciega al misterio.
Recomienzo las pausas que habitan el sol
porque ese momento duplica tu tierra secreta.
Qué gracia incompleta –aun como personas
aparecemos en la vestidura de goce de la piel.
Quemamos piedras para tu alabanza
en el ojo vacío del invierno.
Y ese olvido que extiende las palabras
rescata atributos en las veces del dolor.
Nada exterior tiene pies o raíces
–es esa hora que sucede o se aniquila
hacia la saciedad, la certidumbre.
(De Teoría de la voz y el sueño, tsé-tsé, 2002)
lunes, 23 de febrero de 2009
Escribir y leer poesía
Es difícil y engañoso escribir sobre la poesía y sus procedimientos –la percibo como la más absoluta y perfecta sinestesia donde a los cinco sentidos agrego, como enuncia el budismo, un sexto: la conciencia, la mente instalada como espejo. Escribir y leer poesía son espirales infinitas de riesgoso recorrido –del éxtasis a la emulación del satori, o a la más desgarrante herida con garfios.
Liliana Ponce
Liliana Ponce
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char