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jueves, 9 de febrero de 2017

Por qué era siempre así...

Louise Glück 
 (Nueva York, EE.UU., 1943) 




Agosto

Mi hermana se pintaba las uñas de fucsia,
con un color que tenía nombre de fruta.
Todos los colores tenían nombres de alimentos:
escarchado de café, sorbete de mandarina.
Nos sentábamos en el jardín a esperar que nuestras vidas reanudaran
el ascenso interrumpido por el verano:
triunfos, victorias para las que la escuela
era una suerte de práctica.
Los profesores nos sonreían, mirándonos con
superioridad, al concedernos la distinción.
Y en nuestra cabeza, éramos nosotras las que les
concedíamos una sonrisa de superioridad.
Teníamos la vida almacenada en la cabeza.
Aún no había empezado: ambas estábamos seguras
de que cuando empezara lo sabríamos.
Seguramente no era esto.
Nos sentábamos en el jardín trasero, observando cómo cambiaban nuestros cuerpos:
de un rosa brillante al principio, después bronceados.
Yo me pasaba aceite para bebés sobre las piernas; mi hermana
frotaba quitaesmalte sobre las uñas de su mano izquierda,
probaba otro color.
Leíamos, escuchábamos la radio portátil.
Obviamente la vida no era esto, estar sentadas
en coloridas sillas de jardín.
Nada estaba a la altura de los sueños.
Mi hermana seguía probando para encontrar un color de su gusto:
era verano, todos eran escarchados.
Fucsia, naranja, madreperla.
Alzaba la mano izquierda ante sus ojos,
de un lado a otro la movía.
Por qué era siempre así...
los colores tan intensos en sus envases de vidrio,
tan definidos, y en las uñas
casi exactamente iguales,
una tenue película plateada.
Mi hermana sacudió el envase. El naranja
no dejaba de acumularse en el fondo; tal vez
ese fuera el problema.
Lo sucedió una y otra vez, lo alzó a la luz,
estudió las palabras de la revista.
El mundo era un detalle, una cosita que aún
no estaba exactamente bien. O como una ocurrencia de último momento,
todavía rudimentaria o aproximada.
Lo real era la idea:
Mi hermana añadió otra capa, acercó el pulgar
al envase del esmalte de uñas.
Seguíamos creyendo que veríamos
disminuir la diferencia, aunque en realidad persistía.
Cuando más tenazmente persistía,
tanto más intensa nuestra convicción.

De Las siete edades. Traducción de Mirta Rosenberg
Cortesía de Mario Molfino

domingo, 22 de enero de 2017

Decía el poema en el túnel oscuro

Louise Elisabeth Glück
(Nueva York, EE.UU., 1943)

Octubre



Es cierto que falta belleza en el mundo.
Es cierto también que no soy la indicada para restituirla.
Tampoco hay candor, pero ahí puedo ser útil.
Estoy
trabajando, aunque me calle.
La insulsa
miseria del mundo
nos atenaza, un callejón
con hilos de árboles; somos
compañeros aquí, sin hablar,
cada uno con sus pensamientos
tras los árboles, las puertas
de hierro de las casas,
las persianas cerradas
en cuartos de algún modo vacíos , abandonados
como si fuera el deber
del artista crear
esperanza, pero ¿a partir de qué? ¿de qué?
La palabra misma
es falsa, un instrumento que refuta
la percepción. En el cruce
los adornos luminosos de las fiestas.
Fui joven aquí. Subía
al metro con mi libreta
como para protegerme
de este mismo mundo:
no estás sola
decía el poema en el túnel oscuro. 



Cortesía de Graciela Cros

miércoles, 16 de marzo de 2016

La certeza, una cosa muerta


Paul Cézanne: Bodegón con manzanas y galletas


Más de Louise Glück
(Nueva York, EE.UU., 1943)

Cortesía de Silvina Lopez Medin

Durazno maduro
1
En una época,
sólo la certeza me daba
alegría. Imagínense…
la certeza, una cosa muerta.

2
Y después el mundo,
la experimentación.
La boca obscena
famélica de amor…
es como el amor:
la abrupta, dura
certeza del final.

3
En el centro de la mente,
el duro carozo,
la conclusión. Como si
la fruta misma
nunca existiera, sólo
el fin, el punto
a mitad de camino entre
la expectativa y la nostalgia…

4
Tanto miedo.
Tanto terror del mundo físico.
La mente frenética
protegiendo el cuerpo de
lo pasajero, lo provisorio,
el cuerpo dándole batalla…

5
Un durazno sobre la mesa de la cocina.
Una réplica. Es la tierra,
la misma
dulzura que se pierde
alrededor del contorno de la piedra,
y como la tierra
a nuestro alcance…

6
Una ocasión
para la felicidad: no podemos
poseer la tierra
sólo experimentarla. Y ahora
la sensación: la mente
silenciada por la fruta…

7
No están
reconciliados. El cuerpo
aquí, la mente
aparte, no
un guardián tan sólo:
tiene sus propias alegrías.
Es el cielo nocturno,
las estrellas más intensas son sus
inmaculadas distinciones…

8
¿Puede sobrevivir? Acaso hay luz
que sobreviva al final
en el que el impulso de la mente
sigue viviendo: el pensamiento
volando por el cuarto
sobre el cuenco de fruta…

9
Cincuenta años. El cielo nocturno
colmado de estrellas fugaces.
Luz, música
a lo lejos…Debo de estar
casi muerta. Debo de ser
piedra, dado que la tierra
me circunda…

10
Había
un durazno en una canasta de mimbre.
Había un cuenco de fruta.
Cincuenta años. Tan larga caminata
desde la puerta hasta la mesa.


De Las siete edades, Valencia, Editorial Pre-Textos, 2011.
Traducción: Mirta Rosenberg

sábado, 27 de febrero de 2016

La tarea era enamorarse




Louise Glück
(Nueva York, EE.UU., 1943)
De archivo

Prisma
(Fragmento)

7.
De las nubes ahuecadas, templados hilos de plata.

Inverosímil
amarillo de los olmos, venas
de mercurio que fueron cauces de ríos-

Y otra vez la lluvia, borrando
huellas en la tierra húmeda.

Un camino implícito, como
un mapa sin encrucijadas.


8.
La implicación era: es necesario abandonar
la infancia. La palabra "casarse" era una señal.

También podías concebirla como un consejo estético;
la voz del niño era pesada,
no tenía registros bajos.

La palabra era un código, misteriosa, como una piedra de Rosetta.
También era una señal de tráfico, una advertencia.
Podías llevar algunas cosas como dote.
Podías llevarte tu parte pensante.

"Casarse" significaba que tendrías que acallar ese pensar.


9.
Noche de verano. Fuera,
sonidos de una tormenta de verano. Luego el cielo se aclara.
En la ventana, las constelaciones del verano.

Estoy en cama. Este hombre y yo
estamos suspendidos en la extraña calma
a menudo inducida por el sexo. Inducida por buena parte del sexo.
El anhelo, ¿qué es? El deseo, ¿qué es?

En la ventana, las constelaciones del verano.
Antes era capaz de nombrarlas.


10.
Abstractas
formas, patrones.
La luz de la mente. Los fríos, severos
fuegos del desinterés, curiosamente
bloqueados por la tierra, coherente, brillando
en aire y agua;

las elaboradas
señales que decían ahora siembra, ahora recoge-

 Podía nombrarlas, tenía nombres para ellas:
dos cosas distintas.


11.
Fabulosas, las estrellas.

Cuando era niña sufría de insomnio.
En las noches de verano mis padres me dejaban sentarme junto al lago;
llevaba al perro como compañero.

¿Dije "sufría"? Era el modo en que mis padres explicaban
gustos a su juicio
inexplicables: mejor "sufría" que "prefería vivir con el perro".

Oscuridad. Silencio que anulaba la mortalidad.
Las barcas amarradas subían y bajaban.
Con la luna llena a veces podía leer los nombres
de chica
pintados en los laterales de las barcas:
Ruth Ann, Dulce Izzy, Peggy querida-

No iban a ninguna parte aquellas chicas.
No había nada que aprender de ellas.

Extendía mi chaqueta en la arena húmeda,
el perro se acurrucaba a mi lado.

Mis padres no podían ver la vida en mi interior;
cuando la escribía, corregían la ortografía.

Sonidos del lago. Los balsámicos, inhumanos
sonidos del agua lamiendo el muelle, el perro buscando rastros
en algún lugar
entre la hierba-


12.
La tarea era enamorarse.
Los detalles concernían a cada cual.
La segunda parte consistía
en incluir en el poema ciertas palabras,
palabras extraídas de un texto específico
sobre un tema completamente diferente.


13.
Lluvia de primavera, luego una noche de verano.
La voz de un hombre, luego la voz de una mujer.

Crecías, un rayo te golpeaba.
Al abrir los ojos, estabas unida para siempre a tu
verdadero amor.

Sólo ocurría una vez. Luego se ocupaban de ti,
tu historia concluía.

Ocurría una vez. Ser golpeada por el rayo era como ser vacunada;
el resto de tu vida eras inmune,
estabas a salvo.

A menos que el golpe no fuera lo suficientemente profundo.
Entonces no te vacunabas, te volvías adicta.


14.
La tarea era enamorarse.
El autor era mujer.
Al ego había que llamarlo alma.

La acción tenía lugar en el cuerpo.
Las estrellas representaban todo lo demás: sueños, la mente, etc.

El amado se identificaba
con el yo en una proyección narcisista.
La mente era una trama secundaria. Conversaba y conversaba.

El tiempo se experimentaba
menos como narrativa que como ritual.
Lo que se repetía adquiría peso.

Algunos finales eran trágicos, y por lo tanto aceptables.
Todo lo demás era un fracaso.


15.
Engaño. Mentiras. Adornos que llamamos
hipótesis-

Había demasiadas carreteras, demasiadas versiones.
Había demasiadas carreteras, ningún camino-

¿Y al final?


16.
Enumera las implicaciones de "encrucijada".

Respuesta: una historia que tendrá moraleja.

Pon un contraejemplo:


17.
El yo acabó y empezó el mundo.
Eran del mismo tamaño,
proporcionados,
uno reflejo del otro.


18.
El acertijo era: por qué no podíamos vivir en la mente.

La respuesta era: se interpuso el obstáculo de la tierra.


19.
La habitación, en silencio.
Es decir, la habitación estaba en silencio, pero los amantes respiraban.

Del mismo modo, la noche era oscura.
Era oscura, pero las estrellas brillaban.

El hombre en la cama fue uno de los muchos hombres
a los que entregué mi corazón. La entrega de una misma
no tiene límites.

No tiene límites, aunque se repite.

La habitación, en silencio. Era un absoluto,
como la noche negra.


20.
Noche de verano. Sonidos de una tormenta de verano.
Las grandes placas mudan y cambian invisiblemente-

Y en la habitación oscura, los amantes duermen abrazados.

Somos, cada uno de nosotros, aquel que se despierta primero,
el primero que se mueve y observa, ahí, en la primera luz del día,
al extraño.


Louise Glück (trad. Stalker)
Tomado del blog lostinmarienbad

jueves, 16 de abril de 2015

El barco anclado que se mece

Louise Glück 

(Nueva York, EE.UU., 1943)



Isla

Las cortinas se abrieron. La luz
entrando. Luz de luna, después de sol.
No cambiaba por el paso del tiempo
sino porque cada momento tenía muchos aspectos.

Lisiantos blancos en un florero cascado.
Sonido del viento. Sonido
del agua que lame la costa. Y las horas que pasan, las
                blancas velas
luminosas, el barco anclado que se mece.

Movimiento aún no encauzado en el tiempo.
las cortinas que se mueven o flamean; el momento
centelleante, una mano
que se retira, luego avanza. Silencio. Y después

una palabra, un nombre. Y después dos palabras más:
otra vez, otra vez. Y el tiempo
rescatado, como un pulso
Entre la inmovilidad y el cambio. El final de la tarde. Lo
                que pronto

se perderá convirtiéndose en recuerdo; la mente
abrazándolo. El cuarto
otra vez reclamado, como una posesión. Luz de sol,
Después de luna. Los ojos acristalados por las lágrimas.
Y después la luna que se deslíe, las blancas velas
hinchándose.
**
Memoria

Nací prudente, bajo el signo de Tauro.
Crecí en una isla, próspera,
en la segunda mitad del siglo veinte;
la sombra del Holocausto
apenas nos rozó.

Tuve una filosofía del amor, una filosofía
de la religión, ambas basadas
en mis propias experiencias de familia.

Y si cuando escribí sólo usé unas pocas palabras
fue porque el tiempo siempre me pareció corto,
como si pudieran arrancármelo
en cualquier momento.

Y mi historia, de todos modos, no era única
aunque, como todo el mundo, tenía una historia,
un punto de vista.

Unas pocas palabras fueron todo lo que necesité:
nutrir, sostener, atacar.

De Lousie Glück en Las siete edades. Pre-textos Ed.
Traducción de Mirta Rosenberg

martes, 6 de mayo de 2014

Crecías, un rayo te golpeaba

LOUISE GLÜCK

(Nueva York, EE.UU., 1943)

PRISMA

1.
¿Quién puede decir lo que es el mundo? El mundo
fluye, por lo tanto es
ilegible, los vientos cambian,
las grandes placas mudan y cambian invisiblemente-

2.
Polvo. Fragmentos
de roca agrietada. En la que
el corazón expuesto construye
una casa, memoria: los jardines
manejables, a pequeña escala, las camas
húmedas a la orilla del mar-

 3.
Al acoger
a un enemigo, a través de esas ventanas
uno acoge
el mundo:

aquí está la cocina, aquí el estudio en sombras

Significado: soy el amo aquí.

 4.
Cuando te enamoras, decía mi hermana,
es como ser golpeada por un rayo.

Hablaba con esperanza,
para atraer la atención del rayo.

Le recordé que estaba repitiendo exactamente
la fórmula de nuestra madre, que ella y yo

habíamos discutido en la infancia, porque ambas sentíamos
que lo que se veía en los adultos

no eran los efectos del rayo
sino de la silla eléctrica.

5.
Acertijo:
¿Por qué mi madre era feliz?

Respuesta:
Se casó con mi padre.

 6.
"Chicas", decía mi madre, "deberíais casaros
con alguien como vuestro padre".

Éste era uno de sus comentarios. Otro era:
"No hay nadie como vuestro padre".

7.
De las nubes ahuecadas, templados hilos de plata.

Inverosímil
amarillo de los olmos, venas
de mercurio que fueron cauces de ríos-

Y otra vez la lluvia, borrando
huellas en la tierra húmeda.

Un camino implícito, como
un mapa sin encrucijadas.

8.
La implicación era: es necesario abandonar
la infancia. La palabra "casarse" era una señal.

También podías concebirla como un consejo estético;
la voz del niño era pesada,
no tenía registros bajos.

La palabra era un código, misteriosa, como una piedra de Rosetta.
También era una señal de tráfico, una advertencia.
Podías llevar algunas cosas como dote.
Podías llevarte tu parte pensante.

"Casarse" significaba que tendrías que acallar ese pensar.

9.
Noche de verano. Fuera,
sonidos de una tormenta de verano. Luego el cielo se aclara.
En la ventana, las constelaciones del verano.

Estoy en cama. Este hombre y yo
estamos suspendidos en la extraña calma
a menudo inducida por el sexo. Inducida por buena parte del sexo.
El anhelo, ¿qué es? El deseo, ¿qué es?

En la ventana, las constelaciones del verano.
Antes era capaz de nombrarlas.

10.
Abstractas
formas, patrones.
La luz de la mente. Los fríos, severos
fuegos del desinterés, curiosamente
bloqueados por la tierra, coherente, brillando
en aire y agua;

las elaboradas
señales que decían ahora siembra, ahora recoge-

Podía nombrarlas, tenía nombres para ellas:
dos cosas distintas.

11.
Fabulosas, las estrellas.

Cuando era niña sufría de insomnio.
En las noches de verano mis padres me dejaban sentarme junto al lago;
llevaba al perro como compañero.

¿Dije "sufría"? Era el modo en que mis padres explicaban
gustos a su juicio
inexplicables: mejor "sufría" que "prefería vivir con el perro".

Oscuridad. Silencio que anulaba la mortalidad.
Las barcas amarradas subían y bajaban.
Con la luna llena a veces podía leer los nombres
de chica
pintados en los laterales de las barcas:
Ruth Ann, Dulce Izzy, Peggy querida-

No iban a ninguna parte aquellas chicas.
No había nada que aprender de ellas.

Extendía mi chaqueta en la arena húmeda,
el perro se acurrucaba a mi lado.

Mis padres no podían ver la vida en mi interior;
cuando la escribía, corregían la ortografía.

Sonidos del lago. Los balsámicos, inhumanos
sonidos del agua lamiendo el muelle, el perro buscando rastros
en algún lugar
entre la hierba-

12.
La tarea era enamorarse.
Los detalles concernían a cada cual.
La segunda parte consistía
en incluir en el poema ciertas palabras,
palabras extraídas de un texto específico
sobre un tema completamente diferente.

13.
Lluvia de primavera, luego una noche de verano.
La voz de un hombre, luego la voz de una mujer.

Crecías, un rayo te golpeaba.
Al abrir los ojos, estabas unida para siempre a tu
verdadero amor.

Sólo ocurría una vez. Luego se ocupaban de ti,
tu historia concluía.

Ocurría una vez. Ser golpeada por el rayo era como ser vacunada;
el resto de tu vida eras inmune,
estabas a salvo.

A menos que el golpe no fuera lo suficientemente profundo.
Entonces no te vacunabas, te volvías adicta.

14.
La tarea era enamorarse.
El autor era mujer.
Al ego había que llamarlo alma.

La acción tenía lugar en el cuerpo.
Las estrellas representaban todo lo demás: sueños, la mente, etc.

El amado se identificaba
con el yo en una proyección narcisista.
La mente era una trama secundaria. Conversaba y conversaba.

El tiempo se experimentaba
menos como narrativa que como ritual.
Lo que se repetía adquiría peso.

Algunos finales eran trágicos, y por lo tanto aceptables.
Todo lo demás era un fracaso.

 15.
Engaño. Mentiras. Adornos que llamamos
hipótesis-

Había demasiadas carreteras, demasiadas versiones.
Había demasiadas carreteras, ningún camino-

¿Y al final?

16.
Enumera las implicaciones de "encrucijada".

Respuesta: una historia que tendrá moraleja.

Pon un contraejemplo:

 17.
El yo acabó y empezó el mundo.
Eran del mismo tamaño,
proporcionados,
uno reflejo del otro.

 18.
El acertijo era: por qué no podíamos vivir en la mente.

La respuesta era: se interpuso el obstáculo de la tierra.

19.
La habitación, en silencio.
Es decir, la habitación estaba en silencio, pero los amantes respiraban.

Del mismo modo, la noche era oscura.
Era oscura, pero las estrellas brillaban.

El hombre en la cama fue uno de los muchos hombres
a los que entregué mi corazón. La entrega de una misma
no tiene límites.

No tiene límites, aunque se repite.

La habitación, en silencio. Era un absoluto,
como la noche negra.

20.
Noche de verano. Sonidos de una tormenta de verano.
Las grandes placas mudan y cambian invisiblemente-

Y en la habitación oscura, los amantes duermen abrazados.

Somos, cada uno de nosotros, aquel que se despierta primero,
el primero que se mueve y observa, ahí, en la primera luz del día,
al extraño.
***
1.
Who can say what the world is? The world
is in flux, therefore
unreadable, the winds shifting,
the great plates invisibly shifting and changing–

2.
Dirt. Fragments
of blistered rock. On which
the exposed heart constructs
a house, memory: the gardens
manageable, small in scale, the beds
damp at the sea’s edge–

3.
As one takes in
an enemy, through these windows
one takes in
the world:

here is the kitchen, here is the darkened study.

Meaning: I am master here.

4.
When you fall in love, my sister said,
it’s like being struck by lightning.

She was speaking hopefully,
to draw the attention of the lightning.

I reminded her that she was repeating exactly
our mother’s formula, which she and I

had discussed in childhood, because we both felt
that what we were looking at in the adults

were the effects not of lightning
but of the electric chair.

5.
Riddle:
Why was my mother happy?

Answer:
She married my father.

6.
“You girls,” my mother said, “should marry
someone like your father.”

That was one remark. Another was,
“There is no one like your father.”

7.
From the pierced clouds, steady lines of silver.

Unlikely
yellow of the witch hazel, veins
of mercury that were the paths of the rivers–

Then the rain again, erasing
footprints in the damp earth.

8.
The implication was, it was necessary to abandon
childhood. The word “marry” was a signal.
You could also treat it as aesthetic advice;
the voice of the child was tiresome,
it had no lower register.
The word was a code, mysterious, like the Rosetta stone.
It was also a roadsign, a warning.
You could take a few things with you like a dowry.
You could take the part of you that thought.
“Marry” meant you should keep that part quiet.

9.
A night in summer. Outside,
sounds of a summer storm. Then the sky clearing.
In the window, constellations of summer.

I’m in a bed. This man and I,
we are suspended in the strange calm
sex often induces. Most sex induces.
Longing, what is that? Desire, what is that?

In the window, constellations of summer.
Once, I could name them.

10.
Abstracted
shapes, patterns.
The light of the mind. The cold, exacting
fires of disinterestedness, curiously

blocked by earth, coherent, glittering
in air and water,

the elaborate
signs that said now plant, now harvest

I could name them, I had names for them:
two different things.

11.
Fabulous things, stars.

When I was a child, I suffered from insomnia.
Summer nights, my parents permitted me to sit by the lake;
I took the dog for company.

Did I say “suffered”? That was my parents’ way of explaining
tastes that seemed to them
inexplicable: better “suffered” than “preferred to live with the dog.”

Darkness. Silence that annulled mortality.
The tethered boats rising and falling.
When the moon was full, I could sometimes read the girls’ names
painted to the sides of the boats:
Ruth Ann, Sweet Izzy, Peggy My Darling–

They were going nowhere, those girls.
There was nothing to be learned from them.

I spread my jacket in the damp sand,
The dog curled up beside me.
My parents couldn’t see the life in my head;
when I wrote it down, they fixed the spelling.

Sounds of the lake. The soothing, inhuman
sounds of water lapping the dock, the dog scuffing somewhere
in the weeds–

12.
The assignment was to fall in love.
The details were up to you.
The second part was
to include in the poem certain words,
words drawn from a specific text
on another subject altogether.

13.
Spring rain, then a night in summer.
A man’s voice, then a woman’s voice.

You grew up, you were struck by lightning.
When you opened your eyes, you were wired forever to your true love.

It only happened once. Then you were taken care of,
your story was finished.

It happened once. Being struck by lightning was like being vaccinated;
the rest of your life you were immune,
you were warm and dry.

Unless the shock wasn’t deep enough.
Then you weren’t vaccinated, you were addicted.

14.
The assignment was to fall in love.
The author was female.
The ego had to be called the soul.

The action took place in the body.
Stars represented everything else: dreams, the mind, etc.

The beloved was identified
with the self in a narcissistic projection.
The mind was the subplot. It went nattering on.

Time was experienced
less as narrative than ritual.
What was repeated had weight.

Certain endings were tragic, thus acceptable.
Everything else was failure.

15.
Deceit. Lies. Embellishments we call
hypotheses–

There were too many roads, to many versions.
There were too many roads, not one path–

And at the end?

16.
List the implications of “crossroads.”

Answer: a story that will have a moral.

Give a counter-example:

17.
The self ended and the world began.
They were of equal size,
commensurate,
one mirrored the other.

18.
The riddle was: why couldn’t we live in the mind.

The answer was: the barrier of the earth intervened.

19.
The room was quiet.
That is, the room was quiet, but the lovers were breathing.

In the same way, the night was dark.
It was dark, but the stars shone.

The man in bed was one of several men
to whom I gave my heart. The gift of the self,
that is without limit.
Without limit, though it recurs.

The room was quiet. It was an absolute,
like the black night.

20.
A night in summer. Sounds of a summer storm.
The great plates invisibly shifting and changing–

And in the dark room, the lovers sleeping in each other’s arms.

We are, each of us, the one who wakens first,
who stirs first and sees, there in the first dawn,
the stranger.

[De Averno]
**
Traducción: Stalker
Tomado de lostinmarienbad.blogspot.com.ar


jueves, 24 de octubre de 2013

Las estrellas del verano en la ventana

LOUISE GLÜCK
Cézanne: Naturaleza muerta con cerezas y duraznos (1883/1887).


(Nueva York, EE.UU., 1943)

DURAZNO MADURO
(Fragmento)

I
En una época,
sólo la certeza me daba
alegría. Imagínense...
la certeza, una cosa muerta.

II
Y después, el mundo,
la experimentación.
La boca obscena
famélica de amor...
es como el amor:
la abrupta, dura
certeza del final.

III
En el centro de la mente,
el duro carozo,
la conclusión. Como si
la fruta misma
nunca existiera, sólo
el fin, el punto
a mitad de camino entre
la expectativa y la nostalgia...

IV
Tanto miedo.
Tanto terror del mundo físico.
La mente frenética
protegiendo el cuerpo de
lo pasajero, lo provisorio,
el cuerpo dándole batalla.

V
Un durazno sobre la mesa de la cocina.
Una réplica. Es la tierra,
la misma
dulzura que se pierde
alrededor del contorno de la piedra,
y como la tierra
a nuestro alcance...

VI
Una ocasión
para la felicidad: no podemos
poseer la tierra
sólo experimentarla. Y ahora
la sensación: la mente
silenciada por la fruta...

De Las siete edades,  Pre-Textos, 2011
Traducción de Mirta Rosenberg
***
PRISMA

9
Una noche de verano. Fuera,
Ruido de tormenta de verano. Después se abría el cielo.
Las estrellas de verano en la ventana.

Estoy en la cama. Ese hombre y yo
Estamos suspendidos en la extraña paz
Que suele provocar el sexo. Casi siempre.
¿Anhelo, qué es? ¿Deseo, qué es?
Las estrellas del verano en la ventana.
Yo una vez supe sus nombres.

De Averno. Pre-textos
Traducción de Abraham Gragera y Ruth Miguel Franco
***
CONFESIÓN

Decir que no tengo miedo
No sería cierto.
Tengo miedo de la enfermedad, de la humillación.
Tengo mis sueños, como todos,
Pero aprendí a ocultarlos,
Para protegerme
De la consumación: toda felicidad
Atrae la ira de las Parcas.
Son hermanas, salvajes
Al fin y al cabo no tienen
Otra emoción más que la envidia.

Versión de Sandra Toro

viernes, 22 de marzo de 2013

Y el corazón aún alerta

LOUISE GLÜCK
 (EE.UU., 1943) 

Rima interna

por Martín López-Vega

El derecho de veto de Louise Glück

Fuente: elcultural.es

Del mismo modo que hay una filosofía que responde preguntas y otra que se inventa preguntas nuevas y a menudo innecesarias, hay una poesía que trata de responder a las grandes cuestiones del alma y otra que se conforma con lo que en mi colegio llamábamos hacerse la picha un lío, con perdón. Si Plotino volviera de este lado del tiempo seguramente se le despreciaría como autor de autoayuda. La poeta norteamericana Louise Glück nos reconforta recordándonos que lo que de verdad merece la pena en nosotros, aquello en lo que profundizar nos lleva a ser mejores y querer mejor, es entender cuanto de más humano nos habita. Y eso no es otra cosa que la duda.

Pre-Textos, que había publicado ya otros tres libros suyos, edita ahora Averno(edición original de 2006: ayer) en traducción de Abraham Gragera y Ruth Miguel Franco. Gragera había traducido ya Ararat (2008), probablemente el más difícil en su apariencia accesible: escrito con bisturí para deshacer los nudos de nuestro estar en el mundo entre los otros. Del enorme, magistral, imprescindibleLas siete edades (editado aún a principios de este mismo año) se ocupó Mirta Rosenberg, y de El iris salvaje (2006; traducción más fiel aunque menos llamativa hubiera sido El lirio silvestre) Eduardo Chirinos.

Antes de seguir hablando, lo que me pide el cuerpo es copiar un poema deAverno, y entonces ya sobrarán mis palabras. "Un mito sobre la entrega" es uno de los muchos poemas impresionantes de este libro imprescindible:

Cuando Hades decidió que amaba a aquella chica
le construyó una réplica de la tierra;
todo era igual, incluso el prado,
pero con una cama.
Todo igual, hasta la luz del sol,
pues para una joven sería difícil
pasar tan deprisa de la luz a la total oscuridad.
Pensó en introducir la noche poco a poco,
primero como sombras de hojas que se agitan.
Después luna y estrellas. Y más tarde sin luna y sin estrellas.
Que Perséfone se vaya acostumbrando, pensó él,
al final lo encontrará reconfortante.

Un duplicado de la tierra
sólo que en él había amor.
¿No es amor lo que todos quieren?
Esperó largos años,
construyendo un mundo, observando
a Perséfone en el prado.
Perséfone, la que olfateaba, la que degustaba.
Si te apetece una cosa
te apetecen todas, pensó él.
¿No quiere todo el mundo sentir por la noche
el cuerpo amado, brújula, estrella polar,
oír la respiración tranquila que dice
estoy vivo y que significa también:
estás vivo porque me oyes,
estás aquí, a mi lado; y que cuando uno se gire,
se gire el otro?

Eso es lo que sintió el señor de las tinieblas
al mirar el mundo que había
construido para Perséfone. No se le ocurrió siquiera
que allí no se podría olfatear.
Ni comer, eso es seguro.

¿Culpa? ¿Terror? ¿Miedo de amar?
Él no podía imaginarse tales cosas,
ningún enamorado se las imagina.

Él sueña, se pregunta cómo llamar a ese sitio.
Piensa: El Nuevo Infierno. Después: El Jardín.
Al final decide que se llame
La infancia de Perséfone.

Una tenue luz despunta sobre la bien trazada pradera,
detrás de la cama. Él la coge en brazos. Quiere
decirle: Te quiero, nada puede dañarte

pero cree
que es mentira, y al final le dice
estás muerta, nada puede dañarte,
lo cual se le antoja
un inicio más prometedor, más verdadero.

Después de un poema así, yo necesito un descanso para tomar aliento. Ahora seguimos.

Lo que Louise Glück nos demuestra es que la tradición poética es budista: cree en las bondades del punto medio. Entre tradición y renovación, por ejemplo.

En 1994, Louise Glück publicó un tomito de ensayos titulado Proofs and Theories del que me gustaría citar un paso. Dice al comienzo del ensayo titulado "Educación del poeta":

"La experiencia fundamental del escritor es la impotencia. Con esto no pretendo distinguir entre escribir y estar vivo: tan sólo corregir la fantasía de que el trabajo creativo es un registro continuo del triunfo de la voluntad, de que el escritor es alguien que tiene la buena suerte de hacer aquello que es capaz o desea hacer: imprimir, de forma segura y regular, su ser en una hoja de papel. Pero la escritura no es una decantación de la personalidad. Y la mayor parte de los escritores emplean buena parte de su tiempo en diversos tipos de tormento: queriendo escribir, siendo incapaces de hacerlo; queriendo escribir de un modo distinto, siendo incapaces de hacerlo. En el tiempo de una vida son muchos los años perdidos esperando la llegada de una sola idea. El único ejercicio real de voluntad es negativo: tenemos, hacia aquello que escribimos, derecho de veto".

Y ¿cuál es ese derecho de veto de Louise Glück? Es un derecho que ella usa en relación con la verdad: ella sabe que la escritura (contra Naipaul, que afirma que debe ser "indistinguible" de la verdad) no es en sí una verdad, sino el eslabón que nos lleva a ella. La escritura es su camino, su búsqueda. Y ese camino es todo menos claro. Su poesía es el estudio de los meandros de ese camino, de lo que dejamos en él, y la pregunta por su sentido. De ahí ese equilibrio perfecto entre lo lírico y lo intelectual, como explica María Negroni en uno de los ensayos recogidos en su libro Ciudad gótica (Bajo la luna, Buenos Aires, 2007): "Sus poemas eligen un equilibrio extraño entre la confesión y lo intelectual. Ya en los poemas iniciales de Firstborn (1968) que versan sobre la niñez, la vida familiar, el amor y la maternidad, la reflexión y cierto apego formal desarticulan lo biográfico, lo desarman como si quisieran evitar el desamparo engañoso del yo". O lo que es lo mismo, en esta poesía no sirven las excusas, pero nunca falta la compasión, una compasión que en su último libro hasta el momento, Ararat (2008) la lleva, con el Mediterráneo como excusa, a buscar una especial forma de epifanía consciente.

La poesía de Louise Glück es heredera de Stevens y Williams, sí, pero también de Auden: es una rama más del árbol que aúna, en la tradición poética, inteligencia y compasión. La que nos hace mejores y nos ayuda a habitar mejor eso que llamamos "ser humano".
***
Memoria primera


Hace mucho, estaba herida. Vivía
para vengarme
de mi padre, no
por lo que él era...
por lo que yo era: desde el principio del tiempo,
en la infancia, pensé
que el dolor significaba que no era amada.
Significaba que yo amaba.

Traducción de Abraham Gragera
De Ararat. Colección La cruz del sur 906. Valencia, Pre-Textos, 2008

First Memory

Long ago, I was wounded. I lived
to revenge myself
against my father, not
for what he was-
for what I was: from the beginning of time,
in childhood, I thought
that pain meant I was not loved.
It meant I loved.
***
Confesión

Decir que nada temo
sería faltar a la verdad.
La enfermedad, la humillación,
me atemorizan.
Tengo sueños, como cualquiera.
Pero aprendí a ocultarlos
para protegerme
de la plenitud: la felicidad
atrae a las Furias.
Son hermanas, salvajes,
que no tienen sentimientos,
sólo envidia.

Traducción de Abraham Gragera.
De Ararat, Editorial Pre-Textos, Valencia, enero 2008.
***
La musa de la felicidad

Las ventanas cerradas, el sol que asoma.
El sonido de unos pocos pájaros;
el jardín empañado por un ligero vaho de humedad.
Y la inseguridad de la gran esperanza
esfumada de repente.
Y el corazón aún alerta.

Y mil pequeñas esperanzas que nacen,
no nuevas pero sí recién admitidas.
Afecto, comer con amigos.
Y la estructura de ciertas
tareas adultas.

La casa limpia, en silencio.
La basura que ya no es necesario sacar.

Es un reino, no un acto de la imaginación:
y todavía muy temprano,
se abren los capullos blancos penstemon.

¿Es posible que por fin hayamos pagado
con suficiente amargura?
¿Que no se exija sacrificio,
que la angustia y el terror se hayan considerado
suficientes?

Una ardilla corre sobre el cable del teléfono,
con una corteza de pan en la boca.
Y la estación demora la llegada de la oscuridad.
De manera que parece
parte de un gran don
que ya no hay por qué temer.

El día despliega, pero muy gradualmente, una soledad
que ya no hay por qué temer, cambios
leves, apenas percibidos…
El penstemon que se abrió.
La posibilidad
de seguir viéndolo hasta el fin.

Traducción: Mirta Rosenberg
Las siete edades. Ed. Pre-Textos. Valencia, 2011.

***
Primera memoria

Hace mucho estaba herida. Vivía
para vengarme
de mi padre. No
por lo que él era
por lo que yo era
desde el principio del tiempo
en la infancia pensé
que el dolor significaba que no era amada.
Significaba que yo amaba.
***
Nieve

A fines de diciembre
mi padre y yo
vamos a Nueva York
al circo.
Él me sostiene
sobre sus hombros en el viento amargo
trozos de papel blanco
se funden sobre los durmientes del ferrocarril.

A mi padre le gustaba
le gustaba estar de pie manteniéndome así
así que  no podía verme.
Recuerdo
mirando al frente
el mundo que mi padre vio
Yo estaba aprendiendo
a absorber su vacío
la nevada era fuerte
no hacía más que caer
dando vueltas alrededor de nosotros.

Versión s/d
**
Ilustración: tomada de batalladepapel.blogspot.com

miércoles, 17 de agosto de 2011

Forma sin detalle, el mito, el arquetipo, el alma

Más poemas de LOUISE GLÜCK

(Nueva York, EE.UU., 1943)

Punto de destino


"Tuvimos apenas unos pocos días, pero fueron muy largos.
La luz cambiaba constantemente.
Unos pocos días, repartidos en varios años,
en el curso de una década.

Y cada encuentro se cargó de una sensación de exactitud,
como si cada uno hubiera viajado, por su cuenta,
una gran distancia; como si hubiera habido,
después de todo, un punto de destino
en todos esos años de errancia.
No un lugar, sino un cuerpo, una voz.

Unos pocos días. Intensidad
a la que nunca se le permitió convertirse
en tolerancia o afecto aletargado.

Y durante años creí que esto era una absoluta maravilla;
en mi cabeza, volvía una y otra vez a esos días,
convencida de que eran el centro de mi vida amorosa.

Los días eran muy largos, como son largos ahora.
Y los intervalos, las separaciones, puro embeleso,
teñidas por una suerte de júbilo apasionado que parecía,
de alguna manera, extender esos días, inseparable de ellos.

Así que unas pocas horas podían ser toda una vida.

Unas pocas horas, un mundo que no se ampliaba ni se reducía,
al que, en cualquier momento, era posible entrar.

Por eso, mucho después del fin podía volver a él sin problemas,
vivir casi por completo en mi imaginación".

Traducción de Mirta Rosenberg
***

En mi primer sueño el mundo parecía
lo salado, lo amargo, lo prohibido, lo dulce
En mi segundo sueño descendía,

era humana, no veía nada de nada
bestia como soy

debía tocarlo, contenerlo

me escondí en la arboleda,
trabajé en los campos hasta que quedaron yermos

un tiempo
que nunca volverá-
el trigo seco en gravillas, cajones
de higos y aceitunas

Hasta amé alguna vez, a mi manera
repugnante, humana

y como todo el mundo llamé a ese logro
libertad erótica,
por absurdo que parezca

El trigo cosechado, almacenado; seca
la última fruta: el tiempo
que se acumula, sin usar,
¿también termina?

Traducción: Mirta Rosenberg
***
Mensajeros

Sólo la espera es necesaria, te hallarán.
Los gansos que vuelan bajo sobre la ciénaga,
brillantes en el agua negra.
Te hallarán.

Y los venados:
qué bellos son,
como si no les estorbaran sus cuerpos.

Despaciosamente llegan al claro
a través de lienzos de sol.
¿Por qué estarían así, tan callados,
si no estuvieran esperando?

Casi inmóviles, hasta que sus tiestos
enmohecen, los arbustos tiemblan
al viento, rechonchos y sin hojas.

Sólo es preciso dejar que suceda:
aquel grito —desátate, desátate—
como luna que se arranca de la tierra

y se alza llena en su círculo de dardos,
hasta que ellos aparecen delante
como cosas muertas que la carne agrava,
y tú sobre ellas, herida y dominante.

Traducción José Manuel Arang
***
EL IRIS SALVAJE

Al final de mi sufrimiento
había una puerta.

Escucha: yo recuerdo
eso que tú llamas muerte.

Sobre la cabeza, ruidos, ramas movedizas del pino.
Después nada. El débil sol
vacilaba sobre la superficie seca.

Es terrible sobrevivir
como conciencia
enterrada en tierra oscura.

Después todo se acabó: eso que temes, ser
un alma e incapaz
de hablar, final abrupto, la tierra tiesa
doblándose un poco. Y algo que yo confundí
con pájaros cayendo sobre los setos.

Tú que no recuerdas
el pasaje desde el otro mundo
te digo que podía hablar otra vez: lo que
regresa del olvido vuelve
para encontrar una voz:

Del centro de mi vida surgió
una gran fuente, sombras de
azul profundo sobre el azul del mar.

Traducción de Rolando Costa Picazo
***
Amor bajo la luz de la luna

A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación
a otra persona, a eso lo llaman
alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma.
(Lo que significa que para entonces adquirieron una.)
Afuera, la tarde de verano, todo un mundo
arrojado a la luna: grupos de formas plateadas
que podrían ser árboles o edificios, el angosto jardín
donde el gato se esconde para revolcarse en el polvo,
la rosa, la coreopsis y, en la oscuridad, la cúpula dorada del capitolio
transformada en aleación de luz de luna,
forma sin detalle, el mito, el arquetipo, el alma
llena de ese fuego que en realidad es luz de luna,
tomada de otra fuente, y brilla
unos instantes, como brilla la luna: piedra o no,
la luna sigue estando más que viva.

Versión de Eduardo Chirinos
***
El espino

Al lado tuyo, pero no
de tu mano: así te miro
andar por el jardín
de verano: las cosas
que no pueden moverse
aprenden a mirar. No necesito
perseguirte a través
del jardín; en cualquier parte
los humanos dejan
señal de lo que sienten, flores
esparcidas en el polvo del camino, todas
blancas y doradas, algunas
levemente alzadas
por el viento de la tarde. No necesito
seguirte adonde estás ahora,
hundido en la ponzoña de este campo, para
saber la causa de tu huida, de tu humana
pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa
dejarías caer todo aquello
que has acumulado?

Versión de Eduardo Chirinos

viernes, 10 de abril de 2009

Ser, estar aquí


Dos poemas de LOUISE GLÜCK
(EE.UU., 1943)

Traducción: Mirta Rosenberg

Arboreto
Teníamos el problema de la edad, el problema de querer quedarnos.
Sin necesitar ya, siquiera, hacer algún aporte.
Simplemente, queríamos quedarnos: ser, estar aquí.

Y mirar las cosas, pero sin verdadera avidez.
Curiosear, sin comprar nada.
Pero éramos demasiados; consumíamos tiempo. Dejamos sin lugar
a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros amigos. Hacíamos mucho daño,
sin intención de hacerlo.

Seguíamos planeando cosas, arreglando las cosas que se rompían.
Reparando, mejorando. Viajábamos, hacíamos jardines.
Y descaradamente seguíamos plantando árboles y perennes.

Pedíamos tan poco del mundo. Entendíamos
que dar consejo era una ofensa, hablar de más. Nos reprimíamos:
éramos correctos, guardábamos silencio.
Pero no podíamos curarnos del deseo, no del todo.
Nuestras manos, cruzadas, hedían a deseo.

¿Cómo fue que hicimos tanto daño, simplemente sentados y observando,
paseando, los días de sol, en el parque, por el arboreto
o sentados en los bancos frente a la biblioteca pública,
dándoles a las palomas el alimento que llevábamos en bolsas de papel?

Éramos correctos, y sin embargo el deseo nos perseguía.
Como una gran fuerza, un dios. Y los jóvenes
se ofendían; como reacción sus corazones
se hacían fríos. Pedíamos

tan poco del mundo; las pequeñas cosas nos parecían
una gran riqueza. Tan sólo oler una vez más las primeras rosas
del arboreto: pedíamos
tan poco, y nada reclamábamos. Y los jóvenes
igual se marchitaban.

O se asemejaban a las piedras del arboreto: como si
seguir existiendo, o pidiendo tan poco durante tantos años, significara
que lo pedíamos todo.

***
Arboretum
We had the problem of age, the problem of wishing to linger.
Not needing, anymore, even to make a contribution.
Merely wishing to linger: to be, to be here.

And to stare at things, but with no real avidity.
To browse, to purchase nothing.
But there were many of us; we took up time. We crowded out
our own children, and the children of friends. We did great damage,
meaning no harm.

We continued to plan; to fix things as they broke.
To repair, to improve. We traveled, we put in gardens.
And we continued brazenly to plant tress and perennials.

We asked so little of the world. We understood
the offense of advice, of holding forth. We checked ourselves:
we were correct, we were silent.
But we could not cure ourselves of desire, not completely.
Our hands, folded, reeked of it.

How did we do so much damage, merely sitting and watching,
strolling, on fine days, the grounds of the park, the arboretum,
or sitting in benches in front of the public library,
feeding pigeons out of a paper bag?

We were correct, and yet desire pursued us.
Like a great force, a god. And the young
were offended; their hearts
turned cold in reaction. We asked

so little of the world; small things seemed to us
immense wealth. Merely to smell once more the early roses
in the arboretum: we asked
so little, and we claimed nothing. And the young
withered nevertheless.

Or they become like stones in the arboretum: as though
our continued existence, our asking so little for so many years, meant
we asked everything.


El vaso vacío

Pedí mucho; recibí mucho.
Pedí mucho; recibí poco, recibí
casi nada.

¿Y en el medio? Unos pocos paraguas abiertos bajo techo.
Por error, un par de zapatos sobre la mesa de la cocina.

Oh error, error: era mi naturaleza. Era
despiadada, remota. Era
egoísta, rígida hasta llegar a ser tiránica.

Pero siempre fui esa persona, hasta en la infancia.
Pequeña, de pelo oscuro, temida por los otros niños.
Nunca cambié. Dentro del vaso, la abstracta
marea de la fortuna pasó
de pleamar a bajamar de la noche a la mañana.

¿Fue el mar? ¿Respondiendo, tal vez,
a la fuerza celestial? Para estar a salvo,
recé. Traté de ser una persona mejor.
Muy pronto me pareció que lo que había empezado
siendo terror y madurado en narcisismo moral
podría haberse convertido en realidad
en auténtico desarrollo humano. Tal vez
a eso se referían mis amigos,
aferrándome la mano, diciéndome que entendían
el maltrato, toda esa increíble mierda que acepté,
dando a entender (eso pensé entonces) que yo era un poco enferma
por dar tanto a cambio de tan poco.
Pero ellos querían decir que yo era buena (apretándome la mano con
/intensidad)
una buena amiga y persona, no una criatura llena de patetismo.

¡Entonces no era patética! Era alguien de magnitud,
como una gran reina o santa.
Muy bien, todo eso da lugar a interesantes conjeturas.
Y se me ocurre que lo crucial es creer
en el esfuerzo, creer que algo bueno saldrá incluso del intento,
un bien no contaminado del corrupto impulso inicial
de convencer o seducir…

¿Qué somos sin eso?
Girando en el universo a oscuras,
solos, temerosos, incapaces de influir sobre el destino…

¿Qué tenemos en realidad?
Pobres jugarretas con escaleras y zapatos,
jugarretas con la sal, intentos recurrentes y espuriamente motivados
de forjar nuestro carácter.
¿Qué tenemos para aplacar las grandes fuerzas?

Y creo que al final esa fue la pregunta
que destruyó a Agamenón, allí en la playa,
los barcos griegos preparados, el mar
invisible más allá del puerto en calma, el futuro
letal, inestable: fue un necio al pensar
que era controlable. Tendría que haber dicho
No tengo nada, estoy a tu merced.

***
The empty glass
I asked for much; I received much.
I asked for much; I received little, I received
next to nothing.

And between? A few umbrellas opened indoors.
A pair of shoes by mistake on the kitchen table.

O wrong, wrong –it was my nature. I was
hard-hearted, remote. I was
selfish, rigid to the point of tyranny.

But I was always that person, even in early childhood.
Small, dark-haired, dreaded by other children.
I never changed. Inside the glass, the abstract
tide of fortune turned
from high to low overnight.

Was it the sea? Responding, maybe,
to a celestial force? To be safe,
I prayed. I tried to be a better person.
Soon it seemed to me that what began as terror
and matured into moral narcissism
might have become in fact
actual human growth. Maybe
this is what my friend meant, taking my hand,
telling me they understood
the abuse, the incredible shit I accepted,
implying (so once I thought) I was a little sick
to give so much for so little.
Whereas they meant I was good (clasping my hand intensely) –
a good friend and person, not a creature of pathos.

¡I was not pathetic! I was writ large,
like a great queen or saint.
Well, it makes for interesting conjecture.
And it occurs to me that what is crucial is to believe
in effort, to believe some good will come of simply trying,
a good completely untainted by the corrupt initiating impulse
to persuade or seduce –

What are we without this?
Whirling in the dark universe,
alone, afraid, unable to influence fate –

What do we have really?
Sad tricks with ladders and shoes,
tricks with salt, impurely motivated recurring
attempts to build character.
What do we have to appease the great forces?

And I think that in the end this was the question
that destroyed Agamemnon, there on the beach,
the Greek ships at the ready, the sea
invisible beyond the serene harbor, the future
lethal, unstable: he was a fool, thinking
it could be controlled. He should have said

I have nothing, I am at your mercy.

Pertenecientes al libro próximo a editarse en Pre-textos
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char