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lunes, 12 de noviembre de 2018

En el silencio ¿no hay dicha?

Lord Byron
(Londres; Inglaterra, 1788 - Mesolongi, Grecia; 1824)



Al cumplir mis 36 años

¡Calma, corazón, ten calma!
¿A qué lates, si no abates
ya ni alegras a otra alma?
¿A qué lates?

Mi vida, verde parral,
dio ya su fruto y su flor,
amarillea, otoñal,
sin amor.

Más no pongamos mal ceño!
¡No pensemos, no pensemos!
Démonos al alto empeño
que tenemos.

Mira: Armas, banderas, campo
de batalla, y la victoria,
y Grecia. ¿No vale un lampo
de esta gloria?

¡Despierta! A Hélade no toques,
Ya Hélade despierta está.
Invócate a ti. No invoques 
más allá.

Viejo volcán enfriado
es mi llama; al firmamento
alza su ardor apagado.
¡Ah momento!

Temor y esperanza mueren.
Dolor y placer huyeron.
Ni me curan ni me hieren.
No son. Fueron.

¿A qué vivir, correr suerte,
si la juventud tu sien
ya no adorna? He aquí tu 
muerte.

Y está bien.
Tras tanta palabra dicha,
el silencio. Es lo mejor.
En el silencio ¿no hay dicha?
y hay valor.

Lo que tantos han hallado
buscar ahora para ti:
una tumba de soldado.
Y hela aquí.

Todo cansa todo pasa.
Una mirada hacia atrás,
y marchémonos a casa.
Allí hay paz.

Versión de Enrique Álvarez Bonilla
**
On this Day I Complete my Thirty-Sixth Year

'TIS time the heart should be unmoved,
Since others it hath ceased to move:
Yet, though I cannot be beloved,
Still let me love!

My days are in the yellow leaf;
The flowers and fruits of love are gone;
The worm, the canker, and the grief
Are mine alone!

The fire that on my bosom preys
Is lone as some volcanic isle;
No torch is kindled at its blaze--
A funeral pile.

The hope, the fear, the jealous care,
The exalted portion of the pain
And power of love, I cannot share,
But wear the chain.

But 'tis not thus--and 'tis not here--
Such thoughts should shake my soul nor now,
Where glory decks the hero's bier,
Or binds his brow.

The sword, the banner, and the field,
Glory and Greece, around me see!
The Spartan, borne upon his shield,
Was not more free.

Awake! (not Greece--she is awake!)
Awake, my spirit! Think through whom
Thy life-blood tracks its parent lake,
And then strike home!

Tread those reviving passions down,
Unworthy manhood!--unto thee
Indifferent should the smile or frown
Of beauty be.

If thou regrett'st thy youth, why live?
The land of honourable death
Is here:--up to the field, and give
Away thy breath!

Seek out--less often sought than found--
A soldier's grave, for thee the best;
Then look around, and choose thy ground,
And take thy rest.

Imagen: El sitio de Missolonghi

En este lugar murió Lord Byron. Historia Ilustrada de la guerra de Independencia griega. 1824. Foto: BRIDGEMAN / INDEX

martes, 17 de julio de 2018

Y aún el amor debe descansar

Lord Byron
George Gordon Byron
(Inglaterra, 1788-1824)



NO VOLVEREMOS A VAGAR...
Así es, no volveremos a vagar 
Tan tarde en la noche, 
Aunque el corazón siga amando 
Y la luna conserve el mismo brillo.
Pues la espada gasta su vaina, 
Y el alma desgasta el pecho, 
Y el corazón debe detenerse a respirar, 
Y aún el amor debe descansar.
Aunque la noche fue hecha para amar, 
Y demasiado pronto vuelven los días, 
Aún así no volveremos a vagar 
A la luz de la luna.

Versión sin datos

jueves, 30 de marzo de 2017

La mañana vino y se fue; y volvió, y no trajo día alguno

Lord Byron
(Inglaterra, 1788-Grecia, 1824)

Oscuridad

Tuve un sueño, que no fue del todo un sueño.
El brillante sol se había extinguido, y las estrellas
vagaban oscuramente por el eterno espacio,
sin luz y sin camino fijo, y la helada Tierra
oscilaba ciega y ennegreciéndose en el aire sin luna.
La mañana vino y se fue; y volvió, y no trajo día alguno,
y los hombres olvidaron sus pasiones en el miedo
de esta, su desolación; y todos sus corazones
enfriáronse en una egoísta plegaria por luz;
y vivieron junto a las hogueras; y los tronos,
los palacios de los reyes coronados, las cabañas
y las habitaciones de todos los seres que moraban
fueron quemadas como señales; las ciudades fueron consumidas,
y reuniéronse los hombres alrededor de sus ardientes hogares
para mirarse una vez más a los rostros;
felices eran aquellos que vivían en el ojo
de los volcanes y sus encumbradas antorchas;
una temerosa esperanza era todo lo que había en el mundo;
los bosques fueron puestos en llamas, pero hora tras hora
caían y se reducían, y los crepitantes troncos
se extinguían con un estrépito, y todo era negro.
Las frentes de los hombres junto a la luz desesperada
mostraban un aspecto espectral cuando, fugazmente,
destellos caían sobre ellas; algunos se echaban al suelo
y se tapaban los ojos y lloraban; algunos apoyaban
sus mentones sobre sus puños cerrados y sonreían;
y otros se apresuraban de aquí para allí, alimentaban
sus piras funerarias con más combustible, y elevaban la vista
con loco desasosiego hacia el apagado cielo,
el velo mortuorio de un mundo pasado, y entonces de nuevo,
profiriendo blasfemias, se arrojaban sobre el polvo
y hacían rechinar sus dientes y aullaban.
Las aves chillaban y, aterradas, se agitaban en el suelo,
sacudiendo sus inútiles alas; las bestias más salvajes
se acercaban dóciles y trémulas; y las serpientes se arrastraban
y se enroscaban entre la multitud, siseando,
pero sin poder morder; y dábaseles a todos muerte para devorarlos.
Y la Guerra, que por un momento había dejado de ser,
se nutrió nuevamente; un alimento se compraba
con sangre, y cada uno sentábase hoscamente aparte
para llenarse en las sombras; ya no quedó amor;
toda la Tierra era un solo pensamiento, y este era muerte,
inmediata y sin gloria; y la agonía del hambre
se cebó en todas las entrañas; los hombres murieron,
y sus huesos quedaron insepultos al igual que su carne;
los moribundos por los moribundos fueron devorados,
y hasta los perros atacaron a sus amos, todos excepto uno,
que fue leal al cadáver del suyo y mantuvo
a las aves y las bestias y los hombres frenéticos alejados,
hasta que el hambre los derribaba o los muertos que caían
tentaban a sus consumidas mandíbulas; no salió en busca de comida,
sino que con una piadosa mirada, un perpetuo gemido,
y un rápido aullido desolado, lamiendo la mano
que no respondía ya con una caricia, murió.
La población del mundo sucumbió por el hambre gradualmente;
pero dos habitantes de una enorme ciudad sobrevivieron,
y eran enemigos; se encontraron al lado
de los expirantes rescoldos de una iglesia en la cual
había sido amontonada una gran cantidad de objetos sagrados
para un uso profano; temblando, juntaron
y apretujaron con sus frías manos esqueléticas
las débiles cenizas, y sus débiles alientos
soplaron por una pequeña vida y obtuvieron una llama
que era una burla; entonces elevaron
sus ojos, mientras crecía la luminosidad, y contemplaron
el aspecto del otro: se vieron, y gritaron, y murieron,
de su mutua fealdad murieron,
sin saber quién era aquel sobre cuya frente
el hambre había escrito Demonio. El mundo estaba vacío;
lo populoso y lo poderoso era ahora una masa
sin estaciones, sin hierba, sin árboles, sin hombres, sin vida,
una masa de muerte, un caos de dura arcilla.
Los ríos, lagos y océanos quedaron inmóviles,
y ya nada se agitó en sus silenciosas profundidades;
naves sin marinos permanecieron pudriéndose en el mar,
y sus mástiles cayeron a pedazos, y al caer
sumiéronse en el abismo sin causar agitación alguna:
las olas estaban muertas; las mareas estaban en su tumba;
la luna, su señora, había expirado antes;
marchitáronse los vientos en el aire inmóvil,
y las nubes perecieron; la Oscuridad ya no necesitaba
más de su ayuda... Ella era el Universo. 

Traducción de E. Ehrendost

domingo, 15 de enero de 2017

Nadie le amaba, ni aun sus amantes

Lord Byron

(George Gordon Byron)
(Dover, Kent, Inglaterra, 1788-Missolonghi, Aetolia-Acarnania, Grecia, 1824)

La peregrinación de Childe Harold
VIII
Muchas veces, y cuando su alegría
era más exaltada, se veía la angustia
planear sobre la frente de Childe-Harold
cual un raro relámpago: diríase
que el recuerdo de una lucha mortal
o de un amor infeliz le traicionaba.
Pero nadie había aclarado este misterio,
pues su alma no era abierta e ingenua,
que encontrara consuelo en confiar sus penas,
para nada quería la compañía de amigos
que le consolaran o con él se afligieran
ante una desgracia inevitable.

IX
Así, en el fondo, nadie le quería,
aunque reuniera en su mesa y en sus salones
invitados llegados de cerca o de lejos,
a quienes conocía como aduladores
de sus días de fiesta, parásitos
sin corazón del festín ofrecido,
Nadie le amaba, ni aun sus amantes,
pues la mujer sólo ama el lujo y el poder,
y cuando se desvanece, el amor
levanta el vuelo; como la mariposa
nocturna, la hermosura se deja
atraer por cuanto brilla y Mammón
triunfa donde el querubín fracasa.

Versión s/d
**
La lágrima 

Cuando el amor o la amistad debieran
a la ternura despertar el alma,
y ésta debiera aparecer sincera
en la mirada,
podrán los labios engañar fingiendo
una sonrisa seductora y falsa;
pero la prueba de emoción se muestra
en una lágrima.

Una sonrisa puede ser a veces
un artificio que el temor disfraza;
con ella puede revestirse el odio
que nos engaña;
mas yo prefiero para mí un suspiro
cuando los ojos, expresión del alma,
por un momento miro obscurecerse
con una lágrima.

El hombre surca el ignorado Océano
con el soplo del viento que lo arrastra,
en medio de las olas bramadoras
que se levantan;
se inclina... y en las olas procelosas
que amenazantes a su nave avanzan,
mira el abismo, y sus aguas turbias
mezcla una lágrima.

En la carrera de la noble gloria,
el valeroso capitán se afana
por ganar con su muerte una corona
en las batallas;
pero levanta al que postró en el suelo
y sus heridas compasivo baña,
una por una, en el sangriento campo,
con una lágrima.

Y cuando vuelve, henchido de ese orgullo
que hace latir el pecho que avasalla;
cuando teñida en enemiga sangre
cuelga su espada,
la recompensan todas sus fatigas
al abrazar a su consorte amada
y al darle un beso en sus mejillas húmedas
con una lágrima.

Dulce mansión de mi niñez perdida,
donde la franqueza y la amistad gozaba;
donde en medio de amor vi deslizarse
las horas rápidas;
yo te dejé con un hondo sentimiento,
volví hacia ti mis últimas miradas,
y apenas puede percibir tus torres
tras una lágrima.

Aunque no puedo repetir, como antes,
mi juramento a mi María cara,
a la que fuera para mí otro tiempo
fuego del alma,
tengo presentes los felices días
en que, niños aún, tanto me amaba,
cuando ella contestaba a mis promesas
con una lágrima.

¿En otros brazos puede ser dichosa?
¿Tiene el recuerdo de su edad pasada?
Mi corazón respetará ese nombre
que tanto amaba.
Y dije adiós a mi esperanza loca,
con una lágrima.

Cuando al imperio de la eterna noche
tome su vuelo para siempre mi alma;
cuando mi cuerpo exánime repose
bajo una lápida,
si por ventura os acercáis un día
donde mi triste sepultura se halla,
humedeced siquiera mis cenizas
con una lágrima.

Yo no apetezco mármol... monumento
que la ambición la vanidad levanta;
manto suntuoso con que el necio orgullo
cubre su nada;
no darán sus emblemas a mi nombre
el falso orgullo ni la gloria vana;
lo que yo quiero, lo que pido sólo,
es una lágrima.

Versión s/d
**
En un álbum

Sobre la fría losa de una tumba
un nombre retiene la mirada de los que pasan,
de igual modo, cuando mires esta página,
pueda el mío atraer tus ojos y tu pensamiento.

Y cada vez cada vez que acudas a leer este nombre,
piensa en mí como se piensa en los muertos;
e imagina que mi corazón está aquí,
inhumado e intacto.

Versión de Arturo Rizzi

martes, 1 de marzo de 2016

Tu crimen divino fue ser bondadoso

LORD BYRON

(George Gordon Byron) 
(Londres, Inglaterra, 1788-Missolonghi, Grecia, 1824)


No volveremos a vagar
Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.

Pues así como la espada gasta su vaina,
Y el alma consume el pecho,
También el corazón debe detenerse a respirar,
E incluso el amor mismo debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar
Y los días vuelven demasiado pronto,
Aún así no volveremos a vagar
Bajo la luz de la luna.
***
Prometeo

I

¡Titán! Ante cuyos ojos inmortales
los sufrimientos de la humanidad,
vistos en su triste realidad,
no eran como las cosas que los dioses desprecian.
Un callado e intenso sufrimiento;
la roca, el buitre, y la cadena,
todo lo que el soberbio puede sentir de dolor,
la agonía que ver no deja,
la asfixiante sensación del infortunio,
que no habla sino en su soledad,
y luego es celosa, a menos que el cielo
posea un oyente, no suspirará
hasta que su voz eco no tenga.

II

¡Titán! La lucha te otorgaron
entre el sufrimiento y la voluntad,
que torturan cuando no pueden matar;
y el cielo inexorable,
y la sorda tiranía del destino,
el dominante principio del odio,
que para su placer crea
las cosas que pueden aniquilar,
te negaron hasta la dádiva de morir:
el desdichado don de la eternidad
era tuyo y bien lo has soportado.
Todo lo que Júpiter tonante te arrancó
no fue sino la amenaza que le devolvió
los tormentos de su tortura:
el destino muy bien previste,
pero no se lo dijiste para aplacarle;
y en tu silencio estuvo su sentencia,
y en su alma un vano arrepentimiento,
y un temor malvado tan mal disimulado,
que en su mano temblaron los rayos.

III

Tu crimen divino fue ser bondadoso,
el hacer con tus preceptos menor
la suma de las desventuras humanas,
y el fortalecer al hombre con su propia mente;
pero confundidos como tú fuiste desde las alturas,
aún en tu paciente energía,
en la resistencia y en la repulsa,
de tu espíritu impenetrable,
que ni tierra ni cielo pudieron agitar,
una poderosa lección heredamos:
tú eres un símbolo y un signo
para los mortales de su destino y su fuerza;
como tú, el hombre es en parte divino,
una corriente turbulenta de fuente pura;
y el hombre en parte puede prever
su propio destino fúnebre;
su desventura y su resistencia,
y su triste existencia sin aliados:
a la que su espíritu puede oponerse
y equipararse a todos sus desastres,
y a una firme voluntad y a un hondo sentido,
que hasta en la tortura capaz es de divisar
su propia recompensa concentrada,
triunfante cuando se atreve a tal desafío,
y haciendo de la muerte una victoria.

Diodati, julio de 1816

Versiones sin datos

miércoles, 18 de septiembre de 2013

A partir de todo lo que puedo ser

LORD BYRON

(Londres, Inglaterra, 1788-Missolonghi, Grecia, 1824)

LAS PEREGRINACIONES DE CHILDE HAROLD 
[fragmento] 

Hay un placer en los bosques sin senderos,
Hay éxtasis en la costa solitaria,
Hay compañía, allí donde nadie se hace presente,
Y al lado del mar profundo hay música en su rugido:
No amo menos al hombre, sino más a la Naturaleza,
A partir de nuestros encuentros, a los que asisto sigiloso,
A partir de todo lo que puedo ser, o haber sido antes,
hoy puedo fundirme con el Universo y sentir
lo que no puedo expresar, aunque me sea imposible ocultarlo.
**
 There is a pleasure in the pathless woods,
 There is a rapture on the lonely shore,
 There is society, where none intrudes,
 By the deep sea, and music in its roar:
 I love not man the less, but Nature more,
 From these our interviews, in which I steal
 From all I may be, or have been before,
 To mingle with the Universe, and feel
 What I can ne'er express, yet cannot all conceal.
 
****
Epitafio a su perro «Boatswain»

Aquí reposan
los restos de una criatura
que fue bella sin vanidad
fuerte sin insolencia,
valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char