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miércoles, 29 de junio de 2016

En la hora aquella en que todas las cosas hallan reposo

JAMES JOYCE
(Dublín, Irlanda, 1882-1941)
onlyoldphotography: Man Ray: James Joyce, 1922 Happy birthday ..

Música de cámara
(Fragmento)

I

Las cuerdas en la tierra y en el aire
Hacen música dulce;
Las cuerdas, junto al río 
Donde se encuentran los sauces.

Hay música junto al río
Pues Amor ronda ahí,
Pálidas flores en su manto,
Hojas oscuras en su cabello.

Todas tocando suavemente,
Con el rostro inclinado hacia la música
Y los dedos vagando
Sobre el instrumento.


III

En la hora aquella en que todas las cosas hallan reposo,
Observador solitario de los cielos, 
¿Escuchas tú el viento de la noche y los suspiros
De las arpas, tañendo al Amor, para que descierre
Las pálidas rejas del alba?

Cuando todas las cosas reposan, ¿tan solo tú
Despiertas para oír vibrar las dulces arpas 
Delante del Amor en su camino,
Y al viento nocturno que responde en antífona
Hasta que la noche se ha ido?

Sigan tañendo, arpas invisibles, al Amor,
Cuya ruta se ilumina en el cielo
En la hora aquella en que las suaves luces van y vienen,
Música suave y dulce, arriba en el cielo
Y abajo en la tierra.


IV

Cuando la tímida estrella avanza en el cielo
Virginal, desconsolada,
Escucha en medio de la noche embriagadora
Al que junto a tu reja canta.
Su canto es más dulce que el rocío 
Y viene a visitarte.

Oh, no inclines más tu rostro al meditar
Cuando él por las tardes llame.
Ni te preguntes: ¿Quién puede ser este cantor
Cuyo canto rodea mi corazón?
Conoce así, por el canto del amante,
Que soy yo el que es tu visitante.


VI

Quisiera en ese dulce seno estar
(¡Qué dulce y bello es!)
Do ningún viento burdo me visite.
Por los momentos tristes de ascetismo
Quisiera en ese dulce seno estar.

Quisiera estar por siempre en ese corazón
(¡Con suavidad llamo a su puerta y ruego!)
Donde sólo la paz fuese mi herencia,
El ascetismo sería mucho más dulce
Si tan sólo morara por siempre en ese corazón.


XI

Decid adiós, adiós, adiós,
Decid adiós a los días de la infancia,
Pues el Amor feliz viene a cortejaros
A vos y a vuestros modos infantiles —
El corpiño que os viene tan bien,
La cofia sobre vuestros dorados cabellos,

Cuando hayáis escuchado su nombre
En los cornos de los querubines,
Empezad suavemente a descubrir
Vuestro seno pueril ante él
Y suavemente a desatar la cofia
Que es signo de virginidad.


XII

¿Qué consejo ha puesto la luna encapuchada
En vuestro corazón, tímida y dulce mía,
Acerca del Amor en el antiguo plenilunio,
La gloria y las estrellas bajo sus pies —
Un sabio que no es sino pariente y deudo
Del Capuchino comediante?

Créeme más bien que sabio soy
A despecho de lo divino,
La gloria se enciende en esos ojos
Que tiemblan a la luz de la luna. ¡Mía, oh Mía!
No haya más lágrimas en la luna o en la niebla
Para ti, dulce sentimental.


XIII

Ve a buscarla con toda cortesía
Y dile que ya voy,
Viento de especias cuyo canto es siempre
Epitalamio.
Oh, date prisa sobre el oscuro monte
Y sobre el mar,
Porque ni mar ni tierra jamás del amor mío
Me separarán.

Ahora, viento, sé cortés,
Te pido que ahora vayas
Y entrando allá en su jardincillo
Cantes en su ventana;
El cantar: viento nupcial que sopla pues el Amor
Está ya en el Cenit;
Y pronto, pronto a tu lado, tu amor verdadero,
Pronto estará ya aquí.


XIV

Paloma mía, mi hermosa,
¡Levántate, levántate!
Pues ya el rocío nocturno yace
Sobre mis labios y mis párpados.

Los perfumados vientos tejen
Música de suspiros:
¡Levántate, levántate
Paloma mía, mi hermosa!

Te espero junto al cedro,
Hermana mía, mi amor.
Tu pecho níveo de paloma,
El mío será tu lecho.

El pálido rocío yace
Cual velo sobre mi frente.
¡Hermosa mía, mi dulce paloma,
Levántate, levántate!


XV

De aquellos sueños de rocío, oh, alma mía, despierta,
De aquel profundo sueño del amor, y de la muerte,
Pues ¡ea! Los árboles están plagados de suspiros
Cuyas hojas amonesta la mañana.

Hacia levante la gradual aurora prevalece
Allá donde los fuegos suaves pero ardientes surgen,
Y hacen temblar todos aquellos velos
De grises y áureos hilos de telaraña.

Y mientras dulce, suave, secretamente,
Las campanas floridas de la mañana se agitan,
Y los sapientes coros de las hadas
Empiezan a escucharse  (¡innumerables!).


XVII

Porque tu voz estaba conmigo
Le causé sufrimiento,
Porque en mi mano sostenía
Nuevamente tu mano.

No hay palabra ni señal alguna
Que pueda enmendar el daño—
Ahora es un extraño para mí
El que fuera mi amigo.


XXIII

Este corazón que aletea junto al mío, 
Es mi riqueza y mi esperanza toda,
Infeliz si cosa alguna nos separa
Y feliz entre un beso y otro más;
Es mi esperanza y mi riqueza toda,
¡Si! Y toda mi felicidad.

Porque ahí, cual en musgoso nido
Donde los grajos guardan tesoros diversos,
Ahí puse yo cuanto tesoro había
Antes de que mis ojos hubieran aprendido a llorar.
¿Podremos ser acaso tan sabios como ellos
Aunque el amor no viva más que un día?


XXXIV

¡Duerme ya, oh, duerme ya,
Oh, inquieto corazón!
Una voz que clama “Duerme ya”
Se oye en mi corazón.

La voz del invierno
Se oye a la puerta.
Oh, duerme, pues el invierno
Clama, “Ya no duermas”

Mi beso dará paz al fin,
Calma a tu corazón —
Ahora duerme en paz al fin,
Oh, inquieto corazón.


XXXVI

Escucho cómo un ejército se lanza a la carga sobre los montes
Y el retumbar de los caballos arrancando espuma alrededor de sus rodillas:
Arrogantes, detrás de ellos se yerguen, con negras armaduras,
Desdeñando las riendas, con látigos al aire, los aurigas.

Ellos gritan en medio de la noche su nombre de batalla:
Yo gimo en sueños al escuchar su risa enloquecida.
Ellos hienden el brillo de los sueños, una flama cegadora,
Tañen, tañen sobre el corazón, como sobre un yunque

Vienen agitando triunfantes sus verdes y largas melenas:
Salen del mar y gritan al correr  por la playa.
Corazón mío, ¿no tienes acaso serenidad, como para desesperar de esta manera?
Amor mío, amor mío, amor mío, ¿por qué me has abandonado?

Traducción de Martha Celis
Tomados de Punto en línea, UNAM..

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿O el verso lleno de vocales densas, pleno de ritmo, son de laúd?

JAMES JOYCE
(Dublín, Irlanda, 1882-Zurich, Suiza, 1941)



Retrato del artista adolescente
(Fragmentos)

Stephen cerró los ojos y extendió su mano temblorosa, con la palma hacia arriba. Sintió que el prefecto le tocaba un momento los dedos para ponerla plana y luego el silbido de las mangas de la sotana al levantarse la palmeta para dar. Un golpe ardiente, abrasador, punzante, como el chasquido de un bastón al quebrarse, obligó a la mano temblorosa a contraerse toda ella como una hoja en el fuego. Y al ruido, lágrimas ardientes de dolor se le agolparon en los ojos. Todo su cuerpo estaba estremecido de terror, el brazo le temblaba y la mano, agarrotada, ardiente, lívida, vacilaba como una hoja desgajada en el aire.
***
Para estar a solas con su alma, para examinarse la conciencia, para afrontar cara a cara sus pecados, para evocar sus modos, sus épocas, sus circunstancias, para llorarlos. No podía llorar. No podía evocarlos en su memoria. Sentía solo un dolor en el alma y en el cuerpo, todo su ser –memoria, voluntad, entendimiento, carne- entumecido y cansado.
***
Cuando el alma de un hombre nace en este país, se encuentra con unas redes arrojadas para retenerla, para impedirle la huida. Me estás hablando de nacionalidad, de lengua, de religión. Estas son las redes de las que yo he de procurar escaparme.
***
Una alegría temblorosa, como una caricia de luces pálidas, danzaba una danza de espíritus encantados en torno de él. ¿Qué era? ¿El paso de la muchacha por entre el aire crepuscular? ¿O el verso lleno de vocales densas, pleno de ritmo, son de laúd?
***
Cada uno de sus sentidos fue puesto bajo una disciplina rigurosa. Con el fin de mortificar el 
sentido de la vista adoptó como regla caminar por la calle con los ojos bajos, sin mirar ni a 
derecha ni a izquierda y nunca hacia atrás. Sus ojos evitaban todo encuentro con ojos de 

mujer.
***
Siempre sufrir, nunca gozar, siempre estar condenado, nunca obtener salvación, siempre, nunca; siempre, nunca. ¡Oh, cuan horrendo castigo! Una eternidad de inacabable agonía, de inacabable tormento espiritual y corporal, sin un rayo de esperanza, sin un momento de descanso. Una eternidad de agonía ilimitada en intensidad, de tormento infinitamente variado, de tortura, que alimenta eternamente aquello que eternamente devora, de angustia que perdurablemente oprime el espíritu mientras despedaza la carne, una eternidad, cada instante de la cual es ya de por sí una eternidad de dolor. Tal es el terrible tormento decretado, para que aquellos que mueren en pecado mortal, por un Dios justo y todopoderoso.
***
Madre está poniendo en orden mis nuevos trajes de segunda mano. Y reza, dice, para que sea capaz de aprender, al vivir mi propia vida y lejos de mi hogar y de mis amigos, lo que es el corazón, lo que puede sentir un corazón. Amén. Así sea. Bien llegada, ¡oh, vida! Salgo a buscar por millonésima vez la realidad de la experiencia y a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza.
***
Antepasado mío, antiguo artífice, ampárame ahora y siempre con tu ayuda.

miércoles, 27 de octubre de 2010

"Desde ahora y para siempre"

JAMES JOYCE
(Dublín, Irlanda, 1882 – Suiza, 1941)




“Se quedó inmóvil en el zaguán sombrío, tratando de captar la canción que cantaba aquella voz y escudriñando a su mujer. Había misterio y gracia en su pose, como si fuera ella el símbolo de algo. Se preguntó de qué podía ser símbolo una mujer de pie en una escalera oyendo una melodía lejana. Si fuera pintor la pintaría en esa misma posición. El sombrero de fieltro azul destacaría el bronce de su pelo recortado en la sombra, y los fragmentos oscuros de su traje pondrían las partes claras del relieve. Lejana melodía llamaría él al cuadro si fuera pintor.”

(...)
El aire del cuarto le helaba la espalda. Se estiró con cuidado bajo las sábanas y se echó al lado de su esposa. Uno a uno se iban convirtiendo ambos en sombras. Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida. Pensó cómo la mujer que descansaba a su lado había evocado en su corazón, durante años, la imagen de los ojos de su amante el día que él le dijo que no quería seguir viviendo.
Lágrimas generosas colmaron los ojos de Gabriel. Nunca había sentido aquello por ninguna mujer, pero supo que ese sentimiento tenía que ser amor. A sus ojos las lágrimas crecieron en la oscuridad parcial del cuarto y se imaginó que veía una figura de hombre, joven, de pie bajo un árbol anegado. Había otras formas próximas. Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos. Estaba consciente, pero no podía aprehender sus aviesas y tenues presencias. Su propia identidad se esfumaba a un mundo impalpable y gris: el sólido mundo en que estos muertos se criaron y vivieron se disolvía consumiéndose.
Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento, vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al Poniente. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al Oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía así en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.

(Dublineses, "Los muertos", fragmento)
Alianza Editorial; traducción de Guillermo Cabrera Infante a partir del texto corregido por Robert Scholes, que reproduce con la mayor fidelidad la versión preferida por Joyce y sigue escrupulosamente su puntuación preferida [nota bene]
***
El joven Donal
(o Promesas rotas)

Anoche, muy tarde el perro hablaba de ti,
la agachadiza hablaba de ti en lo profundo de su pantano.
Eres el pájaro solitario que recorre los bosques
y quizás no tengas compañero hasta que me encuentres.

Me lo prometiste y mentiste
que estarías antes que yo donde se reúne el rebaño.
Te silbé y di trescientas voces,
y sólo hallé una oveja balando.

Me prometiste algo difícil para ti,
un barco de oro bajo un mástil de plata,
doce ciudades y un mercado en cada una de ellas,
y una hermosa senda blanca junto al mar.

Me prometiste algo que no es posible,
que me traerías guantes de piel de pez,
que me traerías zapatos de piel de ave
y un traje de la seda más rica de Irlanda.

Cuando voy por mi cuenta al Pozo de la soledad,
me siento y entro a través de mi problema;
cuando veo el mundo y no ver a mi chico,
el que tiene un tono de color ámbar en el pelo.

Fue ese domingo cuando te di mi amor;
el último domingo antes de Pascua.
Y yo, de rodillas, leía la Pasión;
y mis dos ojos te daban mi amor para siempre.

Mi madre me dijo que no hablara contigo,
ni hoy ni mañana, ni el domingo.
Escogió un mal momento para decírmelo,
fue como cerrar la puerta después de que la casa fuera robada.

Mi corazón está tan negro como la negrura de la endrina,
o como el carbón negro que está en la fragua;
o como la suela de un zapato izquierdo en salas blancas;
eras tú el que ponía esta oscuridad en mi vida

Me despojaste del este, me despojaste del oeste;
tomaste lo que está delante de mi y lo que está detrás de mí;
me quistaste la luna, me quitaste el sol
y mucho me temo, que me hayas arrebatado a Dios".

Anónimo irlandés, en Middle Irish, lengua irlandesa hablada entre el siglo X y el XII]. Tomado de William B. Yeats, Ideas of Good and Evil. Anonymous. 8th Century Ireland, translated by Augusta Gregory.
***
The Lass of Aughrim

If you'll be the lass of Aughrim
As I am taking you mean to be
Tell me the first token
That passed between you and me

O don't you remember
That night on yon lean hill
When we both met together
Which I am sorry now to tell

The rain falls on my yellow locks
And the dew it wets my skin;
My babe lies cold within my arms;
Lord Gregory, let me in

sábado, 20 de junio de 2009

Del oscuro pasado nace un niño


Poemas de JAMES JOYCE
Dublín, Irlanda (1882-1941)


RECUERDO DE QUIENES A LA MEDIANOCHE SE HABLAN ANTE EL ESPEJO

Mascullando el lenguaje del amor.
Rechinando los trece dientes de tus magras
mandíbulas con una mueca. Tu inquietud
y tu miedo azotando. En ti el aliento
del amor se ha hecho viejo, fue dicho
y cantado, tan agrio como aliento de gato,
áspera lengua.
Este gris que te clava los ojos
no miente, escueta piel y hueso.
Su beso grasientos deja los labios.
Ninguno escogerá a la que tú ves
para mascullarla. Hambre terrible
sostiene su hora. Ánimo y adelante,
corazón tuyo, sangre salobre, fruto
de lágrimas. Ánimo y a devorar.

A MEMORY OF THE PLAYERS IN A MIRROR AT MIDNIGHT
They mouth love's language. Gnash
The thirteen teeth
Your lean jaws grin with. Lash
Your itch and quailing, nude greed of the flesh.
Love's breath in you is stale, worded or sung,
As sour as cat's breath.
Harsh of tongue.
This grey that stares
Lies not, stark skin and bone.
Leave greasy lips their kissing. None
Will choose her what you see to mouth upon.
Dire hunger holds his hour.
Pluck forth your heart, saltblood, a fruit of tears.
Pluck and devour!


ECCE PUER (1)

Del oscuro pasado nace un niño;
alegría y tristeza
me desgarran el corazón.
Tranquilo en la cuna
vivo descansa.
Que amor y gracia
sus ojos abran.
La joven vida respira
sobre el cristal.
El mundo que no era
viene para irse.
Un niño duerme:
un viejo se marcha.
Oh, padre renegado,
perdona a tu hijo.
-------------------
(1) En este poema el autor evoca el nacimiento de su hijo y la muerte de su padre.

ECCE PUER
Of the dark past
A child is born;
With joy and grief
My heart is torn.
Calm in his cradle
The living lies.
May love and mercy
Unclose his eyes!
Young life is breathed
On the glass;
The world that was not
Comes to pass.
A child is sleeping:
An old man gone.
O, father forsaken,
Forgive your son!


GAS DE UN MECHERO

Damas y caballeros, estáis aquí reunidos
para oír por qué cielo y tierra se conmovieron
por culpa de las siniestras, negras artes de un escritor irlandés en el extranjero.
Hace diez años que su libro me envió.
Más o menos lo leí unas cien veces (1),
de delante hacia atrás, de abajo a arriba,
a través de los dos extremos del telescopio.
Completo lo imprimí, hasta la mismísima
última palabra. Pero gracias a la merced del Señor, las tinieblas de mi mente se rasgaron, y vi el intento repugnante del autor. Pues un deber tengo hacia Irlanda: su honor con mi mano guardo.
Esta hermosa tierra que siempre envió a sus escritores y artistas al destierro,
y con espíritu típico de chanza irlandesa a sus adalides traicionó uno a uno.
Fue el seco, mojado humor de Irlanda
el que cal viva arrojó a los ojos de Parnell (2);
son los cerebros irlandeses quienes de su destino
salvan el resquebrajado barco del obispo de Roma,
porque todo el mundo sabe que el Papa no puede
eructar sin el consentimiento de Billy Walsh (3).
Oh Irlanda, primera y sola querencia mía,
donde Cristo y César mano y guante son.
Oh hermosa tierra donde el trébol crece.
(Permitidme, señoras, que me suene).
No me importa un bledo deciros, para que me censuréis,
que publiqué los poemas de Mountainy Mutton (4),
y una comedia que escribió (seguro estoy
de que la leísteis) donde se habla de «Bastardo»,
«fornicador» y «ramera» (5), y otra obra
sobre La Palabra y el Santo Pablo y de algunas
piernas femeninas que no puedo recordar,
todo ello escrito por Moore, caballero genuino (6),
que vive del diez por ciento de su heredad
he impreso libros místicos por docenas:
el libro de recetas de Coussins (7), aunque
(y os ruego que me perdonéis) sobre el verso diré
que envidia daría a vuestros traseros el no haberlos
escrito (8): El folklore del Norte y del Sur
por Gregory, La de la Boca Dorada publiqué (9):
tristes, tontos, solemnes poetas imprimí:
Patrick, cómo-se-llama-Colm: al ilustre (10)
John Milicent Synge, quien el espíritu eleva
sobre angélica ala con la muda (11) del trotamundos,
quien como hato la robó de la bolsa de viaje
de un director de Maunsel (12). Pero la cruz
y raya trazo sobre ese condenado sujeto
que por aquí anduvo, vestido de amarillo austríaco,
declamando italiano que O'Leary Curtis (13)
y John Wyse Power (14) pagaban por horas,
quien escribió sobre Dublín, sucia, amada, de tal
forma que ningún impresor, por muy africano,
de tan negro que sea, podría tolerarlo.
¡Mierda y cebollas! (15) ¿Pensasteis que imprimiría
el nombre del monumento a Wellington,
el de Sydney Parade, y el del tranvía de Sandymount,
el de la pastelería de Downes, el del jamón
de William? ¡Maldito sea si así lo hago! ¡Que al fuego
me condene! ¡Hablar sobre los Irish Names of Places! (16).
Me maravilla pensar, y sobre mi alma lo juro,
el que el autor olvidó mencionar el Curly's Hole (17).
No, señoras, mi imprenta no tomará parte
en un libelo tan basto sobre la Madrastra Erin (18).
Piedad tengo del pobre, por ello tomé
a un escocés pelirrojo (19) para que vigile mi libro.
¡Escocia, pobre hermana! Su destino es derrumbarse;
más Estuardos que vender ya no encuentra.
Delicada es mi conciencia como seda china:
mi corazón tan suave como el requesón.
Colm puede deciros que hice una rebaja
de cien libras sobre el presupuesto
que le di para imprimir su Irish Review (20).
Amo a mi país, ¡por los arenques que lo amo!
Quisiera que ver pudiérais las lágrimas
que sollozo al pensar en el barco, en el tren
de los emigrantes. Por tal causa para todo el mundo
publico esta guía de ferrocarriles tan ilegible.
A la puerta de mi imprenta la pobre,
digna prostituta, juega cada noche a la lucha libre
con su británico artillero de calzones ajustados, y el extranjero
el don de la locuacidad aprende
de la borracha, desaliñada, ramera Dublín.
¿Quién fue el que dijo «No resistid al mal»? (21)
Ese libro quemaré, aunque el diablo me lleve.
Cantaré un salmo mientras veo cómo se incendia,
y las cenizas guardaré en un ánfora.
Penitencia haré con vientos y gemidos,
de hinojos, sobre mis canillas. La próxima
cuaresma me desnudaré las penitentes
nalgas al aire, y gimoteando, junto a la imprenta
confesaré mi espantoso pecado.
Mi capataz irlandés, de Bannockburn (22),
hundirá la mano derecha en la urna,
y firmará con pulgar reverente una equis,
Memento homo (23) sobre mi culo.

---------------------------------------------------------
(1) George Aoberts es quien dirige la palabra.
(2) Este hecho, el cual Joyce menciona en «La sombra de Parnell» (p. 227), ocurrió en Castlecomer, en el verano de 1891, de acuerdo con el amigo y biógrafo de Parnell, R. Barry Q'Brien.
(3) Reverendo William J. Walsh, arzobispo de Dublín.
(4) Joseph Campbell, autor de «The Mountainy Singer», publicado por Maunsel en 1909.
(5) «Juicio», obra en dos actos, de Campbell, publicada por Maunsel en 1912. En la página 25 se encuentran las palabras «bastardo» y «ramera».
(6) «El apóstol», publicado por Maunsel en 1911. La obra de Moore, en la cual Cristo (La Palabra) y Pablo se encuentran después de la muerte de Cristo, incluye un diálogo entre Cristo y María, en el cual María se lamenta de su belleza perdida. En un largo prólogo Moore investiga, en la Biblia, en busca de pruebas sobre la sensualidad, y observa que «en la página 9» (Samuel) se lee cómo David fue cautivado por la dulzura de las piernas de Betsabé, mientras ésta se bañaba... y en la página 26, «Puede ponerse en duda si Pablo siempre pudo vencer las tentaciones de la carne, pero esto no nos haría amarlo menos, aun si supiéramos que habría amado a Santa Eunice no tan santamente».
(7) James Cousin, teósofo y poeta de Dublín. El «libro de recetas» probablemente se refiere a «Etain the Beloved and Other Pomes» publicado por Maunsel en 1912.
(8) Expresión del padre de Joyce. Ver «Ulises», pág. 122.
(9) Maunsel publicó el «Kiltartan History Book», en 1909. y el «Kiltartan Wonder Book», en 1910, ambas obras escritas por Lady Gregory.
(10) Padraic Colum. «What-you-do» significa literalmente «Cómo está usted», aunque en el uso diario equivale al momento de duda que al hablar de una persona se tiene al no recordar su nombre.
(11) La palabra «Shift» (muda de ropas), dicha por un personaje de «Playboy of the Western World», de Synge, ocasionó un alboroto en el Abbey Theatre en 1907; ese mismo año Maunsel publicó la obra.
(12) Roberts fue viajante de ropa interior para señoras.
(13) Periodista de Dublín.
(14) Oficial de la «Royal Irish Constabulary», destacada en Dublin Castle, hombre de gran cultura. A menudo aparece en «UIises» bajo los nombres de Jack Powerland y John Wyse Nolan.
(15) Expresión del padre de Joyce. Ver «Ulises», pág. 125.
(16) «The Origin and History of Irish Names of Places», escrita por Patrick Weston Joyce, quien no tenía nada que ver con James Joyce.
(17) Estanque para baños en Dollymount, Clontarf.
(18) Como bien observa el doctor Oliver Gogarty en «Mourning Becomes Mrs. Spendlove» (Nueva York, 1948), pág. 61, Robert era escocés de Ulster, por lo cual Erin era sólo su madastra.
(19) El mismo Robert.
(20) Colm editó «The Irish Rewiew» desde marzo de 1912 hasta julio de 1913.
(21) Cristo, en el Sermón de la montaña (22). Sitio en Escocia.
(23) «Memento, homo, quia pulvis es», palabras que el sacerdote dice el miércoles de ceniza, mientras hace la cruz de cenizas en la frente de los fieles.

GAS FROM A BURNER
Ladies and gents, you are here assembled
To hear why earth and heaven trembled
Because of the black and sinister arts
Of an Irish writer in foreign parts.
He sent me a book ten years ago.
I read it a hundred times or so,
Backwards and forwards, down and up,
Through both ends of a telescope.
I printed it all to the very last word
But by the mercy of the Lord
The darkness of my mind was rent
And I saw the writer's foul intent.
But I owe a duty to Ireland:
I hold her honour in my hand,
This lovely land that always sent
Her writers and artists to banishment
And in a spirit of Irish fun
Betrayed her own leaders, one by one.
'Twas Irish humour, wet and dry,
Flung quicklime into Parnell's eye;
'Tis Irish brains that save from doom
The leaky barge of the Bishop of Rome
For everyone knows the Pope can't belch
Without the consent of Billy Walsh.
O Ireland my first and only love
Where Christ and Caesar are hand and glove!
O lovely land where the shamrock grows!
(Allow me, ladies, to blow my nose)
To show you for strictures I don't care a button
I printed the poems of Mountainy Mutton
And a play he wrote (you've read it I'm sure)
Where they talk of «bastard», «bugger» and «whore»
And a play on the Word and Holy Paul
And some woman's legs that I can't recall
Written by Moore, a genuine gent
That lives on his property's ten per cent:
I printed mystical books in dozens:
I printed the table-book of Cousins
Though (asking your pardon) as for the verse
"Twould give you a heartburn on your arse:
I printed folklore from North and South
By Gregory of the Golden Mouth:
I printed poets, sad, silly and solemn:
I printed Patrick What-do-you-Colm:
I printed the great John Milicent Synge
Who soars above on an angel's wing
In the playboy shift that he pinched as swag
From Maunsel's manager's travelling-bag.
But I draw the line at that bloody fellow.
That was over here dressed in Austrian yellow.
Spouting Italian by the hour
To O'leary Curtis and John Wyse
Power And writing of Dublin, dirty and dear.
In a manner no blackamoor printer could bear.
Shite and onions! Do you think I'll print
The name of the Wellington Monument,
Sydney Parade and Sandymount tram,
Downes's cakeshop and Williams's jam?
I'm damned if I do-l'm damned to blazes!
Talk about Irish Names of Places!
It's a wonder to me, upon my soul,
He forgot to mention Curly's Hole.
No, ladies, my press shall have no share in
So gross a libel on Stepmother Erin.
I pity the poor-that's why I took
A red-headed Scotchman to keep my book.
Poor sister Scotland! Her doom is fell;
She cannot find any more Stuarts to sell.
My conscience is fine as Chinese silk:
My heart is as soft as buttermilk.
Colm can tell you I made a rebate
Of one hundred pounds on the estimate
I gave him for his Irish Review.
I love my country-by herrings I do!
I wish you could see what tears I weep
When I think of the emigrant train and ship
That's why I publish far and wide
My quite illegible railway guide.
In the porch of my printing institute
The poor and deserving prostitute
Plays every night at catch-as-catch-can
With her tight-breeched British artilleryman
And the foreigner learns the gift of the gab
From the drunken draggletail Dublin drab.
Who was it said: Resist not evil?
I'll burn that book, so help me devil.
I'll sing a psalm as I watch it burn
And the ashes I'll keep in a one-handled burn.
I'll penance do with farts and groans
Kneeling upon my marrowbones.
This very next lent I will unbare
My penitent buttocks to the air
And sobbing beside my printing press
My awful sin I will confess.
My Irish foreman from Bannockburn
Shall dip his right hand in the urn
And sign crisscross with reverent thumb
Memento homo upon my bum.


EL SANTO OFICIO

Por mí mismo, a mí mismo me bautizo
con el nombre de Catarsis-Purgativo.
Yo, quien desgreñado abandoné camino
por defender la gramática de los poetas,
llevando a tabernas y burdeles
la mente del ingenioso Aristóteles.
Aquí mi intérprete debe estar
por si acaso los bardos lo intentan
y se equivoca, por lo que ahora
de mis labios reciben ciencia peripatética.
Para entrar en el cielo, viajar al infierno,
ser piadoso o terrible, uno, positivamente,
necesita el alivio de las indulgencias
plenarias. Porque cada auténtico místico
de nacimiento es un Dante, sin prejuicio (1),
quien, a salvo en el rincón de la chimenea,
por poderes se arriesga a extremos de
heterodoxia, como quien halla una alegría
en la mesa, alabando las estrecheces.
Si uno rige su vida por el sentido común,
¿cómo puede dejar de ser profundo?
Pero no debéis considerarme como a uno
de aquella compañía de mojigangas (2).
Con aquél, quien se apresura a calmar (3)
las frivolidades de sus damas veleidosas (4),
mientras ellas lo consuelan cuando él
hace pucheras con orlas celtas bordadas en oro (5),
o aquel que sorbe todo el día
imprudencias mezclan su comedia (6),
o quien cuya conducta parece tener
preferencia por un hombre de «tono» (7),
o el que hace de remiendo harapiento
para los millonarios de Hazelhatch,
mas llorando después de la santa cuaresma,
confiesa todo su infiel pasado (8),
o quien tiene voluble sombrero,
no para la malta, ni para el crucifijo,
sino para mostrar a todos cuán pobremente
vestida va su alta cortesía castellana (9),
o quien a su dueño ama con delirio (10),
o quien con temor bebe su vaso de cerveza (11),
o aquel que una vez, cuando estuvo cómodamente
acostado, vio a Jesucristo sin cabeza,
y con esfuerzo intentó salvar para nosotros
las obras de Esquilo, perdidas hace tiempo (12).
Mas todos estos hombres de quien hablo
me hacen ser la cloaca de su pandilla.
Mientras ellos sueñan sus soñados sueños,
yo les saco las corrientes apestosas,
porque si estas cosas hago por ellos
fue porque mi diadema perdí,
Esas cosas por las que severamente la Abuela
Iglesia me dejó plantado.
Así les alivio los tímidos anos, y mi oficio
hago de Catarsis. Mi escarlata blancos
como la lana los deja (13). A través de mí
evacuan la panza llena. Para hermanar
máscaras, a una y a todas, como vicario
general actúo (14), y para cada doncella,
nerviosa y tímida, similar servicio realizo.
Que sin sorpresa reconozco la belleza
sombreada de sus ojos, el «no osad»
de la dulce virginidad contestando
a mi corrupto «quisiera» (15). Nunca ella
parece que piensa en ello, cuando en público
nos vemos, mas por la noche, cuando
encerrada en el lecho, descansa y siente
la mano entre los muslos,
mi pequeño amor, de luz vestido, reconoce la suave
llama que es el deseo. Pero las patrias de Mammon
bajo la prohibición tienen las costumbres
de Leviatán (16), y ese alto espíritu batalla
siempre con los innumerables secuaces
de Mammon. Que nunca puedan ellos verse libres
de este tributo de desprecio. Así vuelvo
la vista, distante de las vacilaciones
de ese heterogéneo séquito, esas almas
que odian la fortaleza que la mía tiene,
acerada en la escuela del viejo Aquino.
Donde ellos se agacharon, se arrastraron y oraron
yo permanezco, destinado por mí mismo,
sin miedo, sin hermanarme, sin amigos y solo,
indiferente como espina de arenque, firme
como cordillera de montañas, donde
mis astas centellean al aire (17). Dejad
que sigan como hasta ahora, necesarios
son para mantener el equilibrio. Aunque
se esfuercen hasta la tumba mi espíritu
nunca será de ellos. Ni mi alma con las suyas
una será de ellos. Ni mi alma con las suyas
una sea hasta que el Mahamanvantara (18)
se cumpla: que aunque a puntapiés de su puerta
me echen, mi alma los despreciará para siempre jamás.

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(1) Frase que se repite en el ensayo de Joyce sobre la «Catalina» de Visen.
(2) «Sabed que me considerarán
hermano auténtico de una compañía
que cantaba a la equivocación de la dulce Irlanda...»
W.B. Yeats: «Address to Ireland in the Coming Times». «Compañía de Mojigangas» se emplea como título despreciativo, aunque se refiere específicamente al Abbey Theatre, que fue reconocido en agosto de 1914. Patrocinado económicamente por Annie E. Horniman, presidido por Lady Augusta Gregory y dominado artísticamente por Yeats, se desarrolló gracias al anterior Irish National Theatre, donde todos los jóvenes escritores irlandeses, con la excepción de Joyce, tomaron parte de una forma u otra.
(3) Yeats.
(4) Lady Gregory y Miss Horniman y quizá Maud Gonne MacBride.
(5) Alusión a las portadas con adornos impresos en oro de los libros que Yeats publicó en el último decenio del siglo pasado.
(6) John M. Synge.
(7) Oliver Gogarty.
(8) Padraic Colum.
(9) W.K. Magee («John Eglinton»).
(10)George Roberts, devoto seguidor de George Russell, a quien Russell se dirige como Joyce lo hace, en un poema.
(11) James S. Starkey («Seumas O´Sullivan»)
(12) George Russell.
(13) «Aunque tus pecados sean escarlatas, blancos serán como la lana», Isaías, I:18.
(14) Asistente del obispo, quien está al cargo del funcionamiento de la diócesis.
(15) «Dejando al "no osad" esperar por el "Quisiera" como el gato del refrán». Shakespeare: Macbeth, I, VII, 44-5.
(16) Satán, el héroe, el individuo, en este caso el mismo Joyce.
(17) «Era su fundamento y desdén les arrojó con astas centelleantes». Stephen Hero, p. 35.
(18) El gran año hindú.

THE HOLY OFFICE
Myself unto myself will give
This name, Katharsis-Purgative.
I, who dishelvelled ways forsook
To hold the poet's grammar-book,
Bringing to tavern and to brothel
The mind of witty Aristotle,
Lest bards in the attempt should err
Must here be my interpreter:
Wherefore receive now from my lip
Peripatetic scholarship.
To enter heaven, travel hell,
Be piteous or terrible,
One positively needs the ease
Of plenary indulgences.
For every true-born mysticist
A Dante is, unprejudiced,
Who safe at ingle-nook, by proxy,
Hazards extremes of heterodoxy,
Like him who finds a joy at table,
Pondering the uncomfortable.
Ruing one's life by commonsense
How can one fail to be intense?
But I must not accounted be
One of that mumming company-
With him who hies him to appease
His giddy dame's frivolities
While they console him when he whinges
With gold-embroidered Celtic fringes-
Or him who sober all the day
Mixes a naggin in his play-
Or him whose conduct «seems to own»
His preference for a man of «tone»-
Or him who plays the ragged patch
To millionaires in Hazelhatch
But weeping after holy fast
Confesses all his pagan past-
Or him who will his hat unfix
Neither to malt nor crucifix
But show to all that poor-dressed be
His high Castilian courtesy-

(*) Poemas extraídos del libro Poemas Manzanas, publicados por la colección VISOR de poesía en 1973.
Traducción: José María Martín Triana
Tomado de Enfocarte.com


ELLA LLORA SOBRE RAHOON

Dulce cae la lluvia sobre Rahoon
dulcemente cayendo donde mi opaco amante descansa
triste es su voz que me llama
tristemente llamándome cuando gris asciende la luna.
Amor escucha aún suave
cuán triste su voz siempre me llama
siempre sin respuesta
mientras la lluvia cae
ahora como entonces.
Oscuros también nuestros corazones
oh amor descansarán y se quedarán fríos
como su triste corazón descansa
bajo las ortigas que grises hace la luna
bajo la negra tierra
y la lluvia que murmura.

domingo, 15 de marzo de 2009

Leves toques en el vidrio

El maravilloso final de Los muertos,
de James Joyce
"El aire del cuarto le helaba la espalda. Se estiró con cuidado bajo las sábanas y se echó al lado de su esposa. Uno a uno se iban convirtiendo ambos en sombras. Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida. Pensó cómo la mujer que descansaba a su lado había evocado en su corazón, durante años, la imagen de los ojos de su amante el día que él le dijo que no quería seguir viviendo. Lágrimas generosas colmaron los ojos de Gabriel. Nunca había sentido aquello por ninguna mujer, pero supo que ese sentimiento tenía que ser amor. A sus ojos las lágrimas crecieron en la oscuridad parcial del cuarto y se imaginó que veía una figura de hombre, joven, de pie bajo un árbol anegado. Había otras formas próximas. Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos. Estaba consciente, pero no podía aprehender sus aviesas y tenues presencias. Su propia identidad se esfumaba a un mundo impalpable y gris: el sólido mundo en que estos muertos se criaron y vivieron se disolvía consumiéndose. Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento, vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al Poniente. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al Oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía así en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos."

Extraído de Dublineses, de James Joyce, Ed. Debolsillo.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char