JOAN MANUEL SERRAT
(Barcelona, España, 1943)
Canción de cuna
“Por la mañana rocío,
al mediodía calor,
por la tarde los mosquitos:
no quiero ser labrador.”
Y yo que me dormía en tus brazos
con la boca pegada a tu pecho.
El amor de un hombre nos había unido
antes de la mañana de invierno en que nací.
El viento no puede llevarse el recuerdo de aquel tiempo
cuando te quitabas el pan para darme mantequilla.
“Por la mañana rocío,
al mediodía calor,
por la tarde los mosquitos:
no quiero ser labrador.”
Canción de cuna que entonces ya me hablaba
de mi abuelo que duerme en el fondo de un barranco,
de un camino polvoriento, de un blanco cementerio,
y de campos de uvas, de trigos y de olivos.
De una virgen en un altozano, de caminos y atajos,
de todos tus hermanos que murieron en la guerra.
“Por la mañana rocío,
al mediodía calor,
por la tarde los mosquitos:
no quiero ser labrador.”
Eres hija del viento seco y de una enjuta tierra.
De una tierra que nunca has podido olvidar
a pesar del largo camino que te obligaron a andar
tus hermanos de sangre, tus hermanos de lengua,
y todavía quieres morir escuchando alionines
cubierta por el polvo de aquella pobre tierra.
“Por la mañana rocío,
al mediodía calor,
por la tarde los mosquitos:
no quiero ser labrador”.
(Fuente: serrat.webcindario.com/cancodebressol )
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sábado, 30 de septiembre de 2017
domingo, 28 de diciembre de 2014
Para caer a tierra ya queda tiempo
JOAN MANUEL SERRAT
(Barcelona, España, 1943)
CANCIÓN DE MADRUGADA
Nos lo ha de decir la voz temblorosa
y triste de un campanario.
Un golpe de luz y el grito de una garza
que ha despertado con hambre y busca
entre trigos y avenas
cualquier cosa para llenar el buche.
O tal vez un gallo
que en el corral canta:
la noche ha muerto, y ya clarea.
Mientras yo canto, de madrugada,
la aldea duerme todavía.
Se han despertado mojadas las hojas
del campo de alfalfa vecino.
Se sacuden el agua del rocío
mientras llega la madrugada
y el sol que las calienta,
hasta que las corten de un golpe de hoz.
Alzan la cabeza
mojada y fresca.
Para caer a tierra ya queda tiempo.
En la aldea llora un niño
y por las afueras corren los corderos.
Con el zurrón y la bota a la espalda,
con un bastón en la mano,
se van el pastor y su perro guardián,
se van hacia otros pastos.
Cruzando ríos y cabañas,
a las montañas quieren volver.
Salen con la aurora,
es preciso salir temprano:
el camino que han de hacer es muy largo.
Hacia la aldea ya viene el payés,
la bolsa vacía y el carro lleno
de rojo tomate y de verduras
cogidas de su huerto.
La mula suda, el carro chirría
y el hombre cierra los ojos y sueña,
mientras el sol se levanta
desde un lecho de encinas, deslumbrando
a las viejecitas
que marchitaditas,
hacia la iglesia van caminando.
Y ahora yo canto, de madrugada.
La aldea duerme todavía.
**
Ens ho ha de dir la veu tremolosa
y trista d'un campanar.
Un cop de llum i el crit de d'una garsa
que ha despertat amb fam i busca
per entre blats i civades
qualsevol cosa per omplir el pap.
O potser un gall
que dins la cort canta:
la nit és morta i ja es fa clar.
Mentre jo canto, de matinada,
la vila és adormida encara.
S'han despertat mullades les fulles
del camp d'alfals veí.
S'espolsen l'aigua de la rosada
mentre que arriba la matinada
i el sol que les escalfa
fins que les tallin d'un cop de falç.
Alcen la testa
mullada i fresca.
Per a caure a terra massa temps hi ha.
Dintre la vila ja plora un nen
i pels afores corren els bens.
Amb el sarró i la bóta a l'esquena,
amb un bastó a la mà,
se'n va el pastor i el seu gos d'atura,
se'n van cap unes altres pastures.
Trencant rius i cabanyes
a les muntanyes volen tornar.
Surt amb l'aurora,
cal sortit d'hora:
el camí que han de fer és molt llarg.
Cap a la vila ja ve el pagès,
la bossa buida i el carro ple
de roig tomàquet i de verdures
collides del seu hort.
La mula sua i el carro crida
i l'home tanca els ulls i somnia
mentre el sol es lleva
d'un llit d'alzines, enlluernant
les velletes
que pansidetes,
cap a l'església van caminant.
I ara jo canto de matinada,
la vila és adormida encara.
| Aldea de Albarracín, Teruel, España |
(Barcelona, España, 1943)
CANCIÓN DE MADRUGADA
Nos lo ha de decir la voz temblorosa
y triste de un campanario.
Un golpe de luz y el grito de una garza
que ha despertado con hambre y busca
entre trigos y avenas
cualquier cosa para llenar el buche.
O tal vez un gallo
que en el corral canta:
la noche ha muerto, y ya clarea.
Mientras yo canto, de madrugada,
la aldea duerme todavía.
Se han despertado mojadas las hojas
del campo de alfalfa vecino.
Se sacuden el agua del rocío
mientras llega la madrugada
y el sol que las calienta,
hasta que las corten de un golpe de hoz.
Alzan la cabeza
mojada y fresca.
Para caer a tierra ya queda tiempo.
En la aldea llora un niño
y por las afueras corren los corderos.
Con el zurrón y la bota a la espalda,
con un bastón en la mano,
se van el pastor y su perro guardián,
se van hacia otros pastos.
Cruzando ríos y cabañas,
a las montañas quieren volver.
Salen con la aurora,
es preciso salir temprano:
el camino que han de hacer es muy largo.
Hacia la aldea ya viene el payés,
la bolsa vacía y el carro lleno
de rojo tomate y de verduras
cogidas de su huerto.
La mula suda, el carro chirría
y el hombre cierra los ojos y sueña,
mientras el sol se levanta
desde un lecho de encinas, deslumbrando
a las viejecitas
que marchitaditas,
hacia la iglesia van caminando.
Y ahora yo canto, de madrugada.
La aldea duerme todavía.
**
Ens ho ha de dir la veu tremolosa
y trista d'un campanar.
Un cop de llum i el crit de d'una garsa
que ha despertat amb fam i busca
per entre blats i civades
qualsevol cosa per omplir el pap.
O potser un gall
que dins la cort canta:
la nit és morta i ja es fa clar.
Mentre jo canto, de matinada,
la vila és adormida encara.
S'han despertat mullades les fulles
del camp d'alfals veí.
S'espolsen l'aigua de la rosada
mentre que arriba la matinada
i el sol que les escalfa
fins que les tallin d'un cop de falç.
Alcen la testa
mullada i fresca.
Per a caure a terra massa temps hi ha.
Dintre la vila ja plora un nen
i pels afores corren els bens.
Amb el sarró i la bóta a l'esquena,
amb un bastó a la mà,
se'n va el pastor i el seu gos d'atura,
se'n van cap unes altres pastures.
Trencant rius i cabanyes
a les muntanyes volen tornar.
Surt amb l'aurora,
cal sortit d'hora:
el camí que han de fer és molt llarg.
Cap a la vila ja ve el pagès,
la bossa buida i el carro ple
de roig tomàquet i de verdures
collides del seu hort.
La mula sua i el carro crida
i l'home tanca els ulls i somnia
mentre el sol es lleva
d'un llit d'alzines, enlluernant
les velletes
que pansidetes,
cap a l'església van caminant.
I ara jo canto de matinada,
la vila és adormida encara.
miércoles, 10 de julio de 2013
Y morir por morir, quieren morirse al sol
| Créd.: Eugenio García. |
JOAN MANUEL SERRAT
(Barcelona, España, 1943)
Esos pueblos blancos colgados de las montañas, esperando siempre un milagro que nunca llega, pero viviendo siempre de una esperanza que se va transmitiendo de generación en generación. Siempre le dejan a uno el alma como encogida, como queriendo gritarles escapen de ahí, lo que no les arreglaron ayer, nadie va a venir a arreglárselo mañana. Escapen no quiere decir huyan, quiere decir: háganlo ustedes.
Esto poco más o menos es lo que yo quise retratar en un 'Pueblo blanco', que no sólo es común en los que están pintados de blanco, sino que yo los he visto pintados de otros colores, muchas veces de colores variados, ligeros y agradables a la vista, pero que en el fondo de cada una de aquellas casas y dentro de cada uno de aquellos corazones latían exactamente el mismo pueblo blanco...
J.M. Serrat
**
PUEBLO BLANCO
Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco
bajo un cielo que, a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.
Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra.
Sólo el olvido...
camina lento bordeando la cañada
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.
El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura.
El cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán.
Y mi pueblo después
vio morir a los tres...
Y me pregunto por qué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.
De la siega a la siembra
se vive en la taberna.
Las comadres murmuran
su historia en el umbral
de sus casas de cal.
Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que, noche a noche, forjaron en su mente.
Fuerte pa' ser su señor.
Tierno para el amor...
Ellas sueñan con él,
y él con irse muy lejos
de su pueblo. Y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir,
quieren morirse al sol.
La boca abierta al calor, como lagartos.
Medio ocultos tras un sombrero de esparto.
Escapad gente tierna,
que esta tierra está enferma,
y no esperes mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.
Toma tu mula, tu hembra y tu arreo.
Sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna.
Tal vez mañana sonría la fortuna.
Y si te toca llorar
es mejor frente al mar.
Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí...
Pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.
jueves, 22 de noviembre de 2012
lunes, 2 de abril de 2012
lunes, 14 de febrero de 2011
Y el amor, el amor
Y el amor
El milagro de existir...
El instinto de buscar...
La fortuna de encontrar...
El gusto de conocer...
La ilusión de vislumbrar...
El placer de coincidir...
El temor a reincidir...
El orgullo de gustar...
La emoción de desnudar...
y descubrir, despacio, el juego.
El rito de acariciar
prendiendo fuego.
La delicia de encajar
y abandonarse.
El alivio de estallar
y derramarse.
Y el amor, el amor,
el amor, el amor,
el amor, el amor.
Joan Manuel Serrat
domingo, 21 de junio de 2009
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char