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miércoles, 20 de abril de 2016

Me gustaría mucho no tener compostura

JEAN COCTEAU
(Francia, 1889-1963) 
Jean Cocteau by George Platt Lynes

Un periodista le preguntó a Jean Cocteau: "Señor, si alguna vez el Museo del Louvre se encontrara en llamas, ¿usted que salvaría?". La respuesta del artista fue concisa y breve: "el fuego".
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Un egoísta es aquel que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti. 
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 Los espejos, antes de darnos la imagen que reproducen, deberían reflexionar un poco. 
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En última instancia, todo tiene arreglo, menos la dificultad de ser, que no lo tiene. 
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Vocabulario

Por supuesto, te acuestas como un ángel de nieve
más pesado que el bronce, más ligero que el corcho
sobre el amante cuyo espasmo finalmente te regocija
bajo tu fuego helado la carne se hace estatua
y a la larga, es preciso que, muerto, me acostumbre
a recibirte en mi lecho.
***
Opio
(Fragmento)


Me gustaría mucho no tener compostura. Es difícil. La falta de compostura es la marca del héroe. Hablo de una falta de compostura hecha de cifras, cuentas de hotel y ropa sucia. Leit-motiv del De Profundis: -El único crimen consiste en ser superficial. Todo lo que se comprende está bien-. La reiteración de esta frase irrita, pero es reveladora. Este lugar común, último descubrimiento de Wilde, deja de ser un lugar común y comienza a vivir por el hecho mismo de que él lo descubre. Toma la fuerza de una fecha.

viernes, 6 de julio de 2012

Afrodita, sus avestruces, sus diamantes


JEAN COCTEAU
(Francia, 1889-1963)

FRUTO

Un farolillo dominical,
madurado por el viento
puede incendiar las ramas;
hay que cogerlo antes.
***
Trouville

El océano, como la esmeralda,
tiene imperfecciones,
pero la bañista embelesada
adora las joyas falsas.
***
Mediodía

El remero, ángel de madera, impulsa con sus alas
-Afrodita, sus avestruces, sus diamantes-,
desde la amplia calma a bordo de una ola constante,
un carruaje esmeralda de corceles espumosos.

He aquí los restos: bidones, anclas, vigas
mástiles, medusas, miradas de ahogados en las vitrinas
del bulevar de las ciudades submarinas.
Y el mar se retira succionando entre burbujas.

Rápidamente me quito mi camisa, mi sombrero,
me tiendo, náufrago desnudo en esta orilla,
obligando a mostrarse bajo el calor salvaje
al atezado indio Sioux capturado en mi piel.
***

Tomados de http://www.davidzuker.com/wikilydia

viernes, 11 de junio de 2010

Tú quien tú que tú


COCTEAU, JEAN
(Maisons-Laffitte, Francia, 1889-1963)


Homenaje a Jerónimo Bosco

Tú quien tú que tú con tu techumbre panza de cornamusa
La escalera de rana y la bula del Papa
Y los misteriosos viñedos de Príapo
Y la vergüenza de la pareja del unicornio desnudo
Y el vergel absurdo y la comitiva en marcha
Hacia sí misma y el viento en una vela de hueso
Soplado por el trasero de un patriarca
Que te empuja hacia el Escorial Dionisio
Y tu risa escondida tras una mano virgen
Y el mundo espantado por el rayo de un pedo
Los paraísos perdidos y las lágrimas de cirio
Formando un lago debajo de lo más sospechoso

Traducción de Julia Escobar
***
Un amigo duerme

Tus manos por las sábanas eran mis hojas muertas.
Mi otoño era un amor por tu verano.
El viento del recuerdo resonaba en las puertas
de lugares que nunca visitáramos.

Permití la mentira de tu sueño egoísta
allá donde tus pasos borran el sueño.
Crees estar donde estás. Qué triste nos resulta
estar donde no estamos, así siempre.

Tu vivías hundido dentro de otro tú mismo,
abstraído a tal punto de tu cuerpo
que eras como de piedra. Duro para el que ama
es tener un retrato solamente.

Inmóvil, desvelado, yo visitaba estancias
a las que nunca ya retornaremos.
Corría como un loco sin remover los miembros:
el mentón apoyado sobre el puño.

Y, cuando regresaba de esa carrera inerte,
te encontraba aburrido, con los ojos
cerrados, con tu aliento y con tu enorme mano
abiertos, y tu boca rebosante de noche....
***
CARTA (inédita) DE ADIÓS A FEDERICO

Canta. Por la boca de tu herida. Por la boca entreabierta de tu herida. Por la boca de tu herida abierta de par en par. Por el ojo húmedo carmesí de tu herida. Por la granada resplandeciente de tu herida. Por la risa atroz de la dentadura de un caballo de picador de tu herida. Por la leche oscura de los labios de un recién nacido de tu herida. Por la lava del volcán de tu herida. Por la mucosa del erizo abierto en dos de tu herida. Por la cueva donde despierta sobresaltado el gitano de tu herida. Por la estrella escarlata de las ruinas de tu herida. Por la tinta roja del último poema de tu herida.

***
Un verdadero poeta no se moleste en ser poético. Tampoco un jardinero, del aroma de las rosas.
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Imagen: por Jean Cocteau

sábado, 27 de junio de 2009

La carne se hace estatua



JEAN COCTEAU
(Francia, 1889-1963)
(Fragmentos)


De Vocabulario

Por supuesto, te acuestas como un ángel de nieve
más pesado que el bronce, más ligero que el corcho
sobre el amante cuyo espasmo finalmente te regocija
bajo tu fuego helado la carne se hace estatua
y a la larga, es preciso que, muerto, me acostumbre
a recibirte en mi lecho.

De La voz humana

¿En el bolso? Puse todas las cartas, las tuyas y las mías... Sí, ya puedes mandarlo a buscar cuando puedas... ¡Cómo no va a ser triste!... es triste... Sí, que lo entiendo... No, mi amor, no, no me des más explicaciones, la tonta soy yo... Eres muy bueno... y muy cariñoso... Yo tampoco creí que iba a poder resistir... No sé de qué te asombras... menos de lo que crees... Parezco una sonámbula... Me levanto, me arreglo, entro, salgo, y no me doy cuenta de lo que estoy haciendo... A lo mejor mañana no puedo, pero hoy, todavía... ¿A ti?... A ti no, mi amor, tú no tienes por qué sentirte culpable de nada... ¿Qué? No, espera, déjame... yo... claro, pasan estas cosas... Ya lo sé muy bien... y no me arrepiento... Dijimos que íbamos a ser siempre sinceros el uno con el otro... Siempre... Es mucho mejor, mira si hubieras esperado hasta último momento para decírmelo... Eso... eso habría sido demasiado cruel... me habría dolido mucho más... Así voy haciéndome poco a poco la idea y... me acostumbro... trato de entenderlo... ¿Teatro? ¿Qué dices?... hola... ¿estás ahí? No estoy haciendo ningún teatro... ¿Cómo puedes creer que...? Tú me conoces mejor que nadie... Sabes que no sé mentir... Nunca..., nunca... nunca... completamente tranquila... si te estuviera escondiendo algo, te darías cuenta por la voz... Sí... te dije que quería ser valiente y lo voy a ser... ¿qué?... Bueno, eso es muy distinto... Está bien, todos nos mentimos cuando conviene... Cuesta mucho aceptar las situaciones definitivas... ¡Mira que te gusta exagerar las cosas! Te juro que tuve tiempo para hacerme a la idea... Y eso también te lo debo... Supiste dormirme, mimarme. No te faltó mas que anestesiarme... lo preparaste muy bien... íbamos contra la corriente... No quisimos renunciar a cinco años de felicidad y ahora tenemos que pagar el precio... Pero eso lo supimos desde el principio, desde el primer día... Yo, por lo menos... Jamás pensé que se iba a producir un milagro... Así que... valió la pena... y no me duele pagar... ¿Qué? ¿Hola?... Nada... que no me duele pagar porque valió la pena... QUE-VALIÓ-LA-PENA. Ya lo creo... sí... sí..., estás equivocado... mucho... Salvé lo que tenía que salvar... ¿Hola?... lo que yo misma quise salvar... y fui muy feliz con vos... muy feliz...

(…)

¿Sabes? Alguna vez, cuando estábamos acostados y apoyaba mi cabeza en tu pecho, oía tu voz exactamente igual que esta noche en el teléfono.
¿Oiga? Oigo música... Digo que estoy oyendo música... Pues deberías dar golpes en la pared e impedir que tus vecinos pongan el gramófono a estas horas... Es inútil. Además, el médico de Marta volverá mañana... No te preocupes... Por supuesto. Ella te dará noticias mías. ¿Qué? ¡Oh, sí, mil veces mejor! Si no hubieses llamado, yo ya estaría muerta. (...) Perdóname. Sé que esta escena es intolerable y que tienes mucha paciencia, pero, entiéndeme, sufro, estoy muy mal. Este hilo es el último que nos sigue uniendo... ¿Antes de ayer por la noche? Dormí. Me dormí junto al teléfono... No, no. En mi cama... Sí, lo sé. Resulto ridícula, es cierto, pero tenía el teléfono metido en la cama; a pesar de todo estamos unidos por él. Porque tú me hablas. Hace ya cinco años que vivo de ti, que eres el único aire que respiro, que paso mi vida esperándote, creyéndote muerto si llegas tarde, muriendo por creerte muerto, volviendo a la vida cuando entras y estás aquí, muriéndome por miedo a que te marches... Ahora respiro porque me estás hablando...
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char