JAVIER ADÚRIZ
(Buenos Aires, Argentina, 1948-2011)
Arde la luna, arde igual que un garfio,
con tanto filo que lastima el aire.
-Honor, honor al lago que tiembla
y es el modo de un sueño. Gloria
a ese violento dormitar de un pájaro.
Gloria mucha…a la mañana que llega.
Algo desata el nudo de las apariencias,
la entraña alta de las apariencias
-No un nombre, no el camino,
no el santón de ojitos en la nuca.
Nada de lo que suceda en vano. Gloria…
A esta furia que cede con el sol naciendo.
A Jorge Aulicino
De Canción del samurai (2004)
***
Nosotros, los que mentimos a diario,
los que encarnamos el difícil arte
de la locuacidad vacía,
nosotros, los embaucadores
de sordos,
temblones mediocres del infinito
abismo, los artistas consumados
de la transmutación y la astucia,
raza de enanos
irredentos, de perdularios
a domicilio, nosotros,
los sabios, los mezquinos, paralíticos
de la alegría, los entusiastas
del odio, los magníficos,
los elegidos desde siempre
para juzgar y condenarnos.
Deliciosa inteligencia.
De Canción del samurai (2004)
***
El punto quizás sea dirimir la naturaleza de lo poético. Por eso ingreso sin querer en el gabinete del “hombre de dos cabezas”. Caramba, me digo, y me hallo notoriamente inquieto. El hombre tiene justamente dos cabezas, como dos balones y no es chiste, aparte de que dialogan bastante raro entre sí. El sujeto profesa un narcisismo insoportable. Ahí es cuando me pierdo, en el instante en que ambas caras se entregan a discutir consigo mismas la valía del Preste Juan. Fetén, fetén, exclamo, y me retiro – como decían los viejos – en los pies de un trote.
Quietud. Los autos
No dejan de pasar
Por la avenida
De Esto es así (2009)
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jueves, 17 de abril de 2014
martes, 7 de agosto de 2012
¿Pico y pala para llegar a esto?
(Buenos Aires, Argentina, 1948-2011)
¿HICIMOS BIEN?
¿Entonces por fin el centro de lo oscuro, Víctor?
Pico y pala… ¿pico y pala para llegar a esto?
¿al furor de los sueños, el muro de granito?
No fue uno, sabelo, fueron muchos los años
de bruto boqueteo, y ¿esto era? decime ¿así
la forma de la bestia? ¿lo negro de las horas?
No, si nada es lo que parece, lo sabemos.
Porque lo hicimos muy por otra cosa ¿no?…
¿Pero qué oís ahora con ese estetoscopio?
Hablame, por favor, ¿hicimos bien en empeñar
la vida, los departamentos?… Por dios, ¿hay algo?
Aflojá, hermano, ¿por qué llorás con esa cara?
sábado, 25 de febrero de 2012
Contra el viento blanco de la precariedad
JAVIER ADÚRIZ
(Buenos Aires, Argentina, 1948-2011)
Acodada sobre la pared veía el moroso ajetreo de los barcos en la bahía, mientras los hombres, de espaldas al mar, se movían con avidez, acarreando bultos como hormigas de verano. Jamás había salido de su tierra: llevaba todavía próximo el aroma de las manzanas en sazón, la aspereza del monte empinado, la severidad de los hórreos guardando su tesoro de semillas. Y sin embargo, estaba ya lejos; cerca de ese mar desmesurado y monótono, más cerca del cielo y del futuro, mareada de fatiga, como si hubiera trabajado al sol en las eras. Y sin embargo, casi había olvidado su casa de apenas ayer, las caras que mucho había querido, los quehaceres del año e incluso, el ahora remoto día de fiesta, el día memorable que la acompañó durante meses de impaciencia. Por fin llegaba la hora: sólo deseaba apartarse de esa orilla natal, abrirse paso en el horizonte, presentarse sin demora al reclamo de otra costa y otro amor. Con premura subió al barco; desde la cubierta sus ojos rechazaban el paisaje, desbordado de melancolía. Nada le decía adiós, ningún temblor de la brisa la retuvo. Partió nada más y el puerto se disolvió con ella como si fuera de humo.
(De Canción del samurai)
***
Pero no existe el país. En todo caso lo tangible son estas ciudades enormes que, como los principados de antes, agitan aquella misma pulsión por ser, la bandera roída del deseo. Rosario, Mendoza, Salta, Bahía Blanca, Córdoba, incluso La Plata o cualquier otra, pujan por encontrar un destino ajeno a Buenos Aires, esta múltiple cabeza tecnológica, suma de la soledad, y del orgullo que nos desgarra a todos. Tal vez, una carencia de orden mestizo, reinventada en cada vuelta de esquina, cada historia, contra el viento blanco de la precariedad.
Aquí también
Mordisquea su sueño
La pobre rata
***
Hay que dirimir la naturaleza de lo poético, se dijo. Quizás de la naturaleza nomás. Lástima que ahora mismo el viento sople con fuerza y el velero haya resuelto escorarse en la mitad del río. File el foque, file el foque, repite esa voz de hace tantos años. El horror, el horror, señala. No, le digo, fascinación.
Sombras y lejos
Es un fondo deforme
Esta agonía
(De Esto es así.
Fragmentos)
(Buenos Aires, Argentina, 1948-2011)
Acodada sobre la pared veía el moroso ajetreo de los barcos en la bahía, mientras los hombres, de espaldas al mar, se movían con avidez, acarreando bultos como hormigas de verano. Jamás había salido de su tierra: llevaba todavía próximo el aroma de las manzanas en sazón, la aspereza del monte empinado, la severidad de los hórreos guardando su tesoro de semillas. Y sin embargo, estaba ya lejos; cerca de ese mar desmesurado y monótono, más cerca del cielo y del futuro, mareada de fatiga, como si hubiera trabajado al sol en las eras. Y sin embargo, casi había olvidado su casa de apenas ayer, las caras que mucho había querido, los quehaceres del año e incluso, el ahora remoto día de fiesta, el día memorable que la acompañó durante meses de impaciencia. Por fin llegaba la hora: sólo deseaba apartarse de esa orilla natal, abrirse paso en el horizonte, presentarse sin demora al reclamo de otra costa y otro amor. Con premura subió al barco; desde la cubierta sus ojos rechazaban el paisaje, desbordado de melancolía. Nada le decía adiós, ningún temblor de la brisa la retuvo. Partió nada más y el puerto se disolvió con ella como si fuera de humo.
(De Canción del samurai)
***
Pero no existe el país. En todo caso lo tangible son estas ciudades enormes que, como los principados de antes, agitan aquella misma pulsión por ser, la bandera roída del deseo. Rosario, Mendoza, Salta, Bahía Blanca, Córdoba, incluso La Plata o cualquier otra, pujan por encontrar un destino ajeno a Buenos Aires, esta múltiple cabeza tecnológica, suma de la soledad, y del orgullo que nos desgarra a todos. Tal vez, una carencia de orden mestizo, reinventada en cada vuelta de esquina, cada historia, contra el viento blanco de la precariedad.
Aquí también
Mordisquea su sueño
La pobre rata
***
Hay que dirimir la naturaleza de lo poético, se dijo. Quizás de la naturaleza nomás. Lástima que ahora mismo el viento sople con fuerza y el velero haya resuelto escorarse en la mitad del río. File el foque, file el foque, repite esa voz de hace tantos años. El horror, el horror, señala. No, le digo, fascinación.
Sombras y lejos
Es un fondo deforme
Esta agonía
(De Esto es así.
Fragmentos)
miércoles, 12 de octubre de 2011
Peregrino del cielo
Un poco más de JAVIER ADÚRIZ
(Buenos Aires, Argentina, 1948-2011)
Ayer a la tarde resolví convertirme en un peregrino del cielo y salir a caminar por los pasillos de dios. Principalmente porque llegó la hora del despojamiento. Me refiero a esa especie de afán de dar un paso y otro y otro, en busca de mis vagas certezas. De ahí también, el hecho oportuno de elegir los ahijú como vehículo de la percepción. Me dije: cada verdad ocasional debe ser anotada en este cuaderno que me regalaron en el año sesenta y cinco, aunque los fragmentos vengan del silencio y no hallen más validez que la de su propio enunciado… Sí, maltrecho lector: seamos viajeros de la eternidad.
A cada paso
Vas hundiendo los pies
En otra carne
***
Pero no es una cuestión de principios lo que aquí atraviesa, sino las correspondencias de la imagen con un espacio privado. No parece haber religión por estos parajes, aunque a veces exista la plegaria. Tampoco civilidad y menos, instinto nacional. ¿Qué va a ser de mí, cuando tire el cuaderno por la ventanilla? Si la literatura no excede el concepto de la compañía, de la pura conversación inteligente. Se vive por lo visto tejas abajo, en el zaguán oscuro donde se urden las palabras.
Habla y habla
Entre sueños
Igual se miente
De Los nada, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011
(Buenos Aires, Argentina, 1948-2011)
Ayer a la tarde resolví convertirme en un peregrino del cielo y salir a caminar por los pasillos de dios. Principalmente porque llegó la hora del despojamiento. Me refiero a esa especie de afán de dar un paso y otro y otro, en busca de mis vagas certezas. De ahí también, el hecho oportuno de elegir los ahijú como vehículo de la percepción. Me dije: cada verdad ocasional debe ser anotada en este cuaderno que me regalaron en el año sesenta y cinco, aunque los fragmentos vengan del silencio y no hallen más validez que la de su propio enunciado… Sí, maltrecho lector: seamos viajeros de la eternidad.
A cada paso
Vas hundiendo los pies
En otra carne
***
Pero no es una cuestión de principios lo que aquí atraviesa, sino las correspondencias de la imagen con un espacio privado. No parece haber religión por estos parajes, aunque a veces exista la plegaria. Tampoco civilidad y menos, instinto nacional. ¿Qué va a ser de mí, cuando tire el cuaderno por la ventanilla? Si la literatura no excede el concepto de la compañía, de la pura conversación inteligente. Se vive por lo visto tejas abajo, en el zaguán oscuro donde se urden las palabras.
Habla y habla
Entre sueños
Igual se miente
De Esto es así, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2009
***
Una señora
La señora lava la ropa de la casa, la cuelga.
La señora atiende el hambre de su cría.
Con paso hábil y ademanes precisos
hace lo suyo: esa labor absoluta
de dación oscuramente intensa.
Después, como si fuera un mago,
muestra un habla sutil y delicada,
los vericuetos de un pensamiento
seco, compenetrado con la vida.
Y qué decir de su historia, su dura
y llamativa historia. Nitidez, simpleza
en un punto trabajada en el zen.
Cuánta luz, ella sola en el cuadro.
Ahora piensa: si volviera a nacer,
de verdad, de verdad, que no sé
lo que haría.
***
Balada del contemplativo
Algo así resulta la escena primordial.
Un árbol noble, un viejo cedro
que dejaba trepar su mansedumbrehasta media altura, a rama suficiente
para pasar las horas y la tarde si quisiera
mirando hacia el oeste,
donde se sabía del próximo espectáculo.
Detrás de un montecito de eucaliptus
el firmamento haría su mudanza
de cambio, entre pocos ruidos
y algún pájaro dichoso por lo libre.
Ese fue el sello que rigió inadvertido
el resto de una vida: contemplación
a expensas de la acción, el vivir para ver,
haberte visto, amor, aun en la locura
de la ferocidad de los días de trabajo,
cuando lo activo nos golpeaba a su ritmo
de ruda vara por la espalda, ajena de emoción
y de sentido. Días de días, horas y semanas
actuando la comedia de existir y haciendo
con honor lo poco que se tenía entre manos.
Pájaros en la jaula de lo no deseado.
En esa distancia entre el ver para vivir
y el hacer para sobrevivir, gastamos vida.
Pero hay mucho de milagro en todo esto.
Por la noche, cuando te tocaba
volvía al cedro, al espectáculo central.
Pasión de sol abrazando el cuerpo del mundo,
la ternura de ese cuerpo tuyo generoso
para que los eucaliptus temblaran
en el tacto y en los ojos. ¿Sabés?
Bendigo ahora la contemplación,
el paraíso del contemplativo.
jueves, 17 de marzo de 2011
Debiera componer un mundo, ¿no?
Algo más de JAVIER ADURIZ
(Buenos Aires, Argentina, 1948)Coro
no se corresponde con la índole
de mi carácter. Me maldisponetrabajar de prólogo (amén
de este atavío arlequinesco).
Digo: como pueblo
soy una caricatura del primer mundo.
Debiera componer un mundo, ¿no?
la melancolía no era el único pasto
de las aves. Comedia o no,
cada quien arrastra el trayecto de su risa.
Lo supo Aristófanes, frente a la amargura
ateniense; y el inefable Fidel Pintos,
cuya fealdad sin palabra
nos consolaba de nosotros mismos.
Está dicho: para un pueblo joven, lo risible
compromete innumerables músculos.
***
A esta altura el yo profiere apenas un espesor de lenguaje, maniobras de acercamiento. Hay una distancia considerable entre decir yo y escribir el yo. En el habla, se pliega reactivo frente a las acechanzas atávicas de lo real. En la letra se vuelve construcción, virulencia imaginaria… Si yo fuera rico, menciona la tonada. Si yo fuera rico, no sería quien soy, sino otro tipo de fantasía más abocada al poder, al consumo, a la vanagloria, preveo. Discurso sobre el discurso: ni el que habla ni el que escribe refieren a alguien.
Muy buenos días
Muy buenas tardes
Esperando a Godot***
Oh dioses, puesto que también vosotros habéis sido autores de tales transformaciones, ayudadme en mi empresa y haced que mi poema discurra sin interrupción desde el principio del mundo hasta la actualidad. También es mi deseo exponer las mutaciones de los cuerpos en formas nuevas… Con este talante voy a intentar mi próximo libro, exigiendo novedad a todo trance… Sumado a la turba vanguardista, vociferaré en las avenidas, seré una quinta columna. Vanguardismo, vanguardismo sin concesiones, originalidad implacable, cantaré. Ay, mamita querida.
Versión
Toda la tarde
Viendo llover
Buracos en la puerta
***
De improviso el clima en el club se enrarece. Los jóvenes ingresan de a miles por las ventanas, pero el sector vitalicio resiste atornillado a las sillas. Que se sepa, la discusión es grotesca. Se declara abierta la sesión, proclama uno con cara de administrador de algo. Todos aplauden y se odian. Anote, escribano, digo. No anoto nada, recalca un anciano escupiendo con furia las palabras. Bien, entonces escriba. Dos puntos: Echeverría, Mansilla y Hernández. Sarmiento, Cap y Sivo. Corbatta, Pizzuti, Pereiro, Giannuzzi y Belén. Desde las tinieblas alguien irrumpe moviendo la mano: Aguante el posclásico, viejita. Pero el momento termina con el redoblante volando hacia la cara de todos.
Este paisaje
Tiene algo irreal
Todo está vivo
**
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char