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martes, 22 de noviembre de 2016

Otredad no siempre es abandono

Eunice de Souza
(India, 1940)





© MADHU KAPPARATH FOR THE CARAVAN

Dulces dieciséis

Bueno, no se puede decir
que no lo intentaran.
Las madres nunca hablaron de la menstruación.
Una monja gritó: Ordinaria
no digas corpiño
di sujetador
Y le abrochó mangas de papel
a nuestros vestidos sin mangas.
El cura tronó:
Nunca salgan solas con un hombre
Solas nunca
y aunque estén comprometidas
besos sin ninguna pasión solamente.

A los dieciséis años, Phoebe me preguntó:
no te puede pasar cuando estás en un baile,
quiero decir, sabes
que te dé un embarazo, mientras
estás bailando?
Yo, con dieciséis, le aseguré que sí,
que podía pasarle.
**
Consejo para mujeres 

Tené gatos 
si querés aprender a pilotear 
la otredad de los amantes. 
Otredad no siempre es abandono – 
Los gatos vuelven a sus piedritas 
cuando lo necesitan. 
No putean por la ventana 
a sus enemigos. 
Esa mirada de sorpresa perpetua 
en esos enormes ojos verdes 
te enseñarán 
a morir sola.

Traducción de Aníbal Cristobo

miércoles, 6 de abril de 2016

No somos más que el producto de su intelecto

Rudyard Kipling 

(Bombay, India Británica, 1865-Gran Bretaña, 1936)

El secreto de las máquinas

Extraídas del lecho del mineral y de la mina,
en el horno derretidas y en el pozo—
fundidas y forjadas y golpeadas según diseño,
cortadas y alineadas y labradas y calibradas hasta encajar.
Un poco de agua, carbón y aceite es toda nuestra demanda,
y una milésima de pulgada para podernos mover:
y ahora, si a nuestra labor nos aplicas,
las veintincuatro horas del día te serviremos.

Podemos tirar e izar y empujar, levantar y conducir,
podemos imprimir y arar y tejer, calentar e iluminar,
podemos correr y acelerar y nadar, volar y bucear,
podemos ver y oír y contar y leer y escribir.

¿Llamarías a un amigo desde el otro medio mundo?
Si nos dejas tomar tu nombre, ciudad y estado,
podrás oír y ver tu pregunta reciente lanzada
a través del arco del cielo mientras esperas.
¿Ha respondido? ¿te necesita a su lado?
Esta misma tarde si quieres puedes partir,
y tomar el Océano Occidental al ritmo
de setenta mil caballos y pocas tuercas.

El barco expreso está esperando tus órdenes.
(….)

Mas recuerda la ley que rige nuestras vidas;
No estamos construidos para entender mentiras,
No podemos amar, llorar ni perdonar.
Si nos manejas mal, encontrarás la muerte.
Somos mayores que el Hombre o los Reyes.
Sé humilde cuando te arrastres por debajo de nuestras bielas,
Nuestro toque puede cambiar todas las cosas creadas.
Somos todo en el mundo salvo los dioses.

Aunque nuestro humo oculte los cielos de sus ojos,
Desaparecerá y las estrellas volverán a brillar;
Porque pese a nuestra fuerza, peso y magnitud,
No somos más que el producto de su intelecto.
***
Helen en soledad

Hubo oscuridad bajo el Cielo
Durante una hora.
La oscuridad que conocemos
Nos fue otorgada como una gracia.
El sol y el mediodía y las estrellas se ocultaron,
Dios abandonó su Trono,
Cuando Helen vino hacia mí, lo hizo,
¡Helen en soledad!

Lado a lado (porque el destino
Nos condenó desde el nacimiento)
Arribamos a las puertas del Limbo
Y miramos hacia la tierra.
Mano sobre mano en medio
De un espanto que el sueño no conoce,
Helen corrió junto a mi, lo hizo,
¡Helen en soledad!

Cuando el Horror que pasa
Se lanzó a nuestra caza,
Cada uno se apoyó en el otro,
Y encontramos fortaleza en el otro.
En los dientes de las Cosas Prohibidas
Y la Razón derrocada,
Helen se paró junto a mi, lo hizo,
¡Helen en soledad!

Cuando, por fin, oímos aquellos fuegos,
Quebrados y muriendo lejos,
Cuando, por fin, nuestro deseo encadenado
Nos arrastró hacia el día;
Cuando, por fin, nuestras almas se libraron
De lo que nos había revelado la Noche,
Helen pasó junto a mí, lo hizo,
¡Helen en soledad!

Déjala ir y encontrar a su amado,
Así como yo he de buscar a mi novia,
Sin conocer la Nada detrás del Limbo
Ni a quienes son encerrados dentro.
Hay un conocimiento prohibido por Dios,
Más de lo que podemos soportar,
Entonces Helen se alejó de mí, lo hizo,
¡Oh, mi alma se alegró de ello!
¡Helen en soledad!

Versiones sin datos

sábado, 12 de marzo de 2016

Lo real es o la totalidad o el instante desvanecido…


Tomado de wikipedia: 
Painting of Kabir and disciple



Jacques-Marie Émile Lacan

(París, Francia, 1901-ibídem, 1981) 

Lo Real en Lacan no tiene nada que ver con lo que en lenguaje corriente referimos con la palabra realidad. En todo caso, lo Real sería justamente aquello que está excluido de la realidad, lo que carece de sentido, la dimensión de lo que no encaja, de lo que no podemos situar. 
A la altura del seminario XXIV, el Lacan que ya se había distanciado de la dialéctica hegeliana y luego del estructuralismo, toma como modelo a la física cuántica y la teoría del caos.  Definiendo a lo real como aquello sin ley, que no responde a un orden, ni a ninguna clasificación. 
Lo que normalmente llamamos realidad sería el resultado de una especie de entrecruzamiento entre lo simbólico y lo imaginario. 
Lo real es lo imposible en la medida que no puede llegar a simbolizarse ni a imaginarizarse, que no cesa de no escribirse. 
**
El lenguaje es, entonces, la actividad simbólica por excelencia: todas las teorías del lenguaje que se basan en una confusión entre la palabra y su referente pasan por alto esta dimensión esencial.  ¿No le recuerda acaso Humpty Dumpty a Alicia que él es el amo de la palabra, si no de su referente?

**
Lo real es aquello que no se puede expresar por el lenguaje, lo que no se puede decir, no se puede representar.  Lo Real está siempre presente pero continuamente mediado por lo imaginario y lo simbólico. 
Lo real es o la totalidad o el instante desvanecido…

En la experiencia analítica para el sujeto, es siempre el golpe a algo, por ejemplo: el silencio del analista. 
***
Lo real es inaccesible porque estamos mediados por lo simbólico, por el lenguaje.  Para Lacan hay tres ordenes o registros desde los que abordar la realidad: Lo Real, Lo Imaginario y Lo Simbólico. 
A diferencia de los otros dos registros Lo Real es pleno, está completo, y como dijimos es inabordable por el lenguaje.  El Inconsciente es Real. 
La realidad en cambio, sí es abordable, es para Freud el rodeo que tiene que dar el deseo para alcanzar la satisfacción.  La realidad es incompleta, no es plena, a diferencia de lo real al que conocemos sólo por sus efectos.  A la realidad la podemos conocer por la observación, por ejemplo. 

Kabir es uno de los poetas místicos hindúes mas importantes y grandes, se ignora la exacta fecha de su nacimiento pero se lo sitúa aproximadamente en 1440 en el seno de una familia de un tejedor musulmán de Benarés, este poeta no dudó en predicar ( en plena época medieval) la igualdad de todos los hombres ante Dios, ya fueran hindúes o musulmanes de casta superior o inferior.  Kabir intenta alcanzar Lo Real pero cae en una contradicción porque lo hace por la vía del lenguaje y desde allí Lo Real se puede apuntalar (como ocurre con este bello poema) pero no asir. 
El poema pertenece a un libro que se llama “Cien poemas de Kabir” de editorial Diana ( 1975 ). Kabir intenta saltearse el mundo de las diferencias, intenta alcanzar lo real, pero el lenguaje se lo impide porque el lenguaje esta hecho de diferencias, la diferencia entre uno y otro significante.  Se suele confundir lo real en Lacan con la idea de realidad, y son dos nociones muy diferentes.  Lo real no conoce la diferencia y es inaprensible (José Luis Alonso).

*Los últimos fragmentos están tomados de cristinadaneripsicoanalista.com/kabir-y-el-registro-de-lo-real-en-lacan.
***
SAINT KABIR
(Varanasi (Benares), India, probablemente alrededor del año 1440-1518) XIV

El río y sus olas son una unidad;
¿Qué diferencia hay entre él y ellas?
Cuando se levanta la ola, es de agua,
y agua es al caer de nuevo. 
¿Dónde está, pues, la diferencia?
¿Deja de ser agua porque la llamo ola?
Dentro del Brahman Supremo
existen los mundos como cuentas de un rosario;
Contempla ese rosario con el ojo de la sabiduría. 
                                                                                  ***
36. Cuando el sol brilla, ¿dónde está la noche? Y es de noche cuando el sol ha retirado su luz.
Donde hay conocimiento, ¿puede persistir la ignorancia? Y si hay ignorancia, el conocimiento debe perecer.
Si hay lujuria, ¿cómo puede haber amor? Donde está el amor, no existe la lujuria. Empuña la espada y corre a la batalla.
Combate, ¡oh, hermano!, mientras dure tu vida. Corta la cabeza de tu enemigo para darle así una muerte rápida.
Vuélvete luego, para inclinar la frente ante el triunfo de tu Rey. El hombre valiente no abandona jamás el combate;
el que huye no es un verdadero combatiente.
En el coto cerrado de nuestro cuerpo se libra una gran guerra contra las pasiones, la cólera, el orgullo y la envidia.
Donde más arrecia la batalla es en el Reino de la Verdad, del contentamiento y de la pureza, y la espada más activa
es la tizona que lleva su nombre.

Kabir dice:
Cuando un valeroso caballero entra en liza, la multitud de los cobardes se pone
en fuga.
Denodado y áspero combate el que libra aquel que busca la Verdad.
Su voto es más difícil de cumplir que el del guerrero o el de la viuda que quiere reunirse con su esposo.
Pues el guerrero combate durante unas horas y la lucha de la vida con la muerte concluye muy pronto.
Pero la batalla de aquel que busca la Verdad prosigue día y noche, y sin que cese mientras dura su vida.

***

 
37. La cerradura del error cierra la cancela: ábrela con la llave del amor.

Al abrir la puerta, despertarás al Bienamado.
Kabir dice:
No pases, ¡oh, hermano!, sin aprovechar tan buena ventura.
                                                                                    ***




lunes, 2 de noviembre de 2015

Ella soy yo, caminante sin esperanza, ella soy yo

Rabindranath Tagore

(Calcuta, India, 1861ibíd., 1941)

La luna nueva
VIII

Desperté con los primeros pájaros y ya mi lámpara moría. Y me fui a la ventana abierta y me senté; con una guirnalda fresca en mis cabellos sueltos... Por el camino venía él en la nieve rosada de la mañana. Traía al cuello una cadena de perlas y el Sol le daba en la frente. Y se paró en mi puerta y me dijo ansioso: ¿Dónde está ella, di? Me dio vergüenza de decirle: Ella soy yo, hermoso caminante, ella soy yo.

Anochecía y aún no habían encendido... Yo me cogía el pelo con desgana. Él llegaba en su carroza, toda incendiada de rojo por el Sol poniente. Traía el traje lleno de polvo. La espuma hervía en la boca anhelante de sus caballos... Se bajó a mi puerta y me dijo con voz cansada: ¿Dónde está ella, di? Me dio vergüenza de decirle: Ella soy yo, caminante fatigado, ella soy yo.

Esta noche de abril, la lámpara arde en mi alcoba, que la brisa del sur colma suave. El loro charlatán duerme en su jaula. Mi vestido es azul como el cuello de un pavo real, y verde mi manto como la hierba nueva. Sentada en el suelo, junto a la ventana, miro la calle desierta... Y pasa la noche oscura y no me canso de cantar: Ella soy yo, caminante sin esperanza, ella soy yo.
**
Me dijo bajito: "Amor mío, mírame en los ojos...

Me dijo bajito: "Amor mío, mírame en los ojos.
"Le reñí, agria, y le dije: "Vete." Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos... Yo le dije: "Déjame."
Pero no se fue.

Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: "¿No te da vergüenza?"
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: "¿Cómo te atreves, di?" Pero no le dio vergüenza.

Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: "¡Es en vano!"
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
"Por qué, por qué no vuelve?"
**
Puse en mi bandeja cuanto tenía, y te lo di...

Puse en mi bandeja cuanto tenía, y te lo di.
¿Qué traeré a tus pies mañana?
Soy como el árbol que, huyendo el verano floreciente,
mira al cielo, levantadas sus ramas desnudas de flores.
Pero ¿no hay, entre todas mis ofrendas pasadas, una sola flor
que haya hecho inmarcesible la eternidad de las lágrimas?
¿Te acordarás, me darás las gracias con los ojos
cuando llegue yo a ti con las manos vacías,
en la despedida de mis días estivales?

Edición de la Editorial  Aguilar (Biblioteca Premios Nobel),
Versiones de Zenobia Camprubi de Jiménez

martes, 1 de julio de 2014

Del leopardo orgullo son sus manchas, honor del búfalo son sus cuernos

RUDYARD  KIPLING

(Bombay, India, 1865 - Londres, Inglaterra, 1936)

De El segundo libro de la selva
Canción nocturna en la selva 

Los hermanos de Mowgli
Desata a la noche Mang, el murciélago;
en sus alas acarréala Rann, el milano;
duerme en el corral la vacada
y de corderos duerme el atajo;
tras las reforzadas cercas se esconden
pues hasta el amanecer con libertad vagamos.
Orgullo y fuerza, zarpazo pronto,
prudente silencio: es nuestra hora.
¡Resuena el grito! ¡Para el que observa
la ley que amamos, caza abundante!
**
Canción de los galeotes

Remamos para que avanzaras con el viento en contra y las velas bajas.
¿No nos dejarás nunca en libertad?
Pan y cebolla comíamos cuando tomabas ciudades, o rápido regresábamos a bordo
si te perseguía el enemigo.
Los Capitanes paseaban de proa a popa sobre cubierta con el buen
tiempo, cantando canciones; nosotros estábamos abajo.
Desfallecíamos, la barbilla sobre los remos, y no te dabas cuenta pues
seguíamos meciéndonos hacia adelante y hacia atrás.
¿No nos dejarás nunca en libertad?
La sal dejaba el palo de los remos como la piel del tiburón; nuestras
rodillas abiertas hasta el hueso con cristales de sal; pegado
el pelo a la frente; y nuestros labios cortados hasta las encías,
y nos dabas con el látigo porque no podíamos remar.
¿No nos dejarás nunca en libertad?
Pero, pronto escaparemos, a través de los ojos de buey, igual que
corre el agua por los palos de los remos, y, aunque ordenes
a los otros que nos persigan, no podrás nunca prendernos a
menos que empuñes tú los remos y encierres los vientos en la
panza de la vela. ¡Aho!
¿No nos dejarás nunca en libertad?
**
De El segundo libro de la selva
La Caza de Kaa

Del leopardo orgullo son sus manchas, honor del búfalo son sus cuernos.
¡Limpio! Pues del que caza se juzga a fuerza por el color de su piel.

Si acaso el toro te embiste y aterra, o una cornada del sambhur recibes,
por narrarlo el trabajo no abandones, pues cosa es que tenemos ya olvidada.

Nunca del cachorro débil y ajeno abuses; cual a un hermano debes mirarle,
que, aunque débil y torpe, es probable que a una osa –puede ser– tenga por madre.

¡Nadie corno yo! –jáctase el cachorro cuando a sus plantas ve la primera pieza.
Pero él es pequeño, y grande, la Selva: que medite en calma, porque ahora apenas empieza.

Máximas de Baloo
**
Tomados de poemaseningles.blogspot.com.ar

jueves, 12 de julio de 2012

No me pidan nada más que agua y arroz


Tomada de www.hindu.com
RAMAKANTA RATH 
(Orissa: ରମାକାନ୍ତ ରଥ)
(India, 1934)

Eres la fragancia de las rocas

Eres la fragancia de las rocas
La lamentación de cada flor
El insoportable ardor de la luna
La helada serenidad del sol resplandeciente
El lenguaje de mis cartas a mí mismo
La sonrisa con que nace toda desesperación
Los milenios de espera sin pegar los ojos
La futilidad última de toda rebelión
El exquisito ídolo hecho de aspiraciones
Los verdes ayeres de los desiertos
El monzón ataviado de hojas y flores
El iluminado sendero que va de la tierra al planeta más lejano
El momento fantástico que es mitad día y mitad noche
La eternidad del breve silencio del mar
El solazado final de los sueños incompletos
El enmarañado momento de despertar con un sobresalto
La reticente estrella brillando en el cielo al amanecer
Las palabras no dichas ante la despedida
El inquieto viento condenado a una reclusión solitaria
El cuerpo de la niebla sentado en un trono
El reflejo dormido en la cama abismal del río
La oculta mina de las joyas más preciadas
Los perfiles de la demencia grabada en el espacio,
y la impronunciada historia del rayo.

Tú has soportado siempre, querida
todas mis fallas sonriendo.
Sé que no estoy destinado a traerte de vuelta
una vez que has partido.
Todo lo que puedo hacer en adelante, hasta el último día de mi vida,
es recoger los fragmentos de lo que eres
y tratar de juntarlos.

Traducción de Araceli Mancilla
***
Una petición a la muerte

Les ofrezco esta agua a ustedes
mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo, y a ustedes, soldados y generales
que pelearon por nosotros y contra nosotros
y que murieron en esta guerra.
Yo me paro aquí, en este campo de batalla,
y les doy esta agua y este arroz
a ustedes, que deben estar hambrientos y sedientos.

No me pidan nada
más que agua y arroz.
No añadan nada a la larga lista
de cosas que no les pude dar
confórmense con esta agua y con este arroz
y regresen al lugar de donde vinieron.

Piensen en esto: los años
que pasé con ustedes fueron muchos
y piensen en esto: no pasará mucho tiempo
antes de que me una a ustedes, dondequiera que estén.
Si yo tuviera cosas
además de esta agua y este arroz
¿se las habría negado
y les habría pedido que volvieran?

Cualquier cosa que yo tenga
además de esta agua y este arroz
seguro que no son ofrendas apropiadas
para las almas difuntas.
Verdad, yo recorrí cada día de mi vida
con este equipaje de cosas ocultas
pero cada vez que las miro
me desintegro, grito
con una voz que desgarra
los cielos y el mundo terrenal.

Lágrimas llenan mis ojos
cuando hago esta ofrenda
de agua y arroz.
Sé que cuando llegue mi turno
no tendré ninguno de los dos.

Miren, el sol casi se ha puesto.
Ahora, regresen al lugar de donde vinieron
con este poco de agua y de arroz que les di.
Miren, yo mismo no tengo
ni agua ni arroz
Miren, yo no tengo nada excepto las pocas cosas
que no les di
y que guardé para mí.

Traducción de Jimena Londoño

martes, 7 de febrero de 2012

Sea bienvenida la descortesía del Destino

Dibujo: R. Kipling

RUDYARD  KIPLING
(Bombay, India, 1865 - Londres, Inglaterra, 1936)

De Epitafios de la guerra
1914-18

7. Hindú cipayo en Francia

Este hombre en su propia tierra rezaba no sabemos a qué Poderes.
Nosotros le rezamos para pagarle por su bravura en la nuestra.
* * *
16. El hombre refinado

Era de espíritu delicado. Por mis necesidades me aparté
desdeñando los comunes oficios. Fui visto desde lejos y fui muerto...
¿Cómo entiende esto la alegría? Dejad que sea cada hombre juzgado por sus acciones.
He pagado el precio por vivir conmigo en los términos que yo he querido.
* * *
29. Tumba salónica

Mil días los he mirado
empujados hacia la noche y arrastrados
lentamente como tortugas.
Ahora yo, también, los sigo.
Es la fiebre, y no la lucha
–el tiempo, no la batalla– lo que mata.
***
Una canción en la tormenta     
1914-18

Asegúrate bien de que a tu lado peleen
los océanos eternos, aunque esta noche
el viento en contra y las mareas
nos hagan su juguete.
A fuerza de tiempo, no de guerra,
en medio del peligro nos guiamos:
Sea bienvenida entonces la descortesía del Destino
dondequiera que aparezca
            en todo tiempo de angustia y también
            en el de nuestra salvación,
            el juego vence siempre al jugador
            y el barco a su tripulación.

De la niebla salen rumbo a la tiniebla
las olas que brillan y se encrespan.
Casi estas aguas sin conciencia se comportan
como si tuviesen alma-
casi como si hubieran pactado sumergir
nuestra bandera debajo de sus aguas verdes:
sea bienvenida entonces la descortesía del Destino
dondequiera que pueda verse, etc.

Asegúrate bien, a pesar de que las olas y el viento
en reserva guardan ráfagas aún más poderosas,
que los que cumplimos las guardias asignadas
ni por un instante descuidemos la vigilancia.
Y mientras nuestra proa flotando rechaza
cada carrera frustrada de las olas,
canta, sea bienvenida la descortesía del Destino
dondequiera que se desvele, etc.

No importa que sea barrida la cubierta
y se rompan la arboladura, el maderamen-
de cualquier pérdida podremos sacar provecho
salvo de la pérdida del regreso.
Por eso, entre estos Diablos y nuestra astucia
deja que la cortesía de las trompetas suene,
y que sea bienvenida la descortesía del Destino,
dondequiera que se encuentre, etc.

Asegúrate bien, aunque en poder nuestro
nada quede para dar
salvo sitio y fecha para encontrar el fin,
y deja de esforzarte por vivir,
que hasta que éstos se disuelvan, nuestra Orden se mantiene,
nuestro Servicio aquí nos ata.
Sea bienvenida entonces la descortesía del Destino,
dondequiera que aparezca,
            en todo tiempo de angustia y también
            en el de nuestro triunfo,
            el juego vence siempre al jugador
            y el barco a su tripulación.

Versiones de Luis Cremades
* * *
Así fue como se le arrugó la piel al rinoceronte

"Porque, cinco semanas más tarde, hubo una ola de calor en el Mar Rojo y todo el mundo se quitó toda la ropa que llevaba. El parsi se quitó el sombrero, pero el rinoceronte se quitó la piel, y la llevaba al hombro cuando bajó a la playa a bañarse. En aquellos tiempos se la abotonaba por debajo con tres botones y parecía un impermeable. No dijo nada de nada sobre la torta del parsi, porque se la había comido toda, y jamás había tenido modales, ni entonces, ni ahora ni nunca. Se metió directamente en el agua y, dejando la piel en la playa, hacía burbujas soplando por el hocico."
***
La cantinela del viejo canguro

"No fue siempre el canguro como lo vemos ahora, sino un animal diferente con cuatro patas cortas. Era gris, era lanudo, era de un orgullo desmedido: bailó sobre una cresta en medio de Australia y fue a ver al pequeño dios Nqa. Fue a Nqa a las seis, antes del desayuno, y le dijo: –Hazme diferente de todos los demás animales para las cinco de la tarde."

domingo, 10 de octubre de 2010

No te atormentes por su corazón, corazón mío

RABINDRANATH TAGORE

(India, 1861-1941)

Gitanjali
(Selección)

I

No te atormentes por su corazón, corazón mío;
déjalo en la oscuridad. ¿Qué sé yo si su belleza es sólo
de su cuerpo, y su sonrisa sólo de su cara? Déjame
aceptar sin preguntas este sencillo sentido
de sus miradas, y ser así feliz.
***
II

Igual me da si es un manto de ilusión el que sus brazos tejen
alrededor de mí, porque el manto es rico y raro;
y al engaño se le puede sonreír, y olvidarlo.
***
III

No te atormentes por su corazón, corazón mío; conténtate
si la música es verdadera, aunque no se pueda fiar en la palabra;
disfruta de la gracia que danza, como un lirio, sobre la mentirosa
superficie ondeante, y sea lo que fuere de lo que vive allá en el fondo.
***
IV

Deseaste mi amor, y, sin embargo, no me amabas.
Por eso mi vida se cuelga de ti como una cadena,
que te grita y se te aferra, más dura
cuanto más luchas por ser libre.
***
V

Mi desesperación ha llegado a ser tu compañera mortal,
y se agarra al más leve de tus favores, pretendiendo arrastrarte
hasta la caverna de las lágrimas.
Has destrozado mi libertad, y, con su ruina, te has
fabricado tu propia prisión.
***
VI

No supe lo que hacía un momento y vine.
Pero alza tus ojos, que yo vea si queda aún alguna sombra
de los días pasados, una pálida nube, ya sin lluvia, en el horizonte.
Sopórtame un momento aunque yo no sepa lo que hago.
***
VII

Las rosas están todavía en capullo, y no saben aún
cómo descuidamos coger flores este verano.
La estrella de la mañana tiene todavía el mismo
silencio palpitante; la luz primera está enredada aún
en las enredaderas que cuelgan de mi ventana,
como en aquellos días pasados.
Olvidé un momento que todo había cambiado, y vine.
***
VIII

Olvidé si tú me avergonzaste alguna vez, volviéndome
tu cara cuando yo te desnudaba mi corazón.
Sólo recuerdo las palabras que tropezaron en el temblor de tus labios;
las sombras de arrebatada pasión de tus ojos oscuros, como las alas
de un pájaro que busca su nido en el crepúsculo.
Olvidé que tú te acordabas, y vine.
***
IX

Esta mañana mi despertar fue dichoso, porque vi a mi amor.
El cielo era una sola alegría, y mi vida y mi juventud se consumaron.
Hoy mi casa es de verdad mi casa, y mi cuerpo mi cuerpo.
La suerte me ha sido amiga, y mis dudas se disipan.
¡Pájaros, cantad vuestra canción mejor!
¡Luna, derrama tu luz más bella!
¡Dispara, a millones, tus flechas, dios del amor!

lunes, 12 de octubre de 2009

Einstein: ¡Entonces, yo soy más religioso que usted!


Diálogo entre Rabindranath Tagore (India, 1861-1941) y el profesor Albert Einstein (Alemania, 1879–EE.UU., 1955), en la tarde del 14 de julio de 1930, en la residencia del profesor Einstein en Kaputh, Berlín.


Einstein: ¿Cree usted en lo divino aislado del mundo?

Tagore: Aislado, no. La infinita personalidad del Hombre incluye el Universo. No puede haber nada que no sea clasificado por la personalidad humana, lo cual prueba que la verdad del Universo es una verdad humana. He elegido un hecho científico para explicarlo. La materia está compuesta de protones y electrones, con espacios entre sí, pero la materia parece sólida sin los enlaces interespaciales que unifican a los electrones y protones individuales. De igual modo, la humanidad está compuesta de individuos conectados por la relación humana, que confiere su unidad al mundo del hombre. Todo el universo está unido a nosotros, en tanto que individuos, de modo similar. Es un universo humano. He seguido la trayectoria de esta idea en arte, en literatura y en la conciencia religiosa humana.

Einstein: Existen dos concepciones distintas sobre la naturaleza del Universo: el mundo como unidad dependiente de la humanidad, y el mundo como realidad independiente del factor humano.
Tagore: Cuando nuestro universo está en armonía con el hombre eterno, lo conocemos como verdad, lo aprehendemos como belleza.
Einstein: Esta es una concepción del universo puramente humana.
Tagore: No puede haber otra. Este mundo es un mundo humano, y la visión científica es también la del hombre científico. Por lo tanto, el mundo separado de nosotros no existe; es un mundo relativo que depende, para su realidad, de nuestra conciencia. Hay cierta medida de razón y de gozo que le confiere certidumbre, la medida del Hombre Eterno, cuyas experiencias están contenidas en nuestras experiencias.
Einstein: Esto es una concepción de entidad humana.
Tagore: Sí, una entidad eterna. Tenemos que aprehenderla a través de nuestras emociones y acciones. Aprehendimos al Hombre Eterno que no tiene limitaciones individuales mediadas por nuestras limitaciones. La ciencia se ocupa de lo que no está restringido al individuo; es el mundo humano impersonal de verdades. La religión concibe esas verdades y las vincula con nuestras necesidades más íntimas, nuestra conciencia individual de la verdad cobra significación universal. La religión aplica valores a la verdad, y sabemos, conocemos la bondad de la verdad merced a nuestra armonía con ella.

Einstein: Entonces, la Verdad, o la Belleza, ¿no son independientes del hombre?
Tagore: No.
Einstein: Si no existiera el hombre, el Apolo de Belvedere ya no sería bello.
Tagore: No.
Einstein: Estoy de acuerdo con esta concepción de la Belleza, pero no con la de la Verdad.
Tagore: ¿Por qué no? La verdad se concibe a través del hombre.
Einstein: No puedo demostrar que mi concepción es correcta, pero es mi religión.
Tagore: La belleza es el ideal de la perfecta armonía que existe en el Ser Universal; y la Verdad, la comprensión perfecta de la mente universal. Nosotros, en tanto que individuos, no accedemos a ella sino a través de nuestros propios errores y desatinos, a través de nuestras experiencias acumuladas, a través de nuestra conciencia iluminada; ¿cómo si no, conoceríamos la Verdad?
Einstein: No puedo de mostrar que la verdad científica deba concebirse como verdad válida independientemente de la humanidad, pero lo creo firmemente. Creo, por ejemplo, que el teorema de Pitágoras en geometría afirma algo que es aproximadamente verdad, independientemente de la existencia del hombre. De cualquier modo, si existe una realidad independiente del hombre, también hay una verdad relativa a esta realidad; y, del mismo modo, la negación de aquélla engendra la negación de la existencia de ésta.
Tagore: La verdad, que es una con el Ser Universal, debe ser esencialmente humana, si no, aquello que los individuos conciban como verdad no puede llamarse verdad, al menos en el caso de la verdad denominada científica y a la que sólo puede accederse mediante un proceso de lógica, es decir, por medio de un órgano reflexivo que es exclusivamente humano. Según la filosofía hindú, existe Brahma, la Verdad absoluta, que no puede concebirse por la mente individual aislada, ni descrita en palabras, y sólo es concebible mediante la absoluta integración del individuo en su infinitud. Pero es una verdad que no puede asumir la ciencia. La naturaleza de la verdad que estamos discutiendo es una apariencia -es decir, lo que aparece como Verdad a la mente humana y que, por tanto, es humano, se llama maya o ilusión.

Einstein: Luego, según su concepción, que es la concepción hindú, no es la ilusión del individuo, sino de toda la humanidad...
Tagore: En ciencia, aplicamos la disciplina para ir eliminando las limitaciones personales de nuestras mentes individuales y, de este modo acceder a la comprensión de la Verdad que es la mente del Hombre Universal.

Einstein: El problema se plantea en si la Verdad es independiente de nuestra conciencia.
Tagore: Lo que llamamos verdad radica en la armonía racional entre los aspectos subjetivos y objetivos de la realidad, ambos pertenecientes al hombre suprapersonal.
Einstein: Incluso en nuestra vida cotidiana, nos vemos impelidos a atribuir una realidad independiente del hombre a los objetos que utilizamos. Lo hacemos para relacionar las experiencias de nuestros sentidos de un modo razonable. Aunque, por ejemplo, no haya nadie en esta casa, la mesa sigue estando en su sitio.
Tagore: Sí, permanece fuera de la mente individual, pero no de la mente universal. La mesa que percibo es perceptible por el mismo tipo de conciencia que poseo.
Einstein: Nuestro punto de vista natural respecto a la existencia de la verdad al margen del factor humano no puede explicarse ni demostrarse, pero es una creencia que todos tenemos, incluso los seres primitivos. Atribuimos a la Verdad una objetividad sobrehumana, nos es indispensable esta realidad que es independiente de nuestra existencia, de nuestras experiencias y de nuestra mente, aunque no podamos decir qué significa.
Tagore: La ciencia ha demostrado que la mesa, en tanto que objeto sólido, es una apariencia y que, por lo tanto, lo que la mente humana percibe en forma de mesa no existiría si no existiera esta mente. Al mismo tiempo, hay que admitir que el hecho de que la realidad física última de la mesa no sea más que una multitud de centros individuales de fuerzas eléctricas en movimiento es potestad también de la mente humana. En la aprehensión de la verdad existe un eterno conflicto entre la mente universal humana y la misma mente circunscrita al individuo. El perpetuo proceso de reconciliación lo llevan a cabo la ciencia, la filosofía y la ética. En cualquier caso, si hubiera alguna verdad totalmente desvinculada de la humanidad, para nosotros sería totalmente inexistente. No es difícil imaginar una mente en la que la secuencia de las cosas no sucede en el espacio, sino sólo en el tiempo, como la secuencia de las notas musicales. Para tal mente la concepción de la realidad es semejante a la realidad musical en la que la geometría pitagórica carece de sentido. Está la realidad del papel, infinitamente distinta a la realidad de la literatura. Para el tipo de mente identificada a la polilla, que devora este papel, la literatura no existe para nada; sin embargo, para la mente humana, la literatura tiene mucho mayor valor que el papel en sí. De igual manera, si hubiera alguna verdad sin relación sensorial o racional con la mente humana, seguiría siendo inexistente mientras sigamos siendo seres humanos.
Einstein: ¡Entonces, yo soy más religioso que usted!
Tagore: Mi religión es la reconciliación del Hombre Suprapersonal, el espíritu humano Universal y mi propio ser individual. Ha sido el tema de mis conferencias en Hibbert bajo el título de "La religión del hombre".

Publicado por primera vez en el diario "Modern Review" de Calcuta en 1931
Tomado de "Gaceta Literaria Universitaria" N°48, México 2003
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char