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lunes, 1 de diciembre de 2014

Música amable al fin

Porque las hojas de ese arbolito brillan todavía,
imagino, allá, lejos, el bosque encantado de verano.
Hasta apuraría la noche, a que el bicherío inunde todo de música amable, al fin,
canto que se ríe de lo grave del mar, allá, a pocos pasos,
como el pobre se ríe,
como las chicharras y los grillos
y los sapos se ríen del mar, allá, lejos,
cuando es verano todavía.

De Música amable al fin. Ilustraciones: Cecilia Afonso Esteves; mágicas naranjas ediciones, octubre 2012.
**
Con este poemita, me despido por algunos días. Felicidad para cada uno, para todos a la vez
Irene Gruss

viernes, 21 de junio de 2013

Hay para comer


IRENE GRUSS
(Buenos Aires, 1950)

La hormiga

Venía invierno,
y me propuse cargar
la hoja brillante o seca
para guardar haber; era esbelta,
sostuve la hebra
o el bulto incomprensible de llevar,
tenía el para qué, tracé
caminos para ir y
volver, e ir de vuelta,
verdes brillantes,
hojarasca, todo para qué,
invierno venía.
Ahora estoy aquí, guardada,
aterida, recuerdo la luz,
la carga, la alegría de llevar y
traer,
y el agobio (por qué habría de extender
sus alas la mariposa de un día –dijo en voz alta
la hormiga).
Invierno vino.
He traído hasta aquí hojas,
hay para comer,
la tierra está fría y húmeda,
puedo tocarla,
estirarme en el alivio
o tiritar.


De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial), 2008.
Imagen: tomada de Akihabara Princess

sábado, 25 de mayo de 2013

Es de noche, ha empezado a llover


IRENE GRUSS
(Buenos Aires, Argentina, 1950)

PELÍCULA


Campos donde el pasto
o el trigo se mueven
al mismo tiempo que la música,
el mismo sonido –grabado fielmente– del viento que los mueve, yo querría
ver y oír el mundo así,
es de noche, ha empezado a llover –posiblemente en mitad
de la película–, todavía sigue cayendo una llovizna
insulsa, la gente se mueve por la peatonal, al mismo ritmo
decirme: "Por suerte y otra vez, el cine
no me ha decepcionado,
¡ese actor, esa actriz! Valió la pena".


De Notas para una tanza, gog y magog, 2012

domingo, 21 de octubre de 2012

Un manchón amarillo, hojas


CARTAS A MI MADRE

Por ahora el gran pintor
es el viento, dice mi madre, mientras
arrastra con un pie
un manchón amarillo, hojas
que caen sobre el parque desconocido.
Por ahora el gran pintor (es el viento, dice)
nos dibuja
separadas por un árbol de tronco inmenso;
ah cómo quisiéramos juntar nuestras manos
bailar alrededor
apoyar una mejilla sobre la corteza helada.
Pero estamos separadas
por el tronco inmenso de un árbol
en el parque desconocido.

I.G.
**
De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna, 2008)

sábado, 29 de septiembre de 2012

No era gente de creer

LA EVIDENCIA


He buscado y hallé
hombres, mujeres que escribieron
sutil, violentamente 
sobre sí, y me dije
convencida: hay buenas personas
en este mundo.
Leí y abrazaba esos libros
como abrazo a personas,
reí, sufría, estudié tanta palabra
escrita
por esos hombres y mujeres,
creía en su palabra con una voluntad
animal. Hasta aquí fue
todo: cargué cada ejemplar en cajas,
enormes y pesadas cajas,
con esfuerzo
las bajé hasta la calle y esperé
la hora de paso del recolector
de basura. Nunca
me duermo hasta que no veo ni oigo girar
la compactadora del camión.
Siempre estoy ahí, como
si se tratara de una cita inolvidable.
Cuando llega, corroboro
lo que hice esa noche. Saludé
gentilmente a los muchachos mientras
cargaban las cajas, le di
propina a cada uno, por
el esfuerzo, y volví a casa. 
La decisión fue la de un crimen premeditado
e imperfecto, como todos. Aún
desconozco el motivo cabal,
sólo una vaga y brumosa
sensación, inapelable,
fue lo que determinó este asunto: qué clase
de personas serían estas
que ríen y sufren
tan sutil, tan violentamente
por escrito. 
No eran palabras
como hechos. No era gente de creer. Por
eso fue, por eso.

De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991) y recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

domingo, 13 de mayo de 2012


La pared 
(fragmento)
por Irene Gruss

I

Le hablo a la pared.
Hay quien escribe poemas
en un muro y luego se despide, tira
la carbonilla a un lado.
Lo mío es hablarle siempre a la pared,
antes de que la derrumbe un fuego
o el tiempo simple.

Ah, ilusa,
empecinada en atender lo que calla,
lo que dice.
***
VII

Vidrios empañados: si fueran la pared
hasta esa poca humedad sería
rechazada; el agua es débil,
se resbala.

Impenetrable y a veces
mortal, como cal viva
que quema los cuerpos, cenizas quedan
de un líquido temblar,
si me le acerco.

La cal es otro No de la pared,
Llanto, lluvia
o simplemente sangre
quedan como manchas, graffiti,
nada que no salga
mañana o pasado
mañana…
***
XIII

Guay del que contradiga
lo que la pared dice, el clavo
que sujeta el espejo, la foto
de mamá, sangre
en el muro, la soga
del ahorcado, la de la ropa.



Editorial Nudista, Córdoba, Argentina, 2012

domingo, 11 de diciembre de 2011

Otro poema

Vincent van Gogh: dibujo
“LA FORNICACIÓN ES UN PÁJARO LÚGUBRE”
Abelardo Castillo


Escucha cómo cae la lluvia,
como si no hubiera amor ahí
ni luz, nada más líquido, más sonoro,
como si sólo eso quedara,
sin amor sin tiempo
sólo mi mano que cierra casi todo,
tus párpados como a un muerto,
y de a una cada mano tuya, agua en los párpados,
yéndose de cada mano
como se va de una piedra o de un bosque,
sin apuro cae, 
sin malicia, inunda lo que no debería,
escucha cómo cae
solamente,
como si nadie viviera ni me tocara ahora
o nunca me tocara
salvo lluvia
como si la fornicación fuese congoja pura,
un pájaro lúgubre,
escucha, escucha cómo cae
mi cabeza en el magma de tu axila,
sin amor, sin tiempo, 
disonancia,
como si esto o lo otro
o lo de más allá
acabara siendo lluvia,
algo de placidez
o de borrasca,
como un náufrago que espera no la isla
sino la nada, como si no hubiera tiempo, amor,
y un pájaro lúgubre gritara la desesperación del mundo
lluvia sobre un techo de zinc,
y fuera eso, 
lluvia que cae sobre un techo de zinc,
el mundo sin necesidad,
como un pájaro que pierde el vuelo y cae
extenuado, apenado de sí mismo,
sostuvo el cielo allá arriba
entre las alas, y ahora, no pienses,
escucha,
no, así no, por qué así, 
escucha cómo cae la lluvia.

De La dicha (bajo la luna, 2004), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

viernes, 19 de noviembre de 2010

Y él rió



La esclava del amor


¿Sabéis lo que sois? Unas bestias,
desde aquí os veo. ¿Adónde llevan estos rieles,
qué he hecho yo sino aburrirme, decir mi parte
en esa tonta película? Al llegar a Moscú
cargaba miles de flores en mis brazos.
¿Sabe lo que es usted?,
dije aquel día en que lo balearon, ah, su rubio mechón al viento,
¡un bolchevique!
Y él rió, y lo amé.

Basado en La esclava del amor (1976), de Nikita Mijalkov.
Irene Gruss (Inédito)

lunes, 21 de junio de 2010

Invierno vino

SENTIR FRIO

Sentir frío,
solamente
el frío,
la luz seca del frío.
Y una calle redonda
y un sonido torpe, el del dolor
goteando en un pozo,
y un árbol helado
como todo y muerto,
apretando el cielo.

De La luz en la ventana
***
La hormiga

Venía invierno,
y me propuse cargar
la hoja brillante o seca
para guardar haber; era esbelta,
sostuve
la hebra
o el bulto incomprensible de llevar,
tenía el para qué, tracé
caminos para ir y
volver, e ir de vuelta,
verdes brillantes,
hojarasca, todo para qué,
invierno venía.
Ahora estoy aquí, guardada,
aterida, recuerdo la luz,
la carga, la alegría de llevar y
traer,
y el agobio (por qué habría de extender
sus alas la mariposa de un día _dijo en voz alta
la hormiga).
Invierno vino.
He traído hasta aquí hojas,
hay para comer,
la tierra está fría y húmeda,
puedo tocarla,
estirarme en el alivio
o tiritar.

De La dicha
***
I

Mi cabeza envuelta en humo de un fuego apagado.
¿Pagaste los leños del hogar? O
simplemente juntabas ramas en el bosque. Ah,
marea de pinos, se bambolean y crujen
como barcos anclados (¿has visto alguna vez el mar,
has apagado todos los fuegos?).
***
II

¿Pagaste los leños del hogar?
Ahora echás uno a uno al fuego. Fácil,
el de la hojarasca, enciende
y consume a cada rama en sí misma,
sacrificio, con tal de que prendan de una vez
los troncos, haya calor
de hogar, y este oír y mirar las chispas,
celebrar lo pagado.
***
III

¿Apagaste todos los fuegos?
Y ahora deberás cargar ceniza,
despejar.
Ardieron.
Has abierto la casa a ventilar, y
el corazón huele a leño puesto
a quemar, a ramita que se deshace.
Es liviana la ceniza
porque ha dado.

(De Poemas irresueltos, inéditos)
Menos los dos últimos, recopilados en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial.
Irene Gruss
**
Foto tomada de norita. wordpress

sábado, 24 de abril de 2010

Dejaste las valijas y te asomaste a ver el sol


Un viejísimo poema

EL JARDÍN


¿Estás cansada del viaje, Diana?
¿Dejaste las valijas y te asomaste a ver el sol
en tu jardín, fuiste allí
rápidamente, pausadamente?
¿Echaste una ojeada a las plantas
o mirás cada una, sabiéndola,
descubriéndola, cuidás
tu jardín, hablás, cantás con
la regadera en la mano?
¿Estás cansada de vuelta del viaje,
Diana? ¿Estás contenta?
¿Alguien te acarició, jugó otra vez
con tu melena de fénix,
te besó los párpados
como quien desea tocar
una mirada así de azul, de gris
según el tiempo? ¿Fuiste feliz,
Diana? ¿Intenso y duro, el viaje?
¿Acomodaste la cabeza en el asiento del avión?,
¿descansaste?
¿Estás repleta de memoria, de sentidos
por el viaje, Diana?
¿Comerías conmigo para contarme?
¿Pasaste hambre en la estadía,
Diana, pasaste hambre?
¿Te embriagaste? ¿En algún momento
llegaste a marearte por el viaje?
¿En algún momento, sentiste
esa nada en la boca
del estómago, ahí donde dicen que
está el alma? ¿Llenaste
con qué esa nada, con la gente,
con las cosas, tuviste
necesidad? ¿Observaste
la vida tranquila? ¿Así, como te veo
ahora, calma
y sabihonda? ¿Conociste
la muerte en el viaje,
Diana? ¿Te asustó, la asustaste?
¿Trajiste fotos, postales,
documentos?, ¿abrazaste a
muchos, te abrazaron?
¿Gozaste, tradujiste el amor
loca de deseo? ¿Hablaste demasiado, callaste
demasiado? ¿Por qué
estás diciéndome
que escribir es lo único
que tenemos? ¿Estás
cansada, es por eso, porque
estás cansada del viaje? ¿Querés
dormir, recostarte en un hombro,
querés reír, llorar un
poco? ¿Acaso el viaje mismo
no te consuela,
Diana? ¿No es como el tacto
de otra mano, no lo es, verdad?
¿Comerías conmigo para
contarme?
¿Ya floreció la rosa
en tu jardín? ¿Es tan bella?
¿Los pétalos reventaron
plenos de vida, la vida es
púrpura después de un viaje,
Diana,
es así?
**

IG
Crédito foto: Diana Barros

viernes, 12 de febrero de 2010

Ojos que no ven...


De cómo la realidad es mejor que la ficción

Hace muchísimos años, impresionada por lo que hizo Francis Ford Coppola en El Padrino III, me aferré a la última escena y traté de transcribirla en el primer poema que sigue abajo. Hete aquí que hoy veo el film comentado por el mismo Coppola, y descubro que el efecto de esa última escena fue idea no de Al Pacino sino del sonidista. El nuevo texto no es tan bueno como el primero pero me voy dando el gusto. IG

SOBRE EL ACTOR
I


El efecto es impagable: el actor,
que hace de padre que
mira a su hija,
recién muerta, abre la boca
y con los ojos, desencajados como la boca,
pega un grito
mudo, un silencio
brutal, la cámara filma en primerísimo plano
la voz que no sale,
hasta que el actor,
y siempre con su boca abierta y
desencajada, como sus ojos, saca
de no sé qué garganta, quién
dirige el gutural, el gemido
insoportable, como si sufriera
demasiado.
***
II

El actor sufría demasiado.
Pegaba un grito ensordecedor y
se hincaba ante Dios como una mula.
El sonidista quería más, algo peor, algo
agonizante.
La cámara filma en primerísimo plano la boca abierta y
los ojos, desencajados como la boca, del actor.
El sonidista suspira, gira
la perilla: “Esa boca abierta y muda
es veraz, ¿no es así?";
y sale del estudio.
**

sábado, 3 de octubre de 2009

Ojos como cuerdas


ENCUENTRO IMAGINARIO CON ALBERTO MUÑOZ

I

Estoy pasando el mejor momento de mi vida,
dijo, y miré su cuerpo alto
como un contrabajo. ¿De veras? pregunté
a los ojos suyos como cuerdas, me quiere
engatusar, me dije, a mí, con esos ojos.
Sentado estaba frente a mí en un silloncito de pana verde,
lustrosa, ajada no,
rodeado de marfiles y de bustos
de Perón, de Beethoven
y el de Wagner también.
Ahora va a contar el número, la cifra, su teorema
de hematomas, me dije, y así fue:
1) Hay caballos; 2) Hay camiones; 3) Mi tío
tocaba la trompeta.
¡Es música de cámara –rugió el contrabajo–,
y en off, pura poesía de Aretino, como lo escuchás!
Pornográfica, en efecto –dijo.
Entonces me cubrí los pechos: primero, el más caído;
y después el otro. Siempre que nos vemos es así.

IG

sábado, 25 de julio de 2009

Sobre el actor




El efecto es impagable: el actor,
que hace de padre que
mira a su hija,
recién muerta, abre la boca
y con los ojos, desencajados como la boca,
pega un grito
mudo, un silencio
brutal, la cámara filma en primerísimo plano
la voz que no sale,
hasta que el actor,
y siempre con su boca abierta y
desencajada, como sus ojos, saca
de no sé qué garganta, quién
dirige el gutural, el gemido
insoportable, como si sufriera
demasiado.
I.G.

miércoles, 10 de junio de 2009

Jazz

La música actúa
y aclara el desigual, mi propio ritmo.

No aprendas más que esto antes de nacer:
el tenue y denso sonido, el bravo
y doloroso, un ritmo alegre,
la vida así acompasada.
I.G.

Scene from 'A Song is Born' Novice Professor is BG



sábado, 30 de mayo de 2009

No woman don't cry más un viejo poema

MUTATIS MUTANDIS

Por favor no sufran más,
me cansa,
dejen de respirar así,
como si no hubiera aire
dejen el lodo, el impermeable,
y el vocabulario,
me cansa,
la mujer
deje de tener pérdida ese chorro sufriente,
los padres dejen el oficio de morir,
el daiquiri o el arpón
en el anca, y aquel perfume matinal,
la Malasia,
y el Cristo
solo como un perro,
y al amor como
un fuego fatuo, y a la muerte,
déjenla en paz,
me cansa
(¿algo ha muerto en mí?:
tanto mejor).
Así que,
valerosos,
amantes,
antiguos,
huérfanos maternales que acurrucaron
al mundo
después
de la guerra,
dejen el rictus,
oigan,
y despídanse
por primera vez
sin grandeza.
I.G.

">

miércoles, 22 de abril de 2009

Lejana, ajena


ODA


Úntate cada pezón con miel
y baja el mentón, la lengua,
saben dulces, toca
circularmente cada punta morada, agrietada o lisa
y luego acaricia el vientre, el ombligo,
haz cine o literatura
con la mente pero no olvides los pezones,
la miel, el dedo circular
hazlo frente al televisor mientras te ríes
y te humillas: mastúrbate, abandona,
cuida el clítoris como a la piel de un niño,
escucha el viento que suena detrás
de la ventana cerrada, guarda tu jugo
a escondidas del mundo
y mastúrbate, que tus piernas
comiencen a abrirse y cerrarse
que tu murmullo sea un gemido ronco,
grito agudo en el aire, en el hueco que pide
penetración, contacto,
habla despacio
hazlo en silencio pero gime
aúlla
murmura aunque sea el goce
el rozarse de tu pelo en la almohada
en la alfombra en la nuca,
mastúrbate,
hasta que las rodillas tiemblen,
hasta que caigan
lágrimas y suene esta vez
no un viento sino un timbre
y otro, regular campanilla,
recién entonces
dilátate como en el parto,
húmeda, tu vagina, el tubo que sigue llamando,
levántalo, bájalo,
introdúcelo, y escucha ahora su voz
lejana, ajena,
y cierra tus ojos, su boca
tan adentro.


N. de A.: ésta es la única versión que vale, por ahora, del poema. Irene Gruss

martes, 14 de abril de 2009

Un viejo texto



Venecia huele a lejía, la realidad te degrada:
los muchachos, la arena, los pasadizos, la realidad te frota como lo hace el toallón que nodriza apura.
Ni siquiera ella conoce el sentido de tu perfil señalándome –porque es a mí a quien señalas— lo que es lejano. Oh, mi verdad; oh, belleza: un solo dedo tuyo se estira hacia el infinito, y yo transpiro la brillantina, el rímel, y mi asombro, mi amor, mi conclusión.
Huye de mí, huye de Venecia. Existe un pequeño catamarán, en Gualeguaychú; el nombre de la embarcación es “Siroco”. Escucha esos sauces que rozan el agua, no este adagio imperfecto, maloliente. Oh, corazón mío, están bajando las lonas de las carpas. Vete, vete.
I.G.

jueves, 9 de abril de 2009

Taller de poesía coordinado por Irene Gruss

Taller de poesía
coordinado por Irene Gruss

Los talleres grupales son de cupo limitado, por lo cual los interesados recibirán una entrevista personalizada, obviamente gratuita, a la que se ruega traer una muestra de material inédito, de tres o más poemas. La totalidad de los textos no debe exceder las 10 páginas. Para dicho encuentro, podrán comunicarse al 4982 5463, de lunes a viernes, de 12 a 15 y de 18 a 23, o bien escribir a iregruss@gmail.com

Cada sesión, ya sea grupal o individual, consiste en la lectura y el trabajo exhaustivo del texto de cada autor participante y de un tiempo dedicado a la lectura de textos de otros autores. En este taller no se dan consignas ni tareas. Lo específico es la producción personal.
Esta metodología se regirá con la flexibilidad necesaria y aplicada a los tiempos que demande el material presentado. Imprescindible, tener sentido del humor. I.G.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char