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viernes, 1 de junio de 2018

Una canción con muchos agujeros oscuros

Yannis Ritsos

(Monemvasia, Grecia, 1909-Atenas, id., 1990)

El día de un enfermo

Todo el día, un olor a tablas podridas, húmedas
-se secan y humean al sol. Los pájaros
miran un momento por los tejados y se van.
Por la noche, en la vecina taberna, se reúnen los sepultureros,
comen pescado frito, beben, cantan
una canción con muchos agujeros oscuros.-
Desde allí adentro, comienza a soplar un viento suave
y tiemblan las hojas, las luces y el papel de los anaqueles.
 ***
Gesticulación ambigua

Es así, lo quiere exactamente así, y lo confiesa. Este blanco,
color, y a un tiempo luz, cuerpo incorpóreo,
superblanco, sí, en cada noche, nutritivo en cada carencia,
asequible e intransferible. También esto lo confiesa. 
Y claro, hizo
un  movimiento de prestidigitador vulgar, volcando
el recipiente sobre la mesa. Temimos por un momento
que se fuese a derramar la leche. Pero no; sobre la mesa
el blanco quedó solidificado, conservando perfectamente
la forma interior del recipiente, como el ídolo primitivo
de un dios conocido nuestro. Sólo alguien dijo: "Ahora
no podemos beber la leche". Él sonrió
como si ya estuviese harto. Pero ¿harto de verdad?


Traducción de Juan Ruiz de Torres

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Y llega el mañana ya a no parecer mañana

C. P. Cavafis
(Alejandría, Egipto, 1863-1933)

Monotonía

A un día monótono otro
monótono, invariable sigue: Pasarán
las mismas cosas, volverán a pasar -
los mismos instantes nos hallan y nos dejan.

Un mes pasa y trae otro mes.
Lo que viene uno fácilmente lo adivina:
son aquellas mismas cosas fastidiosas de ayer.
Y llega el mañana ya a no parecer mañana.

Versión de Miguel Castillo Didier 
***

Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto se te amó...

Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto se te amó,
no solo los lechos donde estuviste echado,
más también aquellos deseos que, por ti,
en miradas brillaron claramente
y en la voz se estremecieron –y que un
obstáculo fortuito los frustró.
Ahora que todo se halla en el pasado,
parece casi que a los deseos
aquellos te hubieras entregado –cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo en la voz por ti se estremecían,
recuerda, cuerpo.

Versión de César Conti
***
Tanto como puedas

Y si no puedes hacer tu vida como quieres,
al menos intenta esto
tanto como puedas: no la envilezcas
en demasiados contactos con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.

No la envilezcas llevándola
y trayéndola a menudo por todas partes y exponiéndola
a la diaria locura
de las compañías y las relaciones
hasta que se vuelva fastidiosa como una extraña.

Traducción: Francisco Rivera

miércoles, 6 de mayo de 2015

Cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo

CONSTANTINO KAVAFIS
(Grecia, 1863-1933)


Recuerda, cuerpo...

Cuerpo, recuerda no solamente cuánto fuiste amado,
no sólo los lechos en que te acostaste,
sino también aquellos deseos que por ti
brillaban en los ojos manifiestamente,
y temblaban en la voz –y algún
obstáculo casual los hizo vanos.
Ahora que todo ya está en el pasado,
casi parece como si a aquellos
deseos te hubieses entregado –cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.

Versión de Miguel Castillo Didier
**
Otra versión
(sin datos)

Recuerda, cuerpo

Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto se te amó,
no solo los lechos donde estuviste echado,
más también aquellos deseos que, por ti,
en miradas brillaron claramente
y en la voz se estremecieron –y que un
obstáculo fortuito los frustró.
Ahora que todo se halla en el pasado,
parece casi que a los deseos
aquellos te hubieras entregado –cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo en la voz por ti se estremecían,
recuerda, cuerpo.

lunes, 23 de julio de 2012

Pero el aguijón del día no suelta el dolor


Otros poemas de ODISEAS ELITIS
(Iracilon, Grecia, 1911- Atenas 1996)


Porque un día morderás el nuevo limón
y liberarás
de su interior enormes cantidades de sol.

Porque todas las corrientes de los mares
súbitamente iluminadas te enseñarán
a elevar la tempestad al plano ético.

Porque incluso en tu muerte serás de nuevo
como el agua al sol
que se enfría por instinto.
***
Dichosa Donna
A la estrella de A.

¡Toma un polen de destello de queja
Un lugar que resplandezca en el infinito
Más arriba de la más alta esperanza tuya
Dichosa Donna! Y desde la punta del mundo de los rayos de sol
Rodó la esmeralda derretida
Olas para el céfiro de la música del austro

Olas para el céfiro de la música que toma
La virginidad de la noche lejos
Con viajes en inmensas cuevas
Con muchachas que aman los abrazos de los lirios
Y cantan la melodía de la hondura del cielo
Y sienten nostalgia de la santificación de la soledad del éter

¡Toma un lugar que relumbre en el infinito
Una muchacha de azul ojo inconmensurable
Con estambres de deseo en tu porte
Dichosa Donna! Y de un corazón consubstancial
Pasó para que veas de los años el fondo
Desparramado por los guijarros de la bonanza.

Traducción de Ramón Irigoyen
***
Porque serás iniciada por los pájaros
y una hojarasca de palabras te vestirá
de lengua griega para que parezcas invencible.

Porque una gota culminará
Imperceptiblemente tus párpados
más allá del dolor y tras un largo llanto.

Porque toda la crueldad del mundo se convertirá en piedra
y te sentarás dominadoramente
como un dócil pájaro en tu palma.

Porque tú sola te adaptarás por fin
despacio a la grandeza
del alba y del ocaso.
***
LA MUCHACHA NARANJA
A Andreas Kambás

Tanto la embriagó el zumo del sol
Que abatió su cabeza y aceptó ser
Poco a poco ¡la pequeña muchacha naranja!

Así mientras resplandecieron en azul los siete cielos,
Así mientras rozaron una hoguera los cristales,
Así mientras destellaron colas de golondrinas,
Perplejos arriba los ángeles y abajo las muchachas,
Perplejos arriba las cigüeñas, abajo los pavos reales.
Y todos juntos se reunieron y todos juntos la vieron
Y todos juntos la llamaron: ¡Muchacha Naranja!

Se embriagan la viña y el escorpión, se embriaga el mundo entero
Pero el aguijón del día no suelta el dolor.
Lo dice la garza diminuta entre gusanos.
Lo dice el golpe de agua en las ocasiones de oro.
Lo dice incluso el rocío en el labio superior del buen Bóreas:

¡Arriba pequeña, pequeña, pequeña Muchacha Naranja!
Como te conoce el beso nadie te conoce.
Ni te conoce siquiera el risueño dios
Que con su mano abierta en el ardiente resplador
¡Te muestra desnuda a sus treinta y dos vientos!

Versión de Cristián Carandell

sábado, 14 de julio de 2012

Se agotó el pan, se agotaron las balas


Tomada de lumpy-pudding.tumblr.com

YANNIS RITSOS 
(Grecia, 1909-1990)

El guante que llevas...

El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda.

Versión de Coloma Chamorro, Javier Lentini y 
Dimitri Papagueorguiu
***
Debajo del olvido 

Lo único concreto que quedó de él fue su chaqueta. 
La colgaron allí, en el gran armario. Fue olvidada,
apretada en el fondo por nuestras ropas, de vera-
no, de invierno,
cada año, nuevas para nuestras necesidades.
Hasta que un día
nos llamó la atención, puede que por su extraño
color,
puede por el corte de la pasada moda, encima
de sus botones
quedaban tres paisajes circulares de forma parecida:
el muro de la ejecución con cuatro agujeros, y
en torno nuestro remordimiento.
 ***
Helenidad 
( I )

Estos árboles no se conforman con menos cielo,
estas piedras no se conforman bajo los pasos extranjeros,
estos rostros no se conforman más que al sol,
estos corazones sólo se conforman con la justicia.

Este paisaje es duro como el silencio,
aprieta en su pecho sus piedras encendidas,
aprieta en la luz sus huérfanos olivos y viñedos,
aprieta los dientes. No hay agua. Solamente luz.
El camino se pierde en la luz y es plomiza la sombra de la cerca.

Se han petrificado los árboles, los ríos y las voces en la cal del sol.
La raíz tropieza con el mármol. Los lentiscos polvorientos.
El mulo y la roca. Jadean. No hay agua.
Todos tienen sed. Hace años. Todos mastican su amargura con un bocado de cielo.

Sus ojos están rojos por el desvelo,
una profunda línea encajada entre las cejas
como un ciprés entre dos montañas al anochecer.

Su mano está adherida al fusil,
el fusil es la extensión de su mano,
su mano es la extensión de su alma–
sobre sus labios llevan la ira
y llevan la pena muy honda en los ojos
como una estrella en un hoyo de sal.

Cuando aprietan la mano el sol está seguro del mundo,
cuando sonríen una golondrina pequeña sale de su áspera barba,
cuando duermen doce estrellas caen de sus bolsillos vacíos,
cuando mueren la vida toma la pendiente con tambores y banderas.

Hace años que todos tienen hambre, que tienen sed, que mueren
sitiados por tierra y mar;
el calor ardiente consumió sus campos y la salmuera roció sus casas,
el viento derribó las puertas y las pocas lilas de la plaza,
por los agujeros de sus abrigos entra y sale la muerte,
su lengua es acre como la nuez de ciprés;
murieron sus perros envueltos en su sombra;
en sus huesos la lluvia golpea.

Arriba en las garitas, inmóviles fuman el estiércol y la noche
y vigilan el mar enfurecido donde se hundió
el mástil roto de la luna.

Se agotó el pan, se agotaron las balas,
ahora sólo con su corazón cargan los cañones.

Tantos años sitiados por tierra y mar,
todos tienen hambre, todos mueren, pero no ha muerto nadie–
arriba en las garitas brillan sus ojos,
una bandera grande, un fuego grande y muy rojo
y cada amanecer miles de palomas salen de sus manos
a las cuatro puertas del horizonte.

Versión de Francisco Torres Córdova

domingo, 3 de abril de 2011

Repróchate los errores y alégrate los aciertos

PITÁGORAS
(Isla de Samos, Grecia, h 572 a.C. - h 497 a.C.)


Honra, en primer lugar, y venera a los dioses inmortales,
a cada uno de acuerdo a su rango.
Respeta luego el juramento, y reverencia a los héroes ilustres,
y también a los genios subterráneos:
cumplirás así lo que las leyes mandan.
Honra luego a tus padres y a tus parientes de sangre.
Y de los demás, hazte amigo del que descuella en virtud.

Cede a las palabras gentiles y no te opongas a los actos provechosos.
No guardes rencor al amigo por una falta leve.

Estas cosas hazlas en la medida de tus fuerzas,
pues lo posible se encuentra junto a lo necesario.

Compenétrate en cumplir estos preceptos, pero aténete a dominar
ante todo las necesidades de tu estómago y de tu sueño,
después los arranques de tus apetitos y de tu ira.

No cometas nunca una acción vergonzosa,
Ni con nadie, ni a solas:
Por encima de todo, respétate a ti mismo.

Seguidamente ejércete en practicar la justicia, en palabras y en obras,
Aprende a no comportarte sin razón jamás.

Y sabiendo que morir es la ley fatal para todos,
que las riquezas, unas veces te plazca ganarlas y otras te plazca perderlas.

De los sufrimientos que caben a los mortales por divino designio,
la parte que a ti corresponde, sopórtala sin indignación;
pero es legítimo que le busques remedio en la medida de tus fuerzas;
porque no son tantas las desgracias que caen sobre los hombres buenos.

Muchas son las voces, unas indignas, otras nobles, que vienen a herir el oído:
Que no te turben ni tampoco te vuelvas para no oírlas.
Cuando oigas una mentira, sopórtalo con calma.

Pero lo que ahora voy a decirte
es preciso que lo cumplas siempre:
Que nadie, por sus dichos o por sus actos,
te conmueva para que hagas o digas nada que no sea lo mejor para ti.

Reflexiona antes de obrar para no cometer tonterías:
Obrar y hablar sin discernimiento es de pobres gentes.
Tú en cambio siempre harás lo que no pueda dañarte.

No entres en asuntos que ignoras,
mas aprende lo que es necesario:
tal es la norma de una vida agradable.

Tampoco descuides tu salud,
ten moderación en el comer o el beber,
y en la ejercitación del cuerpo.

Por moderación entiendo lo que no te haga daño.
Acostúmbrate a una vida sana sin molicie,
y guárdate de lo que pueda atraer la envidia.

No seas disipado en tus gastos
como hacen los que ignoran lo que es honradez,
pero no por ello dejes de ser generoso:
nada hay mejor que la mesura en todas las cosas.

Haz pues lo que no te dañe, y reflexiona antes de actuar.
Y no dejes que el dulce sueño se apodere de tus lánguidos ojos
sin antes haber repasado lo que has hecho en el día:
"¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho? ¿Qué deber he dejado de cumplir?"
Comienza del comienzo y recórrelo todo,
y repróchate los errores y alégrate los aciertos.

Esto es lo que hay que hacer.
Estas cosas que hay que empeñarse en practicar,
Estas cosas hay que amar.
Por ellas ingresarás en la divina senda de la perfección.
¡Por quien trasmitió a nuestro entendimiento la Tetratkis,
la fuente de la perenne naturaleza.

¡Adelante pues! ponte al trabajo,
no sin antes rogar a los dioses que lo conduzcan a la perfección.
Si observares estas cosas
conocerás el orden que reina entre los dioses inmortales y los hombres mortales,
en qué se separan las cosas y en qué se unen.

Y sabrás, como es justo, que la naturaleza es una y la misma en todas partes,
para que no esperes lo que no hay que esperar,
ni nada quede oculto a tus ojos.

Conocerás a los hombres,
víctimas de los males que ellos mismos se imponen,
ciegos a los bienes que les rodean, que no oyen ni ven:
son pocos los que saben librarse de la desgracia.
Tal es el destino que estorba el espíritu de los mortales,
como cuentas infantiles ruedan de un lado a otro,
oprimidos por males innumerables:
porque sin advertirlo los castiga la Discordia,
su natural y triste compañera,
a la que no hay que provocar, sino cederle el paso y huir de ella.

¡Oh padre Zeus! ¡De cuántos males no librarías a los hombres
si tan sólo les hicieras ver a qué demonio obedecen!

Pero para ti, ten confianza,
porque de una divina raza están hechos los seres humanos,
y hay también la sagrada naturaleza que les muestra y les descubre todas las cosas.
De todo lo cual, si tomas lo que te pertenece,
observarás mis mandamientos,
que serán tu remedio, y librarán tu alma de tales males.

Abstente en los alimentos como dijimos,
sea para las purificaciones, sea para la liberación del alma,
juzga y reflexiona de todas las cosas y de cada una,
alzando alto tu mente, que es la mejor de tus guías.

Si descuidas tu cuerpo para volar hasta los libres orbes del éter,
serás un dios inmortal, incorruptible,
ya no sujeto a la muerte.

lunes, 28 de febrero de 2011

Totalmente sola la manzana

MILTOS SAJTURIS

(Grecia, 1919-2005)

La cabeza del poeta

Corté mi cabeza
la puse en un plato
y la llevé a mi médico
—No tiene nada, me dijo
está simplemente afiebrada
arrójela al río y veremos
la arrojé al río junto a las ranas
entonces se movió cielo y tierra
comenzó unos cantos extraños
a crujir y aullar terriblemente
la recogí y volví a ponerla en mi cuello
vagaba enajenado por las calles
con una cabeza de poeta verde y hexagonal.
***
La tentación

Detrás de las viejas vestidas de negro
a espaldas de ellas
la cama blanca
y sobre ella totalmente sola la manzana
como antes la manzana estaba
también totalmente sola la flor blanca
la cortaron con cuchillos con tijeras
la regaron con sangre
ahora yace sobre la cama
manzana podrida
por eso el ángel se sienta en el borde
de la cama
detrás de las viejas vestidas de negro
a espaldas de ellas
y abriendo las alas blancas
extiende la mano hacia la manzana

Traducción directa del griego: Horacio Castillo
Buenos Aires, Editorial Vinciguerra, 1997
***
VIVÍ CERCA

Viví cerca de los hombres vivos
y amé a los hombres vivos
pero mi corazón estuvo más cerca
de los salvajes enfermos con alas
de los grandes locos ilimitados
y aun de los maravillosamente muertos.

Tomado de Ocho poetas del siglo XX. Traducción de Ramón Irigoyen. Mondadori, 1989

lunes, 17 de enero de 2011

Cada cosa y animal ha sido creado con un propósito


Tomado de editorialjuventud.com
 ESOPO

(Grecia; se supone que vivió entre el 620 y el 560 a.C.)

La zorra y los racimos de uvas

Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.
Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose:
–¡ Ni me agradan, están tan verdes...!

Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.
***
El perro y el reflejo en el río

Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un sabroso pedazo de carne. Vio su propio reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo.
Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su supuesto compadre.
Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: éste porque no existía, sólo era un reflejo, y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente.

Más vale pájaro en mano, que cien volando.
***
El atún y el delfín

Viéndose un atún perseguido por un delfín, huía con gran estrépito. A punto de ser cogido, la fuerza de su salto lo arrojó, sin darse cuenta, sobre la orilla. Llevado por el mismo impulso, el delfín también terminó en el mismo sitio. Se volvió el atún y vio al delfín exhalando el último suspiro.
–No me importa morir –dijo–, porque veo morir conmigo al causante de mi muerte.

Sufrimos menos las desgracias compartidas con el causante.
***
La alondra

Una alondra que había caído en un lazo se lamentaba así:
–¡Ay! de mí, infeliz avecilla, no he tomado ni oro ni plata ni cosa alguna preciosa, solamente un grano de trigo me ha traído a la muerte.

Esta fábula amonesta a los que por cosas de ningún valor se exponen a graves peligros.
***
El camello bailarín

Obligado por su dueño a bailar, un camello comentó:
–¡Que cosa! No sólo carezco de gracia andando, sino que bailando soy peor aun.

Cada cosa y animal ha sido creado con un propósito.
***
El ruiseñor y la golondrina

Invitó la golondrina a un ruiseñor a construir su nido como lo hacía ella, bajo el techo de las casas de los hombres, y a vivir con ellos como ya lo hacía ella. Pero el ruiseñor repuso:
–No quiero revivir el recuerdo de mis antiguos males, y por eso prefiero alojarme en lugares apartados.

Lo bueno o lo malo siempre queda atado a las circunstancias.
***
La esclava fea y Afrodita

Una esclava fea y mala gozaba del amor de su amo. Con el dinero que éste le daba, la esclava se embellecía con brillantes adornos, rivalizando con su propia señora. Para agradecer a Afrodita que la hiciera bella, le hacía frecuentes sacrificios; pero la diosa se le apareció en sueños y le dijo a la esclava:
–No me agradezcas el hacerte bella, si lo hago es porque estoy furiosa contra ese hombre a quien pareces hermosa.

Tu tesoro podría ser una carencia.
***
La zorra y el mono disputando sobre su nobleza

Viajaban juntos una zorra y un mono disputando a la vez cada uno sobre su nobleza.
Mientras cada cual detallaba ampliamente sus títulos, llegaron a cierto lugar. Volvió el mono su mirada hacia un cementerio y rompió a llorar. Preguntó la zorra qué le ocurría, y el mono, mostrándole unas tumbas, le dijo:
–¡Oh, cómo no voy a llorar cuando veo las lápidas funerarias de esos grandes héroes, mis antepasados!
–¡Puedes mentir cuanto quieras –contestó la zorra– pues ninguno de ellos se levantará para contradecirte!

Sé siempre honesto en tu vida. Nunca sabrás si el vecino que te escucha sabe la verdad y corroborará o desmentirá tus palabras.

martes, 1 de junio de 2010

Recuerda, cuerpo


Algunos poemas más de
CONSTANTINO KAVAFIS
(Grecia, 1863-1933)


S o m b r a s

Una vela es suficiente. Porque su tenue luz
se adapta mejor, hace más fascinantes
las Sombras voluptuosas que vienen del Amor.

Una vela es suficiente. La habitación esta noche
no debe estar iluminada. Para que sólo al sueño
y a la imaginación, con poca luz
para que sólo al sueño me abandone
en las sombras voluptuosas que me trae el Amor.

Versión de José María Álvarez
***
Mo n o t o n í a

A un día monótono otro
monótono, invariable sigue. Pasarán
las mismas cosas, volverán a pasar
los mismos instantes nos hallan y nos dejan.

Un mes pasa y trae a otro mes.
Lo que viene fácilmente uno lo adivina:
son las mismas cosas fastidiosas de ayer.
Y llega ya el mañana a no parecer mañana.

Versión de Miguel Castillo Didier
***
Cuando incitan

Procura guardarlas, poeta,
aunque sea poco lo que permanece,
de tus visiones eróticas.
Déjalas, ocultas, en tus frases.
Procura retenerlas, poeta,
cuando incitan tu mente
de noche o en el brillante mediodía.

Versión de Nina Anghelidis
***
Recuerda, cuerpo...

Cuerpo, recuerda no solamente cuánto fuiste amado,
no sólo los lechos en que te acostaste,
sino también aquellos deseos que por ti
brillaban en los ojos manifiestamente,
y temblaban en la voz –y algún
obstáculo casual los hizo vanos.
Ahora que todo ya está en el pasado,
casi parece como si a aquellos
deseos te hubieses entregado –cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.

Versión de Miguel Castillo Didier
***
F u i

Nada me contuvo. Liberado completamente fui.
Hacia los goces, poco reales,
poco elaborados que creó mi espíritu,
fui en medio de la noche iluminada.
Y bebí vinos fuertes, tal como
beben los valientes del placer.

Versión de Nina Anghelidis
***
"¿Dónde podría vivir mejor?" "En el piso de abajo está la casa de citas, donde se pueden satisfacer las necesidades de la carne. Allá, la iglesia, para que se nos perdonen nuestros pecados. Y más abajo el hospital, donde morimos."
C. K.
**
Foto tomada de Kalathos.com

sábado, 6 de marzo de 2010

Frenesí de las cigarras


Odysseus Elytis
(Creta, Grecia, 1911–Atenas, íb., 1996)







Veinticuatro horas para siempre

1
Al cambiar de lado durante el sueño te das cuenta de que amanece. Te levantas un momento para cerrar las ventanas, y al mismo tiempo te golpean la luz y el aire de la higuera de enfrente. Después te vuelves a acostar y con gula te hundes en el sueño. Ahora se siente el fresco. Te complace la sábana.

2
En la terracita que da al norte humean las tazas. Nadie habla. Sólo escuchas el masticar del pan tostado o el pequeño grifo de la cocina de junto. Tres o cuatro abejas van y vienen alrededor de la mermelada y la bandeja grande con fruta.

3
En el sendero empedrado que desciendes por la orilla para protegerte del sol. Frente a ti sube un campesino con dos mulas que jala del cabestro. En la primera abertura hacia el mar ves el fragmento de un barco que está detenido. Después, conforme avanzas, todo el pequeño puerto. En el muelle, en fila y atadas por sus cabos, las barcas vacías que se balancean.

4
Dentro del pequeño almacén, que huele a especias y a periódicos viejos. Dentro también Rinió, con su vestido rasgado. Sus pequeños pechos puntiagudos y su cabeza un erizo grande y asimétrico.

5
Izas la vela y te abres al mar. Si tienes viento a favor aflojas el cabo y avanzas recto, a toda vela. Si lo tienes en contra maniobras y tu pequeña embarcación salta como cabra salvaje.

6
Por momentos la espuma del mar en pleno rostro. Trepados en unas rocas, cinco o seis muchachos desnudos retozan y te hacen señas.

7
Echas el ancla y saltas fuera. Has encontrado un lugar entre las rocas que forma un escalón natural. Por ahí avanzas, te zambulles y nadas mar adentro, a veces con grandes brazadas, otras boca arriba. Al fondo las costas rojas y negras, aquí y allá con salpicaduras blancas.

8
Tratas de salir por el lado de la playa. Y he ahí de nuevo desde hace años la misma y conocida sensación: el ligero jadeo, la resistencia del agua en las piernas, un poco más arriba de la rodilla, y al final las gotas de agua que te escurren por la frente y se quedan suspendidas en las pestañas. En el aire una turbiedad, por el calor ardiente que hace. Pero detrás de ella, al fondo, inamovibles, los olivos.

9
Ahora has extendido tu toalla y tratas de acomodarte para que los guijarros grandes que sobresalen no te molesten la espalda. Con el sombrero de paja hundido hasta los lentes para el sol, te abandonas al ensueño, escuchas el plaf plaf de las pequeñas olas que rompen a tus pies, y a veces, entreabriendo los párpados, con miradas de soslayo, percibes los planos negros y rubios, las increíbles estrías verdiazules.

10
De regreso llevas contigo a tu amigo con las dos muchachas extranjeras. Él abre con un cuchillo los erizos que sacó durante toda la mañana. Ellas miran indiferentes. En los muslos desnudos, que parecen increíblemente grandes, una a una como perlas brillan las gotas de agua.

11
Sobre la mesa puesta: enormes besugos, enormes ensaladas de tomate y cebolla, enormes rodajas de sandía.

12
Tres de la tarde. Frenesí de las cigarras. En la habitación medio oscura andas desnudo, quemado por el sol, con una imperceptible excitación erótica que al final hace que te frotes sobre las gruesas sábanas tejidas. Giras de nuevo bocarriba y durante un largo rato miras el techo pintado con angelitos. Hasta que un sueño pesado te vence.

13
Llegan los postres, de tres tipos: dulce de cereza, de albaricoque, de berenjenas tiernas. Con muchos vasos de agua helada y cucharitas de plata en la bandeja. Al inclinarse Políxeni para dejarlos sobre la mesa baja, miras sus pechos desproporcionadamente pesados y blancos.

14
La calle, al dejar las últimas casas, continúa hacia arriba, siempre junto al mar. Desde aquí se ve diminuto un pesquero de arrastre que pasa remolcando dos barcas pequeñas. Ha amainado el viento. Todo es blanco y castaño. Huele a hierba quemada y el sol empieza a caer.

15
En el regreso decides pasar por la iglesia de San Focas. Para cortar camino atraviesas muchos huertos, sembradíos, cercas de piedra. Todo el interior tirita a la luz del único candil. En el mármol de la pequeña ventana, unas flores marchitas. Anochece.

16
En casa el parapeto aún se conserva caliente desde la tarde. Pero la luz disminuye sin cesar, y sin cesar aumenta el aroma del jazmín. El señor Pantelis ha desenrollado la manguera y está regando. También están regando en el jardín de junto. Esa agua es un agua bendita.

17
Más cerca o más lejos de ti, una por una se encienden las luces como luciérnagas. Después, de golpe, todas las luces de la calle. Te has apartado por un sendero. Detrás del molino en ruinas esperas fumando. El viento arrecia de nuevo. A lo lejos se escucha el rumor de las olas. De pronto ves una falda blanca venir directamente hacia ti.

18
Ese viento que agita la falda blanca une las palabras murmuradas, las ata. También los besos prolongados. Y los prolongados silencios. Algo eterno lleno de cosas del ahora, así, como si todo ocurriera por primera vez y para siempre. Hasta cierto punto camináis juntos, después os separáis. Te sientes ligero. Hay una fragancia en tu mano, como cuando la pasas sobre hojas de romero.

19
De regreso encuentras de nuevo las primeras casas esparcidas. Las mujeres están sentadas a la puerta. Otras les gritan a los niños que es hora de acostarse. Ellos juegan todavía y sus gritos son como si vinieran de lejos, muy lejos, tanto que el corazón se te encoge.

20
En la pequeña taberna, detrás de los carrizales, tus amigos. Algo fríen en la sartén. Huele a pescado y a pepino recién cortado. Miles de insectos se aglomeran en el foco grande que está sobre la mesa. Desde aquí el mar no se ve ni se escucha. Pero en todas partes lo sientes presente, detrás de los árboles, detrás de las cercas, de los campos de un color amarillo oro en la oscuridad. A veces, como a una señal, todas las voces se detienen a un tiempo. Entonces, invariables, monótonos, persistentes, se escuchan los grillos.

21
Pasada la medianoche, pero no tienes sueño. Lees: “Pero aún muerto, el griego no quiere separarse de la naturaleza: desea que su tumba tenga una rejilla para ver a través suyo a las golondrinas en la primavera y para escuchar en mayo el trino de los ruiseñores; y el marinero desea su tumba en la ribera del mar:
'para escuchar el aliento del mar y agitado el viento
para escuchar también a sus compañeros que dicen ¡ea!, ¡larga!'”.

22
Apagas la luz. Te desnudas en la penumbra. La luna ha llegado a la mitad de la habitación. Te mueves un poco como un fantasma, con movimientos muy lentos. Un ligero olor a insecticida llega del piso de abajo.

23
Levantas la cabeza: soledad y oscuridad. Nada más el faro en su sitio. Sin querer te concentras en él y cuentas: uno-dos-tres-cuatro-cinco-seis-siete-ocho-nueve- ¡paf! El primer giro. Y después de nuevo: uno-dos-tres- ¡paf! El segundo. Y después otra vez nueve, y después otra vez tres. Te sientes seguro como si alguien te cuidara.

24
Mientras el sueño te llega pasas de un pensamiento a otro. Amores, miedos, planes que no se realizaron, que esperas que se realicen, que sabes que muy probablemente no se realizarán; se confunden, se separan y se unen; son formas que fácilmente se disuelven y se vuelven a crear de otra manera, hasta que pierdes el hilo y te hundes en un vacío lleno de ladridos lejanos, chirriar de maderas, y a intervalos regulares, la voz de la lechuza.

Traducción de Francisco Torres Córdova
Tomado de Los convidados

jueves, 4 de febrero de 2010

¡Dadme la lira, dádmela!


Anacreónticas

ANACREONTE
(Grecia, 570 a.C.-478 a.C)
(Fragmentos)


Dadme la lira de Homero, pero sin cuerdas teñidas de sangre;
traedme las copas sobre las cuales reine la ley del
(festín;
traédmelas; mezclaré en ellas el vino, siguiendo las reglas
consagradas; quiero embriagarme, bailar y jugar un rato;
quiero entonar el canto báquico sobre la lira con mi voz más
fuerte. Dadme la lira de Homero, pero sin sus cuerdas manchadas
de sangre.
Los caballos llevan en sus costados una marca
(impresa al fuego.
Los partos son fáciles de reconocer por su tiara. Yo, por mi parte,
se descubrir enseguida a los amantes. Llevan, en el fondo del
alma, una marca muy leve.
Ea, muchacho, tráenos una jarra para bebérnosla de
un trago sirviéndonos
diez medidas de agua y de vino cinco cazos para que
yo pueda otra vez divertirme
sin barbarie.
Ea, otra vez, no sigamos de este modo, entre pito y gritos bebiendo
como los escitas, sino entre bellos cantos bebiendo
(con moderación.
Otra vez Eros de cabellos de oro me alcanza con su pelota purpúrea y me
invita a jugar con una muchacha de sandalias
(multicolores. Pero ella, como es de
la bella isla de Lesbos, desprecia mis cabellos
(porque son blancos y abre su
boca en busca de otros.
A Cleóbulo amo, por Cleóbulo enloquezco, a Cleó
(bulo vuelvo mi mirada.
De nuevo amo y no amo, estoy loco y no estoy loco.
Canosas están mis sienes, blanca mi cabeza; ha
huido de mí la juventud
graciosa, están viejos mis dientes, y de la dulce vida
(me queda ya poco tiempo.
Por eso lloro muchas veces, temeroso del Tártaro.
(Pues es terrible el abismo de
Hades y dolorosa la bajada hasta él; es bien cierto
(que el que baja no sube.
***
SAFO de Mitilene
(Lesbos, siglo VII a.C.),


VAMOS, DIVINA LIRA…

Vamos, divina lira,
hazte parlera para mí.

Fragmento 103 D. Traducción de Carlos García Gual.
***
RUBÉN DARÍO
(Nicaragua, 1867-1916)

Mientras tenéis, ¡oh negros corazones!,

Mientras tenéis, ¡oh negros corazones!
conciliábulos de odio y de miseria,
el órgano de amor niega sus sones.

Cantad, oíd: "La vida es dulce y seria".
Para ti, pensador meditabundo,
pálido de sentirte tan divino,
es más hostil la parte agria del mundo.

Pero tu carne es pan, tu sangre es vino.
Dejad pasar la noche de la cena
-¡Oh Shakespeare pobre, y oh Cervantes manco!-y
la pasión del vulgo que condena.

Un gran Apocalipsis horas futuras llena.
¡Ya surgirá vuestro Pegaso blanco!
***
MARIANO JOSÉ DE LARRA
(España,1809-1837)

Toma esa sucia plata,
toma, platero, ese oro,
y en el ferrado yunque
suena el martillo tosco.
Cansa el metal
sonante, y al golpe ponderoso
la denegrida fragua
retumbe en ecos broncos.
No con pesada mano
de un casco fragoroso
ni de bruñida cota
dibujes los contornos
donde Mavorte fiero
con el semblante torvo
anime a la refriega
sanguinario loco.
Hazme, platero, un vaso
cóncavo, igual, redondo,
donde beber yo pueda
del jugo más sabroso;
del que nos dan las uvas
en el templado otoño,
y sobre todo hazlo
cuanto pudieres hondo.
Con el buril esculpe
en su luciente dorso
no de feroz guerrero
el atezado rostro.
Ni el brazo peregrino
del extranjero corso,
en Austerlitz y en Lodi
y en Jena victorioso.
Ni el rayo que obediente,
presagiador de lloro,
llena a su voz terrible
de espanto el orbe todo.
Ni el bronce ya homicida
que con fragor sonoro
muerte despide y luto
entre el ardido plomo.
Ni el mentecato grave
que en el papel añoso
mentidos bienes busca
bajo su antiguo polvo.
Graba mi rostro alegre
vertiendo risa y gozo
al delicado aspecto
del jerezano mosto.
Y a Baco el rubio grano
pisando allí afanoso,
sacando del racimo
el zumo blanco y rojo.
Y amor también que juegue
con pámpanos hojosos
y entre la cepa umbría
se esconda con su dolo.
Y allí Célida hermosa
vertiendo vino en torno,
y alma prestando y fuego,
y vida al cuadro todo.
Burlando ya mis penas,
secando ya mi lloro,
o ardiendo en puras llamas
a los robustos mozos.
Y así de honores tantos
si le fabricas pronto,
te llenen los mortales
de tu vivir celosos;
como abundantes tragos
con el tazón lustroso
del tinto Valdepeñas
he de vaciar beodo.

Abril 1829
***
JOSE MARÍA HEREDIA
(Cuba, 1803–1839)


NIÁGARA

Dadme mi lira, dádmela, que siento
en mi alma estremecida y agitada
arder la inspiración. ¡Oh! ¡Cuánto tiempo
en tinieblas pasó, sin que mi frente
brillase con su luz…! Niágara undoso,
sola tu faz sublime ya podría
tornarme el don divino que ensañada
me robó del dolor la mano impía.
Torrente prodigioso, calma, acalla
tu trueno aterrador; disipa un tanto
las tinieblas que en torno te circundan,
y déjame mirar tu faz serena,
y de entusiasmo ardiente mi alma llena.
Yo digno soy de contemplarte; siempre
lo común y mezquino desdeñando,
ansié por lo terrífico y sublime.
Al despeñarse el huracán furioso,
al retumbar sobre mi frente el rayo,
palpitando gocé; vi el Océano
azotado del austro proceloso
combatir mi bajel, y ante mis plantas
sus abismos abrir, y amé el peligro
y sus iras amé; mas su fiereza
en mi alma no dejara
la profunda impresión que tu grandeza.
Corres sereno y majestuoso, y luego,
en ásperos peñascos quebrantado,
te abalanzas violento, arrebatado,
como el destino, irresistible y ciego.
¿Qué voz humana describir podría
de la sirte rugiente
la aterradora faz? El alma mía
en vagos pensamientos se confunde
al contemplar la férvida corriente,
que en vano quiere la turbada vista
en su vuelo seguir al borde oscuro
del precipicio altísimo; mil olas,
cual pensamiento rápidas pasando,
chocan y se enfurecen,
y otras mil y otras mil ya las alcanzan,
y entre espuma y fragor desaparecen.
Mas llegas, saltan. El abismo horrendo
devora los torrentes despeñados
crúzanse en él mil iris, y asordados
vuelven los bosques el fragor tremendo.
Al golpe violentísimo en las peñas
rómpese el agua y salta, y una nube
de revueltos vapores
cubre el abismo en remolinos, sube,
gira en torno, al cielo
cual pirámide inmensa se levanta,
y por sobre los bosques que le cercan
al solitario cazador espanta.
Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista,
con inquieto afanar? ¿Por qué no miro
alrededor de tu caverna inmensa
las palmas, ¡ay!, las palmas deliciosas,
que en las llanuras de mi ardiente patria
nacen del sol a la sonrisa, crecen,
y al soplo de la brisa del Océano
bajo un cielo purísimo se mecen?
Este recuerdo a mi pesar me viene…
Nada, ¡oh Niágara!, falta a tu destino,
ni otra corona que el agreste pino
a tu terrible majestad conviene.
La palma y mirto, y delicada rosa,
muelle placer inspiren y ocio blando
en frívolo jardín; a ti la suerte
guarda más digno objeto y más sublime.
El alma libre, generosa y fuerte
viene, te ve, se asombra,
menosprecia los frívolos deleites
y aun se siente elevar cuando te nombra.
¡Dios, Dios de la verdad!, en otros climas
vi monstruos execrables
blasfemando tu nombre sacrosanto,
sembrar error y fanatismo impío,
los campos inundar con sangre y llanto
de hermanos atizar la infanda guerra
y desolar frenéticos la tierra.
Vilos, y el pecho se inflamó a su vista
en grave indignación. Por otra parte,
vi mentidos filósofos, que osaban
escrutar tus misterios, ultrajarte,
y de impiedad al lamentable abismo
a los míseros hombres arrastraban.
Por eso siempre te buscó mi mente
en la sublime soledad; ahora
entera se abre a ti; tu mano siente
en esta inmensidad que me circunda,
y tu profunda voz baja a mi seno
de este raudal en el eterno trueno.
¡Asombroso torrente!
¡Cómo tu vista mi ánimo enajena
y de terror y admiración me llena!
¿Dó tu origen está? ¿Quién fertiliza
por tantos siglos tu inexhausta fuente?
¿Qué poderosa mano
hace que al recibirte
no rebose en la tierra el Océano?
Abrió el Señor su mano omnipotente,
cubrió su faz de nubes agitadas,
dio su voz a tus aguas despeñadas
y ornó con su arco tu terrible frente.
Miro tus aguas que incansables corren,
como el largo torrente de los siglos
rueda en la eternidad: así del hombre
pasan volando los floridos días
y despierta el dolor... ¡Ay!, ya agotada
siento mi juventud, mi faz marchita,
y la profunda pena que me agita
ruga mi frente de dolor nublada.
Nunca tanto sentí como este día
mi mísero aislamiento, mi abandono,
mi lamentable desamor… ¿Podría
un alma apasionada y borrascosa
sin amor ser feliz…? ¡Oh! ¡Si una hermosa
digna de mí me amase
y de este abismo al borde turbulento
mi vago pensamiento
y mi andar solitario acompañase!
¡Cuál gozara al mirar su faz cubrirse
de leve palidez, y ser más bella
en su dulce terror, y sonreírse
al sostenerla en mis amantes brazos…!
¡Delirios de virtud…! ¡Ay!, desterrado,
sin patria, sin amores,
sólo miro ante mí llanto y dolores.
¡Niágara poderoso!
Oye mi última voz; en pocos años
ya devorado habrá la tumba fría
a tu débil cantor. ¡Duren mis versos
cual tu gloria inmortal! Pueda, piadoso,
al contemplar su faz algún viajero,
dar un suspiro a la memoria mía.
Y yo, al hundirse el sol en Occidente,
vuele gozoso do el Creador me llama,
y al escuchar los ecos de mi fama
alce en las nubes la radiosa frente.

viernes, 1 de enero de 2010

Todo el año alerta como un perro



Esquilo
(en griego antiguo: Aiskhúlos)
(Eleusis, 525 aC-Gela, 456 aC)


Agamenón (fragmento)

"Pido a los dioses que me libren de este penoso trabajo, de esta guardia sin fin que estoy haciendo en lo alto del palacio de los Atridas, todo el año alerta como un perro, contemplando las varias constelaciones de los astros de la noche... Siempre esperando... Llega la noche, mas no viene con ella el reposo a mi lecho húmedo de rocío. Jamás lo visitan los sueños; en vez del sueño, es el temor quien se sienta a mi cabecera y no me deja cerrar los ojos al descanso. ...¡Venga por fin el dichoso instante que me vea libre de esta fatiga! ¡Aparezca en medio de la noche el fuego de la buena nueva!
...

¡Ah condición de las cosas humanas! Prósperas, una sombra puede darles la vuelta; si viene el infortunio, una esponja mojada, arrojada contra ellas, borra el dibujo. Es esto mucho más que aquello, lo que me mueve a la piedad."

sábado, 26 de diciembre de 2009

Pero nosotros los del Arte


Algunos pocos poemas de
CONSTANTINO KAVAFIS
(Grecia, 1863-1933)



QUE EL DIOS ABANDONABA A ANTONIO

Cuando de repente, a medianoche, se escuche
pasar una comparsa invisible
con músicas maravillosas, con vocerío -
tu suerte que ya declina, tus obras
que fracasaron, los planes de tu vida
que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
di adiós a Alejandría que se aleja.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue un
sueño, que se engañó tu oído:
no aceptes tales vanas esperanzas.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno,
acércate resueltamente a la ventana,
y escucha con emoción, mas no
con los ruegos y lamentos de los cobardes,
como último placer los sones,
los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso,
y dile adiós a la Alejandría que pierdes.
***
FILOHELENO

Cuida que el grabado se haga artísticamente.
Expresión grave y majestuosa.
La diadema mejor más bien estrecha;
aquellas anchas de los Partos no me gustan.
La inscripción, como de costumbre, en griego:
no exagerada, no pomposa
-que no lo malinterprete el cónsul
que siempre rebusca para denunciar a Roma-
que sea empero ciertamente honrosa.
Algo muy escogido en la otra cara:
algún hermoso discóbolo adolescente.
Sobre todo te recomiendo preocuparte
Sithaspe, por Dios, no olvidarse
después de Rey y Salvador,
que se grabe con letras elegantes, Filoheleno.
Y ahora no me vengas con agudezas,
que "¿Dónde están los helenos?" y "¿Dónde la lengua griega
aquí detrás del Zagro, más acá del Fraata?"
Puesto que tantos y tantos más bárbaros que nosotros
lo escriben, lo escribiremos también nosotros.
Y por último no te olvides que a veces
nos llegan sofistas desde Siria,
y versificadores, y otros que se ocupan de necedades.
De modo que no tenemos tan poca cultura helénica, creo yo.
***
MAR DE LA MAÑANA

Aquí que me detenga. Que también yo contemple un poco la
naturaleza.
Azul esplendoroso de un mar de la mañana
y de un cielo sin nubes, y una ribera amarilla: todo
hermosamente y con plenitud iluminado.
Aquí que me detenga. Y que me engañe como que veo esto
(lo vi en verdad un instante cuando recién me detuve);
y no también aquí mis fantasías,
mis recuerdos, las visiones de la voluptuosidad.
***
MEDIA HORA

Ni te conseguí, ni te conseguiré
nunca, creo. Algunas palabras, un acercamiento
como en el bar anteayer, y nada más.
Es una pena, no digo. Pero nosotros los del Arte
a veces con intensidad de pensamiento, y ciertamente sólo
por poco tiempo, creamos un placer
que parece casi real.
Así en el bar anteayer -claro que ayudando
mucho el alcohol compasivo-
tuve una media hora en plenitud erótica.
Y tú lo percibiste, me parece,
y te quedaste un poco más de adrede.
Eso era muy necesario. Porque
con toda la imaginación, y con el mágico alcohol,
tenía que mirar también tus labios,
tenía que estar tu cuerpo cerca.
***
LO OCULTO

Por cuanto hice y por cuanto dije
que no traten de encontrar quién era yo.
Un obstáculo se alzaba y transformaba
mis acciones y mi modo de vivir.
Un obstáculo se alzaba y me detenía
muchas veces cuando iba a hablar.
Mis acciones más inobservadas
y mis escritos más ocultos
-sólo por allí me entenderán.
Mas acaso no vale la pena gastar
tanta atención y tanto esfuerzo para conocerme.
Más tarde -en la sociedad más perfecta-
algún otro, hecho como yo,
ciertamente surgirá y actuará libremente.
**
LOS CABALLOS DE AQUILES

Cuando vieron que habían matado a Patroclo,
a él, tan bravo, tan joven y fuerte, los caballos de Aquiles lloraron.
La obra de la muerte indignaba a esas bestias inmortales.
Alzando sus cabezas, sacudiendo sus crines,
golpeando el suelo con sus patas lloraban a Patroclo, a quien sentían sin alma, aniquilado, vil cadáver, alma que emprende el vuelo,
indefenso, sin soplo, abandonada su vida
para entrar en la inmensa Nada.
Zeus vio las lágrimas de sus divinos caballos
y se llenó de piedad:
-En las bodas de Peleo —dijo—
no hubiera debido daros con tal imprudencia a miserables mortales,
juguetes del azar
vosotros a quienes ni la muerte
ni la vejez aguardan,
las calamidades de los hombres os aplastan:
esas criaturas fugaces
Os han mezclado en sus infortunios.
Y las dos nobles bestias seguían llorando
la universal miseria de la muerte.
**

Traducción: Miguel Castillo Didier

jueves, 18 de junio de 2009

Ponte un poquito más cerca del silencio


Algunos poemas de ODISEAS ELITIS
y una yapa
(Iracilon, Grecia, 1911- Atenas 1996)

I

Ponte un poquito más cerca del silencio y recoge los cabellos de esta noche que sueña, desnudo su cuerpo. Tiene muchos horizontes, muchas brújulas, y un destino que arde incansable cada vez y sus cincuenta y dos papeles. Después vuelve a empezar con otra cosa —con tu mano, que le da perlas para hallar un deseo, una islita de sueño.

Ponte un poquito más cerca del silencio y abraza la enorme ancla que gobierna en los abismos. Dentro de poco estará en las nubes. Y tú no entenderás, mas llorarás, llorarás para que yo te bese y cuando vaya a abrir una brecha en la mentira, un pequeño tragaluz azul cielo en la ebriedad, me morderás. Sombra pequeña, celosa de mi alma, engendradora de una música en el claro de luna.

Ponte un poquito más cerca de mí.


Primer poema de El concierto de los jacintos, que Odiseas Elitis escribió en su época de acercamiento al surrealismo. El texto se publicó luego en el libro Orientaciones, que agrupa su obra hasta 1939.
Traducción de Ramón Irigoyen en Orientaciones, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 1996.
Tomado de http://ceciliabelza.blogspot.com
***

Sueños y sueños llegaron
por los días de los jacintos.
Sueños y sueños por los albos
insomnios de los cisnes.

El rocío nace de las hojas.
Como en el cielo infinito
el sentimiento sereno.


ADAGIO

Ven a que disputemos juntos desde el sueño la indolente almohada que navega en la vecina luna. Cabezas sin tempestades y las dos juntas balanceantes deslizándose para llenar la playa con algas y estrellas. Porque mucho habremos vivido entre lágrimas el centelleo y amaremos la justa calma.

¡Ángeles si no son los ángeles con depravados violines para orear los espacios de una noche con eólicas luces y almas campanas! Que flautas paseen en el aire livianos deseos, levemente inclinados. Besos atormentados o besos perlas en remos acuáticos. Y más profundamente en las encendidas grosellas, poco a poco los pianos de la rubia voz, las medusas que nos mantendrán el viaje convenientemente lento. Tierras firmes con pocos, con pensados árboles.

¡Oh! ven a que juntos fundemos los sueños, ven a que juntos demos la calma. No estará ya en el solitario cielo salvo el corazón que se empapa de amargura salvo el corazón que se empapa de hechizo, no estará salvo el corazón que pertenece a nuestro propio cielo solitario.

Ven a mi hombro a soñar porque eres una mujer bella. Oh eres una mujer bella. Oh eres bella. Bella.

EL MONOGRAMA

Es temprano todavía en este mundo, me oyes
No han sido domesticado los monstruos, me oyes
Mi sangre perdida y el aguzado, me oyes
Puñal
Que corre como carnero por los cielos
Y quiebra las ramas de las estrellas, me oyes
Soy yo, me oyes
Te amo, me oyes
Te tengo y te llevo y te visto
Con el blanco traje nupcial de Ofelia, me oyes
Dónde me dejas, adónde vas y quién, me oyes
Te toma de la mano por encima de los diluvios
Enormes lianas y lava de volcanes
Llegará el día, me oyes
En que nos entierren y miles de años después, me
oyes
Nos convertirán en rocas brillantes, me oyes
Para que sobre ellas luzca la crueldad, me oyes
Humana
Y en cinco mil añicos nos arrojará, me oyes
A las aguas uno-a-uno, me oyes
Mis amargos guijarros cuento, me oyes
Y es el tiempo una gran iglesia, me oyes
Donde a veces en las imágenes, me oyes
De los santos
Surgen lágrimas verdaderas, me oyes
Y las campanas abren en lo alto, me oyes
Un hondo pasaje que permita mi paso
Aguardan los ángeles con cirios y fúnebres salmos
No voy a ninguna parte, me oyes
O ninguno o los dos juntos, me oyes
Esta flor de la tormenta y, me oyes
Del amor
De una vez para siempre la cortamos, me oyes
Y no habrá de florecer de otra manera, me oyes
En otra tierra, en otra estrella, me oyes
No existe el suelo, no existe el mismo aire, me oyes
Que tocábamos, me oyes.
Y ningún jardinero tuvo la dicha en otros tiempos
Después de tanto invierno y tantos vientos fríos,
me oyes
Que nazca una flor, sólo nosotros, me oyes
Levantamos toda una isla, me oyes
Con grutas y cabos y acantilados florecidos
Oye, oye
Quién habla a las aguas y quién llora –¿oyes?
Quién busca al otro, quién grita –¿oyes?
Soy yo que grito, soy yo que lloro, me oyes
Te amo, te amo, me oyes.

Eros y Psique

Un mar oscuro y salvaje golpea sobre mí
la vida de los otros.
Todo lo que afirmas durante la noche
Dios lo modifica. Ligeras van las casas
algunas llegan hasta el muelle con las luces encendidas
parte (dicen) el alma de los muertos
ah que serás tú a quien llaman "alma" aunque el aire
no alcanzó para hacerte materia ni el vello
para arrancarlo alguna vez al pasar
qué bálsamo o qué veneno derramas pues
en otros tiempos la noble Diotima
cantando con inteligencia llegó a modificar
la mente del hombre y el curso de los ríos de Suabia
de manera que quienes se aman estén aquí y allá
de dos estrellas y un destino solamente
desprevenida parece estar aunque no lo esté
la Tierra. Saciada de diamantes y carbones
pero sabe hablar y desde allí donde fluye la verdad
con percusión subterránea o fuentes de inefable pureza
viene a confirmártelo. ¿Cuál? ¿Qué?
Lo único que afirmas y que Dios no modifica
ese algo inescrutable que existe
a pesar de todo en lo Vano y en la Nada.

Elegías de Oxópetra. Traducción de Nina Anghelidis.

LAS PEQUEÑAS ÉPSILON
(fragmentos)

Las amarguras que el tiempo arroja dentro de mí las sustrae de mis poemas. Me he llenado de arrugas, para permanecer terso ahí donde nadie me recordará. Una rosa que se vuelve poesía te puede destrozar mucho más que un puñetazo que no se vuelve poesía. Millares de palabras se marchitan en los libros rojos, cuando una simple muchacha dispara. Al parecer, incluso para derrocar gobiernos –qué triunfo– se necesita la buena calidad. En la tristeza de la interminable mediocridad que nos ahoga por todos lados, me consuela que en algún lugar, en alguna habitación pequeña, algunos obstinados luchan por eliminar el desgaste. Con pleno conocimiento de que un día este planeta se congelará o se incendiará junto con sus logros. Ellos, otro tipo de héroes, son los que harán quedar bien a la alguna vez humanidad. Extraño: en nombre del humanismo, desde siempre los pueblos han dado dos pasos adelante y los poetas dos pasos atrás. No nos engañemos. No te haces vegetariano comiendo cordero pintado de verde. Que reduzcas un poema a su sentido esencial no tiene ningún sentido. Una cámara fotográfica oculta en la mala poesía nos condena a volver a ver aquello que hemos visto muchas veces –y a no ver aquello que nunca hemos visto. Seguramente la capacidad de observación es un gran defecto para el poeta que, al final, acaba tomando las nubes por nubes. Muchas mentiras esperan en fila para ocupar el lugar de la verdad. Al menos mintamos correctamente. Muchos en la poesía, porque resulta que son feos, proclaman que Dios hizo feo al mundo. Algunos incluso llegan más lejos: porque alguna vez estuvieron en peligro de ahogarse, insisten en que el mar no es azul. No percibes la magia con la interpretación de la magia, mucho menos con la descripción de la interpretación de la magia. O cantas, o callas. No dices: esto que hago es canto. Eso faltaba. Si los pájaros pensaran nos arrojarían piedras -perdón, quise decir excrementos. En nuestros tiempos se admira más al diamante que se vuelve carbón que al carbón que se vuelve diamante. La sensación del fracaso continúa siendo el buen conductor de las emociones en una mayoría a la que, queriéndolo o no, este complejo la domina toda su vida. Joven, recuerda: no te haces esclavo cuando te somete sólo quien tiene el poder –sino también quien lucha en su contra. Olor de los Textos: a madera húmeda en el fuego, o a hojas podridas, o a habitación vacía. Y más: a piedra ardiente en el sol, a establo, a cabello sin lavar de una mujer hermosa. ¡Pobre Guerlain! Cuidado con la emoción. Si es hechicera, no deja de ser embustera. De la misma manera en que a veces una palabra (no necesariamente bonita o rara) se vuelve el pretexto para crear todo un verso, de tal modo que esa palabra pueda encontrar su lugar preciso y resplandezca, ese verso, a su vez, por la misma razón, se vuelve a veces pretexto para crear todo un poema, cuyo contenido, si nació de dos o tres sílabas humildes, como sentido está tan alejado de ellas como un hombre completo del placer de un instante, que se volvió la razón de que existiera. Toda gran música, en el fondo, es un menosprecio de la muerte. Lo Uno y lo Absoluto que concibe nuestra mente es lo mucho y lo relativo de los demás, llevados a la claridad de la unidad. La distancia de la “nada” a lo “mínimo” es mucho más grande que la de lo “mínimo” a lo “mucho”. Grecia es el país dorado de la Poquedad que inutiliza el valor del número; pero también el país negro de lo Desigual, donde ningún destino se corta a la medida dada del inicio. En la vida, que aciertes a algunas codornices significa: las mataste. En el arte: las resucitaste. El arte, aun cuando se dirige hacia la muerte, la sube; no cae dentro de ella. Y es por eso que cuanto más se agota la vida, tanto más la obra flota con la cabeza de fuera. Sólo que, a veces, algunos no perciben el espejo y se rompen la cara. Si hay algo que teme el artista consciente es que sabe que los cadáveres de las malas obras son peores que los del hombre. Es cómico, pero las palabras que te ayudan a vivir al otro lo ayudan a matarte.
(…)
La primera verdad es la muerte. Queda por descubrir cuál es la última. He aquí por qué escribo. Porque la poesía comienza allí donde la última palabra no la tiene la muerte. Es la finalización de una vida y el comienzo de otra, que es la misma que la primera, pero más profunda, que llega hasta el lugar más alejado que puede descubrir el alma. Allí donde el sol y el Hades se tocan.

Las pequeñas Epsilon, Seis ensayos. Colección de Ensayos y Poesía. UNAM. 2004. Traducción de Francisco Torres Córdoba.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char