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sábado, 7 de enero de 2017

El esqueleto de cada árbol

GABRIEL RECHES 

(Buenos Aires, Argentina, 1968)




El invierno vuelve para delatar
el esqueleto de cada árbol
los muñones de la poda y cómo
desde cualquier lugar, cualquier cosa crece
sin que por ello debamos
festejar una teoría estética

sobre la historia no se sabe tía Berta
quién podó, qué
por qué de un muñón siempre brota un muñón.

De Es el fin del mundo, tía Berta ( Bajo la Luna, 2012).

lunes, 12 de noviembre de 2012

Un alud que no crece en la pendiente crece a cuestas

Tomada de pagina12.com

GABRIEL RECHES
(Buenos Aires, Argentina, 1968)

Películas superpuestas
no exactamente, encimadas
no exactamente encimadas
consecutivas

películas de mica
de cualquier mineral
transparente, no
transparente, traslúcido
efervescencia en quien mira
opción del transparente

la facultad suprema
en la base de una roca puede adivinarse
bajo estas películas como si estas películas
delgadas de mica
no estuvieran o no estuvieran
sino para dañar de la roca la imagen

la visión de la imagen
dar cuenta de un objeto es
la facultad de disolverlo: así

como estas películas que no
se deshacen en las manos porque no
están sobre las manos
así, no como cualquier película
más delgadas que cualquiera
se acumula sobre un hecho
el que elijas

una cantidad infinita
una cantidad posible de ser numerada
que alcance para simular lo innumerable
de tragedias ecológicas, holocaustos
perversiones culturales todas
concurrentes en el hecho
en la mirada del hecho por caso

tía Berta en un dodge
rumbo a navidad
con su fuente en la mano, rebasante
fetas de carne embebida en cosechas
que alejaron cuatro meses
a esclavos, de su prole

delante y detrás tía Berta y su auto
de otros más viejos y más nuevos
el cartel lumínico y al fondo atardece
o el camino afirma que pudimos
ser amigos de un banco o un portón de alarma

caravana de platos humeantes
relieve en el tungsteno
bajo la autopista un pueblo fantasma
un artista que sueña
ser reconocido o una muerte escandalosa
mi madre, el imperio de cleopatra
en sus recuerdos, los nombres que ponemos
a perros y gatos,
tortugas que sostienen
de esto lo que falta, el gusto
escuchar tu voz finita
después de inhalar helio
***
Como algunas especies de coleóptero

Como algunas especies de coleóptero
hay pericia sumaria en el arte
de cosechar entre flores mi desecho
un alud que no crece en la pendiente
crece a cuestas, en el recuerdo de quien
cada mañana remonta su roca
y enseguida cae, pero aquí
entre cuesta y cuesta se registran
detenciones frente al quiosco
un paquete de snacks para saciar al necesitado

vos en cambio, tía Berta, compraste un lampazo
de hebras flamantes y un balde que te gusta
para hacer eso que corresponde a las veredas
aunque sepas que en minutos detonan la ciudad
descifrás en el agua
la verdad municipal de la topografía

asocio dos hechos en apariencia aislados para pedirte:
en el último balde
preservá a un costado
aquella suciedad que pueda ser mía

el peso que llevo crece como nada
y estaría bueno sumarle identidad
**
De Es el fin del mundo, tía Berta, Bajo la luna, 2012

jueves, 12 de abril de 2012

La gran confusión es suponer vanguardia cuando hay tendencia

GABRIEL RECHES
(Buenos Aires, Argentina, 1968)


Fuente y copy: Aníbal Cristobo, en su blog kriller

ENTREVISTAS: GABRIEL RECHES / QUE AL LEER, NO SE LEE NADA


A.C.: Cómo empezaste a escribir poesía?
G.R.: Empecé a escribir poesía a los trece años, dos meses después de la muerte de mi papá. No me dejaron ir a su entierro. Durante cuatro años no lloré jamás por nada y no paré de escribir. Todos los poemas eran escondidos en una caja de cartón y puestos a salvo  en una especie de bóveda accidental que había en mi mesa de luz. Nadie salvo yo los leía. La poesía fue un conducto, un canal aliviador, un modo de procesar el duelo y a la vez una especie de pesebre o recreación de la escena que no pude vivir. También, sin saberlo, recreaba otra cosa. De joven mi papá había integrado el grupo El Pan Duro, pero con el tiempo se dedicó de lleno a la abogacía y los poemas fueron para él una zona olvidada, una zona enterrada.


A.C.: Es curioso que menciones ese condición casi secreta de tus poemas, ese sentido de funcionar sin otros lectores más que vos mismo, porque una de las cosas que me llamó la atención de tus textos es el lugar que sentí que proponían para el lector -un lugar ligeramente áspero, o, en todo caso, el lugar que ese lector sea capaz de crearse, pero no un sitio pautado de antemano para la comodidad de quien lee. En todo caso, qué reflexión te merece la cuestión del lugar del lector en tu poesía?
G.R.: Voy a tratar de responderte esa pregunta que resulta bastante difícil para mí. Porque la verdad, al momento de escribir no pienso en lectores. Después sí, claro, me asaltan las terminales utilitarias del sistema nervioso, me regocijo cuando soy leído, mucho más cuando me siento leído cabalmente, me frustro cuando los poemas no llegan a nadie, y no mucho más.
No tengo una definición a lo Poe, ni de target, ni de contrato de lectura prefabricada.
Si hay algo, es más bien la construcción de un lugar de enunciación, que es en cierto modo la construcción de un sujeto. Ambas cosas, frente a otras grandes deshonestidades de mi persona y mi escritura, pecan de bastante honestidad intelectual e identitaria, constituyen una especie de ideología poética; dicho de otro modo, me dejan con el culo al aire, porque representan aquello que siento tanto por la poesía como por la vida, una y otra tomadas a la vez como fracaso rutilante y como enigma.
La poesía, la escritura poética, se presenta como un ojo que se interpone entre las cosas y el ojo, un instrumento destructivo o descomponedor de la percepción educada: inhabilita la experiencia del mundo, la experiencia pretendidamente silvestre del sujeto,  delata la vacuidad tanto del  mundo y del sujeto --entendidos  como la aproximación lingüística de una anarquía que se nos niega— como de lo cotidiano; frente a lo único que inquieta y que es indecible.


La humanidad habla cientos de idiomas, pero calla en el mismo, ese silencio emerge en cualquier lado, no en una iglesia, sino exactamente en cualquier lado, al estallar un pocillo de café o buscar las llaves, y yo trato de provocar minúsculos señalamientos de ello. Las anécdotas no son más que instrumentos.


Mis construcciones por eso son ásperas, de sintaxis desgajadas, versos cortos, muchas veces sin artículos ni proposiciones, buscan las fisuras del lenguaje corriente y también de las acciones corrientes, el modo en que el lenguaje corriente y las acciones corrientes, a través de sus fisuras, resquebrajamientos, delatan la existencia de aquello inaccesible y a la vez por eso delatan la imposibilidad de volverse algo que realmente valga la pena. Cuando sale mal, es alegórico. Cuando sale bien, es probable que alguien sienta que al leer, no se lee nada.
Hay, es cierto, algunos poemas, como la primera parte de la evolución, en los que se intenta explicitar esto, en una especie de metaretórica, pero estilísticamente la enunciación no difiere demasiado, a lo sumo son poemas en los que el objeto representado es la idea de representación agredida por su propia lógica.


A.C.: En tu última respuesta, probablemente porque no estábamos hablando particularmente de eso, me pareció entender una cierta "intercambiabilidad" de los textos en función de lo que deberían producir (esa suerte de que "no se lea nada"). Sin embargo en los poemas se traslucen preocupaciones estéticas y/o temáticas que parecen exceder ese mecanismo de borrar lo inteligible. Hay, entre cada libro, variaciones temáticas y estructurales que van más allá de esa operación - o esa es mi sensación. Podrías hablar de eso que elegís para borrar, de lo que cambia dentro de ese mecanismo?
G.R.: Aún mantengo cierta ilusión de singularidad, cierta creencia en mí como sujeto, admito que eso es algo religioso si se observa la permanente derrota de la idea de individuo frente al simple paso del tiempo o de cara a los procesos históricos y sociales que enmarcan y vuelven previsible cualquier ocurrencia, invento o decisión.


De ahí que, al menos para conservar la motivación, no creo que sean intercambiables esos temas, que pertenecen a ese sujeto que construyo al escribir. Son esos y no otros temas, los que funcionan como vehículo hacia el silencio, el resquebrajamiento de las expresiones; esos temas cotidianos y en apariencia banales, de donde de pronto emerge lo existencial pero no como retórica lingüística, sino más bien como destrucción de la retórica, como irrupción de lo indeseable, de la sin salida de la existencia.
Por supuesto, estoy simplemente hablando de mi posición de escritura. Claro, hay unas preocupaciones poéticas que superan a otras, pero en general todas están ahí porque me conducen allá (a la vacuidad, lo efímero y el sin sentido como trascendencia, ya sea manifestándose en oscilaciones como en la evolución, destrucciones sin intención como en tía Berta, degradación de objetos y ambientes como en el resto o simplemente una heladera, navidad y perros mirando una pared).
Alguien podrá decir que en algunos casos, me correspondo con algunos tópicos "de época" o de mi discutida generación. Pero en todo caso no es otra cosa que un accidente o a veces, una concesión inconsciente.


A.C.: Ahora que hablabas de esa "discutida generación": vos venís manteniendo, por un lado, un ritmo de escritura y de edición que te insertaría, cronológicamente, en ese segmento tan discutido que mencionabas -y por otro, un tipo de escritura y de personificación del escritor completamente ajena a los ejes más transitados por la hipotética generación '90. Cuáles serían tus conclusiones sobre la producción poética y su circulación en estos últimos veinte años, si es que la pregunta no es demasiado amplia. En caso de que lo sea: cuál es tu mirada sobre eso que se designó como generación poética de los 90's?
G.R.: Hubo un experimento de laboratorio, incubado por premios en dinero y becas, que generó modos de escritura coherentes, sólidos e intrínsecamente pobres más allá de logros puntuales y reconocibles. El experimento fue exitoso y necesitó valerse de procedimientos bastante extendidos en el campo cultural a lo largo de la historia. Procedimientos de doble y triple ventanilla que cuando se producen en la política son motivo de escándalos mediáticos, juicios penales, cárcel e inhabilitación, pero que cuando se producen en la cultura, no dan más que para una discusión y una serie de notas en la revista viva de clarín: soy profesor de taller, dueño de revista, jurado de concurso y beca en una fundación y un estado, y entonces cobro a aquellos a quienes premio y beco. Detenerse en esto sería únicamente hablar de las prácticas desde una mirada republicana de la gestión cultural, y en cierto modo ingenua.


Solo es interesante para entender cómo una generación de escritura nace no de un movimiento espontáneo, sino del incentivo de la satisfacción garantizada de un lado, y de un posicionamiento más propio de una celebridad que de un artista del otro. Así;  lo que hace cien o dentro de cien años hubiera sido o será un manifiesto, en los 90 se reduce a  una serie de tips de escritura muy precisos, un manual de instrucciones para ser de la ola, escritos por un stablishment de cuarentacincuentones quienes, para saldar una vieja guerra de sentido con unos pares debilitados, ofrecen espejitos que mejoran y definen estrictamente que se considerará "nuevo" y "joven", delimitando incluso una versión femenina y una masculina del asunto.
Esto, si pongo el foco en la generación que me precedió, es una operación genial y, fundamentalmente, muy eficaz. Ellos son la verdadera generación del noventa: porque fueron quienes "generaron",  y después incubaron, premiaron y nomenclaron una manera de escribir. Acordate que Frankestein es para todos el monstruo, pero en realidad es el nombre del doctor.


Pero si pongo el foco la generación a la que en teoría pertenezco (digo en teoría porque mi incorporación fue tardía, mi primer libro real, el resto, fue publicado en 2000), es una operación boba, que acata disciplinada y sin chistar unas prerrogativas ridículas, a cambio de un puñado de incentivos que en el marketing serían considerados interesantes, y en la poesía son de aliento corto, éxito chatarra. 
La gran confusión es suponer vanguardia cuando hay tendencia; nuevo cuando apenas hay último; es decir, la gran confusión, es suponer que una vanguardia puede ser fabricada desde el stablishment, cuando el stablishment lo único que genera son modas y tendencias de mercado.


Resumiendo, los noventa fueron protagonizados –mucho más que por una generación de jóvenes energizante– por una fabulosa moda y tendencia de mercado, delimitada por quienes lograron apropiarse de los dispositivos de circulación y legitimación de la poesía, y acatada por quienes emergían, con una obediencia urgente que todavía hoy me resulta curiosa.


P.D.: Me olvidaba... si te sirve, en es el fin del mundo..., hay un poema que empieza con "viste que en el vacío todos los cuerpos caen como si tuvieran igual peso", que representa bastante lo que creo sobre la poesía y también sobre la generación del noventa.
***
VISTE QUE EN EL VACÍO LOS CUERPOS CAEN…
[de es el fin del mundo, tía Berta, aún inédito]

Viste que en el vacío los cuerpos caen como si tuvieran igual peso
hasta la profesora de química con más clonazepam logra recordarlo
no debería extrañar que nos encontremos en el aire
sea cual fuere tu lugar en el cuadro de honor del mausoleo
sea cual fuere tu mausoleo, como te guste llamarlo
en colonizaciones, chatarra traba merca
neurona de plush, pija rebajada en te verde
elixir montonero de eterna juventud
¿contentos poetitas?
ahora hablemos sobre el fin del mundo
Y qué si jesús y sus colegas lograran volver y se encontraran
reservoreos culturales carcomidos por insectos
la especie que se esfuma en el sueño de grandeza
dominación sobre aquello que aceptara nombre
vos creías estar al margen con tu bolsa
que llenabas de cosas en la feria orgánica
yo contemplaba el éxtasis de las hojas
ay, como dan contra el suelo parquizado
ahora que ya fue, el dilema se plantea
para qué comprar biromes si después del cataclismo
una voz no abriga, una voz no es sombra
será por bendecir la siesta del quiosquero
el último instante donde un pulso
merece derroche
la farsa debe
parecer dicha
**

martes, 1 de noviembre de 2011

A vos y a mí qué nos queda, la vigilia


Tomada de http://www.evaristocultural.com.ar/
 GABRIEL RECHES

(Buenos Aires, Argentina, 1968)

A la megalomanía siempre
se le atribuyó la ilusión
del universo intermitente
que va a apagarse cuando nos apaguemos

pero he aquí los que vienen a extinguirse
antes del espejismo de la especie
mientras aún rueda el mundo o lo que deba rodar

la experiencia de amar sin freno
al espejo que se rompe, lamer una pared
la de sembrar en la fístula del hematoma propio
la de soltar amarras y por toda tradición
conservar un megáfono encendido

apenas indicios de los primeros últimos
la rebelión de estallar
antes de que muevas el switch detonador

A vos y a mí qué nos queda, la vigilia
detrás del wok con vegetales que encargamos

estamos, claro, dispuestos a llorar
por el corazón de los más nuevos
que hace crash mientras el nuestro envejece.

De es el fin del mundo, tía Berta

sábado, 15 de agosto de 2009

Rodeado por lo que se ama


Unos pocos poemas de GABRIEL RECHES
(Buenos Aires, Argentina, 1968)


El barroco es la revolución

Revolución
contra la era es el barroco
cerca de mí decía un tipo

que creía que
la era era y
laira laira
cantaba yo
que no creía en nada.

Mentira. Me sueño músico.
El día en que dijo el tipo
creía en algo preciso yo
que ni cantaba.
***
NO TUVE NUNCA UN SISTEMA

No tuve nunca sistema
para leer salvo cuando no
leía nada sino revistas
Susy. Besos de lengua
dentro del agua
no había palabras
más exactas que slurft
o strelcht.

En ese tiempo me poseía
doble terror infundido por madre:
concentraciones de líquido
y los labios de los otros,
suponía que algún
científico los describía
como animales
representantes de la anarquía en
el universo lleno de leyes.

Ninguna de estas ideas
logré comprobar en las
revistas de las hijas
de los amigos de mis padres.

Las ponía delante para que
cubrieran mis ojos
y nadie supiera cómo veía.

Más tarde entrené para la guerra.
Besé a los fantasmas de la casa
vapor o aliento
en el metal de las cortinas.

El primer acto de valentía fue
enamorarme de las tazas de otro
de una chica que en algún lugar
supongo, vivía.

No pude llegar a sumergirme.
Invadía mi mente la imagen del agua.
Atiné a pronunciar slurft
algo se activó por azar.

Como todo estratega
reconocí el lugar, me cercioré
de que su cama no fuera de agua.
Penetré en un labio con precauciones.

Esta escena se repitió varias chicas.
Les gustaban mis zapatillas
Tenés los ojos tristes
es porque están hundidos
y me iba a otra parte
donde soñaba con pasar
las horas mejor.

Comencé la escuela de buceo.
Pronto fui un idiota.
Aprendía los secretos de la doma
pensaba como todo nuevo
chico domesticado.
Hay una maldad que sólo encierra la ternura.

Hoy las hijas de los amigos de mis padres
tienen teléfonos celulares o familias.

Yo leo cosas nuevas para entender qué sucede.
Leo mucho, todo lo que puedo.
Cuando estoy triste quemo un libro y salgo al parque
a comprar viejos números de Susy.
Los labios anidan donde siempre
y mi casa fue comprada por un rico.
***

SR CORDOBA (fragmento)
FOTO UNO. PARTIDA.

gracias a la acción de las manos antes
de subir al Chevallier el mocasín
perder el polvo que ha reunido
con tanto esfuerzo puede plantearse

rodeado por lo que se ama como
si en el mundo lo próximo fuera una boa
vivir feliz o cualquier ejercicio de
la entrega un tributo de los días
al jadeo del insomino

FOTO DOS. LUZ DE ASIENTO.

hasta pueden contarse estrellas
por la ventana cerrada
papel de caramelo
demasiado ruido

rescata el héroe a
su amada de los narcos
en la Película Micro y qué,
Sr Córdoba en todo esto
algo habrá que provoque
pensamientos universales

tal vez el recurso noble de la mirada
dónde va toda esta gente que pregunta
dónde va toda esta gente.

FOTO TRES. PARADA.

de un lugar preciso a otro
la experiencia singular
en el baúl de un país hacinado de anécdotas

y sin embargo así se puebla el campo.
***

Matricida

Si estuviese seguro
de olvidarlo
ya hubiera
asesinado a mi madre
pero el remordimiento
torturaría más
que sus llamadas.

Espero que sepa
morir a tiempo
o un rato antes
mi madre

todos los días
cava fosas
en la cabeza
para sus hijos
quedan vacías
o habitan moscas.

La última vez
que fui a comer
parecía verdosa
y pensé

cuando el infierno te devore
voy a decir mundo
al fin solos.

Dios mío no la devuelvas
encima de todo un poco
más viciada.

Teléfono.
Es la noticia
de la muerte
de mi madre.

No. Es mi madre.
***
SE ENFRÍA TE DIJE

Se enfría el arroz.
No viene esa mujer
que vive en el baño.
Ahora está con el
perro que la sigue
por la casa tiembla
un viejo.
Las explosiones dicen
otro año
que termina afuera
sin las muertes
necesarias.
El perro
junto a la mesa
ladra y se envuelve.
El arroz se enfría
todo
se enfría te dije.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char