Algo más de FERNANDO MOLLE
(Buenos Aires, Argentina, 1968)
Cholo afuera del manual
Cholo afuera,
expulsado para siempre
de la suma de los siglos,
de la historia de los hombres.
Tras el codo, que lo niega
de todos los grabados,
la mano que reescribe los manuales.
Cholo ahora
ya no Nilo,
ya no milenario,
ya no causa o consecuencia,
o imponente arquitectura.
Cholo al margen de los pueblos,
sentado solo en la barra,
mira en la tele el partido,
no influyendo ahora en nada a los romanos.
La playa esta mañana
No porque lo quiera Rinaldi
la marea siempre vuelve a la playa esta mañana.
No parecen faltar granos de arena
y las olas rompen como el lunes.
Pasa la tonina.
Sale el sol contra Rinaldi.
***
DEL QUE LEE Y NO COMPRENDE LO QUE LEE
Patina letra helada impenetrable
mirada doble tuerta del que palpa
palabra con muñón, y eso le aclara:
remota helada tierra es él, si ahoga
la chispa que a durmiente no revive,
y escarcha documenta su bobera.
No letra, mira mancha forastera;
de labio no se entera qué pronuncia,
y ordena cerrar página a la mano.
***
De una mujer poeta
Mujer no está sentada cuando escribe;
las cosas, a su letra, si respiran,
nacidos ojos abren, ya desnudas,
ajenas de su peso, distraídas
del cerco de la idea que liberan.
Mujer poeta loca no está loca:
es sola; cuando niña amada entienda
del pulso que en la idea no perciba,
al peso de lo vivo en tonelada
levante sin balanza que lo mida.
**
Imagen: Hooper silenciero
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Molle. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Molle. Mostrar todas las entradas
domingo, 29 de enero de 2012
domingo, 9 de octubre de 2011
Caldera, no cerebro, es antemano
FERNANDO MOLLE
(Buenos Aires, Argentina, 1968)
Del libro cerrado
Vida no bifurca, se unifica;
tapa cierra página y el ojo
toca el aire y ve lo que respira.
***
De la firma
Brazo movió tren, nunca la idea
trasera de mover sonido imprime
con mancha de carbón sobre la vía.
Caldera, no cerebro, es antemano
(palabra da palabra, nadie escribe)
que firma en propio aval con su poema.
***
De cómo reemplaza al que lo lee
Minuto a su favor se cobra libro
en fijo plazo a página invertida;
postizo por un tiempo da su día,
y alumbra bajo techo en quien lo lea.
Sentado, quien se inclina a su aventura,
en rápido renglón consume y mira
su día y otro día que él reúne
en punto ciego, fecha que termina.
Leído cada día, menos hora;
vivida cada hora, menos vida.
***
Del libro parecido
Poema repetir, poeta arruina;
tipeo, si no imanta, molde oprime,
y a gran bostezo amarra su albedrío.
Palabra, ya que estaba, se empeora
si vuelve a oído el taco de vecina;
poeta dicho dice que es poeta,
leído ya leído es olvidado.
Poema retirado no quería
volver a trabajar; así castiga.
(Buenos Aires, Argentina, 1968)
Del libro cerrado
Vida no bifurca, se unifica;
tapa cierra página y el ojo
toca el aire y ve lo que respira.
***
De la firma
Brazo movió tren, nunca la idea
trasera de mover sonido imprime
con mancha de carbón sobre la vía.
Caldera, no cerebro, es antemano
(palabra da palabra, nadie escribe)
que firma en propio aval con su poema.
***
De cómo reemplaza al que lo lee
Minuto a su favor se cobra libro
en fijo plazo a página invertida;
postizo por un tiempo da su día,
y alumbra bajo techo en quien lo lea.
Sentado, quien se inclina a su aventura,
en rápido renglón consume y mira
su día y otro día que él reúne
en punto ciego, fecha que termina.
Leído cada día, menos hora;
vivida cada hora, menos vida.
***
Del libro parecido
Poema repetir, poeta arruina;
tipeo, si no imanta, molde oprime,
y a gran bostezo amarra su albedrío.
Palabra, ya que estaba, se empeora
si vuelve a oído el taco de vecina;
poeta dicho dice que es poeta,
leído ya leído es olvidado.
Poema retirado no quería
volver a trabajar; así castiga.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char