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domingo, 30 de octubre de 2016

"¡Ah, cómo me gustaría entrar en una manzana!” y todo eso

Francis Ponge
(Francia, 1899-1988)




"¿Qué idea es esa de preguntarle a un poeta lo que quiso decir? ¿No es acaso evidente que si él es el único que no puede explicarlo es porque no puede decirlo de otra manera que como lo ha dicho (y que si no, lo habría dicho de un modo diferente)?" F.P.

El modo de comunicación natural del hombre, pese a todo, es el de las palabras. Tal vez se comenzó por silbar, por llamar o por responder cantando o silbando. Está muy bien para los pájaros. Los hombres hablan. Es un hecho. Hay que ser positivo, ¿no? Los hombres son animales de palabras. Esto no es querer decir que los músicos son pájaros. Pero quiero que se comprenda por qué, cuando se tiene el espíritu un tanto exigente o solamente positivo, cuando se aprecia la dificultad, se escoge más bien la palabra como medio de expresión. ¿Cuál es la consecuencia de esta significación? ¡Es terrible! Es con las palabras que cada día todo el mundo emplea, para de decir “No empujen” (en el metro) o para decir “Páseme la sal” o para decir... Con esas palabras es que tenemos que trabajar, no solamente con esas palabras sino también para decir “tengo miedo”, para decir “¿quiere usted?”, para decir cosas también, ... o tal vez ... mucho más importantes, que pueden pensar los otros animales. 

Pero para expresar nuestra sensibilidad frente al mundo exterior, debemos emplear esas expresiones que están mancilladas por un uso inmemorial, mancilladas y espesadas y vueltas más pesadas, más graves, más difíciles de manejar. 

Supongamos que cada pintor, el más delicado, Matisse, por ejemplo... para pintar sus cuadros no hubiera dispuesto de no más que de un pote de rojo, un gran pote de amarillo, un gran pote de, etc..., este mismo pote en el que todos los pintores desde la Antigüedad (pongamos franceses, si se quiere) y no solo todos los pintores, sino todas las conserjes, todos los trabajadores de obras, todos los campesinos han untado su pincel y pintado luego con eso. Ellos han untado ahí el pincel, y justo que viene Matisse y toma ese azul, toma ese rojo, pringados desde hace, pongamos, siete siglos para el francés. A él le es necesario dar la impresión de colores puros. 

Lo que no deja de ser, de todos modos, una cosa harto difícil. Es un poco como eso que nosotros tenemos que trabajar. Cuando digo que, para expresar nuestra sensibilidad frente al mundo exterior, debemos utilizar ese mundo de palabras, yo pienso, y no sé si me equivoco, y es en eso, creo yo, que no soy místico, y en todo caso pienso que esos dos mundos son estancos, es decir, sin un pasaje que lleve del uno al otro. No se puede pasar. Hay el mundo de los objetos y de los hombres, quienes en su mayor parte son mundos también. Porque ellos remueven el viejo pote, pero no dicen nada. No dicen sino que lugares comunes. Hay, pues, por una parte este mundo exterior, y por otra el mundo del lenguaje, que es un mundo enteramente distinto, enteramente distinto, salvo que existe el diccionario, que, naturalmente, forma parte del mundo exterior. Pero los objetos de ese tipo son de un mundo extraño, distinto del mundo exterior. No se puede pasar del uno al otro. Hace falta que las composiciones que vosotros no podéis hacer sino es con la ayuda de esos sonidos significativos, de esas palabras, de esos verbos, sean acomodados de tal manera que puedan imitar la vida de los objetos del mundo exterior. Imitar, es decir, que ellas sean por lo menos de una complejidad y de una presencia iguales. Un espesor igual. Vosotros comprendéis lo que quiero decir. No se puede enteramente, nada se puede hacer pasar de un mundo al otro, pero para que un texto, cualquiera que sea, pueda tener la pretensión de dar cuenta de un objeto del mundo exterior, hace falta por lo menos que logre, él mismo, la realidad en su propio mundo, en el mundo de los textos, que tenga una realidad en el mundo de los textos, que en él tome un valor de persona, vosotros comprendéis que empleamos esta palabra solamente para los hombres, pero comprendéis lo que quiero decir. Dicho de otro modo, que eso sea un complejo de cualidades tan existente como el objeto presente. 

Me parece muy importante que los artistas se den cuenta de esto. Si ellos creen que pueden pasar muy fácilmente de un mundo al otro, es en ese momento entonces que dicen: “¡Ah, me gustan los caballos!” "¡Ah, cómo me gustaría entrar en una manzana!” y todo eso. No es el asunto. No es cuestión para nada de hacer aquí un texto que se parezca a la manzana, es decir, que tenga tanta realidad como una manzana. Sino en su género. Un texto hecho con palabras. Y no es porque yo diga “me gusta la manzana” que voy a dar cuenta de la manzana. Habré dado mucho más cuenta de ella si hago un texto que posea una realidad en el mundo de los textos, un tanto similar a la realidad de la manzana en el mundo de los objetos”. (...) 

Texto establecido según grabación de una Conferencia improvisada, sin apoyo en un texto redactado, pronunciada en la Techvische Hochschule de Stuttgart, el 12 de julio de 1956.

Fue tomado de Antología crítica, de Francis Ponge, con selección, introducción, traducción y notas de Waldo Rojas, editado por Gog y Magog. 2016. 
***
El jabón
(Fragmentos)

Observemos, pues, el comportamiento del jabón en el fondo de una cantidad de líquido cuando, por olvido o inadvertencia, su dueño lo ha abandonado. Constatamos en seguida que no lo resiste bien, que se deshace casi inmediatamente. Pero casi al mismo tiempo tendremos que constatar que también ahí da muestras de una dignidad bastante particular.
Antes que dejarse rodar por las aguas, como los guijarros, las piedras naturales, el jabón prefiere fundirse instantáneamente. Y ¿por qué tendría que pasarse la vida dejándose sobar unilateralmente por las olas, cuando sabe y tiene conciencia de formar un menage a trois, de formar parte de un trío, y sólo representa su parte a gusto y con brío en esas condiciones?
Y aunque cara a cara con el agua no se interese en la cuestión y se deshaga con una pasividad perfecta, no se presta en absoluto a un juego de empujones, de golpes y porrazos amistosos.

Se pega más bien al fondo y -¿cómo diría yo?- no diré que rinde su alma, pues es su cuerpo entero lo que se dispersa en humaredas perezosas y en regueros fuliginosos, tan lentos para emocionarse como para desaparecer. Todo su cuerpo rinde el alma en humaredas lentas en disiparse. O más bien rinde su cuerpo al mismo tiempo que su alma, y cuando ha rendido el último aliento es cuando desaparece la última huella de su cuerpo.
Lejos, pues, de dejarse sobar por las aguas, prefiere fundirse como acabo de decir. Y no creo que eso pueda dejar a nadie indiferente. No hay ninguna razón para subestimarlo. De hecho el agua culpable aprende la primera qué atenerse. Ahí está, profundamente turbada, en un volumen relativamente considerable. Se encuentra desfigurada y privada de esa maravillosa limpidez y lucidez interior que le vale habitualmente su buena conciencia. Que le vale sobre todo, pensándolo fríamente, su costumbre de relegar ordinariamente, en su fondo o en su superficie, los cuerpos que vienen a visitarla; y esto en razón de una densidad bastante única que salvaguarda enormes cantidades de líquido.
Dándose el caso de que con las piedras, pro ejemplo, el agua actúa con una especie de indiferencia o de desenvoltura. Y aunque acaba por usarlas, no por eso se modifica. Deja caer inmediatamente al fondo las parcelas o fragmentos que arranca o conquista a su víctima; y así sus ojos pueden permanecer tan claros y tan fríos. Pero se decanta instantáneamente. Y aunque por cierto la lucha del agua con el guijarro es infinitamente más larga que con el jabón ¿puede decirse que es más difícil? El agua la prosigue como sin darse cuenta, sin interesarse, sin inquietarse y como maquinalmente. Tiene otras muchas cosas que hacer, y al mismo tiempo realiza bastantes otros deberes: lleva a cabo otras actividades, otras ocupaciones imperturbablemente. Nunca piensa que en esta lucha pueda ser vencida ni seriamente turbada. Como tampoco da la impresión de ello. Y aunque muy lentamente, aparece victoriosa en todo momento.
En cambio, le es bien difícil desembarazarse del jabón y de las huellas de su crimen. El jabón se venga de la humillación que le hace sufrir el agua mezlándose íntimamente con ella y desposándola de la manera más ostensible. Este huevo, este llano rodaballo, esta pequeña almendra, se desenvuelve rápidamente en pez chino, con sus velas, sus kimonos de anchas mangas, y así festeja sus bodas con el agua. Y allí mismo, y gracias a una prestigiosa puesta en escena, opera su confusión con el líquido y la desaparición de su forma en toda memoria. (Al mismo tiempo se disuelve la memoria de toda suciedad.) En cuanto a las aguas, quedan profundamente turbadas e impresionadas. Una enorme cantidad, como ya he dicho, desfigurada. Y seriamente castigadas, sólo conseguirán desembarazarse del jabón y de las huellas de su crimen gracias a un considerable aflujo de refuerzos en masa y de una agitación muy significativa de la emoción, de los remordimientos que siente, en fin, gracias a la cantidad. Recurriendo a la cantidad. Aquí es la cantidad quien ahoga la calidad, la vuelve indistinta, proporcionalmente (o relativamente) indiferente o insignificante. Insignificante, esto está dicho demasiado aprisa...
En este momento saquemos el jabón del agua y consideremos a cada uno de los dos adversarios.
Él, púdico, ocultándose, huidizo, secreto y heróico, dispensándose a un ritmo inquietante... lo que se llaa llevar una existencia disoluta...mal chico por pudor y dignidad...Circula, huye, hace mil payasadas, se cubre de velos y finalmente prefiere disolverse antes que dejarse sobar, antes que dejarse tragar unilateralmente por las aguas.
Puede suceder que lo perdamos y que tengamos que buscarlo a tientas, muy disminuído, medio fundido, reblandecido, ojeroso e irreconocible como quien ha "vivido demasiado". ¿Y vamos a lamentarlo? No por cierto. Aunque lo encontremos más pequeño, disminuido, extenuado a veces y adelgazado al máximo, la dignidad está a salvo...

En cuanto a ella, un enorme volumen turbado, desfigurada...
¿Quién es el vencedor de los dos?
Etc...

De El jabón.Traducción de T.Garín. Pre-Textos, 1977.

lunes, 30 de mayo de 2016

No conocen esta felicidad

Francis Ponge

(Francia, 1899-1988)

Los placeres de la puerta

Los reyes no tocan las puertas.

No conocen esta felicidad: empujar delante de sí con suavidad o rudeza uno de esos grandes paneles familiares, volverse hacia él para dejarlo de nuevo en su lugar, — tener en sus brazos una puerta.

…La felicidad de empujar del vientre, por su nudo de porcelana, uno de esos altos obstáculos de una pieza; ese cuerpo a cuerpo rápido por el cual, un instante detenida la marcha, el ojo se abre y se acomoda el cuerpo todo a su nuevo departamento.[10]

Con una mano amistosa él la retiene todavía, antes de impulsarla con decisión y encerrarse —de lo que el clic seco del resorte poderoso pero bien aceitado agradablemente le da seguridad.

De la antología crítica de la poesía de Francis Ponge, con versiones, prólogo y selección del poeta chileno Waldo Rojas, Gog y magog edit.
Tomado de Opcit.

viernes, 19 de julio de 2013

Bellísimas estatuas de héroes dolorosos

FRANCIS PONGE
(Montpellier, 1899-Bar-sur-Loup, Francia, 1988)

Cuaderno del bosque de pinos 
(Fragmentos)

21 de agosto de 1940

Hablemos nada más: cuando se penetra en un bosque de pinos, en un verano de gran calor, el placer que se siente es muy semejante al que ofrecería el tocador contiguo al baño de una salvaje aunque noble criatura. Brucería olorífera en una atmósfera recalentada y en los vapores que suben de la bañera lacustre o marina. Cielos como trozos de espejos a través de los cepillos de largos mangos finos cincelados de liqúenes. Olor sui generis de los cabellos, de sus peines y de sus horquillas. Transpiración natural y perfumes higiénicos mezclados. Abandonadas sobre la mesita del tocador, gruesas piedras ornamentales aquí y allá, y en las cimbras ese chisporroteo animal, este millón de centellas animales, esta vibración musical y canora.

Cepillos y peines a la vez. Cepillos donde cada pelo tiene la forma y el brillar de un diente de peine.
¿Por qué ha elegido ella cepillos de pelo verde y mangos de madera violeta cincelados de liqúenes verde gris? Porque esta noble salvaje es quizás pelirroja, y se sumergirá luego en la bañera lacustre o marítima contigua. Este es el tocador de Venus, con la bombilla Febo instalada en la pared de espejos.

He ahí un cuadro del que no estoy descontento, ya que da razón de un placer que todo hombre siente al penetrar, en agosto, en un bosque de pinos. Un poeta menor, y hasta un poeta épico, se hubiera quizás contentado con esto. Pero somos algo distinto a un poeta y tenemos algo distinto que decir.

Si hemos entrado a la intimidad de esos aposentos privados de la naturaleza, si gracias a ello han tenido la suerte de nacer a la palabra, no ha sido únicamente para que diésemos antropomórficamente razón de ese placer sensual ; es porque de ello deriva un co–nacimien–to más serio. Vayamos pues más a fondo.
***

En resumen, ¿qué es una selva? –A la vez un monumento y una sociedad. (Como un árbol es a la vez un ser y una estatua.) Un monumento vivo, una sociedad arquitectónica.
Pero ¿acaso son los árboles seres sociales? Nótese que ciertos árboles están más dispuestos que otros a vivir en sociedad. Por la pesadez de sus semillas, pero transportables pues por el viento y destinadas a caer al pie del padre o a muy poca distancia. En particular, la piña del pino, la bellota de la encima, todos los árboles de frutos gordos: manzanos, naranjos, perales, limoneros melocotoneros, almendros, olivos, palmas datileras.
Otros están más dispuestos a ello por la enorme cantidad de flores, y, por lo tanto, de semillas tan bien que fatalmente quedan algunas a sus pies: pienso en la acacias.
Los árboles de bayas pequeñas, que evidentemente, son las aves las encargadas de su diseminación: cerezos serbales, etc.
Otros están visiblemente predispuesto a la vida más o menos solitaria por el carácter indudablemente cólico de sus semillas: en especial, los arces (en parejas).
Es lo que a nuestro pino atañe, es probablemente, pues, un árbol social por naturaleza. ¿A qué distancia es lanzada la semilla en el momento en que la piña se abre (¿lo hace bruscamente, como la vaina de la vecina retama?) ¿Acaso se ha medido esta distancia? ¿Qué resultado le da al pino su calidad de árbol social? ¿Hablaremos de deberes y derechos? ¿Por qué no? Deberes: el de supeditar su libertad de desarrollo a la de sus vecinos; de hecho, se ve muy coactado por ellos, y no parece que aquí la fuerza del individuo cuente mucho, aunque evidentemente mucho su edad; hay prioridad de la edad, etc., etc.
***
Variación

Variante
Cepillería alpina –rodeada de espejos–
Fronda de pelos verdes con los mangos morados...
Sobre el tapiz en suelo elástico y bermejo
De horquillas oloríferas
Sacudidos allí por negligentes cimas
En la penumbra cálida toda de sol manchada
Seca pronto la ninfa al salir de la bañera
O lacustre o marina a un lado humeante
Bajo esas cintas tendidas de tejido sin sueño"

(25–26 de Agosto de 1940, Francis Ponge, Cuaderno del bosque de pinos)
**
4 de septiembre de 1940

En el pino hay una abolición de sus expansiones sucesivas (en el pino de los bosques sobre todo) que corrige afortunadamente, que anula la habitual maldición de los vegetales: tener que vivir eternamente con el peso de todos sus gestos de la infancia. –A este árbol, más que a otros, le es permitido separarse de sus desarrollos antiguos. Tiene licencia de olvido. Cierto es que los desarrollos siguientes se parecen mucho a los antiguos, caducos. Pero que aquí no quede. El gozo es abolir y recomenzar. Además, esto ocurre siempre más arriba. Parece que algo se haya ganado.
Es posible que aún queden dudas.
Todo esto no es nada serio.
**
9 de Septiembre de 1940

La unión modificó estos seres que, solos, se hubieran hermosamente retorcido de desesperación o tedio (o éxtasis), que hubieran soportado todo el peso de sus gestos, lo que finalmente hubiera conformado bellísimas estatuas de héroes dolorosos. Pero su unión los ha liberado de la maldición vegetal. Tienen facultada de abolir sus expresiones primeras, licencia de olvido.
(Sujeción de las partes al todo. Sí, pero cuando cada parte es un ser, un individuo: árbol, animal [hombre], o palabra, o frase o capítulo – ¡entonces se vuelve dramático!)
Su unión también los protege del viento, del frío.
Solos, hubieran sido todo o nada, o tal vez sucesivamente uno después del otro: desarrollo perfecto hasta cierto punto – o atrofia, incapacidad de crecer a causa de los elementos adversos.
En sociedad el desarrollo se normaliza; además crea otra cosa: el "bosque".
Algunos pudieron pensar que la solución óptima sería criar a los jóvenes pinos en almácigas, y luego –sin por ello sacrificar ninguno– trasplantarlos de lugar en lugar para que cada cual consiga entonces su plena ocasión de desarrollo.
No obstante, convendría haberlos conservado en unión el tiempo suficiente como para que hayan adquirido ya la fuerza y la rectitud del tronco.
Mientras que al aire libre las ramas del pino se respetan mutuamente, se mantienen aisladas, no se enredan viciosamente (he aquí algo muy curioso, notorio), ¿sucede igual en la tierra de sus raíces? ¿Sería posible disociar un bosque por la base sin amputar peligrosamente cada individuo? ¿Quién sabe? ¿Quién quiere responderme? Esto es necesario para proseguir mi investigación..."
 *
"Un bosque de 40 años se llama oquedal sobre arbusto.
Un bosque de 40 a 60 años se llama medio oquedal.
Un bosque de 60 a 120 años se llama joven oquedal alto.
Un bosque de 120 a 200 años se llama oquedal alto.
Un bosque de más de 200 años se llama oquedal alto en regresión.
Así pues, todo este pequeño opúsculo no es sino (apenas) un "oquedal sobre arbusto."

FIN DEL BOSQUE DE PINOS
A PARTIR DE AQUÍ SE– SALE AL CAMPO
*** 
Correspondencia

DE G. A. AL AUTOR
Marsella, 7 de Marzo de 1941

(...) he entregado al "Jour" un artículo sobre el "oficio de poeta" que hará rechinar los dientes de los inspirados. Te lo enviaré... Y he preparado otro sobre la inspiración en cueros.
... tu bosque de pinos, Inútil –sí, útil– decirte que lo encontré apasionante...
Lo que tú has hecho, antes y durante, paso a paso, palabra a palabra, en el "Bosque de pinos" (un poco a la manera del "Journal des Faux Monnayerurs" respecto de la novela), lo hice yo, después, retrospectivamente, en la "Ballade du Dee–Why (que está en "Antée") –al estilo de los comentarios de Dante a los sonetos de la "Vita Nova", o de Poe en "El Cuervo", etc...
Creo que aquí hay dos tentativas emparentadas;... Si pudiéramos convencer a alguna revista para que las reuniera en una especie de número especial que podría llamarse por ejemplo, "Nacimiento del Poema",...
¿Qué te parece?"
**
DEL AUTOR A M.P.
Roanne, 16 de marzo de 1941

... Sin duda tengo el espíritu perturbado por la primavera: la propuesta que he recibido de G. A. acerca del "Bosque de pinos" ha logrado casi enloquecerme. Te envío su carta...
¡No! G. A. no ha comprendido (evidentemente) que se trata, en el rincón de este bosque, mucho menos del nacimiento de un poema que de una "tentativa" (que dista mucho de exitosa) de "asesinato de un poema por su objeto".
¿Puedo prestarme a tal contrasentido? Honestamente, no lo creo.
F. P."
**
DEL AUTOR A G. A.
Roane, 16 de marzo de 1941

Leí tu artículo en "Jour" (así llamado por antifrase). Te sigo hasta el momento en que se vuelve (en mi opinión un poco vagamente) positivo.
Primero: personalmente..., no creo relacionarme con tu crítica pues "no me considero poeta".
Segundo: ... sostengo que cada escritor "digno de ese nombre" debe escribir en "contra" de todo lo escrito hasta él..., incluso en contra de todas las normas existentes...
Por supuesto, y esto lo has captado bien, estoy tercamente imbuido de técnica. Pero soy partidario de una técnica por poeta, en incluso, en última instancia, de una técnica por "poema" –que determinaría su objeto.
 Otra cosa, a propósito de tu serie de artículos...: me parece que proponer en la actualidad lo que llamaría "medidas de orden" en poesía es hacer el juego a quienes proclaman: primero: "Hasta el presente hubo desorden", y segundo: "Nosotros somos quienes impondremos el orden": lo cual representa la impostura fundamental de nuestro tiempo...
Sentado esto, harás por el "Bosque de pinos" exactamente lo que mejor te parezca. Captas ahora que, en mi espíritu, de "ningún modo" se trata del nacimiento de un poema, sino más bien de un esfuerzo en contra de la "poesía". Y... en favor del espíritu que puede recibir con esto alguna lección, y aprehender algún secreto moral y lógico (según la "característica" universal, si quieres).
F.P."
**
Roanne, 22 de julio de 1945

... Pues ¿qué entiendes tú por "oficio poético"? En lo que a mí se refiere, estoy siempre más convencido de que mi oficio es más científico que poético....
... En virtud de esto me reclamo combatiente en las filas del partido de las luces,... Se trata, una vez más, de coger el fruto prohibido, aunque desagrade a las potencias de la sombra, a Dios el innoble en especial.
Mucho que decir sobre ese oscurantismo que nos amenaza, de Kierkegaard a Bergson y a Rosenberg...
Por algo será que la burguesía en su LUCHA en contra del siglo XX nos preconiza el retorno a la Edad Media.
–Bueno...
Fielmente tuyo. 
F. P."
Traducción de Enrique Carrión

martes, 24 de agosto de 2010

Juguetona, pueril de obediencia

Algo más de FRANCIS PONGE
(Montpellier, Francia, 1899-Le Bar-sur-Loup, Francia, 1988)

(…)
La superficie del pan es maravillosa en principio a causa de esa impresión casi panorámica que ofrece: como si tuviéramos a disposición de la mano los Alpes, el Tauro o la Cordillera de los Andes.
De esta manera, entonces, una masa amorfa eructando fue deslizada para nosotros en el horno estelar, donde, endureciéndose, se plasmó en valles, crestas, ondulaciones, grietas…Y desde entonces todos estos planos claramente articulados, todas estas losas delgadas donde la luz con aplicación tiende sus fuegos –sin un vistazo a la blandura innoble subyacente.

Ese frío y descuidado subsuelo que llamamos miga tiene un tejido similar al de las esponjas; ahí, hojas y flores son como hermanas siamesas unidas por todos los codos a la vez. Cuando el pan se seca, sus flores se marchitan y se encogen: se separan las unas de las otras, y la masa se puede desmenuzar.

Pero cortémosla acá: porque el pan en nuestra boca debe ser menos objeto de respeto que de consumo.
***
El agua
Traducción de Alfredo Silva Estrada

MÁS ABAJO que yo, siempre más abajo que yo se encuentra el agua. Es siempre con los ojos bajos como la miro.
Como el suelo, como una parte del suelo, como una modificación del suelo.
Es blanca y brillante, informe y fresca, pasiva y obstinada en su único vicio: la pesantez.
Y dispone de medios excepcionales para satisfacer ese vicio: contornea, traspasa, corroe, se filtra.
En el interior de sí misma ese vicio también actúa: se derrumba sin cesar, renuncia a cada instante a toda forma, no tiende más que a humillarse, se acuesta boca abajo sobre el suelo, cuasi cadáver, como los monjes
de ciertas órdenes. Siempre más abajo: tal parece ser su divisa: lo contrario del excelsior.

Uno casi podría decir que el agua es loca, a causa de esa histérica necesidad de no obedecer más que
a su pesantez, la cual la posee como una idea fija.

Es cierto, en el mundo todo conoce esa necesidad, que siempre y en todas partes debe ser satisfecha.
Este armario, por ejemplo, se muestra muy testarudo en su deseo de adherirse al suelo, y si se encuentra un día en equilibrio inestable, preferirá romperse antes que desobedecer a ese deseo.
Pero, en fin, en cierta medida, él juega con la pesantez, la desafía: no se derrumba en todas sus partes; su cornisa, sus molduras no se conforman según ella. Existe en el armario una resistencia en provecho de su personalidad y de su forma.

LÍQUIDO es por definición lo que prefiere obedecer a la pesantez antes que mantener su forma,
lo que rechaza toda forma para obedecer a su pesantez. Y lo que pierde toda compostura a causa
de esa idea fija, de ese escrúpulo enfermizo. De ese vicio, el cual lo vuelve rápido, precipitado o estancado;
amorfo o feroz, amorfo y feroz, feroz terebrante, por ejemplo; astuto, filtrándose, contorneando; de tal manera que uno puede hacer de él lo que uno quiera, y conducir el agua por tubos para luego hacerla surgir verticalmente con el fin de gozar al fin de su manera de romperse en lluvia: una verdadera esclava.

Entretanto el sol y la luna están celosos de esa influencia exclusiva, y tratan de actuar sobre ella cuando se ofrece expuesta en grandes extensiones, especialmente si se encuentra en estado de menor resistencia, dispensa en delgadas charcas. El sol entonces toma su mayor tributo. La obliga a un ciclismo perpetuo, la trata corno a ardilla en su rueda.

El agua se me escapa. . .  se me escurre entre los dedos. ¡Y aún más! Eso no es ni siquiera tan conciso (como una lagartija o una rana): me deja rastros en las manos, manchas, relativamente lentas en secarse o que es preciso enjugar. Se me escapa y no obstante me marca, sin que yo pueda hacer gran cosa.
Ideológicamente, es la misma cosa: se me escapa, escapa a toda definición, pero deja en mi espíritu y sobre este papel manchas, manchas informes.

Inquietud del agua: sensible al menor cambio del declive. Saltando las escaleras con los pies juntos.
Juguetona, pueril de obediencia, volviendo de inmediato cuando uno la llama al cambiar la inclinación hacia este lado.
***
Las moras

En los arbustos tipográficos constituidos por el poema sobre una ruta que no lleva fuera de las cosas ni al espíritu, algunas frutas están formadas por una aglomeración de esferas que una gota de tinta llena.

Negras, rosas y caqui juntas sobre el racimo, ofrecen más bien el espectáculo de una familia arrogante en sus diversas edades, que una tentación muy fuerte de cosecharlas. Vista la desproporción entre las pepas y la pulpa los pájaros las aprecian poco, tan poca cosa en el fondo les queda cuando del pico al ano por ellas son atravesados.

Pero el poeta en el transcurso de su paseo profesional, se apropia de los granos a su manera:
“Entonces, se dice a sí mismo, triunfan en gran número los pacientes esfuerzos de una flor muy frágil aunque por un hosco enmarañamiento de zarzas defendida. Sin muchas otras cualidades —maduras, perfectamente están maduras— como también este poema está hecho.”

De De parte de las cosas
***

El mar hasta la cercanía de sus límites es una cosa sencilla que se repite ola por ola.

Pero para llegar a las cosas más sencillas en la naturaleza es necesario emplear muchas formas, muchos modales; para las cosas más profundas sutilizarlas de alguna manera. Por eso, y también por rencor contra su inmensidad que lo abruma, el hombre se precipita a las orillas o a la intersección de las cosas grandes para definirlas. Pues la razón en el seno de lo uniforme rebota peligrosamente y se enrarece: un espíritu necesitado de nociones debe ante todo hacer provisión de apariencias. Mientras que el aire hasta cuando está atormentado por las variaciones de su temperatura o por una trágica necesidad de influencia y de informaciones directas sobre cada cosa sólo superficialmente hojea y dobla las puntas del voluminoso tomo marino, el otro elemento más estable que nos sostiene hunde en él oblicuamente hasta la empuñadura rocosa anchos cuchillos de tierra que se quedan inmóviles en su espesor. A veces encontrándose con un músculo enérgico una hoja vuelve a salir poco a poco; es lo que se llama una playa.
Desorientada al aire libre, pero rechazada por las profundidades aunque hasta cierto punto tenga familiaridad con ellas, esta parte de la extensión se estira entre lo uno y lo otro más o menos leonada y estéril, y por lo común no sostiene más que un tesoro de desechos incansablemente alisados y recogidos por el destructor.
Un concierto elemental, por lo discreto más delicioso y digno de reflexión, se ha ajustado allí desde la eternidad para nadie: desde que se formó por operación sobre una chatura sin limites del espíritu de insistencia que suele soplar de los cielos, la ola llegada de lejos sin choques y sin reproche al fin por primera vez encuentra a quién hablar.
Pero una sola y breve palabra se confía a los cantos rodados y a las conchillas, que se muestran muy conmovidas, y la ola expira profiriéndola; y todas las que la siguen expirarán también haciendo otro tanto,
a veces quizá con fuerza algo mayor. Cada una por encima de la otra cuando llega a la orquesta se levanta un poco el cuello, se descubre, y da su nombre al destinatario. Mil señores homónimos son así admitidos
el mismo día de la presentación por el mar prolijo y prolífico en ofrecimientos labiales a cada orilla.
Así también en vuestro foro, oh cantos rodados, no es, para una grosera arenga, algún villano del Danubio el que viene a hacerse oír: sino el Danubio mismo, mezclado con todos los otros ríos del mundo después que han perdido su sentido y su pretensión y están profundamente reservados en una desilusión amarga sólo al gusto de quien se cuidara mucho de apreciar por absorción su cualidad más secreta, el sabor.
Porque es, en efecto, después de la anarquía de los ríos, a su abandono en el profundo y copiosamente habitado lugar común de la materia líquida a lo que se ha dado el nombre de mar.

De ahí que éste parecerá aun a sus propias orillas siempre ausente: aprovechando el alejamiento recíproco que les impide comunicarse entre sí como no sea a través de él o por grandes rodeos, hace creer sin duda a cada una que se dirige especialmente hacia ella.
En realidad, cortés con todo el mundo, y más que cortés: capaz para cada cual de todos los arrebatos, de todas las convicciones sucesivas, conserva en el fondo de su permanente tazón su posesión infinita de corrientes.
Sale apenas de sus bordes, por sí mismo pone freno el furor de sus olas y, como la medusa que él abandona a los pescadores como imagen reducida o muestra de sí propio, se limita a hacer una reverencia extática por todas sus orillas.
Eso es lo que ocurre con la antigua vestidura de Neptuno, amontonamiento pseudo-orgánico de velos unidamente extendidos sobre las tres cuartas partes del mundo. Ni el ciego puñal de las rocas, ni la más perforadora de las tormentas que hacen girar atados de hojas al mismo tiempo, ni el ojo atento del hombre usado con dificultad y por lo demás sin control en un medio inaccesible a los orificios destapados de los otros sentidos y trastornado más todavía por un brazo que se hunde para agarrar, han leído ese libro.

De Orillas de mar

miércoles, 7 de octubre de 2009

Mi pretexto propiamente dicho


FRANCIS PONGE
(Montpellier, Francia, 1899-Le Bar-sur-Loup, Francia, 1988)


El bosque de pinos

Brucería alpina de espejos rodeada.
Fronda de pelos verdes con los mangos mo-
[rados
A tu penumbra cálida toda de sol manchada
Vino a peinarse Venus al salir de la bañera
O lacustre o marina a un lado humeante
De ahí el tapiz en suelo elástico y bermejo
De horquillas oloríferas
Sacudidos allí por negligentes cimas
Y mi placer también de allí gozar mi
[sueño
Y este manto oblicuo de tejido sin sueño
… Flota el oblicuo manto de tejido sin sue-
[ño
***
Variante

Cepillería alpina —rodeada de espejos–
Fronda de pelos verdes con los mangos mo-
[rados…
Sobre el tapiz en el suelo elástico y bermejo
De horquillas odoríferas
Sacudidos allí por negligentes cimas
En la penumbra cálida toda de sol manchada
Seca pronto la ninfa al salir de bañera
O lacustre o marina a un lado humeante
Bajo esas cintas tendidas de tejido sin sueño
***
Otra

Alta brucería de espejos rodeada
Frondosos pelos verdes con los mangos mora-
[dos.
En su albornoz, penumbra de sol manchada,

Sécase pronto Venus al salir de la bañera
O lacustre o marina a un lado humeante
Sobre el tapiz en suelo elástico y bermejo
De horquillas odoríferas
Sacudidos allí por tantas cabezas negligentes…

Flota el oblicuo manto de tejido sin sueño.
***
Fragmentos de El jabón

Observémoslo en el medio acuático. Muestra enseguida una especie de agitación púdica. Circula, huye, hace mil payasadas, se cubre de velos y finalmente prefiere disolverse, entregar alma y cuerpo antes que dejarse sobar, rodar unilateralmente por las aguas. ¿Diremos que allí lleva una existencia disoluta? Sin duda… Pero también puede comprenderse como una especie de dignidad particular. Por otra parte, las aguas quedan muy impresionadas, turbadas y seriamente castigadas. No se desembarazarán tan fácilmente de las huellas de su crimen. Y sólo lo conseguirán gracias a un considerable aflujo de refuerzos, apelando a la cantidad. Él, muy disminuido y adelgazado, pero sin haber perdido nada de su calidad. Ella, un enorme volumen turbado, desfigurada. ¿Quién es el vencedor?
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"Para el jabón las principales virtudes son el entusiasmo y la volubilidad. Esto, que es muy simple, nunca ha sido dicho. Ni siquiera por los especialistas de la publicidad comercial. ¿Cuánto nos ofrecen Lux y Camay? ¡Ni cinco!"
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"Con la piel marchita, aunque muy limpia, hemos obtenido del jabón lo que queríamos. Y quizá un poco más."
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Fragmento de De parte de las cosas

Si alguna vez los objetos pierden para ustedes su gusto, observen entonces, con un partido ya tomado, las insidiosas modificaciones suscitadas en sus superficies por los sensacionales aconteceres de la luz y del viento, según la fuga de las nubes, según se apague o se encienda tal o cual grupo de lámparas del día, esos continuos estremecimientos de sus capas, esas vibraciones, esos vahos, esos hálitos, esos juegos de soplos, de pedos leves.
La presencia de los objetos, su evidencia concreta, su espesor, sus tres dimensiones, su lado palpable, indudable, su existencia de la que estoy más seguro que de la mía, todo eso es mi única razón de ser, mi pretexto propiamente dicho; y la variedad de las cosas es en realidad lo que me construye.
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De Riberas del Loira:

"Volver siempre al objeto mismo, a lo que es en bruto, lo que es diferente (...) que mi trabajo sea una rectificación continua de mi expresión (...) El objeto es siempre más importante, más interesante, más capaz: no tiene ningún deber conmigo, soy yo quien tiene todos los deberes respecto de él."
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"Evidentemente es necesario desmaquillar periódicamente a la poesía. (...) Nada es más regocijante que la constante insurrección de las cosas contra las imágenes que les imponen...”
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“Los poetas de ninguna manera tienen que ocuparse de sus relaciones humanas, antes bien deben hundirse en el último subsuelo. La sociedad además se encarga de ponerlos allí, donde el amor a las cosas los mantiene; son los embajadores del mundo mudo. Como tales, balbucean, murmuran, se hunden en la noche del logos –hasta que finalmente se encuentran en el nivel de las raíces, donde se confunden las cosas y las formulaciones.”
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En la foto, Jacques Derrida acompaña a Francis Ponge en los seminarios del ´75 en Cérisy-la-Salle. Tomada del blog hotel céline.

viernes, 3 de abril de 2009

Mucho más que metáforas continuas


FRANCIS PONGE
(Francia, 1899-1988)
Fragmento de El jabón


Saturada de jabón, el agua hace espuma al menor gesto. Quiere unirse con el aire, trepa al asalto del cielo. Cogida del brazo del aire, trepa a las rodillas del cielo... se arroja a los brazos del aire... se arroja al cuello del cielo... Manifiesta incluso una especie de pretensión aerostática. Manifiesta una especie de exaltación e incluso de pretensión aerostática. Y llega a conocer a veces, en esta materia, algún milagroso, estrepitoso y efímero éxito.
Parece, en cualquier caso, de un humor mucho más comunicativo. ¡Que se comunique entonces! Íntimamente ligada al jabón, se comunicarán a un tiempo.
... Pero como esto sólo ocurre ocasionalmente, siempre lo hace en desorden. Y mucho más que de una voluntad sistemática se trata de una disposición. De una facilidad o facultad de alocución.
... Y casi hemos llegado a ese punto. Saturados del tema, vemos como cualquier palabra se desarrolla en alusiones diversas. Susceptibles de una sucesión infinita de pompas, las soltamos como nos llegan, aisladas o por grupos, sin tocarlas demasiado : pues sabemos que explotarían, no digo que sólo a la menor provocación, sino incluso al menor contacto, al menor soplo o mirada crítica —como también, por otra parte, a la menor exageración o exasperación de su vanidad interior...
En esta aventura puede suceder que perdamos el trozo de jabón y que tengamos que buscarlo a tientas, muy disminuido, medio fundido, reblandecido, ojeroso, irreconocible, como quien ha "vivido demasiado".
¿Y lo lamentaremos? No, por cierto.
Las burbujas más logradas, las únicas logradas, son, sin duda, las menos trabajadas. Pues ¿se puede trabajar una burbuja? No, seguramente, sino (cuidarla) en el soplo mismo que la hace nacer.
Sólo hay que inflarla con un soplo bastante uniforme, lo pretencioso que haga falta, con un movimiento del alma a la vez mesurado y persistente, pero sin pasarse —hasta que se despega casi instantáneamente del cálamo.
Lo que hace falta es presencia de espíritu en el momento de la expiración... (del soplido).
Las burbujas demasiado trabajadas explotan y vuelven a caer en forma de gotas de agua. Y vano sería pretender rehacerlas. Sólo queda una solución : volverlas a mezclar en la masa líquida y allí perderlas sin pena alguna.
... Todo esto es mucho más, pienso, que metáforas continuas..

Todo esto es mucho más, pienso, que metáforas continuas. Esas burbujas son seres bajo todos los (sus) aspectos. Increíblemente ejemplares. Se elevan de la tierra y os transportan con ellas. Estas son cualidades nuevas, inesperadas, desconocidas hasta hoy e ignoradas, que se añaden a las ya conocidas para constituir la perfección y la particularidad de un ser-bajo-todos-los-aspectos. Así escapan al símbolo. Y la relación cambia. Ya no se trata de una relación de utilidad o de servicio de hombre a objeto. En lugar de servir para algo se trata de una creación y ya no de una explicación. Hay algo más en la conclusión que en las premisas: cuando se ha añadido alguna premisa que, misteriosamente, viene a rizar la esfera, a encorvarlo todo, y le permite desatarse y tomar vuelo.
Y el sentimiento de felicidad que al verlo agita al hombre no engaña : es feliz porque algo ha ganado.

He aquí, pues, algunas de esas burbujas, la mayoría además inocentes y no premeditadas.
Pues quien —sino por un juego bastante infantil y en desuso— mientras hace su aseo intelectual querría tomar un cálamo y redondear burbujas literarias.
No, sólo se trata del jabón y de lavarse las manos, a modo que mi antepasado Poncio Pilato —del que me enorgullezco, pues después de haber dicho : "¿Qué es la verdad?"— se lavó las manos de la muerte del Justo (o del exaltado) y así fue el único personaje del cuento que entra en la historia con las manos puras, después de haber cumplido con su deber sin grandes aspavientos, vagidos y fatuidad.

Pero en fin, si llevo más lejos el análisis se trataría menos de propulsar yo mismo las burbujas que de preparar el líquido (o la solución, como muy bien se dice), que de tentaros con una mezcla saturada, en la que podríais, siguiendo mi ejemplo, ejercitaros (y satisfaceros) indefinidamente vosotros también...

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Edgar Bayley, acerca de Francis Ponge
Fragmento

"¡Qué forma más sutil, entrañable y tierna de amor es ese tomar partido por las cosas! Y no se trata de las cosas que maneja o imagina «el hombre de cantidad», el cuantificador que cree saberlo y poderlo todo con sus cómputos: aquí no se trata de picardía o de cinismo trivial, aquí se trata de plenitud del ser, aquí se trata de la raíz original del amor. Si yo no estoy contento, si no tengo el contento de ser con las cosas, no hallaré nunca el contento conmigo mismo. Nada sabré de mí ni de cuanto me rodea. Ninguna puerta se abrirá para mí, ningún conocimiento. A ninguna cosa ni ser habré llegado.

La objetividad, aceptar que hay un objeto, aceptarlo, vivirlo, saber que la palabra, para solventarse, debe coexistir con la cosa, que cosa y palabra constituyen una unidad viviente y que el plano donde se reconoce al objeto es el plano más alto de la subjetividad, «allí donde las ideas y los sentimientos, al destruirse y confundirse» (Ponge), dan paso al reconocimiento jubiloso de nuestro co-nacimiento y nuestra co-existencia con el mundo. Es el asombro augural, el descubrimiento, la justificación de la subjetividad.

De la cosa, del hecho en sí, del plano de la inmanencia, pasamos al hecho, a la cosa para sí. De la inmanencia, del ser que permanece dentro de sí mismo, de lo que es simplemente, del en sí, del sí mismo, pasamos al para sí, que es el estado en que el ser, la cosa, el hecho, tienden a manifestarse y, de ese modo, pueden volverse palabra.

Ni realismo, ni naturalismo, ni descripción, ni concepto. Hacer vivir los hechos, las cosas, en el reino de las palabras. «Me atraen los objetos, los hechos, las personas del mundo exterior; me decepcionan las ideas. La variedad de las cosas me construye, me permite existir en su propio silencio. Pero si la cosa que considero, que tengo en cuenta, es, en definitiva, mi pretexto, mi razón de ser, será preciso que yo, para ser genuino, para ser de verdad quien soy, exista, viva, a partir de esa cosa; y eso sólo será posible si yo puedo, por mi parte, crear a la cosa. ¿Qué clase de creación? El texto. Dar una réplica mediante el lenguaje a la variedad infinita de las cosas» (Ponge)."
Tomado de Diario de Poesía, 1990.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char