Eugenio Montale
(Génova, Italia, 1896–Milán, id. 1981)
La tormenta
Les princes n’ont point d’yeux pour voir ces grand’s merveilles.
Leurs mains ne servent plus qu’à nous persécuter…
Agrippa D’Aubigné, À Dieu
La tormenta que chorrea sobre las hojas
duras de las magnolias los largos truenos
marzales y el granizo,
[los sonidos de cristal en tu nido
nocturno te sorprenden, del oro
que se ha apagado en los caobos, en el corte
de los libros encuadernados, arde aún
un grano de azúcar en el capullo
de tus párpados]
el relámpago que cristaliza
árboles y paredes y los sorprende en aquella
eternidad de instante –mármol maná
y destrucción– que dentro de ti esculpe
puertas para tu condena y que te liga
más que al amor a mí, extraña hermana–
y luego el desarraigo áspero, los sistros, el bramar
de los tamboriles en la fosa
el pisotear del fandango, y sobre
algún gesto que se devana…
Como cuando
te volviste y con la mano, desembarazaste
la frente de la nube de cabellos,
me saludaste– para entrar en lo oscuro.
***
Para terminar
Recomiendo a mis herederos
[si los hubiese] en materia literaria,
lo que ya es imposible, que hagan
una hermosa fogata con todo lo que atañe
a mi vida, a mis actos, a lo no hecho.
Yo no soy un Leopardi; dejo poco a las llamas
y es demasiado ya vivir al porcentaje.
Viví al cinco por ciento; no aumentéis
la dosis. Demasiado a menudo, en cambio llueve
sobre mojado.
Versión al castellano de Javier Sologuren
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martes, 14 de noviembre de 2017
lunes, 24 de julio de 2017
El alma verde que busca
EUGENIO MONTALE
(Génova, Italia, 1896- Milán, íd., 1981)
La anguila
La anguila, la sirena
de los mares fríos que deja el Báltico
para alcanzar nuestros mares,
nuestros estuarios, los ríos
que remonta profundamente, bajo corriente adversa,
de ramal en ramal
y luego de cabello en cabello,
siempre más adentro, siempre más hacia el corazón
de la piedra, filtrando
en acequias de fango, hasta que un día
una luz arrojada desde los castaños
enciende su serpenteo en charcos de agua muerta,
en las zanjas que bajan
de los saltos de los Apeninos a la Romaña;
la anguila, antorcha, fusta,
flecha de amor en la tierra
que solo nuestros barrancos o disecados
arroyitos pirenaicos reconducen
a paraísos de fecundación;
el alma verde que busca
vida donde solo
muerde la aridez y la desolación,
la centella que dice
todo comienza cuando todo parece
carbonizarse, rama seca sepultada;
el iris breve, gemelo
del que engastan tus pestañas
y haces brillar intacto en medio de los hijos
del hombre, inmersos en tu fango, ¿puedes tú
no creerla hermana?
Versión de Jorge Aulicino
(Génova, Italia, 1896- Milán, íd., 1981)
La anguila
La anguila, la sirena
de los mares fríos que deja el Báltico
para alcanzar nuestros mares,
nuestros estuarios, los ríos
que remonta profundamente, bajo corriente adversa,
de ramal en ramal
y luego de cabello en cabello,
siempre más adentro, siempre más hacia el corazón
de la piedra, filtrando
en acequias de fango, hasta que un día
una luz arrojada desde los castaños
enciende su serpenteo en charcos de agua muerta,
en las zanjas que bajan
de los saltos de los Apeninos a la Romaña;
la anguila, antorcha, fusta,
flecha de amor en la tierra
que solo nuestros barrancos o disecados
arroyitos pirenaicos reconducen
a paraísos de fecundación;
el alma verde que busca
vida donde solo
muerde la aridez y la desolación,
la centella que dice
todo comienza cuando todo parece
carbonizarse, rama seca sepultada;
el iris breve, gemelo
del que engastan tus pestañas
y haces brillar intacto en medio de los hijos
del hombre, inmersos en tu fango, ¿puedes tú
no creerla hermana?
Versión de Jorge Aulicino
domingo, 25 de octubre de 2015
Cuando el día se cansa
EUGENIO MONTALE
(Génova, Italia, 1896- Milán, íd., 1981)
Limonares*
Escúchame por un momento. Los poetas reconocidos
suelen pasear entre plantas
que nadie conoce:boj, acanto
donde nada esta vivo para ser tocado.
Yo prefiero los caminos que se quiebran
entre zanjas de hierba donde un niño,
buscando en las charcas lodosas,
tal vez capture una ánguila que se retuerce.
La vereda que fluye hacia abajo
y hacia arriba y luego se sumerje entre los penachos
de las varas y llega de súbito a las hortalizas
entre los troncos de musgo
de los limonares.
Aún mejor
cuando el júbilo de pájaros pequeños
se calma devorado por el cielo
todavía más real para aquel que escucha,
el rumor de las hojas tiernas,
en el aire quieto que no respira.
Los sentidos se llenan de un olor pleno de la tierra.
Es como la lluvia en un pecho enfermo,
dulce como el aire que llega
veloz y se desvanece.
Un milagro se calla; todas las pasiones
son puestas a un lado. Los pobres
saben de esta riqueza,
la fragancia de los árboles de limones.
Descubres que las cosas
se dan en silencio y casi revelan
sus secretos más íntimos.
En alguna ocasión, alguien espera
encontrar un error de la Naturaleza,
el punto muerto de la realidad,
el eslabón perdido,
la amenaza que no podemos desentrañar
en orden de llegar a la verdad.
Miras a tu alrededor. Tu mente busca
se endereza, se cae
en el perfume y se expande
cuando el día se cansa.
Hay silencios en que cada uno mira
en cada sombra humana que se marchita
algo divino que se aleja.
La ilusión desaparece, y regresamos a tiempo
a nuestras ciudades ruidosas donde el azul
aparece sólo en fragmentos
alto muy alto entre las siluetas de las torres.
La lluvia filtra la tierra.
Tedio, el invierno quema los techos
la luz escasea y el alma se amarga.
Aún así, un día a través de una reja abierta
entre el lujo verde de un jardín,
el amarillo fuego de los limones,
el corazón se derrite
y canciones de oro penetran en el pecho
desde las trompetas altas del sol.
Versión de Moisés Villavicencio
* * *
The Lemon Trees
Hear me a moment. Laureate poets
seem to wander among plants
no one knows: boxwood, acanthus,
where nothing is alive to touch.
I prefer small streets that falter
into grassy ditches where a boy,
searching in the sinking puddles,
might capture a struggling eel.
The little path that winds down
along the slope plunges through cane-tufts
and opens suddenly into the orchard
among the moss-green trunks
of the lemon trees.
Perhaps it is better
if the jubilee of small birds
dies down, swallowed in the shy,
yet more real to one who listens,
the murmur of tender leaves
in a breathless, unmoving air.
The senses are graced with an odor
filled with the earth.
It is like rain in a troubled breast,
sweet as an air that arrives
too suddenly and vanishes.
A miracle is hushed; all passions
are swept aside. Even the poor
know that richness,
the fragrance of the lemon trees.
You realize that in silences
things yield and almost betray
their ultimate secrets.
At times, one half expects
to discover an error in Nature,
the still point of reality,
the missing link that will no hold,
the thread we cannot untangle
in order to get at the truth.
You look around. Your mind seeks,
makes harmonies, falls apart
in the perfume, expands
when the day wearies away.
There are silences in which one watches
in every fading human shadow
something divine let go.
The illusion wanes, and in time we return
our noisy cities where the blue
appears only in fragments
high up among the towering shapes.
The rain leaching the earth.
Tedious, winter burdens the roofs,
and light is miser, the soul bitter.
Yet, one day through an open gate,
among the green luxuriance of yard,
the yellow lemons fire
and the heart melts
and golden songs pour
into the breast
from the raised cornets of the sun.
*Este poema forma parte de Montale en Inglés, una compilación realizada por Harry Thomas, (Handsel Books, 2005). Thomas es traductor de Joseph Brodsky, y editor de Poemas selectos de Thomas Hardy y Conversando con Poetas, una colección de entrevistas con Robert Pinsky, Seamus Heaney, Philip Levine, Michael Hofmann and David Ferry. Montale en Inglés reúne a 56 traductores. En algunos casos se incluyen diferentes versiones del mismo poema, lo cual nos ofrece la opotunidad de “apreciar los varios modos de traducción”. La versión del italiano al inglés de "Limonares" es de Lee Gerlach.
**
Tomado de 4444millas.blogspot.com.ar
(Génova, Italia, 1896- Milán, íd., 1981)
Limonares*
Escúchame por un momento. Los poetas reconocidos
suelen pasear entre plantas
que nadie conoce:boj, acanto
donde nada esta vivo para ser tocado.
Yo prefiero los caminos que se quiebran
entre zanjas de hierba donde un niño,
buscando en las charcas lodosas,
tal vez capture una ánguila que se retuerce.
La vereda que fluye hacia abajo
y hacia arriba y luego se sumerje entre los penachos
de las varas y llega de súbito a las hortalizas
entre los troncos de musgo
de los limonares.
Aún mejor
cuando el júbilo de pájaros pequeños
se calma devorado por el cielo
todavía más real para aquel que escucha,
el rumor de las hojas tiernas,
en el aire quieto que no respira.
Los sentidos se llenan de un olor pleno de la tierra.
Es como la lluvia en un pecho enfermo,
dulce como el aire que llega
veloz y se desvanece.
Un milagro se calla; todas las pasiones
son puestas a un lado. Los pobres
saben de esta riqueza,
la fragancia de los árboles de limones.
Descubres que las cosas
se dan en silencio y casi revelan
sus secretos más íntimos.
En alguna ocasión, alguien espera
encontrar un error de la Naturaleza,
el punto muerto de la realidad,
el eslabón perdido,
la amenaza que no podemos desentrañar
en orden de llegar a la verdad.
Miras a tu alrededor. Tu mente busca
se endereza, se cae
en el perfume y se expande
cuando el día se cansa.
Hay silencios en que cada uno mira
en cada sombra humana que se marchita
algo divino que se aleja.
La ilusión desaparece, y regresamos a tiempo
a nuestras ciudades ruidosas donde el azul
aparece sólo en fragmentos
alto muy alto entre las siluetas de las torres.
La lluvia filtra la tierra.
Tedio, el invierno quema los techos
la luz escasea y el alma se amarga.
Aún así, un día a través de una reja abierta
entre el lujo verde de un jardín,
el amarillo fuego de los limones,
el corazón se derrite
y canciones de oro penetran en el pecho
desde las trompetas altas del sol.
Versión de Moisés Villavicencio
* * *
The Lemon Trees
Hear me a moment. Laureate poets
seem to wander among plants
no one knows: boxwood, acanthus,
where nothing is alive to touch.
I prefer small streets that falter
into grassy ditches where a boy,
searching in the sinking puddles,
might capture a struggling eel.
The little path that winds down
along the slope plunges through cane-tufts
and opens suddenly into the orchard
among the moss-green trunks
of the lemon trees.
Perhaps it is better
if the jubilee of small birds
dies down, swallowed in the shy,
yet more real to one who listens,
the murmur of tender leaves
in a breathless, unmoving air.
The senses are graced with an odor
filled with the earth.
It is like rain in a troubled breast,
sweet as an air that arrives
too suddenly and vanishes.
A miracle is hushed; all passions
are swept aside. Even the poor
know that richness,
the fragrance of the lemon trees.
You realize that in silences
things yield and almost betray
their ultimate secrets.
At times, one half expects
to discover an error in Nature,
the still point of reality,
the missing link that will no hold,
the thread we cannot untangle
in order to get at the truth.
You look around. Your mind seeks,
makes harmonies, falls apart
in the perfume, expands
when the day wearies away.
There are silences in which one watches
in every fading human shadow
something divine let go.
The illusion wanes, and in time we return
our noisy cities where the blue
appears only in fragments
high up among the towering shapes.
The rain leaching the earth.
Tedious, winter burdens the roofs,
and light is miser, the soul bitter.
Yet, one day through an open gate,
among the green luxuriance of yard,
the yellow lemons fire
and the heart melts
and golden songs pour
into the breast
from the raised cornets of the sun.
*Este poema forma parte de Montale en Inglés, una compilación realizada por Harry Thomas, (Handsel Books, 2005). Thomas es traductor de Joseph Brodsky, y editor de Poemas selectos de Thomas Hardy y Conversando con Poetas, una colección de entrevistas con Robert Pinsky, Seamus Heaney, Philip Levine, Michael Hofmann and David Ferry. Montale en Inglés reúne a 56 traductores. En algunos casos se incluyen diferentes versiones del mismo poema, lo cual nos ofrece la opotunidad de “apreciar los varios modos de traducción”. La versión del italiano al inglés de "Limonares" es de Lee Gerlach.
**
Tomado de 4444millas.blogspot.com.ar
jueves, 28 de noviembre de 2013
Fue el enrollarse de la hoja seca, fue el caballo desplomado
ÚLTIMA TRADUCCIÓN* DE GUILLERMO BOIDO
(Argentina, 1941-2013)
EUGENIO MONTALE
(Génova, Italia, 1896- Milán, íd., 1981)
El dolor de vivir muchas veces he encontrado
(De Ossi di seppia, Piero Gobetti editore, Torino, 1925)
El dolor de vivir muchas veces he encontrado:
fue el estrecho torrente que se agita,
fue el enrollarse de la hoja
seca, fue el caballo desplomado.
No conocí otros bienes salvo el prodigio
que brinda la divina Indiferencia:
fue la estatua en la somnolencia
del mediodía, y la nube, y el halcón en las alturas.
*Enviada en octubre de 2013.
(Argentina, 1941-2013)
EUGENIO MONTALE
(Génova, Italia, 1896- Milán, íd., 1981)
El dolor de vivir muchas veces he encontrado
(De Ossi di seppia, Piero Gobetti editore, Torino, 1925)
El dolor de vivir muchas veces he encontrado:
fue el estrecho torrente que se agita,
fue el enrollarse de la hoja
seca, fue el caballo desplomado.
No conocí otros bienes salvo el prodigio
que brinda la divina Indiferencia:
fue la estatua en la somnolencia
del mediodía, y la nube, y el halcón en las alturas.
*Enviada en octubre de 2013.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Dos máscaras
Más de EUGENIO MONTALE
(Génova, Italia, 1896-Milán, íd., 1981)
Dos en el crepúsculo
Fluye entre tú y yo en el mirador
un claror submarino que deforma
perfiles de colinas y tu rostro.
Está en un fondo huidizo, cada gesto
tuyo es ajeno a ti; entra sin huella
y se esfuma, en el medio que cubre
cada estela, cerrándose a tu paso:
tú aquí conmigo, en este aire bajado
para sellar el sopor de las rocas.
Yo, caído
en el poder que pesa en torno, cedo
al sortilegio de no reconocer
de mí ya nada fuera de mí: si alzo
el brazo apenas, se me vuelve ajeno
mi acto, se parte en un cristal, ignota
y oscurecida su memoria, y ya
el gesto no me pertenece; si hablo,
yo escucho atónito aquella voz
descender a su gama más remota
o muerta en el aire que no la sostiene.
Así, en el punto que resiste a la última
consunción de la luz,
dura el desmayo; y luego un soplo eleva
los valles en frenético temblor
y arranca de las frondas un rumor
muy leve que se extiende
entre rápidos humos y las luces primeras
dibujan ya los muelles.
... las palabras
entre nosotros caen suaves. Te miro
en un blando reflejo. Yo no sé
si te conozco; sé que nunca estuve
de ti tan separado como en este tardío
retorno. Unos instantes han quemado
todo de nosotros: salvo dos rostros,
dos máscaras donde se graba una sonrisa
desganada.
Versión de Jesús López Pacheco
(Génova, Italia, 1896-Milán, íd., 1981)
Dos en el crepúsculo
Fluye entre tú y yo en el mirador
un claror submarino que deforma
perfiles de colinas y tu rostro.
Está en un fondo huidizo, cada gesto
tuyo es ajeno a ti; entra sin huella
y se esfuma, en el medio que cubre
cada estela, cerrándose a tu paso:
tú aquí conmigo, en este aire bajado
para sellar el sopor de las rocas.
Yo, caído
en el poder que pesa en torno, cedo
al sortilegio de no reconocer
de mí ya nada fuera de mí: si alzo
el brazo apenas, se me vuelve ajeno
mi acto, se parte en un cristal, ignota
y oscurecida su memoria, y ya
el gesto no me pertenece; si hablo,
yo escucho atónito aquella voz
descender a su gama más remota
o muerta en el aire que no la sostiene.
Así, en el punto que resiste a la última
consunción de la luz,
dura el desmayo; y luego un soplo eleva
los valles en frenético temblor
y arranca de las frondas un rumor
muy leve que se extiende
entre rápidos humos y las luces primeras
dibujan ya los muelles.
... las palabras
entre nosotros caen suaves. Te miro
en un blando reflejo. Yo no sé
si te conozco; sé que nunca estuve
de ti tan separado como en este tardío
retorno. Unos instantes han quemado
todo de nosotros: salvo dos rostros,
dos máscaras donde se graba una sonrisa
desganada.
Versión de Jesús López Pacheco
jueves, 28 de abril de 2011
Lo que no somos, lo que no queremos
Algo más de EUGENIO MONTALE
(Génova, Italia, 1896- Milán, íd., 1981)
No nos pidas la palabra que escuadre en cada lado
No nos pidas la palabra que escuadre en cada lado
nuestro ánimo informe, y con letras de fuego
lo manifieste y como un azafrán resplandezca
perdido en medio de un prado polvoriento.
¡Ah el hombre que se va seguro,
de los demás y de sí mismo amigo,
sin preocuparse de su sombra que la canícula
imprime sobre un desconchado muro!
No nos pidas la fórmula que otros mundos pueda abrirte,
sí alguna sílaba torcida y seca como una rama.
Eso sólo podemos hoy decirte,
lo que no somos, lo que no queremos.
***
Viento sobre la media luna
El gran puente no llevaba hacia ti.
Te habría alcanzado hasta navegando
en las cloacas, a una orden tuya.
Pero ya las fuerzas, con el sol en los cristales
de los miradores, se iban agotando.
El hombre que predicaba bajo la Media Luna
me preguntó: "¿Sabes dónde está Dios?". Lo sabía
y se lo dije. Movió la cabeza. Desapareció
en un torbellino que arrastró a hombres y casas
y los alzó, muy altos, sobre la oscuridad.
Versión de Jesús López Pacheco
***
Incertezas
En la elección del mes más adecuado
para largos viajes imaginarios, nos demoramos
entre mayo, a salvo del comienzo del verano,
y setiembre, que no es desesperado
pero tampoco alegre. Abril se lo dejamos
a otros examinadores. Fuimos de la opinión
de omitir los meses muertos en la morsa del hielo.
Así el tiempo inexorable transcurre
y de improviso, de un salto, se detiene.
Versión de Jorge Aulicino
***
HISTORIA DE TODOS LOS DÍAS
La única ciencia que queda en pie
la escatología
no es una ciencia, es un hecho
de todos los días.
Se trata de las migas que se van
sin ser sustituidas.
Qué importan las migas va refunfuñando
el arúspice,
es la torta que queda, todavía rota
aquí y allá un poco deshinchada.
Todo está en un buen envejecimiento,
cien años más que diez, mil años más que cien
le acrecentarán el sabor.
Obviamente será más afortunado
el catador futuro sin saberlo
y “el resto es literatura”.
Traducción: Wilfredo Carrizales
***
CORNO INGLÉS
El viento que esta tarde suena atento
–recuerda un fuerte traquetear de hojas metálicas–
los instrumentos de los tupidos árboles y barre
el horizonte de cobre
donde cintas de luz se extienden
como cometas al cielo que rimbomba
(Nubes en viaje, ¡claros
reinos de allá arriba! ¡De altos Eldorados
mal cerradas puertas!)
y el mar que escama a escama,
lívido, muta el color
lanza a tierra una tromba
de espumas retorcidas;
el viento que nace y muere
en la hora que lenta se ennegrece
si te sonase a ti esta tarde
desafinado instrumento,
corazón.
Traducción: Wilfredo Carrizales
(Génova, Italia, 1896- Milán, íd., 1981)
No nos pidas la palabra que escuadre en cada lado
No nos pidas la palabra que escuadre en cada lado
nuestro ánimo informe, y con letras de fuego
lo manifieste y como un azafrán resplandezca
perdido en medio de un prado polvoriento.
¡Ah el hombre que se va seguro,
de los demás y de sí mismo amigo,
sin preocuparse de su sombra que la canícula
imprime sobre un desconchado muro!
No nos pidas la fórmula que otros mundos pueda abrirte,
sí alguna sílaba torcida y seca como una rama.
Eso sólo podemos hoy decirte,
lo que no somos, lo que no queremos.
***
Viento sobre la media luna
El gran puente no llevaba hacia ti.
Te habría alcanzado hasta navegando
en las cloacas, a una orden tuya.
Pero ya las fuerzas, con el sol en los cristales
de los miradores, se iban agotando.
El hombre que predicaba bajo la Media Luna
me preguntó: "¿Sabes dónde está Dios?". Lo sabía
y se lo dije. Movió la cabeza. Desapareció
en un torbellino que arrastró a hombres y casas
y los alzó, muy altos, sobre la oscuridad.
Versión de Jesús López Pacheco
***
Incertezas
En la elección del mes más adecuado
para largos viajes imaginarios, nos demoramos
entre mayo, a salvo del comienzo del verano,
y setiembre, que no es desesperado
pero tampoco alegre. Abril se lo dejamos
a otros examinadores. Fuimos de la opinión
de omitir los meses muertos en la morsa del hielo.
Así el tiempo inexorable transcurre
y de improviso, de un salto, se detiene.
Versión de Jorge Aulicino
***
HISTORIA DE TODOS LOS DÍAS
La única ciencia que queda en pie
la escatología
no es una ciencia, es un hecho
de todos los días.
Se trata de las migas que se van
sin ser sustituidas.
Qué importan las migas va refunfuñando
el arúspice,
es la torta que queda, todavía rota
aquí y allá un poco deshinchada.
Todo está en un buen envejecimiento,
cien años más que diez, mil años más que cien
le acrecentarán el sabor.
Obviamente será más afortunado
el catador futuro sin saberlo
y “el resto es literatura”.
Traducción: Wilfredo Carrizales
***
CORNO INGLÉS
El viento que esta tarde suena atento
–recuerda un fuerte traquetear de hojas metálicas–
los instrumentos de los tupidos árboles y barre
el horizonte de cobre
donde cintas de luz se extienden
como cometas al cielo que rimbomba
(Nubes en viaje, ¡claros
reinos de allá arriba! ¡De altos Eldorados
mal cerradas puertas!)
y el mar que escama a escama,
lívido, muta el color
lanza a tierra una tromba
de espumas retorcidas;
el viento que nace y muere
en la hora que lenta se ennegrece
si te sonase a ti esta tarde
desafinado instrumento,
corazón.
Traducción: Wilfredo Carrizales
jueves, 10 de diciembre de 2009
Llueve porque la ausencia es universal
Pocos poemas de
EUGENIO MONTALE
(Génova, Italia, 1896-Milán, ID., 1981)
Casa en la playa
El viaje termina aquí:
en los afanes mezquinos que dividen el alma
que ya no sabe dar un grito.
Ahora los minutos son iguales y fijos
como las vueltas de rueda de la bomba.
Una vuelta: un subir de agua que retumba.
Otra vuelta, más agua, a veces un chirrido.
El viaje acaba en esta playa
que pulsa asidua y lenta la marea.
Excepto perezosos humos
nada revela la marina
que urden de cuencas las ligeras brisas,
y es raro que aparezca en la bonanza muda,
entre las islas del aire vagabundas,
la jorobada Córcega o Capraia.
Tú me preguntas si todo se reduce
a esta poca niebla de memorias,
si en la hora que aturde o en el desvarío
de la ola se cumplen nuestras vidas.
Quisiera decirte que no, que se aproxima la hora
en que te será dado huir del tiempo;
tal vez sólo quien quiere se eterniza,
y ese es tu caso, a lo mejor, no el mío.
Pienso que para los más no hay salvación
y sólo alguno altera los designios,
cruza el vado, se encuentra como quiso.
Quisiera antes de ceder mostrarte
la senda de esta fuga, frágil
como en los turbulentos campos
del mar crestas o espumas.
También te cedo mi esperanza avara.
Últimamente, exhausto, la descuido.
La ofrezco en prenda a tu destino, que te ampare.
El camino termina en esta orilla
que la marea corroe con movimiento alterno.
Tu corazón cercano que no me oye
tal vez ya zarpa hacia lo eterno.
***
POEMA 5
(DE XENIA II)
Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras
y ahora que no estás cada escalón es un vacío.
También así de breve fue nuestro largo viaje.
El mío aún continúa, mas ya no necesito
los trasbordos, los asientos reservados,
las trampas, los oprobios de quien cree
que lo que vemos es la realidad.
He bajado millones de escaleras dándote el brazo
y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos.
Contigo las bajé porque sabía que de ambos
las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas
eran las tuyas.
***
Disipa tú, si quieres, esta vida débil que se queja,
como la esponja el trazo efímero en la pizarra.
Espero regresar a tu círculo, se cumple mi disperso tránsito.
Mi venida era el testimonio de un orden que olvidé durante el viaje,
estas palabras mías juran fe a un suceso imposible, y lo ignoran.
Pero siempre que escuché tu dulce oleaje sobre las playas
la turbación me asaltó como a alguien débil de memoria
cuando vuelve a acordarse de su tierra.
Aprendida mi lección más que de tu gloria abierta,
del jadear que no emite casi sonido
de un mediodía tuyo desolado,
a ti me rindo humildemente.
No soy más que pavesa de un tirso.
Bien lo sé: arder, este y no otro, es mi significado.
***
Llueve
Llueve. Es un gotear
sin ruidos.
de motonetas o gritos
de niños.
Llueve
desde un cielo que no tiene nubes.
Llueve
sobre la nada que se hace
en estas horas de huelga general.
Llueve
sobre tu tumba
en San Felice
a Ema
y la tierra no tiembla
porque no hay terremoto
ni guerra.
Llueve
no sobre la fábula hermosa
de lejanas estaciones,
sino sobre el aviso
impositivo,
llueve sobre los huesos de Jibia
y sobre el comedero nacional.
Llueve
sobre la Gaceta Oficial
aquí desde el balcón abierto,
llueve sobre el Parlamento,
llueve sobre vía Solferino,
llueve sin que el viento
mueva los papeles.
Llueve en ausencia de Hermión
si dios quiere,
llueve porque la ausencia
es universal
y si la tierra no tiembla
es porque Arcetri a ella
no se lo ordenó.
Llueve sobre los nuevos epistemas
del primate en dos pies,
sobre el hombre endiosado, sobre el cielo
hominizado, sobre la cara
de los teólogos en mono
o en paludamento,
llueve sobre el progreso
de la contestación,
llueve sobre los works in progress,
llueve
sobre los cipreses enfermos
del cementerio, gotea
sobre la opinión pública.
Llueve, mas donde apareces
no hay agua ni atmósfera,
llueve porque si no estás
es sólo la ausencia
y puede ahogar.
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char