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martes, 7 de agosto de 2018

Desde arriba se ve

Eduardo Mileo
(Buenos Aires, Argentina, 1953)

Pollock 

Las ideas
no se comprenden
hasta que no se llevan
a la práctica.
Desde arriba se ve
como desde un avión.
La materia cae
y crea bosques:
de árboles, de cables,
de lo que sea.
La densidad funda
una atmósfera
indescifrable.
Como una red
neuronal o
el relato de una vida.

**
Cuevas de Altamira

¿Reencarnará en el bisonte?
Pinto a mi padre en este muro, lo resguardo de las lanzas,
lo pongo en fuga.
**
Aullidos
(Edvard Munch, 1863-1944)


Del otro lado de la calle
se escuchan todavía
los gritos.
Una sirena
le pone música
a la distancia.

Casi todos
los días
lo mismo:
el silencio no para
de sonar.

Pero esos gritos
hoy
y la sirena,
el estilete entrando en la garganta.

No es universo
todavía
mi angustia.
Pero siento ya el campo
sembrado.

De Extracción del agua de la niebla (Una historia poética de la pintura). Ediciones en Danza, 2018.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El silencio no para de sonar

EDUARDO MILEO
(Buenos Aires, Argentina, 1953)
Edvard Munch, Oslo


Aullidos
(Edvard Munch, 1863-1944)

Del otro lado de la calle
se escuchan todavía
los gritos.
Una sirena
le pone música
a la distancia.

Casi todos
los días
lo mismo:
el silencio no para
de sonar.

Pero esos gritos
hoy
y la sirena,
el estilete entrando en la garganta.

No es universo
todavía
mi angustia.
Pero siento ya el campo
sembrado.

Inédito

viernes, 17 de julio de 2015

Paciencia

EDUARDO MILEO

(Buenos Aires, Argentina, 1953)

Poema del amor triste
(Fragmento)

Adiós, amada.
Junta, de tu playa
los mejores cristales de mi arena.
La mar amarga, amor.
En el reloj de sal de los barquitos
ha dado la hora.
Pero la edad de madurar,
el sol de los frutales,
no llega a las orillas alejadas.
Paciencia.
Enhebraré de tu collar las perlas
como lágrimas alegres de mis ojos.

Adiós, amada.
Junto al hogar
donde se quema la madera viva
los animales hacen su refugio.
Pero la calle muda se vacía
en una helada hilera de luciérnagas.
Paciencia.
Quien llegue hará sonar su campanita.
Y en la terraza la camisa blanca
de la mañana volará
con nuestras alas.

Adiós, amada.
Brindo en tu boca
con el añejo vino del amor.
Hoy celebran misa de relámpagos
los mares inundados de mis ojos.
Mejor así.
Haber sacado al patio los sillones
para tomar el fresco.
En una casa vecina
se escucha alguna música
que no se alcanza a entender.
Paciencia.

Zumban
en mi boca abejas
atrapadas en su propia miel.
Pero la calle está quieta.
Sorda.
Embotellada en su licor narcótico.
Paciencia.
Algún sol brillará.
Alguna fiesta
animada por globos aerostáticos.

Detrás de las fogatas, las mujeres solas
conversan sobre un hombre que ha dejado de hablar.

De Poema del amor triste, Ediciones En Danza, 2001.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Esa chica se parece a mí

Javier Cófreces, Eduardo Mileo y Alberto Muñoz
(Argentina, Buenos Aires, 1957; Buenos Aires, 1953; Buenos Aires, 1951 respectivamente)



Titanes

"Un titán es una persona de excepcional fuerza, que descuella en algún aspecto. También, una grúa para mover enormes pesos. Pero Titanes son también los hijos varones de Urano y Gea, que crearon toda una estirpe con sus hermanas, las Titánides", escriben los poetas en el prólogo. Y agregan: !Este libro no habla de grúas ni de mitología –aunque algunos de sus personajes hayan devenido en mito–, pero sí de personas que han descollado en algún aspecto de la vida social y cultural. No obstante, tampoco es este el motivo por el cual nos interesan, sino porque son ellos quienes nos han educado, en el amplio sentido de la palabra." "Vaya uno a saber por qué Paul Celan, Erik Satie, Juan Ramón Riquelme, han sido titanes. La arbitrariedad, si no avisa, no traiciona. Un titán es algo para un rato, como la vida."
**
De Javier Cófreces, dedicado a Luis A. Spinetta:
  
Despecho

Cansado de llorar por Cris,
Le escribiste una canción.
Se comenta que ella jamás te la agradeció.
Nosotros seguiremos cantando ese blues
hasta que Cristina reflexione,
aunque ya sea demasiado tarde…
Tal vez la chica algún 8 de febrero
se digne arrojar un tiste crisantemo
al Río de la Plata, donde tus cenizas brillan
entre escamas de pescados rabiosos.
**
De Alberto Muñoz, dedicado a Carlos Marx:
La lámpara de Marx

Quiénes éramos, amor, aquellos que leíamos

en la isla a la luz de una lámpara de kerosén
a Marx. La luz era clandestina, la noche
clandestina, sólo la llama de la vela parpadeando.
El pabilo, el sebo, los fósforos, clandestinos.
A Marx lo leíamos así, en la oscuridad. Todo apagado.
Amor, ¡la brasa del cigarrillo era demasiada luz!
**
Eduardo Mileo, dedicado a Al Pacino:

Mudo 
en el silencio de la angustia.
Nadie sabe
realmente qué es la locura.
La sangre
está en la lengua.
Se mira con la voz. 
Se grita con los ojos.
**
"Cierta luz desde hace 300 años alumbra / los oficios más nobles con sencillez y austeridad. / Mi abuela cosió toda su vida / cada vez que miraba el cuadro que adornaba / la pieza de arriba (donde zurcía y bordaba), / repetía: 'Esa chica se parece a mí, / usé trencitas así hasta que me casé'", susurra Mileo en "La costurera", donde el titán evocado es Johannes Vermeer.
***
"Yo aprendí a cantar a tu lado. Querías rehacer / Los Abuelos de la Nada. No era Marechal a quien escuchábamos. / Era a vos, a tu nada cívica, a la carnadura, / al cadáver que los caracoles espían, / mitad negros y mitad blancos como el blues. / Yo soy tu protoplasma; no canto más, / he dejado de ser un gaitero. / Estoy en un embalse y te recuerdo como un gallo, / como un amor rápido", escribe Muñoz a Miguel Abuelo.

Javier Cófreces, Eduardo Mileo y Alberto Muñoz. Ediciones en Danza, 2014.


Comentarios tomados de http://tiempo.infonews.com/nota/141862/tres-poetas-unen-sus-voces-para-rendir-un-homenaje-a-los-titanes

lunes, 23 de septiembre de 2013

La carne en que se pulen los espejos

EDUARDO MILEO
(Buenos Aires, Argentina, 1953)

Boa

El escozor del roce
de una nariz en la axila.
El plancton de la lengua.
La tibieza
de la yema de un dedo sudoroso
humedeciendo el cactus
de un labio seco.
La viga maestra que levantan
los carpinteros de Salinger.
La cuenca
que navega la nutria.
Un ojo de hilandera
en una seda japonesa.
La trama finísima
de la porcelana vieja.
El balanceo
desigual del empuje
del agua contra el junco.
El mármol de la corva.
El vidrio del muslo.
El arenal de la espalda.
El giro de una hoja
que se vuelve al sol.
El paso del desierto
en un reloj de arena.
La carne en que se pulen los espejos.
La lengua que horada la piedra.
La hendidura del agua en la pesca de un pato.
La pata
de un oso posada en aguas vírgenes.
Una lombriz
que emerge de la tierra húmeda.
El soplo
de un quejido de amor en la oreja.
Un tórax de hielo
cayendo en el agua.
La hilera de licores.
La transparencia que espesa los licores.
La primera intransigencia
de la madera ante el hacha.
El pájaro de la cosecha.
El topo de la siembra.
La bandera del cielo hendida por un rayo.
El ojo de una pluma de pavo real.
La zanahoria que asoma
de la boca de un lechón muerto.
El animal de las bodegas.
La leyenda del Minotauro
pero Ariadna sola en el laberinto
sin hilo.
El espasmo muscular de un pájaro de Utamaro.
La prueba de mantener
la respiración bajo el agua.
La respiración
que sucede a la salida del agua
después de la prueba.
El llanto
que se aquieta en los brazos de un oso.
La Victoria de Samotracia, es decir
la mujer sin cabeza.
La Venus de Milo
con Apolo enfrente.
Safo
frente a la Venus de Milo.
Apolo sin brazos
en un barrio negro.

Una cortina
que se mueve sin viento.
El viento que mueve las cortinas.
La sal del mar en los labios
de los enamorados.
Un agujero en una manzana.
El olor del ajo en los dedos.
El olor a papel viejo de los cuadros sinópticos.
La bandeja
con un solo saladito
parecido a un barco.
El barco que repta
en la bandeja salada.
Una cara
que mira la bandeja y tiene
por boca el saladito.
El temblor de una uva.
El interior ignorado de la uva
que provoca el temblor.
La mirada de alguien
a quien jamás volveremos a ver
que se posa en la boca.
La boca con que besamos
a quien jamás volveremos a ver.
La luz
que no deja ver qué hay detrás.
Lo que hay detrás.
Lo que hay detrás de lo que hay detrás.
Lo que nunca estará detrás
y se nos niega.

Un papel ardiendo en silencio.
El fuego que enmudece al papel.
El papel que habla por el fuego.
Un monte
con arbustos como vellos.
El cordón
de una zapatilla enhebrándose.
Una aguja
a la que cuesta enhebrar.
Una niña que infla un globo.
El aire del globo
antes de enfriarse.
Un muñeco que cuelga en la pared.
Los cadalsos vacíos.
El vacío
donde falta un cadalso.
La pared sin muñecos.
Los cuadros que espera esa pared
y que nunca serán pintados.
La pintura
que chorrea en la pared.
El palo que revuelve la pintura
provocando un abismo.
La impureza de dos pinturas
antes de mezclarse.
La mezcla:
esa otra impureza.
El cromo de una canilla
deformando las imágenes.
Las imágenes que se deforman solas.
Las imágenes que se deforman
al contacto con otras imágenes.
Las imágenes que no se deforman
y brillan por su ausencia en la canilla.

El péndulo de la cola
de un toro espantamoscas.
Las moscas
que aplasta la cola del toro.
Las moscas que escapan a la cola del toro
y serán aplastadas por la cola de un caballo.
El temblor
de las ancas de un caballo.
Las crines de un caballo que baja a beber.
Un deshollinador
que empuja su escobillón
en una chimenea.
La galera del deshollinador.
El tizne
que lleva al deshollinador a otra raza.
La raza del hollín.
La raza verde del pasto
donde han hecho el amor las otras razas.
Un picaporte cerrando una puerta.
Un picaporte abriendo una puerta.
Una puerta que no cierra ni abre.
La puerta del hortelano.
Un hortelano sin perro.
El ano de un perro que roza una hortensia.
La hortensia perfumada por el ano.
Cualquier boda donde abundan los anillos.
Las bodas donde siempre sobran los anillos.
Todos los anillos que esperan su boda.
La boa del anillo.
La boca de la boa que se traga a sí misma.
Esa boa
acabada de tragarse.
La presa que escapa del vientre de la boa
una vez que la boa se ha tragado.
El desamparo de la presa de la boa
fuera de su vientre.
Esa presa
que ahora es otra
amparada en el vientre de otra boa.
La historia
esa boa que no se reconoce.
El vidrio
a través del cual miramos la historia.
La historia que se ve desde cualquier vidrio.
El que rompe el vidrio y se lo traga la historia
y otra vez la historia de la boa.

Un sombrero que ha recorrido el mundo.
La cabeza del dueño del sombrero.
El dueño de la cabeza.
El que recorre el mundo sin cabeza.
El mundo que recorre cualquiera.
El mundo sin sombrero.
El sombrero sin mundo que recorrer
caído en cualquier cabeza.
La pluma que adorna un sombrero.
El pájaro que ha muerto para adornar sombreros.
La muerte
que adorna a todo pájaro.
La muerte que hace nido en la boca del sombrero.
La cerradura.
El ojo de la cerradura.
El ojo de la cerradura que es una boca.
La cárcel del ojo.
La reja de la cárcel del ojo.
El ojo que atrapa a su reja.
El óxido del ojo.
El óxido de la reja atrapada por su ojo.
La imagen del óxido atrapada en el ojo.

La soledad del oro.
El oro sin conquista.
La conquista que prueba la existencia del oro.
La prueba del conquistador.
El conquistador en su soledad de oro.
La selva del oro
que conquista al conquistador.
El oro enquistado en la cabeza de la conquista.
El oro del sol sobre la selva.
La selva sin oro que espera su conquistador.
El que acude al llamado de la selva.
El que acude al llamado del oro
que la selva lanza para conquistarlo.
El que perdido en la selva
no escucha su propia voz.
El que perdido en el oro es una selva llamándose.
El que perdido en las llamas es oro de la selva.
El llamado de sí: el fuego.
El que es oro de sí mismo.
Aquel que en el orín ve el oro.
Un loro en un árbol de una selva.
El árbol que sin loro está desnudo.
El grito del loro.
El grito que del loro escuchan las orejas.
Las orejas del loro.
El árbol de las orejas.
La cera de las orejas
que no es miel ni es oro.
La cera que horada las orejas.
La oración de la miel.
La abeja que zumba en las orejas.
El oro de la miel que es un zumbido en la boca.
La boca de la oreja.
La boca que se hace agua y se horada a sí misma.
La sed de la boca hecha agua.
El agua para la sed de la boca.
La gota que colmó el vaso.
El agua que al colmar el vaso es derramada.
El que pisa el agua y desata la tormenta.
La tormenta del vaso.
El vaso de Arquímedes colmado por su gota.
Arquímedes sin agua en su bañera.
Arquímedes sin bañera, sin vaso y sin agua.
El agua sin Arquímedes.

El arco que mide su flecha.
La flecha que se vuelve contra su propio arco.
El arco muerto por su propia flecha.
La muerte, esa flecha sin arco.
La parca.
La palabra parca.
La parca palabra que es la palabra flecha.
El arco de la palabra.
El arco de la palabra
que impulsa la palabra flecha y da en la muerte.
La flecha que da en el blanco.
El negro como blanco de la muerte.
El negro muerto por mano blanca.
La mano que blanqueó la muerte del negro.
La mano que escribió no ha muerto nadie.
La mano de nadie.
Nadie en la mano que escribió la muerte.
La mano negra.
La mano que se enciende al calor de otra mano.
Los dedos de la brasa.
Los dedos que se queman al tocar otra brasa.
La brasa del otro.
Aquel que crepita en otro fuego.
Los fuegos desiertos.
El que grita fuego en el desierto.
El que llama en el desierto.
El que cree que alguien lo llama en el desierto.
El que ha llamado y cree, a su vez,
que alguien le responde.
Responder en el desierto.
Responder desiertos cuando alguien llama.
Responder que no llamen más
en el desierto.
Responder a un llamado con una llama.
El fuego de la respuesta.
La respuesta del fuego.
Aquel que se inmola en la respuesta.

El vidrio por el que se mira.
El color del vidrio por el que se mira.
La mira de un vidrio roto.
Lo roto del color.
El calor que brota de un color roto.
El hilo que sujeta la rotura de un color.
El hilo de otro color que se rompe.
El hilo que ocupa la hendidura de una aguja.
El hilo que pugna por penetrar una aguja.
La pugna por penetrar.
La penetración como una pugna.
Un ojo penetrado por una aguja.
El hilo de sangre del ojo penetrado.
El color de la sangre que brota del ojo.
El vidrio del ojo hecho color.
El color del ojo por el que se mira.
El color de llorar.
La nube del ojo.
La nube que desata
tormenta eléctrica en el ojo.
La corriente del ojo.
La corriente que sale del ojo
y penetra en el aire.
El aire desplazado por la corriente.
La plaza del aire.
La música sorda que produce el aire desplazado.
La banda de plaza del aire.
El olor del aire cuando suena.
El sonido del olor del aire.
El aire que transporta el sonido de su olor.
El sonido transportado.
El sonido en carrito de aire.
El sonido
a la espera de algo más cómodo.
Algo más cómodo que sonar.
Un sillón sonoro.
El sonido de lo muelle.
La sordera del sillón, que sigue quieto.
La quietud del sillón.
La quietud del sonido.
El aire que no lleva
más que polvo mullido de sillón.
El aire sucio.
La suciedad de lo quieto.
El polvo quieto.
El polvo que suena en un solo lugar.
El sonido que suena en un solo lugar.
El sillón que escucha sonar un aire cerca.
La cercanía del aire que envuelve al sillón.
La suciedad de lo que envuelve.
El sonido de un cascabel
que no sabe que viene de una serpiente.
La serpiente que vuelve de su propio sonido.
La serpiente encantada por su propio cascabel.
La serpiente mordida por su sonido.
El perro que se muerde la cola.
El círculo envuelto en sus tangentes.
Y otra vez la historia de la boa.

El tiempo.
El tiempo, esos pasos de aire.
El tiempo que suena puntual.
El tiempo que se retrasa.
El que traza el tiempo.
El trazado de puentes.
Los puentes sin trazar que todos cruzan.
El agua bajo el puente sin trazar.
El agua sobre la que caminan
los que cruzan puentes sin trazar.
Los cristos ciudadanos.
La ciudad sin agua sobre la que caminar.
Los pasos en el agua.
Los pasos hundidos.
Los pasos ahogados.
Los ahogados por un pie.
Los ahogados que pierden pie en las ciudades sin agua.
Los ahogados perdidos en el agua del pie.
El puente del pie.
Las hormigas que cruzan bajo el puente del pie.
El puente de las hormigas.
El puente que las hormigas cruzan como agua.
El agua negra de las hormigas.
El agua que lleva hojitas a su madriguera.
La madriguera del agua.
La madriguera líquida
donde mueren ahogadas las hormigas.
Los ínfimos seres que devoran a las hormigas muertas.
El mar de los ínfimos seres devorados.
La oleada de calor de devorar.

Orar.
Orar devotamente.
Orar devotamente acalorado.
La devoción del calor.
El fuego de la devoción que devora.
La hoguera.
Las llamas que se llaman devoción.
Las llamas que devoran a los devotamente herejes.
La herejía del fuego.
El infierno en un bosque de obispos.
Los obispos de clorofila púrpura.
El oro que devotamente brilla en los obispos.
El fuego de los dedos.
El fuego circular de los dedos anulares.
El oro opaco en un dedo que brilla.
Un dedo quemado por un anillo de oro.
El oro de los dedos.
Los dedos que tocan el oro.
El oro penetrado por un dedo.
El oro innumerable.
El oro sin himen.
El himen que pierde el oro en los rodados.
El brillo de las bicicletas que llevan un himen.
El sudor de las ciclistas.
Esas gotas que brillan como el oro.
El himen horadado por el sudor.
El himen que suda como un negro.
El oro negro.

El sudor irisado del petróleo.
El aceite de piedra.
El silencio de la piedra que suda aceite.
La piedra virgen que pierde su petróleo.
La piedra que suda de vergüenza.
El color de la vergüenza en un negro.
El cristal con que se mira la vergüenza de un negro.
El cristal con que mira un negro.
Los anteojos negros.
El antifaz que no muestra los ojos.
Los ojos ciegos de antifaz.
El carnaval de los ciegos.
El juego del agua en el carnaval de los ciegos.
La carne de Nerval en los juegos del agua.
El agua que juega con los ciegos.
El agua que no sabe que un ciego no la ve.
El agua imprevista.
El agua reflejada en un anteojo negro.
El cristal con que el anteojo mira el agua.
Los ojos del anteojo.
Los anteojos de los que huye lo mirado.
La fuga de los ojos.
La mirada de los ciegos.
El ojo de los dedos.
Los dedos que tocan un ojo.
Un ojo penetrado por un dedo.
La boca que se hace agua
cuando un dedo penetra un ojo.

El animal que atesora sus huesos bajo tierra.
La tierra del animal
que se revuelca encima de sus propios huesos.
El revolcón que es tierra
que luego vuelve a reposar.
El reposo del animal que lo prepara
para el otro reposo.
Lo que está bajo tierra y no son huesos.
La vida bajo tierra.
Los muertos que pierden bajo tierra su máscara
por la acción de la vida bajo tierra.
La máscara de la vida.
La máscara de la tierra.
Los huesos de la máscara.
La cara del animal que depone otra vida en la tierra.
La deposición: esa muerte tibia.
El humo de la deposición.
El humo
que es otra máscara del aire.
La tibieza del aire enmascarado.
La máscara de la tibieza.
La fijeza que esconde toda máscara.
El fijador
que fija el humo al aire y nos da
la apariencia de una máscara.
El aire retratado.
El infinito retrato que es un espejo de aire.
Todo lo que el espejo airea.
Los trapitos al sol.
La ropa que el espejo cuelga de un alambre.
La ropa que vuela sin dejar el alambre.
El alambre que atrapa a la ropa en vuelo.
El vuelo del alambre.
La boca del alambre que muerde la ropa.
La ropa mordida.
Los dientes del vuelo.
La ropa que cuelga, yerta, de su alambre.
La sangre del agua que enjuagó la ropa.
La lágrima enjugada.
El llanto del dueño de la ropa.
El llanto de un dueño que se quedó sin ropa.
La desnudez de la ropa.
La muerte vestida.
El llanto que desnuda una muerte.
La misma muerte con lágrimas en los ojos.
Los ojos de la muerte.
La muerte de los ojos.

La muerte entendida como un faro.
La vida entendida como un océano.
El mar que muestra el faro.
El mar que no sabe que el faro lo muestra
y sigue siendo mar.
El mar sin máscara.
El faro, que no sabe que el mar no sabe,
y muestra siempre el mismo mar.
El color del cristal del faro.
La marea que marea al mar
que rompe contra el faro.
El faro borracho de tanto mar.
La borrachera del farero.
La borrachera del farero que alumbra en otro mar.
La traición del mar.
La traición del que va y viene
y no tiene rumbo fijo.
El ojo del farero.
El ojo del farero que traiciona su propio faro.
El farol en la casa del farero.
El farol en la casa de cualquiera.
Cualquiera que tenga un farol.
Cualquiera que se ufane de la luz de su farol.
La luz del que se ufana.
El afán de lucir.
El que se ufana de su luz.
El que ufano en su luz se da sentido.
La luz del sentido.
El principio del sentido.
El sentido entendido como un espejo.
El sentido entendido como un espejismo.
El espejismo del sentido
y otra vez la historia de la boa.


De Poemas sin libro, Ediciones en Danza, 2002

sábado, 26 de enero de 2013

Tengo débil la sombra

Tomada de www.autorexus.com.ar

Otros poemas de EDUARDO MILEO
(Buenos Aires, Argentina, 1953)

El sereno

No hay más que ver el silencio
con que el faro
señala a la luna su cara nueva.
***
Poemas de madrugada

La pesca en el hielo

Comencé a pescar en el hielo
cuando murió mi madre.
Todas las mañanas
iba en el trineo
a inventar de nuevo el mundo.
Los peces me daban el calor
de su movimiento.

Creo que sé lo que hago:
cavo un hueco y busco
vida en el útero helado.
***
Veneno

Como cada mañana se abre
con el olor del pan
se abrió mi corazón con el dolor
de tu partida.

Ubre de silencio me amamanta.
Túnica de harina me amortaja.
El trigo que se mueve con el viento
me mueve sin propósito.

No hay bendición que me contenga
ni consuelo que me llegue repartido.
El pan que me alimenta
es el pan que me envenena.
***
Ojos de gata 

Tengo la infancia olvidada
por un abuso del crepúsculo.
Cualquier mirón (mirlo) sagaz
puede ver en mis ojos
la hoguera
donde ardieron las brujas.

Mis ojos
de bolita japonesa.

Persas
fenicios
vándalos
aqueos
adoraron mi estirpe
el noble arte de ocultarme
entre sedas y especias.

Tengo débil la sombra
tensado el iris como un arco.
Acecho el corazón de las palomas.
Y mato enamorada
con un salto.

Mis ojos
de bolita japonesa.

Pero no doy consuelo.
No acompaño.
No espero.
Mi destino es errar:
perder el sueño.
Como un perfil egipcio
confundida entre símbolos
caeré con las hojas de mi otoño.
**
Tomados del blog del autor: Laprida 

viernes, 17 de febrero de 2012

Un día el perro se alcanza la cola

Otro poema inédito de EDUARDO MILEO
(Buenos Aires, Argentina, 1953)

Inimitable


No se parece a nada.
Es como un salto sin aire.

Uno sale de mañana
por la vereda del sol:
sucede entre los rayos.

Un día una gota
puede contener el agua entera.
Es así:
inesperado.
Como hablar en el vacío.
Creer para que el viento
mueva la copa de los árboles.

¿La mujer que se abanica?
Parece invisible.
Pero esto es distinto:
a veces está y a veces no está.
Como un defecto de la vista.

Un día el perro se alcanza la cola.
Uno vuelve de tardecita
con el sol en los ojos:
pasa en las mejores familias.

Es como nadar en el fuego.
No se parece a nada.

**
Cortesía del autor. Tomado de su blog Laprida.
*
Imagen: ImprovisaciónWassily Kandinsky

sábado, 1 de mayo de 2010

Se levanta sin dios


Una vez más,
EDUARDO MILEO


De Poemas del sin trabajo

Paisaje con pescadores

Mediodía de lunes.
En la costanera los
pescadores disfrutan
del sosiego.
Soleado como Dios
el día los arrulla. Les
da la bienvenida.
Nada desafina pues
nadie canta.

Los diamantes del sol
caídos en el agua
reflejan el deseo
del sin trabajo.
El hilo de su luz lo va llevando.
Lo aleja de la costa.
Lo marea.
Lo tumba boca abajo.
Zamarrea
su ebria lucidez.
El gran desocupado toca tierra.
***
Paisaje del desamparo

Baja el dolor como del cielo
Llega desde el mar
desde la sombra.
Clama como un árbol,
contra el viento.
Se levanta sin dios,
amanece sin templo.
Es una gota de barro
en el desierto.

El que está sin amor
camina lentamente.
Hasta el aire lo hiende
de astillas y plumas.
Muerde la vergüenza,
mastica la desdicha,
y es la comida que rumia lentamente.

El que está sin trabajo
camina lentamente.
Y mira al sin amor
y lo cree sin trabajo.
“Somos como dos gotas
-dice-
de sangre”
Y el dolor baja del cielo
y clava su estalactita.
***
San Cayetano

Es un día de fuego.
Estalla en los ojos
el sol de la cúpula
y es un incendio de odio la campana.

Cantan los fieles una fe que se apaga.
San Cayetano tiene la espiga marchita.

Pero bailan como alambres
las filas de fidedignos,
las columnas encendidas de la grey.

Es un día de fuego
porque hay fuego en los ojos
porque es de fuego el rostro que confía.

Es de fuego y tiene hambre.
La sombra no se come.

Ya no se bendice el agua.
Dios no tiene perdón.

El que está sin amor
o el que está sin trabajo
abandona la fila de creyentes
y camina junto a las paredes
escritas por los herejes.
**

copy: EDUARDO MILEO
Imagen: Edvard Munch, Scream (Tomada de arte.idoneos.com)

viernes, 12 de marzo de 2010

El nombre con que dios lo llama es piedra


Un poema inédito de
EDUARDO MILEO

(Buenos Aires, Argentina, 1953)

Michelangelo Buonarotti
(Caprese, 6 de marzo de 1475-
Roma, 18 de febrero de 1564)


Se asoma
bajo el manto que la noche deja caer sobre su espalda
se asoma con los ojos
heridos de haber dios.
No cree
pero todo lo que tiene en la vida es la fe
mover montañas con el mar de la fe.
Si lo vieran
repitiendo el nombre de las aves amadas
de los seres que han volado para siempre.

Pero su nombre es piedra
su verdadero nombre es piedra
el nombre con que dios lo llama es piedra.
Basta con sentir
su mano seca de rama sobre el rostro
sentir su mano seca.
Garganta que no grita
silencio que si escapara de su garganta gritaría.
Su nombre es abismo
en el que cae la piedra de su nombre.

Si eternidad fuera el instante
si el instante soñado eternidad se llamara
volar vería el fuego de su sombra.
Pero no
eternidad no se llamara ni un instante
hombre sería y de su fuego
nacería un dios en su garganta.
**

Imagen: La piedad, de Michelangelo Buonarotti

domingo, 29 de marzo de 2009

Un abuelo italiano no habla: come


Algunos poemas
de EDUARDO MILEO
(Buenos Aires, Argentina, 1953)


De Inmigrantes
(2007, fragmento)


Dos trabajadores aran, cultivan, martillan, inventan, bombean, atornillan. Se aman. Son, como Quevedo, polvo enamorado: se abrazan a la tierra que algún día serán.
**
Se esperan cartas. Oír la voz del ser amado. Ver su mano trazando la palabra insegura, amorosa, quebrada. Renovada en el amor, siempre la misma. Se espera ser amado, recordado, esperado. Se espera demasiado. La carta que llega no es para el que la recibe, sino para el que la esperaba.
(...)
Un abuelo italiano no habla: come. Una nieta argentina no escucha: mira comer. El espacio que hay entre los dos es una relación carnal. Los une la comida: se devoran. La niña llena una jarra: saciando al abuelo, se sacia. Paradójicamente, el hombre es un hueco, y la mujer un impulso que empuja y lo llena.
***

Del trabajo poético-musical Irala, sueño de amor y de conquista.
(La obra está estructurada con canciones, poemas y cartas. La música es del compositor Raúl Mileo.) Fragmento.


Muerte del guerrero
(De cómo la muerte de un soldado se parece a la muerte de cualquiera)


No respira.
El aire no se mueve.
Ni las hojas se mecen
al soplo de su boca.
No respira ni deja
su aliento sobre el vidrio.
Ni los ojos se mueven
en el cielo clavados.
No deja la noche de caer
sobre sus hombros.
No respira. Ya
no dejará de haberse ido.

Venganza
(De los sentimientos que producen en el hombre una perseverancia animal)

Rocío de beber.
Y nada más.
Que ayune el cielo hasta dar con ellos.
Cortar.
Dejar la selva llana y encontrarlos.
Y volver a cortar.
Pero esta vez cabezas.
Y luego sí:
los ríos que a la boca vengan beberlos
y comer lo de ayer
lo de hoy
lo de mañana.
Por ahora los ojos en la maleza.
Sólo cortar.
Y dar con ellos.
**

De Poemas del Sin Trabajo
(Ediciones en Danza, 2007)

El que está sin trabajo

El que está sin trabajo
cuelga de un perchero.
Su cotidiano deshacerse,
su ser nadie más que ropa
expuestos como un cuadro.
«Esto no es un perchero»,
habría dicho Magritte
si no fuera una momia,
una nada hecha de polvo y misterio.
Pero qué puede decir el sin trabajo
si desaparece de su ropa,
si no es nadie en el amor del mundo.

Con la punta de los dedos
aferra el puño de la camisa holgada.
Siente en la yema los hilos
de la tela raída.
Y vuelve a colgar de su perchero
como la momia de Magritte.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char