EDUARDO AINBINDER
(Buenos Aires, Argentina, 1968)
La imprevisión
es falta de esperanza,
es desnivelar la balanza
pensar que nada le va a ocurrir
a quien propone mantener
una correspondencia con el mundo
en donde todas las faltas
y desatenciones intelectuales
corren por su cuenta y cargo,
además adopta los adjetivos
que menos corresponden al sujeto,
la falta de lógica más elemental;
a ninguna cosa por su nombre llama,
nombra en forma solapada a quien más ama
y aunque sea del todo impostergable
nada registra con apodo perdurable
e incólume, siempre igual a sí mismo
llama a la imprevisión con eufemismo:
“Despertar en lugares imprevistos,
ni siquiera en sueños entrevistos”.
***
Casa de citas
Durante el viaje -no hubo accidentes
en la ruta- salvo la chatarra
de mariposas muertas
pegadas al radiador del auto.
La luz de Rembrandt mantuvo despiertos
a otros insectos, quiero decir: las cosas
suceden a las cosas
con fe ciega: -rápidamente-
un hotel
se levanta en el centro del campo
cuando bastaría con que
un cerebro encerrándose en sí mismo pudiera
pedir refugio de los propios pensamientos.
***
También las generaciones venideras
…objeto muerto del futuro
Horacio Castillo
tendrán su objeto muerto del futuro
a quien acudirán puntualmente a decir: “Tú me sobrevivirás”.
Sin temor a equivocarme, ya que permaneces innominada
en la lista de bajas del destino,
acudo a soplarte en la nuca: “Me sobrevivirás”.
Sin embargo, no soy un ingeniero,
puedo permitirme errores de cálculo,
soy el principal proveedor de esta tragicomedia,
¿no me creen? mejor así;
cuando las creederas y las asentaderas del gran público se juntan
ocurre lo peor; transformándose al tiempo en puras asentaderas,
hurtándole el procedimiento a la época
de practicar una lenta expiación
a través de un cristal de aumento
hasta en los actos que se cumplen
a puertas cerradas como la defecación,
si es que hoy en día tal acto no se cumple incontinenti
a la vista de todos, a la medida de cada uno.
Será –digo yo– por la corriente tendencia de la plebe
a desarrollarse en una síntesis superior
sólo de la cintura para abajo.
***
El malvado
Ante su tumba:
¿retrocederías como frente al mismísimo huracán,
o le reclamarías a viva voz por su vileza?
¿si fuera un pájaro lo llamarías pajarraco?
en todo caso si alguno viniera a increparlo
o a recriminarle por sus actos deberíamos contestar por él:
“¿Y tú quién te crees que eres; la cenicienta?;
entonces ve, cómprate una enorme calabaza
y haz de ella tu carruaje,
o en su defecto ten a un asno por mascota”
aunque la mansedumbre sin inteligencia
no es serenidad, otorga al cuerpo y al espíritu
una paz inservible.
Pero ahora que todavía se mueve y respira,
ocupado de la manera en que está
en hacer un daño tras otro
como otros estarán cerrando un libro que han terminado
e inmediatamente abriendo un nuevo libro;
por favor no lo interrumpas.