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miércoles, 7 de febrero de 2018

Y la anciana vivirá para contarlo

Eduardo Ainbinder
(Buenos Aires, Argentina, 1968) 

Foto: Mario Varela
Instrucciones para sostenerle la vela a una anciana

Si la materia no contuviera
sus propias leyes de autodestrucción
es probable que un demiurgo previsor
dejase precisas instrucciones
para la destrucción de lo rosado
blanquecino, beige, azul y oro,
lo rojizo, verdusco o incoloro,
en fin… de todo lo creado.
Pero las “Instrucciones para sostenerle
la vela a una anciana” son más bien imprecisas.
En ellas no figura cuánto tiempo
hay que sostener la vela,
si hasta el fin de nuestros días
o hasta que las pupilas se nos vuelvan cuadradas.
Y lo más preocupante, inquisidor de la conciencia,
si en todo caso cuando la vela se consuma
quien la sostiene estará muerto
y la anciana vivirá para contarlo.

Imagen: tomada del blog otra iglesia es imposible.

miércoles, 4 de enero de 2017

Lo superior se sujeta a lo inferior

Eduardo Ainbinder
Tomada de fpr

(Buenos Aires, Argentina, 1968)


COMER Y DORMIR

Hay hombres que viven toda su vida en el error,
otros, más antiguos, habitan las grietas
de una falla geológica;
vivas donde vivas también te llegará un día
en un sobre sin remitente
la fecha de vencimiento
de todo lo que se da y quita; haya en un costado
un corral: donde los que fueron
corderos saltando cercos en el sueño originario
son ahora alimañas llevando en el lomo
sellada la cuenta regresiva.
Todo, cual si despertaras
bebiendo y comiendo algo
de la mano de un débil mental,
acaso confirmando que demasiadas veces
lo superior se sujeta a lo inferior.


Eduardo Ainbinder en Carreras tras la fealdad (1997).

viernes, 22 de enero de 2016

Habrá quien vea en, por ejemplo, mi mamá me mima, un verso genial, otros no

Darío Rojo habla sobre ¡Párense derecho! de Eduardo Ainbinder


"En muchas ocasiones cuando Eduardo me contaba algún detalle de su vida, algún episodio gástrico, o alguna problemática de logística personal, mi comentario era siempre el mismo; en realidad era un sugerencia que nunca había sido solicitada, y era 
muy sencilla: trepanación. 
Al pensar en este libro de alguna manera me acordé de esa intervención quirúrgica, y entonces me pregunté por qué yo le decía eso, y creo que lo que yo trataba de decir, o mejor dicho, yo trataba de aludir a un mundo en el que él se moviera con mayor solvencia, el mundo de la literatura.
Porque en la literatura, o en cierta literatura que es la que este libro produce, la trepanación es un hecho, es decir, ya fue efectuada. Voy a tratar de explicar esto, porque bien puede dar a confusiones, no es una apología de los descerebrados, todo lo 
contrario.
En la literatura a un cerebro que funciona correctamente y reproduce fielmente sus mecanismos de desarrollo, se le hace muy difícil escribir poesía, diría que casi es imposible. El cerebro de un tonto, de un engolado, de un objetivista, aunque funcione en su mínima potencialidad, funciona bien, pero cuando escribe intenta reproducir el diseño de su casa matriz y ahí es cuando fracasa. Lo mismo ocurre con la emoción y con tantos otros procesos que de alguna manera configuran la realidad, no tiene sentido reproducirlos respetando cada una de sus leyes, sin ningún tipo de contaminación. Esto puede parecer una obviedad y para otros algo a discutir, habrá quien vea en, por ejemplo, mi mamá me mima, un verso genial, otros no, pero bueno... no importa.
Por esto mismo me parece que una de las razones de la solvencia de estos poemas es la renuncia parcial, en realidad, la atenuación de la naturaleza de esos procesos que hacen a un ser humano en pos de un hecho literario. Aquí se trepana, se renuncia, se adecua para que funcione esa realidad que es la literatura.
De todos modos, las herramientas que en este libro se utilizan para lograr esa autonomía son múltiples y exceden el espacio de una presentación, pero una que me parece que es bastante curiosa es la vía del naturalismo fantástico. En ese tipo de narración en la que se describe una cotidianidad enriquecida con elementos no inmediatos, casi nacidos en la imaginación, de alguna manera nos obliga a cambiar nuestra postura, a pararnos derecho y convivir mientras dura la lectura, o en este caso la escucha, con leyes destinadas a transformar cada palabra en procura de la creación de un nuevo valor de entendimiento, que solo puede producirse cuando se entiende que hay un valor especifico en la creación de un poema, en donde las fuerzas interiores son mucho más fuertes que cualquier suceso exterior. Es decir, el poema es ese lugar en donde la realidad llega para ser transformada.
Esto, creo, que es un logro poco común en estos días, y como en todo triunfo hay una paradoja, me parece que la que aquí se presenta con mayor fuerza, es la de cómo desde cierta neutralidad se logra un alto grado de extrañeza y un decir profundamente íntimo y conmovedor."

Darío Rojo
(Eduardo Castex, provincia de La Pampa, Argentina, 1964)

Para leer algunos de sus poemas, haga clic AQUÍ
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Eduardo Ainbinder
(Buenos Aires, Argentina, 1968)

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viernes, 18 de septiembre de 2015

En una cruzada contra el facilismo



EDUARDO AINBINDER
(Buenos Aires, Argentina, 1968)

Érase un señor

que mientras indefectiblemente
se dirigía hacia un horizonte
de iluminaciones negativas, repetía para sí:
"El mayor tesoro que un hombre posee es agradar".
"El mayor tesoro que un hombre posee es agradar".
Y cuando pensó que tras pronunciar estas palabras
en vez de insectos zancudos
distinguidas damas se le acercarían,
de pronto encontróse
a una inquisitiva mujer
en estado exasperante:
"¿Por qué no puedo estar yo
en estado interesante?
¿Acaso los tiempos muertos
en los que transcurren los maleficios
no son en verdad, ocios propicios,
para pasar de un estado a otro?".
Una y otra vez se preguntaba
aquella señora en estado exasperante
que sólo quería estar en estado interesante.
**
FENÓMENO

Oh si viniera una bella niña en edad de merecer
y lo tomara de las manos
sin dudarlo retrocedería ante tal fenómeno
y dejando de lado la parábola, salto mortal o caída libre,
con una previa voltereta circense
iría a echarse en los musculosos brazos del absurdo;
y cuál sino este acto es lo que le otorga una estirpe,
ya no un león en su escudo sino una alimaña.
Oh si viniera ahora en su defecto una viejecita
-jactándose de haber sido una bella joven-
y lo tomara de las manos
sin dudarlo retrocedería ante tal fenómeno
pues a su calavera se le antoja
“que ni siquiera un seno blando
entibia una mano muerta”.
No, no vendrá y ninguna otra niña merecedora
se acercará jamás a ese regazo de lo ridículo
donde se encuentra hace cien años,
ni se daría cuenta de que las jornadas pasan y pasan
si no fuera por esa rana que todos los días
viene a mear en el acervo de lo cotidiano.
**
HABÍA UN ANCIANO

que era incapaz de hacer
una correcta composición de lugar.
No sabemos las razones verdaderas,
presumimos falta de entendederas,
para lo irrelevante memoria de elefante,
lo interesante no lograba retener ni un día
aquel anciano incapaz de hacer
una correcta composición de lugar.
En una caminata por suelo lunar
en los bajos fondos o en las altas esferas
en inhabitables salas de espera,
en una cruzada contra el facilismo
o en una interminable velada de los incautos:
no sabía dónde, dónde
había extraviado su vida.
Buscaba y más buscaba
y el lugar no encontraba.

De ¡Párense derecho!, Gog y Magog, Buenos Aires, 2015.

jueves, 28 de marzo de 2013

Cada tanto hay que gritarle: ¡Párese derecha!

Tomada de edicionesgogymagog.blogspot.com
EDUARDO AINBINDER
(Buenos Aires, Argentina, 1968)

Acaso se multiplicarán
como los males y las pestes? No, odiada y odiado hasta ser uno solo, ya no susceptible de adoptar cualquier forma, ni siquiera la infancia o una vida anterior recuerdan su antigua forma humana cuando la madre de todas las cosas ya era lo que es hoy: una anciana requetevieja a la que no se le ven los ojos ni la cara, arrastra los pies y como encorva cada vez más el lomo cada tanto hay que gritarle: ¡Párese derecha! Odiada en el odiado dirige a la madre de todas las cosas la suma de su odio, detesta lo disperso
y también a quienes juntan palabras.
***
Sépanlo:
nuestra forma de gobierno se da mediante un mecanismo de poleas, cuando sube al poder un enano baja un gigante, o viceversa. Mi filosofía no ha ido más allá de escribir insultos contra el régimen en el interior de las grutas que otros inmediatamente leerán como elogios ya que veinticuatro horas al día funciona la maquina de transformar vituperios en alabanzas. Con más acierto andaban quienes dejaron escritos sus consejos amorosos en un abanico, lo sé. Y como de escribir en las grutas diatribas contra el régimen no se vive, ante la mirada atenta de mi superior, puloi en mano, limpiando cacas e insultos
de la estatua del tirano de turno, voy.
***
Mapas
En el apasionamiento de
un bostezo. Esos encuentros.
En lo estrecho. Como en la
oscuridad –La nitidez del
dolor- de darse las bolas
contra la mesita
de luz:
el ojo y la luz: una cita
truncada en el torrente.
Una rima mal
hecha
***
VIDENTES, PESIMISTAS, FALSOS PROFETAS

Algunos animales, no sé cuáles,
y esos muñecos de pies redondos
que caen siempre bien parados
saben lo que va a pasar y aun así
la pregunta es por el mañana;
sentada sobre mis rodillas interroga:
-Usted señor, mañana, ¿a qué hora se levanta?
-Temprano, a la hora de los fusilamientos
y salgo a trabajar junto a esa gran mayoría
vividora del comercio consistente
en comprar a desprotegidas ancianas
sus antiguallas por centavos, para venderlas
a precio vil al mejor postor, que no es sino
un revendedor que a su vez adquiere “la pieza”
para venderla al triple y así sucesivamente.
Con una salvedad; los de nariz colorada
estamos condenados a la atención al público,
y el público, por nuestra negligencia,
por nuestra reticencia, por nuestro desgano, nos condena.
Me levanto temprano, a la hora de los fusilamientos.

jueves, 16 de agosto de 2012

A ninguna cosa por su nombre llama


EDUARDO AINBINDER
(Buenos Aires, Argentina, 1968)

La imprevisión

es falta de esperanza,
es desnivelar la balanza
pensar que nada le va a ocurrir
a quien propone mantener
una correspondencia con el mundo
en donde todas las faltas
y desatenciones intelectuales
corren por su cuenta y cargo,
además adopta los adjetivos
que menos corresponden al sujeto,
la falta de lógica más elemental;
a ninguna cosa por su nombre llama,
nombra en forma solapada a quien más ama
y aunque sea del todo impostergable
nada registra con apodo perdurable
e incólume, siempre igual a sí mismo
llama a la imprevisión con eufemismo:
“Despertar en lugares imprevistos,
ni siquiera en sueños entrevistos”.
***
Casa de citas

Durante el viaje -no hubo accidentes
en la ruta- salvo la chatarra
de mariposas muertas
pegadas al radiador del auto.
La luz de Rembrandt mantuvo despiertos
a otros insectos, quiero decir: las cosas
suceden a las cosas
con fe ciega: -rápidamente- un hotel
se levanta en el centro del campo
cuando bastaría con que
un cerebro encerrándose en sí mismo pudiera
pedir refugio de los propios pensamientos.
***
También las generaciones venideras

…objeto muerto del futuro
Horacio Castillo

tendrán su objeto muerto del futuro
a quien acudirán puntualmente a decir: “Tú me sobrevivirás”.
Sin temor a equivocarme, ya que permaneces innominada
en la lista de bajas del destino,
acudo a soplarte en la nuca: “Me sobrevivirás”.
Sin embargo, no soy un ingeniero,
puedo permitirme errores de cálculo,
soy el principal proveedor de esta tragicomedia,
¿no me creen? mejor así;
cuando las creederas y las asentaderas del gran público se juntan
ocurre lo peor; transformándose al tiempo en puras asentaderas,
hurtándole el procedimiento a la época
de practicar una lenta expiación
a través de un cristal de aumento
hasta en los actos que se cumplen
a puertas cerradas como la defecación,
si es que hoy en día tal acto no se cumple incontinenti
a la vista de todos, a la medida de cada uno.
Será –digo yo– por la corriente tendencia de la plebe
a desarrollarse en una síntesis superior
sólo de la cintura para abajo.
***
El malvado

Ante su tumba:
¿retrocederías como frente al mismísimo huracán,
o le reclamarías a viva voz por su vileza?
¿si fuera un pájaro lo llamarías pajarraco?
en todo caso si alguno viniera a increparlo
o a recriminarle por sus actos deberíamos contestar por él:
“¿Y tú quién te crees que eres; la cenicienta?;
entonces ve, cómprate una enorme calabaza
y haz de ella tu carruaje,
o en su defecto ten a un asno por mascota”
aunque la mansedumbre sin inteligencia
no es serenidad, otorga al cuerpo y al espíritu
una paz inservible.
Pero ahora que todavía se mueve y respira,
ocupado de la manera en que está
en hacer un daño tras otro
como otros estarán cerrando un libro que han terminado
e inmediatamente abriendo un nuevo libro;
por favor no lo interrumpas.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char