Edgar Lee Masters
(EE.UU., 1868 – 1950)
Edith Conant
Estamos por acá -nosotros, los recuerdos;
Se nos empañan los ojos, nos espanta leer:
"Junio 17, 1884, edad: 21 años y 3 días."
Todo ha cambiado.
Y nosotros -nosotros, los recuerdos, parados aquí, librados a nosotros mismos,
Sin que nadie lo note, ni sepa por qué estamos acá.
Tu marido murió, tu hermana vive lejos,
Tu padre, abatido por los años,
Te olvidó, y apenas si abandona la casa
Cada tanto.
Nadie recuerda tu rostro exquisito,
Ni tu lírica voz.
Cómo cantabas -aún esa mañana en que fuiste golpeada-
Con dulzura penetrante, con pena conmovedora,
Antes de la llegada del niño que murió contigo.
Todo está olvidado, salvo por nosotros, los recuerdos
Olvidados por el mundo.
Todo cambió, excepto el río y la colina-
Incluso ellos cambiaron.
Solo el ardiente sol y las estrellas silenciosas son los mismos.
Y nosotros -nosotros, los recuerdos, permanecemos aquí, anonadados,
Cerrados nuestros ojos en el cansancio de las lágrimas-
En el cansancio inmensurable.
Versión: Isaias Garde
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martes, 13 de febrero de 2018
miércoles, 11 de junio de 2014
¡Yo anhelé tanto el amor! ¡Yo ansié tanto la vida!
EDGAR LEE MASTERS
(EE.UU., 1868-1950)
DIEZ POEMAS
LA COLINA
¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
El débil de voluntad, el fuerte de brazo, el payaso, el borrachín, el luchador?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.
Uno murió de una fiebre,
Uno murió quemado en una mina,
Uno fue muerto en una pendencia,
Uno murió en una cárcel,
Uno cayó de un puente trabajando asiduamente para sus niños y esposa-
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.
¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
El tierno corazón, el alma simple, la ruidosa, la orgullosa, la feliz?
Todas, todas están durmiendo sobre la colina.
Una murió en un vergonzoso nacimiento de un niño,
Una de un frustrado amor,
Una a manos de un bruto en un burdel,
Una de un orgullo roto, en la búsqueda del deseo del corazón;
Una después de vivir lejos en Londres y París
Había llevado a su pequeño espacio a Ella y Kate y Mag-
Todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.
¿Dónde están el Tío Isaac y Tía Emily,
Y el viejo Towny Kincaid y Sevigne Houghton,
Y Major Walker quien había conversado
Con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.
Ellos les llevaron hijos muertos de la guerra,
E hijas cuyas vidas estaban aplastadas,
Y sus niños sin padres, llorando-
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.
¿Dónde está el viejo Fiddler Jones
Quien jugó con la vida todos sus noventa años,
Arrostrando la cellisca con pecho desnudo,
Bebiendo, alborotando, no pensando en la esposa ni en los parientes,
Ni en el oro, ni en el amor, ni en el cielo?
¡He aquí! Él parlotea sobre pescados fritos por largo tiempo,
Sobre las carreras de caballos por largo tiempo en Clary Grove,
De lo que Abe Lincoln (1) dijo
Una vez en Springfield.
_______
1.- Abraham Lincoln.
ROBERT FULTON TANNER
Si un hombre pudo morder la mano gigante
Que lo atrapó y destruyó a él,
Como si yo estuviese mordido por una rata
Mientras demostraba mi potente trampa,
En mi quincalla aquel día.
Pero un hombre nunca puede vengarse él mismo
Del monstruo ogro vida.
Tú entras al cuarto en que está naciendo:
Y entonces tú debes vivir a fuerza de trabajo de tu alma,
A contracorriente en la vida
La cual Acarrea honor al muerto, quien vivió en la vergüenza.
SEREPTA MASON
La flor de mi vida puede haber florecido por todos los lados
Librada de un amargo viento que pasma mis pétalos
En el lado de mí que tú puedes ver en el pueblo.
Del polvo yo elevo una voz de protesta:
¡Mi lado florecido tú nunca lo viste!
Los que viven, son los tontos verdaderamente
Quienes no conocen las maneras del viento
Y las fuerzas invisibles
Que gobiernan el proceso de la vida.
CHASE HENRY
EN vida yo era el borrachín del pueblo;
Cuando morí el sacerdote rehusó enterrarme
En suelo sagrado.
Lo cual redundó en mi buena fortuna.
Para los Protestantes vendieron este lote,
Y enterraron mi cuerpo aquí,
Cerca de la tumba del banquero Nicholas,
Y de su esposa Priscila.
Tomen nota, prudentes y pías almas,
De la contracorriente en la vida
Que brinda honor al muerto, quien vivió en la vergüenza.
JUDGE SOMERS
¿Cómo sucede, dime,
Que yo quien era el más erudito de los abogados,
Quien conocía Blackstone y Coke
Casi por corazón, quien hizo el más grande discurso
Que en el tribunal alguna vez se oyó, y escribió
Un compendio que ganó el premio Justice Breese
Cómo sucede, dime,
Que yo yazga aquí sin marca, olvidado,
Mientras Chase Henry, el borrachín del pueblo,
Tiene un bloque de mármol, coronado por una urna
En donde la Naturaleza, de un modo irónico,
Ha sembrado un floreciente hierbajo?
TRAINOR, EL BOTICARIO
Solamente el químico puede decir, y no siempre el químico,
¿Qué resultará de la mezcla
De fluidos o sólidos,
Y quién puede decir
Cómo los hombres y las mujeres interactuarán
Recíprocamente, o qué niños resultarán?
Hubo Benjamin Pantier y su esposa,
Buenos en sí mismos, pero malos hacia el otro;
Él oxígeno; ella, hidrógeno,
Su hijo, un devastador fuego.
Yo, Trainor, el boticario, un avaro de los productos químicos,
Asesinado mientras hacía un experimento,
Vivía soltero.
MINERVA JONES
YO SOY Minerva, la poetisa del pueblo,
Grito, me burlo de las Personas Dominadas por las Pasiones Bestiales de la calle
Por mi pesado cuerpo, ojos de gallo, y caminar balanceado,
Y tanto más cuando “Butch” Weldy
Me capturó después de una brutal persecución.
Él me dejó a mi suerte con el Doctor Meyers;
Y yo me hundí en la muerte, creciendo entumecida desde los pies,
Como uno que caminara profundo y más profundo dentro de un torrente de hielo.
¿Alguno irá al periódico del pueblo,
Y reunirá en un libro los versos que yo escribí?-
¡Yo anhelé tanto el amor
Yo ansié tanto la vida!
“INDIGNACIÓN” JONES
Debería usted no creer, ¿debería usted creer
Que yo provengo de buena estirpe de Gales?
¿Que yo soy de más pura sangre que los blancos pobres de aquí?
¿Y del más directo linaje que los
Nuevos Ingleses y Virginianos de Spoon River?
Debiera usted no creer que yo he estado en la escuela
Y leí algunos libros.
Tú me ves sólo como un hombre quebrantado
Con el pelo acabado y deprimido
Y la ropa rasgada.
Algunas veces la vida de un hombre se convierte en un cáncer
Desde que es magullado y continuamente magullado,
Y se hincha en una masa purpurina
Como el crecimiento de los tallos del maíz.
Aquí era yo, un carpintero, atascado en el fango de la vida
Dentro de la cual yo caminaba, pensando que era una pradera,
Con una mujer desaliñada por esposa, y la pobre Minerva, mi hija,
A quien tú atormentaste y condujiste a la muerte.
Así, yo me arrastré, me arrastré, como un caracol de tierra a través de los días
De mi vida.
Tú no escuchaste más mis pasos en la mañana.
Resonando en la vacía acera
Al ir a la abacería por un poco de harina de maíz
Y cinco centavos (1) de tocino.
_______
1.- Nickel: moneda de níquel de cinco centavos.
“BUTCH” WELDY
DESPUÉS que yo me metí en la religión y me estabilicé
Ellos me dieron un empleo en los trabajos de conservas alimenticias;
Y cada mañana yo tenía que llenar
El tanque en el patio con gasolina,
Que alimentaba los hornos en los sotechados
Para calentar los soldadores.
Y yo me montaba a una desvencijada escalera de mano a hacerlo,
Cargando cubos llenos del material.
Una mañana, mientras yo estaba parado allí vertiendo,
El aire creció sin cesar y parecía alzarse,
Y yo fui disparado como si el tanque hubiese explotado,
Y caí y salí con ambas piernas quebradas.
Y mis ojos se quemaron como un par de huevos.
Por alguien salí del fuego,
Y algo chupó la llamarada en el tanque.
El Juez de Circuito dijo que cualquiera que lo hubiese hecho
Era un compañero sirviente mío, y así
El hijo del viejo Rhodes no debía pagarme.
Y yo me senté en el estrado de los testigos tan ciego
Como necesita el violinista, diciendo una y otra vez,
“Yo no lo conozco a él de ningún modo”.
LYDIA PUCKETT
KNOWLT HOHEIMER huyó a la guerra
El día antes que Curl Trenary
Incoara una orden de arresto a través de Justicia Arnett
Por el hurto de puercos.
Pero esa no es la razón que lo convirtió en soldado.
Él me atrapó corriendo con Lucius Atherton.
Nosotros peleamos y yo le dije que nunca de nuevo
Cruzara mi senda.
Entonces él hurtó los puercos y se fue a la guerra-
Detrás de cada soldado está una mujer.
(Selección y traducción de SPOON RIVER ANTHOLOGY, por Wilfredo Carrizales)
Fuente: Revista Cinosargo
Tomado de adamar.org
(EE.UU., 1868-1950)
DIEZ POEMAS
LA COLINA
¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
El débil de voluntad, el fuerte de brazo, el payaso, el borrachín, el luchador?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.
Uno murió de una fiebre,
Uno murió quemado en una mina,
Uno fue muerto en una pendencia,
Uno murió en una cárcel,
Uno cayó de un puente trabajando asiduamente para sus niños y esposa-
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.
¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
El tierno corazón, el alma simple, la ruidosa, la orgullosa, la feliz?
Todas, todas están durmiendo sobre la colina.
Una murió en un vergonzoso nacimiento de un niño,
Una de un frustrado amor,
Una a manos de un bruto en un burdel,
Una de un orgullo roto, en la búsqueda del deseo del corazón;
Una después de vivir lejos en Londres y París
Había llevado a su pequeño espacio a Ella y Kate y Mag-
Todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.
¿Dónde están el Tío Isaac y Tía Emily,
Y el viejo Towny Kincaid y Sevigne Houghton,
Y Major Walker quien había conversado
Con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.
Ellos les llevaron hijos muertos de la guerra,
E hijas cuyas vidas estaban aplastadas,
Y sus niños sin padres, llorando-
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.
¿Dónde está el viejo Fiddler Jones
Quien jugó con la vida todos sus noventa años,
Arrostrando la cellisca con pecho desnudo,
Bebiendo, alborotando, no pensando en la esposa ni en los parientes,
Ni en el oro, ni en el amor, ni en el cielo?
¡He aquí! Él parlotea sobre pescados fritos por largo tiempo,
Sobre las carreras de caballos por largo tiempo en Clary Grove,
De lo que Abe Lincoln (1) dijo
Una vez en Springfield.
_______
1.- Abraham Lincoln.
ROBERT FULTON TANNER
Si un hombre pudo morder la mano gigante
Que lo atrapó y destruyó a él,
Como si yo estuviese mordido por una rata
Mientras demostraba mi potente trampa,
En mi quincalla aquel día.
Pero un hombre nunca puede vengarse él mismo
Del monstruo ogro vida.
Tú entras al cuarto en que está naciendo:
Y entonces tú debes vivir a fuerza de trabajo de tu alma,
A contracorriente en la vida
La cual Acarrea honor al muerto, quien vivió en la vergüenza.
SEREPTA MASON
La flor de mi vida puede haber florecido por todos los lados
Librada de un amargo viento que pasma mis pétalos
En el lado de mí que tú puedes ver en el pueblo.
Del polvo yo elevo una voz de protesta:
¡Mi lado florecido tú nunca lo viste!
Los que viven, son los tontos verdaderamente
Quienes no conocen las maneras del viento
Y las fuerzas invisibles
Que gobiernan el proceso de la vida.
CHASE HENRY
EN vida yo era el borrachín del pueblo;
Cuando morí el sacerdote rehusó enterrarme
En suelo sagrado.
Lo cual redundó en mi buena fortuna.
Para los Protestantes vendieron este lote,
Y enterraron mi cuerpo aquí,
Cerca de la tumba del banquero Nicholas,
Y de su esposa Priscila.
Tomen nota, prudentes y pías almas,
De la contracorriente en la vida
Que brinda honor al muerto, quien vivió en la vergüenza.
JUDGE SOMERS
¿Cómo sucede, dime,
Que yo quien era el más erudito de los abogados,
Quien conocía Blackstone y Coke
Casi por corazón, quien hizo el más grande discurso
Que en el tribunal alguna vez se oyó, y escribió
Un compendio que ganó el premio Justice Breese
Cómo sucede, dime,
Que yo yazga aquí sin marca, olvidado,
Mientras Chase Henry, el borrachín del pueblo,
Tiene un bloque de mármol, coronado por una urna
En donde la Naturaleza, de un modo irónico,
Ha sembrado un floreciente hierbajo?
TRAINOR, EL BOTICARIO
Solamente el químico puede decir, y no siempre el químico,
¿Qué resultará de la mezcla
De fluidos o sólidos,
Y quién puede decir
Cómo los hombres y las mujeres interactuarán
Recíprocamente, o qué niños resultarán?
Hubo Benjamin Pantier y su esposa,
Buenos en sí mismos, pero malos hacia el otro;
Él oxígeno; ella, hidrógeno,
Su hijo, un devastador fuego.
Yo, Trainor, el boticario, un avaro de los productos químicos,
Asesinado mientras hacía un experimento,
Vivía soltero.
MINERVA JONES
YO SOY Minerva, la poetisa del pueblo,
Grito, me burlo de las Personas Dominadas por las Pasiones Bestiales de la calle
Por mi pesado cuerpo, ojos de gallo, y caminar balanceado,
Y tanto más cuando “Butch” Weldy
Me capturó después de una brutal persecución.
Él me dejó a mi suerte con el Doctor Meyers;
Y yo me hundí en la muerte, creciendo entumecida desde los pies,
Como uno que caminara profundo y más profundo dentro de un torrente de hielo.
¿Alguno irá al periódico del pueblo,
Y reunirá en un libro los versos que yo escribí?-
¡Yo anhelé tanto el amor
Yo ansié tanto la vida!
“INDIGNACIÓN” JONES
Debería usted no creer, ¿debería usted creer
Que yo provengo de buena estirpe de Gales?
¿Que yo soy de más pura sangre que los blancos pobres de aquí?
¿Y del más directo linaje que los
Nuevos Ingleses y Virginianos de Spoon River?
Debiera usted no creer que yo he estado en la escuela
Y leí algunos libros.
Tú me ves sólo como un hombre quebrantado
Con el pelo acabado y deprimido
Y la ropa rasgada.
Algunas veces la vida de un hombre se convierte en un cáncer
Desde que es magullado y continuamente magullado,
Y se hincha en una masa purpurina
Como el crecimiento de los tallos del maíz.
Aquí era yo, un carpintero, atascado en el fango de la vida
Dentro de la cual yo caminaba, pensando que era una pradera,
Con una mujer desaliñada por esposa, y la pobre Minerva, mi hija,
A quien tú atormentaste y condujiste a la muerte.
Así, yo me arrastré, me arrastré, como un caracol de tierra a través de los días
De mi vida.
Tú no escuchaste más mis pasos en la mañana.
Resonando en la vacía acera
Al ir a la abacería por un poco de harina de maíz
Y cinco centavos (1) de tocino.
_______
1.- Nickel: moneda de níquel de cinco centavos.
“BUTCH” WELDY
DESPUÉS que yo me metí en la religión y me estabilicé
Ellos me dieron un empleo en los trabajos de conservas alimenticias;
Y cada mañana yo tenía que llenar
El tanque en el patio con gasolina,
Que alimentaba los hornos en los sotechados
Para calentar los soldadores.
Y yo me montaba a una desvencijada escalera de mano a hacerlo,
Cargando cubos llenos del material.
Una mañana, mientras yo estaba parado allí vertiendo,
El aire creció sin cesar y parecía alzarse,
Y yo fui disparado como si el tanque hubiese explotado,
Y caí y salí con ambas piernas quebradas.
Y mis ojos se quemaron como un par de huevos.
Por alguien salí del fuego,
Y algo chupó la llamarada en el tanque.
El Juez de Circuito dijo que cualquiera que lo hubiese hecho
Era un compañero sirviente mío, y así
El hijo del viejo Rhodes no debía pagarme.
Y yo me senté en el estrado de los testigos tan ciego
Como necesita el violinista, diciendo una y otra vez,
“Yo no lo conozco a él de ningún modo”.
LYDIA PUCKETT
KNOWLT HOHEIMER huyó a la guerra
El día antes que Curl Trenary
Incoara una orden de arresto a través de Justicia Arnett
Por el hurto de puercos.
Pero esa no es la razón que lo convirtió en soldado.
Él me atrapó corriendo con Lucius Atherton.
Nosotros peleamos y yo le dije que nunca de nuevo
Cruzara mi senda.
Entonces él hurtó los puercos y se fue a la guerra-
Detrás de cada soldado está una mujer.
(Selección y traducción de SPOON RIVER ANTHOLOGY, por Wilfredo Carrizales)
Fuente: Revista Cinosargo
Tomado de adamar.org
sábado, 1 de junio de 2013
Sentado en la ribera del Spoon turbio
EDGAR LEE MASTERS
(EE.UU., 1868-1950)
De Antología de Spoon River
Amanda Barker
Henry me embarazó
sabiendo que no podía dar a luz
sin perder la vida.
Así fue que en mi juventud
pasé por los portales de polvo.
Viajero: en el pueblo donde viví se cree
que Henry me amó con amor de esposo,
mas proclamo desde el polvo
que por satisfacer su odio me mató.
***
Theodore el poeta
De niño te pasabas horas y horas
Sentado en la ribera del Spoon turbio.
Los ojos fijos en la entrada de la guarida,
Esperando que el cangrejo de río
Saliera y se arrastrara por la orilla arenosa.
Veías primero sus antenas trémulas,
Briznas de paja al viento.
Luego su cuerpo de color de greda,
Adornado por ojos negro azabache.
Como en trance te preguntabas:
Qué sabe, qué desea, para qué vive el cangrejo.
Más tarde dirigiste la mirada
Hacia hombres y mujeres
Ocultos del destino en sus guaridas
De las grandes ciudades
Y esperaste que salieran sus almas
Para ver cómo
Y con qué objeto viven
Y para qué se arrastran con tanto afán
Por la orilla arenosa en la que falta el agua
Cuando termina el verano.
Versiones de José Emilio Pacheco
(EE.UU., 1868-1950)
De Antología de Spoon River
Amanda Barker
Henry me embarazó
sabiendo que no podía dar a luz
sin perder la vida.
Así fue que en mi juventud
pasé por los portales de polvo.
Viajero: en el pueblo donde viví se cree
que Henry me amó con amor de esposo,
mas proclamo desde el polvo
que por satisfacer su odio me mató.
***
Theodore el poeta
De niño te pasabas horas y horas
Sentado en la ribera del Spoon turbio.
Los ojos fijos en la entrada de la guarida,
Esperando que el cangrejo de río
Saliera y se arrastrara por la orilla arenosa.
Veías primero sus antenas trémulas,
Briznas de paja al viento.
Luego su cuerpo de color de greda,
Adornado por ojos negro azabache.
Como en trance te preguntabas:
Qué sabe, qué desea, para qué vive el cangrejo.
Más tarde dirigiste la mirada
Hacia hombres y mujeres
Ocultos del destino en sus guaridas
De las grandes ciudades
Y esperaste que salieran sus almas
Para ver cómo
Y con qué objeto viven
Y para qué se arrastran con tanto afán
Por la orilla arenosa en la que falta el agua
Cuando termina el verano.
Versiones de José Emilio Pacheco
martes, 18 de enero de 2011
¡Yo ansié tanto la vida!
EDGAR LEE MASTERS
(EE.UU., 1868-1950)
De Antología de Spoon River
Penniwit, el artista
Me quedé sin clientela en Spoon River
tratando de meterle espíritu a la cámara
para captar el alma de la gente.
La mejor de todas mis fotos
fue la que le tomé al juez Somers, doctor en leyes.
Se sentó erguido y me hizo esperar
hasta que pudo enderezar sus ojos bizcos.
Cuando estuvieron rectos me dijo: «Listo».
Le contesté: «deniego» y se volvió a embizcar.
Lo agarré como solía ser
cuando decía: «Me opongo».
***
LYDIA PUCKETT
Knowlt Hoheimer huyó a la guerra
El día antes que Curl Trenary
Iniciara una orden de arresto a través de Justicia Arnett
Por el hurto de puercos.
Pero esa no es la razón que lo convirtió en soldado.
Él me atrapó corriendo con Lucius Atherton.
Nosotros peleamos y yo le dije que nunca de nuevo
Cruzara mi senda.
Entonces él hurtó los puercos y se fue a la guerra.
Detrás de cada soldado está una mujer.
***
MINERVA JONES
Yo soy Minerva, la poetisa del pueblo,
Grito, me burlo de las Personas Dominadas por las Pasiones Bestiales de la calle
Por mi pesado cuerpo, ojos de gallo, y caminar balanceado,
Y tanto más cuando “Butch” Weldy
Me capturó después de una brutal persecución.
Él me dejó a mi suerte con el Doctor Meyers;
Y yo me hundí en la muerte, creciendo entumecida desde los pies,
Como uno que caminara profundo y más profundo dentro de un torrente de hielo.
¿Alguno irá al periódico del pueblo,
Y reunirá en un libro los versos que yo escribí?
¡Yo anhelé tanto el amor
Yo ansié tanto la vida!
***
Julia Miller
Nos peleamos esa mañana
porque él tenía sesenta y cinco años y yo treinta,
me sentía nerviosa y pesada con el niño
cuyo nacimiento me atemorizaba.
Recordaba la última carta
que aquella joven alma alienada
me había escrito
y cuyo abandono escondí
casándome con el viejo.
Luego tomé morfina y me senté a leer.
A través de la oscuridad que invadió mis ojos
sigo viendo la luz parpadeante de estas palabras:
«Y Jesús le dijo: –En verdad, en verdad
os digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
***
Margaret Fuller Slack
Podría haber sido tan grande como George Eliot
pero el destino no quiso.
Miren la foto que me hizo Penniwit,
con el mentón apoyado en la mano y los ojos profundos,
grises también y penetrantes.
Pero existía el viejo, viejo problema:
¿Celibato, matrimonio o libertinaje?
Luego John Slack, el rico farmacista, apareció tentándome
con la promesa de libertad para mi novela,
y me casé, trayendo al mundo ocho hijos.
Y ya no tuve tiempo de escribir.
De todas maneras, para mí todo estaba acabado
cuando la aguja me atravesó la mano
lavando los pañales del bebé,
y morí de tétano, una irónica muerte.
Escuchadme, ánimas ambiciosas:
¡El sexo es la maldición de la vida!
**
Traducción: s/d
(EE.UU., 1868-1950)
De Antología de Spoon River
Penniwit, el artista
Me quedé sin clientela en Spoon River
tratando de meterle espíritu a la cámara
para captar el alma de la gente.
La mejor de todas mis fotos
fue la que le tomé al juez Somers, doctor en leyes.
Se sentó erguido y me hizo esperar
hasta que pudo enderezar sus ojos bizcos.
Cuando estuvieron rectos me dijo: «Listo».
Le contesté: «deniego» y se volvió a embizcar.
Lo agarré como solía ser
cuando decía: «Me opongo».
***
LYDIA PUCKETT
Knowlt Hoheimer huyó a la guerra
El día antes que Curl Trenary
Iniciara una orden de arresto a través de Justicia Arnett
Por el hurto de puercos.
Pero esa no es la razón que lo convirtió en soldado.
Él me atrapó corriendo con Lucius Atherton.
Nosotros peleamos y yo le dije que nunca de nuevo
Cruzara mi senda.
Entonces él hurtó los puercos y se fue a la guerra.
Detrás de cada soldado está una mujer.
***
MINERVA JONES
Yo soy Minerva, la poetisa del pueblo,
Grito, me burlo de las Personas Dominadas por las Pasiones Bestiales de la calle
Por mi pesado cuerpo, ojos de gallo, y caminar balanceado,
Y tanto más cuando “Butch” Weldy
Me capturó después de una brutal persecución.
Él me dejó a mi suerte con el Doctor Meyers;
Y yo me hundí en la muerte, creciendo entumecida desde los pies,
Como uno que caminara profundo y más profundo dentro de un torrente de hielo.
¿Alguno irá al periódico del pueblo,
Y reunirá en un libro los versos que yo escribí?
¡Yo anhelé tanto el amor
Yo ansié tanto la vida!
***
Julia Miller
Nos peleamos esa mañana
porque él tenía sesenta y cinco años y yo treinta,
me sentía nerviosa y pesada con el niño
cuyo nacimiento me atemorizaba.
Recordaba la última carta
que aquella joven alma alienada
me había escrito
y cuyo abandono escondí
casándome con el viejo.
Luego tomé morfina y me senté a leer.
A través de la oscuridad que invadió mis ojos
sigo viendo la luz parpadeante de estas palabras:
«Y Jesús le dijo: –En verdad, en verdad
os digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
***
Margaret Fuller Slack
Podría haber sido tan grande como George Eliot
pero el destino no quiso.
Miren la foto que me hizo Penniwit,
con el mentón apoyado en la mano y los ojos profundos,
grises también y penetrantes.
Pero existía el viejo, viejo problema:
¿Celibato, matrimonio o libertinaje?
Luego John Slack, el rico farmacista, apareció tentándome
con la promesa de libertad para mi novela,
y me casé, trayendo al mundo ocho hijos.
Y ya no tuve tiempo de escribir.
De todas maneras, para mí todo estaba acabado
cuando la aguja me atravesó la mano
lavando los pañales del bebé,
y morí de tétano, una irónica muerte.
Escuchadme, ánimas ambiciosas:
¡El sexo es la maldición de la vida!
**
Traducción: s/d
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char