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miércoles, 18 de abril de 2018

Y el pulso ajeno de la poesía

Diego Colomba

(San Nicolás, Buenos Aires, Argentina, 1972)


Blanco a la cal

¿Qué hacen un tuerto alcohólico y un estrábico con vértigo en la cornisa? Se preguntó Dios, o un vecino, esa mañana de verano. Antes de que pintaran el techo, con escobas viejas, bajo la luz cegadora del cielo.
***
Motivos

Los cardos sin flor, el yuyal y esta huella de tierra que se pierde como un hilo en la  palma de una mano dan ganas de seguir respirando este aire frío y seco. Porque es terrena mi buenaventura.
Tomado de dimafe.com
**
Representación

Olor dulzón a madreselvas. Pájaros que caen. Ladridos. Y el pulso ajeno de la poesía.
**
La humildad nunca es elegida

Ahora
que el sol
quema
en el porlan
me mandan
a la sombra
del galpón.

Qué nítidos
se ven
los demás
desde lo oscuro.

Cómo se mueven
de una lado
a otro.

Qué ganas
ciegas
de vivir.

De Blanco a la cal. https://www.scribd.com/.../Blanco-a-La-Cal-Libro-Colomba

martes, 2 de mayo de 2017

Trastabillaste como un pelele en la banquina raleada

Diego Colomba

(San Nicolás, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1972. Reside  en Rosario desde 1990)

Pequeñas partículas de materia oscura

Te cuesta creer que esa mancha oscura
que se pierde en el agua imaginaria
del camino te haya traído hasta acá.
Pero es así.
Respiraste su atmósfera viciada.
Te envolvió el sinsentido de las conversaciones.
Trastabillaste como un pelele en la banquina raleada
y una pasajera no pudo contener la risa.
Vos también te hubieras reído de haberlo visto.
Vos también te reíste de hecho poco después.
Ahora es palpable el aire frío que te entra en los pulmones.
La luz del sol. No podrías desconfiar de estas evidencias
y sin embargo ni las primeras arboledas
ni las primeras casas bajas
ni ese chancho que se mueve salpicado con barro
pueden explicar tu decisión de seguir adelante.
No te basta –no puede bastarte, pensás–
esta materia luminosa que te sale al paso.

De La hospitalidad del mundo...
(Tomado de Fb)

jueves, 7 de julio de 2016

El yunque

Diego Colomba 
(San Nicolás, Provincia de Buenos Aires, 1972. Reside en Rosario desde 1990)



Dios

Un bloque macizo de piedra
que cayó del cielo
en los dominios ruinosos
del gallinero
el yunque.
***
Baja tensión

El calor ha avanzado sobre un barrio
que no se lo merece.

Una noche más
con baja tensión.

Este prende y apaga de la conciencia
que puntúa la lamparita de sesenta
cansa a cualquiera.

Si la luz se cortara de una vez
sería otra cosa.

La oscuridad
—bromeas.

Pero así el tacto y el oído
crecerían como dos temibles babosas
poniéndonos locos de contentos.

O podríamos jugar a contemplar
las pocas estrellas
que los monoblocks del fondo
dejan ver desde el patio.

Pero la luz no se corta
y agoniza espasmódica
durante toda la noche,
atizando la duda
de si es cierto o fingido
nuestro actual desconcierto.

Insomnes,
jaqueados por el ruido
de los artefactos
al borde de la ruina,
se vislumbra más lejana
la utopía del hogar.
***
Una pasión

No aminoran las revoluciones, ni se corta el chorro de vapor que enturbia el aire. Con la máscara caída, apura tres pitadas del cigarro que ahora apoya en el borde del hule, todo quemado, de la mesa. En esas confusiones gesticula la inocencia.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char