DANIEL FREIDEMBERG
(Resistencia, Chaco, Argentina, 1945)
ABRIL
Acá la noche. La
……hilera de luces
de la avenida, atrás,
y acá, ahora, alta, en la
noche, una estrella.
………….¿La misma?
No sé: una es-
trella, al-
go ahí, en
………lo alto
del mundo, en
el mundo,
que brilla,
como si
fuera a irse,
o no alcanzara
del todo a llegar.
Ni la palabra
ni el recuerdo:
una estrella,
tic de luz
puesto, vaya a
saber por
quién o qué, a brillar
sobre lo negro del presente,
y acá el presente, con
estrella y todo.
Estrella y
todo:
un gran
telón de escombros
se arrumba al fondo:
ni un comienzo ni un fin.
Miro esa luz que
la palabra “estrella” no toca.
**
Abril (XIX)
¿La lírica?, eso que
llaman “yo”,
tomarlo
y arrojarlo a los perros.
**
Abril (XVII)
Poesía para con-
mover? Hipó-
crita lector, lo
toma o lo
deja, el destino
ladra en
el horizonte
abandonado.
Eso que ardió en
la pira de
las palabras
no ardió, no
pasó nada,
pero ardió.
Ahora vengan
y digan lo que
corresponda,
ladra el destino en
el horizonte, las
horas y los años pasan
en ese o en
otro horizonte, y
se van, como
se van yendo
las palabras. Ardió.
De Abril (Barnacle Libros, 2016)
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martes, 27 de diciembre de 2016
miércoles, 23 de marzo de 2016
Ni un comienzo ni un fin
DANIEL FREIDEMBERG
(Resistencia, provincia del Chaco, Argentina, 1945)
Abril
Acá la noche.
La hilera de luces
de la avenida, atrás,
y acá, alta, en la
noche, una estrella.
_____¿La misma?
No sé: una estre-
lla, algo ahí, en
lo alto del
mundo, en
el mundo,
que brilla,
como si fuera a
irse, o no alcanzara
todavía a llegar.
Ni la palabra ni el
recuerdo:
______tic de luz,
puesto, vaya a
saber por
quién o qué, a brillar
sobre lo negro del presente,
y acá el presente, con estrella y todo.
¿Y nada más? ¿Por
qué iba a haber
más?
___Compacto, el tiempo
como un telón de escombros
se arrumba al fondo:
ni un comienzo ni un fin.
Miro esa luz
que la palabra “estrella” no toca.
***
Abril (XXIII)
Sobre tu amor y tu
debilidad, cuando avancen
hambrientos los perros,
los ojos rojos de terror,
que se lo coman todo y
acabemos,
una vez y otra vez.
De Abril. Ediciones Barnacle. Buenos Aires. 2016.
(Resistencia, provincia del Chaco, Argentina, 1945)
Abril
Acá la noche.
La hilera de luces
de la avenida, atrás,
y acá, alta, en la
noche, una estrella.
_____¿La misma?
No sé: una estre-
lla, algo ahí, en
lo alto del
mundo, en
el mundo,
que brilla,
como si fuera a
irse, o no alcanzara
todavía a llegar.
Ni la palabra ni el
recuerdo:
______tic de luz,
puesto, vaya a
saber por
quién o qué, a brillar
sobre lo negro del presente,
y acá el presente, con estrella y todo.
¿Y nada más? ¿Por
qué iba a haber
más?
___Compacto, el tiempo
como un telón de escombros
se arrumba al fondo:
ni un comienzo ni un fin.
Miro esa luz
que la palabra “estrella” no toca.
***
Abril (XXIII)
Sobre tu amor y tu
debilidad, cuando avancen
hambrientos los perros,
los ojos rojos de terror,
que se lo coman todo y
acabemos,
una vez y otra vez.
De Abril. Ediciones Barnacle. Buenos Aires. 2016.
sábado, 2 de mayo de 2015
Antes creía saber, pero las cosas
DANIEL FREIDEMBERG
(Resistencia, Chaco, Argentina, 1945. Desde 1966 reside en Buenos Aires, Argentina)
Si algo quiere decir ese breve manchón (la mosca)...
Si algo quiere decir ese
breve manchón (la mosca
posada junto al plato)
yo no lo sé:
antes creía saber, pero las cosas
pasaron de otro modo.
Ahora digo "mosca" y es bastante:
ni ella responderá, ni la palabra
se acercará a tocarla
ni yo sabré algo más.
Y aunque esa forma ajena
se vaya volando,
la palabra está acá
llena de pelos, oscura, intratable.
**
Reseña tomada de www.ruinascirculares.com
lunes, 18 de febrero de 2013
Escribo contra lo mejor de mí
| De izq. a der.: Daniel Freidemberg; Horacio González. |
(Resistencia, Chaco, Argentina, 1945. Desde 1966 reside en Buenos Aires, Argentina)
VOZ NEGRA
Después que oímos aves negras
paradas en los cables de luz
esperando algo, tal vez que amanezca
como debe ser,
cae lluvia ociosa sobre
los techos, los silenciosos edificios,
"Viene a llamarnos", dicen
pero ya no rogamos que amanezca.
Cantamos sí las lerdas tonadas de un alba
anterior a nosotros
como quien se mira de pronto la voz
y no contamos los recuerdos:
nos limitamos a atender
a medianoche y de improviso el teléfono
urdiendo, sí, palabras
como aves negras que vemos salir
al ritmo sin color del agua
opaca ahí, detrás en su caer de todo,
interminable, exacta, escurridiza, ajena.
***
Cosas/Oír/Rodar
I
No hay nada, sólo cosas.
No hay nada, las cosas tampoco.
Oír afuera un rodar de las cosas
a la hora en que va a amanecer,
oír un gasto que avanza.
Algo se ha roto o nunca estuvo, ¿era el alma?
Cosas que ruedan, ahí afuera, no hay nada.
II
Así es que empieza la mañana: no con
una explosión, con un bostezo.
Así es que otra vez todo se puso a rodar.
"Y no entres manso en eso que viene, rabiá",
subía el ruido de lo que rodaba, y entré
III
Cerrando ahora la puerta
del ascensor, buscando
la llave de la calle, mirando el tránsito:
"perdí los años que iban a venir"
"Ahora estoy libre", pensé por un
momento,
como quien cae al agua de la mañana lo pensé.
IV
Viene el verano, viene con
dolor de huesos,
viene con su estopa.
Sentado, en el recuerdo, frente a un mar
siempre recomenzado, escribo
no con palabras
sino con sombra de palabras, filtraciones
de un turbio noviembre.
V
"Amor", he escrito, yo no estoy acá.
Amor se escribe en otro lado.
VI
Entre el crujido urbano, entre el
venirse atrás del alma
Escribo contra lo mejor de mí
Para decirle que se cuide, que
no se vaya aún,
que lo que llega ante los ojos
es grande y crece como pasto en las ruinas
de lo que se llamaba el corazón
VII
Ahora, con el calor
que avanza,
tratando de aclarar un poco
las acumulaciones de la mente
oigo tu voz por el teléfono
como quien piensa "algo hay"
o "dónde estás"
y la mañana afuera es agua espesa, orín,
luz que hace mal
Espero, quiero decirte, estés a salvo
de los asedios de este mundo y otros.
VIII
Sol, además, ahí afuera eso, el sol,
que sube afuera de nosotros
Ya no es lo que llamábamos "el sol"
ni "la vida" es la vida
¿Y entonces qué habla por esta boca, la muerte?
¿Qué sobreimprime al sol esa palabra "sol"
qué alumbra o hace como que alumbra ahí?
IX
"Alguna cosa que esté bien", iba a decirte
o "pasarán por sobre mi cadáver"
Me preguntaba para qué escribir
Y no es que espere que respondan, escribo
"Tal vez aún crea" iba a decirte,
pero algo se callaba atrás
X
"Atrás, atrás", como decía el pájaro.
¿Atrás de qué?
En realidad decía "váyanse"
Ventajas de la mala traducción:
yo miro atrás a ver quién habla.
XI
No es que alguien hable, es que
lo quiero ver,
es que no entiendo que las cosas callen
es decir cosas qué hago afuera
XII
"Afuera, afuera" dicen las palabras.
"Afuera", me preguntan, "de qué"
No las escuches, yo me fui
XIII
Si la poesía, si la
pura sensitiva sale
a molestar, dejala
No es que esté bien ni mal: el alma
se deja hacer para durar
Anda en la pura duración
a falta de otra cosa, el alma
XIV
¿Y esa otra duración, el sol
irrealizando la pared, el ruido urbano?
"Irrealizando" escribo "la pared", escribo "el ruido",
escribo "el ruido, la pared ¿y qué?"
"Ahora" escribo, "y en la hora
en que lo niegue una vez más",
escribo como quien
salió a perder: "no hay nada" escribo "que perder.
No hay nada más que cosas, no hay nada",
XV
"No hay nada", dije, dispuesto a perder,
iba sin alma,
en medio de la mañana, entre los ruidos
(De Sonidos de una fiesta ajena, Antología. Ed. Ruinas Circulares, 2012)
miércoles, 19 de agosto de 2009
Nobleza obliga y es gaucha
Algunos poemas
De DANIEL FREIDEMBERG
(Resistencia, provincia de Chaco, Argentina, 1945. Desde 1966 reside en Buenos Aires.)
Versión
No por miedo a caer
sino a volar
cerró ahora la ventana
que aún refleja la
cara soleada de las cosas
"Todo era real", suspira o
lo inventa,
en el aire su voz
se hace pequeña
cae
como una piedra en la penumbra
Espera, a ver si
toca fondo
AL CAER EL ALBA, ENTRE LA LUZ CENIZA...
Al caer el alba, entre la luz ceniza,
entre ese modo obtuso que tienen las cosas
de volver en sí,
no es viento lo que sopla, es como un agua opaca
que por detrás de la materia tiembla
como hecha de ecos de una vieja explosión
y, en lo que con la luz se extiende, el alma
intenta, opaca ella también, posarse.
No sé si por la guerra o el amor (ecos
de guerra o amor pesando),
algo retiene el alma tras los ojos.
Los que pasaron hace un minuto gritando
obscenidades, los que dejaron latas de cerveza,
esa mujer que arrastra un perro gordo,
no son ajenos, aunque tampoco la hacen, a la escena.
Miro abstracciones que dejó la resaca:
el mundo, una playa sorprendida por el amanecer.
Noviembre (xviii)
Y las cigarras, papá, el olor fuerte a nafta de la chata
ya vieja, la chata, despacio, a los tumbos
por la calle de tierra. Tabaco negro y jabón de afeitar,
pocas palabras de tu parte, ninguna de la que pueda acordarme,
el sol encima, no este que aplasta, el de entonces,
a dónde íbamos, no puedo recordarlo. ¿A acá, a donde estamos?
Noviembre (xix)
Nunca le hablé de las cigarras, pero
tampoco le importaban. No puedo decir, en realidad,
de qué hablábamos. Las manos en el volante, el tambalear
de toda la chata al salir del asfalto. Eso que miro
con tubos en la nariz, es mi padre, tratando
de decir algo, ¿a quién? ¿a mí?, la frente, las sienes
iguales a las del espejo, una enorme carne pálida.
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
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No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
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