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martes, 21 de junio de 2016

Una única cosa al tacto

DIEGO BENTIVEGNA 
Tomada de cabiria ediciones

(Munro, Buenos Aires, Argentina, 1973)



Paisaje de fondo

…l´incontro con la immensa capitale mediterranea, piú classicamente antica di Roma stessa, e insieme spagnolesca e orientale…
Roberto Longhi, Caravaggio


Al fondo, Nápoles es un cuaderno abierto,
un trozo de papel que mancha las orillas,
un manuscrito perdido en la basura,
rastros de tinta que las tormentas llevan,
que el viento vuelve signos ilegibles.

La ciudad como un manto
bordado con su sangre
de calles olorosas, perros, cuerpos:

una tierra encarnada que declina
hacia el borde del agua;

muros que tiemblan con la marea densa
frente a las olas que arrastran pedazos
de cartón, culos de botella, gritos.

En el fondo
la escollera en que las sombras se difunden,
la orilla a la que vuelven
salados los difuntos

como si todavía, en un instante,
lográramos rozarlos.
***

Cruzamos los terrenos.

Es la caza de las flores, de las piedras
con mica, de los nidos abandonados.

En el campo juntamos panaderos,
dentro de ellos viven las estrellas.

Apenas los soplamos se desarman:
se vuelven, en un segundo, de aire.
***

Hay un grupo de médicos. Descifran
lo que mi cerebro proyecta en la pantalla,
como si hubiera algo ahí, me dicen, que pudiera afectarme,
un espacio plano donde se pudiera
tantear la mente, tocarla como
se toca una piedra, una fruta;

palparla, hacer que sea
una única cosa al tacto.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Yo soy de celofán, soy transparente

DIEGO BENTIVEGNA 
(Munro, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1973)




Líquidos

                            este viento que desnuda los huesos de la carne…
                            Yorgos Seferis


I

De todas esas cosas algunas nos llevamos,
un cuerno de marfil, las fotos de los muertos,
reliquias de la tierra, ampollas
de vidrio azul, vidrio verdoso, vidrio amarillento
con el maná que exudan los cuerpos de los mártires.

Palpita en los canales la reliquia obsesiva,
pervive en sus entrañas la sustancia
que no puede quebrarse
porque cada fragmento es, él mismo, una reliquia,
un trozo de sí mismo irreductible.

De Las reliquias (Alción Editora. Córdoba, 2013)
**

Ed era pura luce
(Pasolini)

Podrían extraerme la cabeza
si quisieran:
podrían sacarla de su tronco, curarla
con un líquido, muy lento.

Limpiarla con paciencia, como
se cuida un hueso amado,
o se trata lentamente una reliquia:

Podrían elevarla del tronco; depurarla
como a una planta de los parásitos, de la maleza,

protegerla
en un frasco, como
se guardan en conserva
los fetos de los puercos en la escuela.

*

Yo soy de celofán, soy transparente,
no tengo uñas, no tengo
pelo, no tengo piel,
no tengo
nada que me identifique.
No dejo huella.

*

Quiero sostener la mano de mi madre,
quiero rozarla.

Está bañada en la luz de un día muy claro,
un día alucinado de provincia.

**

Desde el vagón veo cómo pasan
las cosas por el borde;

acaso no sean ellas, o sean sus imágenes.
No las puedo tocar, apenas puedo
verlas: el pasto amarillento,
las familias de perros,
la pelota que patean las criaturas,
el agua abandonada, el árbol
doblado, que no sé distinguir
con un nombre

-(¿un limonero?
¿un árbol de naranjas?
¿una planta de limas?)

un tronco
vencido por el peso
de su fruta o la lluvia-

un ómnibus quemado,

una iglesia evangélica, las primeras

vacas de la llanura,
-silenciosas y quietas, vacas sabias-,

un carro con su carga tirado por caballos
entre las zanjas muertas.

*

Me visto toda de negro,
soy la loca croata;

me muevo como un zombi por el barrio.

Puedo rezar por horas,
desgranar el rosario en croata,
en griego, en italiano.

Rezo ante un Cristo
tallado con cuchillos en madera:

mi Cristo roto cubierto con un trapo.

De La pura luz (Cabiria, Buenos Aires, 2015)

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char