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viernes, 23 de junio de 2017

Tiene un ropaje de sombras

José Asunción Silva

(Bogotá, Colombia, 1865-Ib., 1896)

El mal del siglo

El paciente:
Doctor, un desaliento de la vida
que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,
el mal del siglo... el mismo mal de Werther,
de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.
Un cansancio de todo, un absoluto
desprecio por lo humano... un incesante
renegar de lo vil de la existencia
digno de mi maestro Schopenhauer;
un malestar profundo que se aumenta
con todas las torturas del análisis...

El médico:
—Eso es cuestión de régimen: camine
de mañanita; duerma largo, báñese;
beba bien; coma bien; cuídese mucho,
¡Lo que usted tiene es hambre!...
**
Monólogo
 A Ricardo Cano Gaviria

La ciudad que me rodea
Y se duplica en los charcos de la lluvia
Tiene un ropaje de sombras.
El viento que viene del páramo de Cruz Verde
Con su negro levitón nocturno
Rasguña los vitrales de la casa,
Se cuela en los campanarios,
Golpea
Los aldabones de bronce de La Candelaria.
                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 

Entre cercanos silencios
Resuenan las guerras del país
Mientras tintinea el quinqué
Con el que alumbro mis confusos libros
De comercio.
                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 
Los corrillos de seres embozados
Murmuran a mi paso. Figuras fijas al paisaje,
Estatuas de nieve a la entrada de una iglesia,
Maniquíes
Apenas movidos por el frío cuchillo del
Páramo.
                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 
¿Quién dibuja en mi blusa el mapa del corazón?
¿Quién traza un centro a la ruta de mi fiebre?
La hermana muerta atraviesa el patio:
Su voz ya pertenece
A las construcciones secretas del vacío.
                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 

La aldea despereza su piel de adormidera,
Filtra una luz en los costados de la plaza
A una hora en que la ciudad parece viva.
Hablo de su lentitud, de su pasmosa fijeza:
Mientras concluye el gesto de un hombre
Que lleva de la mesa a la boca su pocillo,
Cruza la eternidad, el mundo cambia de
Estaciones,
Pasan las guerras, hay futuros en fuga
Y el hombre no termina el ademán
Que funde sus labios a la taza de café.

Todos parecen tocados del embrujo,
Acaso miren en su quietud
El pajaro invisible
Que les señala un oculto retratista.
Y de nuevo, el viento.


                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 

Un disparo más, dirá el vecindario,
Un disparo más en las eternas guerras
Del olvido.
La vida, esa feroz bancarrota.

**
Filosofías

De placeres carnales el abuso,
de caricias y besos,
goza, y ama con toda tu alma, iluso;
agótate en excesos.

Y si de la avariosis te librara
la sabia profilaxia,
al llegar los cuarenta, irás sintiendo
un principio de ataxia.

De la copa que guarda los olvidos
bebe el néctar que agota:
perderás el magín y los sentidos
con la última gota.

Trabaja sin cesar, batalla, suda,
vende vida por oro:
conseguirás una dispepsia aguda
mucho antes que un tesoro.

Y tendrás ¡oh placer! de la pesada
digestión en el lance,
ante la vista ansiosa y fatigada
las cifras de un balance.

Al arte sacrifícate: ¡combina,
pule, esculpe, extrema!
¡Lucha, y en la labor que te asesina,
lienzo, bronce o poema

pon tu esencia, tus nervios, tu alma toda!
¡Terrible empresa vana!
pues que tu obra no estará a la moda
de pasado mañana.

No: sé creyente, fiel, toma otro giro
y la razón prosterna
a los pies del absurdo: ¡compra un giro
contra la vida eterna!

Págalo con tus goces; la fe aviva;
ora, metida, impetra;
y al morir pensarás: ¿Y si allá arriba
no me cubren la letra?

Mas si acaso el orgullo se resiste
a tanta abdicación,
si la fe ciega te parece triste,
confía en la razón.

Desprecia los placeres y, severo,
a la filosofía,
loco por encontrar lo verdadero,
consagra noche y día.

Compara religiones y sistemas
de la Biblia a Stuart Mill,
desde los escolásticos problemas
hasta lo más sutil.

De Spencer y de Wundt, y consagrado
a sondear ese abismo
lograrás este hermoso resultado:
no creer ni en ti mismo.

No pienses en la paz desconocida.
¡Mira! al fin, lo mejor
en el tumulto inmenso de la vida
es la faz interior.

Deja el estudio y los placeres; deja
la estéril lucha vana,
y, como Çakia-Muni lo aconseja
húndete en el Nirvana.

Excita del vivir los desengaños
y en soledad contigo
como un yogui senil pasa los años
mirándote el ombligo.

De la vida del siglo ponte aparte;
del placer y el amigo,
escoge para ti la mejor parte
y métete contigo.

Y cuando llegues en postrera hora
a la última morada,
sentirás una angustia matadora
de no haber hecho nada...

sábado, 14 de noviembre de 2015

Poesía, en una palabra, señor entrevistador, es requiem

Fredy Yezzed

(Bogotá, Colombia, 1979. Reside en Buenos Aires, Argentina)

  EL ÚNICO RECUERDO QUE TENGO DE MI MADRE es el de aquellas mañanas de otoño cuando me llevaba de la mano a la escuela. Miraba la calle tapizada de hojas secas. Me abstraía pisándolas, quebrándoles los huesos de color pardo. Arrastrándose de un lado para otro como un vagabundo con los ojos en un sueño. Haciendo su ruido de semillas que se quiebran.

            Yo sólo veo las hojas secas gritando bajo mis pies y las pantorrillas de ella un paso más adelante. El tacón negro de sus zapatos como clavando una espina en la pared. Unas medias veladas. Unos huesos tan extraños como el sabor del agua.

            Hay un instante oscuro. Algo que se ha perdido como un mordisco en la mente. Ahora la veo alejarse desde el quicio de la escuela. La merienda en la lonchera. Esa sensación de ser vidrio y sentir que te abandonan.

            Sólo veo su espalda alejarse.

            Una mujer más bajo la lluvia de las hojas.
**


1

1.         La realidad está limitada por la totalidad de la poesía. La poesía no tiene límites.

1.1       La poesía es un jardín: un jardín que habla de otros jardines.

1.11     Poesía, en una palabra, señor entrevistador, es requiem.

1.12     Pero la mejor definición de poesía es la siguiente proposición: Poesía no es ni lo uno ni lo otro; quizá tampoco lo tercero.

1.13     El lenguaje es la flor, dijo Mallarmé. Si esto es así, entonces, la poesía es la floración: encantamiento de la flor.

1.2       Under the Winter: quizá su madriguera más cálida, más productiva.

1.21     El único enemigo de la poesía es el poeta: allí, es él contra él mismo.

1.22     & ese silencio… (                        ) Es el lenguaje que reclama su propia poesía.

1.4       Lo meta-poético son las arañas que se comen a su madre.

2

2.         (Siempre me alegro de poder comenzar una nueva página).

2.01     Todos llevamos una manzana podrida en la carne. Eso comprueba que todos tenemos una poética negra. Una forma oscura que se oculta detrás del día.

2.011   Por consiguiente, todo el mundo tiene una poética: la amante tiene la poética de excitar mejor al infiel; el infiel tiene la poética de ser más hombre en la intimidad con la amante & de no hablar de la esposa; & la esposa tiene la poética de ser la misma esposa… todos los días.

2.0123 Cuando un hombre se dirige a sus aguas finales, no muere su poética. Sus hijos heredan su forma de caminar, sus dientes caídos, una voz ronca, su nombre. Otro, su esposa & su cama. En las cosas se queda su mirada para el estudio de la psicología.

2.0124 Las cosas por sí solas descubren al hombre. La cuchilla de afeitar oxidada, el aire quieto pudriéndose en su fruta, el poema lamido mil veces, la pintura que se cae del techo.

2.013   La cosa en sí misma habla íntimamente de su sexo sin forma. El hombre en sí mismo se pellizca la carne & sólo habla del dolor que causa una mañana oscura, un lenguaje gris.

2.0131 No te esforcéis, poeta, en la posibilidad de entretejer & transformar las palabras en poesía; ellas son, en sí mismas, vocal x vocal: poesía.

2.014   Nadie, por experto que sea en la semiótica, podrá hablar de la humedad que causa a nuestra alma la palabra agua.

2.0141 Dar a cada emoción una personalidad, a cada estado del alma, un alma.

3

3          Si existes, Dios, es porque te nombro. Si existes, amor, es porque te callo.

3.001   En mi gramática de la existencia: soy, no por el hecho de estar, sino porque ella es, aunque no esté.

3.01     Todo lo que amamos, si no se puede decir, se habrá perdido para siempre.

3.02     Mi último pensamiento, allá, lejos, acostado (obscenamente) junto a Marguerite.

3.022   Para M. es poco el idioma alemán; desea conocer cómo se mueve la lengua en todas las lenguas.

3.023   ¡Ah, cómo gusta de mi carne mi Ternera! Me avergüenza ese pensamiento vulgar; pero más me avergüenza que no sea cierto.

3.024   Detrás de “M” hay sólo una presencia con los brazos abiertos, un ángel con las alas ensangrentadas: algo que no existe & rehúso a soltar de la mano.

3.025   Me voy para Cambridge…, pero te quedas con mi tarde en tu sostén.

3.026   Si no sé qué es el amor, No te amo, Marguerite, No te amo.

4          Señor, si existes, sálvame. & si no existes, invéntate; & vuélveme a inventar.

4.001   Solo un fruto puesto sobre una mesa de madera. Es la única nota de color en esta alcoba altamente vacía, donde Dios duda, desde la ventana, si entrar o no.

4.002   Como un ciego que busca a Dios entre las sombras, creo ver un día luminoso, la luz en la piel de una manzana, mi rostro en una pared blanca.

4.003   Camino en dirección contraria a la del otoño & le doy la cara a cada doloroso rayo del verano; de esa forma, con el rostro herido, es más fácil enfrentar a Dios.

4.0031 Un W. adentro & otro W. afuera. Uno que pronuncia la palabra campo & otro que aspira la palabra abismo. Uno que siente la ternura de un niño & otro que piensa en las flaquezas de una mujer sola.
Como la flor que resiste el peso del cielo, uno & otro arquean sus tallos… para no dejar caer a Dios.

4.01     Un W. busca con afán la salida de la casa mientras otro W., con parsimonia, busca la dirección de la misma casa. Cuando, por fin, los dos W. se encuentran en el jardín, en la estación del tren o haciendo fila en un banco, indescriptiblemente han de hallar a un tercer W. que camina hermosamente hacia el interior de los dos.

4.011   El alma es carne, porque también se puede pudrir.

4.012   El alma, como el cuerpo, debería tener una cisterna: para halar la cuerda cuando algo nos aflija.

De El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2012).

sábado, 2 de agosto de 2014

No hay una música que te llame a ti

FERNANDO RENDÓN
Tomada de diarioadn.co

(Medellín, Colombia, 1951)

No existe un poema
No existe un poema
No hay una música que te llame a ti
Que te alcance a ti
No hay un canto que haga viajar a tu espíritu
No existe un poema
No hay una música que te nutra a ti
Que te toque a ti
No alcanzaron las canciones para ti
Ninguna canción arcaica te abrazó a ti
Mi amor pobre de canciones de amor
No te correspondió ninguna herencia
Los dioses no te arrojaron llamaradas de flores
No hicieron descender sobre ti todo el rojo oro del universo
El oro de la música legendaria
Todo el embriagador son de las hojas al viento
Configurando el universo de seres que te abrazan
En el entretejido de todos los tiempos

Mi amor sin canciones.
**
Sequía
(canción En Los Campos De Marte) 

Hasta que el amor de todos
descendió
a su más bajo nivel
de embalse

-Nuestra represa se seca-

Y hay angustia
y grave racionamiento de luz

Y entonces -por fin-
multitudes hacen grandes filas
para escuchar poesía

lunes, 3 de febrero de 2014

Una mosca en la nariz del notario

MARIO RIVERO 

(Envigado, Antioquía, 1935-Bogotá, Colombia, 2009)

Del amor
sólo queda
un poco
de ceniza azul.

¿Volverías a
sentarte
junto al fuego
apagado
ahora que lo
sabes?
***
Endecha

Estábamos perdidos
cuando nos encontramos
en aquel retraso de aeropuerto.

Yo estaba lleno de noche y de frío,
aunque había pasado tres días
en el "San Francisco",
con una muchacha de nalgas redondas.

Tu creíste que yo era un camionero.
Admiraste la vulgaridad de mi estilo
y me amaste por ello.
-No lo era.-

Yo creí que tú eras una princesa,
que arrastraba hasta mí su aburrimiento.
-Y es verdad.-

Como es verdad que seguimos estando perdidos.
Yo, por no poder soportar la realeza,
tú, por no saber nunca lo que estás haciendo.
***
POEMITA

Tuve un pequeño pájaro
que cantaba para mí cada día
cuando el alma se estaba entumeciendo
y descarrió su vuelo.

Tuve una pequeña moneda de oro
hecha en los siglos anteriores
-y sin equivalente-
y la perdí en la arena.

En un lejano viaje
encontré una pequeña rosa -no corriente-
-sin con qué comparar-
pero otro peregrino la quebró de su tallo
y la prendió en su ojal.

¡Ah pequeña rosa
pequeño pájaro
pequeña moneda!

¡Qué fácil para alguien como yo morir!
***
SEÑOR K

Franz Kafka
novelista checo
vendedor de seguros de vida
—Compañía de Accidentes de Trabajo
del Reino de Bohemia—
al cruzar los pasillos
de una notaría
y ver legajos empolvados
pensé en usted
Sentí que los días trabajan
discreta y taciturnamente
sobre nosotros
imaginé un espejo
y vi una arruga en mi frente
y una mosca
en la nariz del notario.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Pero tú... ¿Qué haces tú?

Tomada de elperiodicowebtulua.blogspot.com
WALTER MONDRAGON
(Tuluá, Valle del Cauca, Colombia, 1956)

El día calla
comienza la monodia
de las chicharras.
***
SONORIDADES

Que yo te veía venir
 ¡Tan pindonga!
goloso el aire en tu falda,
 niebla
 de blanca, paloma.
se me volaba la guzla,
 gozón al verte venir.
Pero tú... ¿Qué haces tú?
 juegas
 a que juegue el aire,
a llevarte en su vuelo de palomas
y te me vas de la vista...
 y la tarde
torna en gotas de lluvia.
¡Qué llueva!
 ¡que llueva, entonces
qué llueva...
 que ya te vi!

domingo, 21 de abril de 2013

Se irá a dormir sola

EUGENIO JARAMILLO L.
Claudia Medina Castro: Mujer dura. Técnica mixta.

(Palmira, Valle del Cauca, Colombia, 1958)

DIENTES DE PLOMO

Tal vez
no haya necesidad de lágrimas
y todo suceda sin dolor.
A las ráfagas les seguirán las risas
y el auto sin placas se perderá en la noche,
pegado al cemento, como una serpiente
se irá zigzagueando, salpicando sangre.
La desechable, entonces,
mordida en el centro por dientes de plomo,
se irá a dormir sola
y tal vez no haya necesidad de lágrimas
y todo siga sucediéndonos sin dolor.

martes, 6 de noviembre de 2012

Porque no soy bueno de una manera conocida


Giorgio di Chirico: Misterio y melancolía de una calle.
RAÚL GÓMEZ JATTIN
(Cartagena de Indias, Colombia, 1945-1997) 

El dios que adora

Soy un dios en mi pueblo y mi valle
no porque me adoren sino porque yo lo hago,
porque me inclino ante quien me regala
unas granadillas o una sonrisa de su heredad.
O porque voy donde sus habitantes recios
a mendigar una moneda o una camisa y me la dan.
Porque vigilo el cielo con ojos de gavilán
y lo nombro en mis versos.
Porque soy solo.
Porque dormí siete meses en una mecedora
y cinco en las aceras de una ciudad.
Porque a la riqueza miro de perfil
mas no con odio.
Porque amo a quien ama.
Porque sé cultivar naranjos y vegetales aún en la canícula.
Porque tengo un compadre
a quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio.
Porque no soy bueno de una manera conocida.
Porque no defendí al capital siendo abogado.
Porque amo los pájaros y la lluvia
y su intemperie que me lava el alma.
Porque nací en mayo.
Porque sé dar una trompada al hermano ladrón.
Porque mi madre me abandonó
cuando precisamente más la necesitaba.
Porque cuando estoy enfermo
voy al hospital de caridad.
Porque sobre todo respeto sólo al que lo hace conmigo,
al que trabaja cada día un pan amargo y solitario y disputado
como estos versos míos que le robo a la muerte.
***
De lo que soy

En este cuerpo
En el cual la vida ya anochece
Vivo yo
Vientre blando y cabeza calva
Pocos dientes
Y yo adentro
Como un condenado
Estoy adentro y estoy enamorado
Y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
Y el resultado es especialmente doloroso
Voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
Voces quebradas: pasaron ya tus días.

La poesía es la única compañera
Acostúmbrate a tus cuchillos,
Que es la única.
***
Consolación

Cuánta congoja agazapada
Llevas, Eusebio
El paisaje moral de tus contemporáneos
Te afectó como una lepra blanca.

Eres demasiado sensible, muchacho
Recógete en los libros,
En tu alquimia,
En el calor de tu madre.

El resto no vale la pena, Eusebio
Son fantasmas
Muchedumbres de fantasmas ebrios.
***

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Un día en que discurren vientos ineluctables

Tres poemas de PORFIRIO BARBA JACOB

(Colombia, 1883-1942)



Canciones de la vida profunda

"El hombre es cosa vana, variable y ondeante..."
Montaigne



Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
—¡niñez en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafir!—
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches úgubres el llanto del pintar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables.
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
***
BALADA DE LA LOCA ALEGRÍA

Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
a beber y a danzar al son de mi canción...

Ciñe el tirso oloroso, tañe el jocundo címbalo.
Una bacante loca y un sátiro afrentoso
conjuntan en mi sangre su frenesí amoroso.

Atenas brilla, piensa y esculpe Praxiteles,
y la gracia encadena con rosas la pasión.
¡Ah de la vida parva, que no nos da sus mieles
sino con cierto ritmo y en cierta proporción!

Danzad al soplo de Dionisos que embriaga el corazón...
La Muerte viene, todo será polvo
bajo su imperio: ¡polvo de Pericles,
polvo de Codro, polvo de Cimón!

Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
a beber y a danzar al son de mi canción...

De Hispania fructuosa, de Galia deleitable,
de Numidia ardorosa, y de toda la rosa
de los vientos que beben las águilas romanas,
venid, puras doncellas y ávidas cortesanas.

Danzad en delitosos, lúbricos episodios,
con los esclavos nubios, con los marinos rodios.

Flaminio, de cabellos de amaranto,
busca para Heliogábalo en las termas
varones de placer... Alzad el canto,
reíd, danzad en báquica alegría,
y haced brotar la sangre que embriaga el corazón.

La Muerte viene, todo será polvo:
¡polvo de Augusto, polvo de Lucrecio,
polvo de Ovidio, polvo de Nerón!

Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
a beber y a danzar al son de mi canción...

Aldeanas del Cauca con olor de azucena;
montañesas de Antioquia, con dulzor de colmena;
infantinas de Lima, unciosas y augurales,
y princesas de México, que es como la alacena
familiar que resguarda los más dulces panales;
y mozuelos de Cuba, lánguidos, sensuales,
ardorosos, baldíos,
cual fantasmas que cruzan por unos sueños míos;
mozuelos de la grata Cuscatlán-¡oh ambrosía!-
y mozuelos de Honduras,
donde hay alondras ciegas por las selvas oscuras;
entrad en la danza, en el feliz torbellino:
reíd, jugad al son de mi canción:
la piña y la guanábana aroman el camino
y un vino de palmeras aduerme el corazón.

La Muerte viene, todo será polvo:
¡polvo de Hidalgo, polvo de Bolívar,
polvo en la urna, y rota ya la urna,
polvo en la ceguedad del aquilón!

Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
a beber -a danzar al son de mi canción...

La noche es bella en su embriaguez de mieles,
la tierra es grata en su cendal de brumas;
vivir es dulce, con dulzor de trinos;
canta el amor, espigan los donceles,
se puebla el mundo, se urden los destinos...
¡Que el jugo de las viñas me alivie el corazón!
A beber, a danzar en raudos torbellinos,
vano el esfuerzo, inútil la ilusión...
***
Mi vecina Carmen


Esta noche tengo miedo de estar solo... Entre
la sombra,
un fantasma de ultramundo sigue mi paso,
veloz...
Me parece que se acerca, que me palpa, que
me nombra...
Esta noche tengo miedo de estar solo... Entre
la sombra
leves rumores semejan un suspiro y una voz...

Todos en el barrio saben la historia de mi vecina:
¡Ingenua, fragante historia de ardorosa juventud!
Por sus cabellos profusos y por su carne
ambarina...
Todos en el barrio saben la historia de mi vecina,
que, nevada y sonriente, reposa en el ataúd...

Esta noche tengo miedo de estar solo. Me acongoja
el recuerdo aún no lejano de un drama del corazón...
Eran sus manos tan ávidas, era su lengua tan roja...
Esta noche tengo miedo de estar solo. Me acongoja
el ritmo precipitado de mi propio corazón...

Caía en sombras la tarde cuando murió mi vecina...
En la sala de su casa destella un foco de luz...
Están rezando el rosario... y una comadre ladina,
la que pasaba las horas riñendo con mi vecina,
reza más alto que todas, puestos los brazos en cruz...

¡Carmen, diabólica y santa! Sus grandes ojos extraños,
atrevidos y falaces, humillaron mi candor;
el bálsamo de sus besos ungió mis veintidós años...
¡Era tan bella y tan rara! Y entre sus bucles castaños
dormí dos noches azules -¡dos noches no más!- de amor...

Y hoy que ha muerto, tengo angustia de estar solo:
hay un rumor
de oraciones en el aura que llega quedo, muy quedo...

¡Que abran la puerta! ¿Hace luna? Tengo frío...
tengo miedo...
Me parece que de pronto viene a turbarme su voz...

miércoles, 18 de agosto de 2010

Ser cuerpo era un festejo

RAFAEL PATIÑO
(Colombia, 1947)


LAMENTO DEL VAMPIRO

Nadie viene a beber
De mi cuello esta noche
Lecho adentro de todas las obsesiones
El amor vuela en fragmentos
¡Cuánto te añoro!
Esclusas incendiadas eran nuestra historia
Ahora soy las aldeas desoladas
Me recuesto en los paisajes
Y los médanos del alma
Duermen entre palmas de cera
El alma repleta de llaves y sellos
Sus párpados se afilan en la noche
Mientras la luna prosigue su cantiga
Viento feraz donde germina
La flor de eternidad
la runa donde el viento gime a solas.
***
Entonces hablaré...

Sobrepasando las marcas del silencio
Hablaré igual que antaño.
Con mi azagaya cortaré
La panza de la noche
Para que las estrellas hagan recomenzar
Mi escalofrío con su letra.

Tomados de alejandro-schmidt.blogspot.com/
***
Ser cuerpo era un festejo


Ser cuerpo era un festejo,
Gajos de luz abrían heridas en el ojo ebrio,
Yo te decía ven y el cristal
Retrataba tus uñas en mi carne.
Un mástil erguido en mi cuerpo se mecía en tu
centro
Y mascullábamos al amanecer nombres
equívocos
Bella jeta alzada grupa fruto reverberante
Anillándose en el dedo
Axila donde insulé el olfato de fauno
Universo incendiado entre una leche de lujuria
Abyecto y delicioso empalamiento del amor.
***
Zona salvaje

Habituados a pasar de estepa a aurora boreal
de sextante a brújula
los bordes dentados de la locura
sometían a su engranaje de hueso pulido
un agua dura venida de la noche
donde
unos dedos afilan los sonoros alfileres de una voz
que esparce un rock de relámpagos

martes, 27 de julio de 2010

las ventajas del hielo y el fuego

ANABEL TORRES
(Bogotá, Colombia, 1948)



La caja negra

Cuando me estrelle contra el cerro
esto dirá
mi caja negra cuando la desmonten,
éste era el comando que la guiaba:
no rendirse. No rendirse.

No rendirse.

Seré entonces
una muertica más
partiendo a su penúltima morada,
a habitar el vestíbulo
sombreado de los helechos
y las solariegas puertas
del corazón de sus hijos.

Pero, caballeros,
yo no haré la mudanza
con la gracia y donaire requeridos
de una auténtica dama.

No pienso replegarme calladita en mi fotografía.
Aquí fuera
dejaré mi risa,
mi hula hula, mis libros y batallas preferidas,
mi música y mi dicha de bailar.

No renunciaré a esta calle.
***
Mi dueño

Mi dueño me ha dado avena,
avena recién girada,
caña de azúcar
picada.

Mi dueño me ha liberado
sobre sus verdes praderas,
el olor de la hierba recién cortada
más dulce aún, si cabe.

Saciada de placer
me han soltado a pastar.
***
Temiendo leer

Son tiempos distintos.
Penélope, ajada y con gafas oscuras
para que no la reconozcan
los chulos
de los diarios vespertinos,
revisa cada tarde los listados
aparecidos
en los muros de la Alcaldía

temiendo leer
el nombre de Ulises
entre los caídos
***
Ternera medio crecida

Mi memoria
cuando está dormida
da cabezazos contra la cerca,
corre el pasador
con los dientes
y luego se desliza fuera
calladamente:

todavía y siempre
ternera medio crecida
cuyo pasatiempo favorito es ensartar estrellas
con sus cuernos blandos,
suave,
torpemente.

Aquí fuera
también
te persigue.
***
Cuando mi cuerpo y mi cabeza

Cuando mi cuerpo y mi cabeza
empezaron a arder y a hacer incendios,
mi madre, como un bombero enloquecido
me perseguía por toda la casa.

Apuntaba hacia mí, implacable,
el potente chorro de su miedo
y trataba de tumbarme.

Así crecí.
Mi padre fue distinto.
Defendió ante mí, por igual, y con igual vehemencia y convicción
las ventajas del hielo y el fuego.

Cuando mis incendios llegaban
a su máximo punto de fusión
se apartaba, discreto.

Si fracasaban,
me sugería nuevos sitios.
Me daba claves sobre algunos incendios que él había
hecho propios.
Me hablaba de las maravillas de la sombra
o me traía fósforos.

Si estaba lejos, mandaba largas cartas,
celebrando la vida, la palabra,
nuestra común piromanía.

Y siempre agregaba esta postdata:
"Anabel, el dólar es estrictamente para helados
o fósforos".

Cuando mi padre temía por mi seguridad
–y debió temer, pues conocía no sólo mi gusto por el fuego
sino mi propensión a las quemaduras–
lo hacía solo, en su casa.

Mi madre, criada en San Benito, residente
del purgatorio,
hermosa
como un reguero de mandarinas
cuando no estaba de turno,
con su risa de cerezos y pájaro en sus días libres,
al morir me amó por encima de todas las cosas:
No permitió que yo heredara su manguera.
La devolvió a su familia,
a la casa de donde era intacta.

Mi padre, al morir hace tres años, siguió muriendo.
Logró tan difícilmente morir, que incluso
desde entonces
ha salido ileso de algunos atentados.

Amaba tanto la vida. Era tan vigoroso
frente al frío.
Era tan rico en incendios.
***
Imagen: Remedios Varo
Tomados de http://www.jstor.org/; http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Revista/ultimas_ediciones/62_63/torres.html; y otros.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char