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lunes, 7 de septiembre de 2015

Arder, vas a arder...
















GABRIELA FRANCO
(Buenos Aires, Argentina, 1970)

El cuerpo es un viejo
lleva ataduras de trapo
aduanas de agujas

el cuerpo es un viejo olvidado
no recuerda el miedo ni el deseo
el viejo es un bicho
despojado de carne

un bicho deshabitado
abrigo de tumores

los huesos son adorno
hacen nudo en el árbol

el árbol es nicho y polilla
alberga agujero en la roca
duelo, en el respeto ausente
***
CONCEPCIÓN BERTONE
(Rosario, Santa Fe, Argentina, s/d)

CITA

Me he emboscado en antiguas cartas de amor
pero no hay “un bosque tan santo
que no pueda ser talado” dicen
las manos que han despejado la tierra
alrededor
de los pálidos narcisos. Yo soy esa ballena
arponeada en el Ártico de una vida anterior
que aún cruza estas aguas, terca,
busco el armiño de otro polo, blanco
en invierno, pardo en el verano, salvo la punta
de su cola negra, en cualquier estación. Allí
te aguardo.
***
ESTELA FIGUEROA 
(Santa Fe, Argentina, 1946-)

Naturaleza muerta

Tomates rojos
con una hendidura negra.
Limones amarillos
con pezones verdes.
Zanahorias erectas
papas ovales
bananas que yacen arqueadas.

Sexo sobre la mesa

donde amaso el pan.
**
Antologías de Ediciones en Danza, 2014, 2015.

jueves, 31 de enero de 2013

La nieve cae siempre en otra parte

Tomada de estacionquilmes.blogspot.com

CONCEPCIÓN BERTONE 
(Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, 1947)

Esperando la nieve
                      a Glauce Baldovin, in memoria

Todos dicen que va a nevar en la ciudad.
Todos quieren ver en la nieve algo nuevo,
algo raro y ligero porque
no sabríamos convivir con eso. El rostro
del otro es nuestro rostro y el hielo de la nieve
lo refleja. Pero nunca cayó. Sólo piedras
de hielo y algo de la tempestad
que destruyó a los árboles. La tarde
se hizo noche y el cielo
me develó el humor de los pájaros, la tijera
de una bandada ruidosa
buscando dónde anidar.

Y nada
que no supiéramos –salvo volar-
nos pasa. La nieve
cae siempre en otra parte.

El derroche es una ley
del arte y de la naturaleza apaleada. Siempre
hay tiempo, tibiezas
de Barragán antiguo, enaguas de jerga,
lienzos bordados por mi abuela
contra la guerra que,
en ese hacer sumida, florecía en la tela.
Flor rebelada contra la nieve
que había que cavar para ver la luz,
el suelo fangoso que dejaba la pala
enterrando la bala del cansancio
que le hizo estallar una noche
el corazón.

El tuyo, el de ella. Se supone cordial
la huella del pespunte, el hilván,
la mirada ciclópea de la aguja, lo que cava
la pala cuando siembra . El filo del papel
o del hilo. Se supone cordial
entre los yuyos donde se afila un lirio
no pisar su destino de cuchillo

salvando una parte
de un día de pesar.

Del peso del avatar, de ese mal
expresado nombre
de lo adverso. Reverso del candor, cuando te mata.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Yo sólo veía del caballo oscuro


Tres poemas de
CONCEPCIÓN BERTONE
(Rosario, Santa Fe, 1947)


CABALLOS

a mi padre Francisco Antonio Aversa,
en memoria



Yo sólo veía del caballo oscuro
el lucero de blanco pelo
que le dividía la frente, la crin
tusada por la parcial visión, por el hecho
de no tener más ojos
que para ver esa estrella. Él
veía la majestuosa genealogía del pedigree,
el pelaje enjoyado por el “masaje”, el
cuidado amoroso, antes y después
de la carrera, el paso airoso,
la apuesta de la corazonada, la gesta, y
lo que yo puedo ver ahora
en el remedo, la copia
-ex profeso inexacta-
que queda en la memoria: el juego
por el juego, por la lúdica
vida, la vana gloria, la herida
siempre enconada del recuerdo. Mi padre.

Un pura sangre, un quemante resuello
de hazañas y rodadas,
un destello de hielo
en los claros ojos. Siempre será
ese modo lejano de amar. La luna,
en un eclipse total, esta noche
que la tierra no la deja mirarse
en los ojos del sol, es fija

de ese amor que me entenebra.
***
Una piedra en el río

Donde hay poco caudal
hay islas
momentáneas.

Les hace falta mar.
Y no perdura
en un poco de légamo
la vida. Es otra cosa
creo. Una isla
si no es

como Puerto Rico
Un país.

Es tan sólo un coral
en la marisma.

Una piedra en el río.
***
ALBA

A Francisco Madariaga, in memoria


Esa corteza blanca, lisa y hendida, buena
-aunque sea inflexible-. Esos tallos prudentes,
esas ramas serenas porque tienen espinas y
no han herido a nadie con intención, arteras.
Hoy son como mis manos que parecen vacías.
Un pequeño poema traducido del persa.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char