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jueves, 18 de enero de 2018

Los seres queridos sonríen en las fotos

Carina Sedevich
(Santa Fe, Argentina, 1972. Reside en Córdoba, Argentina)

2

Algo en el fondo de los otros
me repele íntimamente:
el reflejo de mi propia humanidad.

*

Sin embargo, hija,
estoy bendita:
la materia de tu alma
ya me es propia.
El hombre aquel
que me leyó las manos
pudo verlo,
como hoy te veo
en el cabello
de otros niños.
Te escucho enumerar
los grillos cada noche.

*

Así
mi revulsiva humanidad
consigue mantenerme viva.
(...)
PRIMER SOL INTENSO de septiembre.
Los niños corren en el parque.
Los seres queridos sonríen en las fotos
lejos, abrazando a otros.
**

Primera mañana de diciembre.
Me detengo bajo un árbol y lo anoto:
Buen trabajo. Los seres que he querido
han podido alejarse de mí.
***
Oración para la piedra de la mesa
(Fragmento)
El viento se mueve.
Mi corazón se mueve
pero ansía ser como la piedra
constelada
que sostiene mis brazos
mientras mis brazos
sostienen mi frente.

*

Piedra de la mesa
perfumada en verano
por partículas de sal.
Demasiado dura
para estar con otros.
Demasiado vieja
para no callar.

*

Piedra de la mesa
dulce como un muerto:
hace mucho tiempo
no miro mis manos.

*

Piedra de la mesa:
olvida mis palabras.
Seres amados:
olviden mis palabras.
Campanas de la catedral:
escriban
sobre mis palabras.
Caireles de la florería:
eleven sus palabras
por mi niña.

-Pájaros:
busquen el agua.
Es domingo.-

De Lavar a la madre. Ed. Buena Vista, 2017.

martes, 10 de octubre de 2017

Un vocablo ocre, grueso, masculino

Carina Sedevich

(Santa Fe-Argentina, 1972. Reside en Córdoba, Argentina)

Para desear un silencio perfecto
basta escuchar una paloma en celo.-
***

AH, LOS POCOS GRILLOS del feliz febrero.
Escurren su azul entre las alas fibrosas.
Mi alma se pliega en fina filigrana:
un sobre traslúcido que guarda un tesoro.

Me vuelvo la hija de mi hermana en sus brazos.
Me vuelvo mi madre tendida en su cama
-y el agua de la cava donde nada su padre
y la planta oscura que crece en su cuadra

al borde de las vías, al fondo de la casa,
recogida de noche por abuelas dolientes.
La planta milagrosa que se denominaba
con un vocablo ocre, grueso, masculino.-

PRIMERA MAÑANA de diciembre.
Me detengo bajo un árbol y lo anoto:
Buen trabajo. Los seres que he querido
han podido alejarse de mí.
*** 
Canción para tener mi hija

1
Hija: algo tienen que ver las campanas con dios.
Los monjes azotan sus badajos en la torre más alta de la iglesia.
El aire se vuelve luminoso en el grito opaco del metal.
El cielo reverbera, más humano.

*

-Aquí, tu pobre madre, como el valle,
posee apenas dos vestidos.-

*

Hija: es el viento.
Mueve las flores amarillas.
Se entibia en esa incandescencia.
Los pájaros parece que sonrieran,
siguiéndolo.
Es el viento de la primavera.
Hoy me puse
ese perfume antiguo en las muñecas.
Extraño el tiempo de las cosas nuevas.
Mi vientre está hinchado
pero sólo de pena.
Yo quería mostrarte las semillas
de las primeras sandías del verano.
Ya pasó, querida, nuestro tiempo.
Tu madre tiene canas y se cansa
pero querría escucharte cada día.
Es el viento, hija. Va a llover.
*
El viento se mueve.
Mi corazón se mueve
pero ansía ser como la piedra
constelada
que sostiene mis brazos
mientras mis brazos
sostienen mi frente.

lunes, 25 de enero de 2016

Qué fue de la ternura que pude sentir

CARINA SEDEVICH
Unquillo,  Prov. de Córdoba,  Argentina.Dínamo Poético Editorial, 2015

(Santa Fe, Argentina, 1972. Reside en Villa María, Córdoba, Argentina) 


Me sumerjo en el agua y rezo: “agua”.
Permite, Señor, que sean mis vísceras
aquellas que aprendan a rezar.
***

Cuando salgo de nadar miro hacia el cielo,
que siempre espera afuera, como un perro.

Como un perro de piedras de cantera.

¿Merezco el plomo y el diamante intenso
de este cielo que me espera como un perro?
***
La madre mece al bebé
pero musita
un conjuro ancestral
para sí misma.
***
Una piedra tan blanca es casi como un niño.
Casi un sacramento para mí.

Inclino mis huesos como panes ácimos
sobre cunas que guardan el amor ajeno.

Qué fue de la ternura que pude sentir.
La siento en la garganta bajar como una hostia.
**
Para leer más de la autora, aquí

jueves, 16 de octubre de 2014

Los papeles de las hojas

CARINA SEDEVICH

(Santa Fe, Argentina, 1972. Recide en Villa María, Córdoba, Argentina)

12

Dormir de tarde
por dos horas de olvido.
El pesado sueno de la rabia
urdido como un mimbre.
Ojo conmigo.
Me levanto a tereré lavado.
*

Si fuera feliz
nunca escribiría.
Soy de esa gente que
no tiene que perder.
Como los hombres que viven
en las plazas
no temo que vean mi miseria.
La humillación es contagiosa:
no me apena.
Mi rencor es como un río.
Y mi moral es blanda.
Lloro siempre porque
soy de agua.
Ojo conmigo.
Calibro mal el dolor.
*

Ya no recuerdo todo,
pero no hace falta.
Dos o tres nombres,
dos o tres armas lacerantes.
Ojo conmigo.
No creo en nada.
Y mi dolor mal calibrado vuelve
como cuando tenía cinco anos.
*

No me recuerdo.
Lloro en silencio,
odio profusamente.
Mi odio es una cana voladora
de chicos pobres a la siesta.
*

Miento para ver qué pasa.
Elijo los señuelos,
los arranco de mi propia carne.
Es que estoy templada como un té.
Ojo conmigo.
No guardo una pasión,
no guardo nada.
Como una vieja loca
ya empecé a resolverlo todo.

De Como segando un cariño oscuro (Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba, 2012), también editado en España y en Chile.
**

Quiero escuchar los ruidos que la lluvia dejó
Porque son hondos.
Los inocentes fuegos del pájaro.
Los papeles de las hojas.
Un carnaval sin arder
Es lo que pasa.
El gris de los muros está más grisado
Y el campo lavado
sigue siendo gris.
**

Paso la vida sentada ante la mesa
leyendo
y escribiendo

y bebo

y celebro a los poetas chinos
que le cantan al vino,
a la contemplación.

Pero si veo a mi hijo borracho
me preocupo

y si lo veo ocioso
me entristezco.
**

La naranja de hoy estaba seca.

La turgencia no garantiza nada.

Ni el color rabioso, ni el botón saliente
que acaricié en la góndola del súper.

La naranja de ayer no era perfecta
pero sus gajos estallaban.

Eran bastante buenas las naranjas
que me tocaron durante la semana.

Hoy el recuerdo de otro jugo no me alcanza.

Y el amor que tuve
no me moja la boca.

Escribió Dickinson, Alción, Córdoba, 2014

sábado, 27 de abril de 2013

Bien vale dorar una cebolla


CARINA SEDEVICH
Tomada de poetasaltuntun

(Santa Fe, Argentina, 1972. Reside en Villa María, Córdoba, Argentina) 

13
Existe lo soportable
y lo insoportable existe.
Nada más.
El tiempo
es apenas un pozo de agua.
Mi ojo siniestro ve un sexto del pasado,
mi ojo diestro una séptima parte del futuro.
Si pudiera delimitar el tiempo
como un arco de fútbol de potrero
entre palo y palo habría lo mismo:
algunas chispas en la oscuridad.

(De Como segando un cariño oscuro. Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba, 2012)
***
4

Escribir es mi única osadía:
bien vale dorar una cebolla,
un pedacito de cebolla morada,
desteñirlo en la manteca
para olerlo.
La soledad es mi única osadía:
bien vale estirar el mantel
sobre la mesa
preparar el plato azul
y los cubiertos
y masticar mirando la ventana.
 ***
Del verano de dios

Crujían las agujas de los pinos.
El pasto crecía. Los gatos esperaban.
¿El sol caía? ¿El calor
insoportable?
No lo sé.

Es que el amor es un aro,
es un útero y un ojo.

(De Incombustible, Alción Editora, 2013)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char