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domingo, 28 de febrero de 2016

Escucha a un hombre hermoso que ya no cree en nada

BRUNO K. ÖIJER

(Suecia, 1951-)

A los desarmados (sin partido) 

Cuando John Black dijo que odiaba toda violencia &
Y que prefería mirar hacia la costa
el consejo militar soltó sus
obedientes oficiales, que destruyeron
cada estatua de afrodita del local & empezaron
a implantar miradas rotas en las
restante manchas verdes...

Los vimos ayer en el premio de la paz
(& todas las minas explosivas exportadas)
& lo único que ellos realmente lamentaron
fue que no existieran más leyes,
para evitar poner el índice en el aire
cada mañana & y sentir
de que lado el dinero sopla.

Cuando la tristeza de los desiertos &
las estadísticas de suicidio del regimiento una vez se silencien,
iremos como aseadores & destruiremos del parlamento
sus columnas dóricas & cosecharemos las parras del mapa del mundo...
imposible despertar al parlamentario correcto
ellos nunca han entendido la palabra conciencia &
duermen muy mal en las noches

Ps. las maestras de escuela
se ha hecho viejas. Gritan toda la semana a
los niños: "coloquen la otra mejilla",
pero es una larga caminata a sus departamentos
& cuando el orgasmo llega (mis amigos)
son ellas las primeras en celebrar a los CARNICEROS.

Nada hemos dicho sobre la razón
todos son nubes cúmulos & locos
& seguridad burguesa en sus entrepiernas

De Canción al anarquismo, 1973
Traducción: Omar Pérez 
***
Oye Ángel
(Noche sin un juego gratis por las calles de Nueva York)

Oye ángel, escucha
oye ángel, escucha a un hombre hermoso
escucha a un hombre hermoso que ya no cree en nada

oye ángel, soy como tú
tengo perlas azules en torno a las muñecas
y el invierno se viene nuevamente
de mi oreja balanceo un aro dorado

oye ángel, escucha
estamos al final del siglo 20
estamos al final del siglo 20 y no pasa nada
oye ángel, estamos al final del siglo 20
y todos buscan la felicidad rodando sobre sus zapatos

oye ángel, yo digo la verdad
oye ángel, hiedo a valijas y a bourbon barato
pero Nueva York está okey, ni más ni menos
oye ángel, es tan simple
quienes siguen con vida son condenados
quienes siguen muertos se recuerdan y premian

oye ángel, algo significas para mí
tú y un puñado más
criminalmente amado y llamado inútilmente
oye ángel, escucha
tal vez resulte o no un buen polvo
tal vez me incline sobre las flores del tapiz
pero veo la sangre a lo largo de Bowery por mi ventana
y los flippers se han vuelto contra mí
oye ángel, resulta que las balas se cuelan a través
y yo he buscado algo que buscar
y yo he buscado algo que buscar
y yo he buscado algo que buscar

oye ángel, el alba cae
sobre los papeles de diario y los vidrios rotos
no puedo regresar
no puedo regresar
no puedo quedarme aquí
oye ángel, soy tan libre como una avispa
atrapada en la puerta giratoria del palacio bancario

oye ángel, no te burles de mí, tú sabes lo que quiero
oye ángel, las calles están limpias de todo, vacías
oye ángel, todos han lucrado de la guerra
oye ángel, sube aquí y deja tus ropas en el suelo

escúchame
escucha a un hombre hermoso
escucha a un hombre hermoso que ya no cree en nada

oye ángel, soy como tú
fumo 10 Pall Mall antes del desayuno
tomo un taxi hacia el parque y pago con un hoja seca
oye ángel, yo soy bueno ante mis ojos
oye ángel, en cuando en cuando doy a mis ojos tantos quilates
veo las puertas abrirse hacia el parque de diversiones
veo a todos abalanzarse y recogen el moho de la carpa circense

oye ángel, yo digo la verdad
oye ángel, llevo una cáscara de naranja ya comida
llena de cenizas de cigarro
tengo un esqueleto de naranja pegado junto a mi pecho
oye ángel, la ceniza se estremece en mis latidos
no quiero pedir perdón
ni intentar ponerla a ella o a él junto a mi pecho
no pienso buscar trabajo o ver como alguno va al suyo
no seguiré a nadie que no haya antes sido seguido

oye ángel, estoy aquí
y soplo algunos granos de ceniza por mi ventana
no puedo oírlos aterrizar en East Houston Street
pero el mundo se aclara de aquello que en nosotros permanece
y las calles vacías se apertrechan de mí
oye ángel, los días llegan, después las noches
y no tengo ningún consejo que dar
aquellos que cazan se han ido y quienes se han ido están afuera de caza

oye ángel, no necesitas estar de acuerdo conmigo
pero estas perlas azules iluminan mi camino
no el tuyo, no el de otro

oye ángel, es tan simple
algunos de nosotros creen que las fresas silvestres saben mejor de noche
algunos de nosotros dibujan una almohada sobre el puente de Brooklyn
algunos de nosotros exigen que los tragos sean punzados
antes de empezar la corrida de toros
algunos de nosotros bajan por la Primera Avenida
y equilibran la tibia lluvia sobre el estilete
algunos de nosotros pagan caro por figurar
en la próxima edición de bolsillo de "quién es quién"
algunos de nosotros atraen al sol con un paquete de almendras
y un muslo desnudo
algunos de nosotros ven los fuegos artificiales reventar sobre el barrio chino
como manchas de carmín en los guantes del aseador
algunos de nosotros
algunos de nosotros creemos haber hallado la salida

oye ángel,
no te aburriré
y no pienso descansar largo rato a tu lado
oye ángel, lo único que quiero
es subir y llegar en tu cuerpo
oye ángel
oye ángel, estamos al final del siglo 20
estamos al final del siglo 20 y las luces se han ido
estamos al final del siglo 20
y la vida se ata tan fuerte con ternura y comunión
que los amantes trinchan la cabeza
y los caballos obligan a irse al matadero

oye ángel, yo he buscado algo que buscar
oye ángel, yo he buscado algo que buscar
oye ángel, yo he buscado algo que buscar
escúchame
escucha a un hombre hermoso
escucha e un hombre hermoso que ya no cree en nada

oye ángel, déjame llamar la misma gente
y contarles de nuestro amor
déjame contarles que nos encontramos por casualidad
por el puro placer de alejarnos uno del otro

oye ángel, los días se van, después las noches
y los flippers se han vuelto contra mí
simplemente las balas disfrazadas de gorgeos
se cuelan perforando el cráneo de Dios

oye ángel, Nueva York está okey, ni más ni menos
oye ángel, es tan simple
los que se hielan incendian sus casas
los que sueñan con la justicia sufren de insomnio
y pálidos y enfermos deben mostrarse

oye ángel, soy como tú
no necesito mucho
necesito una cordillera y una palmada en la espalda
oye ángel, a veces me siento como una buena baraja
a veces tengo mano en la primera
pero los tipos como yo entran a un juego
donde la ganancia es demasiado pesada para llevarse algo a casa

oye ángel, los tipos como yo vagan de bar en bar
los tipos como yo se ríen a carcajadas del futuro
y calentamos las calles con nuestras pisadas
oye ángel, los tipos como yo no quieren aspirar a nada
los tipos como yo ponen un espejo sobre el suelo
para que los planetas admiren su maquillaje

oye ángel, flota el downtown, tú sabes como ando a tientas.
oye ángel, no hay peligro.
es sólo el Día de San Valentín y las lágrimas
golpean sobre el río Hudson
oye ángel, imagínate, toda una tarde
piénsate toda una tarde sin un juego gratis

oye ángel,
oye ángel, estamos al final del siglo 20
estamos al final del siglo 20 y debes alimentar los pájaros
estamos al final del siglo 20 y escucho hablar
no quiero tenderme allí pero ahora
ellos yerran el camino en sus habitaciones

y yo he buscado algo que buscar
y yo he buscado algo que buscar
y yo he buscado algo que buscar

escúchame
escucha a un hombre hermoso
escucha a un hombre hermoso que ya no cree en nada

oye ángel, soy como tú
oye ángel, es siempre de noche cuando me levanto
oye ángel, me tiendo aquí y veo las cortinas salirse de sus cuerdas
oye ángel, es tan simple
oye ángel, hay una llama negra
oye ángel, hay una llama negra y esta viene
hacia nosotros.

Versión de Juan Cameron

viernes, 29 de abril de 2011

Él era la rama que todavía se ondulaba


Créd.: http://dyngan.se/
 Dos poemas de BRUNO K. ÖIJER
(Suecia, 1951-)


Nunca

construyeron
un trono para mí
se quiso que me sentara allí
que recibiera ofrendas y escuchara homenajes
pero primero debería probarse
que yo era yo y ningún otro
y puesto que yo era tan difícil de encontrar
la búsqueda se fue prolongando

algunos afirmaron
que me habían visto recientemente
no era yo aquel niño
que siempre se sentaba solo frente a la ventana del altillo
y que armaba un castillo de naipes de lluvia
mientras afuera el bosque de pinos
se balanceaba en el frío
suspirando largamente a causa de algo duro y penoso

otros no estuvieron de acuerdo
y decían
que yo debía ser decididamente mayor
ellos me habían visto en una gasolinera
yo me había bajado de un Mercedes blanco
con las llaves del auto en la mano
bronceado y vestido con algo que podría interpretarse
como una sonrisa introvertida

eso es incorrecto
dijo alguien
yo lo vi la semana pasada
durante una procesión de Pascua en una aldea griega
él llevaba una corona de espinas y arrastraba
una pesada cruz de madera que marcó un surco sobre la tierra
yo vi cómo él sudaba sangre
pero lo extraño fue
que cuando conduje rápidamente de vuelta
y pasé por el camino de playa de otra aldea
él estaba ya sentado allí
recién afeitado fresco y al parecer imperturbable
había recién prendido un cigarrillo
y parecía hablar consigo mismo
o era quizás con las olas del mar

no entiendo nada
interrumpió una mujer
él ha estado acostado aquí todo el tiempo
conmigo en mi cama
cuando no es que está sentado y bebe tequila
en el Café Vesuvio en San Francisco
ciertas tardes si el ocaso es generoso
y llena su vaso él habla incesantemente
sobre la batalla de Alamo y la de Little Bighorn
o de cómo ha intentado
enderezar el presente
hasta que sus manos se enfriaron

no puede ser él
dijo una pareja de ancianos
a él lo vemos todos los veranos
no dejaría nunca su modesta finca
o su jardín
anda siempre
bien vestido por el bosque con un traje negro
pero él no se trata con nadie
no permite que nadie se le acerque
todo su mundo son sus gatos recién nacidos
y flores silvestres azuladas

no sé
dónde está él en este momento
dijo un hombre
pero yo lo veo frente a mí
nos encontramos cuando yacía en un hospital enfermo de tifus
entre las montañas allá en los Andes
podía contar sus vértebras
y por lo menos una era una varita mágica
yo no sé nada de magos
pero recuerdo por lo menos su voz
cuando dijo que él nunca
se sentaría en un tren
que no pudiera elevarse de las vías
y acercarse al cielo

qué extraño
dijo una voz
yo lo he conocido toda mi vida
y no ha estado nunca enfermo
su teléfono sonaba constantemente durante las noches
eran personas desconocidas
que contaban que estaban quebradas interiormente
yo supongo que querían algo de él
y una vez fue tan pobre que
pudo tirar todo su dinero
estoy convencido de que
si hubiera arrojado un hueso hacia la hierba
hubiera logrado que la vida misma corriera a recogerlo

nunca
me ha gustado
dijo otro más del montón
lo he visto vestido con harapos
puedo jurar
que consume todas las drogas existentes
y no fue él el que escribió
que solamente salimos en libertad un par de semanas por año
para sellar los exteriores
de la prisión que hemos hecho de nuestras vidas
no fue él el que escribió
que las estrellas vigilan la tierra
apuntan sus extremos luminosos sobre las heridas abiertas
que llamamos países y ciudades

ustedes
han malentendido todo
dijo una adolescente
él ha escrito solamente un poema
y se trata de amor perdido
yo sé dónde está
yo sé a quién buscan
él fue el único en que detuve mi mirada un día
en que miré hacia afuera
a través de este rígido paisaje sin vida
él era la rama que todavía se ondulaba
donde el pájaro desaparecido había estado posado
y ustedes pueden seguir construyendo su trono
él nunca va a sentarse allí
nunca
***
Descubierto

a la mesa puesta
estaban sentados los adultos conversando
jugabas a que la distancia
el mismo vacío entre ellos
semejaba una corona sobre sus cabezas
y entendiste muy temprano en quiénes podías confiar
quiénes apreciaban aquello que crece libre
los demás estaban solamente sentados inmóviles inseguros huecos
y no mostraban sentimientos
no mostraban nada
como si sus vidas y sus almas
fuesen los lugares del delito
lugares que ellos mismos ya no se atrevían a visitar
por miedo a ser sorprendidos
descubiertos

Traducción: Lilian Fernández Hall
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char