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domingo, 26 de junio de 2016

El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro

Ingeborg Bachmann

(Klagenfurt, Austria, 1926-Roma, Italia, 1973)



Cantos en la huida (Lieder auf der Flucht)
           
            Dura legge d’Amor! ma, ben che obliqua,
            servar convensi; però ch’ella aggiunge
di cielo in terra, universale, antiqua.
                                   Petrarca, I Trionfi      
I                                                                                                       
Se rompe el gajo en la nieve,
se desmorona el peldaño,
tiesa brilla la ciudad en
reflejo de invierno extraño.

Los chicos gritan y trepan
por la montaña hacia arriba,
comen de la blanca harina
e idolatran al cielo.

El resplandor del invierno,
la mandarina dorada,
está en acción en el viento.
Rueda la roja naranja.

(I // Der Palmzweig bricht im Schnee,/die Stiegen stürzen ein,/die Stadt liegt steif und glänzt/im fremden Winterschein. // Die Kinder schreien und ziehn/den Hungerberg hinan,/sie essen vom weißen Mehl/und beten den Himmel an.// Der reiche Winterflitter,/das Mandarinengold,/treibt in den wilden Böen./Die Blutorange rollt.)


II                                                                                                     
Pero en cambio yo estoy sola,
impedida del hielo, toda herida.

La nieve no me ha atado todavía
una venda en la mirada.

Los muertos, a mí apretados,
en mil lenguas encuentran su silencio.

Nadie me quiere ni lleva
por mí encendida una lámpara.

(II // Ich aber liege allein/im Eisverhau voller Wunden.//Es hat mir der Schnee/noch nicht die Augen verbunden.// Die Toten, an mich gepresst,/schweigen in allen Zungen.// Niemand liebt mich und hat/für mich eine Lampe geschwungen!)


VII                                                                                                   

Por dentro son tus ojos dos ventanas
y en una tierra me hallo, de claridad rodeada.

Por adentro es tu pecho un mar profundo,
que hasta el fondo me arrastra.
Por dentro pasarelas son tus muslos
para mis barcos, retornando a casa 
de tantos largos viajes.

Y mi dicha entrelaza una cuerda de plata
que me tiene amarrada.

Dentro es tu boca un nido
de plumas a mi lengua que alza el vuelo.
Tiene adentro tu carne la luz de los melones,
sin fin dulce y sabrosa.
Y por dentro tus venas son tranquilas,
repletas con el oro
lavado por mis lágrimas,
que algún día tendrá su recompensa.

De títulos que acoges, luego abrazan tus pobres
los bienes que primero a ti se otorgan.

Por adentro tus pies jamás caminan,
sino que ya han llegado a mi tierra deseada.
Por dentro son tus huesos flautas claras
de las que saco tonos hechiceros
que sabrán cautivar también la muerte…


(VII // Innen sind deine Augen Fenster/auf einem Land, auf dem ich in Klarheit stehe.// Innen ist deine Brust ein Meer,/das mich auf den Grund zieht./Innen ist deine Hüfte ein Landungssteg/für meine Schiffe, die heimkommen/von zu großen Fahrten.//Das Glück wirkt ein Silbertau,/an dem ich befestigt liege.//Innen ist dein Mund ein flaumiges Nest/Für meine flügge werdende Zunge./Innen ist dein Fleisch melonenlicht,/süß und genießbar ohne Ende./Innen sind deine Adern ruhig/und ganz mit dem Gold gefüllt,/das ich mit meinen Tränen wasche/und das mich einmal aufwiegen wird.//Du empfängst Titel, deine Armen umfangen Güter,/die an dich zuerst vergeben werden.//Innen sind deine Füße nie unterwegs,/sondern schon angekommen in meinen Samtlanden./Innen sind deine Knochen helle Flöten,/aus denen ich Töne zaubern kann,/die auch den Tod bestricken werden …)

XV                                                                                                   

Tiene el amor un triunfo y la muerte tiene uno,
el tiempo y el tiempo después.
Para nosotros no hay ninguno.

Sólo el derrumbe de estrellas. Resplandor y silencio.
Mas por sobre el polvo el canto
nos ha de superar.

(XV // Die Liebe hat einen Triumph und der Tod hat einen,/die Zeit und die Zeit danach./Wir haben keinen.//Nur Sinken um uns von Gestirnen. Abglanz und Schweigen./Doch das Lied überm Staub danach/wird uns übersteigen.)

Versiones de Irene M. Weiss

 ***
Otra versión

Dura legge d'Amor! ma, ben che obliqua,
Servar convensi; però ch'ella aggiunge
Di cielo in terra, universale, antiqua
Petrarca, "I Ttriunfi"

I
La hoja de palma se parte con la nieve,
las escaleras se derrumban,
la ciudad yace tiesa y brilla
en el extraño resplandor de invierno.

Los niños gritan y suben
a la colina del hambre,
comen de la blanca harina
y rezan al cielo.

La rica quincalla invernal,
el oro de las mandarinas,
vuela en las ráfagas salvajes.
Rueda la naranja sanguina.

II
Yo, sin embargo, yazgo solo
encerrado en hielo, lleno de heridas.

Todavía la nieve
no me vendó los ojos.

Los muertos, abrazados a mí,
callan en todas las lenguas.

¡Nadie me ama ni ha agitado
una lámpara para mí!

X
¡Oh amor, que rompiste y tiraste
nuestras cortezas, nuestro escudo,
el cobijo y la herrumbre marrón de años!

¡Oh penas, que pisándolo apagaron nuestro amor,
su fuego húmedo en las partes sensibles!
Llena de humo, sucumbiendo en el humo, la llama se repliega.

XII
Boca que durmió en mi boca,
ojo que vigiló mi ojo,
mano-

y los que me arrasaron, los ojos!
¡Boca que pronunció la sentencia,
mano que me ejecutó!

XV
El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro,
el tiempo y el tiempo de después.
Nosotros no tenemos ninguno.

A nuestro alrededor sólo hundirse de astros. Destellos y silencio.
Mas la canción por encima del polvo después
va a superarnos.

De Invocación a la Osa Mayor, Ediciones Hiperión, 2001.
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García.

viernes, 13 de junio de 2014

Lo que cuentan y persisten son las cúpulas

INGEBORG BACHMANN

(Klagenfurt, Austria, 1926-Roma, Italia, 1973) 

Sin título

Qué difícil es perdonar,
un trabajo muy lento y muy arduo,
del que sola me he ocupado
durante ya muchos años.

El odio me ha enfermado,
me siento deformada, estos abscesos
me prohíben incluso mostrarme
junto a los hombres.

Sólo sé que yo
no puedo odiar más de este modo
ni desear tu muerte,
la cual tampoco deseo,
ni cumpliría yo por mi mano,

He aprendido que la mía
ha de amar a sus enemigos, y
esto es tan simple, pues si no cómo
podrían luego mis enemigos
hacerme más de un mal.
Si se extravía una bala,
si alguien me escupe en a cara,
como ayer, no me guardo pensamientos
contra el amor que me ha sido dado.

Tengo miedo ante el amor
que me has infundido tú,
con la intención más cruel.
Totalmente ajada de cortantes ácidos,
venenos de todo tipo, por el opio,
aturdida por completo en mi destrucción.
Puesto que ya no vivo más en ti,
y muerta me encuentro ya, donde estoy.
Lo que cuentan y persisten son las cúpulas
comen dos veces al día, satisfacen
luego sus necesidades, e
imploran por los medicamentos,
que me han de sumir en un largo sueño.
**
Niños de julio

Por nuestros propios medios nonatos,
mis niños de julio, las monstruosidades
que se mueven con el pie mutilado, no lo sabemos,
que agitan el muñón, no lo sabemos,
y la cabeza perdida.
Por nuestros propios medios,
perdiendo la cabeza,
mis queridos niños
nada les habría podido enseñar
pero bien alimentados les habría hecho
enamorarse de lo otro, del viento en el aire
Unos miles de ellos en julio
habría sido siempre julio
monstruos alimentados
desde mi ternura
que es lo que buscáis vosotros, espectros etéreos
Transformadores del mundo, vosotros me
habríais cambiado el mundo
y cambiármelo hasta la muerte por cariño
hasta la muerte para algo otro
Viento en el aire el papel jironeado
que se desgarra, antes que alguno pueda
leer lo que ha sucedido
como se os ha arrancado
de mí, se ha desgarrado el jirón de
papel que no puede sin embargo leer aun nadie.

Traducción de Breno Onetto, poemas inéditos, pertenecientes a No sé de otro mundo mejor.

lunes, 26 de mayo de 2014

Espantadas golondrinas caseras como murciélagos y fuegos fatuos

Friederike Mayröcker 
Tomada de diepresse.com

(Viena, Austria, 1924)
Vaticinio desde las horas matutinas de un día despejado
(Traducción de Héctor A. Piccoli)

hollado y azul olvido de genciana
dintel de un pequeño monóculo inmerso en el juncal
oh triste anémona abedulito en el Atlántico
batir de alas del sol gigante mar sobre olas meridianas
sólo en el entorno abandonados sitios casas de música foliada
I like the sunrise fa sostenido mayor las sombras del saúco en este instante
dispersa en flores palidecerte palomas acuáticas luna tenue
estancamiento de la sangre en la ruta principal de las palomas
suave y puro por el día de setiembre verde y cerval hacia la vastedad
sobre las pendientes por fin el pámpano: siempre-cepa
***
Tilo cintilante

Hacia el clarísimo limón
oh arce tañendo tanto
el arpa; derraman
guirnaldas su rojo sanguíneo
como cabello de mujer en llamas:
rastro playo de la
luz vagando
en el lácteo mediodía
...........
cómo te nombro
cuando pienso en ti
y tú no estás:

mi fresa silvestre
mi lagartija confitada
mi cucurucho consuelo
mi hilador de seda
cuco de mis cuidados
mi Aurelia
mi flor de grava
mi criatura en sueño
mi mano matutina
mi muy olvidadizo
crucero de mi ventana
mi ocultador lunar
mi cayado argénteo
mi crepúsculo vespertino
mi hebra solar
mi liebre hocicuda
mi cabeza cervuna
mi pata de liebre
mi rana de escalera
mi guirnalda de luces
mi ladrón de primavera
mi jamelgo temblón
mi caracol de plata
mi tintero
mi zorro escobillero
mi talador
mi fugitivo tempestuoso
mi guardaosos
mi muestradientes
mi oreja de caballo
mi árbol en el Práter
mi cuerno espiralado
mi portamonos
mi fin de invierno
mi alcaucil
mi medianoche
mi contador regresivo.

(¡da capo!).
***
Tenemos ahora dientes de cabos de vela

Afuera el pino el abeto gris el pluvial pino de Flandes
y la charla en la glorieta de la hostería
con ese aroma a cerveza

de mañana hacia las alturas grises de nubes
se abre allí una ventana tan temprano
de par en par como el aire que fluye separándose
se extienden los brazos abriendo las ventanas

del otro lado del día la caída
de la gris congoja
estos crepúsculos grises como el polvo
desapareciendo con los trenes y las nieblas y volviendo a irrumpir:
debajo de sí Vineta ciudad de campanas.

Y luego la noche
negra y como con la mano hasta la muñeca en el agua
vamos tropezando hasta la puerta:
oh las muchas estrellas
y un negro mechón en el rostro
descalzos sobre la escalera crujiente.
Las falenas revoloteando:
espantadas golondrinas caseras como murciélagos y fuegos fatuos
y la horrible lengua de miel de las moscas muertas.

Ahora
en medio de la primavera en inmersión
después de muchos meses:
un bolso abierto
un viejo cigarrillo de la Rue des dames
un saquito de sosa
un trozo de pan endurecido
en la cama el molde de tu cuerpo.
***
Retorno a ti niño muerto

Tengo un niño yace enterrado
con dos ojos-ojos azules
dos ojos del color del pomito de olor
y las aves trizadoras de Etiopía acuden en bandadas
en torno a sus dos ojos azules para arrancarlos con sus picos
y los pequeños cisnes de Seckau
que querían venir al bautismo
se han vuelto volando
mi bello niño muerto yace sobre mí
y encima de mí ha respirado
yo oía sus largos alientos dormidos
parecía el murmullo de las hojas en los árboles estivales
cuando bajo la techumbre de esos árboles él y yo nos acuclillábamos
y las hojas verde esmeralda murmuraban
y él me miraba desde sus ojos azules
y los árboles seguían murmurando luego y murmuraban:
pronto estará muerto…
pusimos luego en la iglesia su ataúd
tenía tan sólo una pequeña ventanita
por la que él miraba hacia afuera
es mi niño
y se llamaba como el cielo azul y el arrebol
y el viento matinal en primavera y las hojas en la copa murmurante
y el narciso y el más bello de los días
y aunque le había cerrado los ojos
los párpados volvían y volvían a elevarse
tenía ojos azules y una redonda naricita
y una boca entreabierta con dos hermosos dientes
era un varoncito
era un regalo como jamás lo había antes recibido
lo amo por sobre todo
está muerto
ya no volverá jamás
a mi brazo izquierdo a mi brazo derecho a mis dos brazos
a mis pechos yaciendo sobre mí yo inclinada sobre él
las aves todas los arroyos todos las piedras todas las nubes todas y el humo

vienen a la ventanita y contemplan a mi niño muerto
yo le tejo una guirnalda de diente de león silvestre
le entrelazo un suave cestillo para el rostro
plantaré sus ojos azules en la tierra
como un par de flores de azafrán
derramaré sus cabellos rubios
esparciré su boca su nariz su piel
sus rodillas y muslitos
sus uñas sus lugares rubicundos en los pliegues del codo
jugaba con pequeños caballitos y borriquillos de crin rizada
con espiralados caracoles a la vera del camino
y soplaba en sus cuernos
y se posaba gozoso las antenas de las mariposas
y compartía con las lilas
las nubes de lluvia y a las bellísimas nubes saturadas de la siesta
a los balcones los conocía por su nombre
y como Miró escribía en ellos: »s 5«, »s 5«, »s 5«, y sin cesar
salteaba muchas cosas
y arriesgaba los saltos más osados de hocico a hocico de oveja
hasta que la lana se desgreñaba más y más
le gustaba encrespar el agua con la mano
y yo arreglaba cosiendo su peinado
él sacaba hacia adelante la bandera negra
y a su horquilla le ponía un asta
la mandaba a buscar el cordero pascual de mansa errancia
e iba por la punteada curvatura de un arbusto maduro
de viburno
se iba a menudo con mi sombrilla azul
yo gritaba detrás de él y lloraba por su dulzura
(él está muerto él es mi todo).
***
Cincuenta y cuatro a cincuenta y siete
(Traducción de Héctor A. Piccoli)

En un compartimiento del
real e imperial ferrocarril
austro-húngaro celebraban
una fiesta
pasaban junto a las refinerías de azúcar
se peinaban las rojas mejillas de felpa
se comportaban como una vez Hölderlin y quamquam el borracho
esperando
que ascendiera el coche comedor

pues en el coche comedor en la red prohibitiva
en la abrazadera entre Neulengbach y Himmelskrätz
querían volver a verse
era un lanoso día de julio
él llevaba pantalón de franela y una maletita
brindaron uno por el otro

mas los otros vieron que eran las seis
en la escuadrilla del sol de la tarde
los grifos de cobre y los grifos de cobre
caía un plumaje fumífero sobre la frente
en el compartimiento que daba a Viena Oeste Este
y llovía como Thomas Reuth
como la Alhambra en el cuento Scutum
como mañana de sol daga incandescente
ella se aparta deja el camino y dobla la esquina
hacia el pequeño Dorotheum

y se asalamandran en este rincón de sueño aterciopelado
y se encrespan quitándose las huellas de la era
las estrellas vespertinas de todos los soles vespertinos
como violas coronarias oro a oro
y goteo de miel de la boca de raso
y palacios de montaña aquí y en alto
una imagen de cisne vestida de lana
de este aquí y allí un beso
allí ascendí en tibieza de choza
y recogí nieve y lilas
y flecheaban del húmedo trampolín
el dios del agua con tricornio y perfume
el heliantemo y el tamboril
sobre los cuales verdes fardos de césped
rozados tan sólo con el zapato

en camino a casa
en el frío taxi rápido a casa
y muchas mañanas noche blanda como las nubes
y lágrimas manos con lisura de mejillas
y botellas con ductilidad cuellos de cigarrillos
y cordero pascual
y cobrar aliento y no saber si.
***
Misterio
(Traducción de Héctor A. Piccoli)

La imagen sacra tiene
una espina azul.
Jesús es bautizado
en naranja. Casi más allá
una y otra vez el Juicio Final.
Bienaventurados que sonríen y
forman coros. Verde clara
la tierra se hunde, pero
los cielos pronto se apaciguan.
Más claros, ondean como argénteas
banderas en lento movimiento,
y el cirio más alto se afana
y da olor.
Estoy ante ti en el polvo frío
estoy ante ti desde algún sitio
desde una aterida oscuridad
estoy ante ti y canto loas:
miradas de alabanza me elevaron
de los cansados estribos de mi
sentimiento, sin un murmullo.

Versiones de Héctor A. Piccoli y Helena G. Quinteros (Argentina), y Tobias Burghardt (Alemania)


miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Dónde están los míos, los simples, los primigenios?



Tomada de http://contemplatifs012.blogspot.com.ar






PETER HANDKE
(Griffen, Carintia, Austria, 1942)

De Las alas del deseo
(Fragmentos)

Monólogos de Homero (viejo)

Cuéntanos musa del narrador, del infante, del anciano apartado a los lindes del mundo y haz que en él se reconozca cada hombre. Con el tiempo los que me escuchaban se han convertido en mis lectores. Ya no se sientan en círculo sino solos, y cada uno no sabe nada del otro. Soy un viejo, con la voz quebrada, pero el relato sigue elevándose desde las profundidades. Y la boca entreabierta lo repite, tan poderoso como apacible. Una liturgia para la que nadie necesita estar iniciado en el sentido de las palabras y de las frases.
***
El mundo parece ahogarse en el crepúsculo, pero yo narro, como al principio, en mi cantinela que me sostiene a salvo, por el relato, de las revueltas del presente y protegido para el futuro.

Se acabó el remontarse muy atrás de antaño. El ir y venir a través de los siglos… Ya sólo puedo pensar de un día para el otro. Mis héroes ya no son los guerreros y los reyes, sino las cosas de la paz, todas iguales entre sí: las cebollas que se secan tan valiosas como el tronco del árbol que atraviesa el pantano. Pero nadie a logrado aún, cantar una epopeya de la paz. ¿Qué le ocurre que no puede seguir fascinando por mucho tiempo, que se deja apenas narrar por alguien? ¿Debo renunciar ahora? Si renuncio, entonces la humanidad perderá su narrador. Y si alguna vez la humanidad pierde su narrador, al mismo tiempo habrá perdido su infancia. ¿Dónde están los míos, los simples, los primigenios?

Nómbrame, musa, al pobre cantor inmortal quien, abandonado por sus mortales oyentes, ha perdido su voz. El que del ángel del relato, se convirtió en el ignorado o burlado organillero, fuera, en el umbral de la tierra de nadie.
***

–Sólo las vías romanas conducen aún a lo lejos, sólo las huellas más antiguas conducen aún más lejos. ¿Dónde está el puerto de montaña? También la planicie, también Berlín tiene sus recónditos puertos, y ahí es dónde empieza mi tierra, la tierra de la narración. ¿Por qué no todos ven de niño los puertos, los portones, los intersticios, abajo en la tierra y arriba en el cielo? Si cada uno los viera habría una historia sin sacudidas mortales y sin guerra.
***
–Nombradme a los hombres, mujeres y niños que me buscarán, a mí, su narrador, su cantor y portavoz, porque me necesitan, más que a nada en el mundo.

Hemos embarcado.
***
Canción de la niñez
(De Archivo)

Cuando el niño era niño
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente
y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño
no sabía que era niño
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.
Cuando el niño era niño
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ninguna costumbre
se sentaba en cuclillas,
tenía un remolino en el cabello
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué estoy aquí?
¿Por qué no allí?
¿Cuando empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad son los malos?
¿Cómo puede ser que yo, el que yo soy,
no fuera antes de devenir; y que un día yo,
el que yo soy, no seré más ese que soy?
**
Cuando el niño era niño
no podía pasar las espinacas, los porotos,
el arroz con leche y el coliflor saltado.
Ahora se lo come todo
y no porque lo obliguen.
Cuando el niño era niño
despertó una vez en una cama extraña
y ahora, una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora sólo con suerte.
Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuírlo.
Nada podía pensar de la nada,
y ahora esta idea lo estremece.

Cuando el niño era niño
jugaba con entusiasmo,
y ahora se mete en sus cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.
**
Cuando el niño era niño
las manzanas y el pan le bastaban de alimento,
y todavía es así.
Cuando el niño era niño,
las bayas le caían en la mano
sólo como caen las bayas,
y ahora todavía.
Las nueces frescas le ponían áspera la lengua,
y ahora todavía.
Encima de cada montaña
tenía el anhelo de una montaña más alta
y en cada ciudad
el anhelo de una ciudad más grande,
y siempre es así todavía.
En la copa del árbol
tiraba de las cerezas con igual deleite
como hoy todavía.
Se asustaba de los extraños
y todavía se asusta;
esperaba las primeras nieves,
y todavía las espera.

Cuando el niño era niño,
lanzó un palo como una lanza contra un árbol,
y hoy vibra ahí todavía.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Si todas las muchachas fueran mías

WOLFANG AMADEUS MOZART
(Salzburgo, actual Austria, 1756 - Viena, 1791) 

De La flauta mágica
Libreto de Emmanuel Schikaneder

(2) Aria de PAPAGENO

Yo soy el pajarero,
siempre alegre, ¡oh, arriba!
Como pajarero soy conocido por
viejos y jóvenes en todo el país.
Cazo con reclamo y toco la flauta.
Puedo estar alegre y contento,
porque todos los pájaros son míos.
Yo soy el pajarero,
siempre alegre, ¡oh, arriba!
Como pajarero soy conocido
por los viejos y los jóvenes
en todo este país.
¡Me gustaría tener una red
para muchachas,
las cazaría por docenas!
Luego las metería en la jaula
y todas ellas serían mías.
Si todas las muchachas fueran mías,
las cambiaría por azúcar:
y a la que yo más quisiera
le daría enseguida el azúcar.
y me besaría con delicadeza,
si fuera mi mujer y yo su marido.
Dormiría a mi lado y la acunaría
como si fuese una niña.
(...)

PAMINA

¡Tamino mío! ¡Oh, qué felicidad!

TAMINO

¡Pamina mía! ¡Oh, qué felicidad!
Aquí están las puertas del espanto,
que me amenazan
con la miseria y la muerte.

PAMINA

En todas partes
estaré a tu lado.
Yo misma te guiaré,
el amor me conducirá

(le toma de la mano)

Él sembrará de rosas el camino,
pues rosas y espinas van unidas.
Y si tú tocas tu flauta mágica,
ella nos protegerá en el camino.
En una hora mágica mi padre
la talló de lo más hondo
de una encina milenaria,
entre truenos y relámpagos,
tempestades y huracanes.
Ven y toca la flauta,
nos guiará por el camino de espanto.
**
Imagen: Tamino y Pamina, acuarela de Max Slevogt. Tomada de wikipedia.com

viernes, 6 de abril de 2012

Ya no se declara la guerra, se prosigue

Otros poemas de INGEBORG BACHMANN
(Klagenfurt, Austria, 1926-Roma, Italia, 1973) 

El tiempo postergado

Vienen días más duros.
El tiempo postergado hasta nueva orden
se hace visible en el horizonte.
Pronto debes atar tu zapato
y seguir los perros de vuelta a las granjas del pantano.
Pues las entrañas de los peces
se han vuelto frías en el viento.
Débil brilla la luz de los lupinos.
Tu mirada traza en la niebla:
El tiempo postergado hasta nueva orden
se hace visible en el horizonte.

Al otro lado la amada se hunde en la arena,
ya asciende hacia su ondeante cabello,
cae en sus palabras,
le ordena silencio,
la descubre mortal
y dispuesta a la partida
tras cada abrazo.

No mires atrás.
Ata tus zapatos.
Sigue los perros de vuelta.
Tira los peces al mar.
¡Apaga los lupinos!

Vienen días más duros.

Traducción: Yannick Bautista
***
Todos los días

Ya no se declara la guerra,
se prosigue. Lo inconcebible
se ha hecho cotidiano. El héroe
permanece alejado de los combatientes. El débil
ha avanzado hasta las zonas de fuego.
El uniforme de diario es la paciencia,
la condecoración, la mísera estrella
de la esperanza sobre el corazón.

Se concede
cuando ya no pasa nada,
cuando el fuego nutrido ha enmudecido,
cuando el enemigo se ha hecho invisible,
y la sombra del armamento eterno
oscurece el cielo.

Se concede
por abandonar las banderas,
por el valor ante el amigo,
por revelar secretos indignos
y desacatar
toda orden.

Versión de Arturo Parada
***
La noche de los perdidos.
El final del amor

Una luna, un cielo
y el mar obscuro.
Tan sólo eso, y todo obscuro.
Tan sólo eso, porque es de noche.
Y nada humano
entreteje además esa acción efectiva,
Que me reprochas también tú
y semejante amargura
No lo hagas.
Nada mejor hay que yo pudiera conocer
sino amarte, nunca
pensé,
que a través del sudor de la piel
se me haría presente
el […] mundo.

Traducción:  Breno Onetto

jueves, 29 de diciembre de 2011

No descuido la escritura, / sino a mí misma

INGEBORG BACHMANN
(Austria, 1926-Italia, 1973)


NADA DE DELIKATESSEN

Ya nada me gusta.
¿Debo
ataviar una metáfora
con una flor de almendro?
¿crucificar la sintaxis
como un efecto de luz?
¿Quién se romperá la cabeza
con cosas tan superfluas—?

He aprendido a ser sensata
con las palabras que hay
(para la clase más baja)

hambre
deshonra
lágrimas
y
tinieblas.

Con los sollozos no depurados,
con la desesperación
(y desespero de desesperación)
por tanta miseria,
por el estado de los enfermos, el coste de la vida,
me las arreglaré.

No descuido la escritura,
sino a mí misma
Los otros lo saben,
dios lo sabe
qué hacer con las palabras.
Yo no soy mi asistente.

¿Debo
aprisionar un pensamiento
llevarlo a la iluminada celda de una frase?
¿Alimentar oídos y ojos
con bocados de palabras de primera?
¿Investigar la libido de una vocal,
averiguar el valor de amateur de nuestras consonantes?

¿Tengo que,
con la cabeza apedreada,
con el espasmo de escribir en esta mano
bajo la presión de trescientas noches
romper el papel,
barrer las urdidas óperas de palabras,
destruyendo así: yo tú y él ella lo
nosotros vosotros?
(Que sea. Que sean los otros.)
Mi parte, que se pierda.

*
De Ingeborg Bachmann, ÚLTIMOS POEMAS. Ediciones Hiperión, traducción de Cecilia Dreymuller y Concha García, 1999
*
Para leer más, aquí

lunes, 29 de agosto de 2011

Se debe huir de una luz a otra

INGEBORG BACHMANN
(Austria, 1926-Italia, 1973)



“Personalmente nunca me ha preocupado la discusión entre literatura pura y literatura engagée. La considero anticuada. La cosa es que cuando se escribe por lo único que realmente tiene sentido esforzarse es por el lenguaje. Este encierra el ayer, el hoy y el mañana. Cuando el lenguaje de un escritor no se sostiene, tampoco se sostiene lo que él dice.”


“Cuando se habla de los problemas de una época se denomina con demasiada facilidad uno de los complejos más funestos. Todos piensan que conocen los problemas de la época, pero la pregunta realmente es si en todas las épocas escritores importantes no miraron detrás de las bambalinas que esos problemas constituyen, y así empezaron a descubrir los verdaderos problemas. En conclusión, no sólo hay que plantear estos problemas. También hay que seguir descubriéndolos y esto es mucho más difícil. Sólo entonces se los puede encarar.”


“Cualquiera puede escribir algo sobre la guerra. Y la guerra es siempre horrible. Pero escribir algo sobre la paz, sobre lo que nosotros llamamos paz, ahí está el desafío. Porque lo que nosotros llamamos paz es la guerra. La guerra, la verdadera guerra, no es más que el estallido de esa guerra que es la paz.”


“Cada época exige una expresión. A pesar de esto es natural que siempre se vuelva a hacer la pregunta: ¿Y para qué poetas en tiempos de indigencia? Es una frase de Hölderlin. Por consiguiente, esta pregunta fue formulada hace mucho.”


“Hoy se habla en congresos, entrevistas y en todas las posibles ocasiones que les tocan a los escritores y poetas. Sus planteamientos son absolutamente falsos. Cada uno tiene la obligación de preguntarse hasta qué punto puede justificar su trabajo, y en primer lugar, si puede justificarlo ante sí mismo. Y eso para mí se limita a dos o tres exigencias y es lo que alguna vez se llamó honradez intelectual. Y no hay que cargarse con pseudoproblemas que uno hace suyos superficialmente. A los problemas verdaderos se los asume de un modo completamente diferente. No se pueden discutir en reportajes, conferencias o congresos. Y cuando existe un problema verdadero, entonces es indiscutible en el mejor sentido. Y la única respuesta para él es el trabajo, la obra o el logro de esa obra.”


“Quiero ser inteligible, quiero serlo cada vez más, pero esto no excluye la sutileza, por momentos cierta dificultad de comprensión. Precisamente para esos lectores que no conocemos y que uno desea que sean muchos, y sucede que a uno le da más satisfacción un lector un poco torpe que uno experimentado, escaldado, porque al primero todavía es posible abrirle los ojos. Hace poco en una librería de Basilea se me acercó un campesino suizo y me dijo en forma atropellada que le había gustado mi lectura de poesía y que ahora quería comprar mis libros, pero se preguntaba y me preguntaba si no serían demasiado elevados para él que, a diferencia de la gente que había asistido a la lectura, nunca había ido a la escuela. Realmente no sé qué pasará con su lectura. Podría resultar un fiasco. Pero pienso en él como representante de muchos otros, insegura, siempre con dudas acerca de si he encontrado lectores, los he ganado o los he perdido.”


“Si uno compara el lenguaje con una ciudad, encuentra que hay en ella un casco antiguo al que se van agregando barrios nuevos, y por últimos están las estaciones de gasolina y los caminos de acceso; en comparación con el casco antiguo los suburbios de la ciudad quizá nos parezcan feos, pero todo se integra y conforma una ciudad actual.”


“Las viejas imágenes ya no se pueden usar más como las usaron, por ejemplo, Mörike o Goethe. Ya no se deben usar más, porque en nuestra boca parecerían falsas. Tenemos que encontrar frases verdaderas que correspondan a nuestro propio estado de conciencia y a este mundo transformado. Y hay suficientes ejemplos de ello en la lírica moderna.”


“Me dicen que la mayoría de mis lectores son jóvenes, muchos estudiantes. No puedo desear algo mejor. Porque es el mejor momento de la vida para tratar con los libros, antes de que uno transija definitivamente con la sociedad y se vuelva cada vez más insensible a las exhortaciones. Los libros todavía existen y se imponen gracias a las protestas.”


“Escribir un poema no es esperar un llamado. Esa palabra ya es en sí misma una poetización de la labor lírica. Escribir un poema es una tarea más bien compleja y abarca desde los ensayos con las frases hasta la espera de la idea súbita.”


“Un escritor no puede en absoluto servirse del lenguaje como lo hace un periodista. Hay una idea que me gusta: 'Hice un prisionero y ya nunca más me dejará libre'. Es una imagen bastante inteligente para dar cuenta de la relación que un escritor tiene con el lenguaje. El hecho de ver la palabra de otra manera, una palabra asilada (cuanto más de cerca se mira, desde más lejos nos devuelve la mirada), está preñado de muchos enigmas. Por eso un escritor no puede servirse del lenguaje que ha encontrado, es decir, de las frases, sino que debe reescribirlo después de haberlo destruido. Y el lenguaje que hablamos y el que hablan casi todos es un lenguaje de frases que, a menudo, me resulta enigmático. Nada más enigmático que lo que se dice en conjunto con esas frases prefabricadas.”


“Los defectos que a veces se pueden observar y que a mí más me deprimen no tienen nada que ver con las herramientas del lenguaje. Hay algunos escritores jóvenes que no sólo tienen talento sino que también disponen, casi sin esfuerzo, de recursos estilísticos, de modo que en un primer momento no sabría decir por qué sus productos son deprimentes. Yo creo que se manejan con conquistas estilísticas de otros y renuncian a hacer sus propias conquistas. Es esto lo que se manifiesta como defecto, lo no propio, lo ya leído en otra parte. Pero al fin y al cabo esto es válido no sólo para los escritores más jóvenes sino igualmente para muchos otros, y probablemente ha sido válido en cualquier época.”


“Ningún escritor se puede subordinar por completo a una cosmovisión cerrada, ni siquiera un marxista ortodoxo o un católico. El trabajo se ordena por sí mismo con cada frase. Cada aproximación de palabras, de escenas, ordena algo. Incluso cuando el desorden es visible, o cuando se lo quiere mostrar. Escribir es ordenar, y los componentes que ordena la escritura tienen su origen en un proceso en que las relaciones sujetoobjeto, individuo-sociedad están constantemente expuestas a perturbaciones.”


“Todavía sé poco sobre poemas, y lo poco que sé pertenece a la sospecha. Sospecha de ti todo lo necesario, sospecha de las palabras, del lenguaje, esto es lo que me he dicho a menudo, ahonda esa sospecha. Para que así algún día pueda nacer algo nuevo. O no nacerá nada más.”


“Escribir prosa después de la poesía, al principio fue como una mudanza en la cabeza.”


“La escritura de la prosa me hizo descubrir que me resultaba imposible escribir poesía. Por el otro, dejé de escribir poesía casi conscientemente.”


“Lo único que me importa es tener una habitación tranquila, si es posible con dos mesas y muchos libros en las paredes.”


“En parte escribo a mano, pero en parte también escribo a máquina. Y luego vuelvo a escribir a mano en el original escrito a máquina. En todo caso lo hago así cuando escribo prosa. Pero en el caso de la prosa, aun cuando la vea impresa, siempre se tiene la impresión de que en ese momento uno podría modificarlo otra vez, escribirlo de nuevo.”


“Escribir sin riesgo es como sacar un seguro con una literatura que no paga."

Fuente: Página 12, 24 de abril de 2005
***

En una época obligada
se debe huir de una luz a otra,
de un país a otro. Bajo el arco iris,
la brújula apunta al corazón.
Ahora la vista del paisaje. Desde
las montañas se ven los lagos; en los lagos
las montañas mientras en las nubes doblan
las campanas del único mundo. Saber de qué mundo
se trata, está prohibido para mí.
***
[Sin título]

Observad, amigos ¡acaso no lo veis!
que no lo he sobrevivido ni menos resistido, no lo veis,
que voy hacia adentro, que
para aquél de ahí yo voy hablando por dentro, que
me repliego y desdeño
mi cabello, que embolso mis manos
retiro mi palabra, no lo veis,
observad,

que me marcho, que voy
cayendo, que me entrego,

y grito, porque los locos
buscan tanteando a sus protectores, como
yo a mi guarda.

martes, 22 de junio de 2010

Ni una línea, nada, ni un pensamiento, nada...

THOMAS BERNHARD
(Holanda, 1931-Austria, 1989)

De La Calera
(Fragmento)


(...) Encuentro IV:
Konrad dice, en relación con su estancia en Bruselas hace ahora veintidós años, entonces hospitalizó a su mujer por un breve período en una clínica de Lovaina, no literalmente, pero sin embargo casi literalmente, lo siguiente: cuando no aguanto más en mi habitación, porque no puedo pensar ni escribir ni leer ni dormir y entonces, porque, en general, no puedo más, tampoco ir de un lado a otro por mi cuarto, es decir, temo, porque he ido ya durante muchísimo tiempo de un lado a otro por mi cuarto, que si, de repente, vuelvo a ir de un lado a otro, a cada instante lo temo, también mi ir de un lado a otro por mi cuarto se hará imposible, y porque lo temo, se hace también realmente imposible, porque golpean, es decir, golpean porque molesto, porque al ir de un lado a otro molesto, golpean o llaman o bien oigo simultáneamente golpear y llamar, lo que me resulta de lo más insoportable, porque temo que puedan volver en seguida a golpear o a llamar o a golpear y llamar simultáneamente… me voy, porque no aguanto más en mi cuarto, de mi cuarto, bajo al tercer piso y golpeo en la puerta del profesor… golpeo y espero hasta que el profesor oye mis golpes, me quedo ante la puesta del profesor y espero a que el profesor me diga que entre… pienso, mientras estoy otra vez ante la puerta del profesor, hace frío, estoy helado, no sé, son ya las once, son las doce, es la una de la mañana… a causa de ese continuo ir de un lado a otro por mi cuarto he perdido casi el sentido, espero, pienso ahora, cada vez, cuando estoy ante la puerta del profesor y espero, hasta que el profesor dice ¡adelante!, la puerta no está cerrada, dice, y yo abro la puerta y entro, y veo al profesor sentado a su escritorio… espero, pero no oigo nada. Nada. Golpeo. Nada. Espero y golpeo tanto tiempo, que pienso que debo darme la vuelta y volver a mi cuarto, el profesor no te va a abrir hoy, hoy no… ayer me abrió, antesdeayer me abrió, antesdeantesdeayer, durante toda la semana pasada me abrió, me abrió cada vez que llamé… pero hoy, pienso, el profesor no te va a abrir… golpeo y golpeo y escucho y no oigo nada. ¿No estará el profesor? ¿O está y es sólo que no me oye? ¿Se habrá ido otra vez al campo? Con cuánta frecuencia se va el profesor al campo, pienso, se va al campo de forma imprevista. A ver a esos cientos de parientes suyos, pienso. ¿Y si golpeara más fuerte aún?, pienso. ¿Más fuerte? Pero si ya he golpeado el doble, el triple de fuerte… ¡Golpear!, me digo. ¡Golpear! Realmente golpeo ahora fuertísimo, y pienso que ahora debe de haberme oído toda la casa, porque he golpeado tan fuerte como no había golpeado jamás… ¡Golpear más fuerte aún! Realmente, alguien tiene que haber oído ahora mis golpes… todas esas gentes tienen oídos sensibles, pienso, los oídos más sensibles, los oídos de todas esas gentes son de lo más sensible… pero golpeo otra vez más, ahora más fuerte aún, tan fuerte como nunca he golpeado, y escucho y oigo al profesor, viene a la puerta y la abre, pero la abre sólo a medias y yo le digo: espero no estorbar, la verdad es que ya es tarde, pero espero no estorbar… veo enseguida, dice Konrad, que el profesor se encuentra en pleno trabajo científicointelectual… ¡Mi Morfología!, dice, dice Konrad, ¡mi Morfología!... y yo digo, dice Konrad: si molesto, me vuelvo en seguida a mi habitación. ¡Ahora bien!, digo, y el profesor dice: ¡mi Morfología!, y yo pienso, dice Konrad, ¿por qué ha abierto la puerta sólo a medias el profesor?, sólo la abre lo suficiente para poder sacar la cabeza y hablar conmigo, de forma que yo no pueda entrar, nada más... Ahora bien, oiga, digo, dice Konrad, si molesto me vuelvo en seguida a mi habitación. Si le molesto... ahora veo, dice Konrad, que el profesor se ha desnudado ya, está completamente desnudo, completamente desnudo bajo la bata, veo y le digo: ¡se ha desnudado usted ya!, y luego: si molesto, me vuelvo al instante a mi habitación!, ¡basta con que me diga que no quiere que lo molesten ahora!... pero si usted me lo permite, si me lo permite sólo una vez más, entraré sólo unos instantes a su casa, digo, me marcharé en seguida, no sé en absoluto qué hora es... no tengo ni idea de qué hora puede ser, digo, voy todo el tiempo por mi cuarto de un lado a otro, de un lado a otro con ese problema mío y casi me vuelvo loco por ello... como sabe, ahora no trabajo ya desde hace días, no trabajo ya en absoluto, mi querido profesor, me resulta imposible, ni una línea, nada, ni un pensamiento, nada... una y otra vez pienso, ahora tengo un pensamiento, en realidad no es nada, nada, digo... y así ando todo el día ocupado en ese pensamiento, en realidad sólo con ese único pensamiento por mi cuarto de un lado a otro, arriba y abajo, de no tener ningún pensamiento, de no tener ni un solo pensamiento... porque, realmente, desde hace ya mucho tiempo no tengo ya ningún pensamiento, digo... y así espero y así ando, mientras espero y, sin embargo, sólo lo espero a usted, espero el día entero que vuelva usted a casa... Hoy ha vuelto usted dos horas más tarde a casa, digo, ayer una hora y media más tarde, realmente, hoy, dos horas y media más tarde... le oigo, porque siempre estoy atento, ya en la calle, cuando abre usted la puerta de la casa y cierra usted otra vez la puerta de la casa, oigo cuando entra usted en el vestíbulo, espero el día entero que entre usted en el vestíbulo... Hoy ha hecho usted probablemente sus compras, ha tenido que hacer gestiones, probablemente ha pagado sus cuentas, ha ido también probablemente a correos... y cuando está usted en el vestíbulo, pienso que ahora cerrará en seguida la puerta del piso, que ahora va usted a su cuarto... ahora se quita el abrigo, los zapatos, ahora se sienta al escritorio, pienso... ahora come usted algo, ahora empieza usted a escribir una carta, una carta a su hija que vive en Francia, a su hijo que vive en Rattenberg... o una carta de negocios... o se ocupa usted de su Morfología, pienso... oigo cada vez con mayor claridad cómo abre usted su cuarto, en los últimos tiempos abre usted su cuarto mucho más deprisa que al principio, va usted rápidamente a su cuarto, se quita el abrigo bruscamente... y entonces pienso que reflexiona si debe echarse en la cama o no, echarse en la cama vestido o no, echarse en la cama sin quitarse los zapatos o no echarse en la cama, si, antes de ocuparse de la Morfología, debe echarse o no... que entonces, cuando está echado en la cama, cuando ha estado echado en la cama, cobra conciencia de lo absurdo de su trabajo y de lo absurdo de su existencia... que tiene que cobrar conciencia de ese absurdo... que tiene que ganarse el pan de una manera tan deplorable, tiene que estudiar de una manera tan deplorable, que todos e ganan el pan de esa manera deplorable, todos tienen que estudiar de esa manera deplorable... de una manera todavía más deplorable, piense... y que, en el fondo, pienso yo, le dijo Konrad al parecer al profesor, dice Konrad, usted no tiene ya a nadie en absoluto... que usted entonces, tanto si se sienta al escritorio como sino, tanto si está echado en la cama como si no, cobra conciencia, tiene que cobrar conciencia de toda su infelicidad y, de hecho, de una infelicidad cada vez mayor... En ese instante le deja entrar el profesor... y yo voy, dice Konrad, inmediatamente a su cama y le digo, como veo que la cama está abierta, ha abierto usted ya la cama, es posible que quiera irse usted ya a la cama, o ¿quizás estaba usted ya en la cama...?, y le digo: no se moleste por mí, échese si le apetece, sólo quiero ir un poco de un lado a otro por su cuarto, por su cuarto, ya sabe usted que por mi cuarto no puedo hacerlo ya... si voy por mi cuarto de un lado a otro, digo, creo que todos oyen en la casa que voy por mi cuarto de un lado a otro, lo mismo que también usted, cuando leo, sabe que leo en mi cuarto, sabe que yo, cuando pienso, pienso en mi cuarto, y lo mismo sabe que escribo, cuando escribo en mi cuarto, y lo mismo, cuando estoy echado en la cama, que estoy echado en la cama… todas esas gentes saben siempre, creo, lo que hago, digo… porque oiga, digo, esas gentes saben también que pienso cuando pienso en mi cuarto, que pienso en el estudio… eso hace que me resulte imposible pensar en mi cuarto, pensar en mi cuarto en el estudio y, por esa razón, llevo ya tanto tiempo sin pensamientos… y qué horrible, pienso, es para mí no poder pensar en mi cuarto, qué horrible escribir una carta en mi cuarto… por eso, desde hace tanto tiempo, no leo ya, y tampoco puedo ya pensar… pero en su cuarto, digo, siempre me es posible todavía ir de un lado a otro… voy por su cuarto de un lado a otro y me tranquilizo… poco a poco y, al cabo de algún tiempo, de forma cada vez más intensa, digo, y: entonces puedo volver otra vez a mi cuarto… ya ve, digo, ahora me tranquilizo, todo mi cuerpo se tranquiliza… y esa tranquilidad, digo, pasa también luego lentamente a mi cerebro, es, cuando me tranquilizo aquí en su cuarto, simultáneamente una tranquilidad del cuerpo y del cerebro… realmente, digo, sólo necesito entrar en su cuarto, y me tranquilizo… ¿Qué es esto? Cuando, sin embargo, me resulta imposible visitar jamás a ninguna otra persona… entro en su habitación y me tranquilizo… Hoy, digo, ha vuelto usted a casa tan tarde, esas ridículas gestiones, digo, que tiene que hacer… ese correo ridículo, que recibe día tras día y día tras día tiene que contestar, esas gentes ridículas… yo no recibo ningún correo, no respondo ningún correo… y esos antipáticos colaboradores de su oficina que tiene usted que aguantar, que durante tantos años tiene ya que aguantar… esas cosas antipáticas, digo, le impiden volver antes a casa… y al dar usted la vuelta a la llave en la cerradura, digo, pienso cada vez que me salvará de esta horrible situación, digo, porque, sabe usted, digo, me siento siempre como si me ahogase… terminar mi vida ahogado, digo, ahogarme al final, grotesco que tuviera que ahogarme al final… porque usted haya tenido alguna vez que hacer una serie de gestiones suplementarias, y haya vuelto demasiado tarde a su casa… y a su cuarto, mientras que yo me habré ahogado hace tiempo, le dice Konrad al profesor, realmente creo todos los días, a la misma hora, que me voy a ahogar, que me ahogo, pienso, por una ridiculez, porque usted, como podría ocurrir alguna vez, ha tenido que hacer otra gestión, dar otro rodeo, visitar a su tía más tiempo… le oigo en la calle, oigo sus pasos, oigo cómo da la vuelta a la llave en la cerradura de la casa, cómo le da la vuelta en la puerta del piso… ahora, digo, me tranquilizo, ya ve que me tranquilizo porque me ha dejado entrar en su cuarto, digo, si al menos no le molestase, digo, pienso, digo, que le he molestado ya tan a menudo, dice Konrad, pero si sigo solo un instante más, le dice al profesor, pienso siempre que me ahogaré… y entonces le oigo a usted… Qué miniatura más bonita, digo, tiene usted en la pared, esas bonitas miniaturas que jamás había visto… y entonces oigo cómo abre usted la puerta de su piso y cómo la cierra y cómo se echa usted en la cama y cómo se sienta usted a su escritorio y cómo se levanta otra vez del escritorio… y entonces voy por centésima vez de un lado a otro por mi cuarto, siempre de un lado a otro, y me digo: ahora puedes ya bajar a casa del profesor, ahora es correcto ya, y entonces otra vez: ahora, ir, bajar, bajar aprisa, ahora, ahora… y me vuelvo ya casi loco con ese pensar una cosa y otra, con ese incesante voyonovoy… es correcto, o no es correcto… y pienso: ¡ahora!, y ¡ahora!, y así se pasa una hora, y me digo, sin embargo, el profesor estará posiblemente ocupado con su Morfología… realmente estaba usted ahora precisamente ocupado con su Morfología, digo, dice Konrad, y al mismo tiempo, sin embargo, demasiado fatigado… Está usted demasiado fatigado, digo… ¡y muy ocupado!, digo, y voy al escritorio y veo que el profesor se ha estado ocupando de su Morfología… mientras yo, durante toda una hora, pensaba, voy a casa del profesor o no… Sí, digo, si molesto… dígame usted que molesto… que, naturalmente, molesto… dígame usted, si molesto, que molesto… que, naturalmente, molesto, le molesto ya todo el tiempo, digo, dice Konrad, que todos estos años le molesto… todos estos años que llevo viviendo con usted en esta casa… ¡soy un personaje molesto!... pero ya ve, digo, dice Konrad, espero dos horas, espero cuatro horas, seis horas, ocho horas… y no bajo a su casa… esperas tanto tiempo y entonces no bajas a casa del profesor, digo… y naturalmente bajo y golpeo en su puerta, golpeo muchísimo tiempo hasta que usted abre y me deja entrar… y me deja ir de un lado a otro por su cuarto, para que lentamente me tranquilice… y me tranquilizo, digo, y digo: posiblemente avanzaré esta noche un trecho en mi estudio, aunque sólo sea el trecho más corto… Posiblemente, digo, pero me digo eso día tras día, me digo día tras día, hoy, cuando el profesor vuelva a casa, bajarás a su casa y andarás por su cuarto de un lado a otro y entonces volverás a tu cuarto y empezarás a escribir el estudio… eso me digo, como sabe usted, dice Konrad, también hoy, ahora, y que ahora, me digo siempre, ahora empezaré a escribir el estudio… y al profesor le digo, dice Konrad, si por lo menos no le hubiera molestado... si no supiera yo, digo, que fácilmente se molesta a las personas, a una persona que necesita tranquilidad, a una persona como usted, profesor, a una persona como yo, profesor... a la que, cuando sin embargo sólo quiere estar sola, se la molesta... pero a diferencia de mí, le digo al profesor, que no puedo ya estar solo, usted quiere, y lo curioso es que, con ello, se ha hecho ya tan viejo, estar solo, porque naturalmente tiene usted que estar solo... y la verdad es que siempre me dice, cuando vengo a su casa, digo, dice Konrad, que quiere estar solo, que tiene que estar solo, incluso cuando no lo dice, incluso cuando no lo está... incluso cuando no dice nada oigo cómo dice quiero estar solo... mi querido profesor, digo, ahora me voy a mi cuarto, me he tranquilizado y: es exclusivamente mérito suyo que me haya tranquilizado... pero probablemente tampoco usted me podrá tranquilizar ya pronto, lo mismo que mi mujer no me puede tranquilizar ya, nadie, nada, digo... le doy las gracias, le doy las gracias, digo, y voy hacia la puerta, y el profesor me abre, y yo digo, no quería, la verdad es que no quería molestarlo, querido profesor, no quería molestarlo, no quería molestarlo y me doy la vuelta y oigo que el profesor vuelve a su cuarto... llego sorprendentemente deprisa a mi cuarto, pienso, y me siento al escritorio y empiezo a escribir, pero no puedo escribir... creo que tengo que poder escribir, pero no puedo... y me levanto y voy por mi cuarto de un lado a otro, arriba y abajo, lo mismo que también aquí, en la Calera, voy por mi cuarto de un lado a otro y arriba y abajo... una infeliz predisposición me hace ir toda la noche por mi cuarto de un lado a otro y arriba y abajo... toda la noche y, por la mañana temprano y mientras el profesor hace ya tiempo que se ha ido otra vez, sigo yendo de un lado a otro y tengo miedo de ese ir de un lado a otro, lo mismo que entonces lo temo hoy también, lo mismo que entonces en Bruselas temo hoy todavía en la Calera ese ir de un lado a otro y voy de un lado a otro y espero y pienso, espero y voy y voy y voy... y voy... (...)
**
La calera (novela, 1970), Alianza Editorial, 1984
Traducción: Miguel Sáenz

viernes, 28 de mayo de 2010

La lluvia se cuela al fondo de cada pozo


INGEBORG BACHMANN
(Austria, 1926-Italia, 1973)


DESPEDIDA

La carne, que envejeció muy bien conmigo,
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía,
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante,
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas,
y todo sobre la rígida musculatura.
No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche,
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.
Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.

Traducción de Breno Onetto, poemas inéditos, pertenecientes a No sé de otro mundo mejor.

***
VOSOTRAS, PALABRAS

Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración

¡Vosotras, palabras, levantaos, seguidme!
y aunque ya estemos lejos,
demasiado lejos, nos alejaremos una vez
más, hacia ningún final.

No aclara.

La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,
quiere estar dicho ya.
No la digáis.

Palabras, seguidme,
¡que no se vuelva definitiva
–esta ansia del verbo
y dicho y contradicho!

Dejad ahora un rato
que ninguno de los sentimientos hable,
que el músculo corazón
se ejercite de manera diferente.

Dejad, digo, dejad.

Nada, digo yo, susurrado
al oído supremo,
que sobre la muerte no se te ocurra nada,
deja y sígueme, ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no significativamente
sin consuelo
tampoco sin signos–

Y sobre todo, no eso: la imagen
en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de sílabas, palabras de agonía.

¡Sin decir nada,
vosotras, palabras!

Poemas, 1957-1961. Traducción de Cecilia Dreymüller y Concha García
***
BERLÍN

Me alegro de que ayer fuera más duro
de lo que es hoy. Entrada prohibida.
Siguen poniendo en la puerta y nadie
viene, también llueve mucho, vuelve
a ser invierno como ayer, es decir, como hace un año.
Entonces fue duro, en la vecindad
nadie. Es que nadie viene.

Ayer, me asfixié,
no podía gritar más,
hoy sí que podría gritar,
pero es mejor hoy.
arriba juegan a los bolos, abajo
trabajan la madera y asierran
estos bricoleros inocuos.

En la grieta del muro, en un
segundo de susto, un bicho negro
que se hacía el muerto. Hecho el muerto.
Y aprendo de él,
me hago la muerta,
sin hijo, sin amante,
sin radio, sin teléfono,
en esta grieta, perdida
en este planeta, en
este Berlín.

mirada por nadie más que
un muro cortafuegos.
en un segundo de susto,
me siento mirada por
la locura. Sé que
me miro a mí misma.
Un muro cortafuegos al otro.
Sin cara.
De un incendio en extinción.
Un incendio no extinguible.

***
OSCURAS PROMESAS

Como Orfeo toco yo
en las cuerdas de la vida la muerte
y la belleza de la tierra
en tus ojos, que le administran al cielo
no sé que oscuras promesas


no olvides la mañana que de repente
tu lecho y el clavel
que duerme sobre tu corazón
amanecieron mojados por el rocío

viste el río de aguas oscuras
pasar por ti
en la cuerda del silencio
tendido sobre la ola de sangre

yo toco tu sonoro corazón
tus rizos se convirtieron
en el cabello sombrío de la noche

la negra oscuridad modela
tu rostro en flecos

y yo no te pertenezco a ti
los dos nos lamentamos ahora

pero como Orfeo reconozco
en el lado de la muerte la vida,
y vislumbro
el azul en tus ojos cerrados para siempre.
***
HARLEM

De todas las nubes se sueltan las duelas
la lluvia se cuela al fondo de cada pozo
la lluvia salta de las escaleras de fuego
y teclea sobre las cajas de música

la ciudad negra gira su ojo blanco
y camina por cada esquina del mundo
el ritmo de la lluvia subvierte el silencio
el blue de la lluvia se apaga.

Traducción: Jaime de la Gracia
***
Tomado del blog de Javier Galarza:
Poco antes de su muerte, el 5 de mayo de 1971, la periodista Helse Heiimester le pregunta a I. Bachmann: ¿El rol de la mujer actual es compatible con el amor?Respuesta: Evidentemente no. El amor es una obra de arte y yo no creo que muchos hombres lo puedan realizar. Yo no sé si he logrado realizar el genio del amor.

UNA ESPECIE DE PERDIDA

Usados en común: estaciones del año, libros y una música
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados, gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y siempre alargada la mano.

De invierno, de un septeto vienés y de veranos me he enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto promesas he declarado irrevocables,
he adorado un algo y he sido devota delante de una nada.

(de un periódico doblado, de las cenizas frías, del papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.

De la vida de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis vecinos.

Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.
No te he perdido a ti,
sino al mundo.

Ingeborg Bachmann, ULTIMOS POEMAS. Ediciones Hiperión, traducción de Cecilia Dreymuller y Concha García, 1999
**
Foto: Tal como aparece en www.gimvic.org/.../2009/2f/celovec/Bachman.html

viernes, 9 de octubre de 2009

Oscuro sendero, pardo jardín


GEORG TRAKL
(Austria, 1887 - 1914)


Metamorfosis del mal

Otoño; negro caminar por el lindero del bosque; minuto de silenciosa destrucción; al asedio del leproso bajo el árbol desnudo. Tarde vivida, que ahora muere sobre gradas de musgo; en noviembre. Suena una campana y el pastor guía una manada de caballos negros y rojos a la aldea. Entre los avellanos el verde cazador desolla un venado. Sus manos humean de sangre y bajo el follaje la sombra parda y silenciosa del animal suspira en los ojos del hombre. Tres cornejas se dispersan. Su vuelo semeja una sonata, llena de acordes marchitos y ruda melancolía; quedamente se disuelve una nube de oro. Los muchachos encienden un fuego en el molino. El hermano del más pálido llama y aquel ríe sumido en su cabellera purpúrea; tal vez sea el lugar de un crimen por donde pasa de largo un camino de piedras: los bérberos han desaparecido, bajo los pinos algo sueña todo el año en el aire de plomo; angustia, verde oscuridad, el grito de un ahogado: en el estanque estrellado un hombre captura un pez gigante, negro; su rostro se llena de crueldad y delirio. Se escuchan las voces del cañaveral mezcladas con las de algunos combatientes y el pescador se balancea en su roja barca por las grises aguas del otoño evocando las sombrías leyendas de su estirpe, mientras sus ojos abiertos se petrifican sobre tinieblas y virginales apariciones. El mal.

¿Qué te obliga a callar en los derruidos escalones de la casa paterna? Negrura de plomo. ¿Qué alzas ante los ojos con tu mano de plata para que los párpados desciendan como ebrios de blanca amapola ? A través del muro de piedra ves el cielo estrellado, la Vía Láctea, Saturno; rojo. El árbol desnudo castiga furioso al muro de piedra. Sobre derruidas gradas, tú: ¡árbol, estrella, piedra! Tú, un animal azul, que tiembla levemente; tú, el pálido sacerdote que lo sacrifica en el negro altar. Es triste y maligna tu sonrisa en la oscuridad, como un niño que palidece en su sueño. Una llama roja huyó de tu mano y una mariposa nocturna ardió en ella. Oh, la flauta de la luz; oh, la flauta de la muerte. ¿Qué te obligó a callar en los derruidos escalones de la casa paterna? Abajo, en la puerta, golpea un ángel con dedos de cristal.

Oh, el infierno del sueño; oscuro sendero, pardo jardín. En la tarde azul irrumpe la figura del muerto. Verdes flores giran para mirarlo pero él ha sido despojado de su rostro y se inclina pálido sobre la fría frente de su asesino en lo oscuro del recinto; adoración, llama púrpura de la voluptuosidad. Y el durmiente, moribundo, se precipitó sobre las gradas de la oscuridad.

Alguien te abandonó en el cruce y tú miras con persistencia hacia atrás. Paso plateado en la sombra de manzanos abatidos. Purpúreo brilla el fruto en las ramas negras y en la hierba cambia de piel la serpiente. Oh, lo oscuro; el sudor, que mana de la frente helada y los sueños tristes del vino, en la taberna de la aldea bajo el pórtico sombrío. Tú, aún lugar silvestre entre rosadas islas encantadas nubladas de tabaco, encuentras en el interior ese salvaje grito de aquel caudal que por los negros almendros del mar incita la tempestad y el hielo.
Tú, un metal verde con rostro de fuego en su interior, que desea huir para cantar los tiempos del terror en la colina de osamentas y la caída ígnea del ángel. Oh, desesperación, que con mudo grito cae de rodillas.

Un muerto te visita. Corre la sangre del corazón vertida por la propia mano y en la negra ceja anida un instante indescriptible; el más oscuro encuentro. Tú -púrpura luna- cuando en la verde sombra del olivo él aparece seguido por una noche inmortal.
**
Canción de Kaspar Hauser

Para Bessie Loos

Amaba el sol que purpúreo bajaba la colina,
los caminos del bosque, el negro pájaro cantor
y la alegría de lo verde.

Serio era su vivir a la sombra del árbol
y puro su rostro.
Dios habló como una suave llama a su corazón:
¡Hombre!

La ciudad halló su paso silencioso en el atardecer;
pronunció la oscura queja de su boca:
soñaba ser un jinete.

Pero le seguían animal y arbusto,
la casa y el jardín de blancos hombres
y su asesino lo asediaba.

Primavera y verano y el hermoso otoño del justo,
su paso silencioso
ante la alcoba sombría de los soñadores.
De noche permanecía solo con su estrella.

Miró caer la nieve sobre el desnudo ramaje
y la sombra del asesino en la penumbra del zaguán.
Entonces rodó la cabeza plateada del no nacido aún.

Versión de Helmut Pfeiffer
***
El Sol


A diario, sobre las colinas, llega el sol amarillo.
Bello es el bosque, la bestia oscura,
el hombre: cazador o pastor.
Rosado el pez emerge del verde estanque.
Bajo el cielo redondeado
el pescador se mece suavemente en su bote azul.

Con lentitud madura la uva, el grano.
Cuando el día acaba en silencio,
hay un bien y un mal que ya están listos.

Cuando la noche llega,
el caminante levanta, quedamente, los pesados párpados.
El sol se despoja del tétrico barranco
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Versión de Helmut Pfeiffer "Revelación y Caída" Común Presencia Editores
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char