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lunes, 5 de septiembre de 2011

No quiero ese lugar de pájaro celeste

ANA CRISTINA CESAR
(Brasil, 1952-1983)

Entrando por primera vez...

Entrando por primera vez
en el espacio cerrado de la casa.
Pura tempestad, cántaros, delicia.
Gozo despierta, huerto y hotel.
La ciudad inundándose
"Ahora soy tu amante: ya puedo salir de madrugada"
Ya me puedo saciar y no soy ladrona.
¡Pickpocket!
Desperdicio.
Hacer dedo.
Tranco.
Fog.
Cierta noche se hincha el desconsuelo.
Farol antineblina. Bliss también.
Pensé que no vendría más aquí
Pero aquí estoy
***
No sé amarte

No sé amarte, no sé porque vos
pediste más guita, no me conozco más, me pierdo,
quiero que hagan mi horóscopo, que digan "vos sos
así", gustate o reeducate, ¿cómo es que voy a
gustar? ¿de mí, de vos? Vos no tirás de vuelta el hilo que decís que
tenés, no perseguís el asunto, decís
"buenas tardes" no decís como antiguamente"no llorés".
Una estupidez.
Arrepentimiento de no haber traído una ampolleta.
Silenciosa como una azafata en la hora de descanso
que se descalza sin querer,
Un cabeceo de turbulencias leves.
Ahora estoy convencida de que nada podría deshacer
este cuarteto de Alejandría.
La afasia del fantasma.
Duelo del hombre-araña.
Parece pasar sin dejar marcas.
Mirá, ellos reaparecen.
No quiero ese lugar de pájaro celeste.

Traducción: Agustina Roca
***
Media Noche, 16 de junio

No vuelvo a las letras que duelen como una
catástrofe. No escribo más. No milito más.
Estoy en medio de la escena, entre quien adoro y
quien me adora. desde aquí, en el medio, me
siento la cara
acalorada, mano helada, ardor en la garganta. La
jauría de Londres caza mi maldad pueril,
cándida seducción que toma y da y luego exige
respeto, madame jabalí. No soporto perfumes.
Hurgo con la nariz el traje de él. Aires de Mia
Farrow, translucida. El horror a los perfumes,
a los celos y el zapato que era la gemela perfecta del
celo negro que brilla en la garganta. Las novias
que
preparé, amadas, blancas. Hijas del horror de
la noche, nuevecitas, mareadas de ramos. Tan
triste cuando extermina, dulce, insomne, mi
amor.

Versión: s/d
***
Un beso

que tuviera un blue.
Es decir
imitara feliz
la delicadeza, la suya,
así como un tropiezo
que se sumerge sordamente
en el reino expreso
del placer
Espío sin un ay
las evoluciones de tu confrontación
a mi sombra
desde la elección
inclinada sobre el menú;
un pescado a la parrilla
un novio
un agua
sin gas
de despegue:
lector ensordecido
tal vez extasiado
"al éxito"
diría mi censor
"a la escucha"
diría mi amor
siempre en blue
pero era un blue
feliz
indagando sólo
"what's new"
una cuestión
matriz
dibujada a tiza
entre un beso
y la renuncia intuida
de otro beso.

Versión: Teresa Arijón y Sandra Almeida

viernes, 6 de noviembre de 2009

Hasta perder de vista lo que no sea cuerpo


ANA CRISTINA CESAR
(Brasil, 1952-1983)


CÓMO AFEITAR EL PAISAJE

La fotografía
es un tiempo muerto
ficticio regreso a la simetría

secreto deseo del poema
censura imposible
del poeta
**
MIRO MUCHO TIEMPO EL CUERPO DE UN POEMA…

miro mucho tiempo el cuerpo de un poema
hasta perder de vista lo que no sea cuerpo
y sentir separado entre los dientes
un hilo de sangre en las encías

Escenas de abril, 1979.
Traducción de Teresa Arijón y Sandra Almeida.

OLHO MUITO TEMPO O CORPO DE UM POEMA…

olho muito tempo o corpo de um poema
até perder de vista o que não seja corpo
e sentir separado dentre os dentes
um filete de sangue
nas gengivas

**
FISONOMÍA

No es mentira
es otro
el dolor que duele
en mí
es un proyecto
de paseo
en círculo
un fracaso
del objeto
en foco
la intensidad
de luz
de la tarde
en el jardín
es otro
otro el dolor que duele
**

Hubo un poema
que guiaba su propia ambulancia
y decía: no recuerdo
ningún cielo que me consuele,
ninguno,
y salía,
sirenas bajas,
coleccionando los restos de las conversaciones,
de las señoras,
“para que nada se pierda
o se olvide”,
proverbial,
aunque herido,
hubo un poema
ambulante,
cruz roja
sonámbula
que huyó
y se fue
inolvidable,
irremediable,
criba abajo.
**
FOTOGRAFIANDO

Hoy estos placeres de lo banal me recuerdan
cuando yo te amaba a la distancia-
trote galope de dos caballos por el campo
abro el libro del deber muy rápido
sacudo las hojas desde lo alto de la cabeza
y cae un aviso, manía de segregación
"en aquel día..."
Resplandecí.

Traducción: Agustina Roca
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char