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miércoles, 13 de junio de 2018

El dolor no tiene significado

Anne Carson

(Toronto, Canadá, 1950)

Mi actitud es que, por muy dura que sea la vida, lo que importa es hacer algo interesante con ella. Y esto tiene mucho que ver con el mundo físico, con mirar las cosas, la nieve y la luz y el olor de la puerta y todo aquello que constituye a cada instante tu existencia fenoménica. Qué gran consuelo... saber que estas cosas persisten en su ser y que puedes pensar sobre ellas y hacer algo con ellas en la página. Anne Carson


SEGUNDO MARIDO, UN ERUDITO

Las raciones escaseaban, ella hacía cola para conseguir manzanas y cerillas.
Entretanto, en su frío apartamento, él seguía traduciendo textos babilonios.
Petersburgo ya no era la capital (sino Moscú). Húmeda oscuridad
detrás de los letreros.
Las manos rompían estatuas.
La gente saqueaba incluso los cementerios.
El “Consejo en apoyo a la vida de los artistas”
servía sopa barata y trozos de pan
a escritores nocturnos con botas y chales y orejas laponas.
Junto a la sopa más de uno le decía, Me dejas de piedra.
El perro ha envejecido, susurraba entonces Ajmátova.
En casa, entretanto, el erudito le había quitado la piel a
varias palabras desconocidas.
Sus incisiones producían un sonido azul y apagado como seda.

*

Por ejemplo, una página con un poema es menos atractiva que una página con un poema y una mancha de té. Porque la mancha de té añade un poco de historia.


Hombres en sus horas libres. Traducción Jordi Doce. Editorial Pre-Textos, 2007.
**
Los Ángeles, California

El dolor no tiene significado. No tiene acantilados puros. El dolor es un horno. Donde las drogas se acaban y el lujo se pierde. Pero por el momento duerme. Brilla. La noche se quema lentamente. Siempre merodeando, mi deseo, que odio, se sienta junto a la cama. Luna llena, la última que veré con él. Ya parece que hace siglos. Cada pequeña cosa, toda la verdad.

Tomado de La Tribu. info: Ya que el libro no está editado en castellano, todas las citas son traducción de Emily Roberts de la edición en inglés de Plainwater (Nueva York: Vintage, 2000). En español podemos encontrar Decreación (Vaso Roto, 2014), Hombres en sus horas libres (Pre-Textos, 2007) y La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos (Lumen, 2003 ).

lunes, 13 de noviembre de 2017

Piensa en una persona de pie, sola en un cuarto

Anne Carson

(Toronto, Canadá, 1950)

Podrías 1

Si no eres la persona libre que quieres ser, busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ello. Contar cómo te va con todo. La franqueza es como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado. Podrías susurrar de cara a un pozo. Podrías escribir una carta y mantenerla guardada en la gaveta. Podrías escribir una maldición en una cinta de plomo y enterrarla para que nadie la lea por mil años. No se trata de encontrar un lector, se trata de contar. Piensa en una persona de pie, sola en un cuarto. La casa está en silencio. La persona lee un pedazo de papel. No existe nada más. Todas sus venas se pasan al papel. Toma la pluma y escribe en él unos signos que nadie más va a ver, le confiere así como una plusvalía,

y todo lo remata con un gesto

tan privado y preciso como su propio nombre.  

Traducción de Luis Moreno Villamediana
***
BREVE DISERTACIÓN SOBRE SYLVIA PLATH 

¿Viste a su madre en la televisión? Dijo cosas comunes, quemadas. Dijo me pareció un poema excelente pero me dolió. No dijo miedo de la selva. No dijo odio de la selva, selva salvaje mientras lloraba cortala de cuajo cortala. Dijo autogobierno dijo el final del camino. No dijo mientras tarareaba en medio del aire para qué viniste al corte.
**
BREVE DISERTACIÓN SOBRE VAN GOGH 

La razón por la que bebo es para entender el cielo amarillo el gran cielo amarillo, dijo Van Gogh. Cuando contemplaba el mundo veía los clavos que clavan los colores a las cosas y veía el dolor de los clavos.

Versiones de Ezequiel Zaidenwerg
***

Si el cuerpo es siempre profundo pero es aún más profundo en la superficie.
Si los condicionales son de dos tipos reales e hipotéticos.
Si estás empujando, empujando y luego comienza a arrastrarte.
Si la policía en esa ciudad quemase las manos de la gente con un soplete.
Si (cuerpos) muy oscuros o rojizos nadan allí.
Si después ella se sentara como haría una persona mayor, sin los pantalones puestos, confundida.
Si te adentras, si excavas, si te arriesgas a reconstruir.
Si el punto que durante años ha sido alimentado se aviva un poco.
Si la figura sentada empezara con una idea de interrogación.
Si hubiese una calidad de luz eléctrica muy fuerte.
Si tuvieses la idea de la interrogación.
Si la interrogación es un deseo de conseguir información que no se da ni se ofrece libremente.
Si enterrada sin dejar casi huella en lo oscuro de su energía sedente, dentro de tu cuerpo hay otro cuerpo a la deriva.
Si al principio sonara como lluvia.

Si tu defensa es perfecta fueron los árboles después de todo los que se alejaron.
Si los objetos no son sólidos.
Si no hay caras, si lo que tú interrogas no son caras.
Si el rojo te hace pensar en la suerte o en cómo opera la suerte.
Si los pies se cruzan de modo que se escurre, escurren (Cristo) las analogías.

Si como dice Artaud quien no huele una bomba cocida y un vértigo comprimido no merece estar vivo.
Si eliges qué deshacer, si sabes cómo tomar esa decisión.
Si la conduces hacia el agua.
Si le ofreces un regalo digamos un pensamiento de Pascal.
Si le das “fracciones infinitas de soledad” (Nabokov).
Si le da un poco de Artaud como “todos los escritos son mierda todos los escritores son cerdos”.
Si los condicionales son de dos clases posibles e imposibles.
Si ella se aleja deslizándose, si tú lo haces.
Si el rojo es el color del cliché.
Si el rojo es el mejor color.
Si el rojo es el color del dolor del arte.
Si Artaud es un cliché.
Si los artistas te dicen que el arte es anterior al pensamiento.
Si quieres saber cosas como dónde está exactamente esa pierna.
Si los caballos estuviesen agotados.
Si ella suplicara, si viniera a la mesa, si la secuencia no importa.
Si comienza, un hilillo, este fino y lento gotear de la mente.
Si quieres saber por qué el escurrirse afecta tus nervios.
Si quieres saber por qué no puedes alcanzar tus propias ideas bellas.
Si en cambio llegas al borde de lo pensable, que se filtra.
Si detienes las filtraciones con condicionales.
Si los condicionales son de dos tipos reales e irreales.
Si nada permanece.
Si ella espera junto a ella misma.
Si Miroslav nos advirtió del exceso de inteligencia de los animales de laboratorio.
Si cuidar de ella es la noche.
Si un enigma entrara en la habitación.
Si todos los demás enigmas lucharan por salir.
Si fuera de aquí la luz huyera de las copas de los árboles que se alzan sobre un muro de ladrillos de enfrente.
Si los condicionales son de dos tipos ahora es de noche y todos los gatos son pardos.
Si todas las víctimas de David exceden por decenas de miles a todas las víctimas de Saúl.
Si ellos no sienten el dolor igual que nosotros.
Si condujeras hasta aquí con juguetes en el asiento trasero.
Si escribieras una palabra en el suelo de la celda con gotas de agua y la videograbaras mientras se seca.
Si Vitrubio dice que ningún templo puede ser construido de manera coherente a menos que se arme exactamente como un cuerpo humano.
Si el rojo es el color de la letra cursiva.
Si la letra cursiva es una tentación para el pensamiento.
Si Freud dice que la relación entre mirada y lo que se desea conlleva seducción.
Si Vitrubio no habla sobre desmantelar los templos pero podemos suponer que el mismo canon es válido.
Si la seducción no está al servicio de nadie.
Si los condicionales son de dos tipos seducidos y despiertos.
Si no importa cómo te sostienes sobre uno no puedes ver al otro, no puedes rozar la médula del sueño, no puedes leer lo que era esa palabra.
Si “hipotético” aplicado a los condicionales quiere decir que la prótasis es falsa.
Si (por ejemplo) “no hubieras destruido el barómetro esto nos hubiera prevenido” implica que ahora estamos en medio de un temporal.
Si de hecho es una noche clara yo diría que casi implacablemente clara.
Si el condicional viene antes de condimento y condolencia.
Si no quieres recordar qué palabra era.
Si tu vida te desorienta (vida taimada).
Si la lluvia azota tu cara como las crines de todos los caballos de este siglo.
Si los condicionales son de dos tipos inscritos y dónde puedo escribir esto.

Tomado de Decreación. Vaso Roto. 2014.© Jeannette L. Clariond, de la versión al castellano.
Imagen: 
Anne Carson. Figura sentada con ángulo rojo (1988), por Betty Goodwin.

sábado, 14 de enero de 2017

Como las sombras de mi luz...

Anne Carson

(Toronto, Canadá, 1950)

... pero el espíritu de este joven,
el veloz, ¿no haría estallar
al vaso que quisiera contenerlo?

Déjelo intacto el poeta
como al espíritu de la Naturaleza,
que en tal materia
es aprendiz
hasta un maestro.
Él no puede vivir y perdurar
en el poema,
vive   perdura
en el mundo.

(... Aber der Geist dieses Jünglings/ Der schnelle, müßt' er es nicht zersprengen/ Wo es ihn fassen wollte, das Gefäß?/ Der Dichter laß ihn unberührt/ wie den Geist der Natur,/ An solchem Stoffe wird zum Knaben/ der Meister./ Er kann im Gedichte/ nicht leben und bleiben,/ Er lebt und bleibt in der Welt.)
Friedrich Hölderlin
**
Desplacemos ahora nuestra mirada histórica hacia Alemania, en el momento en el que el siglo XVIII pasa al XIX y concentremos nuestra atención en algunas palabras usadas para designar el color púrpura. La palabra inglesa "purple" procede del latín purpureus, que a su vez viene del griego PORFURA, un sustantivo que denota  la púrpura. Este molusco marino, la lapa púrpura o múrex, era la fuente de donde se extraían todas las tinturas púrpuras o rojas en la antigüedad. Pero ese molusco, la púrpura, tenía otro nombre en griego antiguo, KALXH, y de esta palabra derivó un verbo y una metáfora y un problema para los traductores. El verbo KALXAINEIN, "buscar púrpuras", llegó a significar una emoción profunda y perturbadora: ensombrecerse de inquietud, estar plagado de preocupaciones, rebuscar en las profundidades de la propia mente, albergar negros pensamientos, rumiar sombríamente. Cuando el poeta lírico alemán Friedrich Hölderlin emprendió la traducción de Antígona de Sófocles en 1796, se topó con este problema en la primera página. La obra se inicia con una atribulada Antígona enfrentándose a su hermana Ismene. "¿Qué ocurre?", le pregunta Isemene y luego agrega el verbo púrpura. "Obviamente tu ánimo se ha ensombrecido (kalchainous) debido a alguna noticia" (Antigona, 20). Esta es la interpretación estándar de esa época. La versión de Hölderlin: Du scheinst ein rotes Wort zu färben, significaría algo así como "Pareces colorear de rojo tus palabras" o "teñir de rojo tus palabras". La letal literalidad del verso es típica de él. Su método de traducción era tomar cada ítem del lenguaje original y arrastrar al alemán exactamente tal como estaba en su propia sintaxis, con el mismo orden de las palabras y el mismo sentido lexical. El resultado fueron versiones de Sófocles que suscitaron las carcajadas de Goethe y de Schiller cuando las escucharon. Los críticos eruditos identificaron mil errores y calificaron a la traducción de desfigurada, ilegible, la obra de un loco. De hecho, en 1806, Hölderlin fue declarado demente. Su familia lo internó en una clínica psiquiátrica, de la que fue dado de alta un año más tarde por considerárselo incurable. Pasó los 37 años restantes de su vida en una torre que dominaba el río Neckar, en diversos estados de indiferencia o éxtasis, caminando de arriba abajo por su habitación, tocando el piano, escribiendo en trocitos de papel, recibiendo a algún raro visitante. Murió aún demente en 1843. (...)

Lo que sigue es una carta de 1798 a su amigo Neuffer, que empieza con la oración "La cualidad viva (lebendigkeit) en la poesía es lo que más preocupa ahora mi mente", y luego prosigue...
"... como soy más destructible que algunos otros hombres, debo procurar con mayor razón sacar algún provecho de lo que ejerce sobre mí un efecto destructivo... Debo aceptarlo de antemano como material indispensable, sin el cual mi ser más profundo nunca estaría completamente presente. Debo asimilarlo, acomodarlo... como las sombras de mi luz... como tonos subordinados entre los cuales el tono de mi alma surge de manera más viva." (...)

En su torre que dominaba el río Neckar, Hölderlin tenía un piano que a veces tocaba con tanta fuerza que rompía las teclas. Pero había días tranquilos en los que podía tocar y echar atrás la cabeza y cantar. Los que lo escucharon afirman que, por más atención que prestaran, no sabrían decir en qué idioma.

Variaciones sobre el derecho al silencio (Fragmento). Traducción de Mirta Rosenberg. Diario de Poesía, Nº 77 (12/08)
Tomado del blog de Diego Carballar.

miércoles, 16 de abril de 2014

¿Qué carne, Emily, es la que necesitamos?

ANNE CARSON
Tomada de lasmanerasderecogerseelpelo.blogspot.com


(Toronto, Canadá, 1950)


El ensayo de vidrio
(Fragmento)
Versión de Eugenio Polisky

YO

Yo puedo oír pequeños chasquidos dentro del sueño.  
La noche gotea su grifo plateado
a lo largo de la espalda.
A las 4 de la madrugada me despierto. Pensando

en el hombre que  
me dejó en septiembre.  
Se llamaba Law.

Por mi cara en el espejo del baño
descienden vetas blancas.
Me enjuago la cara y regreso a la cama.
Mañana voy a visitar a mi madre.

ELLA 

Ella vive en un páramo del norte.
Ella vive sola.
La primavera ahí se abre como una navaja.
Viajo todo el día en trenes y traigo conmigo muchos libros—

algunos para mi madre, algunos para mí
incluidas Las obras completas de Emily Brontë.  
Ésta es mi autora favorita.

Además de mi temor principal, que tengo la intención de enfrentar.  
Cada vez que visito a mi madre  
siento que me estoy convirtiendo en Emily Brontë,

mi solitaria vida a mi alrededor como un páramo,
mi desgarbado cuerpo rengueando por los cenagales con una mirada de transformación
que muere cuando llego a la puerta de la cocina.
¿Qué carne, Emily, es la que necesitamos?


TRES

Tres mujeres silenciosas en la mesa de la cocina.
La cocina de mi madre es oscura y pequeña pero del otro lado de la ventana  
está el páramo, paralizado con hielo.
Se extiende hasta donde alcanza la vista

a lo largo de kilómetros planos hasta un cielo blanco sólido no iluminado.  
Mamá y yo estamos masticando lechuga cuidadosamente.
El reloj de la pared de la cocina emite un bajo zumbido irregular que salta

una vez en el minuto justo de las doce.
Tengo a Emily pág. 216 abierta y apoyada sobre la azucarera  
pero furtivamente estoy observando a mi madre.

Miles de preguntas chocan contra mis ojos desde adentro.  
Mi madre está estudiando su lechuga.  
Paso a la pág. 217.

“En mi fuga a través de la cocina tropecé con Hareton  
quien ahorcaba una camada de cachorros  
desde el respaldo de una silla en la puerta. . .”

Es como si a todas nos hubieran bajado dentro de una atmósfera de vidrio.  
De tanto en tanto un comentario atraviesa el vidrio.  
Impuestos en el lote de atrás. No es un buen melón,

falta para los melones.
La peluquera del pueblo encontró a Dios, cierra la tienda cada martes.  
De nuevo hay ratones en el cajón de los repasadores.
Pequeñas bolitas. Mordieron  

los bordes de las servilletas, si supieran  
lo que cuestan las servilletas de papel hoy en día.  
Esta noche llueve.

Mañana llueve.
Ese volcán en las Filipinas otra vez activo. Esa que no me acuerdo el nombre  
Anderson se murió no Shirley no

la cantante de ópera. Negra.  
Cáncer.
No estás comiendo tu guarnición, ¿no te gustan los pimientos?

Por la ventana puedo ver hojas muertas que atraviesan las tierras planas  
y residuos de nieve herida por la mugre de los pinos.  
En el centro del páramo

donde la tierra desciende hacia una depresión,  
el hielo ha comenzado a abrirse.  
Llegan aguas abiertas y negras

cuajadas como la ira. Mi madre habla repentinamente.  
Esa psicoterapia no te está ayudando tanto, me parece.  
No lo estás superando.

Mi madre tiene esa manera de resumir las cosas.  
A ella nunca le había gustado Law
pero le gustaba la idea de que yo tuviera un hombre y que continuara con mi vida.

Pues él es de los que toman y tú de las que dan espero que funcione,  
era todo lo que dijo después de haberlo conocido.  
Dar y tomar eran sólo palabras para mí

en ese momento. Nunca antes había estado enamorada.  
Era como una rueda que bajaba rodando una colina.  
Pero temprano esta mañana mientras mamá dormía

y yo estaba abajo leyendo la parte de Cumbres Borrascosas
donde Heathcliff se aferra a la celosía durante la tormenta sollozando  
¡Entra! ¡Entra! al fantasma del tesoro de su corazón,

caí de rodillas sobre la alfombra y también sollocé.  
Ella sabe cómo ahorcar cachorros,  
esa Emily.

No es como tomarse una aspirina, sabes, le respondo débilmente.  
La Dra. Haw dice que el duelo es un proceso prolongado.  
Ella frunce el ceño. ¿Y qué se logra

con todo ese remover el pasado?  
Oh—extiendo las manos—
¡Yo me impongo! La miro directamente a los ojos.  
Ella sonríe. Sí lo haces.

**
The Glass Essay
By Anne Carson



I can hear little clicks inside my dream.   
Night drips its silver tap 
down the back. 
At 4 A.M. I wake. Thinking 

of the man who   
left in September.   
His name was Law. 

My face in the bathroom mirror 
has white streaks down it. 
I rinse the face and return to bed. 
Tomorrow I am going to visit my mother. 

SHE 

She lives on a moor in the north. 
She lives alone. 
Spring opens like a blade there. 
I travel all day on trains and bring a lot of books— 

some for my mother, some for me 
including The Collected Works Of Emily Brontë.   
This is my favourite author. 

Also my main fear, which I mean to confront.   
Whenever I visit my mother   
I feel I am turning into Emily Brontë, 

my lonely life around me like a moor, 
my ungainly body stumping over the mud flats with a look of transformation 
that dies when I come in the kitchen door. 
What meat is it, Emily, we need? 


THREE 

Three silent women at the kitchen table. 
My mother’s kitchen is dark and small but out the window   
there is the moor, paralyzed with ice. 
It extends as far as the eye can see 

over flat miles to a solid unlit white sky.   
Mother and I are chewing lettuce carefully. 
The kitchen wall clock emits a ragged low buzz that jumps 

once a minute over the twelve. 
I have Emily p. 216 propped open on the sugarbowl   
but am covertly watching my mother. 

A thousand questions hit my eyes from the inside.   
My mother is studying her lettuce.   
I turn to p. 217. 

“In my flight through the kitchen I knocked over Hareton   
who was hanging a litter of puppies   
from a chairback in the doorway. . . .” 

It is as if we have all been lowered into an atmosphere of glass.   
Now and then a remark trails through the glass.   
Taxes on the back lot. Not a good melon, 

too early for melons. 
Hairdresser in town found God, closes shop every Tuesday.   
Mice in the teatowel drawer again. 
Little pellets. Chew off   

the corners of the napkins, if they knew   
what paper napkins cost nowadays.   
Rain tonight. 

Rain tomorrow. 
That volcano in the Philippines at it again. What’s her name   
Anderson died no not Shirley 

the opera singer. Negress.   
Cancer. 
Not eating your garnish, you don’t like pimento? 

Out the window I can see dead leaves ticking over the flatland   
and dregs of snow scarred by pine filth.   
At the middle of the moor 

where the ground goes down into a depression,   
the ice has begun to unclench.   
Black open water comes 

curdling up like anger. My mother speaks suddenly.   
That psychotherapy’s not doing you much good is it?   
You aren’t getting over him. 

My mother has a way of summing things up.   
She never liked Law much 
but she liked the idea of me having a man and getting on with life. 

Well he’s a taker and you’re a giver I hope it works out,   
was all she said after she met him.   
Give and take were just words to me 

at the time. I had not been in love before.   
It was like a wheel rolling downhill.   
But early this morning while mother slept 

and I was downstairs reading the part in Wuthering Heights 
where Heathcliff clings at the lattice in the storm sobbing   
Come in! Come in! to the ghost of his heart’s darling, 

I fell on my knees on the rug and sobbed too.   
She knows how to hang puppies,   
that Emily. 

It isn’t like taking an aspirin you know, I answer feebly.   
Dr. Haw says grief is a long process.   
She frowns. What does it accomplish 

all that raking up the past?   
Oh—I spread my hands— 
I prevail! I look her in the eye.   
She grins. Yes you do. 

jueves, 19 de julio de 2012

Mientras las sombras, como largos dedos


Renata Schussheim

 ANNE CARSON
(Toronto, Canadá, 1950)

El viejo suéter azul de papá
Para  Aka

Hoy cuelga del respaldo de la silla de la cocina
donde siempre me siento, cuelga
del mismo respaldo y de la misma silla donde solía sentarse.
Me lo pongo al entrar,
como él solía, sacudiendo
la nieve de sus botas.
Me lo pongo y me siento en la oscuridad.
Él no haría esto.
Lajas de frío caen desde el hueso de la luna.
Sus leyes eran un secreto.
Pero recuerdo el momento en que supe
que perdía el juicio dentro de sus leyes.
Estaba de pie en la curva de la entrada cuando lo vi.
Llevaba puesto el suéter azul con los botones abrochados hasta
el cuello.
No sólo porque era una calurosa tarde de julio
pero la mirada en su rostro...
como un niño a quien la tía vistió temprano en la mañana
antes de un largo viaje
en trenes fríos y venteados andenes
sentado muy tieso en la orilla de su asiento
mientras las sombras, como largos dedos,
sobre almiares dejados atrás,
aún lo estremecen
porque él viaja mirando hacia atrás.

Traducción de Jeannette L. Clariond

viernes, 15 de junio de 2012

Demórate en esto

John James Audubon 
Otros dos poemas de ANNE CARSON
(Toronto, Canadá, 1950)


Audubon


Audubon perfeccionó un nuevo método para
dibujar pájaros que declaró suyo.
Al pie de cada acuarela escribía “tomado del natural”,
lo que significaba que abatía los pájaros

y se los llevaba a casa para disecarlos y pintarlos.
Dado que odiaba las formas inmutables
de la taxidermia tradicional

construía armaduras flexibles de madera y
alambre
sobre las que disponía la piel y las plumas del pájaro
–o en ocasiones

pájaros totalmente destripados–
en poses animadas.
No sólo el armazón de alambre era nuevo, sino también la iluminación.

Los colores de Audubon se sumergen en tu retina
como un reflector
rastreando el cerebro de arriba abajo

hasta que apartas la mirada.
Y acabas apartándola.
No hay nada que ver.

Puedes pasarte el día mirando estas formas
verdaderas y no ver el pájaro.
Audubon concibe la luz como una ausencia de oscuridad,
la verdad como una ausencia de desconocimiento.

Es lo contrario a un día apacible en Hokusai.
Imaginemos que Hokusai hubiera abatido y
rearmado 219 leones
    y luego hubiera prohibido a su propio pincel pintar la sombra.
 
     “Somos lo que logramos hacer de nosotros mismos”, Audubon declaró a su esposa
     durante su cortejo.
     En los salones de París y Edimburgo
   
     donde recaló para vender su nuevo estilo
     este francés nacido en Haití
     se hizo iluminar
   
     como un noble rústico americano
     desplegado en las poses impolutas del Gran Naturalista.
     Lo amaban
   
     por el “frenesí y el éxtasis”
     de la genuina realidad americana, especialmente
     en la segunda (y más barata) edición en octavo (Birds of America, 1844).

Traducción  Jordi Doce
***
 "El guante del tiempo", de Edward Hopper

Cierto no soy más que la sombra de un pasajero en este planeta
     pero a mi alma le gusta vestirse con elegancia
     a pesar de las manchas.
     Ella atraviesa la puerta.
     Se quita su guante.
     Acaso gira la cabeza.
     Acaso cruza la pierna.
     Ésa es una pregunta.
     Quién está hablando.
     También una pregunta.
     Lo único que puedo decir
     es que no veo ninguna prueba de otro guante.
     Las palabras no son una frase, no te demores en ello.
     Demórate en esto.
     No es un tiempo vacío, es el momento
     en que las cortinas revolotean dentro del cuarto.
     Cuando se prepara la lámpara.
     Cuando la luz da contra la pared justo ahí.
     ¿Y el guante?
     Entonces se elevó: la vida que ella pudo haber vivido (par les soirs bleus d'été).
     Da la casualidad
     de que la pintura es inmóvil.
     Pero si acercas la oreja al lienzo oirás
     los sonidos de un gran estribillo que va avanzando.
     En algún lugar alguien viaja hacia ti,
     viaja día y noche.
     Pasan abedules sin hojas.
     El camino rojo se desvanece.
     Toma, agarra esto:
     una prueba.
     Da la casualidad
     de que un buen guante de etiqueta
     mide 22 centímetros del dobladillo a la punta de los dedos.
     A este guante lo "tomaron por la espalda"
     (como dijo Godard de su King Lear).
     Mientras escuchaba a sus hijas Lear
     deseó ver sus cuerpos enteros
     estirados a lo largo de sus voces
     como cabritilla blanca.
     ¿Pues en qué difiere el tiempo de la eternidad salvo en que lo medimos?

Traducción Tedi López Mills
**
Imagen: tomada de The Infinite Art Tournament, Round 3: Audubon v. Balla

martes, 4 de octubre de 2011

Ningún gran secreto

Camille Claudel: "La valse"
Otros poemas de ANNE CARSON
(Toronto, Canadá, 1950)

- ... Leal a nada
mi esposo. ¿Así que por qué lo amé desde que dejé la infancia hasta tarde en mi madurez
y los papeles del divorcio llegaron por correo?
Belleza. Ningún gran secreto. No me abochorna decir que lo amé por su belleza.
Como lo haría de nuevo
si se me acercara. La belleza convence. Sabés que la belleza hace que el sexo sea posible.
La belleza hace al sexo sexo.

(De La belleza del maridoTrad.: s/d
***
Sobre las leyes de la perspectiva

Una mala pasada. Error. Falta de honradez. Esa es la opinión de Braque. ¿Por qué? Braque rechazaba la perspectiva. ¿Por qué? Alguien que pasa su vida dibujando perfiles acaba por creer que el hombre tiene un solo ojo, sentía Braque. Braque quería tomar posesión total de los objetos. Llegó a decirlo en entrevistas publicadas. Mirar los pequeños planos luminosos del paisaje alejándose de su alcance llenaba a Braque de pérdida, por eso los hacía añicos. Nature morte, decía Braque.
***
Sobre piedras para dormir

Camille Claudel vivió durante los últimos treinta años de su vida en un asilo, preguntándose por qué, escribiendo cartas a su hermano poeta, que había autorizado su internación. Venid a visitarme, decía. Recordad, estoy viviendo aquí con locas; los días son largos. No fumaba ni daba paseos. Se negaba a esculpir. Aunque le daban piedras para dormir -mármol y granito y porfirio- las rompía, recogía los trozos y los enterraba fuera de los muros por la noche. Por la noche sus manos crecían, más y más enormes hasta que en la fotografía parecen dos partes de otro cargadas sobre las rodillas.

Traducción de Mercedes Cebrián, Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich

martes, 2 de noviembre de 2010

Pobre animal incierto

Tres poemas de ANNE CARSON
(Toronto, Canadá, 1950)


Por fuera su vida era buena

Números comparativos: 1874, Kant tenía
55 libros, Goethe 2.300, Herder 7.700.
Ventanas: Kant tenía una ventana en el dormitorio
que, para mantener alejados a los insectos,
siempre estaba cerrada. Las ventanas de su estudio daban al
jardín en cuyo extremo estaba la cárcel
de la ciudad. En verano, las canciones
del coro de los reclusos entraban. Pidió
que el canto fuera sotto voce y con las ventanas cerradas.
Kant tenía amigos en
el ayuntamiento y se le cumplió el deseo.
Tolstoi: Tolstoi pensaba que si Kant no
hubiese fumado tanto la Crítica de la
Razón Pura se hubiera escrito en un
idioma que se pudiera entender (de
hecho, fumaba una sola pipa a las cinco
de la mañana).
Números: Kant nunca cenaba solo. Era
malo para el espíritu. Según la moda de la
época, los invitados no debían ser más
que las Musas ni menos que las Gracias.
Kant tenía seis lugares.
Sensualismo: la cena preferrida de Kant
era el bacalao.
Regular tu naturaleza: Kant respiraba
sólo por la nariz.

Versión de José Luis Justes Amador
***
Entonces la puerta del corredor se cierra otra vez y el ruido desaparece

En el esfuerzo que uno hace por hallar su camino entre los contenidos de la memoria
(insiste Aristóteles)
es útil el principio de asociación:
«pasar rápidamente de un punto al siguiente.
Por ejemplo de leche a blanco,
de blanco a aire,
de aire a húmedo,
tras lo cual uno recuerda el otoño en el supuesto de que esté tratando de recordar
esa estación».
O suponiendo,
amable lector,
que no estés tratando de recordar el otoño sino la libertad,
un principio de libertad
que existió entre dos personas, pequeño y salvaje,
como son los principios, pero ¿cuáles son aquí las reglas?
Como él dice,
la locura puede ponerse de moda.
Pasar entonces rápidamente
de un punto al siguiente,
Por ejemplo de pezón a duro,
de duro a cuarto de hotel,
de cuarto de hotel
a la frase encontrada en una carta que escribió en un taxi el día que se cruzó con
su mujer
que iba caminando
por la otra acera, pero ella no lo vio, se dirigía
–así de ingeniosas son las combinaciones de ese estado de flujo que llamamos
nuestra historia moral acaso no son tan claras casi como las fórmulas matemáticas
salvo que están escritas en el agua–
al juzgado
a presentar los documentos para el divorcio, una frase como
qué sabor entre tus piernas.
Tras lo cual mediante esta facultad absolutamente divina, la «memoria de las
palabras y las cosas»,
uno recuerda
la libertad.
¿Es eso yo? grita irrumpiendo el alma.
Almita, pobre animal incierto:
cuidado con este invento «siempre útil para aprender y vivir»
como dice Aristóteles, Aristóteles,
que no tenía marido,
rara vez menciona la belleza
y es probable que de muñeca pasara rápidamente a esclava cuando trataba de
recordar esposa.

Traducción de Ana Bacciu
***
CUERPO

En el sexo (le dijo a ella) la mente se evapora y de repente
ahí está el cuerpo,
sólo el cuerpo con sus límites.
Se encontraba a sí mismo más o menos repulsivo,
en especial las pequeñas partes satinadas.

Ella, sola a medianoche en una mesa de la sala, inclinándose sobre el manuscrito con ojos miopes, y en el muro la sombra enorme de su brazo doblado.

Traducción: Jordi Doce
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Foto tomada de quartelyconversation.com
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char