ALICIA GENOVESE
(Buenos Aires, Argentina, 1953)
Tormenta tropical
El ventilador de techo
gira ruidoso en medio
de la tormenta tropical;
cada relámpago lanza
una espada de luz
que se deshace contra la pared.
En la atropellada el viento
desestabiliza las aspas
barre la habitación desaforado
como el viraje
que te deja dando tumbos
frente a la crueldad fuera de cálculo.
Los containers se vuelcan
las raíces se destripan
la arboleda se dobla y aúlla;
el paisaje, esa belleza que te sembró
de horas absortas,
se desarma en sacudidas;
estalla en chaparrones
la pesadez del calor.
Pero el agua es la calma
el goterío
la serenidad de la constancia,
un torrente de bautizo
donde tendrás que morder
el grano de sal que te ha tocado
lluvia,
alegría perpendicular.
***
El azul colapsa
Hay una arcada de ramas
para que pases;
hay un puente de álamos
para sostenerte.
Hay un aire recién venido
para que lo respires;
hay una grieta para que digas
palabras como felicidad o maravilla.
Todo cae, todo es suave
y desviste, todo es cuerpo
impulsado e inmóvil.
La brevedad
de lo que ocurre es inmedible
y el alma se desacomoda
en un caos benévolo.
La luna brilla cada vez más blanca
y a su alrededor el azul colapsa.
Las circunstancias varían,
los lugares difieren,
pero a veces sucede.
La mejor fruta es alcanzable,
los caminos se aclaran
en el reflejo de las piedras.
Abrir los ojos y pasar,
es tiempo,
la posibilidad
puede escaparse.
De La contingencia (Gog y Magog, 2015)
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jueves, 24 de marzo de 2016
martes, 5 de enero de 2016
Que el camino te sea propicio
Alicia Genovese
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953)
Hago una lírica que no teme ensuciarse las manos. No me sé ubicar en ninguna corriente poética. Lo mío es poesía lírica moderna, no es una lírica pulcra o de estilo ampuloso. Es una lírica del siglo XX y XXI con una necesidad de comunicar muy grande. Mi lenguaje es nítido como fruto de un trabajo. Yo quiero escribir algo que sea lo más llano posible y que tenga la complejidad que veo en lo que quiero decir. No podría entender mi estar, mi ser aquí y ahora si no escribiese. Es lo único que me conecta con el mundo.
A.G. (Fuente: Diario La Nación)
Que el camino te sea propicio
rama extendida del afecto,
hoy del abrazo,
tierra bañada, costa
indemne al diario sinsabor
que te acompañen armoniosos
motores veloces
sonoros, en primera a fondo,
los seis cilindros devoradores
de tu camioneta Ford
y seguro va
cargada con cajas de comida
para jubilados indigentes,
con tu reclamo a mediadores
que roban el azúcar o el aceite.
Tu sentido de justicia
es mi fisura,
contra mí misma escucho
mi defensa.
Pedazo de tierra
amontonada que se asienta,
túmulo sin bronces
donde la muerte
impone su orden.
Que sigas en comisión
de fiestas, para el club
acarreando parlantes
y música bailable,
asado y dos claveles
obsequiosos para las señoras;
manera de dar
en la riqueza de lo poco,
en la risa donde abrevo,
cuerpeada.
Cenizas del corazón
esta vigilia,
tramo adoquinado
en la impericia
con tu falta.
***
Honras
ed è subito sera
Salvatore Quasimodo
Un autito rojo, trajiste
una Maseratti, decías
y yo daba vueltas
pedaleando la manzana.
No es un regalo para nenas,
observaban las madres,
pero yo era entonces
la única hija,
la que te miraba extasiada
detrás del alambrado:
casco y antiparras
en la pista del autódromo,
héroe de ciencia ficción
entre los motores de la largada.
Un deseo transmitido
en el encofrado del propio
devolvía amor.
A lo lejos escuchaba
el escándalo sonoro
y salía a recibirte;
trepada a tus hombrones
se abrían
las puertas de la casa.
No era para nenas
pero siempre
tuve tu permiso.
***
Objetivas azaleas
Las azaleas se reabren
silenciosas y salvajes.
La lluvia torrencial
no ha podido convencerlas
de lo adverso y lo definitivo.
Sus campánulas
bajo el sol tibio se despegan,
repatriadas a su forma.
Ya no hay desarmonía,
no hubo
devastación.
De La contingencia, gog y magog, 2015.
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953)
Hago una lírica que no teme ensuciarse las manos. No me sé ubicar en ninguna corriente poética. Lo mío es poesía lírica moderna, no es una lírica pulcra o de estilo ampuloso. Es una lírica del siglo XX y XXI con una necesidad de comunicar muy grande. Mi lenguaje es nítido como fruto de un trabajo. Yo quiero escribir algo que sea lo más llano posible y que tenga la complejidad que veo en lo que quiero decir. No podría entender mi estar, mi ser aquí y ahora si no escribiese. Es lo único que me conecta con el mundo.
A.G. (Fuente: Diario La Nación)
Que el camino te sea propicio
rama extendida del afecto,
hoy del abrazo,
tierra bañada, costa
indemne al diario sinsabor
que te acompañen armoniosos
motores veloces
sonoros, en primera a fondo,
los seis cilindros devoradores
de tu camioneta Ford
y seguro va
cargada con cajas de comida
para jubilados indigentes,
con tu reclamo a mediadores
que roban el azúcar o el aceite.
Tu sentido de justicia
es mi fisura,
contra mí misma escucho
mi defensa.
Pedazo de tierra
amontonada que se asienta,
túmulo sin bronces
donde la muerte
impone su orden.
Que sigas en comisión
de fiestas, para el club
acarreando parlantes
y música bailable,
asado y dos claveles
obsequiosos para las señoras;
manera de dar
en la riqueza de lo poco,
en la risa donde abrevo,
cuerpeada.
Cenizas del corazón
esta vigilia,
tramo adoquinado
en la impericia
con tu falta.
***
Honras
ed è subito sera
Salvatore Quasimodo
Un autito rojo, trajiste
una Maseratti, decías
y yo daba vueltas
pedaleando la manzana.
No es un regalo para nenas,
observaban las madres,
pero yo era entonces
la única hija,
la que te miraba extasiada
detrás del alambrado:
casco y antiparras
en la pista del autódromo,
héroe de ciencia ficción
entre los motores de la largada.
Un deseo transmitido
en el encofrado del propio
devolvía amor.
A lo lejos escuchaba
el escándalo sonoro
y salía a recibirte;
trepada a tus hombrones
se abrían
las puertas de la casa.
No era para nenas
pero siempre
tuve tu permiso.
***
Objetivas azaleas
Las azaleas se reabren
silenciosas y salvajes.
La lluvia torrencial
no ha podido convencerlas
de lo adverso y lo definitivo.
Sus campánulas
bajo el sol tibio se despegan,
repatriadas a su forma.
Ya no hay desarmonía,
no hubo
devastación.
De La contingencia, gog y magog, 2015.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Nada que pudiera encontrarse en el arte de la guerra
ALICIA GENOVESE
(Buenos Aires, Argentina, 1953)
(De Archivo)
GRABARÉ EN LA ROCA
he perdido el gesto de escribir
como quien graba en una roca
escritura vulnerada
en los cambios de persona
de escenario
martillada
en las desazones
en la pesadilla insistente
donde reptiles asaltan
el cuerpo se mueve por descargas
como letra manuscrita
ya no la imagen brillante
la contundencia de la roca
(De Anónima, Último Reino, 1992)
**
MUSEO VI (Giotto)
a María del Carmen Colombo
a la capilla degli Scrovegni
entra el Giotto
la señora de la feria
vestida de Magdalena
dice:
¡cómo puede ser
todo tan caro!
el ragazzino amable
de ojos almendrados
le habla a la gente como Cristo
(la humedad desteñirá su túnica)
un burro ocioso
monta el fresco
hacia Belén
lengua morada por infierno
la pincelada seca rápido ¡cazzo!
(de "Museos", Anónima)
***
LA OBTURACIÓN
más tarde volverá
a escribir
lo que ahora tacha
dejará de pelear
quizá olvide lo tachado
pero no aquel movimiento
donde la memoria
empuja ciega
sobre el silencio de lo borrado
se reanuda
hojas retoñan
en el tallo del rosal
la poda dejó cortes al sesgo
la luz del jardín amplifica
no selecciona
no descarta
(de "Arte poética", Anónima)
**
Para permanecer
saber del agua.
La orquídea para vivir
necesita convencerse
de que puede morir
ni sol directo
ni agua anegadiza
la media sombra asfixiante
de la selva tropical
la sola humedad.
Desde su retiro, lejos
de aguaceros la orquídea
elige el resplandor,
el aire denso
y agua de nubes
filtradas por el bosque
como por un lienzo.
La perfección sensible
de esa vara
tolera más la falta
que el exceso.
De Aguas, Ed. Cuadro de tiza, Chile, 2012
***
LA ESTRATEGA
Mover las sombras es lo que se hace
cuando no es posible discernir lo que
está pensando el adversario.
MIYAMOTO MUSASHI
Fingir un ataque poderoso
para conocer en las reacciones
la intención del otro;
es lo que un maestro oriental llama
mover las sombras.
Pero no hubo respuestas;
los ejércitos no se desplegaron
en escuadra,
los barcos no izaron sus velas
en el viento de la furia,
ni partieron columnas de avanzada,
con sus petos inclinados
y su andar sigiloso.
Ningún guerrero solitario
saltó por detrás de la espesura
con una verdad afilada
como un sable legado por ancestros.
Nada que pudiera encontrarse
en el arte de la guerra;
apenas una contenida alteración
y unas palabras suaves
en el camino de los ojos;
sólo la palidez de quien intenta
relajar su movilidad;
una fineza experimentada
en el combate, que distingue
la clase de golpes,
por el pulso del corazón.
Un peligro mayor
deshacía su estrategia
y la del maestro oriental;
le descomprimía los músculos
y la invadía
con una inequívoca exudación;
estaba siendo amada,
más aún, debía aceptarlo.
De La Hybris, Bajo la luna, 2007
**
CRUZAR un puente
en tierra extranjera
no es costoso
no acarrea pasado;
cada tramo suelta una amarra
como un desecho
de inútil identidad
cada lugar donde amaneces
reclama el cuerpo,
su piel nocturna empacada
junto con sábanas y trastos,
despegada. Rielar
en la materia nueva que se interroga
y devuelve descontrolado
el propio yo
El puente es el lugar del nómade
la única construcción que se permite
su fuga, su visa
su salvoconducto
De Colorado recuerdo
un pueblito fantasma
abandonado al correrse
la frontera del oro:
mecedoras quietas en los porches
sin peso, sin cuerpos;
carril de detención,
en tu zona de baja velocidad
tu pueblito fantasma,
espacio sobrecargado
y nadie, lugares
de mala combustión
retardo, retorno
al paisaje ausente,
sustancia que no termina
de entenderse con el agua
ni se deja dócil traspasar
Pasos del Riachuelo,
garganta de agua pesada
que me vuelve costosamente a mí
(...)
A la pensión de San Cristóbal fueron
de civil, de casualidad
no estaba y ese mismo día
me mudé, dormí
en casas de amigos
que después fui perdiendo
Alrededor se deshacía
el espacio urbano
en centros y campos inhallables
de detención
Lo poco que nacía
parecía deshecho
en cada esquina, un patrullero
(...)
Y cómo se construyen puentes
hacia adentro,
hacia el agua sumergida
por esos gestos diarios, hoscos
o cerrados mostrándose amables
cómo hacia ese territorio submarino
renuente y ríspido
como un arrecife;
rojizos blancos
violáceos corales, sosegadas
hojas paleozoicas
que hieren al menor roce
Si un cuerpo sumergido
cuidadoso atraviesa la zona áspera
trae en su aire
el amarillo encendido de los peces
aterciopelados azules;
colores inexplicables
de intercambios enlazados
al tejido vivo;
pero el amor
es un raro acontecimiento
un cuerpo es un puente
en otro cuerpo
y las palabras
impensadas aparecidas, puentes
el resto una superficie alisada
durante meses
por la noche polar
una capa de hielo capaz de sostener
a una persona, a un elefante marino
y su familia
Dureza aplanada
que no resiste
si un susurro
se filtra
y abre
un puente:
tonos apenas audibles
que se criban
como granos orgánicos
para alimentar lo que sobrevive
a la lisura, ese desierto antártico
de formas;
estar
ahí abajo
como un bichito de bajas temperaturas
en su iglú, su casa en el polo
atenta
a que el hielo se cuartee
y anuncie
el cambio de estación:
un susurro, un puente;
para el cuerpo deshidratado por la invernada
puentes
(fragmentos de Puentes)
(Buenos Aires, Argentina, 1953)
(De Archivo)
GRABARÉ EN LA ROCA
he perdido el gesto de escribir
como quien graba en una roca
escritura vulnerada
en los cambios de persona
de escenario
martillada
en las desazones
en la pesadilla insistente
donde reptiles asaltan
el cuerpo se mueve por descargas
como letra manuscrita
ya no la imagen brillante
la contundencia de la roca
(De Anónima, Último Reino, 1992)
**
MUSEO VI (Giotto)
a María del Carmen Colombo
a la capilla degli Scrovegni
entra el Giotto
la señora de la feria
vestida de Magdalena
dice:
¡cómo puede ser
todo tan caro!
el ragazzino amable
de ojos almendrados
le habla a la gente como Cristo
(la humedad desteñirá su túnica)
un burro ocioso
monta el fresco
hacia Belén
lengua morada por infierno
la pincelada seca rápido ¡cazzo!
(de "Museos", Anónima)
***
LA OBTURACIÓN
más tarde volverá
a escribir
lo que ahora tacha
dejará de pelear
quizá olvide lo tachado
pero no aquel movimiento
donde la memoria
empuja ciega
sobre el silencio de lo borrado
se reanuda
hojas retoñan
en el tallo del rosal
la poda dejó cortes al sesgo
la luz del jardín amplifica
no selecciona
no descarta
(de "Arte poética", Anónima)
**
Para permanecer
saber del agua.
La orquídea para vivir
necesita convencerse
de que puede morir
ni sol directo
ni agua anegadiza
la media sombra asfixiante
de la selva tropical
la sola humedad.
Desde su retiro, lejos
de aguaceros la orquídea
elige el resplandor,
el aire denso
y agua de nubes
filtradas por el bosque
como por un lienzo.
La perfección sensible
de esa vara
tolera más la falta
que el exceso.
De Aguas, Ed. Cuadro de tiza, Chile, 2012
***
LA ESTRATEGA
Mover las sombras es lo que se hace
cuando no es posible discernir lo que
está pensando el adversario.
MIYAMOTO MUSASHI
Fingir un ataque poderoso
para conocer en las reacciones
la intención del otro;
es lo que un maestro oriental llama
mover las sombras.
Pero no hubo respuestas;
los ejércitos no se desplegaron
en escuadra,
los barcos no izaron sus velas
en el viento de la furia,
ni partieron columnas de avanzada,
con sus petos inclinados
y su andar sigiloso.
Ningún guerrero solitario
saltó por detrás de la espesura
con una verdad afilada
como un sable legado por ancestros.
Nada que pudiera encontrarse
en el arte de la guerra;
apenas una contenida alteración
y unas palabras suaves
en el camino de los ojos;
sólo la palidez de quien intenta
relajar su movilidad;
una fineza experimentada
en el combate, que distingue
la clase de golpes,
por el pulso del corazón.
Un peligro mayor
deshacía su estrategia
y la del maestro oriental;
le descomprimía los músculos
y la invadía
con una inequívoca exudación;
estaba siendo amada,
más aún, debía aceptarlo.
De La Hybris, Bajo la luna, 2007
**
CRUZAR un puente
en tierra extranjera
no es costoso
no acarrea pasado;
cada tramo suelta una amarra
como un desecho
de inútil identidad
cada lugar donde amaneces
reclama el cuerpo,
su piel nocturna empacada
junto con sábanas y trastos,
despegada. Rielar
en la materia nueva que se interroga
y devuelve descontrolado
el propio yo
El puente es el lugar del nómade
la única construcción que se permite
su fuga, su visa
su salvoconducto
De Colorado recuerdo
un pueblito fantasma
abandonado al correrse
la frontera del oro:
mecedoras quietas en los porches
sin peso, sin cuerpos;
carril de detención,
en tu zona de baja velocidad
tu pueblito fantasma,
espacio sobrecargado
y nadie, lugares
de mala combustión
retardo, retorno
al paisaje ausente,
sustancia que no termina
de entenderse con el agua
ni se deja dócil traspasar
Pasos del Riachuelo,
garganta de agua pesada
que me vuelve costosamente a mí
(...)
A la pensión de San Cristóbal fueron
de civil, de casualidad
no estaba y ese mismo día
me mudé, dormí
en casas de amigos
que después fui perdiendo
Alrededor se deshacía
el espacio urbano
en centros y campos inhallables
de detención
Lo poco que nacía
parecía deshecho
en cada esquina, un patrullero
(...)
Y cómo se construyen puentes
hacia adentro,
hacia el agua sumergida
por esos gestos diarios, hoscos
o cerrados mostrándose amables
cómo hacia ese territorio submarino
renuente y ríspido
como un arrecife;
rojizos blancos
violáceos corales, sosegadas
hojas paleozoicas
que hieren al menor roce
Si un cuerpo sumergido
cuidadoso atraviesa la zona áspera
trae en su aire
el amarillo encendido de los peces
aterciopelados azules;
colores inexplicables
de intercambios enlazados
al tejido vivo;
pero el amor
es un raro acontecimiento
un cuerpo es un puente
en otro cuerpo
y las palabras
impensadas aparecidas, puentes
el resto una superficie alisada
durante meses
por la noche polar
una capa de hielo capaz de sostener
a una persona, a un elefante marino
y su familia
Dureza aplanada
que no resiste
si un susurro
se filtra
y abre
un puente:
tonos apenas audibles
que se criban
como granos orgánicos
para alimentar lo que sobrevive
a la lisura, ese desierto antártico
de formas;
estar
ahí abajo
como un bichito de bajas temperaturas
en su iglú, su casa en el polo
atenta
a que el hielo se cuartee
y anuncie
el cambio de estación:
un susurro, un puente;
para el cuerpo deshidratado por la invernada
puentes
(fragmentos de Puentes)
sábado, 8 de marzo de 2014
El benteveo era el eslabón inestable
ALICIA GENOVESE
(Buenos Aires, Argentina)
Azar y necesidad del benteveo
Cualquiera diría que
con el follaje nuevo
con los despuntes verde agua
sobre el marrón traslúcido
de los troncos
volvían los pájaros
o mansa, la primavera se cumplía
más visible
en este extremo de la ciudad
Pero unas semanas atrás
había que ver a aquel benteveo
sobre el palo pelado de los árboles
golpeando las ramas
con su pico y su canto
como si ya oliese en la madera
la savia estallante
o incitase a las resinas
a hacer su trabajo
No por eso
habría que convertir
en causalidad el azar
distorsionar la materia,
el simple canto;
pero las azaleas de octubre
florecieron en septiembre
y las camelias extendieron su rito
de reinas invernales a pesar
del verde profuso
El benteveo con sus gafas
negras, como de pájaro
egipcio o maquillado
no ostentaba señas;
el inferos, lo celeste
eran datos de otro orden
para la oscuridad de los ojos
Algo ocurría y el benteveo
era el eslabón inestable
sobre la sequedad,
el desvío que anticipaba
con el enlace de hojas,
otros pájaros;
una de esas fluctuaciones
en las que el azar,
más imprudente,
altera la objetividad,
corrobora el cambio
La imagen del benteveo
en retrospectiva,
también, se arbolaba:
subía desde la memoria
a la flecha del tiempo
En ese terreno casi baldío
que para queja de los vecinos
permanecía dejado a su suerte
la naturaleza resolvía
su quehacer
necesario y fortuito
previsible y alterado
Baldío, también
el lugar donde una imagen
era raíz, si albergada,
y luego árbol deseado
no sólo entropía
y espontánea destrucción
En las notas repetidas del benteveo
esa composición que reordenaba
monótona los mismos elementos
en ese acorde exaltado; inexacto
al acompasar los duros golpes,
las ramas secas fueron
transitoriamente inertes
cumplidamente invernales
de Química diurna, Alción, 2004
(Buenos Aires, Argentina)
Azar y necesidad del benteveo
Cualquiera diría que
con el follaje nuevo
con los despuntes verde agua
sobre el marrón traslúcido
de los troncos
volvían los pájaros
o mansa, la primavera se cumplía
más visible
en este extremo de la ciudad
Pero unas semanas atrás
había que ver a aquel benteveo
sobre el palo pelado de los árboles
golpeando las ramas
con su pico y su canto
como si ya oliese en la madera
la savia estallante
o incitase a las resinas
a hacer su trabajo
No por eso
habría que convertir
en causalidad el azar
distorsionar la materia,
el simple canto;
pero las azaleas de octubre
florecieron en septiembre
y las camelias extendieron su rito
de reinas invernales a pesar
del verde profuso
El benteveo con sus gafas
negras, como de pájaro
egipcio o maquillado
no ostentaba señas;
el inferos, lo celeste
eran datos de otro orden
para la oscuridad de los ojos
Algo ocurría y el benteveo
era el eslabón inestable
sobre la sequedad,
el desvío que anticipaba
con el enlace de hojas,
otros pájaros;
una de esas fluctuaciones
en las que el azar,
más imprudente,
altera la objetividad,
corrobora el cambio
La imagen del benteveo
en retrospectiva,
también, se arbolaba:
subía desde la memoria
a la flecha del tiempo
En ese terreno casi baldío
que para queja de los vecinos
permanecía dejado a su suerte
la naturaleza resolvía
su quehacer
necesario y fortuito
previsible y alterado
Baldío, también
el lugar donde una imagen
era raíz, si albergada,
y luego árbol deseado
no sólo entropía
y espontánea destrucción
En las notas repetidas del benteveo
esa composición que reordenaba
monótona los mismos elementos
en ese acorde exaltado; inexacto
al acompasar los duros golpes,
las ramas secas fueron
transitoriamente inertes
cumplidamente invernales
de Química diurna, Alción, 2004
domingo, 26 de mayo de 2013
Unas palabras suaves en el camino de los ojos
ALICIA GENOVESE
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953-)
Para permanecer
saber del agua.
La orquídea para vivir
necesita convencerse
de que puede morir
ni sol directo
ni agua anegadiza
la media sombra asfixiante
de la selva tropical
la sola humedad.
Desde su retiro, lejos
de aguaceros la orquídea
elige el resplandor,
el aire denso
y agua de nubes
filtradas por el bosque
como por un lienzo.
La perfección sensible
de esa vara
tolera más la falta
que el exceso.
De Aguas, Ed. Cuadro de tiza, Chile, 2012
***
LA ESTRATEGA
Mover las sombras es lo que se hace
cuando no es posible discernir lo que
está pensando el adversario. MIYAMOTO MUSASHI
Fingir un ataque poderoso
para conocer en las reacciones
la intención del otro;
es lo que un maestro oriental llama
mover las sombras.
Pero no hubo respuestas;
los ejércitos no se desplegaron
en escuadra,
los barcos no izaron sus velas
en el viento de la furia,
ni partieron columnas de avanzada,
con sus petos inclinados
y su andar sigiloso.
Ningún guerrero solitario
saltó por detrás de la espesura
con una verdad afilada
como un sable legado por ancestros.
Nada que pudiera encontrarse
en el arte de la guerra;
apenas una contenida alteración
y unas palabras suaves
en el camino de los ojos;
sólo la palidez de quien intenta
relajar su movilidad;
una fineza experimentada
en el combate, que distingue
la clase de golpes,
por el pulso del corazón.
Un peligro mayor
deshacía su estrategia
y la del maestro oriental;
le descomprimía los músculos
y la invadía
con una inequívoca exudación;
estaba siendo amada,
más aún, debía aceptarlo.
De La Hybris, Bajo la luna, 2007
| Tomada de www.scielo.cl |
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953-)
Para permanecer
saber del agua.
La orquídea para vivir
necesita convencerse
de que puede morir
ni sol directo
ni agua anegadiza
la media sombra asfixiante
de la selva tropical
la sola humedad.
Desde su retiro, lejos
de aguaceros la orquídea
elige el resplandor,
el aire denso
y agua de nubes
filtradas por el bosque
como por un lienzo.
La perfección sensible
de esa vara
tolera más la falta
que el exceso.
De Aguas, Ed. Cuadro de tiza, Chile, 2012
***
LA ESTRATEGA
Mover las sombras es lo que se hace
cuando no es posible discernir lo que
está pensando el adversario. MIYAMOTO MUSASHI
Fingir un ataque poderoso
para conocer en las reacciones
la intención del otro;
es lo que un maestro oriental llama
mover las sombras.
Pero no hubo respuestas;
los ejércitos no se desplegaron
en escuadra,
los barcos no izaron sus velas
en el viento de la furia,
ni partieron columnas de avanzada,
con sus petos inclinados
y su andar sigiloso.
Ningún guerrero solitario
saltó por detrás de la espesura
con una verdad afilada
como un sable legado por ancestros.
Nada que pudiera encontrarse
en el arte de la guerra;
apenas una contenida alteración
y unas palabras suaves
en el camino de los ojos;
sólo la palidez de quien intenta
relajar su movilidad;
una fineza experimentada
en el combate, que distingue
la clase de golpes,
por el pulso del corazón.
Un peligro mayor
deshacía su estrategia
y la del maestro oriental;
le descomprimía los músculos
y la invadía
con una inequívoca exudación;
estaba siendo amada,
más aún, debía aceptarlo.
De La Hybris, Bajo la luna, 2007
martes, 19 de marzo de 2013
El cuerpo se mueve por descargas
ALICIA GENOVESE
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953-)
GRABARÉ EN LA ROCA
he perdido el gesto de escribir
como quien graba en una roca
escritura vulnerada
en los cambios de persona
de escenario
martillada
en las desazones
en la pesadilla insistente
donde reptiles asaltan
el cuerpo se mueve por descargas
como letra manuscrita
ya no la imagen brillante
la contundencia de la roca
(De Anónima, Último Reino, 1992)
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953-)
GRABARÉ EN LA ROCA
he perdido el gesto de escribir
como quien graba en una roca
escritura vulnerada
en los cambios de persona
de escenario
martillada
en las desazones
en la pesadilla insistente
donde reptiles asaltan
el cuerpo se mueve por descargas
como letra manuscrita
ya no la imagen brillante
la contundencia de la roca
(De Anónima, Último Reino, 1992)
domingo, 28 de octubre de 2012
En ese terreno casi baldío
ALICIA GENOVESE
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953)
Azar y necesidad del benteveo
Cualquiera diría que
con el follaje nuevo
con los despuntes verde agua
sobre el marrón traslúcido
de los troncos
volvían los pájaros
o mansa, la primavera se cumplía
más visible
en este extremo de la ciudad
Pero unas semanas atrás
había que ver a aquel benteveo
sobre el palo pelado de los árboles
golpeando las ramas
con su pico y su canto
como si ya oliese en la madera
la savia estallante
o incitase a las resinas
a hacer su trabajo
No por eso
habría que convertir
en causalidad el azar
distorsionar la materia,
el simple canto;
pero las azaleas de octubre
florecieron en septiembre
y las camelias extendieron su rito
de reinas invernales a pesar
del verde profuso
El benteveo con sus gafas
negras, como de pájaro
egipcio o maquillado
no ostentaba señas;
el inferos, lo celeste
eran datos de otro orden
para la oscuridad de los ojos
Algo ocurría y el benteveo
era el eslabón inestable
sobre la sequedad,
el desvío que anticipaba
con el enlace de hojas,
otros pájaros;
una de esas fluctuaciones
en las que el azar,
más imprudente,
altera la objetividad,
corrobora el cambio
La imagen del benteveo
en retrospectiva,
también, se arbolaba:
subía desde la memoria
a la flecha del tiempo
En ese terreno casi baldío
que para queja de los vecinos
permanecía dejado a su suerte
la naturaleza resolvía
su quehacer
necesario y fortuito
previsible y alterado
Baldío, también
el lugar donde una imagen
era raíz, si albergada,
y luego árbol deseado
no sólo entropía
y espontánea destrucción
En las notas repetidas del benteveo
esa composición que reordenaba
monótona los mismos elementos
en ese acorde exaltado; inexacto
al acompasar los duros golpes,
las ramas secas fueron
transitoriamente inertes
cumplidamente invernales
De Azar y necesidad del benteveo, mágicas naranjas ediciones, 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
Es un brujo de tribu
En la luz enceguecedora
de la media mañana
un pájaro oscuro
sobre los arbustos;
un tordo, quizás, aunque no es
definitivamente negro;
al ladearse parece
tomar un color: un veteado
azulino en las alas;
no es el cuervo de Poe,
no es el mirlo de Stevens,
es lo que llega, impreciso
sin nombre
y el lugar adquiere
movimiento,
se posa y deja
como semillas el alerta
de lo recién tocado;
se acerca a los sauces
y en su plumaje, el verde;
otro filtro de ramas
en el mismo
tafetán cambiante:
tordo, azulejo, mirlo del sur,
se tornasola sin respuestas
como los ojos
que dan felicidad;
es un brujo de tribu
señalando con el vuelo
la vigilia del paisaje
Lo sigo
sin lograr fijarle
identidad;
un pájaro oscuro
que en la química del día
escapa de lo exacto;
conocedor de follajes
y de espejos ilusorios
burla mi percepción;
gira la cabeza, me ha visto,
abre vuelo entre las cañas
y se va, poderoso
inclasificable
De Química diurna
Imagen: pintura china, dinastía Tang (618-907).
Imagen: pintura china, dinastía Tang (618-907).
martes, 8 de septiembre de 2009
La risa, el agua, si algo supiese
Algunos poemas
de ALICIA GENOVESE
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953-)
ADAGIO
caricias
que se detuvieron frías
y una luna blanca
desolado golpeteo de la noche
absurdo
sobre un territorio tomado sin banderas
imposible soñar
la partida
como la violencia última
que desclava al arpón
Jun/75
(de “El cielo posible”)
***
OTROS TIEMPOS
las cintas de raso
se perdieron
doncellas
sin que caballero alguno
las encuentre
sus colores pálidos se olvidaron
entre el polvo y las masacres del camino
corren malos tiempos
días y más días
como sábanas revueltas
al partir
al regresar
inútil preguntar
por el país de los elfos
casi ni se tiene memoria
inútil desesperar
por el enamorado que quiere
pero no quiere
inútil también morir
ya se han acabado
las grandes tragedias
ahora todo parece
desolado
y perdido
y desolado
hasta la propia mirada
que lo intuye
la poesía
ciertos memoriosos gritos del aire
entre el follaje
poco que muerda la pena
o la locura
(de El mundo encima)
***
ANÓNIMA
vete Federico a la cruzada
si regresas
asaré carne de venado
y sonreiré junto al fuego
al verte desgarrar
un muslo entre los dientes
tu barba crecida
con olor a pólvora
vete a mí me toca
raspar con arena
el tizne en la marmita
cuidar a los niños
de la fiebre azul
cuídate tú también
del escorbuto
ojalá tengáis tiempo
de inventar la penicilina
vete tranquilo
los hombres que se quedan
rimarán mi lamento
y mi dolor suspendido
de un gancho
como una res
o una brillante cacerola
(de "Mujeres", Anónima)
***
MUSEO VI (Giotto)
a María del Carmen Colombo
a la capilla degli Scrovegni
entra el Giotto
la señora de la feria
vestida de Magdalena
dice:
¡cómo puede ser
todo tan caro!
el ragazzino amable
de ojos almendrados
le habla a la gente como Cristo
(la humedad desteñirá su túnica)
un burro ocioso
monta el fresco
hacia Belén
lengua morada por infierno
la pincelada seca rápido ¡cazzo!
(de "Museos", Anónima”)
***
LA OBTURACIÓN
más tarde volverá
a escribir
lo que ahora tacha
dejará de pelear
quizá olvide lo tachado
pero no aquel movimiento
donde la memoria
empuja ciega
sobre el silencio de lo borrado
se reanuda
hojas retoñan
en el tallo del rosal
la poda dejó cortes al sesgo
la luz del jardín amplifica
no selecciona
no descarta
(de "Arte poética", Anónima)
***
BOCETO, ESPACIO PROVISORIO
De hojas, el único
movimiento en el fondo
y un primer plano de figuras
impostadamente quietas
en un borde filoso
en el frescor de un contacto
que lo visible omite;
saturación
de polen disperso el aire
No eran tilos
sino plátanos
la causa de las alergias
cuidarte podría
o ser cruel
si lo acabado reemplazase
la perturbación del movimiento
en el fondo
las hojas
La risa, el agua, si algo supiese
saltar o fluir
pero un alacrán da vueltas
en un círculo de fuego
y el follaje no abre un cauce
despliega la atracción
en un acontecer de plantas carnívoras
Lengua
contra el paladar
como una playa amarga
la boca
La risa, la risa
incontrolable y sombreada
toca
el aire deseoso
y lo retiene
Quo vadis cuerpo
en el caos del verde humedecido
solo
corazón
(de "La opulencia", El borde es un río)
***
CRUZAR un puente
en tierra extranjera
no es costoso
no acarrea pasado;
cada tramo suelta una amarra
como un desecho
de inútil identidad
cada lugar donde amaneces
reclama el cuerpo,
su piel nocturna empacada
junto con sábanas y trastos,
despegada. Rielar
en la materia nueva que se interroga
y devuelve descontrolado
el propio yo
El puente es el lugar del nómade
la única construcción que se permite
su fuga, su visa
su salvoconducto
De Colorado recuerdo
un pueblito fantasma
abandonado al correrse
la frontera del oro:
mecedoras quietas en los porches
sin peso, sin cuerpos;
carril de detención,
en tu zona de baja velocidad
tu pueblito fantasma,
espacio sobrecargado
y nadie, lugares
de mala combustión
retardo, retorno
al paisaje ausente,
sustancia que no termina
de entenderse con el agua
ni se deja dócil traspasar
Pasos del Riachuelo,
garganta de agua pesada
que me vuelve costosamente a mí
(...)
A la pensión de San Cristóbal fueron
de civil, de casualidad
no estaba y ese mismo día
me mudé, dormí
en casas de amigos
que después fui perdiendo
Alrededor se deshacía
el espacio urbano
en centros y campos inhallables
de detención
Lo poco que nacía
parecía deshecho
en cada esquina, un patrullero
(...)
Y cómo se construyen puentes
hacia adentro,
hacia el agua sumergida
por esos gestos diarios, hoscos
o cerrados mostrándose amables
cómo hacia ese territorio submarino
renuente y ríspido
como un arrecife;
rojizos blancos
violáceos corales, sosegadas
hojas paleozoicas
que hieren al menor roce
Si un cuerpo sumergido
cuidadoso atraviesa la zona áspera
trae en su aire
el amarillo encendido de los peces
aterciopelados azules;
colores inexplicables
de intercambios enlazados
al tejido vivo;
pero el amor
es un raro acontecimiento
un cuerpo es un puente
en otro cuerpo
y las palabras
impensadas aparecidas, puentes
el resto una superficie alisada
durante meses
por la noche polar
una capa de hielo capaz de sostener
a una persona, a un elefante marino
y su familia
Dureza aplanada
que no resiste
si un susurro
se filtra
y abre
un puente:
tonos apenas audibles
que se criban
como granos orgánicos
para alimentar lo que sobrevive
a la lisura, ese desierto antártico
de formas;
estar
ahí abajo
como un bichito de bajas temperaturas
en su iglú, su casa en el polo
atenta
a que el hielo se cuartee
y anuncie
el cambio de estación:
un susurro, un puente;
para el cuerpo deshidratado por la invernada
puentes
(fragmentos de Puentes)
***
PUERTO MADRYN
Arremangarse los vaqueros
que descalza
la playa se le amolda
a los pies;
el mar es intratable
en la extensión fría, pero la arena
húmeda recibe
Resta un tramo de caminata
hasta los barcitos de la costa
y el mediodía invade el aire
con el olor a pescado
frito, fresco
La bajada trae
el alerta, el imprevisto
moverse de los cangrejos
y ráfagas heladas, impensables
para dormitar el cansancio;
anárquicas levantan
en la sequedad de los médanos
restallantes remolinos
Mientras encuentre plácida
esas andanadas
-se dice como quien
se mide en lo externo-
la carne no será crepuscular
La caparazón de un erizo
frágil pero intacto
toca en su bolsillo,
una mesa afuera busca, dispuesta
a la intransigencia con el viento,
servilletas para escribir
o entrar a espiraladas sensaciones
Pero todavía no se ha ganado
ese instante de compensación
punzante o maravilloso
que traspasa la simpleza;
nada aún sino el foco
sobre algunas acciones mínimas,
accesos que tientan
rugosos paralelos
Sólo el movimiento que ablanda
y desmarca
y deja que llegue
lo real, el mediotono inoculador
de la caminata y el día,
la escalera solar por donde reptan
sus animales nocturnos
Nada sino el tiempo sorbido
en los olores
en la erosión tangible de la playa;
nada excepto el momento
en que las cosas suceden.
(de Química diurna)
**
Tomado de POETAS ARGENTINAS 1940-1960, EDICIONES DEL DOCK
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char