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miércoles, 31 de enero de 2018

Por el placer de la tristeza vivo alegre

ADÉLIA PRADO
Adélia Luzia Prado Freitas
(Divinópolis, Minas Gerais, Brasil, 1935)



Lectura 

Era un patio sombreado y un muro alto de piedras.
Los manzanos de frutos extemporáneos,
de cáscara roja, de oscurísimo vino,
el gusto exquisito de las cosas deseadas fuera de su tiempo.
A lo largo del muro había cántaros de barro.
Comía manzanas, bebía la mejor agua,
sabiendo que allá afuera el mundo
se había detenido por el calor.
Después encontré a mi padre,
que me hizo fiesta y no estaba enfermo y ni había muerto,
por eso reía, los labios de nuevo y la cara circulados de sangre,
procuraba hacer algo para gastar su alegría:
¿dónde está mi formón, mi caña de pescar,
dónde mi encendedor, mi pocillo de café?
Siempre sueño que una cosa engendra,
nada está muerto nunca.
Lo que no parece vivo, abona.
Lo que parece estático, espera.
**
Lo que la musa eterna canta 

Cese de una vez mi vano deseo
de que el poema sirva para todas las hambres.
Un jugador de futbol llegó a a declarar así:
"Me da rabia que me llamen intelectual,
soy un hombre como todos los otros".
Ah, qué sabiduría, como todos los otros,
a quien le bastó descubrir:
si quiero letras es para pedir empleo,
agradecer favores, escribir mi nombre completo.
Lo demás es línea mal-trazada.
**
Atávica 

Mi madre me daba el pecho y yo escuchaba,
el oído pegado a la fuente de sus suspiros:
"Oh, Dios mío, mi Jesús, misericordia".
Comía leche y culpa de estar alegre cuando lo estoy.
Si me hubiese quedado en el campo sería plañidera,
rezadora de rosario cantadora,
lo que en la vida es belleza sin deslumbramientos,
las tristezas maravillosas.
Mas vine a la ciudad a hacer
versos tan tristes que dan gusto.
Mi Jesús, misericordia.
Por el placer de la tristeza vivo alegre.
**
Antes del nombre

No me importa la palabra, la palabra común
lo que quiero es el espléndido caos de donde emerge la sintaxis
los sitios oscuros donde nacen: de, sino,
el, sin embargo, que, esta incomprensible
muleta que me apoya.

Quien entiende al lenguaje, entiende a Dios,
cuyo Hijo es Verbo. Muere quien entiende.

La palabra es disfraz de una cosa más grave, sorda-muda,
fue inventada para ser callada.

En momentos de gracia, infrecuentísimos,
se le podrá atrapar: un pez vivo con la mano.
Puro susto y terror.

Versiones de José Francisco Navarro
Tomados del blog huellasenlacienaga

jueves, 20 de julio de 2017

Manchas de luz en la pared

ADÉLIA PRADO
Tomada de globo.com

Adélia Luzia Prado Freitas
(Divinópolis, Minas Gerais, Brasil, 1935)


Formas

De una sola manera se puede decir a alguien:
“no te olvido”.
La cuerda del violoncello queda vibrando sola
bajo un arco invisible
y los pecados desaparecen como ratas al descubierto.
Mi corazón asombra porque late
y hay sangre en él y va a parar un día
y se vuelve un tambor patético
si decís en mi oído:
“no te olvido”.
Manchas de luz en la pared,
una jarra pequeña
con tres rosas de plástico.

Todo en el mundo es perfecto
Y la muerte es amor.
**
Esquela de la muchacha osada

Jonathan,
aquí hay nazis desconfiados.
Ponete aquella camisa que detesto
-comprada en el Bazar Marruecos-
y venite como si fueras a reparar mi ducha.
Aprovechá el martes que mi padre va con mi madre
a visitar a la tía Quita a Lajeado.
Si cambiaran de idea, te mando una nueva esquela.
Vení sin paraguas –aunque esté lloviendo.
No aguanto más al tío Emilio que sabe y finge no saber
que noviamos a escondidas y vive poniéndote sobrenombres.
Eso que dijiste el otro día en la fiesta del campo
suena hasta hoy como música en mis oídos:
“no paro de pensar en vos”.
Yo también, Natinho, ni un minuto.
El martes, a las dos de la tarde,
hora en que sólo si el mundo acabara
dejaría de verte.
Con preocupación
Antonia.

Trad. Graciela Cros
**
Lo que existen son las cosas,

no las palabras . Por eso
te escucharé sin cansarme recitar en búlgaro
como podría mirar durante horas montañas o
nubes.
Señales valen palabras,
palabras valen cosas,
cosas no valen nada.

martes, 15 de julio de 2014

Muere quien entiende

ADÉLIA PRADO
Tomada de blogentrelinhass

Adélia Luzia Prado Freitas 
(Divinópolis, Brasil, 1935)
De Archivo

Dolores

Hoy me dio tristeza,
sufrí tres tipos de miedo
acrecentados por un hecho irreversible:
no soy más joven.
Discutí política, feminismo
la pertinencia de la reforma penal,
pero al fin de estos asuntos
sacaba de mi bolso un pedacito de espejo,
y se me llenaban los ojos de lágrimas:
no soy más joven.
Las ciencias no me dieron socorro
ni tengo por definitivo consuelo
el respeto de los muchachos.
Fui hacia el Libro Sagrado
a buscar perdón para mi carne soberbia
y ahí estaba escrito:
"fue por la fe que también Sara, a pesar de su edad avanzada,
se volvió capaz de tener descendencia"...
Si alguien, insistí todavía, me fijara
en un cuadro, en un poema...
y fueran objeto de belleza mis músculos fláccidos...
Pero no quiero. Exijo la suerte común de las mujeres con sus baldes,
de las que jamás verán su nombre impreso y no obstante
sustentan los pilares del mundo, porque incluso viudas dignas
no rehúsan casamiento, antes bien creen que el sexo es agradable,
condición para la normal alegría de anudar una cinta en el cabello
y barrer la casa de mañana.
Tal esperanza imploro a Dios.

Traducción: Claudia Schvartz y Fernando Noy
Tomado de El corazón disparado, Ed. Leviatán, 1994.
**
Esquela de la muchacha osada

Jonathan,
aquí hay nazis desconfiados.
Ponete aquella camisa que detesto
-comprada en el Bazar Marruecos-
y venite como si fueras a reparar mi ducha.
Aprovechá el martes que mi padre va con mi madre
a visitar a la tía Quita a Lajeado.
Si cambiaran de idea, te mando una nueva esquela.
Vení sin paraguas –aunque esté lloviendo.
No aguanto más al tío Emilio que sabe y finge no saber
que noviamos a escondidas y vive poniéndote sobrenombres.
Eso que dijiste el otro día en la fiesta del campo
suena hasta hoy como música en mis oídos:
“no paro de pensar en vos”.
Yo también, Natinho, ni un minuto.
El martes, a las dos de la tarde,
hora en que sólo si el mundo acabara
dejaría de verte.
Con preocupación
Antonia.

Traducción Graciela Cros
***
Antes del nombre

No me importa la palabra, la palabra común
lo que quiero es el espléndido caos de donde emerge la sintaxis
los sitios oscuros donde nacen: de, sino,
el, sin embargo, que, esta incomprensible
muleta que me apoya.

Quien entiende al lenguaje, entiende a Dios,
cuyo Hijo es Verbo. Muere quien entiende.

La palabra es disfraz de una cosa más grave, sorda-muda,
fue inventada para ser callada.

En momentos de gracia, infrecuentísimos,
se le podrá atrapar: un pez vivo con la mano.
Puro susto y terror. 

domingo, 21 de febrero de 2010

La normal alegría de anudar una cinta


Uno más de ADÉLIA PRADO
Adélia Luzia Prado Freitas
(Divinópolis, Brasil, 1935)


DOLORES

Hoy me dio tristeza,
sufrí tres tipos de miedo
acrecentados por un hecho irreversible:
no soy más joven.
Discutí política, feminismo
la pertinencia de la reforma penal,
pero al fin de estos asuntos
sacaba de mi bolso un pedacito de espejo,
y se me llenaban los ojos de lágrimas:
no soy más joven.
Las ciencias no me dieron socorro
ni tengo por definitivo consuelo
el respeto de los muchachos.
Fui hacia el Libro Sagrado
a buscar perdón para mi carne soberbia
y ahí estaba escrito:
"fue por la fe que también Sara, a pesar de su edad avanzada,
se volvió capaz de tener descendencia"...
Si alguien, insistí todavía, me fijara
en un cuadro, en un poema...
y fueran objeto de belleza mis músculos fláccidos...
Pero no quiero. Exijo la suerte común de las mujeres con sus baldes,
de las que jamás verán su nombre impreso y no obstante
sustentan los pilares del mundo, porque incluso viudas dignas
no rehúsan casamiento, antes bien creen que el sexo es agradable,
condición para la normal alegría de anudar una cinta en el cabello
y barrer la casa de mañana.
Tal esperanza imploro a Dios.
**
Traducción: Claudia Schvartz y Fernando Noy
Tomado de El corazón disparado, Ed. Leviatán, 1994.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Mi corazón asombra porque late




Algunos poemas de ADÉLIA PRADO
(Brasil,1935-)


GRANERO

Anoche de noche la tentación me tentó,
en el centro de la casa oscura, en medio de la noche oscura.
La noche dura su tiempo, pero la aurora del día irrumpe,
golpea la soberbia de las sombras.
Lo que trémulo y lloroso vagó por los cuartos quietos
encuentra parloteando a los gorriones,
mujeres con sus bultos reverberando en el sol.
Declaro que la vida es óptima, la realidad múltiple, y nuestros sentidos débiles.

Más bello que lo épico es el hombre esperando
pacientemente la hora en que Dios sea servido.
Al mismo tiempo, las golondrinas se posan en los cables, las gotas de lluvia caen,
Marly Guimaraes, esposa de Mario Guimaraes,
celebra otro aniversario y para la ocasión
recibe los saludos de sus parientes.
Vale la pena esperar, contra toda esperanza,
el cumplimiento de la Promesa que Dios hizo a nuestros padres en el desierto.
Hasta entonces, el sol con lluvia, el arco iris, el esfuerzo del amor,
el maná en pequeñas rodajas, tornan buena la vida.
¿La vida cae? La vida rueda pero no cae. La vida es buena.
***
LA POESÍA, LA SALVACIÓN Y LA VIDA

Don Raúl lleva un pantalón azul marino
y atraviesa la calle temprano
para reírse a carcajadas con el vecino.
Negro bueno.
El azul del pantalón de Don Raúl
parece pintado por un pintor;
es más un color que un pantalón.
Me quedo pensando:
qué tiene que ver
el pantalón de don Raúl con el momento
en que Pilatos decide la inscripción:
JESÚS NAZARENUS REX JUDEORUM.
Yo no sé en qué
pero sé que existe un grano de salvación
escondido en las cosas de este mundo.
Si no, cómo explicar:
el rostro de Jesús tiene manchas moradas,
reluce el broche de bronce
que prende las capas en los hombros de los soldados romanos.
Un rayo hiere el cielo: amarillo-azul profundo.
Los rostros quedan pálidos, del color de la tierra,
el color de la sangre pisoteada.
¿De qué color eran los ojos del centurión convertido?
El pantalón azul de don Raúl,
para mí,
es parte de la Biblia.

Tomados de El corazón disparado.
***
Poema empezado por el final

Un cuerpo quiere otro cuerpo.
Un alma quiere otra alma y su cuerpo.
Este exceso de realidad me confunde.
Jonathan hablando:
parece que estoy en una película.
Si yo le dijese eres un estúpido
él diría sí, lo soy.
Si él dijese ven conmigo a pasear al infierno
yo iría.
Las casas bajas, las personas pobres
y el sol de la tarde
sobre nuestra fragilidad.
Venía con Jonathan
por la calle más torcida de la ciudad.
El camino del cielo.
***

Tregua

Hoy estoy vieja como quiero estar.
Sin niguna estridencia.
Cambié todos los deseos por recuerdos.
y una tacita de té.

Trad.: Diana Bellessi
***
Formas

De una sola manera se puede decir a alguien:
“no te olvido”.
La cuerda del violoncello queda vibrando sola
bajo un arco invisible
y los pecados desaparecen como ratas al descubierto.
Mi corazón asombra porque late
y hay sangre en él y va a parar un día
y se vuelve un tambor patético
si decís en mi oído:
“no te olvido”.
Manchas de luz en la pared,
una jarra pequeña
con tres rosas de plástico.

Todo en el mundo es perfecto
Y la muerte es amor.
***
Mandala

Mi mayor ficción es Jonathan,
Pero, como es poética, existe
y porque existe me mata
y me hace renacer en cada ciclo
de pasión y sueño.
***
Gritos y susurros

Este año es bisiesto, Jonathan.
En el cielo o en el infierno,
un día entero para nosotros.
***
Esquela de la muchacha osada

Jonathan,
aquí hay nazis desconfiados.
Ponete aquella camisa que detesto
-comprada en el Bazar Marruecos-
y venite como si fueras a reparar mi ducha.
Aprovechá el martes que mi padre va con mi madre
a visitar a la tía Quita a Lajeado.
Si cambiaran de idea, te mando una nueva esquela.
Vení sin paraguas –aunque esté lloviendo.
No aguanto más al tío Emilio que sabe y finge no saber
que noviamos a escondidas y vive poniéndote sobrenombres.
Eso que dijiste el otro día en la fiesta del campo
suena hasta hoy como música en mis oídos:
“no paro de pensar en vos”.
Yo también, Natinho, ni un minuto.
El martes, a las dos de la tarde,
hora en que sólo si el mundo acabara
dejaría de verte.
Con preocupación
Antonia.
***
Una vez más

No quiero amar más a Jonathan.
Estoy cansada de este amor sin mimos,
Destinado a volverse un amor de viejos.
Ay, nunca hablé así
-un amor de viejos.
Sin duda es una falsedad.
Así sea que Jonathan me olvide
Y esta canción desafine
como un mal bolero,
sigo queriendo la bicicleta holandesa
y después la cripta gótica
para que nuestros huesos descansen.
Eh, Jonathan,
no depende de vos
que el cántaro invisible rebalse oro.
Ni de mí.
Quiero afear el poema
para arrojarte mi desprecio,
en vano.
Lo escribe quien me dicta estas palabras,
lo escribe a través de mi mano.

Trad. Graciela Cros
***

Endecha


Aunque el viejo rosal insista en este agosto
y confirmen el reinicio estas mujeres grávidas,
yo sufro de un cansancio, intermitente
como ciertas fiebres.

Me da por lavarme el pelo y salir a secarlo al sol,
desprevenida. Hasta canto a veces.
Pero se posa en la canción un ave negra y yo desafino ronca
desacompasada, una pierna más corta,
la ausencia ocupa todos mis cuartos,
la memoria endurecida en el cristal
de una piedra en la uretra.

Trad.: Diana Bellesi

martes, 24 de febrero de 2009

Américo, te amo, Américo

Un cuento de ADÉLIA PRADO
(Brasil, 1936)


Un vals para danzar


Américo, te amo, Américo. Tienes una tienda de telas y una mujer a la que vives queriendo no engañar, un hijo tan mono, Américo, unas manos tan finas de medir tejidos, de acariciar mi cuello como si me fueras a asesinar. Eres un coloso, Américo, lo tienes todo para encantarme. Es tan ignorante tu inteligencia antiacadémica que los mundos nuevos que me descubres me resultan deslumbrantes. Qué dientes afilados… Se te ve tan saludable, no me vas a pedir que te invite a un té. Siempre que te pido un metro de gasa me replicas, para darme más conversación: «Llévate también un metro de este amadapolán». ¿Dices amadapolán porque eres tonto o porque quieres hacerte el listo, Américo? En otra época, a la primera equivocación al hablar, descartaba a cualquier hombre. Hoy no. Hoy quiero probarlo todo. Eres un padrazo, un hombre de tu casa, un marido ejemplar. Seguro que tienes un libro, ¿verdad? Y una colección de paquetes de tabaco y una foto de tu madre. Cierras la tienda los domingos y las fiestas de guardar, increíble Américo, no quieres hacerte rico, eres tan irresistible. Tu mujer viene y me pide un poco de azúcar y yo lo que le pido es que me deje ver tu álbum de fotos: tú con tu hijo en brazos, tú poniéndole comida al pájaro, tú jugando con el perro. Cuando te quedas quieto y dejas de contemplarme de esa forma invisible, te dibujas en mi mente, se dibujan esos ojos tuyos de hombre tan bonitos, más que los de una mujer, bonitos. Tú eres mi amor cortés, por ti hago dulce de leche, y lo corto en cuadraditos, y me pongo mi blusa bordada y me siento en el banco de la plaza y espero a que pases, cuando "cae la tarde tristona y serena, con una delicada y suave languidez, para entregarte mi corazón".
Tú pasas y yo te digo: «Buenas tardes, Américo».

Traducción: Carlos Maroto Guerola (ofrecido en su blog cmguerola.blogspot.com)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char