jueves, 20 de junio de 2013
“Panorama: La novela gráfica hoy”, de VVAA.
miércoles, 16 de enero de 2013
Cartel del XXXI Salón de Barcelona.
lunes, 22 de octubre de 2012
Premios, premios.
Y, por otro lado, me hago eco del merecidísimo Premio Nacional de Ilustración 2012 a Andrés Rábago García, El Roto, por reflexiones tan oportunas y certeras como la de arriba. Nuevas felicitaciones.
viernes, 3 de junio de 2011
“Dublinés” de Alfonso Zapico.
¿James Joyce? Escritor del que la mayoría solo conoce como el escritor de “Ulises” pero que realmente pocos han leído (muchos lo intentan y desisten a las pocas páginas…) y nada saben de su vida, fue todo un personaje bohemio y vividor que se relacionó con lo más selectos artistas y literatos de su época. En “Dublinés”, Zapico evita caer en la imitación del maestro irlandés y evita con buen tino intentar trasladar al cómic la densidad y experimentalidad que caracteriza su obra para centrarse en una ordenada biografía del autor sin caer tampoco en el engolamiento academicista para ofrecer un repaso completo y documentado de su vida desde una óptica cercana, que humaniza al literato y muestra tanto sus virtudes como sus defectos, con lo que “Dublinés” se convierte en una entretenida guía para acceder con más conocimientos a la obra del escritor.
Centrándonos en el cómic, Zapico sigue evolucionando como historietista y nos encontramos con un tebeo curioso en el que alterna páginas y páginas en que abusa de las cartelas y los textos para complementar pequeñas viñetas que se apelotonan en las páginas e incluso parecen repetirse en ocasiones (¿cuántas veces vemos a James Joyce transitando de un lado para otro?) con otras en que experimenta con un estilo más libre y fluido en que los sobreabundantes textos desaparecen en pos de un dibujo más expresivo y menos encorsetado propios de un autor capaz de ofrecer exquisitas soluciones gráficas a la altura de las tendencias más modernas del cómic contemporáneo. Quizás por no haberse decidido por optar por esta segunda vía exclusivamente no pueda considerarse todavía “Dublinés” la obra que certifique la madurez como autor de Zapico y sí una gran obra de transición –otra más- de un autor que tiene suficiente talento como narrador gráfico como para no abusar tanto de los textos y buscar una mayor libertad narrativa.
No hay prisa. Hasta que ese momento llegue –que será cuando Zapico quiera- podemos seguir disfrutando de un autor que vuelve a confirmar que tiene buenas e interesantes historias que contar y “Dublinés” no deja de ser una de ellas. Y eso, no nos engañemos, no es moco de pavo tal y como están las cosas.
martes, 18 de mayo de 2010
Alfonso Zapico y los Premios.
R: Sin duda lo más interesante es que tendré la oportunidad de realizar una exposición monográfica en la próxima edición del salón del cómic de Barcelona, que se celebrará entre los meses de mayo y junio de 2011. Todavía no he hablado con los organizadores, pero estoy deseando ponerme con ello.
R: Creo que no. De hecho, hay muchos autores españoles que trabajan en Francia, nunca han tenido reconocimientos en España, y no por eso han tenido menos méritos en su trabajo. El premio se valora porque da notoriedad al álbum publicado e, incluso, ayuda a las ventas, pero insisto en que hay autores muy buenos que nunca han sido premiados. No lo necesitan.
P: ¿Cómo nació su interés por el cómic y la ilustración?
R: He dibujado desde muy pequeño y, más tarde, estudié Ilustración y Diseño en la Escuela de Arte de Oviedo. Cuando acabé esta formación, lo que menos pensaba es que iba a hacer cómics, sino que me iba a dedicar únicamente a la ilustración editorial. Afortunadamente, puedo vivir de la ilustración, pero el cómic me da la capacidad de contar y transmitir mis historias.
(El reciente ganador del premio revelación del Salón de Barcelona deja su opinión sobre la importancia de los premios y otras apreciaciones sobre su obra o el mercado español en esta breve pero completa entrevista que podéis leer completa aquí. A mí las propuestas de Alfonso Zapico me gustan, como ya les comenté por aquí y por aquí en su momento, pero lo que no tengo muy claro es si es un autor revelación o no. Con todo, como a mí no me corresponde aclararlo, mis felicitaciones y a esperar sus nuevas obras que prometen).
viernes, 18 de septiembre de 2009
“La guerra del profesor Bertenev” de Alfonso Zapico.
“La guerra del profesor Bertenev” es una historia costumbrista ambientada en la Guerra de Crimea inspirada en la lectura por parte del autor de la fantástica “Ana Karenina” de Leon Tolstoi y en ella encontramos algunas inquietudes del autor que ya aparecían reflejadas en “Café Budapest” como la manifestación de la cultura y la amistad como refugio y salvación del individuo en situaciones límite. Si en esta, el protagonista encontraba en la música un refugio ante los enfrentamientos entre palestinos y judíos, en esta nueva obra el apocado y pacífico protagonista, Leon Bertenev, encuentra en el teatro y la enseñanza un medio para abstraerse de la difícil situación en la que vive. Bertenev, un antiguo profesor obligado a enrolarse en el ejército ruso contra su voluntad para luchar en la Guerra de Crimea contra franceses e ingleses, deserta para salvar la vida y es hecho prisionero por el ejército inglés. Gracias a su conocimiento de distintos idiomas, recibirá en el campo de los prisioneros un trato privilegiado por parte de sus supuestos enemigos lo que le convertirá en blanco de las iras del resto de los prisioneros rusos que no le perdonan su cobardía en el campo de batalla.
“La guerra del profesor Bertenev” es una obra realmente original en la que el autor ya deja muestras de su buen hacer como narrador y sus ganas de contar historias propias, sacando buen partido de la estructura clásica del álbum europeo y siguiendo la estela de autores como Blain a la hora de subvertir las convenciones del género para contar historias centradas en los personajes. Con un dibujo caricaturesco y naif, que recuerda bastante el de Larcenet pero cuidando el detalle y la documentación en la caracterización de los personajes (algo indispensable en una obra de corte histórico), Zapico muestra su habilidad para reflejar el paso del tiempo a través de los cambios físicos en los personajes (especialmente los prisioneros rusos y el protagonista Bertenev que a lo mejor son cosas mías parece inspirado en Robin Williams) deja evidencias de su facilidad para el gag visual y aprovecha los recursos dramáticos propios del cómic. Quizás se trate de una obra en la que al autor se le note más remiso que en “Café Budapest” a la hora de experimentar con la distribución de viñetas mostrando una organización de la página más clásica en la que en ocasiones pueda parecer que abusa de las cartelas y los cuadros de texto aunque generalmente estas cumplen su función y no resultan redundantes respecto a la información ofrecida en su dibujo. Como novedad, Zapico se muestra como un gran colorista, cuidando con mimo el color de la obra a base de colores suaves y logrando estructurar perfectamente los distintos lapsos temporales en los que se desarrolla la historia, mostrando, además, especial habilidad en retratar el distinto estado psicológico de los personajes a lo largo de la historia con cuidadas transiciones.
“La guerra del profesor Bertenev” anuncia las buenas maneras de un Alfonso Zapico que ya se confirmaron en “Café Budapest”. Esperemos que no se demoren demasiado las nuevas obras del autor. Finalmente, destacar la cuidada edición por parte de Dolmen a la que nada se la puede objetar y que incluye un prólogo realizado por el autor.
viernes, 28 de agosto de 2009
“Café Budapest” de Alfonso Zapico.
Zapico nos cuenta el peregrinar de Yechezkel Damjanich, un joven violinista judío que tras la II Guerra Mundial, decide emigrar, junto a su deprimida madre, de la pobreza de su Hungría natal a Palestina, donde la oveja negra de la familia, el tío Yoséef Nagy y su esposa regentan un Café, el Café Budapest. Una vez en Jerusalem, Yechezkek y su madre son bien recibidos por su tío, un judío poco ortodoxo que tuvo que exiliarse debido a su participación en disturbios políticos en Hungria y pronto el joven violinista se dejará seducir por su personalidad y por los encantos de un país donde conviven pacíficamente las tres grandes religiones. Asistimo a como Yechezkel va madurando como persona, descubriendo el amor y los oscuros secretos de su familia, al tiempo que se convierte en testigo de primera mano de los hechos históricos que llevaron a la paulatina descomposición de la coexistencia pacífica entre árabes y judíos y la creación del estado de Israel. Pero si se quieren enterar de todo esto tendrán que leer el tebeo.
“Café Budapest” es la carta de presentación de Zapico en España, una obra en la que se muestra como un hábil narrador que va entremezclando con habilidad distintos registros con los que captar el interés del lector. Por un lado, asistimos a la historia y evolución del personaje principal, del joven Yechezkel Damjanich, personaje que a mí me ha recordado poderosamente al Adrien Brodhy de “El pianista”; por otro, al relato costumbrista centrado en el Café Budapest, regentado en Jerusalem, por la familia de Yechezkek donde Zapico va desgranando los secretos familiares y la historia de los parroquianos habituales del Café, captando la atmósfera de esos pequeños cafés “con encanto” donde todo el mundo es bienvenido más allá de su procedencia. Zapico contextualiza con habilidad la intrahistoria de unos personajes bien construidos y con los que resulta fácil empatizar con la historia del nacimiento de Israel, sincretizando hábilmente en busca de una habilidad–a pesar de algún gazapillo-, unos hechos históricos realmente complejos y, convirtiendo la obra, en un auténtico testimonio de cómo los acontecimientos sobrepasan a las personas y sus aspiraciones.
Es curioso que Zapico me recuerde en su dibujo a autores norteamericanos como Alex Robinson, o Joe Matt, con los que comparte el gusto por el way of life, o con mi admirado Jason Lutes y su “Berlin” en su cuidada documentación a la hora de reflejar el entorno y las localizaciones en las que se mueven los personajes y que dotan de verosimilitud a la historia. No es posible evitar tampoco mencionar como inevitable referente de esta obra el “Maus” de Spiegelman con la que también comparte ciertas preocupaciones de contenido. Resultan curiosas estas referencias de autores norteamericanos con claras infuencias de la historieta europea en cuanto que Zapico se confiesa admirador del cómic francobelga aunque ya saben que la vida da muchas vueltas. Zapico se muestra en la obra como un autor con recursos usando muy sabiamente la composición de la página para mostrar las barbaries cometidas por uno y otro bando y recrear la creciente tensión en Palestina.
En fin, “Café Budapest” es una obra muy recomendable de un autor a seguir y del que hay que esperar grandes cosas en el futuro. Prometo no demorarme tanto en la lectura de sus próximos proyectos. Si acaso, entonces se lo cuento.
Aquí, aquí, aquí y aquí tienen otras opiniones de gente que sabe sobre esta obra y desde aquí pueden acceder al blog del autor.