miércoles, 12 de marzo de 2014
“Batman El Caballero Oscuro: Irresistible”, de Tom Peyer y Tony Harris.
martes, 29 de noviembre de 2011
“Starman 3”, de James Robinson, Tony Harris y VVAA.
La excelente edición de Planeta de la serie “Starman”, de la que ya comenté aquí y aquí, es como el caviar. Hay que paladearla despacito porque, más allá de su precio, es una delicatessen que hay que saborear de a poquitos.
Y es que esta serie responde a lahistoria de siempre mil veces repetida en el género de superhéroes: personaje perdido en el limbo de las malas ventas, editor avispado (en este caso uno de los más avispados, Archie Goodwin) que selecciona a James Robinson, un joven guionista con talento al que da manga ancha, y a Tony Harris, un dibujante hiperrealista que se ajusta como un guante a su estilo, y como resultado, "Starman", una de las series más originales, imaginativas e innovadoras del género en los noventa que no solo redefine con respeto el personaje clásico en que se inspira sino muestra una vez más que la única limitación del género superheroico la establece solamente el talento de sus autores y la miopía de sus editores.
En este tercer tomo de la notable edición de Planeta, se recogen los números 30 a 38 de la serie regular, el segundo anual, la serie limitada de cuatro números protagonizada por The Shade y un número de Secret Origins. Quizás lo más destacable dentro de la continuidad de la serie sea “Artefactos Infernales” el arco de la serie regular en el que Robinson presenta al Pirata Negro y “mata” a Solomon Grundy, redefiniendo de paso toda la idiosincrasia del personaje y explicando eficazmente el rol bueno de su versión, o el episodio en el que la nueva Niebla acaba sin esfuerzo con la mayor parte de los miembros de la LJE, sin desmerecer la entretenida miniserie de The Shade en la que el antiguo villano se va enfrentando a lo largo del tiempo con las distintas generaciones de una misma familia que han jurado eliminarle Sin embargo y, a pesar de lo buenos que son estos tebeos, creo que Robinson donde más brilla es en los episodios autoconclusivos en las que aparentemente no pasa nada, pero de las que se sirve el guionista para profundizar en la personalidad de los personajes y en su propia concepción del superhéroe, aparte de ir preparando la entrada a nuevas tramas. Tebeos como “Charla con David: Año 97” en las que en una animada cena con distintos superhéroes muertos de la Golden Age, Robinson deja constancia de su profundo conocimiento del Universo DC y de paso homenajea a Norman Rockwell, o el anual 2 que sirve de recapitulación de todo lo que se lleva publicado al tiempo que profundiza en las relaciones amorosas de los distintos personajes.
En el aspecto gráfico, Tony Harris firma algunas de sus mejores páginas, especialmente en el mencionado “Charla con David: Año 97” pero la dificultad de mantener la regularidad obliga a Robinson a buscar nuevos dibujantes que le suplan, algunos excelentes, como Mark Buckingham o Richard Pace, y otros, como Steve Yeowell o Dusty Abell, más discretos pero cumplidores. No son los únicos dibujantes que realizan una labor meritoria y destacable en el presente volumen, en la miniserie de “The Shade” cada número de los cuatro que los componen está realizado por un dibujante diferente de gran nivel (Gene Ha, J.H. Williams III, Brett Blevins y Michael Zulli) restando uniformidad al conjunto pero sorprendiendo con las diferentes versiones y perspectivas que cada uno de los dibujantes aporta al ambiguo The Shade.
En “Starman”, Robinson creó un tebeo de superhéroes culto, anticlimático y referencial que nada tiene que envidar a las creaciones de culto de Moore y Gaiman, un tebeo que se aleja de los cánones más trillados del género para encontrar nuevas vías al mismo. Lástima que los derroteros del mainstream parezcan ir por otras vías.
Seguiré informando conforme vaya leyendo el resto de los volúmenes
martes, 30 de agosto de 2011
“Ex Machina: Fin del Mandato”, de Brian K. Vaughan y Tony Harris.
Mientras el alcalde Mitchell prepara el final de su mandato como alcalde de Nueva York, debe hacer frente a una antigua conocida que ha adquirido unos poderes parecidos a los suyos. Para ello, Mitchell deberá volver a enfundarse las mallas y surcar los cielos como La Gran Máquina para hacer frente a la mayor amenaza a la que se ha enfrentado.
Sinopsis reducidísima ya que no quiero espoilearle a nadie la traca final. Baste decir que Vaughan hace encaje de bolillos para cerrar todas las tramas que mantenía abiertas, algunas incluso desde el inicio de la serie, y mostrar que, a pesar de las malas ventas que obligaron a su conclusión precipitada, tenía ideas suficientes como para haber continuado con la colección por lo menos una veintena de números más. Solo adelantar que, curiosamente, Vaughan no se muestra especialmente amable con ninguno de los personajes principales incluido el protagonista y aunque la exposición de todas esas ideas resulta bastante precipitada sí que logra que el final resulte mordaz, irónico y entretenido.
En el aspecto gráfico, Harris realiza una labor más que correcta, especialmente en los primeros números para luego no alcanzar en los siguientes un acabado tan perfeccionado como nos tiene acostumbrado, quizás presionado por acabar con el proyecto.
“Fin del Mandato” no deja de certificar el quiero y no puedo que ha sido toda una serie que partía como uno de los proyectos más interesantes dentro del género superheroico en los últimos tiempos y que por distintos motivos (las ventas, los compromisos de Vaughan, etc.) no llegó a estar a la altura de todas las expectativas generadas. ¿Quién sabe? Quizás con los años se convierta en una serie de culto. Ya veremos.
domingo, 31 de julio de 2011
“Starman vol. 2”, de James Robinson y Tony Harris.
Madre mía, qué bueno es James Robinson… Es lo primero que me vino a la cabeza tras acabar el segundo volumen recopilatorio publicado por Planeta de esta serie que reúne los números 17 a 29 de la serie original, el primer Anual y distintos Showcase protagonizados por Shade, uno de los principales secundarios. Y es que más allá que tuviera mano ancha para hacer y deshacer lo que quisiera, se necesita mucho talento, seguridad en uno mismo e inquietud para no caer en el acomodamiento para coger un personaje del montón de la Golden Age, hacerlo completamente suyo y remozarlo de arriba abajo, con historias en las que sorprende una y otra vez al personal incapaz de prever por donde va a salir tanto argumentalmente como con sus constantes referencias literarias y cinematográficas.
Robinson cuida su creación con mimo y ni siquiera en los episodios autoconclusivos que podrían pensarse de relleno afloja el pistón creativo y nos regala auténtica joyitas como el número 19 en que ahonda en los traumas del protagonista a través de una aventura de piratas de la que debieron tomar buena nota los guionistas de “Piratas del Caribe”, o el 28 en que relata un episodio del pasado de Mykaal. Sin embargo, el grueso del volumen lo componen dos estupendos arcos argumentales en los que desarrolla algunos de los temas centrales de la serie.
En “Arenas y Estrellas” desarrolla un atípico crossover con otro héroe de la Golden Age resucitado con éxito por Matt Wagner en los noventa, The Sandman. Para ello, y teniendo en cuenta la diferencia de edad entre protagonistas Robinson sigue explorando subrepticiamente uno de los temas centrales de la serie, el envejecimiento de los héroes y las figuras paternas.
A continuación, en un arco de tres números de inspiración bíblica, “Ida y Vuelta al Infierno” retoma y concluye una de las historias iniciadas en el anterior volumen, la de Merrit, el villano basado en “El Retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde, un personaje que como todos los villanos de Robinson resulta más complejo de lo que pudiera parecer a simple vista. En este arco queda patente más que nunca el carácter coral de la serie, compartiendo protagonismo con Starman personajes tan ambiguos moralmente como Shade o Matt O’Dare.
En el aspecto gráfico, Tony Harris da lo mejor de sí continuamente gracias a un Robinson que le lleva al límite de sus posibilidades en comparación al acomodamiento autocomplaciente que supone su trabajo en “Ex Machina”. Su estilo es mucho más dinámico y vivo gracias en buena medida también a los más atrevidos recursos narrativos que maneja como composiciones de páginas ambiciosas y rupturistas que dan mayor fluidez a la narración o el tratamiento del color como elemento descriptivo y narrativo.
Me dejo un trío más de historias fantásticas que no quiero destripar en las que Robinson vuelve a demostrar su versatilidad.. En definitiva, lo mejor que se puede decir de este segundo volumen de “Starman” es que deja con ganas de más y, por suerte, todavía quedan cuatro volúmenes pendientes para seguir disfrutando de una serie que es de lo mejorcito que se viene publicando este año y revaloriza un género tan castigado como el superheroico.
martes, 26 de julio de 2011
“Ex Machina: Abajo con lo viejo”, de Brian K. Vaughan, Tony Harris y John Paul Leon.
Ahora que Norma acaba de publicar la última entrega de “Ex Machina”, subsano mi dejadez y comento la penúltima, el noveno recopilatorio que, bajo el subtítulo de “Abajo con lo viejo” reúne los números 40 a 44 de la serie regular y el Especial número 4 dibujado por John Paul Leon. Reconozco que este tebeo lo he ido dejando ya que las entregas inmediatas de la serie me habían resultado decepcionantes, con un Brian K. Vaughan al que notaba distraido y falto de ideas en una serie cuyo planteaimento inicial era de lo más atractivo que el género superherócio ha ofrecido en los últimos tiempos. Sin embargo, la lectura de este tomo me ha reconciliado con Vaughan y ha logrado despertar mi curiosidad por ver como cierra la serie.
Lo mejor del tomo es el divertido episodio autoconclusivo, “Implacable”, que lo abre y en el que presenta ingeniosamente a los creadores de la serie, Brian K. Vaughan y Tony Harris incorporados al elenco de la misma intentando hacerse con el trabajo de la adaptación al cómic de la vida de Mitchell Hundred. No voy a adelantar quiénes son los que se hacen al final con el encargo, pero sí diré que es un número inteligente y divertido que basa su fuerza cómica en la representación dispar de Tony Harris y el propio Vaughan que por lo que sé se ajusta bastante a la realidad.
La siguiente entrega es el cuarto especial de la serie –lo que en otras épocas imagino se correspondería con un Annual- en el que el alcalde de NY y antiguo superhéroe debe bregar con un periodista crítico a sus planes y los delirios obsesivos de un lunático. Se trata de una historia tópica de la serie, resuelta con oficio por Vaughan. He de reconocer que John Paul Leon ("The Winter Men") que no es precisamente un dibujante que me entusiasme, realiza un trabajo bastante correcto.
El grueso del volumen lo compone el arco de tres números que da nombre al tomo en el que Vaughan empieza a desvelar los misterios que envuelven el origen de Mitchell y su futuro político que culminarán en la décima entrega con la que concluirá la serie. Se nota que Vaughan tenía bastante planificada de antemano la conclusión de la serie con lo que es de esperar que la próxima entrega no decepcione ya que cuando pone interés ha demostrado ser un guionista hábil y con ideas e inquietudes mayores de lo que habitualmente acostumbramos a leer en el cómic mainstream. En el aspecto gráfico, Tony Harris sigue mostrando su talento para el dibujo realista y, aunque no me guste tanto como en “Starman”, realiza una excelente labor demostrando un buen entendimiento y complicidad con el guionista.
viernes, 15 de abril de 2011
“Starman”, de James Robinson y Tony Harris.
He leído despacito los diecisiete números que componen el primer tomo (de seis anunciados) de la recopilación que Planeta está realizando de “Starman”, una de las series más interesantes de los noventa, realizada por James Robinson y Tony Harris. Tengo que confesar que hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un tebeo de superhéroes y no me extraña que la serie haya adquirido la consideración de tebeo “de culto” ,consecuencia no solo de su dispersa, incompleta y mínima publicación anterior en España sino también de una incontestable calidad.
Básicamente, “Starman” se centra en explicar como Jack Knight, el hijo pequeño del Starman original, asume progresivamente el legado superheroico de su padre como defensor de la ciudad de Opal City al tiempo que intenta seguir adelante con su vida “normal”. Tampoco os voy a contar mucho más.
“Starman” es un tebeo que sobresale respecto a la media por muchos motivos. Por un lado, por la habilidad con que el guionista británico James Robinson amalgama en pocos números toda la idiosincrasia del Starman de la Golden Age –o las diversas reencarnaciones de Starman siendo más correcto- con una nueva y renovada versión que le permite explorar conceptos interesantes como el deber, la responsabilidad, la confrontación entre lo nuevo y lo viejo o las complejas relaciones familiares en unas tramas inteligentes, imaginativas, cultas y cargadas de humor que dan un lavado de cara a los tópicos del género. Por otro lado, en la frescura y profundidad con que Robinson presenta una galería de personajes realmente atractiva para el lector que, más allá de sus extraordinarias habilidades, derrochan naturalidad y humanidad, gracias en buena parte a unos naturales diálogos no exentos de humor y el carácter coral de la serie, que alcanza su máxima expresión en el arco “Los pecados del Hijo”, protagonizado cada uno de los capítulos por un personaje diferente, que le permite al autor abrir completamente el abanico de posibilidades para contar historias situadas en cualquier tiempo o lugar sin que el peso recaíga necesariamente en el personaje protagonista. Aparte de estos elementos, “Starman” es rico en referencias aprovechando la profesión –una especie de chamarilero- del protagonista principal pero que, además, acaban incorporadas a las mismas de un modo directo como es el caso del universo freak de Todd Browning o al mismísimo Oscar Wilde.
En el aspecto gráfico, Tony Harris realiza una excelente labor, con un trazo quizás menos depurado que en otras series posteriores donde me ha gustado menos, como “Ex Machina”. Harris en "Starman" es menos rígido, lo que dota de mayor expresividad a los personajes al tiempo que acierta con la caracterización de los personajes y las localizaciones con un aire entre retro y gótico bastante logrado que da a la serie una uniformidad característica a la que se adapta Teddy Kristiansen en los episodios en los que suple a Harris.
“Starman”, a pesar de la edición en tomo (que a mí me parece bastante buena), es una serie que gana en una lectura reposada y a ratitos para dejarse llevar por la excelente planificación de un Robinson con bastante libertad para hacer lo que le da la gana, aprovechándose para ofrecernos un tebeo que nunca debería pasar desapercibido frente a mediocridades que no hacen más que repetir fórmulas anquilosadas.
lunes, 14 de junio de 2010
“Ex Machina 8: Juego Sucio”, de Brian K. Vaughan y Tony Harris.
En el apartado gráfico, más de lo mismo. Tony Harris, cuyo estilo es un híbrido a medio camino entre Steve Dillon y Bryan Hitch, se muestra tan cumplidor como siempre pero su dibujo impersonal y aburrido, se limita a cumplir y no saca todo el partido que podría a las situaciones ideadas por Vaughan, destacando sobre todo en la composición de algunas páginas que rompen la rutina habitual y resultan bastante chulas y en las portadas que aparecen reproducidas en el tomo. Me ha gustado más el número dibujado por el glacial John Paul Leon, que acierta a la hora de recrear una atmósfera oscura y opresiva con cierto aire a Mazzuchelli que contrasta con el supuestamente alegre día de Halloween.
viernes, 17 de abril de 2009
“Ex Machina: Ex Catedra” de Brian K. Vaughan y Tony Harris.
En el último tomo publicado por Norma, “Ex Cátedra”, Vaughan rompe en parte la tónica hasta ahora de la serie localizada completamente en la ciudad de Nueva York para trasladar la historia al Vaticano al tener que viajar Hundred allí para tener una audiencia con Juan Pablo II. Esa visita es aprovechada por sus enemigos para intentar controlarlo a través de su poder e intentar obligarle a matar al Papa. ¿Logrará el alcalde de Nueva York evitar tan siniestros planes? Tendrán que leerse el tebeo para saberlo.
“Ex Cátedra” es, de lo publicado hasta el momento el peor arco argumental de toda la serie. Una historia que partiendo de un planteamiento que podría haber dado más juego resulta poco elaborada y resuelta de cualquier manera, dejando abiertas demasiados interrogantes tanto en la historia principal que tiene lugar en el presente del lector como en los “flashbacks” que Vaughan incorpora y que en esta ocasión no aportan nada ni a la trama principal ni al conjunto de la serie salvo el mero relleno de páginas ya que ni siquiera suponen una historia en paralelo, como en anteriores ocasiones. A pesar de todos sus defectos, la historia resulta más interesante que lo que se suele publicar dentro del género, gracias a la habilidad de Vaughan para el diálogo ingenioso entre personajes que plantean diferentes puntos de vista.
Además del arco principal, que engloba los números 30 a 33 de la serie norteamericana el tomo recopilatorio incluye también el número 34 de la serie, una historia autonclusiva centrada en la Comisaría Angottí, uno de los principales secundarios del equipo de Hundred que permite explorar como ha ido evolucionando su relación con el protagonista aparte de profundizar en el personaje, en una historia de transición.
El dibujo de Tony Harris, como vengo comentado respecto al resto de la serie, resulta hiperrealista y modelado, con un abuso en exceso de los enfoques cinematográficos, que a mí no me entusiasma demasiado.
En fin, “Ex Cátedra” supone un bajón considerable respecto al nivel medio de la serie me genera ciertas dudas sobre su futuro. Probablemente le de una nueva oportunidad con el siguiente arco argumental y si la cosa no remonta quedará en los estantes de la librería de momento. Respecto a la edición de Norma, es correcta aunque sigan con la dichosa manía de publicar artículos en la pasta interior del tebeo, prácticamente ilegibles. Esta vez las víctimas han sido Marc Galante y su divertida comparación entre Hundred y Obama. Vivir para leer…
Más sobre “Ex Machina” en El lector impaciente:
- “Realidad contra ficción”
- “En pie de guerra”.
- “Malos Humos”.
- “Apagón”.
- “Los leones de Badad”.
- “Y, el último hombre”.
martes, 15 de abril de 2008
“Ex Machina 6: Apagón” de Brian K. Vaughan y Tony Harris.
Vaughan sin renunciar al componente de fantasía que debe tener todo cómic de superhéroes sabe incorporar en “Ex Machina” un realismo único en la actualidad, que no se veía en los cómics “superheroicos” desde los setenta, centrado en las problemáticas contemporáneas que todos leemos o escuchamos habitualmente en las noticias y apoyado en un cuidadoso estudio de documentación. Sus personajes lejos de comportarse como meros arquetipos asumen comportamientos y reacciones creíbles, con un tratamiento mucho más maduro de lo que estamos acostumbrados a ver dentro del género superheroico.
En este nuevo volumen, que según comenta Tony Harris ("Starman"), el dibujante de la serie, viene a marcar el meridiano de la misma y engloba los números 26 a 29 de la edición norteamericana, aparecen reflejadas todas las características apuntadas, pero Vaughan aporta una novedad que probablemente marque el futuro del protagonista, introduciendo un nuevo personaje aparentemente destinado a desvelar el origen de los misteriosos poderes del alcalde Mitchell al tiempo que provoca un apagón en todo Nueva York que no sólo afecta a sus habitantes sino también a los poderes del alcalde.
Nos encontramos ante uno de los mejores arcos argumentales de lo que llevamos de serie. Vaughan y Harris desarrollan la historia como si de una serie de televisión se tratara y abren, sin abandonar las pautas seguidas hasta ahora, nuevas tramas manteniendo al lector enganchado con la zanahoria del oscuro origen de los poderes de Mitchell Hundred al tiempo que le castigan con las problemáticas que como alcalde de la Gran Manzana tiene que enfrentar en una situación de emergencia como es un apagón.
Los diálogos de Vaughan son espléndidos. Llenos de credibilidad, intensidad e ingenio, expresándose cada uno de los personajes secundarios como se supone que debe hacerlo y robándole en muchas ocasiones protagonismo al personaje principal al tiempo que incorporan elementos de fino humor en inteligentes guiños dirigidos al lector. La aparición del misterioso viajero interdimensional – y a mí que me recuerda a Juan Salvo …. ¿Habrá leído Vaughan a Oesterheld? No sé, no sé…- está tratada con habilidad para que no desentone y, tanto Vaughan como Harris, pasan con nota uno de los momentos llamados a ser claves dentro de la colección. En el aspecto gráfico, Harris ofrece su mejor cara y aunque sus composiciones todavía me parecen excesivamente rígidas y académicas, su estilo pulcro y detallista dentro del tratamiento cinematográfico de la serie casa bien, complementando la labor de Vaughan a la hora de dotar de credibilidad los elementos más fantásticos.
En definitiva, “Ex Machina” se confirma para mí como la serie a seguir dentro del panorama superheroico actual y la apuesta más segura por la renovación del género desde planteamientos inteligentes y alejados de clichés apolillados. La edición de Norma Editorial es correcta y en este tomo incluye un par de artículos de los autores así como un sketchbook.
Para leer más de “Ex Machina” en El lector impaciente aquí, aquí y aquí.
miércoles, 28 de noviembre de 2007
“Ex Machina 5: Malos Humos” de Brian K. Vaughan y Tony Harris
Señores/as de Norma: no se puede editar un cómic tan mal rotulado y menos cuando lo que están publicando lo están editando en un formato ya de por sí caro y, por tanto se presupone, con unos mínimos de calidad exigibles. Generalmente, soy bastante comprensivo con estas cosas, aunque no debiera serlo, porque entiendo que una letra se le puede escapar a cualquiera aunque seas el corrector más avezado (¿tendrán corrector? Me parece que en este cómic no) pero cuando los errores son constantes cambiando el sentido completo de frases y bocadillos (“te” y “le” no es lo mismo) y caemos en errores ortográficos de bulto da un poco de vergüenza ajena (¿“sangre de orchata”? la de chufas es con h) y esto son sólo los errores más clamorosos que dañan la vista porque probablemente haya más. ¡Qué pena que algunas editoriales no cuiden más sus productos y bajo un bello envoltorio se falle en algo tan esencial!
Después del pataleo, vamos con la nueva entrega de las aventuras del Alcalde Hundred en la que es, probablemente, hasta la fecha la aproximación más realista que un cómic de superhéroes ha realizado a problemáticas reales porque lo que hace Vaughan en esta serie consiste en incorporar un elemento imaginativo, un alcalde con superpoderes que de hecho es el único superhéroe del mundo, a un entorno realista, el del Nueva York posterior al 11S y profundizar en el personaje a través de su comportamiento ante los problemas, paranoias y miedos de una sociedad, la norteamericana de las grandes urbes, para los que los superpoderes no sirven de gran cosa. En este arco argumental, el alcalde Hundred continúa digiriendo la muerte de su antigua becaria mientras se enfrenta a la presencia de un ladrón vestido de bombero en su ciudad que se dedica a robar y maltratar a sus víctimas, a las consecuencias que pueda tener para su popularidad sus opiniones sobre la marihuana y al misterio que representa la identidad de una mujer inmolada en su presencia, misterio que al resolverse le enfrentará una vez más a las consecuencias de sus actos pasados como superhéroe.
A pesar de la riqueza de ideas que en cada arco argumental derrocha Vaughan, nos encontramos ante un arco de transición tras los acontecimientos vividos en “En pie de guerra” y del que ya comenté aquí algo, en el que incorpora personajes que tendrán importancia en el futuro como January, la hermana de Journal, y recupera a algunos secundarios que ya aparecieron anteriormente. Sabiamente, Vaughan ha sabido rodear a su protagonista de personajes interesantes que le permiten profundizar en distintos aspectos de la sociedad yanqui y las intrigas de la política municipal. La historia principal es interesante y está resuelta con oficio, sus planteamientos en pro y contra de la legalización de la marihuana también, aunque hubiera sido un detalle por parte de Norma si aparte de los bocetos que incluye como extra se hubieran molestado en escribir un articulito o una introducción explicando detalles de la política municipal neoyorquina a los que hacen referencia los personajes como las leyes Rockefeller que deben ser de conocimiento para el común de los yanquis pero que al españolito medio le dejan con cara de tonto hasta que profundiza (o no) por otros medios. Vaughan cada vez maneja mejor los “flashbacks” jugando con la narración y las tramas paralelas a través de los cuatro números de “Malos Humos” demostrando una vez más que es un guionista con muchas cosas que contar y una forma original de hacerlo. Especialmente destacable resulta el número que completa el tomo titulado “En Solitario”, centrado en el personaje de Bradbury, en el que profundiza en su pasado y caracteriza perfectamente sus motivaciones para ser el guardaespaldas del alcalde Mitchell.
El hiperrealista dibujo de Tony Harris sigue sin convencerme del todo. Me parece correcto pero excesivamente frío y falto de movimiento, quizás por el abuso de modelos humanos y planos y encuadres cinematográficos. Todo hay que decirlo, el color de JD Mettler tampoco le ayuda demasiado.
En definitiva, una trama interesante que atraerá al lector no habitual de superhéroes pero decepcionará a los adictos a la testosterona y la acción pura y dura, y una colección en la que Vaughan debe enseñar dentro de poco el as que espero guarde bajo la manga porque él puede dar todavía más de sí. El tiempo lo dirá.
Más “Ex Machina” en “El lector impaciente” aquí,
martes, 11 de septiembre de 2007
“Ex Machina 4: En pie de guerra” de Brian K. Vaughan y Tony Harris
“Ex Machina” es una historia atípica dentro del género de superhéroes donde la acción y los enfrentamientos épicos quedan en un segundo plano en busca de un tratamiento más realista y maduro del concepto de héroe. Mitchell Hundred, “La Gran Máquina”, debe capear las dificultades que conlleva ser el alcalde de Nueva York tras el 11S más allá de utilizar sus poderes para aporrear al villano de turno. Este planteamiento queda especialmente en evidencia en el primer arco argumental, “En pie de guerra”, donde Mitchell se ve en entredicho al haber autorizado una manifestación contra en el envío de tropas por parte del gobierno de EEUU a Irak, manifestación en la que participa un miembro de su gabinete, la antigua becaria Journal Moore. La protesta acaba mal cuando los manifestantes sufren un atentado con un arma biológica y una de las víctimas es Journal. De este modo, Mitchel, presionado y preocupado por la trascendencia del problema, usa sus poderes para capturar al culpable. En la segunda historia, “Vida y Muerte” Mitchel, agobiado por un periodista para que se posicione respecto a la pena de muerte, rememora su enfrentamiento con el archienemigo de su etapa superheroica, Pherson, un tipo con un poder parecido al suyo de control de las máquinas pero en su caso aplicado a los animales, un enemigo al que cree que mató pero que en las últimas viñetas de la historia Vaughan deja abierta la puerta a su resurrección.
En este nuevo libro Vaughan (“Y, el último hombre”, "Runaways") sigue demostrando su habilidad para incorporar argumentos realistas a la historia de este superhéroe metido a alcalde de NY aprovechando de este modo para analizar la realidad norteamericana (y global) tras el atentando del 11S. Vaughan, a través de Mitchell, realiza una completa radiografía de la psicosis a la que se enfrenta la sociedad norteamericana dividida respecto al envío de las tropas a Irak e incorpora elementos realistas como la muerte de un inocente en un registro policial en el metro (más o menos tal y como ocurrió en Londres tras sus atentando). Vaughan aporta distintos puntos de vista a través de sus personajes en una historia llena de grises para no tomar partido por ningún planteamiento dejando al lector que tome su propia postura sobre el tema. El segundo arco argumental me parece que va a ser importante en el desarrollo de la serie al introducir a Pherson, el archienemigo que todo superhéroe que se precie requiere y desvela algo más del pasado de la Gran Máquina, lo que abre la puerta a nuevas posibilidades argumentales. Por otro lado, Vaughan sigue manteniendo la misma estructura, por otro lado común a sus dos series: narrar la historia del protagonista a través de continuos flashbacks lo que le permite mantener la atención del lector durante toda la historia intacta.
Del dibujo hiperrealista de Tony Harris tampoco se puede comentar nada nuevo. Es un dibujo correcto que se ajusta bien a la historia de Vaughan pero al que se le nota cierto acomodamiento, quizás en este último tomo más que en los anteriores, un hieratismo en las figuras preocupante y una propensión por el encuadre cinematográfico que en ocasiones hace que chirríe a mis ojos. Sin embargo, a pesar de ello, tanto “Ex Machina” como “Y, el último hombre” son obras que tanto por su temática como por el tratamiento bien documentado de Vaughan están bastante por encima de los productos “mainstream” que se suelen publicar actualmente. De momento, Vaughan tiene mi voto de confianza y mi atención aunque espero que en sus próximos proyectos opte por una estructura narrativa distinta porque los saltos temporales ya ha demostrado que los domina.
viernes, 25 de mayo de 2007
“Ex Machina: Realidad contra Ficción” de Brian K. Vaughan y Tony Harris.
En “Ex Machina”, el guionista Brian K. Vaughan (“Y, el último hombre”, “Runaways”), nos cuenta la historia de Hundred Mitchell, la Gran Máquina, el único superhéroe de la Tierra que cuenta con la capacidad de “hablar” con las máquinas y hacer que estas le obedezcan. Tras una corta y accidentada carrera vestido de mallas, Mitchell queda traumatizado por haber fracasado en su intento de evitar el atentado contra las Torres Gemelas del 11S (sólo logra salvar una de las Torres) y decide abandonar su corta carrera como héroe, hacer pública su identidad y presentarse a las elecciones a alcalde de Nueva York y, sorprendentemente, ganarlas. Es en el principio de la legislatura de Mitchell donde se inicia la colección que se encuentra sobre todo centrada en las vicisitudes del Mitchell político, con su particular estilo populista y heroico, para tratar de sobrellevar la dirección de una gran urbe como Nueva York.
El planteamiento de Vaughan le permite acercarse de este modo a los temas candentes en la vida pública norteamericana –y en la nuestra- que generalmente no han sido tratados en un género como el superheroico desde una perspectiva tan realista y adulta. Así, si en anteriores episodios de la serie Vaughan trataba sobre el matrimonio gay o el racismo, en el arco argumental que hoy nos ocupa, “Realidad contra ficción”, se centra en la institución del Jurado. El alcalde Mitchell decide formar parte de un jurado popular para dar ejemplo a la ciudadanía de la ciudad, generalmente renuente a aceptar esta obligación, para encontrarse en medio de un secuestro con rehenes que se resuelve de la manera menos superheroica imaginable. Al mismo tiempo, la policía y los colaboradores de Mitchell en su antigua actividad superheroica se enfrentan a la presencia de un nuevo vigilante enmascarado decidido a ocupar el hueco dejado por la Gran Máquina a cualquier precio.
Vaughan a través de continuos “flashbacks” es capaz de desarrollar y resolver varios hilos argumentales de manera que podamos asistir a las razones y circunstancias que motivaron los acontecimientos que se están resolviendo en el presente. De este modo, la serie goza de un perfecto equilibrio para mantener la atención del lector tanto en los problemas sociales y las rencillas políticas y personales a las que debe hacer frente Mitchell como en las tramas más superheroicas de las que son partícipes la Gran Máquina y sus colaboradores. Probablemente, el punto fuerte de la serie sea éste, la coherencia con que Vaughan desarrolla el personaje de Mitchell mostrando la causa de cada una de las decisiones que va tomando a lo largo de su vida así como el esfuerzo de verosimilitud con que el guionista resuelve las situaciones que plantea.
En el aspecto gráfico Tony Harris (“Starman”) hace una labor correcta a través de un estilo realista y detallista que casa perfectamente con la temática de la serie y ambientando los escenarios de la ciudad de Nueva York donde se desarrolla la acción espléndidamente. Sin embargo, en mi opinión, sus figuras humanas son un tanto hieráticas y carecen de dinamismo lo que en parte empaña los buenos guiones de Vaughan.
De momento, Vaughan va resolviendo con brillantez las situaciones que plantea pero habrá que ver si mantiene el alto nivel ofrecido hasta ahora durante los cincuenta números que prevé dure la serie, aunque viendo los interrogantes que va planteando (el origen de sus poderes, la presencia de su madre y el secreto que sobrelleva…) es casi seguro que seguiremos escribiendo bien de “Ex Machina” por aquí durante bastante
tiempo.
Un tirón de orejas final a Norma por la publicación de parte de la entrevista de Zona Negativa a Vaughan en la tapa interior de la contraportada. ¿Tan costoso es incluir una hoja más para publicarla debidamente y que no nos dejemos los ojos leyéndola? Esperemos que cuiden más detalles como este en el futuro.