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jueves, 19 de diciembre de 2013

“Aama 3: El desierto de los espejos”, de Frederik Peeters.



Astiberri publicó hace nada la esperada tercera entrega del Aama” del suizo Frederik Peeters, la que probablemente sea la serie de Ciencia Ficción más atractiva de los últimos tiempos con el permiso de “Saga” y “Prophet”. Un álbum excelente  que, sin embargo, en esta nueva entrega subtitulada “El desierto de los espejos” por momentos sufre de la decisión de Peeters de convertir la trilogía que tenía inicialmente planificada en una tetralogía. Os cuento

En esta nueva entrega la expedición científica inicial se ve reducida a Verloc, su hermano Conrad, el robótico Winston, el profesor Rajeev y la pequeña y misteriosa Lilja, y continuan explorando el exuberante mundo de Olan(ji) convertido por la acción de Aama en un inhóspito y hóstil vergel en el que nuevas y extrañas formas de vida se desarrollan. Al final de su camino, Verloc acabará recuperando su memoria y empezará a descubrir algunos de los misterios que encierra la enigmática sustancia y el sentido de su presencia en ese mundo.
Peeters sigue desarrollando con mimo esta peculiar trama de Ciencia Ficción en la que reformula una trama clásica desde los tiempos de “Planeta Prohibido  para aportar su original interpretación que bebe directamente de la Ciencia Ficción racional y filosófica del polaco Stanislav Lem, en general, y la que es su obra más conocida, la excelente y recomendable “Solaris”, en particular.
Peeters está desarrollando una sutil trama en la que desordena la temporalidad para sacar el máximo partido  al desmemoriado protagonista y en esta tercera entrega rellena buena parte de los huecos que quedaban vacíos en su memoria al tiempo que plantea algunos nuevos  previos a la conclusión de la historia sin obviar, en este entorno de Ciencia Ficción, el estudio de las relaciones personales que tanto le obsesionan profundizando en la relación de Verloc con sus familares.
A nivel gráfico, Peeters hace un despliegue espectacular de talento para transmitir al lector la confusión propia del protagonista incorporando transiciones tan sutiles que resulta complicado establecer en que momento de la historia nos encontramos exactamente y se embriaga desatando su imaginación para recrear la exuberancia de los nuevos ecosistemas de Olan(ji) y la fauna y flora que lo pueblan. Quizás en ciertos momentos, el único defecto que se le puede poner a Peeters en este álbum es que cae en el ensimismamiento en la composición de algunas viñetas mudas y que las secuencias de “acción” resultan un tanto confusas, aunque tampoco me extrañaría que ese efecto sea conscientemente buscado por el autor. Por otro lado, el tratamiento del color explota sacando Peeters el máximo partido del mismo en este álbum.
En fin, más allá de esos pequeños detalles, la tercera entrega de “Aama” mantiene las cotas de calidad e interés ofrecidas en sus anteriores entregas y deja todo preparado para que Peeters nos deje con la boca abierta con la conclusión de la historia. Esperemos que así sea.

jueves, 13 de diciembre de 2012

“Aama 2: La multitud invisible”, de Frederik Peeters.




Astiberri concentra lo más interesante de sus novedades en este final de año y entre las mismas destaca “La multitud invisible”, segunda parte de “Aama”, la trilogía futurista que el suizo Frederik Peeters iniciara con Olor a tierra quemada, confirmando las buenas impresiones que me dejó esa primera entrega.

El desmemoriado Verloc irá descubriendo a través de las anotaciones en su diario como tras su llegada al planeta Ona(ji) y la toma de contacto con la colonia científca que desarrolló la revolucionaria Aama,  partió junto a su hermano Conrad y el simio robótico Winston con algunos miembros de la colonia en busca de la Aama para comprobar como la sustancia está empezando a afectar sorprendentemente al ecosistema de Ona(ji).

Desde las primeras páginas, Peeters nos vuelve a arrastrar a los misterios que se esconden en el mundo de Ona(ji) en una expedición transversal  e iniciática que se desarrolla en varios planos dejando constancia de la madurez de un autor que a pesar de su juventud es capaz de reinventar su obra en cada nueva entrega para presentar de una manera original sus obsesiones.

Como ya hiciera en “Lupus” se vuelve a aprovechar de la versatilidad de la Ciencia Ficción para desarrollar una metáfora hipnótica en torno a los problemas del hombre contemporáneo, sugiriendo las consecuencias de los pliegues más oscuros de las sociedades tecnificadas planteando el éxito de as quimeras futuristas a las que nos enfrentamos al describir una sociedad deshumanizada en la que cuanto más implantes tecnológicos y racionalidad evolutiva más aumenta la sensación de soledad y aislamiento interior de los individuos.

Peeters refuerza esa sensación de desamparo y zozobra en la que se mueven siempre sus personajes otorgándole a su protagonista Verloc la condición de desmemoriado con lo que el propio personaje va descubriendo su historia a través del socorrido recurso de la lectura del diario al mismo tiempo que los lectores del cómic. En ese sentido, Peeters da buena muestra de su condición de exquisito narrador para trasladar al lector con fluidez y claridad a través de los diferentes lapsos temporales en los que se desarrolla la aventura al tiempo que construye un discurso uniforme que otorga solidez y coherencia a la obra.

Por otro lado, “La multitud invisible” es quizás la obra de Peeters en la que la acción y la aventura aun desarrolladas mediante un narrador interpuesto y sin ser el l objetivo último del autor están más presente al centrarse durante buena parte de este álbum en la narración de los azares y peligros a los que se enfrentó la expedición que parte en busca de la Aama por el evolucionado y revolucionado planeta Ona(ji). Sin embargo, este planteamiento aventurero no es más que una excusa para presentar el trasfondo de la obra enfrentando al mermadoy confundido protagonista con la exuberancia de la nueva fauna y la flora del planeta evolucionada a partir de la Aama.

En el fondo, el interés de Peeters es hacer una Ciencia Ficción filosófica partiendo de convenciones y clichés de género con lo que todo tiene un toque personal e intimista aun cuando transite por sendas ya trilladas por grandes del género en referencias que resonarán en la mente de los aficionados a la Ciencia Ficción aunque no acaben de ubicarase del todo.

Así, es fácil rastrear elementos en “Aama”  propios de los Herbert, Lem,  Asimov o Aldiss filtrados y reinterpretados en función de las propias obsesiones de Peeters, lo cuál otorga un mayor atractivo a una obra que además en el apartado gráfico cuenta con un acabado excelente en el que el autor suizo muestra un especial detalle en la descripción del ecosistema de Ona(ji) poniendo un detalle similar al del brasileño Léo en “Aldebarán”, autor y obras con las que guarda ciertas similitudes en cuanto al trasfondo de su obra  aun cuando Peeters se muestre como un autor más sutil y ambicioso en el tratamiento de sus objetivos. Tampoco habría que obviar referencias más peregrinas como un acabado gráfico que, por momentos, parece influido por el estilo elegante y limpio del Guillon de “Los Naufragos del tiempo  e incluso detalles tan extravagantes como esos deambuladores que recuerdan a los tentáculos del Dr. Octopus o el acabado del traje de Conrad que se parecen al diseño del Madrox de “Factor X” que hacen sospechar de la enorme variedad de referencias ocultas en la obra. 

En fin “La multitud invisible” me ha parecido un gran cómic, una aventura transversal que en estos tiempos de tontadas que confunden la Ciencia Ficción con la espectacularidad sin contenido apuesta por una Ciencia Ficción inteligente, honda y conmovedora que replantea las preguntas de siempre - ¿Quiénes somos?¿Adonde vamos?¿De donde venimos? – con sutileza y sensibilidad. Ojalá en la tercera entrega de “Aama”, Peeters nos ofrezca alguna respuesta valida.

jueves, 15 de diciembre de 2011

“Aama: Olor a tierra quemada”, de Frederick Peeters.

Astiberri acaba de publicar “Olor a tierra quemada”, el primer álbum de “Aama” la nueva serie de Frederick Peeters, en la que el suizo regresa a uno de los géneros en que más éxito ha cosechado, la Ciencia Ficción.

En un futuro lejano, Verloc está pasando una mala racha….Ha perdido su negocio, su mujer y no le dejan ver a su hija. Tras un fortuito encuentro con su exitoso hermano Conrad del que se había distanciando con los años, Verloc , sin comerlo ni beberlo, le acompaña en una misión al otro lado del Universo, en un inhóspito planeta en el que han de contactar con una expedición científica perdida y recuperar una misteriosa y revolucionaria sustancia, la Aama.

No podemos decir que esta primera entrega de “Aama” parta de un planteamiento excesivamente original ya que es el mismo que Peeters utilizase en la excelente “Lupus”, basado en la subversión de las fórmulas típicas de la Ciencia Ficción para tratar y describir las emociones y sentimientos humanos que han sido el objeto de estudio de prácticamente toda su carrera. A pesar de ello, “Olor a tierra quemada” engancha gracias al enorme talento de un autor que ha alcanzado su madurez y maneja como pocos los resortes del medio para hacer interesantes historias que, probablemente, en manos de cualquier otro resultarían infumables gracias a su enorme talento para sugerir emociones en el lector.

En este álbum, Peeters hace un impecable uso de las elipsis narrativas para presentar la historia y los personajes, manteniendo intacto el misterio acerca de lo que es la aama y dosificando con maestría los ritmos y las pausas para epatar al lector y absorber su atención de la primera a la última página.
Resulta interesante comprobar como “Aama” parece una obra mejor acabada gráficamente que “Lupus”, más ambiciosa en el tratamiento y descripción gráfica de los ambientes y mundos en que se desarrolla la historia realzados por la introducción del color y las referencias y homenajes más o menos explícitos a lo más granado de la Ciencia Ficción, de Lem a Lucas, de Mezières a Moebius.

Es un primer álbum de una proyectada trilogía por lo que hay que ser cautos, pero “Olor a tierra quemada” es una lectura hipnótica y sabia en la que Peeters plantea con una nueva forma su argumento de siempre, que más allá de los progresos y la tecnología los seres humanos seguimos siendo esencialmente los mismos, con los mismos intereses, sentimientos, alegrías y miedos. Estoy de acuerdo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Fredericks Peeters y los guionistas.

P: Y ahora que estás hablando de gente que te escriba guiones, en Koma tienes un guionista, Pierre Wazem. ¿Cómo llevas la interacción con un guionista? ¿Te adaptas bien a trabajar con otra gente? ¿Cómo surgió este proyecto?

Peeters: Cada caso es distinto. En el caso de Koma, quien me escribió el guión en realidad es un amigo. Yo llegué con un dibujo de una niña con un monstruo, se lo enseñé sin más, y al cabo de poco tiempo me dijo que ya tenía un guión. Como este amigo también es dibujante, me hacía los guiones, me los mandaba, y yo los recibía y los planificaba y, no se sabe cómo, pero eran 46 páginas. De todas formas hay que decir que una tarde previa nos reunimos alrededor de una botella y ahí, en esa tarde, definimos lo que iban a ser los personajes, lo que iba a ser el universo, y a partir de esa tarde el guión fue todo suyo. De todas maneras, era la primera vez que me daban un guión hecho, terminado. Lo mismo que en Castillo de arena, el resto no. Luego tenemos el tema de RG con el policía. Él me iba contando cosas. Yo escribía y el me iba relatando anécdotas que muchas veces no tenían ningún interés.

P: Como acabas de decir, para hacer RG te reuniste con un policía que te contaba cosas sobre su trabajo, sobre los casos en los que trabaja, y tu eso lo conviertes en un cómic. Escribes el guión, haces el dibujo e incluso aquí aplicas tú el color. Pero da la sensación de que aunque estás haciendo una historieta de género, te alejas bastante de los clichés de la novela negra y del cine negro. Hay un policía muy poco heroico, no hay demasiada acción… ¿Cómo te planteaste esto? ¿Todo esto es intencionado por tu parte?

Peeters: Todo es una cuestión de equilibrio. Es como cuando te metes en la cocina. Me dicen que quieren un pisto y me dan los ingredientes del pisto pero ni siquiera me han lavado el tomate, con lo cual, a partir de ahí tengo que crear. El problema de la policía es que hoy en día viven inmersos en estereotipos que vienen o de la novela negra o del cine. No quiero generalizar, pero en este caso concreto diría que los policías casi juegan a ser policías. Cuando me cuenta una historia, me la está contando tal y como él se vería en su cabeza, como si estuviese es una película, como actuando. Y mi trabajo consistía precisamente en que me contara la verdad, el día a día de un policía en París. Era muy difícil, porque ahora mismo la vida de un policía es muy aburrida y muy banal. Con lo cual era un pulso. Era un pulso entre él, que quería ser él héroe, y el dibujante, que quería la realidad. La verdad es que lo complicado es que no puedes hacer un buen libro con lo que es la realidad, la vida real de un policía. Entonces, resulta que tras mogollón de horas con él, me di cuenta de que podía haber hecho el libro yo solo. Lo que pasa es que desde los años treinta o cuarenta, en las películas siempre tienen de asesor a un policía que les dice si tal cosa es así o no es así. Con lo cual al final te encuentras con que los de la realidad sueñan con la ficción, y en la ficción te encuentras con que tienes un policía real que te dice si esto es así o no. Así que después de haber visto todas las películas, después de haber leído novela negra, el álbum lo podía haber hecho yo solo. Y ya como anécdota, contar que he ido muchas veces a varias comisarías de París, y en todas esas comisarías lo que tienen es un montón de pósteres de películas. ¡Y encima son de las malas!

(Imprescindible para los que nos gusta la obra de Peeters la transcripción que de la charla que el suizo dio en el pasado Salón de Getxo han realizado los chicos/as de Entre Cómics y podéis leer completa aquí).


martes, 30 de marzo de 2010

“Paquidermo”, de Frederick Peeters.

Frederick Peeters es un autor que ama incomodar al lector. Toda su obra está encaminada a crear desasosiego al lector sobre las distintas significaciones que dar a aquello que está leyendo, inseguridades sobre su nivel de inteligencia y preocupación por perderse en el marasmo de posibilidades que el simbolismo de Peeters encierra. Si en “RG” habíamos disfrutado del Peeters más convencional en una obra de espionaje (la intriga es una constante en la mayor parte de su obra) en “Paquidermo”, su última obra publicada con esmero por Astiberri, nos encontramos con una obra ambiciosa en la que da rienda suelta a todas sus obsesiones y simbolismos.

En la Suiza de los años 50, Clarice debe llegar a una clínica privada en la que está internado su marido quien acaba de sufrir un accidente sin embargo un elefante atropellado en medio de la carretera la impide llegar a su destino. Poca cosa para la preocupada esposa quien monte a través llegará a su destino para descubrir que el pintoresco hospital está poblado por extraños y peculiares personajes que la sumergirán en una rocambolesca historia de espías en la que está juego su propia vida.

Frederick Peeters no es un autor convencional apegado a formulas de éxito preestablecidas sino que en cada nueva obra pretende dar una vuelta de tuerca más a su habilidad narrativa en una decisión que le honra como artista pero que, en ocasiones, no están a la altura de las expectativas generadas. Eso ocurre con “Paquidermo", un tebeo que nos devuelve al Peeters más oscuro y hermético en su particular homenaje al “Recuerda” hitchcockiano y al universo surrealista de Boris Vian (por no irnos hasta “La Montaña Mágica” de Thomas Mann o los cuentos populares de los Hermanos Grimm) en un tebeo en el que nos propone un particular paseo por la mente inconsciente tan atractivo en su planteamiento como fallido en su resolución final aunque por el camino hayamos disfrutado de lo lindo de la mano de un autor que derrocha maestría a pesar de su juventud en su dominio de la narración gráfica.

Paquidermo” nos devuelve al mejor Peeters o al menos al que a mí más me gusta, un autor que mezcla con habilidad las certezas de la realidad con las fantasías oníricas en una obra en la que pretende dar una vuelta de tuerca a los arquetipos jungianos y demostrar que el velo entre unas y otras es tenue y engañoso y bajo la dura piel de paquidermo que es la mente Consciente existe todo un universo de ideas del Inconsciente dispuesto a ser exploradas y mostrarse a la menor oportunidad.

Peeters va construyendo una trama que se va enriqueciendo en la medida que va aportando piezas al lector para que solucione un rompecabezas del que poco a poco vamos conformando el dibujo para finalmente darnos cuenta que la pieza que debería dar sentido a todo el entramado nos ha sido hurtada por un autor que nunca se ha caracterizado por facilitar la vida a sus lectores o sencillamente ni él mismo la poseía esta vez, preso de su propia trampa, quedando algunas situaciones deslavazadas y sin explicar respecto a la trama principal que rodea a la protagonista, Clarice, una Cenicienta que intenta encontrarse a sí misma en medio de la elaborada fantasía propuesta por Peeters.

En el aspecto gráfico, nos encontramos con un Peeters en la mejor forma capaz de adaptar su estilo para trasladarnos con habilidad y elegancia toda la ambientación caduca propia de los años cincuenta (aunque en ocasiones juegue a retrotraerse un par de décadas más) con precisión realista e ir incorporando al tiempo los distintos símbolos que van apareciendo en la historia producto de la imaginación de la protagonista, fácilmente identificables y tomados directamente de series tan recomendables como “Ally McBeal” -aunque los bebés monstruosos de Peeters me receurden más a algún personaje de Charles Burns- o películas como “El resplandor” o “Big Fish”, símbolos que aparecen en la historia personajes que aparecen exagerados o caricaturizados para ir avisando al lector sobre lo inestable del terreno que pisa. Probablemente, las referencias cinematográficas sean más patentes en esta obra que en ninguna otra anterior de Peeters basándose en la caracterización de los personajes en actores como John Barrymore y Claudette Colbert, como bien señala Angux en El Hojeador, referencia, por otro lado, que el autor en ningún momento esconde –los personajes se llaman igual que los actores- y sirven para enriquecer aun más la obra. Por otro lado, Peeters da una auténtica lección tanto en el manejo de las elipsis y las transiciones logrando momentos de enorme belleza visual como en el tratamiento del color que, si ya sospechábamos excelente en las entregas de “RG", en “Paquidermo”, con un papel en condiciones, se muestra en todos sus matices.

En definitiva, “Paquidermo” se muestra brillante por momentos aun cuando el resultado final deja de resultar lo redondo que podríamos imaginar, quizás porque como otro maestro a la hora de intentar mostrar el lado inconsciente de nuestras mentes como es David Lynch, Peeters se pierde en su propia maestría, premeditadamente o no. Yo, pobre lector, no lo tengo nada claro. ¿Y vosotros?

Otras obras de Frederick Peeters en El lector impaciente:

Constellation
Lupus
RG 1: Riyard-sur-Seines

viernes, 9 de octubre de 2009

“Constellation” de Frederick Peeters.

Hay autores que tienen un algo especial que les hacen únicos y que se percibe desde sus más tempranas obras. Ese algo lo solemos llamar talento y se tiene o no se tiene. El suizo Frederick Peeters es probablemente de la nueva hornada –ya no tan nueva- de autores europeos que más sobrado anda. Si apabulló con “Píldoras Azules” a aficionados y crítica ya había dejado su tarjeta de visita a todos aquellos que se hicieron con esta pequeña gran obra maestra que es “Constellation” en el momento de su publicación por Astiberri.

Un avión transatlántico modelo Constellation sobrevuela el océano Atlántico en 1957 con destino a Nueva York. A lo largo del vuelo, veremos como el azar puede convertir un vulgar y olvidable incidente en un hecho decisivo que marcará la existencia de sus protagonistas. Si quieren saber más tendrán que leer el cómic.

Peeters en apenas 32 páginas escribe una fantástica historia de intriga que hubiera aplaudido el maestro del suspense, Alfred Hitchcok, y demuestra su habilidad como observador obsesionado por los detalles y las pequeñas miserias e ilusiones que nos convierten en los que somos. Subvirtiendo las convenciones del género de espías, el autor desarrolla una curiosa historia cargada de humor negro y ácido sobre la inseguridad a través del estudio introspectivo de tres personajes que el azar y la venganza han situado en el mismo avión. Peeters se sirve de una composición exigente de seis viñetas por página, centrándose tanto en lo que se dice como en lo que muestra en la descripción de los tres personajes ofreciendo al lector las claves del auténtico drama que se ha producido durante lo que parece un encuentro casual entre desconocidos. Cada personaje está soberbiamente retratado y el autor se vale de escorzos y perspectivas forzadas para acentuar el difícil posicionamiento de los personajes dentro del avión.

Si siempre han querido leer algo de Peeters y nunca se han atrevido, esta obra es ideal. Buena, bonita y barata. Háganme caso.

Otras obras de Frederick Peeters en El lector impaciente:

Lupus”
RG”, aquí y aquí.

En esta página pueden encontrar en francés la información más completa sobre el autor.

domingo, 4 de octubre de 2009

Frederik Peeters salta al vacío.

Pregunta: ¿Cuándo decidiste contar la historia de tu relación con Cati en “Píldoras Azules” y cómo abordaste un tema tan personal?

Peeters: Al principio me lo tomé como una especie de experimento. Una noche sentí la necesidad de clarificar los sentimientos que me animaban en aquel momento, intentar darles forma. Pero también quería un pretexto que me permitiera improvisar sin guión, sin abocetar sin correcciones con total libertad. Francamente, no imaginaba ni mucho menos que aquello acabaría siendo un libro. Pensaba más bien que me saldrían unas cuantas páginas no demasiado buenas y que con eso me olvidaría del tema. Tres meses más tarde, tenía “Píldoras Azules”.

Pregunta: En retrospectiva, ¿qué cosas crees que aprendiste en esos tres meses acerca del proceso narrativo y de tus propias habilidades como narrador?

Peeters: Aprendí que podía lanzarme a este tipo de experimentos que compensa sobremanera saltar al vacío en plena noche para acabar cayendo de pie y darle cuenta de que, después de todo no estabas más alto y además te has divertido haciéndolo. A la hora de abordar un libro en estas condiciones es bueno estar convencido de que jamás llegarás a editarlo y que nadie lo leerá. También aprendí, que en mi caso particular, es un modo de suprimir los filtros entre las tripas y la mano, de jugar con los accidentes y de traspasar al papel las emociones en bruto, de una manera no calculada. Además, trabajando de este modo, la historieta pasa a ser un modo de expresión completo, indivisible. Uno pasa a imaginar las viñetas completas no el texto por un lado y el dibujo por otro.

(Frederik Peeters en una entrevista interesantísima publicada en “El Manglar nº 3”, realizada por Óscar Palmer).

jueves, 15 de mayo de 2008

“RG 2: Bangkok- Belleville” de Pierre Dragon y Frederik Peeters


Ayer terminé de leer el segundo volumen de la nueva serie de Frederik Peeters, "RG". Uno de esos cómics que vuelves a releer inmediatamente de lo bueno que es. Si ya la primera parte me había parecido un tebeo por encima de la media, esta segunda entrega eleva incluso el nivel y confirma que nos encontramos no sólo ante uno de los narradores gráficos más personales del cómic europeo sino además ante uno de los mejores del momento sin necesidad de más adjetivos.
Partiendo de una concepción de polar con una historia de policías que no ofrece ninguna novedad respecto a otras muchas, narrando las experiencias de Pierre Dragon en la Policía Secreta Francesa dentro de una unidad dedicada a perseguir las redes de inmigración ilegal y prostitución, Peeters, a partir de los argumentos y vivencias que aporta Dragon, lleva la historia a su terreno y sin abandonar la estructura de género negro en la que se engloba la obra, introduce sus pequeñas/grandes reflexiones existencialistas acerca de la amistad, el amor y la vida, tan características en su producción.

Dragon y Peeters no tienen demasiado interés en ofrecer un retrato heroico –y falso- de la vida policial centrado en las hazañas en pos del crimen o las grandes persecuciones de unos policías exagerados sino que su historia se engloba más bien en la tradición del polar francés más realista y crudo de un Leo Malet – o su gran adaptador al cómic, Jacques Tardi, en cuya obra se nota que ha influido a Peeters aunque sin llegar en ningún momento a la imitación-, una historia centrada en los aspectos más humanos y antipáticos de la vida policial: las esperas, las eternas vigilancias, las dificultades para ajustar la vida familiar con el trabajo, las zancadillas por destacar y la conciencia de la poca utilidad de su trabajo -“mi misión en la vida es vaciar el Sena con una cucharilla” lo define Dragon en un momento de lucidez-, pero sin dejar por ello de lado la labor policial centrada en la desarticulación de una red tailandesa dedicada a introducir en París inmigrantes ilegales a los que obligaban a trabajar en talleres ilegales en un régimen de semiesclavitud y a prostituirse. Un problema actual y cotidiano tratado con enorme verosimilitud y credibilidad gracias a las experiencias del auténtico Pierre Dragon en la policía francesa y la sensibilidad de Peeters a la hora de profundizar en la naturaleza humana.


Esta inmersión en el género negro que es “RG” nos ha permitido vislumbrar al mejor Peeters en una historia muy ambiciosa argumental y formalmente que el suizo resuelve brillantemente. Gráficamente, Peeters desarrolla toda la historia en un gran flashback encadenado a partir de pequeños elementos ambientales aparentemente secundarios a la historia pero que contextualizan perfectamente la situación y la cargan de simbolismos. Peeters en este álbum se obsesiona por el detalle y el realismo llegando por momentos a parecer un dibujante hiperrealista para lograr una ambientación perfecta de la historia en las diferentes localizaciones en las que tiene lugar la trama, una trama completamente urbana y claustrofóbica que se desarrolla siempre en ambientes cerrados por los que no es de extrañar que los únicos breves momentos en que Dragon se encuentra “relajado” sea en espacios abiertos -relajación sólo aparente… fíjense como Peeters rompe esa tranquilidad con sutileza introduciendo viñetas descriptivas que van adelantando al lector (la rama seca, el vuelo de los pájaros…) lo que se avecina- como el paseo por el parque junto a la juez Laborde. Un tratamiento realista de la historia que Peeters se encarga de romper incorporando a la historia un sueño de Dragon que sólo encuentra su explicación hacia el final pero que sirve de punto de inflexión en la narración.


El gusto obsesivo por el detallismo a la hora de caracterizar a los personajes sin dejar por ello que la narración avance se muestra en la composición de página de Peeters jugando con la perspectiva en la que va contando la historia que generalmente se desarrolla en un plano intermedio y viñetas alargadas pero que, dependiendo del interés del autor en destacar algún elemento, se estrechan o amplían como el objetivo de una cámara para centrar la atención del lector en algún detalle al tiempo que, para introducir alguna nueva secuencia, el autor se va acercando a donde se sitúa la acción desde vistas panorámicas o aéreas, rompiendo directamente el discurso narrativo pasando de un lugar a otro pero manteniendo el tipo de viñeta para que la transición no resulte brusca al lector . Por momentos, Peeters parece olvidarse de la historia que quiere contar introduciendo viñetas descriptivas, centradas en algún elemento del paisaje, que sólo indirectamente se hilvanan a la narración principal y aportan información al lector de tal modo que el suizo consigue que la obra gane en profundidad psicológica sin perder por ello su carácter de investigación policial.


En definitiva, nos encontramos ante un excelente tebeo llamado a ser uno de los mejores aparecidos a lo largo del año en nuestro país, tanto por lo inmediato de la historia que nos cuenta como por la profundidad y variedad de recursos técnicos que sus autores despliegan para contarnos de un modo novedoso y original una historia familiar para todos. En la última semana, han surgido rumores sobre posibles desavenencias entre Peeters y Dragon que pondrían en peligro la tercera entrega de “RG”. Esperemos que esos rumores se queden en nada y podamos seguir disfrutando de las peripecias del policía francés contadas a través del sensible ojo de ese sutil narrador que es Frederik Peeters.

La edición de Astiberri excelente.

Las 10 primeras páginas de la obra (en francés) aquí.

Más “RG” en El lector impaciente aquí.
Otras obras de Frederik Peeters en El lector impaciente aquí.




martes, 5 de febrero de 2008

“RG 1: Riyad-sur-Seine” de Frederik Peeters y Pierre Dragon.



Tenía mucha curiosidad por leer este nuevo trabajo del suizo Frederik Peeters (“Píldoras Azules”, “Lupus”) por varios motivos: por un lado, ver cómo un autor tan personal como Peeters se adaptaba a realizar un trabajo eminentemente de género – aunque “Lupus”, de la que ya escribí algo por aquí, es una obra de género, enmarcada en la Ciencia Ficción, su temática intimista hace que escape de las convenciones del mismo- y comprobar cómo funcionaba formando equipo, con un colaborador a los guiones (no he leído “Koma”). Leída la obra, debo decir que Peeters pasa la prueba sobradamente construyendo un cómic redondo. Pierre Dragon, seudónimo de un miembro de la policía francesa que prefiere mantenerse en el anonimato (ó lo prefería visto lo visto) asume el papel de argumentista de la historia, aportando sus experiencias dentro de la gendarmería en una brigada especializada en antiterrorismo, los RG, para otorgar el punto de credibilidad a una historia –su propia historia- de la que es también protagonista en el cómic, dejando libertad total a Peeters para el desarrollo, de lo que este se aprovecha para construir una historia respetuosa con la tradición del polar francés y al tiempo renovadora del género y coherente con el resto de su obra.
Peeters da preponderancia al trabajo oscuro de investigación, a las eternas sesiones de vigilancia de la policía a través de la construcción de diálogos y situaciones creíbles, antes que a la acción sin tregua y las persecuciones más propias de las series televisivas, llevando poco a poco la historia al terreno en que se encuentra más a gusto: el estudio psicológico del protagonista, incorporando dentro de una trama realista viñetas que retratan la personalidad y el inconsciente de Dragon, sus traumas y decepciones, logrando de este modo un completo y complejo retrato del personaje a través de su realidad cotidiana y dejando la sensación al lector una vez finalizada la lectura del álbum de conocer a Dragon de toda la vida y que la ambientación policial de la obra no es más que una excusa que Peeters manipula astutamente para centrar la historia en una persona/personaje que le fascina. De este modo, la trama policial centrada en el trabajo diario de los RG, un departamento dentro de la gendarmería francesa centrado en el contraespionaje y el antiterrorismo, queda ineludiblemente unida al deambular de Dragón, girando el resto de los personajes en torno al protagonista. Peeters nos acerca a los métodos de trabajo de un grupo policial auténtico, con sus trapicheos, sus tratos con los confidentes y esa ambigüedad moral en la que presuponemos se mueven todos aquellos que conviven diariamente con el crimen logrando por tanto un álbum que no decepcionará ni a los admiradores de sus anteriores trabajos ni a los aficionados al género que se acerquen a la obra atraídos por su temática policial.
Peeters en esta su segunda obra a color muestra una cierta evolución en su estilo de dibujo para adecuarlo al color. Sus trazos se vuelven más nítidos, menos violentos que en “Píldoras Azules” o “Lupus”, sin embargo, su trazo característico, que lo convierte en uno de los autores más personales del panorama actual, continúa siendo perfectamente reconocible. En esta obra, se aprecia también su esfuerzo en la caracterización del París urbano por el que se mueve Dragon otorgando más detalle e importancia a los fondos que en obras anteriores y, aunque resulta prácticamente imposible no evocar a Tardi en una obra de estas características, Peeters sabe hacerla completamente suya, asimilando de tal modo su hipotética influencia que resulta indetectable.
Espero que Astiberi no tarde mucho en publicar el segundo volumen de la obra (está planificada la realización de tres volúmenes) que ya ha anunciado en sus planes para el presente año y podamos seguir disfrutando de las andanzas de Pierre Dragon y sus RG en su poca reconocida lucha contra el crimen. En cuanto a la edición de Astiberri, como casi siempre, excelente.

martes, 12 de junio de 2007

“Lupus” de Frederick Peeters.



Acabo de finalizar la lectura del cuarto y último álbum de “Lupus”, de Frederick Peeters (“Pildoras Azules”, “Koma”), un autor holandés que se dio a conocer ante el gran público con “Píldoras Azules”(ya escribiré algo al respecto de esta obra), y que en “Lupus” retoma una temática similar aunque ambientada en un escenario diametralmente opuesto: la inmensidad del espacio.
Si “Píldoras azules” es una historia de amor costumbrista, “Lupus” es una obra de ciencia ficción atípica. Peeters no está interesado en narrar grandes epopeyas cósmicas ni describir atractivas civilizaciones alienígenas. Su interés está en narrar la historia más vieja del mundo, el paso de la adolescencia a la madurez.
(SPOILER)
El año sabático iniciado con un viaje turístico por el joven Lupus y su amigo Tony para buscar un sentido a sus vidas y ponerse hasta arriba de drogas pronto se complica tras su encuentro con la misteriosa Sanaa, una muchacha fugitiva que huye de su poderoso padre. Los tres inician una escapada que se ve trastocada tras el asesinato de Tony y el embarazo de Sanaa. Lupus y Sanaa huyen por el espacio y diferentes planetas de los secuaces del padre de Sanaa, ayudados por diferentes personajes que se cruzan en su camino hasta encontrar refugio en una abandonada estación espacial. Ayudada por un robot de servicio y por el protagonista, Sanaa acaba dando a luz a un niño pero, finalmente, son descubiertos por el padre de Sanaa y son separados, quedándose Lupus con el bebé.
(FIN SPOILER)
Este es a grandes rasgos, el resumen de “Lupus”, un resumen por el cuál el lector que desconozca el talento de Peeters puede esperar encontrarse con una “road movie” interplanetaria con acción a raudales y narrada a matacaballo. Craso error, este no es un tebeo del montón. En “Lupus” Peeters, un verdadero filósofo, construye una obra hermosamente existencialista sobre la condición humana en la que el espacio no es más que una metáfora para dejar constancia de la finitud del ser humano en el Universo y lo importante que es disfrutar del día a día y de las cosas sencillas. Ningún tema queda fuera de su alcance: la amistad, la soledad, las relaciones filiales, la paternidad, el amor, el sexo, la muerte, la vejez, etc.; todo ello fluye a través del pincel de Peeters con maestría y sensibilidad, reflejado a través de Lupus, un personaje poderoso en su debilidad, capaz de ir abriéndose a lo largo de los cuatro álbumes que componen la serie y madurar al ritmo marcado por su autor. Lupus, de la mano de Sanaa y su embarazo, es capaz de salir de la burbuja creada por él mismo y no encontrar más sentido a la vida que el de seguir viviendo día a día, de dejar de ser un muchacho y convertirse en un adulto.
En “Lupus” es casi más importante lo que se intuye tras cada viñeta y que el autor deja a la inteligencia del avispado lector que lo que sucede realmente en los álbumes. Peeters, un maestro del blanco y negro, alcanza con esta obra una madurez como narrador que ya se adivinaba en obras anteriores y su trazo emborronado y sucio logra dotar de expresividad todo tipo de situaciones y anécdotas, superponiendo pausas y diálogos con acierto, para lograr empatizar con el lector predispuesto de una manera sólo al alcance de unos pocos. “Lupus” es un cómic ideal para pensar y reflexionar. Una obra que explora los sentimientos humanos con originalidad y sensibilidad únicas dejando indiferente a muy pocos.
Amigos de la acción desenfrenada absteneos.