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lunes, 26 de mayo de 2014

“Fatale 2: Los trabajos del diablo”, de Ed Brubaker y Sean Phillips.



Panini Comics  retoma la publicación de “Fatale”, el thriller lovecraftiano creado por Ed Brubaker y Sean Phillips para Image, con el segundo volumen que recoge “Los trabajos del diablo”, un nuevo arco argumental que se corresponde con los números 6 a 10 de la serie regular.
Mientras el tullido Nick Lash sigue su infructuosa búsqueda de la misteriosa Josephine, conoceremos un nuevo episodio de la vida de esta fatídica devorahombres cuando en el corrupto Hollywood de los años setenta entró en contacto con Miles, un actor fracasado al que llevará a la perdición, cuando su camino vuelve a cruzarse con Hansel y sus satánicos sabuesos.
Brubaker sigue sin prisa desentrañando el pasado de Josephine, ideal de la mujer maldita que lleva a todos los hombres con los que se relaciona a la perdición en torno al que ha construido este thriller de terror sobrenatural, usando al personaje principal como vehículo para demorarse en la descripción de los momentos históricos de la Historia de Estados Unidos que le interesan.
Si realmente en este arco argumental la historia avanza poco, aunque Brubaker sabiamente se preocupe por sembrar un par de perlas que dejarán en ascuas al lector, el principal aliciente en este nuevo capítulo estriba en  la recreación que realiza el guionista de los bajos fondos del decadente Hollywood de los años setenta utilizando todos los mitos en torno al mismo – las pelis snuff, las orgías o los aquelarres satánicos- para potenciar una trama sencilla pero efectiva. A partir de ese abono fértil a cualquier historia, Bru construye una trama  que no se aparta demasiado de lo que ya nos mostró en anteriores entregas y resuelve con el oficio habitual.  Brubaker demuestra su oficio a la hora de manejar el tempo de la historia que se desarrolla en diversos lapsos temporales para dosificar la información disponible al lector para que se sitúe un paso por delante del perdido protagonista masculino sin desvelarle tampoco demasiado en un sutil y efectivo doble juego que deja de nuevo constancia del talento de este escritor y su dominio de los géneros.
Por otro lado, Sean Phillips realiza un trabajo aseado, en su línea habitual. Sin grandes estridencias y con ese estilo clásico y sobrio que le caracteriza, Phillips demuestra que su sinergia con Bru y Dave Stewart son totales y la sinergia entre ellos no decae sin que ningún elemento desentone.

Esta segunda entrega de “Fatale” acaba con un cliffhanger que promete emociones fuertes en el futuro inmediato de una serie a la que es de esperar Panini dé más vidilla  teniendo en cuenta que hay material acumulado de sobra para agilizar su publicación. Ojalá sea así.

lunes, 20 de mayo de 2013

“Fatale 1: La muerte me persigue “, de Ed Brubaker y Sean Phillips.


 
Esperaba con muchas ganas la edición de Panini de "Fatale",la primera obra publicada por el equipo formado por Ed Brubaker y Sean Phillips en el sello Image tras la desvinculación del guionista de la Casa de las Ideas. Y es que el tándem Brubaker/Phillips desde ya la lejana “Sleeper” es sinónimo de calidad,  refrendada además en trabajos posteriores como Incógnito” o “Criminal”. Y lo cierto es que la espera ha merecido la espera. 
 
Nick Lash se convierte en el albacea del legado de Dominic Raines, un excéntrico y solitario escritor de novelas de detectives amigo de su padre. En el funeral de Raines conoce a Jo, una atractiva y misteriosa mujer por la que se siente inmediatamente atraído. Mientras revisa los papeles de Raines, Lash descubre un manuscrito que podría suponer el bien preciado que este le legara pero antes de poder revisarlo unos siniestros gorilas fuerzan la entrada en la casa. Ayudado por Jo, Lash escapa pero en la persecución perderá una pierna. Tras su rehabilitación y con la única pista del manuscrito de Raines, Lash se embarcará en la búsqueda de la esquiva Jo y una endemoniada historia de terror, violencia y fatalidad que se remonta al San Francisco de los años Cincuenta.
Si algo ha demostrado Ed Brubaker a lo largo de sus múltiples trabajos junto a Sean Phillips es que es un maestro del hard-boiled incorporando a sus tramas diversos elementos sabiamente dosificados que robustecen y aportan originalidad a sus obras. Así lo hemos podido comprobar en la ortodoxa “Criminal” o en “Sleeper” e “Incógnito” en las que al entramado de intriga incorporaba unos mesurados elementos superheroicos. Cuando podría pensarse que poco más podría aportar a este género sin caer en la repetición, Brubaker vuelve a sorprendernos descolgándose con otro hard boiled igualmente intenso e hipnótico que en esta ocasión introduce como novedad elementos de puro terror lovecraftianos que hasta el momento Brubaker no había incorporado en obras anteriores.
En estos primeros cinco números recogidos en este primer recopilatorio de Panini, Brubaker deja muestras de su buen hacer y sus ganas a través de una historia intensa y compleja que se desarrolla en dos momentos temporales distintos, los años cincuenta y la actualidad, dos historias en paralelo enlazadas por la ubicua y escurridiza Jo, una femme fatale escurridiza y misteriosa de armas tomar que se torna en el primer personaje femenino protagonista en la carrera de Brubaker -exceptuando su excelente "Catwoman", claro- destinada a llevar a su perdición, a veces a su pesar,  a los hombres que se cruzan en su camino.Un tema que de un modo u otro ya aparecía planteado en anteriores obras del duo pero que en "Fatale" parece erigirse como elemento nuclear sobre el que girará la historia.
Brubaker da con la tecla para encontrar el punto justo entre el hard boiled sucio de tintes ellroinianos e insertar los elementos demoniacos justos en una localización ideal como San Francisco en la que el thriller y el terror han situado algunas de sus obras maestras. Más allá de esta novedad terrorífica que da un lavado de cara a la trama, Brubaker tira de repertorio para volver a encandilarnos con sus personajes sólidos y sus estupendos diálogos insertados en una cuidada historia en la que deja abiertos más interrogantes a responder en futuras entregas que revelaciones desvela en este excelente primer arco. 
En el aspecto gráfico, Sean Phillips vuelve a responder con su cuidado y elegante estilo noir y su característica sobriedad. Phillips se encuentra muy a gusto en las historias ideadas por Brubaker que permiten perfectamente su lucimiento y añade a su habitual solvencia a la hora de desarrollar el thriller, evocando a recursos e imágenes a las que nos hemos familiarizado de otras obras, su facilidad para introducir elementos de terror sin caer en el ridículo ni en la truculencia para darle una patina de realismo que refuerza la credibilidad de la historia.
En “Fatale”, Brubaker lo vuelve a hacer y consigue encandilarnos con los misterios que su Jo nos propone. Esperemos que Panini se ponga las pilas y veamos pronto la continuación de una serie que deslumbra en sus primeras entregas.

jueves, 16 de mayo de 2013

“Flinch 2: Romance Sangriento”, de VVAA.




ECC Ediciones ha publicado el segundo recopilatorio de su reedición de “Flinch”, una serie de terror de corta duración de finales de los noventa, de cuya primera entrega ya escribí por aquí, que sin embargo identifica como pocas los criterios de libertad creativa y riesgo que caracterizaron el Sello Vertigo en sus inicios y que paulatinamente fueron quedando relegados en pos a criterios más comerciales.

 Este segundo recopilatorio recoge los números 7 a 12 de la serie regular incorporando historias cortas firmadas por algunos de los mejores autores del momento que para mí son de las mejores de toda la serie.

Se trata de historias de terror contemporáneo en muchos casos apegadas a la realidad (“La Mula”), en las que se tocan temas tan actuales como la homofobia (“Desfile”) o el acoso por Internet en una interesante inversión de los términos habitual (“Tienes un email”), costumbres históricas tan terribles que cuesta imaginarlas (“Los zapatos de loto”), interesantes vueltas de tuerca sobre leyendas urbanas (“La Extracción”, “Última llamada”, “Tripas”), irónicas revisiones de los clásicos del terror de siempre (“Se necesita un pueblo”, “Divina de la muerte”) y originales ficciones (“El juguete”, “Prácticamente blanco” y “Romance Sangriento”) que por sí solas justifican la compra del libro.

El conjunto de historias incluidas en este volumen destacan por su enorme calidad escritas y dibujadas por algunos de los autores más importantes del mainstream. Leyendas del cómic de terror como Bruce Jones y autores tan contrastados dentro del sello Vertigo y DC como Brian Azzarello, Greg Rucka, Steven T. Seagle o Bill Willingham (este demostrando además que no se le daban nada mal el dibujo), curiosidasdes de autores de éxito contrastado en el cómic independiente como Jim Woodring,  y artistas siempre tan interesantes como Bruce Timm, Jill Thompson, Phil Jiménez, David Lloyd, Sean Phillips,  Jon J. Muth y algunos más.

En fin, el segundo tomo de “Flinch” es un conjunto de historias de terror de calidad que superan con mucho la primera entrega y deja la puerta entreabierta a seguir disfrutando con la siguiente y última entrega de la actual reedición de ECC Ediciones.

viernes, 1 de junio de 2012

“Criminal 6: El último de los inocentes”, de Ed Brubaker y Sean Phillips.


Llevaba denunciando en las últimas entradas dedicadas a “Criminal”, la serie hard boiled realizada por Ed Brubaker y Sean Phillips, un preocupante acomodamiento que hacia la serie predecible y sin chispa. No es que las nuevas historias hilvanadas por Bru y dibujadas con primor por Phillips adolecieran de graves defectos, al contrario eran canónicas en su ortodoxa traslación de las convenciones del género, pero sí habían perdido  la frescura y la expectación que las primeras  ofrecieron. Y, con este panorama desalentador,  llegamos a la sexta entrega de la serie que acaba de publicar Panini, "El último de los inocentes", sorprendiéndonos los autores con la que es la mejor historia de la serie, no solo por su excelente guión sino por su atrevimiento a la hora de aportar novedades gráficas que replantean las posibilidades del género en el medio homenajeando al mismo tiempo dversas publicaciones clásicas del cómic norteamericano.

El último de los inocentes” desarrolla un tema clásico dentro del género negro, el del marido que planea matar a su esposa, a través de la primorosa caracterización del protagonista Riley Richards, el aparentemente perfecto triunfador que tanto idealiza la sociedad norteamericana que, en realidad,  bajo su estudiada puesta en escena  esconde a un tipo siniestro y cerebral dispuesto a conseguir sus objetivos a cualquier precio. De este modo,  a pesar de casarse con la bella hija del hombre más rico de su pueblo en el pasado, el descontento Richards, de regreso a este a raíz de la enfermedad de su padre se reencontrará con sus antiguos amigos y rememorará su pasado ideando un astuto plan para acabar con su esposa sin perder su herencia.
Brubaker ha desarrollado en “El último de los inocentes” una absorbente historia de personajes oscuros y autocomplacientes aprovechando los flashbacks de los idealizados recuerdos del protagonista para ofrecer una visión ácida y descreída del edulcorado sueño de la juventud americana de los años sesenta. El guionista, como ya nos tiene acostumbrados en esta serie, demuestra su amplio conocimiento del género usando como inspiración más que evidente en ocasiones a James Ellroy y construye una trama sólida en la que se entrecruzan marginalmente algunos de los protagonistas de anteriores arcos que contentará a los lectores más conservadores.


Sin embargo, es en los detalles y en el acabado gráfico donde se nota la ambición del equipo creativo, que  ha dado un paso adelante homenajeando de manera más o menos evidente algunas de las principales publicaciones de cómics de los años sesenta. Por un lado, con la relectura del protagonista de un número de “Crime don’t pay”, la clásica publicación de género negro  que sirve de inspiración a sus planes y, por otro, con  la plasmación de los recuerdos idealizados de los protagonistas  imitando la estética naif de Bob Montana, padre gráfico de la revista "Archie", cómic  romántico sobre antonomasia protagonizado por una panda de chavales adolescentes, en un guiño a dos de las grandes corrientes temáticas de los comics books de los sesenta. Esa introducción de una nueva estética aporta al lector una mayor riqueza de matices aprovechando Phillips magistralmente las posibilidades únicas del medio a la hora de trasladar al lector más medios para entender la compleja psicología del personaje protagonista contrastando fuertemente el dibujo amable a imitación del de Montana de los recuerdos idealizados del protagonista tanto con la crudeza de los hechos narrados, impensables en la publicación original como con la sobriedad del estilo realista y expresionista habitual que Phillips utiliza para narrar la historia en el presente.



No creo que me equivoque mucho en considerar “El último de los inocentes” el mejor trabajo de Phillips y Brubaker hasta la fecha y todo un sopapo a aquellos que considerábamos que “Criminal” era una serie que empezaba a acusar cierto agotamiento, dando sus autores toda una lección de cómo renovar el interés de su propuesta manteniéndose absolutamente fieles a sus principios a través de uno de los mejores tebeos que he leído a lo largo del año y poniendo el listón muy alto para las próximas entregas. Habrá que ver si son capaces de superarse. Yo ya no lo dudo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

“Incógnito: Malas Influencias”, de Ed Brubaker y Sean Phillips.


Panini publica un nuevo arco argumental de “Incógnito”, la serie protagonizada por Zack Overkill, supervillano metido a superhéroe contra su voluntad, en la que Brubaker y Phillips continúan preguntándose en torno a sus recurrentes temas favoritos y claves del género superheroico, la identidad y la ambigua moralidad de los seres con poderes extraordinarios, en clave de intriga y espionaje.

En este nuevo arco argumental, Zoe Zeppelin encarga una nueva misión de infiltración a Overkill tras haber metido a su antiguo jefe Muerte Negra entre rejas. Tras un año en el programa de protección de testigos, Overkill debe volver a asumir su identidad supervillana para infiltrarse en Nivel 9 y contactar con otro agente doble del SOE, Simon Matanza, que parece descontrolado. Overkill deberá convencer a sus antiguos socios que ha vuelto al lado oscuro mientras un nuevo justiciero que ha asumido la identidad de Lázaro, un antiguo superhéroe del que Overkill es un doble genético, se dedica a acabar con todo aquel con el que se cruza y parece ir tras los protagonistas.

A lo largo de su carrera, Brubaker siempre ha mostrado su interés por el tema de la ambigüedad moral que existe entre superhéroes y supervillanos, hermanados más allá de sus diferencias éticas por unas habilidades extraordinarias que acaban situando a unos y a otros por encima de los ciudadanos de a pie a los que nos les importa sacrificar en sus particulares guerras. Esta idea que iguala a superhéroes y supervillanos y ya aparecía en la magnífica “Sleeper” aparece de nuevo desarrollada en “Incógnito”, una serie que es una especie de reflejo negativo de aquella.

Y es que “Sleeper” e “Incógnito” comparten el mismo estilo de thriller de espionaje variando exclusivamente el rol de los protagonistas. Los que en la primera eran héroes en la segunda son villanos para acabar llegando a similares conclusiones a través de unas tramas de espionaje que Brubaker desarrolla con oficio pero sin la intensidad de antaño.

Todo ello se plasma en este “Malas influencias” en el que Brubaker estira la premisa del anterior arco, infiltrando al protagonista en un nuevo grupo de villanos y paseándole por unos bajos fondos supervillanos que recordarán mucho a los de “Sleeper”. La historia un tanto artificiosa y forzada pero, a pesar de ello, entretenida está orquestada por Brubaker para enfrentar al protagonista con Simon Matanza, un personaje que es el contrapunto de Overkill y trasunto del Carver desquicidado de “Sleeper”, un personaje interesanteeste Simon Matanza porque en su nihilismo destructivo y aparente locura es el único con la lucidez suficiente como para ver que ambos bandos no dejan de ser la misma cosa.

En el aspecto gráfico, el efecto reflejo negativo con “Sleeper se refuerza al contar de nuevo Bru con su habitual Sean Phillips que también se encargó de aquella serie. Phillips es un excelente narrador pero un pésimo dibujante de acción con lo que las escenas de lucha que aparecen en el cómic quedan confusas abusando en ocasiones de los fondos neutros aunque siempre cuente con la justificación de su estilo sombrío.

Al menos, Brubaker ha tenido la previsión de dejar montado un interesante cliffhanger carcelario para la siguiente entrega que ya veremos como desarrolla. Eso sí, que nadie espere excesiva originalidad visto lo que ha sido “Incógnito” hasta ahora, aunque a falta de brillantez sí un oficio que asegurará pasar un buen rato.

jueves, 21 de octubre de 2010

“Criminal: Los Pecadores”, de Ed Brubaker y Sean Phillips.



Leída “Los Pecadores”, la última miniserie publicada por Panini de “Criminal” la serie en la que de Ed Brubaker y Sean Phillips repasan el abecé del género negro en su vertiente más oscura, las historias protagonizadas por criminales que en el fondo no son más que tipos confundidos que un día tomaron la decisión equivocada, me he llevado una decepción bastante grande. Sí, es un tebeo correcto matatiempo pero supone un bajón importante de calidad respecto a anteriores entregas en una historia apresurada y previsible. Os cuento.
En esta nueva entrega, recuperamos un año después el hilo de las aventuras –más bien desventuras- de Tracy Lawless, un duro desertor del ejército metido a matón a sueldo en la segunda miniserie. A Lawless, a pesar suyo, se le acumulan los problemas ya que aparte de las dudas morales que le ocasiona su poco honrado trabajo a las órdenes del capo Hyde debe bregar con la incómoda situación de haberse liado con la mujer de su jefe y la persecución de un agente especial del ejército que le sigue los pasos para hacerle volver al frente a matar iraquíes (o lo que se tercie). Sin embargo, cuando un misterioso justiciero empieza a cargarse a buena parte del hampa local sin dejar rastro, Hyde le encargará que investigue las muertes en una aventura que puede convertirse en la solución a sus problemas o su sentencia de muerte.

Ed Brubaker y Sean Phillips no se apartan de la fórmula que han pergeñado para la serie con una fidelidad en su tratamiento que acaba convirtiendo sus tramas para los que la siguen desde hace tiempo en una lectura tópica y previsible. No digo que el lector ocasional de “Criminal” no disfrute de esta aventura que se ajusta perfectamente a los cánones del género pero a estas alturas yo esperaba una propuesta algo más original e imaginativa. Sin embargo, la crisis de ideas que sufre Brubaker – no es de esta serie que le está pasando en todas- le está empezando a pasar factura y despacha las tramas últimamente sin preocuparse demasiado en disimular que repite situaciones que ya ha desarrollado en historias previas. Y es que, en concreto, a mí el Lawless de esta aventura me recuerda demasiado al Holden Carver de “Sleeper” e incluso al protagonista de “Incógnito” (por no irnos hasta el Marv del “Sin City” de Miller), personajes fatalistas de doble moral presos de su circunstancia con los que Brubaker vuelve a contar la misma historia una y otra vez cambiando un detalle de aquí o de allá. Ni siquiera la posible sorpresa de la identidad del ejecutor ni las relaciones de Lawless están bien resueltas ya que el autoimpuesto formato de miniserie de seis números conlleva que la relación entre los personajes muchas veces resulte esbozada meramente cuando no forzada y algo confusa. Por otro lado, Phillips vuelve a mostrar su dibujo expresionista, eficaz y sombrío tan adecuado para un cómic noir pero, tal y como ocurre con su cómplice habitual, Brubaker, uno tiene la sensación de “ya visto” respecto a otras obras que amarga la lectura.
Quizás lo más positivo a estas alturas para el seguidor fiel de la serie más allá de los altíbajos de la miniserie sea comprobar el modo en que Brubaker y Phillips intentan dar coherencia a su universo criminal cruzando personajes que aparecen y desaparecen de un arco argumental a otro en un intento de dar cohesión al conjunto y quizás -ojalá-preparando los mimbres para una gran historia en la que todos tengan un papel destacable y no meros cameos.

En definitiva, no hay peor pecador en el mundo del cómic que el autor que no evoluciona y se limita a repetir una y otra vez las mismas convenciones sin aportar frescura ni originalidad a las tramas para decepción de los aficionados. Que Bru y Phillips recen tres padrenuestros y un avemaría por este borrón antes de embarcarse en una nueva historia que esta vez sí –esperemos- sea más original.

Completa el volumen un interesante artículo sobre los orígenes del noir y las revistas pulp que resulta casi más interesante que la historia principal.
Todo "Criminal" en El lector impaciente:

lunes, 23 de noviembre de 2009

“Incógnito”, de Ed Brubaker y Sean Phillips.


Mucho esperaba de “Incógnito”, la serie limitada de seis números que acaba de publicar Panini Cómics en un cuidado volumen, y es que cualquier trabajo firmado por el guionista estrella de la Marvel, Ed Brubaker, se espera como agua de mayo por los aficionados al anodino género superheroico, mas si cabe, si Brubaker hace equipo con su socio habitual, Sean Phillips, un dibujante con el que se entiende a las mil maravillas y con el que ya ha colaborado en numerosas ocasiones. Sin embargo, el regusto que me ha dejado esta obra es agridulce ya que, aun reconociendo que estamos ante una obra entretenida, por encima de la media de su género, he encontrado a faltar ese punto de originalidad y agudeza que a un guionista de la calidad de Brubaker hay siempre que demandarle. Les cuento.
Zack es un ordinario archivero en una ciudad de medio pelo, un oficinista anónimo que fantasea con su compañera de trabajo y tiene como único amigo al pesado de la oficina. Hasta aquí todo normal, sin embargo, Zack no es para nada un hombre normal. En otra época, junto a su hermano gemelo Xander, era conocido como Zack Aniquilación y era uno de los supervillanos más temidos del país. Sin embargo, tras la muerte de Xander, Zack ayudó a enchironar al jefe de los malos y renunció para siempre a vestir un pijama y usar sus poderes, acogiendo una nueva identidad a través del programa de protección de testigos. Sin embargo, Zack no es feliz con su nueva existencia y cuando descubre que todavía puede usar sus superpoderes volverá a ponerse el antifaz para sentirse vivo, sin sospechar que ese desahogo le va a poner en el punto de mira de sus antiguos compinches y de los chicos buenos. ¿Saldrá Zack con bien de esta? ¿Descubrirá su verdadera identidad?¿Héroe o villano? Tendrán que leerse el tebeo para enterarse.

Brubaker y Phillips vuelven tras los seis años pasados tras la publicación de “Sleeper” a ofrecernos una nueva obra en la que indagan con inteligencia en la misma temática que ya exploraron en aquella con la principal novedad, en esta ocasión, de contar como protagonista de la historia con un supervillano, lo que en principio abría un atractivo abanico de posibilidades a explorar por ese agudo conocedor del género que es Brubaker. Sin embargo, Brubaker no es capaz después de seis años de ir más allá de esa magnífica historia que fue “Sleeper”, siendo “Incógnito” una obra acaso demasiado tributaria de aquella, ya que más allá de la etiqueta de “héroe” o “villano” estamos ante un protagonista del mismo perfil que Holden Carver, con el que comparte la misma ambigüedad moral –si el protagonista de “Sleeper” era un superhéroe que debido a su misión de incógnito debía actuar como un supervillano, en “Incognito” tenemos a un supervillano que actúa como un superhéroe- e idéntica inestabilidad psicológica, personajes que Brubaker maneja para analizar la naturaleza del enmascarado, sin llegar a conclusiones novedosas respecto a su anterior serie.
Incógnito” se sustenta fallida su premisa más ambiciosa en el oficio de Brubaker a la hora de transponer una trama clásica del género negro que tan bien conoce – el del malo que traiciona a los suyos y se acoge a un programa de protección de testigos- en una estructura moderadamente superheroica en la que renuncia a buena parte del artificio propio del género superheroico en pos de un realismo sucio que dé más verosimilitud a sus personajes. En ese sentido, Brubaker demuestra que no ha perdido la mano construyendo un elenco de villanos trabajado e interesante, bastante mejor caracterizado que los superhéroes que aparecen en la historia, personajes estos bastante apenas esbozados y que parecen influidos por los primeros héroes de los pulps, como Doc Savage o La Sombra. Brubaker dosifica correctamente la acción y se guarda una o dos sorpresas que demuestran que no ha perdido su talento hasta llegar a un desenlace que a mí me ha resultado decepcionante, optando por un final abierto que le permitirá retomar en el futuro a los protagonistas si lo desea pero que contradice la lógica de lo explicado hasta ese momento.

En el aspecto gráfico, un Sean Phillps como siempre cumplidor mantiene el pulso narrativo de la historia, con un estilo que se ajusta como un guante al de Brubaker, aunque quizás en esta ocasión resulte acaso demasiado sobrio para una historia a la que quizás le hubiera ido mejor otro estilo de dibujante, siendo el principal atracitvo de la obra a nivel gráfico el tratamiento del color basado en una paleta de colores fríos con la que Phillps logra efectos interesante utilizando la transición cromática para dar cohesión al conjunto en la composición de la página.

En definitiva, “Incógnito” no es para nada un mal tebeo, es un tebeo que si lo hubiera realizado cualquier otro estaríamos felicitándonos Sin embargo, a Brubaker y Phillips se le exige siempre el máximo y, en esta ocasión, no está a la altura.

La edición de Panini es bastante correcta, con una buena introducción de Raúl López a la obra de Brubaker y un didáctico artículo sobre el pulp firmado por Javier Jiménez Barco y José Miguel Pallarés, contando como principal defecto –aparte de algún giro raro en la traducción- no incorporar las excelentes portadas dobles de cada uno de los episodios realizadas por Phillps.


Otras obras de Ed Brubaker y Sean Phillps en El lector impaciente:

La escena del crimen”.
Gotham Central”.
Sleeper
Criminal


Otras obras de Ed Brubaker en El lector impaciente:

Prez
The Fall”.

martes, 25 de agosto de 2009

“Criminal 4: Mala Noche” de Ed Brubaker y Sean Phillips.

Una espectacular pelirroja de cara ajada y mirada insinuante te mira mientras apenas se tapa la desnudez con una sábana arrugada agarrada con una mano mientras que con la otra crispada muestra una automática cargada. ¿Quién puede resistirse a la tentación? Ese es el motivo elegido por el dibujante Sean Phillps para la potada del TPB de la cuarta novela gráfica de la serie “Criminal” en la que, junto al omnipresente Ed Brubaker, realizan un pormenorizado repaso al género negro, basándose en un respetuoso respeto a sus convenciones y reglas.

En esta cuarta entrega, asistimos a la desventurada historia de Jacob, un gris dibujante de una tira de cómics de escaso éxito, que en el pasado fue acusado de la muerte de su esposa. Jacob no ha superado el trauma de la acusación ni los malos tratos sufridos cuando todavía le creían culpable del asesinato y sólo encuentra desahogo en la realización de su tira cómica, Frank Kafka, en la que a través de un detective privado parodia a la policía en general y al detective que llevó su caso, el agente Starr. Sin embargo, la monotonía en la vida de Jacob se rompe cuando conoce a Iris, una espectacular pelirroja de la que se enamora locamente y a su maltratador novio Danny, quiénes obligarán a Jacob a volver a enfrentarse con un pasado delictivo que creía enterrado. A partir de ese momento, los hechos se precipitan y Jacob se ve inmerso en una historia de chantaje y venganza en la que nada es lo que parece y de la que seguramente no va a salir bien librado. Si quieren saber como acaba la cosa tendrán que leerse el tebeo.

La cuarta entrega de “Criminal” nos permite reencontrarnos con el admirable talento de Brubaker y Phillips para la creación de personajes perdedores y atormentados, victimas de un destino fatalista al que no pueden hacer frente. En ese sentido, Brubaker caracteriza perfectamente a los personajes y sus motivaciones logrando que en esta ocasión disimulen la endeblez de una trama más forzada que en anteriores entregas de la serie y que parece una mera excusa para la presentación de dos personajes tan fantásticos como el insomne Jacob Kurtz y la espectacular femme fatale, Iris, y su particular homenaje a las tiras de prensa clásicas. En la historia ideada por Brubaker no hay detalles dejados al azar y todos encajan para ofrecer un final sorprendente al que quizás en esta ocasión quizás le haya faltado un punto de tensión dramática a una historia bien resuelta a pesar de su complejidad y sus constantes revueltas. En esta entrega, además, el equipo artístico realiza su particular homenaje a las tiras de prensa clásicas en general, y a “Dick Tracy” de Chester Gould, personaje del que el protagonista de la tira dibujada por Jacob, Frak Kafka, es un claro homenaje, homenaje que en manos de Brubaker y Phillips no queda en lo anecdótico sino que se convierte en un elemento clave para la historia.

En el aspecto gráfico, seguimos disfrutando de la sobriedad de ese magnífico narrador que es Sean Phillps. Phillips ha ido sintentizando a lo largo de la serie la esencia de cómo hay que dibujar un cómic de serie negra, centrándose en lo esencial y dejando de lado toda superficialidad, obvia los detalles innecesarios y se pone al servicio de la historia, logrando transmitir la angustia opresiva del insomne Jacob. Cuando las convenciones del género señalan que lo suyo hubiera sido optar por el clásico blanco y negro Phillips se arriesga incorporando el color a las historias de esta serie, acertando plenamente en sus decisiones y logrando que los colores oscuros y tonos sucios transmitan toda la sordidez de las ambientaciones ideadas por Brubaker.

En definitiva, quizás esta cuarta entrega de “Criminal” no me haya parecido personalmente tan redonda como algunas de las anteriores pero aun así estamos ante un cómic de gran nivel que ningún aficionado al género negro debería perderse. El que avisa no es traidor.

La edición de Panini bastante correcta se complementa con un artículo sobre el fenómeno de la temporada, la saga “Millenium”, que por desfasado no me parece reseñable salvo que no conozcan la serie.

Más “Criminal” en El lector impaciente:

Cobarde”.
Lawless”.
Los muertos y los moribundos”.

lunes, 13 de abril de 2009

“Criminal 3: Los muertos y los moribundos” de Ed Brubaker y Sean Phillips

Hay autores que parece nunca van a tocar su techo y, hoy en día, Ed Brubaker es su máximo explonente. Cada vez que inicio la lectura de una nueva obra suya, espero encontrar al menos algún síntoma de desgaste –repetición de situaciones, de personajes, decaimiento del ritmo, algo que demuestre que este tipo es humano...- sin embargo, cuando termino la obra, no me queda más que encogerme de hombros y disfrutar del mejor guionista –con mucho- del actual cómic norteamericano y, probablemente, mundial. Esa sensación la he vuelto a tener con “Los muertos y los moribundos”, el tercer tomo de la serie “Criminal” que acaba de publicar Panini Cómics, una historia de género en la que que en tan sólo tres números muestra una vez más que en el género negro es donde da lo mejor de sí, construyendo un desencantado, amargo y pesimista relato negro, estructuralmente impecable, argumentalmente demoledor. Les cuento.

En este tercer arco argumental, Brubaker construye una historia en tres actos ambientada en los años setenta, ofreciendo su particular versión de la Blaxploitation que triunfó en la época. Sin embargo, si las historias genuinamente blaxploitation incluían elementos de humor y cierto tono autoparódico que justificaban las altas dosis de violencia y sexo, y se convertían en características fundamentales de las mismas, Brubaker prescinde aquí completamente del humor para construir, a través de la narración en primera persona de tres personajes arquetípicos del género negro– un boxeador fracasado con contactos con la mafia que rumia su pasado desde la cama de un hospital, un veterano de Vietnam que encuentra en el atraco equivocado la única salida a sus deudas, y una mujer fatal que a viaja en el coche equivocado mientras rememora el pasado que la convirtió en un juguete roto- un relato mucho más sórdido en conjunto que la suma de sus partes en el que Brubaker entremezclan la pasión, la venganza y sabias dosis de sexo y violencia, que mantiene sobrecogido al lector hasta la última página de la historia.

Brubaker hace que las distitntas piezas de la trama vayan encajando en un relato medido perfectamente para que las distintas líneas temporales converjan hacia un clímax que no se produce al final de la narración como sería lo lógico –lo fácil- sino hacia la mitad, sin que por ello la última parte desmerezca y resulte predecible al lector que hace tiempo se encuentra atrapado por la densidad de un relato que manteniendo el respeto a las reglas del género al que se ciñe al tiempo que lo revitaliza y le da una nueva dimensión.

Es tanta la endiablada habilidad de Brubaker que es capaz de poner en conexión este tercer arco argumental con los anteriores, a través de distintos personajes que se entrecruzan en los distintas historias, sin que en ningún caso resulten forzadas las tramas ni el lector que se inicie en la serie deba estar al tanto de todo lo sucedido anteriormente para no perderse detalle, aunque sí sea recomendable su lectura para disfrutar, entre otros, del siniestro paralelismo que establece Brubaker entre la historia de Tess Lawless y su hijo Tracy, el protagonista del segundo arco argumental.

Toda esa hábil y delicada estructura resultaría en exceso forzada sino estuviera unida por la excelente prosa de Brubaker, buen conocedor del género negro en sus vertientes literarias y cinematográficas, que, como señala John Singleton en la introducción, es capaz de hacer encajar frases y expresiones que fuera de contexto llevarían al sonrojo pero que dentro de la historia resultan demoledoras.

De todos modos, buena parte del éxito de esta historia se debe a un inspiradísimo Sean Phillips que da lo mejor de sí dándole a la historia el tono expresionista requerido, minimizando al máximo su trazo para esbozar prácticamente a los personajes y las situaciones a los que otorga una dimensión casi irreal gracias a un acertado uso de las sombras y el monocronismo frío con el que refleja la crueldad de las situaciones y ambientes y que beben directamente de los recursos estéticos que ya explotara Frank Miller en “Sin City”, sin mermar por ello su enorme talento para el discurso narrativo mediante imágenes.

Hammett, Chandler, Cain, Spillane y demás pueden descansar tranquilos en sus tumbas; Ellroy, Connolly, Rankin o Arnott , pueden empezar a mover el culo, atarse los machos y ponerse a escribir porque el más puro género negro se escribe hoy en día en viñetas y Sean Phillips y Ed Brubaker son sus autores, hasta que se demuestre lo contrario.

La edición de Panini muy cuidada resulta excelente y complementa la historia con varios artículos sobre género negro muy interesantes y documentados.

Anteriores entradas sobre “Criminal” en El lector impaciente:

-“Cobarde”.
-“Lawless”.


Otras obras de Ed Brubaker en El lector impaciente:

-“La escena del crimen”.
- “Sleeper”, con Sean Phillips, aquí y aquí.
- “Gotham Centralaquí y aquí.