Mostrando entradas con la etiqueta Millar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Millar. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de diciembre de 2013

Grant Morrison ficha por “After Watchmen”.



Pues sí, anoche se confirmó la noticia y el escocés Grant Morrison ha anunciado su incorporación a "After Watchmen",  la nueva línea de miniseries que ampliarán la franquicia desarrollada por DC a partir de la icónica serie limitada creada por Alan Moore y Dave Gibbons. Otros autores que se rumorean pueden formar parte de este proyecto son Mark Millar o David Rubín.

El escocés ha admitido que está muy ilusionado con el reto y ya baraja varias ideas. Lo que todavía se desconoce es cómo le habrá caído la noticia a Alan Moore, aunque ya le han visto con un muñeco vudú calvo por Northampton,

¡¡¡ Felices Inocentes 2013!!!

jueves, 25 de octubre de 2012

“Superior”, de Mark Millar y Leinil Francis Yu.



Mark Millar, desde una perspectiva en ocasiones altanera y algo cínica, siempre ha mantenido una coherente trayectoria dentro del género de superhéroes que ha despertado tanto filias como odios enconados aunque al contrario que otros compañeros de generación hasta ahora nunca ha apostatado del género que le dio fama, dinero y mujeres (es un decir) en busca de pastos más verdes.
Millar , que es a los cómics de superhéroes lo que Tarantino al cine,  ha mantenido una saludable fidelidad por el género apostando por su renovación y adaptando a los nuevos gustos de las nuevas generaciones en pos de mantener una vigencia que parece menos amenazada que nunca. Introdujo con éxito los superhéroes Marvel al siglo XXI con "The Ultimates" en una línea que ha acabado imponiéndose dentro del mainstream y exportándose a otros soportes y, desde su propio sello editorial dentro de Icon, ha explorado las convenciones del género en historias que han cosechado el aplauso del público, como “Kick-Ass” y “Némesis”. “Superior”, su última obra publicada  por Panini vendría a completar esta terna de obras en las que Millar ha explorado los límites del género y, hasta el momento, es la que más me ha gustado.
Simon es un niño minusválido con esclerosis múltiple que ha visto como su vida se ha visto mediatizada por la enfermedad. Tras ver en el cine una película de Superior un viejo superhéroe de ficción con treinta años de existencia, a Simon se le aparece un genio mágico en forma de mono que le concede su deseo de convertirse en Superior incluso con la apariencia del actor que interpreta al héroe en la pantalla. Durante una semana, Simon disfrutará de su condición de superhéroe, acabando con todo tipo de amenazas y solucionando accidentes al tiempo que realiza sus sueños infantiles. Sin embargo, transcurrida la semana, Simon se enfrentará al dilema que el mono de los deseos le platea: su alma a cambio de seguir siendo Superior o volver a su patética vida de enfermo.

Millar saca partido de su profundo conocimiento del género y sus convenciones para, más allá del realismo sucio que imprimió a “Kick-Ass” o el histrionismo operístico y bufo de “Némesis”, dar a su nueva obra la forma de una fábula moral, un cuento de hadas moderno que entronca con los elementos antiguos y siniestros que estos tenían en origen pero al mismo tiempo manteniendo su función ejemplificante e inspiradora que en su momento compartía con los primeros cómics de superhéroes.
Para ello, Millar utiliza para construir su “Superior” conceptos propios de los superhombres primigenios - Superman o el Capitán Marvel- y va un paso más allá que Roger Stern en la clásica y excelente historia “El niño que coleccionaba Spiderman” haciendo que sea el niño enfermo el que se convierte en el mismo superhéroe y no en un mero fan al tiempo que incorpora ideas que Brian K. Vaughan ya había explorado en “Runaways”. Así, a través de sus ojos alucinados  de un admirado amigo infantil y una ambiciosa periodista trasunto de Lois Lane que aporta una perspectival adulta, vemos como va experimentando la alegría de tener poderes, sí, pero también a valorar la vida normal que los que tenemos salud disfrutamos y damos por natural. Si en “Kick-Ass” el que los niños jugasen a convertirse en justicieros tenía consecuencias nefastas y salvajes, el mensaje de “Superior” es en clave positiva y lleva a Simon a enfrentarse con nuevos ánimos a sus difíciles problemas.
Más allá de su profundo trasfondo, “Superior” es un cómic de acción muy entretenido y ágil que no da respiro al lector y se ve reforzado por la acertada caracterización de todos los personajes. Especialmente elogiable me parece una vez más el uso de los diálogos por parte de Millar ya que resultan en todo momento creíbles, especialmente destacando las conversaciones entre los críos, que resultan muy verosímiles. También es destacable  el artificio morrisoniano de hilvanar distintos planos de ficción –las películas que ven los niños, la supuesta vida real- para reforzar el carácter inspirador y fantástico de la historia al presentarla en una elegante elipsis que deja abierta su interpretación al lector .

En el aspecto gráfico, el filipino Yu imprime su espectacular estilo a la historia a través de cuidadas splas pages y sin obviar las referencias a elementos ya conocidos con un Superior que es clavadito al Mon-El de la “Legión de Superhéroes” (no olvidemos que en origen un confundido viajero del espacio y el tiempo) luciendo un cinturón de campeón de wrestling. Si Yu cumple en clave superheroica, sus caras acartonadas e inexpresivas quitan intensidad a los momentos más intensos y personales de la historia y el tratamiento por ordenador del color llena a los personajes de brillos y contrastes donde no tendría que haberlos lo que resulta muy irritante. Y es que para esta historia, Millar no precisaba a un émulo de Lee sino a un Ron Frenz o un John Romita.


En “Superior” parece que Millar se baja de su pedestal de enfant terrible y logra por fin una obra de madurez en la que da con la clave para transmitir la grandeza de los superhéroes a los chavales del siglo XXI más allá de lo guay que sería tener superpoderes o ser un supervillano. Esperemos que no sea demasiado tarde y el mensaje llegue a sus destinatarios.

jueves, 3 de noviembre de 2011

“Némesis”, de Mark Millar y Steve McNiven.

Existe en el rico y fecundo género negro un subgénero que ha dado algunas de las mejores obras de la novela negra, las novelas criminales, protagonizadas por los malos, criminales que parafraseando a un personaje de una peli de John Huston eligieron o se vieron obligados a vivir “en el lado equivocado de la vida”. En el género superheroico quizás haya menos casos pero si hay un autor empeñado en contar cómics protagonizados por supervillanos –ojo, algo que tampoco ha inventado él- es el escocés Mark Millar, un guionista que parece conocer como pocos los gustos del público mayoritiario y las teclas de marketing que ha de tocar para lograr atraer la atención hacia sus obras más personales.


Si Millar ya había mostrado su obsesión por los supervillanos en las interesantes “Wanted”, e incluso “Kick-Ass”, vuelve a retomar el tema en “Némesis”, su última miniserie de cuatro números para el sello “adulto” de Marvel Icon junto al dibujante Steve McNiven con el que ya había colaborado en “Lobezno: El Viejo Logan” y “Civil War” y que en España publica Panini.

En esta miniserie, Millar nos presenta a Némesis un supervillano enmascarado que viste de blanco inmaculado y cuenta con incontables recursos y habilidades para viajar por el mundo dedicándose a desafiar y asesinar a los mejores policías del mundo por mera diversión. Tras acabar con un comisario japonés, Némesis se traslada a Estados Unidos para acabar con el policía que aparentemente detuvo a sus padres iniciando una guerra en la que no se admiten prisioneros y en la que el villano siempre va un paso por delante de los polis.

Bueno, vamos por partes…Millar no inventa nada y simplemente se dedica a actualizar un clásico pulp como Fantomas quizás sin saberlo vendiéndolo como la encarnación del Joker y Batman en un mismo personaje para disparar la imaginación de la muchachada impresionable y los agentes de Hollywood siempre a la expectativa. Y, a partir de esa premisa, se monta un tebeo macarra y vacilón en el que prima la acción y la violencia alimentando la brutalidad de su creación a costa de ridiculizar a los hipocritas representantes de la ley y el orden establecido.


Evidentemente, Millar como Moore y Lloyd en “V de Vendetta” no se corta en mostrar la ambición e hipocresía de la autoridad, pero mientras Moore imprime su obra de un anarquismo romántico que la ha convertido en un clásico referencial, Millar se monta un blockbuster nihilista tan anecdótico como olvidable dada la sencillez de sus premisas. Y es que, no nos equivoquemos, las propuestas más interesantes y originales de Millar no están en “Némesis” sino en obras como “Wanted” o “Kick-Ass” siendo esta última obra una vuelta de tuerca bastante hueca salvo que uno descienda a disfrutar de las barrabasadas efectistas de las que es tan amigo el escocés y aprecie el humor ácido y cómplice del que sabe que se está quedando con la peña.

En el aspecto gráfico, repite con Steve McNiven un dibujante que me pareció muy interesante en anteriores obras pero que en esta ocasión, probablemente a instancias de Millar, opta por un estilo menos detallado, esquematizando una narración que recuerda al manga basada en grandes viñetas para acelerar un cómic ya de por sí frenético que potencia los golpes de efectos planificados por el guionista. McNiven con todo no lo hace nada mal y cumple con los niveles de espectacularidad que la obra requiere. Un dibujante a seguir de cerca.

En fin, que nadie se engañe, “Némesis” (a propósito, un tal Byrne ya se inventó un personaje de mismo nombre para "Alpha Flight") es un tebeo de acción entretenido y poco más. Para nada es la piedra filosofal que va a salvar el género superheroico ni inventa nada que ya no existiera limitándose a adaptar viejos modelos a los gustos más truculentos de los nuevos lectores pasando de puntillas por las ideas que a mí me parecen más interesantes – que, por otro lado, ya se encargaron antes de desarrollar los Miller, Moore, Ellis o Morrison con más acierto- quedándose Millar en la superficie de todo menos de las tripas que salpican sus páginas. Ya veremos que da de sí la película.

miércoles, 20 de octubre de 2010

“Ultimate Vengadores”, de Mark Millar y Carlos Pacheco.


Panini acaba de terminar de publicar la colaboración seis números (tres dobles en la edición española)de Pacheco con Millar en la nueva serie Ultimate de “Los Vengadores” ideada por y para que el escocés egregio matase la añoranza que tenía de sus “The Ultimates” que tampoco se sabe –aunque se intuye- muy bien porque los dejo. La lectura, entretenida, pero va de más a menos y casi uno se siente aliviado que se acabe.

En esta nueva etapa, el Capi debe enfrentarse a un nuevo enemigo, un sanguinario terrorista internacional sin escrúpulos al que le une un lazo de sangre que le hace sentirse responsable – Cráneo Rojo- de sus acciones y al que pretende parar aunque ello suponga enfrentarse a Los Vengadores y Nick Furia. Para ocuparse de la doble amenaza que suponen el Capi y Cráneo, Furia reúne un nuevo grupo de Vengadores especializados en operaciones encubiertas. Sin embargo, lo que está por ver es si estos nuevos vengadores estarán a la altura.

Millar empieza bien una historia en la que se le nota con ganas introduciendo en el universo ultimate a Cráneo Rojo y el dichoso Cubo Cósmico en una historia que podría haber dado muchísimo más juego si le hubiera apetecido profundizar más en la relación Capi/Cráneo y no reducir todo a la consabida reiteración de diálogos eficaces, personajes más o menos molones, más o menos tontones y escenas trepidantes de acción y lucha cogidas un poco por los pelos. Hay que reconocer que contando con los lápices de un dibujante tan dotado para el género superheroico como el gaditano Carlos Pacheco debe resultar difícil sustraerse a la tentación de abusar en la historia de todas esas peleas, aviones y demás porque Pacheco es un especialista en la materia pero al final da la sensación que el tebeo acusa cierta precipitación en su resolución, tanto por parte de Millar, que una vez más opta por la manera más fácil de resolver el cómic una vez que deja a Pacheco exhibierse, como del mismo Pacheco que deja en el último número de Panini algunas situaciones un tanto confusas.

En definitiva, “Ultimate Vengadores” es de momento un tebeo irregular por parte de un Millar que acaba perdiendo fuerza como el champán, una lectura meramente entretenida que se salva sobre todo por el buen hacer en líneas genearles de Pacheco. No sé yo si tras la marcha de este y la llegada de Yu seguirá mereciendo la pena la cosa. Ya os iré contando.

jueves, 6 de mayo de 2010

“Kick-Ass”, de Mark Millar y John Romita Jr.

Mark Millar es probablemente el guionista que mejor conoce actualmente el mainstream norteamericano, el que mejor conecta con la amplia masa de los aficionados y quién mejor sabe qué demandan actualmente en un tebeo. Esto lo saben sus seguidores que compran sus obras religiosamente, lo saben los editores que lo miman, lo sabe el propio Millar que se deja mimar y lo saben los productores que le compraron los derechos para la película de “Kick-Ass” incluso antes de tener publicado un episodio en el sello adulto de Marvel, Icon, lo que ya de por sí generó una enorme expectación hacia el tebeo del que acaba de publicar Panini los ocho primeros episodios en un tomito muy apañado. ¿Merece la pena “Kick-Ass”? Yo creo que sí.

Dave es un adolescente que pasa sin pena ni gloria sus días en el instituto haciendo el friqui al tiempo que anda enamoriscado de una compañera de clase y tiene fantasías palilleras con las profesoras. Todo muy normal, hasta que no se le ocurre mejor idea para destacar que convertirse en uno de los superhéroes sobre los que lee y vivir así emocionantes aventuras. Tras comprarse un traje de neopreno por ebay, el bueno de Dave saldrá a patrullar por la ciudad para ir descubriendo a tortas que ser un superhéroe en la vida real es mucho más duro de lo que parece en los cómics.

Flaco favor hace Millar en “Kick-ass” a los que abogan por la normalización del cómics y a sus aficionados a los que no deja para nada bien parados. No nos engañemos, más allá de la gracia que puedan hacernos las burradas y ocurrencias gruesas de Millar en este tebeo autoreferencial en el que más de uno puede sentirse reflejado en el soberbiamente construido protagonista, el escocés ofrece una visión triste y deprimente de los aficionados a los cómics de superhéroes como una especie de inadaptados sociales que canalizan sus complejos a través de las lecturas superheroicas que explota todos los tópicos.

Para mí, “Kick-ass” como la mayor parte de la obra de Millar se sitúa en la frontera de género de superhéroes, siendo en este caso “Kick-ass” más bien un irónico e hiperbólico acercamiento a las frustraciones de la adolescencia y las tonterías que en ella se cometen aunque el pretendido realismo de la historia –esto de que Millar hace tebeos “realistas” es uno de los grandes bluffs que circulan por ahí- se centra en el tratamiento de las reacciones del protagonista y la construcción del entorno por el que se mueve acertando especialmente en el tratamiento de tecnologías como Internet o los móviles que ya forman del día a día pero que en muchas ocasiones todavía su inclusión se ningunea en los cómics. Más allá de esta reflexión, no hay que restarle méritos a Millar quien desarrolla la historia de “Kick-Ass” en un largo flashback bastante tópico en el que vuelve a dejar en evidencia sus habituales influencias cinematográficas sacando partido de los excelentes diálogos que sabe construir y dan visos de verosimilitud a la ambientación de la increíble y salvaje trama.

Buena parte del atractivo de “Kick-Ass” corresponde al apartado gráfico en el que John Romita Jr. realiza un fantástico trabajo, potenciado por el gran Tom Palmer. Romita Jr. demuestra una vez más su talento para la narración gráfica reflejando las ideas de Millar, con el que ya había colaborado anteriormente en “Lobezno”, a través de impactantes viñetas y ofreciendo siempre la mejor solución gráfica. Romita Jr. escapa de los tópicos y poses habituales del género para reflejar las peleas y la casquería que desprende la historia de Millar con una crudeza que hace aconsejable no dejar este tebeo a los más pequeñajos.

Nos guste más o nos guste menos, no hay que restarle méritos a Millar al que me atrevería a calificar como el Tarantino de los cómics, y hay que saber reconocer que es un gran guionista que conecta perfectamente con un amplio segmento de los actuales consumidores de cómics, siendo quizás “Kick-ass” su proyecto más ambicioso hasta la fecha, aunque me quede la duda sobre su legibilidad dentro de veinte años. El resultado es un tebeo más complejo de lo que parece y que cumple sus objetivos desde el mero entretenimiento cafre hasta la reflexión más pausada sobre la adolescencia en un “totum revolotum” en el que el escocés es especialista. Yo no me lo perdería y tampoco me perderé la película. Ya les contaré.

martes, 17 de noviembre de 2009

“Lobezno: El viejo Logan”, de Mark Millar y Steve McNiven.

Como la mayoría ya sabe, en el manido mundo de los superhéroes Marvel está todo inventado y en la actualidad sólo contamos con revisiones más o menos acertadas que, por lo general, sólo entusiasman a aquellos que por edad o ignorancia no conocen la rica historia de unos personajes a los que, por desgracia por intereses puramente económicos, no se les respeta como se debería. La penúltima ha llegado a bombo y platillo por parte de Marvel con “El viejo Logan”, una historia protagonizada por un Lobezno anciano en una realidad alternativa, volviendo a juntar tras "Civil War" a un equipo artístico de postín, Mark Millar y Steve McNiven, y que en España acaba de publicar Panini seriada dentro de la colección regular de “Lobezno” en cinco entregas (de la 42 a la 47).

En una noche aciaga los supervillanos masacraron a los superhéroes y se repartieron Estados Unidos (del resto del mundo porque, como dice uno de los personajes, “a quién le importa”) Tras muchos años, pocos de los antiguos héroes sobreviven… Algunos como un ciego Ojo de Halcón malvive trapicheando con drogas mientras que un anciano Lobezno ha renunciado por completo a su naturaleza heroica y vive en una granja perdida junto a su mujer y sus hijos. Obligado por las deudas y la amenaza de sus caseros, Logan acepta un trabajo del que desconfía: acompañar a Ojo de Halcón en un misterioso viaje de costa a costa por una Norteamérica desvastada que puede significar la última esperanza de los héroes frente al Imperio de los malos.

Partiendo de una idea que no es completamente nueva (John Byrne y Chris Claremont ya nos presentaron a un Lobezno anciano que incluso moría heroicamente a lo largo de la historia en la fantástica “Días del Futuro Pasado” en el ya clásico “X-Men 141” y ss), Millar se da el gustazo de hacer lo que le da la gana con el personaje una vez más tras su anterior etapa ("Lobezno: agente de S.H.I.E.L.D.”) para ofrecer una entretenida “road movie”, supuestamente crepuscular, cuyos máximos atractivos son comprobar cómo ha evolucionado América tras la desaparición de los superhéroes y averiguar que produjo el rechazo de Lobezno de su rol heroico.

Para no cansarse demasiado a la hora de caracterizar a este nuevo viejo Logan y el mundo en el que vive, Millar directamente toma como base referencias cinematográficas obvias reconocibles por cualquiera como la estupenda “Sin Perdón” de Eastwood o la saga “Mad Max”, y otras menos evidentes como la del general ciego interpretado por Al Pacino en “Esencia de Mujer” para caracterizar a un Ojo de Halcón que si no es porque Millar no los cuenta nadie podría imaginarse que está ciego. Y con estos mimbres urde, sin demasiado esfuerzo, una historia simple y entretenida en los que dosifica correctamente los misterios aunque carezca de la épica que antaño disfrutábamos en los tebeos Marvel, resuelta con una incoherencia sólo admisible desde el “vale todo mientras venda” que impera ahora en los Cómics Marvel.

En el aspecto gráfico, Steve McNiven, un buen dibujante en la línea de Bryan Hitch, hace un buen trabajo a la hora de desarrollar las ideas de Millar, con un tratamiento cinematográfico de la narración que se ajusta a lo demandado por el guionista quien le proporciona sobradas ocasiones para su lucimiento.

En definitiva, “El viejo Logan” es un tebeo entretenido y bien narrado que tal y como andan las cosas hoy en día en el Universo Marvel no es poco aunque da la sensación que con un poco más de esfuerzo por parte de Millar podría haberse logrado una historia algo más atractiva. Eso sí, en este tebeo al Lobezno ideado por Len Wein y agigantado por Claremont y Miller, en este tebeo no le reconoce ni su padre.

Otras obras de Mark Millar en El lector impaciente:

The Ultimates
The Ultimates 2
Wanted
Civil War
Superman: Hijo Rojo

jueves, 3 de septiembre de 2009

Millar, Moore y el repollo

Entrevistador: Lo primero que hiciste para EEUU fueron los guiones de "Swamp Thing" ("Cosa del Pantano"). ¿No era una gran responsabilidad teniendo en cuenta el fabuloso trabajo de Alan Moore?

Millar: Creo que quien tuvo esa presión fue Rick Veitch, que fue el siguiente a Moore. Sé que la gente sigue teniendo frescas en su mente esas magníficas historias, pero eran ya los 90. El tiempo pasa... habían transcurrido diez años y ya no se hacían tantas comparaciones con Moore. La serie había estado bastante hundida en los últimos años, así que se trajeron a otro británico para ver si reverdecían los laureles. Estuve unos dos años y medio. Poca gente leyó mis cómics, pero creo que gustaron a quienes los leyeron.

Trabajar en Swamp Thing fue un honor, aunque el personaje... básicamente es un repollo con patas, un personaje horrible. ¿Cómo haces todos los meses una historia que interese a alguien con eso? Además habla raro, lento: "hola... yo...".

Trabajar después con personajes que fueran seres humanos fue un alivio. Además, Swamp Thing no tiene amigos, vive en un pantano, no tiene vecinos... sólo hay árboles. Así que tienes que escribir algo interesante sobre un repollo que vive entre árboles. Sin embargo, Moore demostró que no existen personajes malos, sino malos escritores. Si puedes hacer que un personaje así tenga interés cualquier cosa es posible.

Entrevistador: ¿No es una pena que los medios de comunicación sólo se fijaran en "Authority" porque había una pareja de superhéroes gays?

Millar: No me importa en qué se fijen, si al menos se fijan en algo. Durante 10 años los cómics no han apareciendo en absoluto en la prensa. Con Frank Miller, "Watchmen" y todo eso atrajeron mucho la atención. También la muerte de Superman. Creo que lo que me atrajo a los cómics de pequeño es que eran arriesgados, peligrosos... algo que tus padres no querían que vieses. Quería esa actitud en mis cómics. En "Authority" tenía un superhéroe que se chutaba con heroína, una pareja de gays... Recuerdo que me estaban haciendo una entrevista para el periódico de mi localidad y esto último les pareció interesante. Así que el Sunday Times publicó un reportaje sobre la serie y al día siguiente aparecíamos en todos los periódicos del país. Incluso llegó al ámbito internacional.

(De una interesante entrevista realizada a Mark Millar realizada por Koldo Azpitarte y Raul Sastre para la añorada revista “Trama” y que pueden leer completa aquí).
Cómics de Mark Millar en El lector impaciente:

Superman: Hijo Rojo”.
Civil War
Wanted”.
Ultimates
Ultimates 2

miércoles, 3 de junio de 2009

“Superman: Hijo Rojo” de Mark Millar, Dave Johnson y Kilian Plunkett

"¿Qué hubiera pasado si la nave que transportó a Superman a la Tierra se hubiera retrasado veinte horas y en lugar de estrellarse en Estados Unidos lo hubiera hecho en la Unión Soviética al inicio de la Guerra Fría?" Esa es la premisa que explora Mark Millar a lo largo de los tres números que forman esta miniserie publicada originalmente en 2003 en el sello Elseworlds de DC y que Planeta ha publicado recientemente en un tomo de lo más aparente. Y lo cierto es que al escocés Millar aprovecha la libertad creativa que le permite el sello Elsewords para profundizar en conceptos que en las series regulares de los iconos de la Editorial no están permitidos, logrando un tebeo muy apañado y entretenido que, en mi opinión, es de lo mejorcito que le he leído, bien secundado por los lápices por Dave Johnson y Kilian Plukkett.

Estructurando la historia en tres partes – Amanecer, Apogeo y Ocaso – que se corresponden con cada uno de los números de la miniserie, Millar nos ofrece una historia paralela a la convencionalmente asumida del Hombre de Acero, apoyado en un amplio conocimiento de esa historia “oficial” de Superman y aprovechando al máximo las posibilidades que le ofrece el concepto de Ucronía y el conocimiento de los lectores para ir más allá de la mera inversión de esa biografía de Superman y ofrecer su propias respuesta a algunas de las preguntas formuladas por autores como Moore y Miller sobre la evolución natural del Superhombre y que ya estos se ocuparon de responder hace más de veinte años, aunque la forma de exponer sus conclusiones por parte de Millar sea más refrescante y menos densa que la de estos. De este modo, sin traicionar en exceso las motivaciones esenciales de Superman (“proteger al hombre de a pie”), Millar da una vuelta de tuerca al concepto, convirtiendo a su Superman rojo en la personificación de las excelencias del sistema soviético, como si de un Vassili Zaitsev o un Aleksei Stakhanov se tratara , el heredero natural de Stalin que para lograr paliar las desigualdades mundiales asume el poder político y se convierte en una especie de semidios orwelliano que ofrece seguridad a cambio de sumisión, a pesar de mantenerse fiel a la nobleza de sus ideales. Frente a la primacía del modelo soviético y su paladín kriptoniano, Millar contrapone a unos dubitativos Estados Unidos incapaces de dar respuesta al Superman rojo y su predominio a pesar de los constantes y traicioneros atentados de un Lex Luthor, amoral e inteligente, apoyado por el Gobierno Estadounidense a lo largo de más de cincuenta años, y que afectarán a su relación con su mujer, Lois Lane. La historia se resuelve en un espectacular e irónico enfrentamiento final, que más allá de los espectaculares combates, es un choque de ideas entre dos planteamientos políticos enfrentados, uno basado en la libertad individual frente a otro que antepone la seguridad del estado.

Creo que no me equivoco mucho si les adelanto que “Superman Hijo Rojo” es uno de los mejores tebeos de superhéroes de los últimosaños en el que un Millar particularmente lúcido y crítico sale muy bien parado del difícil trance de contar una historia original con Superman de protagonista.
En este tebeo, Millar se muestra más reflexivo y autocontenido de lo habitual, sin buscar el guiño fácil al fan tan descaradamente como en otras de sus obras, y partiendo del recurso que le ha dado su buen nombre en el mundillo –sus excelentes diálogos- planificar una historia sólida en la que todos los personajes han sido estudiados al milímetro para que sus reacciones resulten lógicas y queden claramente explicadas. Quizás las versiones de los iconos de DC que Millar utiliza en este cómic no sean del todo originales pero sí que sabe hacerlas perfectamente suyas y engarzarlas en el hilo de la historia sin preocuparse demasiado de sus consecuencias. De este modo, los personajes femeninos como Wonder Woman, Lana Lang o Lois Lane no quedan especialmente bien parados, resultando fácilmente manipulables por los Luthors y Supermanes de turno.
Por otro lado, Millar se muestra especialmente crítico y equidistante con los dos sistemas antagónicos que sus personajes personifican en la historia mostrando de una manera bastante clara como los extremos se tocan y tanto esos sistemas políticos como los personajes que los representan no son más que dos caras de la misma moneda, la ambición por el control y el poder.

No crean, por otro lado, que estamos ante un tebeo especialmente denso ni pesado. El gran acierto de Millar es saber hilvanar todas estas ideas –y algunas más que seguro se me escapan- en la estructura de una historia trepidante, ágil y muy bien narrada en la que las batallas épicas y los enfrentamientos entre superseres ocupan un lugar importante, convirtiendo a “Superman: Hilo Rojo” en un tebeo recomendable para todo tipo de lectores.

En el aspecto gráfico, tanto Dave Johnson como Kilian Plunkett se adaptan perfectamente a las exigencias narrativas de Millar y realizan un magnífico trabajo, sin que se note apenas el cambio de dibujante, y partiendo de estilos de dibujo bastante clásicos ofrecer soluciones gráficas modernas y ágiles cuidando al detalle el diseño de página y de los distintos personajes, haciendo que el tebeo resulte atractivo y fácil de leer, aun cuando cada viñeta esté llena de detalles, resultando evidente la aplicación que han puesto ambos en su trabajo. Además, es de destacar el trabajo del colorista Paul Mounts que dota de uniformidad a la transición de dibujantes y que sabe dar con la tonalidad adecuada a cada momento de la historia.

En cuanto a la edición de Planeta, en esta ocasión, hay que decir que en esta ocasión es más que correcta y aparte de incorporar las portadas originales, incluye una introducción escrita por Tom de Santo y un sketchbook en el que los dibujantes explican algunas de las variaciones de los personajes. En definitiva, “Superman Hijo Rojo” es un gran cómic que fue nominado a los Premios Eisner 2004 en la categoría de Mejor Serie Limitada.

Otras obras de Mark Millar en El lector impaciente:

-“The Ultimates”.
-"Wanted".

miércoles, 11 de junio de 2008

“Wanted” de Mark Millar y JG Jones


A finales de mes, el 27 de junio concretamente, va a llegar a nuestras pantallas la adaptación al cine de “Wanted”, el cómic del mismo nombre ideado en por Mark Millar y J.G. Jones y que acaba de ser reeditado por Norma Editorial en una cuidada edición. Aprovechando la ocasión, vamos a ir calentando la cosa hablando sobre este cómic lleno de acción, supervillanos y muchísimo humor en todas sus formas.

Wesley Gibson es un tipo apocado y anodino al que nada le sale bien. El típico desgraciado al que las cosas le van de mal en peor con negrísimas perspectivas en un trabajo que no le gusta junto a una jefa que le maltrata a diario, una novia que le engaña una noche sí y otra también y una propensión patológica a la hipocondría. Sin embargo, su vida da un giro de 360º cuando descubre que su padre era un antiguo supervillano, The Killer, del que ha heredado aparte de sus superpoderes, una inmensa fortuna y una novia tan atractiva como mortífera dispuesta a ser su maestra en su conversión en despiadado supervillano. Al aceptar su herencia, Wesley pasa a formar parte de la Sociedad de Supervillanos en un mundo en el que estos han acabado con todos los superhéroes y actúan en secreto con total impunidad, organizados en cinco familias que se han repartido los cinco continentes. Wesley, convertido en el nuevo The Killer disfrutará de las ventajas de su nueva condición, al mismo tiempo que intenta descubrir quién asesinó a su padre y se enfrenta a una conspiración que puede poner en peligro el precario equilibrio y unión entre los supervillanos.

He de reconocer que Millar no es de mis guionistas favoritos pero en esta serie limitada de seis números realiza para mí su mejor trabajo hasta el momento, desarrollando una historia llena de humor y provocación al tiempo que profundiza, desde la libertad creativa que le da un universo ajeno a las anquilosadas restricciones de las grandes editoriales, ideas interesantes, que resuelve con sencillez e inteligencia, apoyándose en su gran conocimiento del género superheroico y sus mecanismos. Subvirtiendo el clásico cuento de La Cenicienta y el clásico origen del superhéroe que Ditko y Lee impusiesen en Spiderman con Peter Parker para ser explotado hasta la saciedad, Wesley personifica el ideal oculto de muchos adolescentes, el tipo que trasciende de su mediocre vida llena de compromisos y por casualidad tiene la posibilidad de vivir y hacer lo que le dé la real gana sin restricciones. A partir de esta premisa, Millar rodea a su protagonista de un buen surtido de villanos que bajo la patina de los espectaculares diseños de Jones, enmascaran los roles más reconocibles de los villanos tradicionales y los desarrolla hasta el extremo dentro de una estructura conspirativa bastante tópica y trillada en el género policiaco pero que remoza para adecuarla al género superheroico en lo que es un estupendo mestizaje de géneros a la manera que hiciera Brubaker en “Sleeper”, una obra con la que “Wanted” guarda más de un punto en común y con la que coincide en fechas de publicación (2003-2004).

Wanted” se desarrolla a un ritmo trepidante gracias a los fluidos y frescos diálogos cargados de mala baba y gamberrismo, de clara influencia tarantiniana, ideados por Millar y se lee de un tirón aunque, en mi opinión, algunos aspectos de la historia hubieran necesitado un mayor desarrollo (quizás el formato maxiserie hubiera sido más adecuado), resolviéndose con un punto de precipitación las transiciones sin que ello afecte demasiado al resultado final.

En el aspecto gráfico, Jones realiza un estupendo trabajo haciendo gala de un estilo de dibujo detallado y cuidado pero mucho más ágil a nivel narrativo que otros dibujantes de similares características, como Brian Hitch o Tony Harris, por ejemplo, cuidando con mimo tanto la composición de página como cada viñeta para que la historia fluya al trepidante ritmo impuesto por el guión de Millar aun cuando tenga una tendencia al abuso de encuadres cinematográfico, algo por otro lado muy común.

Mi conclusión final es que “Wanted” es un cómic plagado de buenas ideas que aportan un poco de aire fresco al anquilosado género superheroico y ayuda a pasar un buen rato disfrutando de las macarradas y pullas de Millar. Una excelente materia prima para una buena película que, esperemos, no estropeen demasiado.

La edición de Norma es excelente, aunque a nivel de traducción yo hubiera optado por traducir los nombres de los personajes, y cuenta con un cuidado dossier de ilustraciones y portadas alternativas y versiones de los principales personajes realizadas por distintos dibujantes (mi preferido el Shit-Head de Sienkiewicz) pero si no se quieren gastar los 15 euritos que cuesta, probablemente pueda encontarse todavía la edición que unos años atrás publicase Planeta.

Más obras de Millar en El lector impaciente aquí y aquí.

Sleeper” en El lector impaciente aquí y aquí.

miércoles, 2 de enero de 2008

“Civil War” de Steve McNiven y Mark Millar

Entre empachos de polvorones y resacas de chupitos de baileys he sacado algo de tiempo para leer algunos cómics. Entre ellos, destaca la última gran macrosaga marvelita, la Civil War, y, oigan, que quieren que les diga…Me ha gustado más de lo que imaginaba.
Sí, acostumbrado desde hace muchos años a la larga tradición de bodrios que la casa de las Ideas suele intentar endosarnos como "el Cómic definitivo que moverá los cimientos del Universo Marvel" y aquello de “ya nada volverá a ser lo mismo” para vendernos una serie limitada de escasa coherencia y que obliga a comprar un montón de "crossovers" para enterarte de algo volviendo a los pocos meses a lo de siempre, estas Civil War al menos parten de un planteamiento y unas ideas interesantes contadas con una mínima coherencia a lo largo de los siete números que conforman la serie de una manera entretenida y hasta cierto punto lógica.
A causa de un desastre con cientos de víctimas provocado por la negligencia de un joven grupo de superhéroes, el gobierno norteamericano decide aprobar por fin la Ley para el Registro de Superhéroes que obligará a todos ellos a desvelar sus identidades secretas y trabajar bajo la dirección de SHIELD si no quieren ser considerados tan criminales como aquellos a los que combaten. Esta Ley provocará una disensión dentro de los superhéroes que se dividirán en dos grupos, uno liderado por el Capitán América y el Halcón, que considera la Ley una medida que atenta contra la libertad individual y otro encabezado por Iron Man y Reed Richards, que están de acuerdo con los argumentos del gobierno y consideran que es un paso inevitable en la evolución de la clase superheroica. Las situaciones se irán distanciando hasta el punto de llegar al enfrentamiento entre una facción y otra con alguna muerte de por medio y diversos héroes cambiarán de bando conforme vaya avanzando la serie.
En realidad lo que nos plantea Mark Millar (“The Ultimates”) no son ideas excesivamente originales. Los planteamientos de intervenciones gubernamentales sobre la acción de los superhéroes son ideas sobreexplotadas por guionistas de series como “Capitán America”, “Los Vengadores” o “La Patrulla X” a lo largo de los años. Sin embargo, sí que resulta novedosa la forma en que Millar incorpora estas situaciones al contexto actual de la sociedad norteamericana actualizando el mensaje en función a un pseudorealismo de moda actualmente en el género y ofreciendo argumentos coherentes de boca de los líderes de uno y otro bando en lo que probablemente sea el punto fuerte de la serie y del guionista, más comedido en el tratamiento de las versiones “clásicas” de los héroes que las que él mismo propuso en “The Ultimates”. A lo largo de los siete episodios los acontecimientos se suceden sin descanso para el lector, encadenando intrigas con traiciones, revelaciones de identidades y las dosis justas de acción para mantener la atención del lector hasta llegar al climax final que conociendo a Millar no podía ser otro que una batalla a mamporros para finalizar la serie de una manera un tanto precipitada y carente de un elemento muy importante en este tipo de macroacontecimientos y que por desgracia con la modernización de los superhéroes cada vez más perdido que es la Épica.
Steve McNiven ("Nuevos Vengadores") realiza un buen trabajo en el apartado gráfico en el marco de lo que se supone que es un tebeo de superhéroes moderno. Grandes viñetas espectaculares y reducir los diálogos al mínimo, diálogos que se echan a faltar en ocasiones para desarrollar las diferentes posturas de los diferentes bandos. En fin, que visto lo que se hace por ahí, estas “Civil War” están la mar de entretenidas sin llegar a ser un cómic que “moverá los cimientos del Universo Marvel” ni bla bla bla…
Ustedes mismos.

jueves, 20 de septiembre de 2007

“Los Ultimates 2”, más de lo mismo.



Leída la segunda etapa de Mark Millar y Bryan Hitch en “Los Ultimates”, ya saben la versión “actualizada” de “Los Vengadores” de toda la vida haciendo hincapié en los elementos más negativos de sus personalidades, la primera impresión que me produce es el de sorpresa y gratitud. Sorpresa, por un lado, por no entender a que se han debido tantas demoras en completar los 13 números yanquis de los que consta la serie tanto en Estados Unidos como en España por Panini, y gratitud hacia Julian Clemente y su sección “El Triskelion”, en la que no se cansa de glosar las maravillas de la obra y descubrirme, después de treinta años en estos de leer tebeos, lo equivocado que yo ando al calificar algo de obra maestra. Porque de obra maestra el marketing editorial y ciertos aficionados han calificado este cómic que, en mi modesta opinión, no deja de resultar entretenido pero que no aporta ninguna novedad al género sino que más bien resulta bastante clásico. Lo que Millar ha hecho es un tebeo de superhéroes de los de toda la vida situándolo en este agitado nuevo milenio en el que vivimos - aunque esto tampoco es nuevo- pero en lugar de contarlo en cuatro o cinco números a lo sumo como hicieron en su época tipos como Roy Thomas o Jim Shooter, lo hace en trece y sin respetar ninguna periodicidad. Los Vengadores, perdón los Ultimates, participan en misiones de intervención en países extranjeros del cacareado Eje del Mal para proteger el modo de vida americano mientras que a su alrededor se entrecruzan varias conspiraciones que confluyen en un único enemigo, Loki compinchado con los Supersoldados Soviéticos, uy perdón Libertadores y un traidor dentro del grupo que invaden EEUU. Al final, todo el revoltijo lo soluciona con un par de capítulos de mamporreo generalizado y una gran splash page de…¡¡¡ ocho páginas!!!.
El guión de Millar, quitando los detallitos mencionados, tiene también cosas interesantes. A través de su caracterización de los personajes, deja claras las posiciones que se viven en EEUU en temas como la intervención en Irak y el terrorismo sin tomar abiertamente partido por ninguna de ellas y unos diálogos gamberretes a lo “enfant terrible”. Respecto al dibujante Bryan Hitch, hay que decir que, sin quitarle ningún mérito a su habilidad para el dibujo, para mí este señor es más un ilustrador que un dibujante de cómics porque su coherencia narrativa es más bien escasa y sus personajes, aunque son de un detallismo extraordinario ayudados por su constante homenaje a actores y películas, me resultan hieráticos y las escenas de lucha confusas. En conclusión, esta segunda etapa de los Ultimates no aporta nada nuevo respecto a lo que se inició en la primera: acción desenfrenada, personajes excesivos y una narración escasa que supongo queda enmascarada con la irregular periodicidad que ha tenido la obra (si leen toda la etapa de corrido lo notarán).
De la edición de Panini pues bastante correcta salvo por el pequeño detalle de incluir en la numeración los Anuales que nada tienen que ver con el arco argumental de la serie y que son bastante flojillos (en otros tiempos y otras editoriales estas cosas se vendían fuera de la colección y como extras). Son los números 4 y 9 por si alguien está todavía a tiempo de ahorrárselos.
Esperemos que en la próxima etapa de los Ultimates Jeb Loeb y Joe Madureira ofrezcan al menos mayor regularidad.
Si quieren leer algo sobre la primera etapa de “Los Ultimates” pinchen aquí.

martes, 24 de abril de 2007

“The Ultimates” ó cómics molones para lectores malotes.



The Ultimates” es un cómic que despierta en mí sensaciones contradictorias. Como seguidor fiel de la versión clásica de los personajes durante muchos años, la primera impresión que me produjo la lectura del cómic de Millar y Hitch fue de rechazo. Esos personajes macarras, fascistas, tontorrones, maltratadores e intrigantes no se correspondían con la imagen que deberían dar los héroes más poderosos de la Tierra para nada porque, para empezar, no se trataba ni siquiera de héroes sino más bien de agentes al servicio del Gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, haciendo un ejercicio de objetividad e intentando dejar de lado mi bagaje sentimental (que cursi me está quedando) debo reconocer que “The Ultimates” es un cómic de superhéroes muy entretenido. Con sus defectos, pero altamente entretenido. Probablemente, Mark Millar, un guionista que ya había demostrado con creces su desenvoltura en desarrollar series de superhéroes macarras como demostró en “Authority”, era el único capacitado para dar este nuevo giro a los Vengadores sin que los seguidores más talluditos y fieles no diesen la espalda a la colección y atrayendo al mismo tiempo a nuevos lectores que, en definitiva, era lo que le interesaba a los editores marvel y para lo que nació la línea Ultimate. La versión Millar de los personajes no se para en desarrollar el carácter heroico o su personalidad humana, simplemente se ha decantado por tomar de sus ricas biografías los elementos más oscuros y sórdidos para convertirlos en una versión chulesca de los mismos, haciendo que recaiga todo el peso de la trama en la acción y obviando los momentos de pausa que toda colección necesita para desarrollar a los personajes. Esto provoca que “The Ultimates” sea un cómic trepidante, narrado a matacaballo, y cuya lectura dure un suspiro, ya que tras las tortas de rigor y las bromas malotas de Millar poco más queda. Los autores al mismo tiempo toman referentes cinematográficos cercanos al lector para desarrollar la historia y el diseño de los personajes, no vaya a ser que la originalidad empache, de manera que el remozado Nick Furia se parece a Samuel L. Jackson ó Janet Van Dyne, “La avispa”, parece la Trinity de la saga “Matrix”, por poner solo un par de ejemplos. En el apartado gráfico, Millar se encuentra bien secundado por Brian Hitch, un dibujante de estilo hiperrealista y lentitud exasperante que provoca continuos retrasos en las entregas y que también se encargó de “Authority” en una etapa anterior a la de Millar y que realiza un trabajo soberbio en el desarrollo de las escenas de acción aunque parezca en algunos momentos más preocupado en dibujar un “storyboard” para una futura película (más pronto que tarde tendremos película de “The Ultimates”, ya lo verán) que en la historia que está contando.
En definitiva, a mí “The Ultimates” me recuerda al “Aquí hay Tomate”, historias truculentas para después de comer, entretenidas y fácilmente olvidables. Si eso es lo único que esperan de un cómic, en “The Ultimates” lo encontrarán con creces.