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viernes, 16 de mayo de 2014

“Luthor”, de Brian Azzarello y Lee Bermejo.


Aprovechando la edición por parte de ECC Ediciones de la mayor parte de las obras conjuntas del guionista Brian Azzarello y el dibujante Lee Bermejo toca analizar la interesante aproximación que realizaron al enemigo por antonomasia de Superman, Lex Luthor, en la miniserie de cinco números “Lex Luthor: Men of Steel” publicada originalmente en 2005 y que la editorial española ha recopilado en un único tomo.

Luthor es el hombre más inteligente y poderoso de Metrópolis y, probablemente, del mundo. Luthor lo tiene todo, pero vive obsesionado con la presencia de Superman en su ciudad un extraterrestre que teme impida a la Humanidad alcanzar todo su potencial. Luthor urde sibilinos planes en la sombra para dejar en evidencia a su archienemigo aunque para ello deba sacrificar lo que más aprecia.

Brian Azzarello demuestra su talento como guionista en el planteamiento de esta historia en la que presenta al protagonista, Lex Luthor, como una figura dramática, un visionario por encima de los demás, dispuesto a todo para dejar en evidencia el peligro que supone la presencia de Superman en La Tierra para el desarrollo de la especie humana. Azzarello construye un guión eficaz y sutil aunque algo descompensado, pues si bien refleja a la perfección las contradicciones de la compleja personalidad que insufla a un Luthor mesiánico que se percibe a sí mismo como salvador de la Humanidad, la trama que construye, especialmente el interludio que supone la incorporación de Bruce Wayne/Batman a la historia, resulta  especialmente forzada. Por otra parte,  Azzarello destaca por poner en evidencia, mediante unos cuidados diálogos y su interactuación con el resto de personajes, el talento de Luthor para la manipulación y la ambigüedad, corriendo a cargo de Bermejo y su siniestra versión de Superman dejar constancia del carácter perturbado del protagonista y la profundidad de su desequilibrio.

Enlazando ya con el análisis del apartado gráfico, estamos ante uno de los mejores trabajos de Bermejo que se adapta a la perfección a las peculiaridades del guión realista y sucio ideado por Azzarello captando todas las peculiaridades de los personajes y aportando una expresividad a los personajes que especialmente en uno tan autocontenido y frío como Luthor resulta especialmente difícil. Bermejo está especialmente inspirado y se sitúa por encima incluso del guión de Azzarello en la innecesaria incorporación de Batman a la trama en lo que para mí es un ejercicio de estilo vacío al que no acabo de encontrarle justificación dentro de la historia.

A pesar de ello, “Luthor” es una buena historia lleno de grandes momentos que no ensombrecen los pequeños borrones de un equipo creativo que desde sus respectivas áreas comparten similares virtudes y defectos y quizás por ello se entiendan tan bien.

miércoles, 7 de mayo de 2014

“Batman: Fuego Cruzado”, de Brian Azzarello, Lee Bermejo y Tim Bradstreet.




ECC Ediciones ha recopilado recientemente en un único tomo la miniserie de tres números que supuso el salto a la fama del dibujante Lee Bermejo formando equipo nada menos que con un guionista de campanillas como Brian Azzarello, acostumbrado ya a recibir las alabanzas de público y crítica con su “100 Balas”, en una historia en la que Batman se encuentra con Deathblow.,el atípico antihéroe de Wildstorm creado por Jim Lee y Brandon Choi.

A Gotham ha regresado un despiadado asesino piroquinético dispuesto a acabar con una serie de agentes del Gobierno aunque para ello tenga que quemar media ciudad. El único que parece capaz de pararle es Batman, aunque para lo cuál tenga que indagar en los turbios asuntos del gobierno para entender una historia de venganza gestada una década atrás y cuya pieza clave no es otro que Michael Cray, alías Deathblow, un agente encubierto de Operaciones Internacionales que lleva años desaparecido y cuyos intereses parecen coincidir con los del Hombre Murciélago.

En “Batman: Fuego Cruzado”, un implicado Brian Azzarello va un paso más allá de las fórmulas de promoción cruzadas, habituales en las historias de “team up” superheroicos, de las que se valen las editoriales para promocionar series  y personajes – en el momento de la publicación original de esta miniserie, DC hacía relativamente poco que había absorbido Wildstorm, la Editorial de Jim Lee, para convertirla en uno de sus sellos asociados y andaba interesada en potenciar uno de sus personajes más populares, Deathblow - desarrollando una interesante historia que Azzarello se lleva a los terrenos en los que mejor se desenvuelve, los de la intriga y el espionaje, y cuya principal originalidad estriba en que los dos protagonistas nunca acaban de encontrarse desarrollándose la historia en paralelo en dos momentos separados por diez años.

Una vez que el lector se recobra de la confusión inicial, “Fuego Cruzado” se disfruta cómo lo que es, una cuidada historia de espías con ciertos elementos superheroicos atemperados por el tratamiento hiperrealista y noir que tanto Azzarello como Bermejo saben imprimir a la historia para mantener atrapado al lector de la primera a la última página uniendo las piezas que componen el puzzle de la desordenada trama.

En el aspecto gráfico, para mí Bermejo, que hasta ese momento no era un dibujante especialmente conocido, firma uno de sus mejores trabajos con un espectacular acabado fotorrealista que se ve además potenciado por el sombrío y tenebroso tratamiento del color de Tim Bradstreet que refuerza la ambientación de la historia en una Gotham opresiva, gótica y atemporal.

En fin, “Batman: Fuego Cruzado” es una obra entretenida que se esfuerza por llevar un paso más allá las fórmulas propias de los géneros merced a un equipo creativo compenetrado y que, tras este primer trabajo conjunto, ha vuelto a colaborar con frecuencia. Merece la pena.

lunes, 8 de julio de 2013

“Antes de Watchmen: Rorschach”, de Azzarello y Bermejo.




Empiezo a meterle mano a las miniseries de la controvertida línea Antes de Watchmen. editada por ECC Ediciones en España, por la miniserie de cuatro episodios protagonizada por Rorschach, uno de los personajes más carismáticos e importantes de la obra original de Moore y Gibbons, miniserie ideada  y desarrollada por un dúo de campanillas y campanadas como es el formado por Brian Azzarello y Lee Bermejo ("Joker").

En el Nueva York de los años setenta, Rorschach es un justiciero urbano que se enfrenta, en uno de los barrios más peligrosos y deprimidos de la ciudad, con el brutal y astuto Rawhead y su  banda de veteranos de Vietnam quiénes controlan la prostitución de una Gran Manzana atemorizada por los asesinatos de un asesino en serie que tatúa frases en la piel de sus víctimas y al que la prensa ha bautizado como El Bardo. En ese contexto, el terror se desata cuando se produce el celebre apagón de la Ciudad.

Lejos de ser una obra maestra, “Antes de Watchmen: Rorschach” es un tebeo sencillo que se deja leer con agrado merced a la labor de un Azzarello que lleva la historia al género que mejor conoce y maneja, el hard-boiled urbano, al tiempo que la sitúa en un momento previo bastante alejado de los hechos narrados en “Watchmen” para evitar desdecir la obra original, aun cuando las referencias, lugares comunes y homenajes para el conocedor de la obra sean fácilmente identificables.

En ese contexto, Azzarello construye una trama sencilla repleta además de referencias cinematográficas que van de “Pulp Fiction” a “Taxi Driver” (incluso se permite un cameo entre Travis Bickle, el protagonista de la peli, y Rorschach en un curioso diálogo que es de lo mejorcito de la historia) y comiqueras (el principal oponente de Rorschach, el sociópata Rawhead, un curioso entre uno de los principales enemigos de El Castigador marvelita, Jigsaw,  el histriónico y sanguinario Tony Montana de “Scarface” y Tony Manero, el chuleta bailón de "Fiebre del sábado noche" ).

Azzarello, autor contundente donde los haya, se vuelve quizás excesivamente sutil en su estudio en profundidad de Rorschach al que muestra como un justiciero nihilista aferrado a su particular código de la justicia y fuerza de voluntad para enfrentarse a una existencia absurda y sin sentido escapando gracias a la casualidad más que a sus habilidades de los peligros a los que se enfrenta, dando un tratamiento “realista” del personaje que acaba presentándole al lector de manera bastante fiel al lunático obsesivo que Moore describió, aunque para ello se salga de las convenciones habitualesde una historia en la que el supuesto (anti)héroe protagonista siempre va varios pasos por detrás de los malos y recibe más golpes de los que da.

En el aspecto gráfico, Bermejo hace una estupenda labor cuidando al detalle la atmósfera setentera y urbana en que se desarrolla la historia y la caracterización realista de los personajes así como  la narrativa de la historia para llevar a cabo el que para mí es uno de sus mejores trabajos dentro del mainstream.

Azzarello y Bermejo en  “Antes de Watchmen: Rorschach  se cuidan muy mucho de incorporar elementos originales que desdigan la opera prima de Moore y Gibbons que provocasen el rechazo furibundo de los fans y apuestan por realizar un homenaje digno a la obra maestra en la que se inspiran sin caer en el error de intentar ponerse a su altura, con un acercamiento asumidamente menor y tributario que se alimenta de la brillantez y actualidad “Watchmen”, obteniendo de esta forma como resultado una obra sencilla pero que, en mi opinión, supera las expectativas generadas inicialmente. Ojala que el resto de miniseries que conforman la línea estén al menos a este nivel.

jueves, 13 de agosto de 2009

“Global Frequency” de Warren Ellis y varios.

De vez en cuando a los autores de cómics les dan crisis de creatividad y se quedan sin ideas. Hurgan que te hurgan en sus enfermizas mentes intentando encontrar algo original que contar con que entretenernos pero sin dar con la clave que les permitirá ganarse el pan y lograr el aplauso de sus fans. A falta de originalidad bueno resulta remozar algunas ideas básicas y ofrecerlas bajo una forma novedosa formulas que han demostrado funcionar anteriormente. Buen ejemplo de ello, es “Global Frequency” una maxiserie de doce episodios que Warren Ellis escribió a principios de milenio para Wildstorm y en la que mezcla como un buen cocinero distintos ingredientes para lograr una serie desigual pero entretenida.

La Frecuencia Global es una organización mundial independiente formada por 1001 agentes cuyo objetivo no es otro que realizar misiones de rescate y solucionar a aquellas amenazas globales a las que los gobiernos no pueden hacer frente debido a que en muchas ocasiones son los propios responsables. Los miembros de la organización no se conocen entre sí y son ciudadanos anónimos con habilidades especiales que pueden ser movilizados en cualquier momento por la jefa de la organización, la atractiva fémme fatale Miranda Zero, y son coordinados a través de unos curiosos teléfonos por una hacker superdotada que responde al nombre código de Aleph, personajes estos que son las dos constantes que sirven de hilazón a todas las tramas.

Más allá de la referencia borgiana, “Global Frequency” es una maxiserie entretenida y desigual que bebe directamente de series de televisión. Con un mucho de “Misión Imposible”, algo de la visión conspiranoica de “Expediente X”y unas pizcas de ciencia ficción y terror, Ellis construyó unas tramas que funcionaban de manera independiente en cada episodio en los que la misteriosa y carismática Miranda Zero, una especie de Modesty Blaise posmoderna, reclutaba a sus agentes y Aleph los coordinaba en misiones imposibles en las que el irónico Ellis reflejaba en las amenazas algunas de las preocupaciones del momento. Sin las trabas que conlleva la continuidad, Ellis exprimió las posibilidades del formato de 24 páginas en cada número posicionándose en contra del descompressive storytelling bendisiano dominante en la época de publicación de la serie y se ciñe en el desarrollo de las distintas misiones en una estructura que se repite episodio a episodio cargando irónicamente contra los miedos del nuevo milenio sin necesidad de profundizar demasiado en los personajes y sus motivaciones. Ellis tiene la habilidad de parar en el momento justo para no agotar al lector repitiendo la misma formula hasta el infinito aunque se trata de una serie que a pesar de ser recopilada en un coqueto tomo por Norma Editorial se disfruta más leyéndola serializada que de corrido.

En el aspecto gráfico, Ellis contó para cada uno de los episodios con la colaboración de un artista diferente con lo que se pueden hacer a la idea de lo diverso del resultado aunque la mayoría optaron por dar a la serie un tono oscuro que va muy bien con la atmósfera de las historias ideadas por el inglés. De entre todos ellos, yo destacaría la labor de Chris Sprouse, Tomm Cooker, Lee Bermejo y el portadista Brian Wood.

En definitiva, “Global Frequency” es una obra con la que Ellis se gana el pan y entretiene al personal pero que se encuentra alejada en cuanto a originalidad e interés de proyectos más atractivos como “Planetary” o “Transmepolitan”. Con todo, viendo lo que se publica por ahí, yo no me la perdería.

Otras obras de Warren Ellis en El lector impaciente:

Planetary”.
Planetary: Mundos Cruzados”.
Hellblazer
”.

lunes, 29 de junio de 2009

“El Joker” de Azzarello y Bermejo.

Me parece a mí que pocos personajes ha dado el cómic de superhéroes tan agradecidos como el Joker, la némesis de Batman. Un personaje que bajo su apariencia cómica y, hasta cierto punto, inocente (al menos en sus inicios) esconde una mente psicópata y mortal, obsesionada con el hombre murciélago y sin el cuál Batman no habría llegado a convertirse en el icono que actualmente es hoy. Joker es la locura encarnada, los miedos primigenios y la perversión de la inocencia pueril que el payaso evoca para la mayoría, un personaje lleno de matices que debería ser el sueño –o la pesadilla- de cualquier guionista de cómic que podría hacerle protagonista de sus más irreales barrabasadas contando con la licencia –y el aplauso, presumo- del público y la crítica. Por todos estos motivos, no entiendo como un tipo al que presumo tan agudo como Brian Azzarello, guionista estrella en la última década y según recoge la biografía del tomo “uno de los mejores 10 guionistas del medio según la revista Wizard”, ha desarrollado un cómic tan tramposo y mediocre.

Azzarello en esta historia en la búsqueda de dotar al personaje de una verosimilitud que no precisa lo mutila y empobrece convirtiéndolo en esta historia en un mero hampón que pugna por el control de su porción de los bajos fondos de Gotham tras ser dado de alta –por motivos nunca explicados en el cómic- del asilo de Arkham. Azzarello nos narra la historia a través de un narrador interpuesto, Jonny Frost (un personajes “nuevo”en el universo batman a medio camino en apariencia a John Constantine y el Elijah Snow de “Planetary” pero carente del carisma de uno y otro) un perdedor convertido en una especie de asistente personal de Joker. A través de su narración interpuesta, seremos testigo de los enfrentamientos y alianzas de este con otros conocidos enemigos de Batman como el Pingüino, Harley Quinn, Killer Croc, Acertijo o Dos Caras, en una historia que Azzarello construye en el registro que mejor domina, el “hard boiled”, pero que se queda corto a la hora de reflejar la complejidad del protagonista de la historia, reduciéndose finalmente a transitar por caminos que ya han visitado otros previamente. Me da la sensación que Azzarello se ha limitado a realizar un trabajo de aliño con el que no ha llegado a implicarse realmente, quedando bastante lejos de sus obras más personales. Apoyado en sus diálogos de prestidigitador y en su dominio del género negro ha pretendido recrear un Joker “realista” y sucio al supuesto gusto de los lectores -y espectadores- del nuevo milenio pero, en esta ocasión, los diálogos se pierden en fintas que no llegan a ningún sitio y el “thriller” no aporta gran cosa, quedando la historia en una mera anécdota en la trayectoria de un personaje con más de setenta años a sus espaldas.

En el aspecto gráfico, en cambio, me ha gustado el trabajo de Lee Bermejo, un dibujante tenebrista y oscuro que ya destacara en “Hellblazer” que otorga un gran protagonismo a las localizaciones urbanas que la historia agradece, recreando una Gotham opresiva y peligrosa en la que los siniestros protagonistas se mueven con toda comodidad. Me parece muy acertada la versión remozada y moderna que ofrece de algunos de los enemigos clásicos de Batman (no sé hasta que punto la versión del Joker es creación propia o viene influida por la interpretación de Heath Ledger en la película de Nolan) y los hampones que pueblan la historia. Personajes siniestros y perdedores que irradian maldad a través de las arrugas de su expresión. Bermejo se ve muy bien secundado en su labor por Mick Gray, un gran entintador que dota de peso sus dibujos y les dota de una mayor presencia.

En fin, “Joker” de Azzarello y Bermejo es un cómic correcto, que no responde a las expectativas renovadoras generadas, intercambiable por alguno de los peores episodios de “100 Balas” y que no marca la diferencia respecto al personaje al que convierte en un mero émulo de cara blanca de Tony Montana. En cuanto al equipo artístico, Azzarello ha confirmado mis sospechas de que es un guionista bastante sobrevalorado que esconde bajo sus impactantes diálogos cierta incapacidad para cambiar de registro en función de la historia que está contando encasillándose conscientemente en el thriller mientras que Bermejo es un dibujante interesante a seguir. Un cómic sólo recomendable para completistas de Batman. La edición de Planeta me parece correcta

Otros cómics de Brian Azarello en El lector impaciente.

100 Balas”, junto a Eduardo Risso.