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viernes, 9 de agosto de 2013

“Antes de Watchmen: Buho Nocturno”. de John Michael Straczinsky, Joe Kubert y Andy Kubert.





Continuando con el repaso de las miniseries de la línea “Antes de Watchmen”, publicada en España por ECC Ediciones, toca el turno a la protagonizada por Búho Nocturno II, mi personaje favorito de la “Watchmen” original, creada por Moore y Gibbons.

En esta miniserie de cuatro números, JMS nos narra el origen de un Dan Dreiberg marcado por los malos tratos sufridos por su madre en la infancia que le llevaron a buscar cobijo en la figura de Búho Nocturno original. Tras tomar el relevo superheroico de este, Dan inicia una carrera como superhéroe en la que pronto formará equipo con otro justiciero nocturno Rorschach e iniciará una relación sentimental con una pájara de cuidado, la irresistible Lady Crepúsculo, acabando los tres siguiendo los pasos de un enloquecido y visionario asesino en serie que acabará con la alianza entre Búho Nocturno y Rorschach hasta los acontecimientos narrados en “Watchmen”.
Si por algo será recordada esta miniserie dentro de unos años será por ser el último trabajo del gran Joe Kubert, entintando los lápices de su hijo Andy en los tres primeros episodios. Más allá de este detalle, nos encontramos ante una historia funcional y entretenida en la que JMS tira de oficio y conocimientos del “Watchmen” original para hacer un cuidado acercamiento a la figura del Búho Nocturno original buscando motivaciones para su personalidad y explicando todos los detalles insinuados en la obra de Moore en torno al pasado del personaje. 
De este modo, en apenas cuatro grapas, JMS explica el origen de la amistad y posterior distanciamiento de Búho Nocturno y Rorschach, la historia tras la foto dedicada de Lady Crepúsculo y la devoción paternal que Dan Dreiberg sentía por el Búho Nocturno original. JMS ata cabos en una historia cuyo único defecto en mi opinión es la escasa relevancia del protagonista que asume un rol secundario frente a Rorschach y, sobre todo la carismática Lady Crepúsculo, siendo el personaje protagonista y su historia una excusa para que JMS ofrezca su interpretación a los misterios presentados por Moore en torno al personaje en “Watchmen”.
En el aspecto gráfico, Andy Kubert realiza un trabajo convencional sin demasiada brillantez dando el acabado en las tintas de los tres primeros episodios un Joe Kubert (del cuarto ya se encargaría Bill Sienkiewicz) en los últimos estertores de su brillantísima carrera lo que acaba repercutiendo en la calidad final del apartado gráfico más titubeante e inseguro de lo que estamos acostumbrados en las obras asociadas con el apellido Kubert aun cuando narrativamente la obra esté bien desarrollada y la historia fluya a la perfección.
En fin, JMS ha sabido rellenar los huecos de la serie original a lo largo de las tres miniseries que ha guionizado en “Antes de Watchmen” y, más allá de lo innecesario o no de esta línea, ha desarrollado un conjunto de historias solventes y efectivas que han aportado su versión tras los calculados claroscuros planteados por Moore y Gibbons.

jueves, 16 de agosto de 2012

Joe Kubert (1926-2012)


Reabro el blog en este irregular Agosto para hacerme eco de  la desaparición y rendir homenaje a uno de los  grandes del noveno arte norteamericano y mundial, Joe Kubert.
Joe Kubert que se inició en el mundo del cómic, como otros muchachos de ascendencia judía de su generación de apellidos tan afamados como Kirby o Eisner, casi en su niñez ha sido un referente de la industria que vio nacer y en la que participó casi hasta el momento de su muerte entendiendo como pocos que los cómics más allá de su componente de entretenimiento masivo e industrial volcado en los  géneros podía ser  individualizado y ensalzado gracias a la calidad de los artistas que los realizaban.

De este modo, Joe Kubert siempre dejó su impronta de autor en el cómic de género, dignificándolo como pocos a lo largo de su carrera convirtiéndose, gracias a su dominio de la anatomía y sus características pinceladas gruesas y enérgicas a la par que elegantes siempre al servicio de la historia que estaba narrando, en un maestro de todos los géneros que abordó y un referente para otros dibujantes, siendo especialmente recordado por trabajos como "Tarzan", “Hawkman” o “Sgt. Rock” e innovando en el medio con cómics como “Tor”, el primer cómic en 3-D.
A pesar de esa predisposición por el cómic de género, Joe Kubert se mantuvo siempre activo y atento a las nuevas tendencias sorprendiendo en las últimas décadas con nuevos  trabajos como “Gangster Judío”, “Yossel” o “Fax from Sarajevo”con un carácter más intimista y biográfico al tiempo que se embarcaba en proyectos especiales como el Texone que realizase para la italiana Bonelli.

Además de por su enorme y premiada  producción, Joe Kubert será recordado por  haber sido el fundador de una importante saga de dibujantes continuada en sus hijos, Andy y Adam, así como por plasmar  su preocupación por la docencia y el desarrollo del medio en la reconocida Joe Kubert’s School of Cartoon and Graphic Art , desde donde contribuyó en la formación de artistas que  han tenido un peso importante en el medio posteriormente.



D.E.P.

jueves, 24 de mayo de 2012

“Universo DC: Legados 1”, de Len Wein, Joe Kubert, Andy Kubert y VVAA.


Que el universo DC es un batiburrillo que no hay ente cósmico que lo entienda somos conscientes todos los que más o menos seguimos esto de los tebeos incluidos los jerifaltes de la misma editorial. Por eso mismo, cada cierto tiempo sacan una historia que permita poner un poco de orden y sirva para que nuevos lectores tengan al menos una referencia de la larga y rica tradición de una editorial que lleva generando historias y entreteniendo casi ocho décadas. La última obra aparecida en ese sentido ha sido “Legados”, maxiserie de diez números guionizada por Len Wein y dibujada principalmente por distintos pesos pesados de la editorial entre los que destacan nombres como Andy Kubert, George Perez o Jose Luis Garcia-López. ECC Ediciones, la editorial que la edita en España, ha decidido publicarla dividida en dos tomos cada uno de los cuáles incluye cinco números.

Paul Lincoln, un ciudadano corriente que desde su niñez en el Distrito Suicida ha sentido una especial admiración por los superhéroes a los que ha tomado como modelo de conducta, explica la historia de su vida íntimamente relacionada con la historia y evolución de los superseres, narrando en esta primera entrega desde la aparición de los primeros justicieros en la Golden Age, pasando por la Silver Age hasta el punto de inflexión que supusieron “Crisis en Tierras Infinitas”.


Esta primera parte de “Legados” es como digo una lectura ideal para iniciarse en el Universo DC para el lector neófito, pero también resulta atractiva para los más veteranos por el regusto de cómic clásico y la experiencia y calidad de sus autores ajenos a las nuevas tendencias y maneras que se han impuesto en el género. Es cierto que la idea y el desarrollo de Wein, con un narrador interpuesto que desarrolla la historia desde la fascinación del ciudadano corriente ante los superhéroes, resulta poco original y es tributario en exceso a lo que ya hiciera Busiek en los noventa para la competencia en “Marvels”, pero Wein es un guionista con suficiente oficio y empaque como para gestionar este tipo de historias de una manera que resulte satisfactoria a todo tipo de público.


Sin duda, es en el apartado gráfico donde “Legados” resulta más interesante con las aportaciones de auténticos totems de la editorial DC. De este modo, siempre resulta placentero disfrutar de la corrección de los Kuberts (Andy a los lápices y papá Joe a las tintas) y los elegantes y canónicos Garcia-López y Pérez que vuelven a sentar cátedra sobre como hay que dibujar a todos estos personajes y encontrando tanto en el dibujo hiperrealista de Scott Kolins quién dibuja las primeras páginas de todos los números a modo de entradillas. A modo de complemento, cada número incluía pequeñas historias protagonizadas por distintos personajes relacionados con las distintas temáticas y géneros relacionados con los superhéroes (magia, bélico, ciencia-ficción, etc.) guionizadas por Wein y dibujadas por tipos tan notables como Joe Kubert, Walt Simonson, Dave Gibbons, J.H. Williams III o J.G. Jones.

viernes, 2 de diciembre de 2011

“Batman 400”, de Doug Moench y VVAA.

El otro día cuando comentamos las lagunas de “Batman: Silencio” tenía todo el tiempo en la cabeza este “Batman 400” publicado hace la tira de años por nuestra querida Ediciones Zinco y que no sé si ha sido reeditado en España. Y es que en este tebeo de principios de los ochenta, que curiosamente es el último de Batman antes de “Crisis en las Tierras Infinitas y muy poquito antes que Miller estableciera la línea que divide la historia de “Batman” con su “Año Uno”, se resuelven de manera magistral muchos de los interrogantes y lagunas que tanto y tanto nos molestan a los lectores veteranos y que deslucen un tebeo como “Silencio”. Sí, lo leí de peque y m encantó, pero es que lo he vuelto a releer hace cuatro días para refrescar el recuerdo y me sigue pareciendo igual de bueno. Os cuento.

En el aniversario del nacimiento de Batman, este recibe un misterioso mensaje con una única frase “Conoce a tus enemigos”. En seguida, el Hombre Murciélago se pone en guardia porque resulta que alguien ha organizado la fuga de toda su galería de enemigos, tanto los de Arkham como los de la Prisión de Gotham. Ese misterioso personaje tiene un plan para acabar con Batman y convence a los otros villanos para que secuestren a los seres queridos de Bruce Wayne. Batman deberá descubrir quién es su enemigo misterioso antes que acabe con los rehenes.

Doug Moench, un reputado guionista de los de antes (principio, nudo y desenlace, todo bien clarito y ante todo entretenimiento garantizado), monta en apenas poco más de cincuenta páginas una magnífica historia, en la que recoge perfectamente la esencia del Batman detectivesco que había triunfado en los setenta y adelanta los elementos fatalistas en los que Miller profundizaría en “Año Uno”, manejando con habilidad una galería de personajes que supera el que Loeb y Lee utilizan en “Silencio”, organizando además la historia para que el inigualable elenco de dibujantes que realiza cada capítulo –en el que destacan tipos como Sienkiewicz, Joe Kubert, Art Adams, George Perez, Steve Rude, Brian Bolland o Tom Sutton, por nombrar unos cuantos- tenga su protagonismo sin que ello perjudique la coherencia interna de la historia. Moench tiene ya detalles de guionista veterano, de los de la antigua DC, que quizás al lector más joven molesten pero que a mí personalmente me encantan…Si suelto de la trena a todos los villanos de Batman explico que luego no todos participan en la historia porque unos prefieren seguir su propio camino y rechazan el plan del que les ha soltado, que si Batman tiene que resolver un acertijo es un acertijo accesible a cualquiera, que Batman sorprende a los villanos comiendo, claro, es que los villanos también tienen que comer…

Batman 400” es un tebeo con un encanto añejo, sí. Pero sigue siendo un excelente tebeo de superhéroes y es una pena que pase tan desapercibido. Para mí, desde luego, sigue siendo una de mis historias favoritas de Batman y la portada doble de Sienkiewicz una de mis favoritas de todos los tiempos.

lunes, 10 de octubre de 2011

“Sargento Rock: Entre el infierno y algo peor”, de Brian Azzarello y Joe Kubert.

Planeta ha reeditado esta historia bélica que hace unos añitos publicara –y saldara- Norma Editorial en la que dos tipos que en principio nada tendrían que tener en común como el guionista de “100 Balas”, Brian Azarello, y un dibujante que es leyenda vida del cómic norteamericano como Joe Kurbert ("Tor") retomaban un personaje al que el segundo se vinculo durante buena parte de su carrera, el Sargento Rock, en un intento de revival dentro de la línea Vertigo que al final se quedó en la miniserie que se recoge en el volumen.

En 1944, la Compañía Easy y el pelotón comandado por el Sargento Rock intentan avanzar hacia Berlín por el cerrado bosque de Hürtgen frente a la fuerte oposición de lo que queda del ejército alemán. Tras haber hecho prisioneros a unos oficiales alemanes, Rock y los suyos los llevan a la retaguardia cuando son atacados y, en la confusión, los prisioneros son ejecutados. Rock deberá averiguar quién ha asesinado a sangre fría a los prisioneros antes que las sospechas acaben con el vínculo de hermandad que mantiene a su unidad.

Azzarello se aproxima en esta obra al bélico, un género que podría pensarse podría ajustarse bastante bien a su estilo pero que acaba produciendo una obra que pese a su interés inicial acaba resultando un tanto embarullada y confusa. Con astucia, el guionista construye una trama de intriga en medio del conflicto bélico pero este no acaba de funcionar debido en parte a la pobre caracterización de los distintos personajes que aparecen bastante desdibujados respecto a sus versiones más clásicas y la omisión de una de las mejores armas de Azzarello, sus ácidos y mordientes diálogos que en esta obra brillan por su ausencia quizás cohibido por su colaboración con Joe Kubert, un auténtico maestro de la composición narrativa al que le suele sobrar la palabrería. La trama es bastante burda, la dosificación de la intriga inexistente y Azzarello se mueve con bastante torpeza por los trillados senderos del bélico más spielbergriano (o como se diga de "Band of Brothers" y "Salvar al Soldado Ryan") limitándose a cumplir con el encargo.

Realmente, el interés de la obra se centra en el apartado gráfico y poder disfrutar una vez más de la sabiduría gráfica de todo un veterano como Joe Kubert. Papa Kubert demuestra su dominio del género bélico, en general, y de estos personajes, en concreto, con un dibujo vigoroso, expresivo y vibrante que en algunos momentos recuerda a clásicos tan dispares como Milton Caniff o Hugo Pratt.



Kubert no tiene empachos en jugar con las composiciones y las perspectivas para mantener la atención del lector por la lectura más allá de lo trillado de la argumentación y logrando por momentos que la narración se vuelva más interesante de lo que realmente es para acabar desembocando, sin embargo, en un desenlace forzado a golpe de aria operística tan ambicioso como extraño e irreal.

Sargento Rock: entre el infierno y algo peor” es un bosquejo de la obra que podría haber sido si Azzarello le hubiera puesto algo más de ganas y que lamentablemente deriva hacia el topicazo más ramplón sin que el bueno de Joe Kubert pueda hacer mucho para evitarlo. Lástima de oportunidad perdida.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

“Tor” de Joe Kubert.



Atentos todos que hoy hablamos de una leyenda viva del cómic americano, don Joe Kubert, que a pesar de ser un venerable octogenario sigue en la brecha dando lecciones a más de un jovenzuelo de lo que ha de ser un cómic de entretenimiento en una de de sus obras más emblemáticas y personales de las que ya les hablé yo por aquí hace algún tiempo, Tor, de la que Planeta ha reunido en un tomo muy cuco la última miniserie de seis números publicada por DC en Estados Unidos el año pasado “Tor, a prehistoric odissey”.

Asistimos una vez más al origen del personaje, Tor, un troglodita evolucionado exiliado de su tribu debido a las envidias de sus congéneres. El apuesto y aguerrido Tor inicia un vagabundeo que le llevará a un valle escondido en el que se enfrentará a todo tipo de animales prehistóricos, engendros antediluvianos y tribus simiescas en vías de extinción aficionadas a los sacrificios.

La verdad es que he disfrutado enormemente este tebeo comprobando la sabiduría que destila en cada página. Y es que Kubert nos mete en harina desde la primera página en que siguiendo un rastro de huellas sitúa al lector en su realidad de hace un millón de años incorporando la tensión necesaria para desear pasar la página. Kubert logra en todo momento que la narración fluya ágilmente en un tebeo carente de diálogos y en el que la parte grafica es complementada con concisos y escuetos cuadros de texto de los que perfectamente podríamos prescindir porque la acción se sigue perfectamente a través del dibujo del autor, uno de los dibujantes que mejor han sabido captar el movimiento y la anatomía humana a lo largo de sus casi setenta años de carrera.


Las peripecias de “Tor” rezuman esa agradable esencia pulp de antaño en la que las imprecisiones y las fantasías se perdonan en pos de la aventura en estado puro. Kubert es de esos viejos irreductibles dinosaurios que entiende que en cada comic-book tiene que contar una historia autoconclusiva que satisfaga al lector y en la primera página del siguiente número resumir lo acontecido anteriormente y cumple a rajatabla con esos mandamientos olvidados ofreciendo siempre atractivas soluciones gráficas.


Más allá de las lecciones de anatomía sobre cómo y dónde se han de colocar los músculos de los personajes, Kubert enseña a cualquiera que quiera dibujar tebeos el arte de la composición de página y cómo cada viñeta cobra un sentido dentro del todo que es la historia. Desde el uso de estrechas viñetas horizontales para representar la claustrofobia de un túnel que se va estrechando cada vez más a las estrechas viñetas verticales que representan la enormidad de una inevitable caída a un vacío insonsable hasta espectaculares splash page en la que casi sientes el fétido olor del aliento de un Tiranosaurio en la cara y cada elemento está minuciosamente planificado.


Los convencidos como yo, disfrutarán viendo al maestro en plena forma usar los trucos de siempre, esos que ya aparecían en las más tempranas encarnaciones del personaje o en obras posteriores como su “Tarzan” y los más jóvenes tendrán que aceptar que los hijos no han superado al padre y rendirse a las excelencias de este gran artista.

Por otro lado, la edición de Planeta me parece bastante correcta y la pequeña reducción respecto al tamaño comic book no afecta demasiado al disfrute de la obra. La edición incluye, aparte de las portadas originales, un prólogo de otro admirador del maestro, un tal Roy Thomas. Si sólo pueden comprar un tebeo este mes, que sea este.

domingo, 30 de noviembre de 2008

“El buen salvaje” y el pulp en el tebeo (2): Tor y Ka Zar.




En realidad, este post estaba pensado para ser publicado el jueves pasado, día de San Primitivo pero entre unas cosas y otras al final no fue posible. Así que ahí va.
Si el otro día veíamos como la sombra del modelo tarzanesco era alargada y tuvo bastante influencia en el cómic español de posguerra no podemos pasar por alto su influencia en los propios Estados Unidos donde tuvo acogida con dispar fortuna en las editoriales norteamericanas a través de varios personajes que aparte de las características propias de los buenos salvajes heredadas del personaje de Rice Burroughs ven sus peripecias trasladadas más allá de las selvas tropicales que a estas alturas de la fiesta se encontraban colonizadas y han perdido sus misterios a localizaciones más remotas y míticas situadas en los confines de la imaginación de los lectores como la Prehistoria inventada, influida directamente por películas como “Hace un Millón de Años” en su primera versión de 1940 en el caso de "Tor" o el mundo prehistórico superviviente entre los hielos antárticos que entronca directamente con la fantástica “El Mundo Perdido” de Conan Doyle en el caso de "Ka-Zar". Ambos personajes comparten ciertas similitudes en cuanto a su carácter marginal y sobreviviente dentro de la historia del cómic alejada su creación de los mejores tiempos del pulp y compartir cierto carácter experimental en sus orígenes ya que Tor fue uno de los primeros comics books en 3D mientras que Ka Zar junto a “Los Micronautas” y “Caballero Lunar” fue una de las primeras colecciones que Marvel distribuyó exclusivamente para su venta directa en librerías especializadas.

Tras su experiencia en el ejército en Alemania Joe Kubert se dio cuenta de las posibilidades que podían tener los tebeos 3-D tras ver allí revistas con fotos 3-D así que a su vuelta a los Estados Unidos junto a Norman y Jenny Maurer le vendió la idea a Archer St. John , de St. John Publishing donde se empezaron a editar los primeros tebeos en 3-D (el primero fue "Super Ratón") con jugosos beneficios en sus inicios que permitieron a Kubert hacerse con su primera casa en propiedad. Kubert, que había creado a Tor junto a Norman Maurer en Septiembre de 1953 para “1000000 B.C.” en seguida lo incorporó al nuevo proyecto protagonizando varias historias en el siguiente número de “3-D Cómics” y haciéndose con la cabecera de la colección aunque mantuviera curiosamente la numeración a partir del número tres, dibujada y escrita completamente por Joe Kubert. La serie se mantuvo solamente dos números más para caer posteriormente en el olvido a pesar de los esfuerzos de Kubert, que se hizo con los derechos del personaje, e intentó retomarlo en varias ocasiones a lo largo de los años. Así, tras intentar adaptarlo al formato de tira de prensa sin éxito junto a Carmine Infantino en 1959 y un proyecto de colección para DC que no cuajó, las historias existentes fueron reeditadas tanto en formato 3-D como 2-D por la editorial Eclipse, apareciendo esporádicamente nuevas historias del personaje en la revista "Sojourn" y en una miniserie de cuatro episodios que Kubert escribió para el sello Epic de Marvel en 1993.




La historia de Tor tiene un desarrollo clásico, obligado a abandonar su tribu el noble salvaje acompañado únicamente por su mono Chi Chi deambula por una Prehistoria imaginada en la que se enfrenta no sólo a terribles y feroces dinosaurios sino también a sus congéneres en una Edad de Piedra donde Kubert deja siempre patente que los peores miedos no son los que se pueden solucionar con un buen garrotazo sino la soledad y lo desconocido. A nivel gráfico, el autor realiza una vez más un excelente trabajo y da buena cuenta de la persistencia del personaje y el cariño que Kubert siente por él que en este 2008 ha empezado a publicarse una nueva serie limitada por DC de seis números. Esperemos que sea el espaldarazo definitivo para el hombre de hace un millón de años.

"Ka-Zar" es un personaje que ha tenido varias versiones a lo largo de los años entroncadas todas con el modelo del buen salvaje aunque con los años ha ido evolucionando para adaptarse a los gustos cambiantes del público.



La primera versión de Ka Zar no nace en el cómic sino como la novela pulp con “Ka Zar el Grande” (Octubre, 1936) de Bob Byrd, editada por Manvis Publishing, compañía propiedad de Martin Goodman quién visto el éxito que tenía el nuevo formato Cómic Book, encargó al dibujante Ben Thompson la adaptación al cómic de la primera de las tres novelas escritas por Byrd, “King of Fang and Claw” (que si entienden inglés pueden leer aquí) apareciendo en el número uno de “Marvel Comics” el primer comic book publicado por Timely Comics, la editorial que, con los años, acabaría convirtiéndose en Marvel. Este primer Ka-Zar respondía al nombre de David Rand y apareció continuadamente en los números 2 a 27 de la serie “Marvel Mistery Comics”. David Rand había sufrido junto a sus padres un accidente de avión cayendo en las inhóspitas selvas del Congo, manteniéndose alejado de la civilización y siendo educado por su padre junto a Zar su león amaestrado, del que toma su nombre (Ka-Zar siginifica “Hermano del Leónr”). Este primer Ka-Zar en el cómic se enfrentó, como casi todos los personajes editados por Timely Comics, durante la II Guerra Mundial a los nazis aunque su némesis fue el asesino de su padre, Paul de Krafft. El personaje para adaptarlo al gusto de la época adquiriría en ocasiones una fuerza y resistencias extraordinarias ingiriendo una poción y tuvo su última aparición en “Human Torch Comics” sin que nada más volviese a saberse de él durante décadas, siendo obviada durante años esta versión del personaje hasta que se incorporó de nuevo al Universo Marvel en 2006.

En los años sesenta, Jack Kirby y Stan Lee se dedicaron a recuperar a los héroes de la Edad Dorada de Timely para integrarlos al universo superheroico que estaban creando en Marvel. Así a Namor, Capitán América o la Antorcha Humana se unió en el número 10 de “X-Men” un nuevo Ka-Zar. El nuevo Ka-Zar era descubierto por los miembros de la Patrulla X original en la mítica Tierra Salvaje, un mundo perdido donde sobreviven dinosaurios y otras especias extintas. Como se aprecía el nuevo Ka-Zar, mezcla en su origen elementos de las obras de Doyle y Rice Burroughs, y sólo mantiene respecto a su marginada versión anterior la compañía de un enorme felino, en este caso Zabu, el último de los dientes de sable. El nuevo Ka-Zar aunque ha disfrutado de varias colecciones y miniseries a lo largo de los años a ninguna la ha acompañado la continuidad (la de mayor éxito fue “Ka-Zar, The Savage” en los años ochenta que apenas pasó de la treintena de números) a pesar de contar con grandes artistas como John Buscema o Andy Kubert convirtiéndose en uno de los secundarios con más solera dentro del Universo Marvel
Aquí pueden ver las portadas de la serie "Ka-Zar, The Savage".

Dentro de unos días la última entrega de los buenos salvajes en el cómic con “Thun’da, rey del Congo” de Frank Franzzetta y los clones de Tarzan de “Jungle Comics”.