Mostrando entradas con la etiqueta Don McGregor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Don McGregor. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de enero de 2011

De cómo Don McGregor aprendió a leer.

McGregor: Bueno, si te lees “Ragamuffins”, y sé que tú lo tienes, la primera historia cuenta mucho mejor mi encuentro inicial con los cómics que todo lo que yo te pudiese decir ahora. Ahí narré cuando dí en el clavo al descubrirlos. Supongo que tendría unos cinco años. Debía estar en el jardín de infancia, y había una tienda en el camino hacia el mismo en la que tenían expuestos los cómics en estanterías. Inmediatamente me enamoré de ellos. Ya te puedes imaginar que nunca pensé que terminaría haciendo guiones de cómic. Desde un principio tuve el impulso de convertirme en contador de historias, y no puedo recordar una época en la que no estuviese leyendo cómics. Probablemente empezaría cuando tenía cinco o seis años. No sé si era capaz de leer cada palabra, pero captaba lo suficiente como para saber lo que estaba pasando... Nadie me los leía. Creo que mi amor por los cómics fue lo que me obligó a querer aprender a leer.

Esta anécdota la he leído en la primera parte de la traducción de la entrevista que el bueno de Frog2000 anda currándose ahora al siempre interesante Don McGregor, un guionista injustamente olvidado, en mi opinión, y del que parece que por fin vamos a ir recuperando n parte de su trabajo en los próximos meses (por desgracia, “Sabre” y "Ragamuffins”, no).
Sustituid lo de tienda por kiosco y creo que lo que comenta McGregor la hemos vivido muchos con distintos matices. En fin, recuerdos fosilizados de una época remota porque el espacio que ahora se dedica a los cómics en los kioscos es mínimo, salvo cuando sale el coleccionable de turno, claro, que entonces es simplemente escaso. (La traducción completa de la primera parte -de tres- de la entrevista, la podéis leer aquí).

lunes, 30 de agosto de 2010

“Sabre”, de Paul Gulacy y Don McGregor.

Hoy toca reivindicar otro clásico del cómic norteamericano injustamente olvidado por nuestros editores, un tebeos que no sólo por su calidad intrínseca es destacables sino también por protagonizar un pequeño capítulo en la historia de la industria del cómic nortemaericano. Me estoy refiriendo a “Sabre”, un cómic de ciencia ficción posapocalíptica, creación de Don McGregor y Paul Gulacy.
A finales de los setenta los hermanos Mullaney creron Eclipse Comics una editorial independiente que incapaz de competir con las grandes editoriales en cantidad de títulos publicados apostó por la calidad y la innovación para abrirse un hueco en el complejo mercado norteamericano. De este modo, Eclipse Comics supo reivindicarse gracias a la calidad con que editaba la mayoría de sus cómics superior a la habitual, el pago de suculentos royalties por ejemplar vendido y una libertad creativa que no constreñía a los autores tanto como era habitual en las grandes editoriales por aquella época y provocó que un buen número de autores de renombre se embarcaran en la nueva editorial. De este modo, atrajeron autores de talento como Marshall Rogers, Steve Englehart o Gene Colan, a los que pronto se unieron Paul Gulacy y Don McGregor que un año más tarde con “Sabre: Slow Fade of an Endagered Species” dieron un auténtico campanazo con la primera gran obra de Eclipse.

Por un lado, “Sabre: Slow Fade of an Endagered Species” fue el primer cómic que se comercializó en el llamado mercado directo (es decir directamente en las tiendas especializadas donde compraban los aficionados y alejándose de los canales mayoritarios donde se distribuían los comic-books generalistas en Estados Unidos y que englobaba colmados, farmacias y demás…) con un sorprendente éxito que pilló desprevenidas a las grandes y, por otro, por ser la primera “novela gráfica” publicada, adelantándose en unos meses a la aparición de la celebre y genial “Contrato con Dios” de Will Eisner. “Sabre: Slow Fade of an Endagered Species” ya cumplía con todas las características que los expertos identifican con la “novela gráfica” y quizás sino es considerada mayoritariamente como la primera quizás se deba al atractivo magnético del concepto ideado por Eisner de “novela gráfica” (graphic novel) que se impuso al aglutinado por McGregor de “comic novel”.

Y tras esta historieta para interesados en estas cosas, ¿“Sabre: Slow Fade of an Endagered Species” merece la pena? En mi opinión, sí. Se trata de una atractiva y barroca historia de ciencia ficción posapocalíptica que tan de moda estaban en la época (“Mad Max” se estrenaría un año después). “Sabre” sigue la estela del añorado “Killraven” que años antes popularizara en Marvel el propio McGregor junto a Craig Russell y narra las peripecias de Sabre, un héroe negro gemelo de Jimmy Hendrix–quizás en un postrer coletazo de la Blaxploitation setetentera-, que junto a su compañera la despampanante Melissa Siren se rebelan contra el poder fascista encarnado en el malvado Overseer y el descreído mercenario Blackstar Blood en un extravagante y delirante futuro lleno de peligros en un alocado año 2020 en el que lo mismo conviven mutantes y clones con galeones a vela y castillos medievales.

Sabre” bebe directamente de las cortapisas que en Marvel pusieron a McGregor en “Killraven” y, sobre todo, del espectacular trabajo de un Paul Gulacy sobresaliente, probablemente en uno de los mejores trabajos de su carrera. dando forma al mundo en que se desarrolla la acción plagada de amenazas contra los amantes y una cuidada y elegante composición que potencia una narrativa setentera que lamentablemente se ha obviado en el cómic mainstream actual.

Al éxito de “Sabre: Slow Fade of an Endagered Species” le siguió en 1982 una serie a color que siguió contando con los guiones de McGregor y llegó a los 14 números , contando en sus primeros episodios con Gulacy (los dos primeros números son una reedición de la novela gráfica previa) que posteriormente sería relevado por Bylly Graham y José Ortiz.

Más allá de la solvencia de McGregor en las epopeyas futuristas y el virtuosismo de la terna de dibujantes que pasaron por la serie, Sabre sorprende por la saludable libertad sexual que destila a la hora de mostrar cuerpos desnudos e introducir situaciones nunca vistas anteriormente en el cómic “mainstream” norteamericano como el primer beso gay.

En definitiva, “Sabre “ es un cómic de indudable interés que no debería pasar desapercibido para los aficionados españoles injustamente olvidada por nuestros editores (es curioso que habiéndose publicado en España casi todas las obras de Eclipse más relevantes esta continúe olvidada). A ver si alguna editorial se atreve a recoger el guante.

Si alguien duda de la calidad de “Sabre: Slow Fade of an Endagered Species”, aquí puede leer los dos primeros episodios que componen la novela gráfica.

sábado, 21 de agosto de 2010

“Ragamuffins”, de Don McGregor y Gene Colan.

Ahí abajo os dejo "Kinder-garten Run", una historia de “Ragamuffins”, la semidesconocida serie de historias cortas que a partir de 1981 realizaron Don McGregor y Gene Colan para Eclipse Comics, historias de preadolescentes ambientadas en los Estados Unidos de los años cincuenta que en sus travesuras mezclan la crueldad y la inocencia del modo único en que los niños son capaces y por su tratamiento pueden recordar a “Charlie Moon”, la serie que paralelamente estaban desarrollando Carlos Trillo y Horacio Altuna desde 1979 de la que ya comentamos algo aquí.

La serie tiene su importancia además por ser la primera en que Colan decidió prescindir de la figura del entintador aplicándose directamente el color sobre sus lápices con espectaculares resultados.

Como parece que las editoriales están cogiendo últimamente carrerila en la publicación de la obra de The Dean no estaría de más que alguna se animase a reunir estas historias cortas en un álbum.

jueves, 27 de mayo de 2010

“Nathaniel Dusk”, de Don McGregor y Gene Colan.

Siguiendo con el repaso de las obras de Gene Colan que permanecen inéditas en nuestro país llega el turno de las dos interesantes miniseries de “Nathaniel Dusk” que The Dean realizara para DC a mediados de los ochenta, junto a Don McGregor, en la que dejó constancia de su dominio del género negro.

Nathaniel Dusk” es una obra modélica en la que a través de las andanzas de un carismático detective privado, McGregor y Colan ofrecieron su versión del turbulento Nueva York de los años treinta que trataba de dejar atrás el Crack del 29. El protagonista, Nathaniel Dusk, es un cansado y desencantado veterano de la I Guerra Mundial que, tras su paso por la policía y asqueado de la corrupción, decide montárselo por su cuenta como detective privado, aceptando todo tipo de encargos.

En la primera miniserie de cuatro episodios aparecida en 1984, “Lovers die at Dusk”, el detective está intentando resolver un caso típico, encontrar evidencias sobre las infidelidades de un miembro de la alta sociedad por encargo de su mujer, cuando la mujer de la que Dusk está enamorado es asesinada. Dusk se tomará el asesinato como una afrenta personal, convirtiendo la resolución del caso en su único objetivo para lo que se sumerge en el mundo del hampa neoyorkina en el que irá descubriendo progresivamente el turbio pasado de su amada.

El éxito de “Lovers die at Dusk”, propició la aparición el año siguiente, 1985, de nuevas aventuras de Dusk con el mismo equipo creador en una nueva miniserie de similar estructura que la primera, “Apple Peddlars Die At Noon”, en la que el detective de Nueva York se enfrentaba a un nuevo caso y que el propio McGregor considera uno de sus trabajos favoritos.

En “Nathaniel Dusk”, el veterano guionista Don McGregor se adelantó varias décadas a Brubaker a la hora de trasladar al cómic la esencia de la novela negra norteamericana. Dusk es un detective duro, cínico y desencantado en la línea del Sam Spade de Hammett que se rige por su propio código moral que le lleva en muchas ocasiones a bordear –cuándo no infringir- la ley.

En el apartado gráfico, Colan logra una estupenda representación de los ambientes propios del género negro localizado en el Nueva York de la Depresión, dando una nueva dimensión a las historias de McGregor, uno de los guionistas que mejor ha entendido su trabajo. Apoyado en la labor del colorista Tom Zuiko, “Nathaniel Dusk” es uno de los trabajos en los que Colan aplica por primera vez el color directamente sobre sus lápices, una técnica que The Dean continuaría desarrollando en su obra posterior y que realza poderosamente su estilo. En la primera miniserie, entre Zuiko y la reproducción de DC destrozaron el trabajo de Colan (McGregor pidió a los encargados de DC que llamarán directamente al editor y fundador de Eclipse Dean Mullaney para que les indicara como reproducir los lápices de Colan), pero en la segunda, Zuiko cogió el punto al estilo de Colan convirtiendo esa miniserie en uno de los mejores trabajos de The Dean.

En definitiva, “Nathaniel Dusk” es una obra injustamente olvidada por nuestros editores que merece ser rescatada por muchas razones, sobre todo, en estos tiempos en que se vive un “revival” del género negro en el cómic. No estaría de más que Planeta, a lo largo de los próximos seis años, tuviera a bien reunir las dos miniseries en uno de esos tomos Universo DC con los que recupera material clásico. Por soñar que no quede…