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viernes, 25 de abril de 2008

“Las olivas negras: No comerás el cabrito en la leche de su madre” de Guibert y Sfar


Me gustaría poder decir que este tercer álbum de la serie “Las olivas negras” mantiene el excelente nivel de los dos anteriores y, aunque por un lado lo hace, por otro no.

Me explicó. Esta tercera y última entrega de la serie por el momento, me ha decepcionado, ya que aunque la obra mantiene el excelente nivel de calidad e interés de las anteriores entregas con un excelente dibujo de Guibert y agudas observaciones de Sfar acerca de la religión judía y la sexualidad ninguna de las tramas que se han ido planteando y desarrollando a lo largo de la serie se resuelve. Nos encontramos así con una historia en la que se nos birla cualquier tipo de resolución con un final tan abierto que hace presuponer que la idea de los autores es su continuación aunque el hecho de que en los últimos cinco años no haya aparecido ningún nuevo álbum me hace temer lo peor.

Esta tercera entrega retoma la historia en el punto en la que la dejamos en la anterior entrega, con el pequeño Gamaniel tratando de encontrar a su padre para liberarlo de los romanos “ayudado” por el manipulador Josué mientras que Eliaou, acompañado del profeta Yeshayahu, pretenden impedirlo temiendo por el chico. Cuando llegan a Jerusalén, Gamaniel confunde a un esclavo cocinero con un romano al que ataca instigado por Josué. El ama de la casa en la que sirve el esclavo invita a Gamaniel y sus compañeros al circo donde entrarán en contacto con los gladiadores y los enanos y conocerán sus costumbres, hasta que se vean involucrados con estos en los disturbios provocados en la ciudad como consecuencia de la detención del padre de Gamaniel. Mientras, en el campamento de los zelotes, la mujer de Eliaou engaña a este con uno de los romanos desertores.

Este tercer álbum de la serie mantiene el nivel de las anteriores entregas. Sfar nos ofrece una reflexión acerca de la religión judía –uno de sus temas preferidos, como dejó patente en “El gato del rabino”- a través del pequeño Gamaniel, que es su viva imagen, y sus encuentros con distintos personajes a lo largo de sus aventuras para salvar a su padre. Los distintos aspectos de la religión hebrea se encuentran marcados en este álbum por la personalidad de los acompañantes del niño: el fanático y malvado Josué, el astuto y práctico Yeshayahu (Este tipo se parece mucho a Trondheim, ¿no creen?) y el tontorrón y aguerrido Eliaou. A través de ellos y otros personajes, como el cocinero o los gladiadores Sfar, reflexiona sobre distintos aspectos del judaísmo en unas conversaciones ricas y en las que pone de relieve las contradicciones y matices de la religión. Ante la actitud cerril de estos personajes, Sfar contrapone la picardía de los desertores romanos, trasuntos de Blain y él mismo, que se mueven con el mundo en busca de aventuras y bellas mujeres a las que seducir. Frente a la actitud fantasiosa de unos y de otros, los autores ensalzan el punto de vista práctico y lleno de sentido común de las mujeres del campamento, quienes procuran disfrutar de la sexualidad como única vía de escape de la cerrada sociedad en la que viven.

Resulta muy curioso como se superponen y complementan el estilo de estos dos autores. Si Sfar gusta de incorporar enormes bocadillos de diálogo en la historia sin que por ello se resienta la composición de Guibert, este opta porque sean sus viñetas mudas las que hablen, comunicando, con un estilo más directo que mil palabras, ideas y sensaciones al lector utilizando una técnica de dibujo que va evolucionando a lo largo de los álbumes hacia posicionamiento de “línea clara” cada vez más acentuados, en un claro acierto por parte del dibujante. Dos técnicas que contribuyen a enriquecer la historia que nos están narrando y dejan al lector frustrado ante un final abierto que no resuelve nada.

La edición de Kraken correcta aunque dado el carácter de la historia hubiera preferido su edición en un integral. Y, por supuesto, hubiera mantenido la rotulación manual original en lugar de la simplona rotulación mecánica de los tres álbumes.

Esperemos que Sfar y Guibert encuentren pronto un hueco para continuar la historia donde la dejaron y dar un digno colofón a la historia del pequeño Gamaniel. Sus lectores se lo agradeceremos.

Si quieren leer sobre las anteriores entregas de "Las olivas negras" en El lector impaciente pinchen aquí o aquí.

martes, 20 de noviembre de 2007

“Las Olivas Negras 2: Adán Harishon” de Guilbert y Sfar


Se hacía de rogar Ediciones Kraken a la hora de publicar la segunda entrega de “Las Olivas Negras” que tan buen sabor de boca me dejó tras su primera entrega, tal y como les comenté por aquí. Sin embargo, la espera ha valido la pena pues esta segunda entrega titulada “Adam Harishon” mantiene el nivel y llega incluso a superar a su antecesora.
En este segundo álbum, se retoma la acción en el punto en el que se dejó en el anterior album y se centra en la relación entre el pequeño Gamaliel y el zelote Josué, quienes parten del campamento zelote para rescatar al padre del niño prisionero en Jerusalén por los romanos. A través de la travesía del desierto Gamaniel y Josué llegan a un oasis en el que conocen a un nuevo grupo de judíos dedicados a la vida contemplativa liderados por el profeta Yeshayahu, mientras son buscados por Élie para evitar una desgracia. Previamente, Gamaliel en sus aventuras en el desierto ha conocido a un extraño ermitaño que vive con la única compañía de unas serpientes y dice ser Adam Harishon, el primer hombre creado por Dios según la tradición hebraica, el cuál salva a uno de los desertores galos de la picadura de una serpiente y establece una extraña relación con el niño.
En este segundo volumen de “Las olivas negras” se confirma el excelente trabajo que el dúo Sfar ("La Mazmorra", "El gato del rabino") - Guilbert ("La guerra de Alan","El Fotografo")es capaz de realizar en esta historia rica y compleja, llena de matices y significados desde una aparente simplicidad narrativa y compositiva. Partiendo del infantil e inocente punto de vista de Gamaniel, Sfar analiza los cimientos y características de la fe hebraica a través del carácter y personalidad de los distintos personajes con los que se va cruzando el joven Gamaniel en la búsqueda de su padre. Así, contraponiendo a la firmeza y ternura de la figura paterna en la enseñanza de su fe que conocimos en el anterior volumen, se nos presenta en este al zelote Josué, un hombre acomplejado y cobarde que encuentra en su religión la justificación para enfrentarse a los invasores de su país, y al cínico e hipócrita profeta Yeshayahu, dispuesto a tergiversar las enseñanzas de la Torá en su propio beneficio y a prestar su ayuda a Eliá a cambio de oro. Ambos personajes están pensados para provocar la antipatía del lector por un Sfar que ofrece a lo largo del vagabundeo de su protagonista tantas preguntas como respuestas en una historia de corte histórico pero cuyas conclusiones podrían ser perfectamente extrapolables a nuestra época. Es sorprendente la capacidad que desarrolla este autor para incorporar ideas tan complejas en un relato aparentemente muy sencillo sin resultar en ningún momento farragoso ni aburrido para cualquier lector, que sin entrar en simbologías ni complejidades puede disfrutar simplemente de las aventuras del niño que busca a su padre. Toda esta riqueza argumental Sfar no la hubiera podido desarrollar sin la gran labor que desarrolla en esta historia un Enmanuel Guilbert capaz de dar forma a toda la estructura ideada por Sfar a través de una clasica composición de seis viñetas por página aparentemente muy sencilla pero tremendamente eficaz. Guilbert juega permanentemente a lo largo de las viñetas con diferentes planos para narrar una secuencia continuada con lo que ayuda a caracterizar y posicionar a cada uno de los personajes jugando con primeros planos y planos intermedios para establecer el marco adecuado en el que incorporar con naturalidad los ajustados y pensados diálogos de Sfar. Al mismo tiempo, muestra un total dominio del medio para romper la linealidad del relato y mostrarnos otras situaciones sin que ello resulte violento ni merme la calidad de la lectura. También hay que destacar el uso del color que realiza Walter en esta obra dotándola a través de unos colores planos de toda la sobriedad que necesita y sabiendo mostrar las diferentes ambientaciones que el paisaje, importante elemento de la historia, requiere. Los amarillos de Walter queman como el desierto de día y sus violetas reflejan el frío de las noches del desierto. Un excelente trabajo.
Sin más, os recomiendo esta serie cuyos albumes hasta ahora son una pequeña maravilla y uno de los mejores cómics europeos publicados en lo que llevamos de año y de la que todavía nos faltan por disfrutar dos volúmenes más. Quizás el único pero que se pueda poner es la edición de Kraken usa de un papel excesivamente fino, que hace que las páginas se transparenten al trasluz. Esperemos que en próximos álbunes la editorial sea capaz de solucionarlo.

sábado, 23 de junio de 2007

“Las Olivas Negras 1” de Guilbert y Sfar.



Parece que desde hace dos semanas en casa somos incapaces de tener un sábado tranquilo como cualquier hijo de vecino trabajador para dedicarlo al goce del rencuentro ininterrumpido con la almohada sin la condena del despertador y el consabido madrugón.
Este sábado nos hemos metido en la aventura de la instalación del aire acondicionado en previsión de los calores con los que nos amenazan a diario los meteorólogos y que este año parece que no llegan. A medio día ya estaba terminada la instalación sin embargo la casa la teníamos completamente patas arriba e invadida por un polvo rojizo y pesado que calaba en los bronquios y congestionaba nuestra respiración. Armados de escoba, fregona y aspiradora nos enfrentamos a nuestro enemigo y tras más de cinco horas de desigual lucha al fin nuestro esfuerzo ha tenido su recompensa y hemos dejado la casa como los mismísimos chorros del oro (¿de dónde vendrán estas frases hechas?). Sin embargo, el esfuerzo ha sido tremendo, nuestros cuerpos extenuados exigían su ración de descanso y su encuentro aplazado con la cama. Sin embargo, yo no puedo acostarme sin dejar de comentarles mi último gran descubrimiento: “Las olivas negras” de Guilbert y Sfar.
Emmanuel Guilbert (“La guerra de Alan”, “El fotógrafo”) y Joann Sfar (“La Mazmorra”, “El gato del rabino”,etc) nos ofrecen un verdadero soplo de aire fresco (no acondicionado) en el mundo de la Bandée Desinée a través de una hermosa parábola sobre el antimilitarismo y la religión hebrea, dos temas recurrentes en la obra de estos autores. La historia se ambienta en la Judea de hace dos mil años dominada por los romanos en la que el movimiento de los zelotes parece la única alternativa de resistencia. Un padre y su hijo pequeño acuden al Templo en Jerusalén para realizar el tradicional sacrificio de la Pascua. Sin embargo, se ven envueltos en un altercado y son separados por los romanos que consideran al padre un alborotador peligroso al que buscan mientras retienen al niño. El padre logra rescatar a su hijo y acompañado por la joven Tsiporah y los desertores romanos Camulos y Cotus intentan escapar juntos de la ciudad pero al ser descubiertos los hechos se precipitan (¿no pensarían que les iba a contar toda la historia, verdad?).
Sfar en este primer tomo de “Las olivas negras” realiza probablemente uno de sus mejores trabajos hasta la fecha. A través de una historia cargada de sensibilidad, humor e imaginación se pregunta acerca de las paradojas de su religión con momentos impagables como el diálogo entre el padre y el hijo acerca del sacrificio de Abrahám o la circuncisión de Camulos y Cotus en el campamento zelote. En ocasiones a través desde los ojos ingenuos del niño o a través de la sorpresa de los extranjeros Camulos y Cotus, Sfar deja preguntas abiertas sobre las paradojas del judaísmo, unas paradojas que hoy como hace dos mil años continúan vigentes. Son preguntas sin respuesta en la que el autor no se decanta por ningún posicionamiento dejando las respuestas a la reflexión del lector.
Mención aparte merece el trabajo gráfico de Guilbert, un autor en el que a través de un aparente clasicismo demuestra un conocimiento del medio y un dominio de la narración gráfica sobresaliente. Guilbert es capaz de encauzar a través de una narración contenida el aluvión de ideas de Sfar administrando los tempos de la historia con maestría única. Guilbert nos hace observadores a través de estudiados planos intermedios de las peripecias de los personajes con una construcción de página a seis viñetas soberbiamente aprovechada. Guilbert es capaz de desarrollar a partir de estas premisas escenas llenas de dramatismo, como las de el altercado en el Templo, humor, como las conversaciones de mujeres en el campamento zelote, y ternura, en la relación padre e hijo
Pocos autores son capaces de contar tantas cosas y tan bien contadas en tan sólo cuarenta y ocho páginas y pocas veces he leído un cómic tan medido e inteligente para aunar reflexión y diversión dejando pendiente en el entrañable “continuará…”, tan perdido hoy en día en el Cómic, las ganas de seguir disfrutando de la peripecia de unos personajes tan sabiamente construidos.
Esperemos que Kraken Ediciones no se demore mucho en la publicación de los dos tomos que completan la serie y siga demostrando tan buen criterio como hasta ahora a la hora de recuperar grandes obras del cómic europeo.
Me voy a la cama que estoy roto. Eso sí, con aire acondicionado.