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miércoles, 9 de febrero de 2011

“El Pequeño Christian”, de Blutch.


He disfrutado como un enano –y valga la redundancia- de la lectura de “El pequeño Christian”, la última obra publicada en España por Norma Editorial de ese errático e irregular talento que es el francés Blutch, un integral en el que se recogen los dos álbumes que componen la serie publicados originalmente con una diferencia de casi una década lo que permite, además, seguir la progresión del autor durante ese lapso de tiempo a lo largo de una obra que recibió el Gran Premio de Angòuleme 2009, en el que refleja con acierto su infancia de niño del “Baby Boom” de finales de los sensenta.

Christian es un niño pequeño y vivaz que de mayor quiere ser cauboi, no siente demasiado interés por las chicas y anda obsesionado por las películas que ve en la tele, los amigos y los tebeos, sin distinguir demasiado bien entre realidad y fantasía. Conforme Christian va convirtiéndose en un adolescente, su visión de las chicas irá cambiando, enamorándose de la hija de unos amigos de sus padres a través de una relación epistolar tan apasionada e irreal como solo pueden serlo las adolescentes.

Nadie puede negar que Crhistian Hincker –Blutch- es un gran narrador dotado de un dibujo enérgico y personal como hay muy pocos actualmente en la BD. Sin embargo, a través de su obra en ocasiones demasiado críptica e intelectualizada se pierde en laberintos en los que es difícil seguirle, siendo probablemente sus obras más logradas aquellas en las que alejadas de planteamientos tan ambiciosos busca enfoques más sencillos y atractivos. A este segundo grupo se corresponde “El pequeño Christian” probablemente su obra que mejor aúna fondo y forma que cuenta con la ventaja envenenada de estar dirigida a un público potencial que ha vivido las mismas y parecidas experiencias. De este modo, es difícil no dejarse cautivar por la facilidad con que el alsaciano despliega su arsenal de habilidades para no caer en la condescendencia ni la idealización del que trata sobre sus experiencias y ser capaz de moverse en el fino alambre que describe la infancia como una etapa de la vida que aúna ingenuidad y picardía, inocencia y crueldad como probablemente ninguna otra.

Blutch no es original y ni falta que hace porque acercamientos parecidos al mundo de la infancia son frecuentes en el Cómic, rico en este tipo de obras – “Peanuts”, “Mafalda”, “El pequeño Nicolás”, “Calvin&Hobbes” o “Buen Tiempo” son los primeros que me vienen a la cabeza- pero Blutch como Joe Matt parte de la ventaja de ser el protagonista en primera persona de su propia historia, mostrando un enfoque fresco, mordaz y tierno al que resulta difícil resistirse. Blutch se esfuerza en mostrar la comicidad de la infancia descubriéndose como un autor especialmente dotado para el gag– no en vano se inició en la satírica “Fluide Glacial”- sacando partido a su enérgico y expresivo dibujo en las distintas historias en que a modo de capítulos se organizan los dos álbumes, notándose además la evolución entre uno y otro como, por ejemplo, el uso del color en el segundo álbum (aunque a mí me guste más el primero en el que saca un gran partido a sustituir la figura del personaje por sus héroes para reflejar la visión de sí mismo).

Me queda la duda de la capacidad de la obra para conectar con las generaciones posteriores que no estén tan familiarizadas con las costumbres y los referentes que Blutch maneja pero creo que a pesar de ello su humorístico tratamiento y un inteligente enfoque que le lleva a reírse de si mismo son suficiente acicate como para agradar a cualquiera (y las notas que Norma añade al final de la obra tampoco vienen nada mal).

En fin, “El pequeño Christian” es un tebeo inteligente, divertido y adictivo en el que Blutch sin despeinarse da buena muestra de su enorme talento antes de acometer molinos de viento posteriores. Un pequeño gran tebeo.

domingo, 17 de octubre de 2010

“Velocidad Moderna”, de Blutch.

Esperaba con interés la última obra del talentoso francés Blutch publicada recientemente por La Cúpula y la conclusión tras la lectura no deja de ser un poco decepcionante porque reencontrarse con el talento gráfico descomunal de un dibujante tan hábil como Blutch siempre es un placer pero resulta un poco triste asistir a como una obra con unos mimbres interesantes va perdiendo interés debido a la ausencia de un buen guión que le dé continuidad a tanta brillantez.

Velocidad Moderna” es la historia de Lola una bella bailarina que intenta abrirse camino en el duro mundo de la danza. Sus evoluciones ante su exigente maestro son espiadas por Renée una bella escritora que la aborda en la calle para hacerla una sorprendente propuesta: acompañarla en su día a día para convertirla en el objeto de su próxima novela. Lola accede y juntas se encontrarán con extraños personajes y grupos a lo largo de una extraña noche parisina en la que las fronteras entre la conciencia y la imaginación parecen disiparse.

La imaginación, el sexo y el inconsciente freudiano son temas recurrentes en la obra de Blutch y en esta nueva obra vuelven a aparecer en un relato de corte fantástico que recuerda remotamente a la obra de novelistas de Boris Vian o Arthur Schniltzer y grandes directores como el Scorsese de “Jo, qué noche” o el Kubrick de “Eyes White Shut” en una historia en la que los encuentros con personajes increíbles de la protagonista y la atmósfera irreal impregna toda la historia hasta el punto de disbujar la razón de ser de una protagonista que es un mero vehículo para los encuentros imaginados por el autor.A pesar del buen comienzo de la obra, Blutch se deja subyugar por su propio talento para describir esas situaciones y la historia acaba dispersándose sin freno quedando reducida a un mero ejercicio de estilo -¡ Y qué estilo el de Blutch para lograr a través de su trazo sucio y feista recrear atmósferas sutiles y bellas!- que muestra el virtuosismo gráfico de un autor superdotado pero que acaba derrotado y aburrido de su propia historia. Una lástima porque señala Blutch en la entrevista que complementa el volumen el autor llevaba inmerso en el proyecto años para un resultado que no acaba de ser redondo.

En definitiva, “Velocidad Moderna”es una obra interesante para los seguidores convencidos de Blutch que podrán disfrutar además de la historia principal de una serie de páginas en blanco y negro excluidas de la historia principal y una larga e interesante entrevista concedida por el autor, pero "Velocidad Moderna" no es un tebeo que recomendaría a nadie que no hubiera leído previamente la obra del francés y aconsejaría que se iniciasen con obras como “Peplum” o “La Voluptuosidad” más logradas en mi opinión.

martes, 10 de febrero de 2009

Blutch, Mattoti y Burns en “Peur(s) du noir”


Blutch no es sólo un autor que se dedique al mundo del cómic sino que ha coqueteado con otros medios. Así, en 2007 Blutch fue el autor de unos de las historias incluida en la más que recomendable película de animación, “Peur(s) du noir”, de la que a continuación reproduzco una muestra.



En esta película, participaron con historia propias, otros nombres consagrados del cómic como Charles Burns, y Lorenzo Matotti, de las que tienen unos trailers más abajo


"Peur(s) du noir" de Mattoti



"Peur(s) du noir" de Burns




En el sitio web de la película hay muchas más muestras del resto de artistas que participaron en la película. Lo que tengo claro es que cuando encuentre el DVD, me lo compro seguro.

“Peplum” de Blutch.

Si ha habido un premio poco discutido en la reciente Edición del Salón Internacional del Cómic de Angôuleme ha sido el Grand Prix otorgado al francés Christian Hincker, mas conocido como Blutch. Una buena oportunidad, para empezar a conocer la obra de este destacado autor, por desgracia poco conocido en España, es “Peplum”, una obra editada por primera vez en 1996 en Francia y que en España apareció el año pasado en una correcta edición de Ponent Mon.

Peplum”, como se puede deducir fácilmente del título, es una historia de romanos. Pero como es constante en la obra de este autor, no nos encontraremos con una obra de género al uso, sino con una propuesta compleja, arriesgada y metafórica, alejada de las películas de gladiadores y cristianos perseguidos a los que estamos acostumbrados en el subgénero, en la que lo alegórico y poético tiene tanta o más importancia que los hechos narrados.

Al parecer la intención de Blutch en “Peplum” fue realizar una adaptación libre del “Satyricon” de Petronio y, ese esfuerzo se nota en el intento del autor de alejarse de cualquier idealización romántica a la época de los Césares, aunque el francés pronto abandona el camino abierto por el autor clásico para articular su propia visión de la Antigëdad mediante la obsesión que un joven esclavo desarrolla hacia una enigmática mujer encerrada en un bloque de hielo, localizando la mayor parte de los diez capítulos que componen la historia en los límites del Imperio, en las tierras bárbaras e ignotas más allá de los Limes, las ciudades costeras en las que anidaban los piratas, o las oscuras comunidades apenas civilizadas desde las Prehistoria donde se hacinaban todavía los cavernícolas. "Peplum" pronto se aleja de los senderos habituales de la aventura convencional para profundizar en los entresijos del amor imposible a través de la metáfora del joven enamorado de la esfigie encerrada en hielo e indagar en la futilidad del amor obsesivo condenado a la perdición y la locura. Blutch, a semejanza de Petronio, se acerca de una manera bastante honesta, y alejada de todo prejuicio, a temáticas como las relaciones homosexuales, habituales en la época, o la picaresca imperante en la sociedad, que refleja en la suplantación de identidad del protagonista por la de un noble romano desterrado y del que nunca verdaderamente conoceremos su auténtica identidad o la actitud de los comerciantes, retratando el Imperio romano como una sociedad oscura y primitiva en la que la ambición y el desprecio por la vida humana son los principales motores en contraposición con la obsesión idealizada del iluso protagonista inmerso en su extraño viaje del que el lector desconoce las razones que lo originaron y su destino final.


Blutch es un soberbio dibujante dotado de un trazo nervioso y grueso, menos interesado en buscar el detallismo y el perfeccionamiento en las localizaciones, como la expresividad de sus personajes a través de una técnica basada en la deformación de la realidad, cercana al Expresionismo, y el Claroscuro. Una opción estudiada y meditada que supedita el preciosismo a la precisión de la narración y que, por momentos, puede engañar al lector menos avezado y parecer descuidada, teniendo en la obra del gran Alberto Breccia uno de sus principales referentes. Blutch desarrolla en esta obra, en ocasiones, un sentido teatral y sincretico de la narración y la puesta en escena, recordando por momentos al Bergman de “El Séptimo Sello” o al Shakespeare de “Julio César”, potenciando el efecto dramático de la historia.

No les voy a engañar, Blutch no es un artista fácil ni para todos los públicos. Sus propuestas son arriesgadas y, en ocasiones, difíciles de seguir, pero si el lector consigue entrar en su particular universo quedará prendado por la riqueza, complejidad y originalidad que ofrece y no podrá dejar de leer hasta las últimas páginas. “Peplum”, una de sus obras más logradas y accesibles, es un buen ejemplo de todo ello. No la dejen pasar.