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miércoles, 10 de octubre de 2012

“Kirby Genesis: Pioneros”, de Kurt Busiek, Alex Ross y Jackson Herbert.


Jack The King Kirby hizo muchas cosas en su larga y fructífera carrera en la industria del cómic. Pero, seguramente, uno de sus proyectos más desconocidos sea el universo superheroico – el Kirbyverso- que fraguó para Pacific Comics, tras su paso por Marvel y DC, a principios de los ochenta. A Kirby apenas le dio tiempo a sacar un par de números protagonizados por algunos de esos personajes y dejar diseñados muchos más antes de la desaparición de Pacific y su fallecimiento, sin embargo, sus herederos cedieron hace unos años los derechos del Kirbyverso a Dynamite para desarrollar aquellas ideas aprovechando el indudable tirón comercial de la marca Kirby.

El resultado es “Genesis” una serie limitada de la que Panini publicó hace unos meses los primeros números realizada por un equipo tan reputado como Alex Ross y Kurt Busiek a los guiones (Ross también realiza las portadas) y el brasileño Jackson Herbert en el apartado gráfico.

El lanzamiento de una sonda espacial conlleva el despertar de una misteriosa presencia en los confines del Universo y la aparición en la Tierra de múltiples seres extraordinarios de todo pelaje y condición. Kirby, un joven y brillante estudiante, su amiga Josie y el padre de esta un policía jubilado se verán inmersos en esta extraordinaria revolución que puede llevar a la humanidad un paso más allá en su evolución o significar su destrucción.


El que el nombre de Kurt Busiek vuelva a asociarse al de Alex Ross en un proyecto tras esa maravilla que es “Marvels” no deja de ser una garantía vistos los trabajos posteriores de uno y otro (en lo que a guiones se refiere, claro). A partir de la escasa reminiscencia de unos personajes plenamente evocadores de las grandes creaciones de The King para las grandes, Ross y Busiek construyen una vertiginosa y referencial historia de presentación que se convierte en una montaña rusa de cultura de derribo paseando al lector sin pausas desde los confines del espacio a universos mitológicos alternativos y pasando por continentes y ciudades perdidas... Todo en un revuelto al que –creo- Busiek le pone algo de oficio, cordura y orden para que resulte entretenido, aunque los conceptos y enfoques que maneja no resulten especialmente originales ni sorprendentes.


En el aspecto gráfico, el brasileño Jackson Herbert realiza un trabajo solvente dando el tono épico adecuado que los grandiosos diseños de Kirby precisan, logrando que luzcan espléndidamente sin que resulten ridículos ni desfasados, algo que tampoco está al alcance de todos los dibujantes, aunque sus personajes más terrenales resulten algo más acartonados e inexpresivos algo que irá puliendo con el tempo ya que Herbert es un autor bastante joven. Por otro lado, Herbert realiza más de un homenaje al descomunal trabajo gráfico de The King con situaciones y poses que evocan irremisiblemente al trabajo gráfico del maestro.
Kirby Génesis: Pioneros” es una propuesta evocadora y que destila un entusiasmo propio de los fans realizado por solventes profesionales de la industria que no por ello dejan de ser fans, evocador de la obra de uno de los dibujantes con los que seríamos incapaces de entender el género superheroico aunque más allá del cariño y respeto que destila hacia Kirby le falte un punto de genialidad para ser una obra redonda, ese punto que le daba el propio Kirby a sus obras y que separa a los mortales de los genios. En unos meses, veremos como acaba la historia.

viernes, 24 de agosto de 2012

“Tierra X”, de Alex Ross, Jim Krueger y John Paul Leon.


Entre los tebeos que me he repasado estas vacaciones se encontraba la recopilación que Panini publicó en su colección Extra Superhéroes hace unos meses de esta “Tierra X”, maxiserie de catorce números –curiosamente numerada del cero al trece- ideada por el afamado dibujante/pintor/ilustrador Alex Ross pero dibujada por John Paul Leon y guionizada por Jim Krueger. El volumen de Panini incluye además un número complementario “Earth X, ½” insertado en medio de la maxiserie para respetar su cronología.
La historia es una distopía fatalista sobre el destino final de los superhéroes Marvel en una Tierra esquilmada desde el momento en que toda la población del planeta adquirió poderes. A través de los ojos del Hombre Máquina que está siendo formado por un mermado Uatu para convertirse en el nuevo Vigilante, se presenta el destino de una Humanidad predestinada a un fin celestial desde sus orígenes al tiempo que vemos como los superhéroes que quedan afrontan su papel en un mundo que parece no necesitarlos.
Entiendo los méritos que pueden encontrarle a algunos a haber montado esta historia por parte de Ross y Krueger, que para su construcción se han dado un buen repaso a toda la mitología marvelita, pero su visión oscura, negativa y pesimista del panteon Marvel me repele. Al parecer la cosa nació a raíz de unas decadentes versiones de encargo que realizó Ross de distintos superhéroes y a partir de ahí, junto a Krueger, desarrolló una idea que parece en parte inspirada en “La Torre Oscura” de Stephen King y contó con el OK de una confusa Marvel que a finales de los noventa todavía no había encontrado el Norte tras los desastres de los “Heroes Reborn”.


Krueger insufla al tebeo una épica cósmica oscura y densa potenciada por el dibujo y la narrativa oscura y densa de un John Paul Leon, que ya he comentado en alguna ocasión que no es santo de mi devoción y menos para el género de superhéroes pero cuyo estilo se ajusta como un guante al enfoque ideado por Ross y Krueger. Mas allá de los soporíferos diálogos que se cascan Uatu y el Hombre Máquina (terribles los textos complementarios que cierran cada capítulo), hay algunas ideas curiosas – la inclusión de los asgardianos y lo del Doctor Extraño - y la cosa podría ponerse más interesante en la parte de la trama en que el Capi reúne fuerzas para enfrentarse al nuevo Cráneo, pero Leon deja patente su incapacidad para reflejar con claridad las escenas con múltiples personajes e insuflar emoción a las –escasas- secuencias de acción que incluye la historia bastante mal resueltas.

 Además, la confusión del tebeo crece conforme la historia avanza porque la capacidad para hilvanar la compleja historia y todo lo que quieren incorporar es menor que el talento narrativo de sus autores y, además, concluye con una de las idas de olla más grandes que se ha visto en esto de los superhéroes.  Lo mejor en el aspecto gráfico de la serie son las portadas de Alex Ross.
En fin, “Tierra X” es un batiburrillo de buenas ideas torpemente plasmadas. Quizás con un planteamiento menos ambicioso – o si Ross le hubiera pedido ayuda a Jim Starlin, a Rafa Marín o a Kurt Busiek en lugar de a Leon y a Krueger - la historia habría dado mucho más de sí, pero el Universo Marvel que a mí me gusta está bastante alejado del confuso oscurantismo de esta “Tierra X”. Que cada cuál saque sus conclusiones (y, si quiere, hasta las comparta).

lunes, 7 de marzo de 2011

“La otra América”, de Alex Ross, Ed Brubaker y Butch Guice.

Con el arco argumental “La otra América”, publicado en los números 60 a 63 de la numeración de Panini, se cierra el sexto volumen del “Capitán América” antes de reiniciar la numeración de nuevo por estas cosas del marketing editorial y dejar paso a la rimbombante “Edad Heroica”. Un arco argumental en el que se vuelve a apreciar lo absurdo de un modelo editorial en el que priman los criterios de venta y de entrecruzamiento de colecciones antes que primar la libertad creativa y la planificación de un autor.

En “La otra América”, Bucky y el Halcón siguen los pasos del fugado Capi de los Cincuenta quién se ha puesto en cabeza de un grupo paramilitar de descontentos que en lugar de refunfuñar contra el Estado como hace quién más quién menos se han armado y planean un macroatentado cataclísmico. Mientra Bucky –o sea el nuevo Capi- intenta de incógnito integrarse en el grupo terrorista con la cobertura de El Halcón no es consciente de que el trastornado Capi de los años Cincuenta le ha descubierto y tiene grandes planes para él.

Si algunos de los puntos fuertes en los guiones de Brubaker son el conocimiento de las etapas clásicas del Capi, la excelente ambientación de las historias y el dominio de las tramas de espionaje de agentes dobles y encubiertos, como quedó sobradamente demostrado en series como “Sleeper” o”Incógnito”, leyendo los primeros números de “La otra América” da la sensación que Brubaker tenía los mimbres idóneos para desarrollar una aventura excelente al nivel que mostró en sus inicios en la serie que algunos tanto echamos de menos. Una historia, que enlaza con la excelente saga del Capi de los Cincuenta desarrollada en los años setenta por el mejor guionista que ha tenido el Capi, Steve Englehart, en la que Brubaker ahondaría en la psicología del personaje al tiempo que exploraba su desconcierto ante los Estados Unidos actuales contextualizándolo en el descontento actual existente en amplios sectores de la deprimida “América Profunda” donde los valores de ese capi intransigente y ultraconservador encajaban como anillo al dedo macerado todo ello a fuego lento en una trama de espionaje en el que la tensión y los giros argumentales mantuvieran en ascuas a los lectores durante meses. Supongo que ese era el plan que tenía Brubaker, plan que se fue al garete con la dichosa “Edad Heroica” y su renumeración de las series de la línea vengadora (aunque otra posible explicación más siniestra es que Brubaker fuese “invitado” a suavizar la historia dadas las críticas al primer número desde sectores afines al “Tea Party”) quedando toda la historia en un excelente planteamiento resuelta con oficio y un desarrollo tópico y apresurado de una historia con mimbres como para haber dado más de sí.

En el aspecto gráfico, pasa un poco lo mismo y el desarrollo de Ross también va de más a menos con un acabado de Butch Guice que no le va demasiado a Ross. Los primeros números de la historia resultan mucho más atractivos con un Ross motivado y dinámico que los últimos en los que especialmente las caras parecen deformadas y extrañas omitiéndose en ocasiones los fondos.

En definitiva, un irregular broche final que paradójicamente sirve para valorar todo el volumen de Brubaker desde la brillantez de los inicios a la mediocridad previsible de las últimas entregas. Esperemos que una vez pasado el sarampión del cambio, el trabajo de Brubaker en el capi de “La Edad Heroica” salga fortalecido pero a mí me da mala espina.

lunes, 25 de octubre de 2010

“Uncle Sam”, de Alex Ross y Steve Darnall.

Recupera Planeta en un apañado volumen los dos números que componen la miniserie que Alex Ross y Steve Darnall desarrollaran sobre un icono popular tan arraigado en la imaginario del pueblo norteamericano como es el Tío Sam quién más o quién menos conoce por el famoso cartel de reclutamiento de James Montgomery Flagg. Y a pesar de los años transcurridos desde su publicación original en 1997 resulta llamativo –y preocupante- comprobar como su mensaje continua siendo plenamente vigente en los tiempos actuales.

Uncle Sam” nos presenta al símbolo americano como un viejo senil y confuso que deambula perdido por la ciudad. Preso de sus recuerdos y de los fantasmas del pasado que le hace rememorar los más remarcables hechos históricos Sam intenta encontrar su rol en un nuevo mundo que no conoce y por el que deambula andrajoso. Cuando Sam descubra por fin su nuevo rol quizás sea demasiado tarde al haber sido sustituido por un símbolo más moderno y flexible.

Uncle Sam” es un tebeo brillante por entender y recuperar el poder de los iconos para azotar las conciencias más allá de la calidad gráfica de un Alex Ross inspirado que derrocha talento en cara página merced a su estilo hiperrealista personalizando tanto al Sam de Flagg, que popularizase al personaje, como al superheroico de la antigua Quality ideado por Eisner (con el que, por otro lado, este cómic no guarda ninguna relación). El guionista Steve Darnall nos ofrece una versión alejada del viejo vigoroso al que estamos acostumbrados para ofrecernos una versión más débil, la de un viejo decrépito y confuso que ha perdido su identidad que mueve a la lástima. El Tío Sam de Darnall es un viejo profeta sin hogar y sin oyentes sobrepasado por una sociedad a la que le cuesta entender haciéndonos rememorar otras poderosas imágenes como “Simón del Desierto” de Buñuel, el Max Estrella de Valle o el mismo Don Quijote cervantino.

Pero, más allá de esas comparaciones, el gran acierto del cómic se basa en su fuerza evocadora. Darnall enfrenta, en la búsqueda de su identidad perdida, a Sam con las luces y sombras que han marcado la historia estadounidense a través de sus símbolos. Darnall y Ross no muestran una especial simpatía hacia el símbolo ni la nación a la que va asociado mostrando las injusticias contraponiendo la brillantez de un símbolo caído en desgracia con otros como Britannia o Columbia, actualmente olvidados, en lo que es una vuelta oscura por el sueño americano. Es en el reencuentro con la gloria idealizada de esos símbolos olvidados en los que Sam renueva su vigor para enfrentarse a su función en los nuevos tiempos.

La erudición demostrada por los autores en las referencias tanto gráficas como escritas – los alucinados diálogos de Sam son casi todas citas célebres de presidentes norteamericanos- como la calculada confusión de la narración (es un tebeo narrado en primera persona y el lector se mueve a través de los recuerdos y la vigilia del protagonista sin que en ocasiones quede clara la diferenciación entre unos y otra) lo que puede llevar al lector no avisado a despreciar un tebeo inteligente que da sentido a un sello adulto como Vertigo.

La historia, se resuelve finalmente, de un modo abrupto a través de un final abierto que, inevitablemente, invita a la esperanza que es la principal función de los símbolos. La edición de Planeta se completa con un sketchbook de Ross y un interesante artículo de Darnell sobre el origen y evolución del icono del Tío Sam. Como único punto negativo, yo hubiera preferido que en el título se hubiera traducido Uncle por Tío, ya que no hay lugar a la interpretación.

sábado, 2 de octubre de 2010

A Anthrax le gusta Alex Ross.

A los cañeros y veteranos muchachos de Anthrax –o al menos a algunos de ellos que esta banda en sus casi treinta años ha tenido más altas y bajas que el Madrid cada temporada- al parecer les encanta el arte de Alex Ross (¿a quién no?) y le eligieron para realizar la portada de dos de sus discos de Trash Metal.

El primero y noveno en la carrera de la banda apareció en 2003 y su título es “We’ ve come for you”.

El segundo, décimo en la trayectoria de la banda y segundo grabado en directo, es “Music of Mass Destruction” y apareció el año siguiente 2004.

Ahí os dejo para que os animéis la canción “Superhero” perteneciente a “We’ve come for you”.

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martes, 26 de agosto de 2008

Más Alex Ross

Buscando información sobre Alex Ross, he encontrado dos interesantes videos sobre este autor. Aquí os los dejo por si hay algún despistado que no conoce todavía a este interesante autor.



lunes, 25 de agosto de 2008

“Justicia” de Alex Ross, Jim Krueger y Doug Braithwaite


Que Alex Ross es un dibujante superdotado y su estilo hiperrealista-naturalista creado escuela durante años en el universo superheroico es de dominio público. Que uno se puede pasar horas embelesado, admirando el detallismo de sus dibujos, su gusto por las versiones clásicas de los personajes más icónicos de la Edad de Plata y el perfecto acabado de toda su producción lo puede atestiguar cualquiera que haya abierto alguno de sus tebeos. Sin embargo, igualmente, también es habitual en los trabajos de Ross que tanta maravilla visual no se vea acompañada ni a nivel argumental ni en la hilazón narrativa de sus historias en las que tanto perfeccionamiento resta dinamismo a lo que Ross nos quiere contar, con lo que la épica y grandeza que el autor busca imprimir en sus trabajos resultan un tanto huecas.

Todo esto que les acabo de contar vuelve a repetirse en “Justicia”, el último trabajo de Ross publicado en España, una maxiserie que el autor tardó dos años en acabar para DC y que Planeta nos ha ofrecido a lo largo de doce meses, y en el que, una vez más, quedan patentes tanto sus virtudes como sus defectos. Partiendo del recuerdo que en su infancia dejó la serie de dibujos “Superamigos” en la que los miembros de la Liga de la Justicia se enfrentaban a un grupo formado por sus –teóricamente- peores némesis, Ross construye una historia de corte clásico y pretendidamente épica en la que los miembros de la Liga de la Justicia de América deben hacer frente a sus peores enemigos quienes liderados por Brainiac y Luthor pretenden pasar por benefactores de la humanidad y ningunear a los héroes, resolviendo todas esas calamidades cotidianas a las que generalmente los héroes no se enfrentan absorbidos por las distintas amenazas superheroicas al tiempo que intentar profundizar en su particular visión del heroísmo (o del superheroismo).

Secundado por el guionista Jim Krueger y el dibujante Doug Braithwaite, con quiénes ya colaborara en anteriores trabajos, Ross se gusta en la recreación de personajes heroicos en sus vertientes más clásicas en una historia sin consecuencias por encontrarse fuera de la continuidad del universo DC y que peor dibujada –o no- los lectores veteranos hemos leído hasta la saciedad cientos de veces a través de autores, sin aportar Ross ningún elemento original a la historia ni ninguna sorpresa ni giro argumental especialmente llamativo. De este modo, la historia sólo es disfrutable a nivel visual gracias al estupendo acabado que imprime Ross a todas sus viñetas. Sin embargo, esta pobreza argumental y narrativa no es de extrañar, dado que realmente los mejores trabajos de Ross hasta la fecha han sido aquellos en los que se ha encontrado acompañado por guionistas de oficio y talento como Mark Waid o Kurt Busiek en los que para mí son sus mejores trabajos hasta la fecha “Kingdom Come” y sobre todo, “Marvels”, resultando, en este sentido, la labor de Krueger y Ross en comparación con los anteriores, bastante discreta y tediosa.

En definitiva, “Justicia” es una historia prescindible soberbiamente dibujada por un autor que quizás debiera exigirse algo más aparte de repetir una y otra vez la fórmula que le llevó al éxito.

En cuanto a la edición en grapa de Planeta de Agostini se me antoja correcta aunque resulte un feo gesto por parte de la editorial hacia el lector que ha seguido mes a mes la serie aumentar un euro (de 3,50 a 4,50 €) el precio del tebeo. Luego se quejarán de que la industria está mal y hay que cuidar la base de lectores y el formato grapa…